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DOI: http://dx.doi.org/10.19137/pys-2020-270104


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ARTÍCULOS

 

Congregaciones religiosas de la Iglesia católica en Argentina. Características y flujos

Catholic Religious Orders in Argentina. Characteristics and Dynamics

 

Ana Lourdes Suárez*

 

Resumen: El escrito aporta una caracterización global de las congregaciones religiosas femeninas y masculinas presentes actualmente en Argentina. Sobre la base de un modelo histórico y otro organizacional, analiza la evolución del número de congregaciones, de religiosos/as, y de su peso en comparación con otros especialistas célibes del campo católico. Se adentra asimismo en aspectos vinculados a su origen, a sus estructuras, a su presencia institucional y al espacio social que han ido ocupando. El texto propone hipótesis para comprender la situación actual del colectivo en estudio en Argentina.

Palabras claves: Campo católico argentino; Congregaciones religiosas; Institutos de vida religiosa; Consagrados célibes; Especialistas religiosos

Abstract: The article provides a global characterization of female and male religious congregations/orders currently present in Argentina. Based on historical and organizational models, it analyses the growth in the number of congregations, its members and their weight compared to other celibate specialists in the Argentinean Catholic field. The article also focuses on issues related to their origin, their structures, their type of presence, and the social space they have been occupying. The text proposes hypotheses to understand the current situation of religious orders in Argentina.

Keywords: Argentinean catholic field; Religious congregations; Members; Institutes of religious life; Religious specialists

 

El objetivo de este escrito es caracterizar a actores claves del campo católico en Argentina: las congregaciones religiosas femeninas y masculinas. El foco está puesto, por tanto, en especialistas del campo católico, cuya especificidad es la vida comunitaria. Comparten con otros especialistas del campo católico -los sacerdotes diocesanos, entre otros- la aceptación de llevar una vida célibe, pero reconocen normas de vida específicas, plasmadas en lo que se conocen como votos, que además de estar regulados por cada una de las congregaciones, siguen lineamientos generales pautados por el gobierno central de la Iglesia católica.
En la primera parte del escrito ahondamos en la especificidad de nuestro objeto de estudio, resumiendo lo que desde el ámbito académico argentino se ha escrito sobre este colectivo. Profundizamos asimismo en los desafíos de abordarlo con las fuentes de datos existentes, tarea a la que nos hemos abocado desde el 2015. Hemos armado una base de datos sistematizando datos de diversas fuentes desde la cual hacemos la caracterización y el análisis de este escrito.
Las congregaciones religiosas han atravesado intensas transformaciones desde los inicios de su actividad en Argentina. En términos de cantidad de miembros alcanzaron su punto más alto en la década de 1960. Desde los 70s la caída en cantidad de religiosos y religiosas -especialmente de mujeres- ha sido constante y evidencia una crisis que comparten con congregaciones religiosas de la mayoría de las regiones del mundo (Trescents, 2017; Johnson, Wittberg & Gautier, 2014; Stark & Finke, 2000; Wittberg, 1994). En este escrito proponemos describir y analizar estas transformaciones sobre la base de dos modelos, histórico y organizacional, desarrollados por Lawrence Cada et al. (1979), elaborados específicamente para comprender las etapas por las que estas instituciones religiosas fueron pasando, sus dinámicas, transformaciones y perspectivas. Desde este encuadre teórico en la segunda parte del escrito caracterizamos a las congregaciones religiosas presentes actualmente en Argentina sobre la base de los siguientes aspectos: año de inicio de actividades en el país, procedencia, fundador/a, y cantidad de comunidades. Para cada uno de estos aspectos la comparación entre congregaciones religiosas masculinas y femeninas permite adentrarnos en configuraciones específicas que la pertenencia a una institución patriarcal como la iglesia católica ha ido moldeando en las ramas femeninas y masculinas de las congregaciones.
En la tercera parte del escrito analizamos el flujo de las congregaciones religiosas argentinas en comparación con el de otros especialistas del campo católico del país. Este análisis, a la luz de los modelos históricos y sociológicos propuestos, permite adentrarnos en aspectos de la crisis actual de este colectivo. Concluimos con reflexiones e hipótesis sobre las dinámicas que cristalizan en la situación actual, los desafíos presentes y perspectivas futuras del colectivo de estudio en el país.

Los miembros de congregaciones religiosas. Su participación dentro del campo de especialistas católicos

La vida religiosa consagrada del campo católico, o sea el campo de los especialistas que optan por el celibato, se compone de cinco grupos, entre los cuales está el de quienes hacen parte de congregaciones religiosas, conocidas también como institutos de vida religiosa. Para comprender la especificidad de aquellos que hacen parte de estos institutos, en este apartado presentamos brevemente cómo está compuesto el universo de los célibes consagrados. Los más numerosos son los/las religiosos/as miembros de congregaciones religiosas; los dejamos para el final ya que ahondamos más en este colectivo, objeto de estudio de este escrito, en su caracterización y en sus notas distintivas respecto al resto de los especialistas célibes. A los otros cuatro grupos de especialistas los presentamos a continuación siguiendo el orden de la magnitud numérica de su presencia en Argentina.

Especialistas célibes del campo católico
- Sacerdotes del cero secular. Esta opción está abierta sólo para varones. Está conformada por los sacerdotes vinculados a las diócesis locales bajo la dirección de obispos, que se forman en los seminarios diocesanos; se les denomina seculares por vivir en el siglo. La mayoría de estos sacerdotes atienden parroquias y prestan variados servicios pastorales diocesanos. Conforman la estructura más vinculada, en la práctica, a la conducción de la iglesia católica.
- Los miembros de institutos seculares.  Se trata de una opción de vida consagrada que cobró impulso en el siglo XX. Los miembros que la conforman tienen una incidencia numérica muy inferior a la de los/as religiosos. Son laicos que “pueden vivir en familia, tener una profesión laical, como puede ser la de ingeniero, maestra, secretaria y tantas otras, pero se consagran a Dios mediante los votos de pobreza, castidad y obediencia”.1 Se dedican a obras de apostolado indicadas por el propio instituto. En términos canónicos no constituyen institutos de vida religiosa aun si varios profesan votos.
- Los miembros consagrados célibes dentro de las estructuras de los nuevos Movimientos eclesiales. Al igual que los institutos seculares, estos movimientos surgieron en el siglo XX con el objetivo de renovar estructuras de la Iglesia. Schoestant, Comunión y Liberación, Movimiento de los Focolares Movement, los legionarios, Comunidad de San Egidio, El camino Neocatecumenal, Sodalitium Christianae Vitae, Canción Nueva, FASTA, El Movimiento de la Palabra (originado en Argentina),entre otros varios, ofrecen nuevas formas de membresía con diversos grados de compromiso.2 Algunos de estos nuevos Movimientos eclesiales han crecido rápidamente. Sin embargo, el número de consagrados célibes sigue siendo muy bajo con relación al de los miembros de congregaciones religiosas. Varios de estos Movimientos luego de consolidar la rama de laicos consagrados, desarrollaron la de religiosos/as habilitando en su interior membresías de consagración célibe regidas por diferentes cánones del código canónico.
- Vírgenes consagradas. Con esta denominación se conoce a la opción de algunas mujeres que deciden vivir solas, en familia o en comunidad, con una consagración que se plasma en votos, bajo la responsabilidad de un obispo. Su incidencia numérica es muy baja.
- Los religiosos/as de congregaciones u órdenes religiosas (objeto de estudio específico de este escrito). Se trata de hombres y mujeres que han optado por la vida consagrada de manera pública siguiendo los lineamientos de lo que ellos denominan el carisma de sus fundadores. Viven en comunidad y aceptan los tres votos: pobreza, castidad y obediencia. Mientras se está en el proceso de formación, los votos se hacen de manera temporal y a su término se ofrecen a perpetuidad. Antes de la formulación de los primeros votos los aspirantes pasan por un proceso de los que denominan postulantado, que se continúa en el noviciado.
Dentro de la vida religiosa la mayoría de los institutos de la rama masculina abren la posibilidad al sacerdocio, conformando lo que se conoce como clero regular; están regidos por la regla de cada orden o congregación, de allí su nombre. A los que no optan por el sacerdocio se los conoce como hermanos.
Los institutos de vida religiosa si bien requieren de la aprobación del obispo para tener presencia en el territorio de una diócesis, tienen una estructura propia que excede la lógica territorial de las diócesis. Se mueven en el marco de la tensión que genera tener sus propios espacios, carismas, estructuras y jerarquías, y participar de las dinámicas que suponen las estructuras diocesanas que gobiernan la Iglesia con sus propias lógicas y jerarquías.
Los institutos de vida religiosa se dividen en órdenes y en congregaciones. Las diferencias entre ellos son formales.3 Los primeros se conformaron históricamente antes que las congregaciones; sus miembros femeninos se denominan monjas -nombre que en forma equívoca se sigue aplicando para las religiosas de las congregaciones-. Los demás institutos de vida religiosa se llaman congregaciones religiosas, y a sus miembros se los denomina religiosos de votos. A los efectos prácticos en este escrito identificamos a todo el colectivo como congregaciones religiosas, ya que de hecho son más numerosas que las órdenes. Asimismo, usaremos indistintamente las denominaciones de religiosas o de monjas, aun si canónicamente no son equivalentes. También a los efectos prácticos para referirnos al conjunto de hombres y mujeres que han optado por ser miembros de congregaciones religiosas, hacemos mención a: vida religiosa.4 Al referirnos a congregaciones religiosas usaremos las siglas CRs.
Una distinción importante en este campo es entre aquellas CRs de clausura y las de vida activa. Las primeras, conocidas también como contemplativas se dedican a la oración, al estudio y al trabajo dentro de sus comunidades (monasterios). A las segundas, mucho más numerosas, se las conoce también como congregaciones apostólicas ya que despliegan un trabajo de evangelización en diversos campos: educación, salud, beneficencia, asistencia a los más vulnerables, etc.
A mediados del siglo pasado surgieron diversas instancias asociativas de convergencia de las CRs. En Argentina la Confederación de religiosos y religiosas (CONFAR), reúne aproximadamente al 85% de los institutos de vida religiosa.5 Estas congregaciones a su vez participan de la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR). Tanto la CLAR como la CONFAR ofrecen una serie de servicios para las CRs vinculadas a ellas. A través de su página web se accede a un calendario de eventos diversos entre los que se destacan: encuentros, congresos, talleres, reuniones y cursos. También están los enlaces a los centros de formación y al informativo CONFAR que se publica periódicamente con una selección de temas sobre la vida consagrada. Parte de la organización intercongregacional se estructura, en Argentina, en torno a regiones: Buenos Aires, Centro, Litoral, Noroeste, Noreste, Cuyo y Patagonia-Comahue.
Focalizar en las CRs presentes en Argentina, objeto del presente escrito, permite visualizar las dinámicas de estas instituciones de manera amplia, excediendo el territorio del país, por dos razones: 1. Muchas de ellas, como veremos más adelante, son de origen extranjero, y 2. Sus estructuras responden a un organigrama que va más allá de cada país. Están estructuradas en torno a lo que denominan provincias, de las cuales puede haber más de una por país, o bien una provincia puede abarcar a más de un país. De tal suerte que en Argentina hay congregaciones cuyas casas “provinciales” están en algún otro país, que en general son limítrofes. Cabe finalmente añadir que la casa central de cada CR, en la que reside el o la superior/a general de la congregación, suele estar en el país de origen de cada institución, si bien ya muchas han migrado sus casas de gobierno a Roma, cerca del Vaticano, sede de la oficina que las supervisa:  la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.

¿Qué se ha estudiado sobre las congregaciones religiosas en Argentina?
Lo que se conoce sobre las CRs en Argentina hasta el presente es escaso. Gran parte de la producción escrita sobre el tema proviene de reconstrucciones efectuadas por las propias congregaciones motivadas por propósitos específicos de cada instituto. Asimismo, se conoce lo proveniente de datos provistos por reconstrucciones generales de la historia de la Iglesia en Argentina (Di Stefano & Zanatta, 2000; Bruno, 1993, entre otros).
Desde el ámbito académico hay una incipiente producción impulsada en primer lugar por reconstrucciones historiográficas. La revista Itinerantes. Revista de Historia y Religión sacó en el 2011 un dossier compilado por Sara Amenta & Cynthia Folquer con estudios efectuados por los historiadores que trabajan el tema. Los artículos del dossier abordan algunas congregaciones: Las hijas de la Caridad (Cohen Imach, 2011), las religiosas del Sagrado Corazón de Jesús (Alvarado, 2011), la vida en los monasterios de Buenos Aires durante la colonia (Fraschina, 2011), la fundación de una congregación dominica femenina en Tucumán (Folquer, 2011), los comienzos de la orden de los dominicos (Dezzutto, 2011), e historias de vida dentro de comunidades femeninas (Ahumada, 2011). Cabe también mencionar a la historiadora Susana Bianchi (2015) quien analiza el arribo de las primeras congregaciones religiosas al país.
Los escritos centrados en períodos contemporáneos se interesan en temas específicos que atraviesan a las CRs. La opción por los pobres, con su consiguiente opción por abrir comunidades en localidades pobres es uno de los temas transversales a las congregaciones más abordado (Quiñones, 1999; Suárez 2017; Ludueña 2012); el tema se vincula con el impacto de la renovación que desde el impulso del Concilio Vaticano II atraviesa la dinámica de los institutos de vida religiosa. Otro tema es el de las configuraciones políticas y su impacto en opciones tomadas por CRs o por algunas religiosas; aspecto abordado por Claudia Touris (2010), a través del análisis de las trayectorias de un conjunto de religiosas definidas por la autora como tercermundistas. En una línea sociohistórica similar el artículo de Barry (2011) analiza las implicancias de la opción por el peronismo de religiosas durante la presidencia de Perón. Es de destacar también el trabajo de Soledad Cattogio (2010) que recoge la trayectoria de religiosas durante la última dictadura militar a partir de su trabajo previo en diócesis tercermundistas como la de La Rioja de monseñor Angelelli. Diana Viñoles (2014) analiza configuraciones conceptuales y pastorales que influyeron en la manera en que la vida religiosa femenina decidió acompañar a los más pobres en América Latina, a través de la reconstrucción de la biografía de una religiosa asesinada durante la última dictadura militar, Alice Domon.
Los aportes mencionados comenzaron a visibilizar a las CRs lo que evidenció la relevancia de conocer más a este actor del campo católico. El presente escrito aporta una visión global sobre este colectivo. Se adentra en una caracterización, inexistente hasta el momento, del conjunto de las CRs presentes actualmente en Argentina en términos de la evolución a lo largo del tiempo del número de congregaciones, de religiosos/as, de su peso en comparación con otros especialistas célibes del campo católico. Se adentra asimismo en aspectos vinculados a su origen, a sus estructuras, a su presencia institucional y al espacio social que ocupan dentro y fuera de la Iglesia católica. Los aspectos escogidos para la caracterización, contrariamente a los que marcan la evolución a lo largo del tiempo, son estáticos; responden a una fotografía efectuada desde el presente de las congregaciones. En este texto los ponemos en diálogo con los aspectos vinculados al flujo de tal forma de ir proponiendo hipótesis para comprender la situación actual del colectivo en estudio en Argentina.
Nuestra fuente principal de datos es una base con las 366 CRs presentes actualmente en la Argentina (280 femeninas y 86 masculinas). Desde el 2015 hemos ido identificando a estas congregaciones y, recurriendo a diversas fuentes, hemos ido volcando datos en la base que fuimos construyendo. Recurrimos a variadas fuentes: -las Guías Eclesiásticas de la Iglesia en Argentina que la Agencia informativa católica Argentina (AICA) ha publicado y que corresponden a los años 1960, 1988, 1992, 1995 -actualización de la 1992-, 2000, 2009 y 2012 -actualización de la del 2009- . -Datos provistos por una Guía de la CONFAR del 2012 no publicada oficialmente-. Recurrimos, asimismo, a los sitios web de varias congregaciones para verificar y completar información. -Utilizamos con suma cautela datos recogidos por N. Rosato (1985), que constituyó el primer intento por sistematizar información sobre congregaciones religiosas femeninas-.6 Recurrimos asimismo a datos de los Anuarios Pontificios de la Iglesia que reportan datos agregados y estadísticas sobre los diversos actores de la iglesia católica a nivel mundial.7
Enfrentamos múltiples desafíos en la construcción de la base de datos provenientes la mayor parte de ellos por inconsistencias en la forma de reportar los datos en las fuentes utilizadas.8 Para aquellas congregaciones que no están afiliadas a la CONFAR, la obtención de datos fue más dificultosa ya que las Guías Eclesiásticas, que identifican a todos los especialistas del campo católico, reportan muy poca información sobre ellas. Esta dificultad, sumado a los pocos o inexistentes datos reportados en los sitios webs de cada congregación hicieron que para aproximadamente el 15% de nuestro universo de estudio careciéramos de información en algunos de los campos de la base de datos que armamos. A las monjas y monjes de los monasterios de clausura, las Guías eclesiásticas le dan un tratamiento aparte; y solo reportan la cantidad de monasterios, no la de sus miembros. Por este motivo también nosotros le dimos un tratamiento separado del resto. Los diversos problemas que fuimos encontrando nos llevaron a efectuar múltiples búsquedas y chequeos de los datos antes de darlos por válidos en nuestra base de datos. Cabe finalmente mencionar que nuestro universo de estudio son las CRs actualmente presentes en el territorio argentino; quedan por tanto fuera de nuestro análisis aquellas que tuvieron presencia en la Argentina, pero ya no están, sea porque decidieron retirarse de Argentina para reforzar otros territorios, sea porque ya no existen como congregaciones.

Las congregaciones religiosas argentinas. Características, dinámicas y campos de acción

El modelo histórico desarrollado por Cada et al. (1979)9 es útil para comprender los inicios y evolución de la vida religiosa en el mundo occidental. Sus postulados son iluminadores para adentrarnos en la historia de las CRs en Argentina; permiten a su vez entender aspectos de la situación actual de este colectivo. Luego de desarrollar brevemente el modelo, y a la luz de sus conceptos, nos adentramos en las etapas por las que fue pasando la vida religiosa en el país. Analizamos posteriormente aspectos que permiten caracterizar y comprender el tipo de presencia de las CRs en Argentina.

Los inicios. Primeras fundaciones y etapas posteriores

A. Ciclos en la vida religiosa. Modelo histórico
A lo largo de la historia, según Cada et al. (1979), pueden esquemáticamente identificarse cinco etapas sucesivas por las que ha ido pasando la vida religiosa: 1. La etapa del desierto (200-500); 2. La del monaquismo (500-1200); 3. La de las órdenes mendicantes (1200-1500); 4. La de las órdenes apostólicas (1500-1800); y 5. La de las congregaciones dedicadas a la educación (1800-continúa) (Figura 1).

Figura 1. Etapas de la vida religiosa a lo largo de la historia del cristianismo


Fuente: Cada et al. (1979); traducción y reelaboración propia.

Cada una de estas etapas, nombrada con una imagen, responde a un impulso que sintetiza el sentido de la vida religiosa a lo largo de la historia: el impulso de ir al desierto para luchar contra el diablo, el proyecto de construir monasterios en toda Europa, la idea de defender la figura de Cristo en cualquier frente y expandir su Reino a los territorios recién descubiertos, y la empresa de construir instituciones (escuelas, hospitales) para cristianizar a las masas. Asimismo, cada etapa hace referencia a una realidad que tiene variadas facetas. Incluye la manera en que los propios religiosos han entendido su vida y sus funciones dentro de la iglesia y el mundo en un período dado. El término abarca tanto el ideal al que los/las religiosos/as han aspirado en determinados períodos, como las acciones prácticas que encarnaron ese ideal en la vida cotidiana de los consagrados.
Cada una de estas etapas pasó a su vez por diversas fases: 1. Una fase de crecimiento; que ha sido en todos los casos relativamente larga; que tiene su punto cúlmine en una etapa de oro durante la cual la imagen dominante de la vida religiosa une con éxito numerosas comunidades religiosas en su área. 2. Una fase de declive, o sea un período de ambigüedad en la que la imagen dominante comienza a cuestionarse. 3. Una fase de cambio de etapa: es un período comparativamente corto en que la vida religiosa pasa a través de uno de sus principales puntos de inflexión en la historia. En medio de un considerable caos, surgen variaciones de la imagen dominante. Algunas de estas variaciones se fusionan en una nueva imagen dominante. 4. Un período de elaboración y desarrollo bajo la nueva imagen dominante de la vida religiosa, que inaugura su siguiente gran era en la historia.
Los cambios entre etapas se dieron cuando se conjugaron importantes transformaciones tanto en la iglesia como en la sociedad. La primera transición (de la etapa del desierto a la de la vida monástica) tuvo lugar cuando cayó el imperio romano en el oeste y Europa comenzaba a afianzarse. El inicio simbólico de la vida monástica puede localizarse en el 529 cuando Benito funda el monasterio de Monte Cassino. La segunda transición (hacia las órdenes mendicantes) se produjo cuando Europa fue dando paso a la urbanización medieval y la iglesia estaba impulsando la unidad de Europa. La tercera transición (hacia las órdenes apostólicas) ocurrió al principio del período moderno de la civilización occidental cuando la iglesia sufrió en su propio seno el impacto de la Reforma iniciada con Lutero. La cuarta transición (hacia las congregaciones educativas) se enmarca en la lucha de la institución eclesial contra el secularismo imperante lo que la llevó a gestar una serie de medidas restauradoras del catolicismo tanto en Europa como en el resto de las naciones, especialmente en Latinoamérica. Se priorizó la disciplina y la formación del clero, y se estimuló el surgimiento de cofradías y otras asociaciones de laicos como una manera de reconstruir el tejido vincular intereclesial (Folquer, 2012).
El efecto más relevante de la política diseñada desde Roma fue el auge de las misiones y, con ello, el surgimiento de numerosas CRs.  Esta última etapa, la de las congregaciones dedicadas a la educación, se inicia con el renacimiento de la vida religiosa en una nueva dirección. Cerca de seiscientas nuevas comunidades se fundaron en el siglo XIX, la mayoría femeninas10 ya que la etapa comienza con el levantamiento de la prohibición de la vida activa para las mujeres quienes durante toda la etapa apostólica -marcada por el surgimiento de varias congregaciones activas masculinas- tuvieron que acatar las directivas del Concilio de Trento (1563) de atenerse a la clausura bajo pena de excomunión.
La vida religiosa tomó este nuevo cambio en el siglo XIX, impulsada por la idea de que la iglesia podía y debía ponerse en contacto con las masas que iban crecientemente poblando las ciudades para mostrarles el cristianismo mediante el uso de las instituciones emergentes en ese momento. Las instituciones se convirtieron en un medio de cristianizar. Así los/las religiosos/as que se dieron a la exigente labor de escuelas y hospitales produjeron un tipo de ideario de santidad apropiado para un catolicismo centrado en el objetivo de cuidar a las masas de los países industrializados que “debían” volver a cristianizarse (Cada et al., 1979: 41). Hacia mediados de siglo XX, la vasta red de instituciones católicas conformada por personal religioso cada vez más profesional abarcó los países desarrollados con presencias y redes importantes en las tierras de misión. El sistema funcionaba bien y había sido perfeccionado para obtener la mayor eficiencia.
Durante las décadas de los 40s-50s la etapa de la vida religiosa caracterizada por CRs dedicadas a la educación, pasa por su período de oro. Hacia el período del Concilio Vaticano II, a principios de los 60s, la pertenencia a comunidades religiosas había alcanzado el punto más alto en la historia de la iglesia (Stark & Finke, 2000). Sin embargo, desde entonces comienza un declive que se continúa hasta el presente; salvo excepciones todas las CRs, y particularmente las femeninas, vienen atravesando una continua reducción de sus miembros. Pocas vocaciones, poca retención y muchas salidas de aquellos que no le encuentran más sentido a la vida que sus congregaciones les ofrecen. La mayoría de las congregaciones se encuentran en la actualidad con una organización que no responde a su presente, y con obras para llevar adelante que, en su situación actual, en el marco de una población reducida y envejecida, las lleva a replantearse el rumbo que deben tomar. Múltiples aspectos configuran este presente de la vida religiosa: el distanciamiento progresivo y la difícil compatibilidad entre el modelo de vida que propone las CRs y el paradigma dominante en la sociedad actual (Trescents, 2017; O´Murchu, 2005), falta de visión estratégica de las CRs para adaptarse a los cambios de época (Wittberg, 2009); para el caso específico de las congregaciones femeninas: las estructuras patriarcales de la iglesia católica que siguen invisibilizando a las religiosas (Bidegain, 2014; Lecaros, 2017). Ahondaremos al final del escrito sobre estas hipótesis para iluminar el presente de las CRs en Argentina.
Sobre la base del modelo global de la vida religiosa propuesto por Cada et al., analizamos a continuación cómo fueron sus inicios en el país y algunas de características específicas en Argentina.

B. Inicio de la vida religiosa en Argentina… y flujo posterior
Las primeras CRs que arribaron a la Argentina fueron masculinas, correspondientes a cuatro órdenes mendicantes y a una apostólica. Los Mercedarios, llegaron en 1535 (fundados en 1218), los Franciscanos en 1538 (fundados en 1209), los Dominicos en 1550 (fundados en 1215) y los Jesuitas en 1585 (de 1540). Iniciando el siglo XVII se suma la orden de los Agustinos, 1617 (fundados en 1243). Así antes de comenzar el siglo XVIII había en el territorio argentino cinco órdenes religiosas de vida activa, todas ellas masculinas (Cuadro 1).11
Los frailes de estas órdenes desplegaron variadas actividades que les fueron dando legitimidad social y fuerte presencia pública durante el período colonial. Con base en sus conventos, que se fueron sucesivamente fundando en las principales ciudades del territorio argentino, tuvieron un papel preponderante en los ámbitos de la pastoral y de la educación, desplegando asimismo misiones en áreas rurales (Di Stefano & Zanatta, 2000).12
Recién a fines del siglo XVIII se suman más congregaciones. Arriba la primera femenina: La Compañía de María, originada en Francia por Juana de Lestonnac en 1607, llega a la Argentina en 1780, fundando en Mendoza el primer monasterio y colegio de la Compañía. Al poco tiempo (1782) arriban las Terciarias carmelitas de Santa Teresa de Jesús fundadas por iniciativa de fray José Antonio de San Alberto; y en 1795 nacen las Hijas del Divino Salvador fundadas por María Antonia de Paz y Figueroa (popularmente conocida como mamá Antula). Las dos primeras nacieron con un formato muy similar al de las órdenes de clausura para mujeres, con la variante, en el caso de la Compañía de María, que abrieron colegios en los que encontraron la forma de compatibilizar la clausura con la enseñanza. Paz y Figueroa, beata de la Compañía de Jesús, en cambio, recoge la vida devocional femenina en torno a los beaterios fundando una comunidad de vida activa inspirada en la espiritualidad y misión de los jesuitas; fundó una casa de ejercicios en Buenos Aires, que luego de la expulsión de la Compañía de Jesús, era frecuentada por gran cantidad de personas, generando así un movimiento espiritual de largo alcance (Fraschina, 2010; Di Stefano & Zanatta, 2000).
Durante el período colonial en el territorio actualmente argentino la vida contemplativa, propiamente monástica, fue patrimonio de las familias religiosas femeninas (Di Stefano & Zanatta, 2000). El primer monasterio fundado en Argentina fue obra de las carmelitas descalzas en Córdoba en 1628. Se sumaron más de un siglo después en Buenos Aires dos monasterios: el de Santa Catalina de Siena en 1745, y el de Nuestra Señora del Pilar de monjas capuchinas en 1749 (Fraschina, 2010).13 La clausura era prácticamente la única opción de vida consagrada célibe comunitaria para las mujeres. En cambio, las órdenes masculinas eran las que desplegaban una vida activa a través de la predicación, la enseñanza y las misiones.
Durante la primera mitad del siglo XIX no se funda en el territorio argentino ni arriba CR alguna. El período de independencia de la corona española y las primeras décadas de consolidación del nuevo estado nación dejó fuera la posibilidad de incorporar nuevas instituciones religiosas. La reforma pergeñada en la Asamblea de 1813 tuvo como ejes fundamentales una transferencia de recursos humanos y materiales del clero regular al secular con el objeto de homogeneizar y nacionalizar a todo el clero. Se buscó así eliminar los conventos masculinos, se promovieron las secularizaciones de frailes y se pusieron a disposición de las parroquias bienes e instalaciones de los conventos suprimidos (Di Stefano, 2010). Las turbulencias políticas del país que buscaba consolidarse como nación, frenan el envío de nuevas congregaciones que durante ese período empiezan aceleradamente a fundarse en el viejo continente (Cuadro 1) fruto de la política de lucha contra la modernidad de la Iglesia.
Recién a finales del siglo XIX comienzan a llegar al país las nuevas congregaciones religiosas fundadas la mayoría de ellas en Europa pocas décadas atrás bajo el impulso de evangelizar a través de las instituciones de la modernidad. Durante la primera mitad del siglo XX se acelera fuertemente el proceso siendo el período donde comenzaron su actividad en el país el mayor número de CRs. De las actuales congregaciones el 40,1% de las femeninas y el 51,9% de las masculinas comienzan su actividad en el país en las primeras cinco décadas del siglo XX. Tal como se evidencia en el Cuadro 1 la dinámica sigue teniendo impulso entre 1950 y 1980, aunque con mayor fuerza para las CRs femeninas y con menor vigor en las masculinas. Cabe finalmente destacar que después los 80s siguen comenzando su actividad CRs en el país, pese a que, como veremos más adelante, hay un fuerte descenso en el número de religiosos/as, especialmente de la rama femenina. Retomaremos luego el tema ya que es dable preguntarse por las motivaciones y características de CRs fundadas en el marco de una constante caída de números en la vida religiosa.
Cabe finalmente destacar un par de aspectos que surgen de comparar los años de fundación de las CRs con los de su comienzo de actividad en Argentina. Antes de 1700 se habían fundado ya el 10% de las CRs actualmente presentes en el país, en su gran mayoría masculinas, pero solo 5, como ya hemos mencionado, se habían radicado en el país. El período 1850-1899 corresponde al de mayor fundación de CRs (39,4%) sobresaliendo la fundación de CRs femeninas sobre las masculinas. Este impulso corresponde al inicio de la última de las etapas, denominada por Cada et al. (1979) como de las congregaciones educativas. Los frutos de este impulso llegan a la Argentina unas décadas después, ya que es recién en el periodo 1900-1949 cuando se asientan la mayor cantidad de CRs tanto masculinas como femeninas. Impulso que se continúa, aunque con menor fuerza, en las décadas posteriores cuando ya la fundación de nuevas CRs había mermado fuertemente (Cuadro 1).

Cuadro 1. Congregaciones religiosas de vida activa por año de fundación y año de comienzo de actividades en Argentina según rama. Distribución porcentual


Fuente: elaboración propia sobre la base de datos de la CONFAR, webs de las congregaciones y Guías Eclesiásticas argentinas de AICA
Nota: Sin datos, para Año de Fundación: 36 casos (9,8%); para Año de comienzo de actividades en Argentina: 53 casos (14,5%).

C. Procedencia de las CRs
La mayoría de las CRs actualmente presentes en Argentina tuvieron su origen en Europa (70,3%). Un 14,2% fueron fundadas en Argentina; 7,7% en algún país del continente americano y 3,3% proceden de Asia o Africa (Cuadro 2). Entre los países europeos donde se fundaron las CRs, sobresalen Italia, España y Francia. La rama no introduce diferencias relevantes; cabe solo destacar mayor preeminencia de italianas entre las CRs masculinas, y de aquellas fundadas en Argentina entre las femeninas. Las fundaciones argentinas masculinas se dan exclusivamente después de 1979.

Cuadro 2. Distribución porcentual de las congregaciones/órdenes religiosas de vida activa en Argentina por país de origen según rama


Fuente: elaboración propia sobre la base de datos de la CONFAR, webs de las congregaciones y Guías Eclesiásticas argentinas de AICA.

Las CRs que arribaron al país lo hicieron en la mayoría de los casos, durante las fases de expansión o de estabilidad de cada una de ellas (Figura 2). Siguiendo el modelo organizacional de Cada et al. (1979) de estos dos períodos del ciclo de vida de las congregaciones se destaca, entre otros aspectos, un fuerte crecimiento y sensación de éxito entre los miembros durante el período de expansión. Muchos jóvenes quieren sumarse a la congregación y nuevas obras toman impulso. La expansión comporta también salir de las fronteras del país de origen hacia nuevos territorios; la idea de misión y de evangelizar se vigoriza. Latinoamérica aparece como un lugar ideal para concretar y consolidar este ideario. En el período de estabilidad el incremento numérico de miembros suele continuar, pero la expansión geográfica generalmente comienza a retrasarse. Una sensación de éxito invade la comunidad durante este período. Los miembros experimentan un alto grado de satisfacción personal, simplemente por pertenecer a la congregación. La imagen predominante de la vida religiosa es clara y aceptada. Proporciona una base para describir sin ambigüedades los roles sociales de los religiosos/as. La comunidad está logrando su propósito y este propósito es evidente. La necesidad de mejorar no es vista como una necesidad de cambiar lo establecido, sino más bien de hacer mejor lo que ya se está haciendo. Poco a poco mientras la estabilización se asienta, cada congregación asume que la vida religiosa siempre ha sido así y que siempre va a seguir siéndolo en el futuro. No hay necesidad de seguir elaborando la comprensión de la visión fundadora o de ahondar en ella. Simplemente se la acepta y se la repite a los nuevos miembros. El tipo de crisis de este período está principalmente vinculado al activismo. Otro peligro surge de la crisis de adaptación. En medio del éxito, la comunidad rara vez está dispuesta a adaptarse y los cambios que deben hacerse se enfrentan con dificultad. Las congregaciones religiosas arribadas a Argentina de los países europeos expresan esta crisis de adaptación; máxime siendo que fueron socialmente legitimadas en Argentina en parte por los valores de la cultura europea que traían; se las consideraba portadoras y promotoras de los buenos valores y prácticas culturales provenientes de Europa; valores y cultura que trasmitían en la mayoría de los casos a través de los colegios que fundaron. La supuesta superioridad respecto de la cultura nacional condujo a tensiones y a conflictos.
Las CRs europeas arribaron al país con el objetivo de evangelizar a través de sus obras (colegios, asilos, asistencia a enfermos, etc.), esperando enfrentar a las corrientes laicistas, o sea anticlericales, que cuestionaban el poder de la Iglesia católica.14 Muchas llegaron también motivadas por la idea de acompañar a sus connacionales inmigrantes que se habían radicado en el país (Rosoli, 1987, 1992; Dufourcq, 1988). Las Sister of Mercy, por ejemplo, que fueron entre las primeras CRs femeninas en llegar al país, vinieron desde Irlanda en 1856 por solicitud del sacerdote Fahy, para cubrir las necesidades de la colectividad irlandesa en un hospital y en un colegio (Bianchi, 2015). Motivaciones similares tuvieron las ramas masculina y femenina salesiana, scalabriniana, y las Hijas de la Inmaculada Concepción,15 por citar solo algunos ejemplos.
Con el pasar del tiempo estas CRs fueron complementando o sustituyendo sus objetivos iniciales con otros. Siguiendo lo escrito por R. Di Stefano & L. Zanatta:

Muy pronto -las CRs arribadas de Europa- se dedicaron a organizar el catolicismo en la nueva patria, difundiendo en ella los métodos pastorales, los estilos pedagógicos, las técnicas de catequesis y las adquisiciones doctrinarias de sus países de origen, y desarrollando en consecuencia una obra decisiva para rejuvenecerlo e imprimirse dinamismo. Además, los que entre ellos habían vivido la experiencia de las luchas contra el Estado laico en Francia, Alemania o Italia, le dieron un impulso extraordinario a la renovación intelectual del catolicismo argentino, trasplantando allí los temas de la reacción antiliberal europea y confiriéndole un inédito carácter combativo (2000: 328).

Tanto las CRs arribadas de Europa como las fundadas en Argentina fueron asumiendo la agenda de los obispos romanizados de fines del siglo XIX y principios del XX; agenda funcional a la centralización y unificación institucional de la Iglesia según las directivas de la Curia romana, con miras a integrar a todos los católicos del mundo en torno a la figura del Papa apoyando su lucha contra el avance de la “modernidad” (de Roux 2014: 33). Las CRs a través del trabajo en los colegios que fueron fundando y de sus obras asistenciales y pastorales, se sumaron a la tarea de colaborar en el proyecto de construcción de la nación católica. 

Figura 2. Modelos de ciclos de vida de una congregación religiosa, y de su curva de vitalidad


Fuente: Cada et al. (1979); traducción y reelaboración propia

D. Fundadores de las CRs
¿Por qué es importante centrase en los/las fundadores/as? La respuesta viene dada por la creencia y práctica de las propias CRs, quienes efectivamente dan un papel central a quien reconocen como su fundador/a. La vida de las congregaciones en mayor o menor medida gira en torno a lo que consideran la vida ejemplar de su fundador/a, su carisma y visión. Al fundador/a se le atribuye el haber pasado por experiencias de radical transformación, que generalmente son identificadas en una serie de eventos; éstos son percibidos y construidos simbólicamente como un cambio abrupto en su identidad y como un momento atemporal en el que se recibe una visión o sueño (Cada et al., 1979). Para no dejar dudas sobre la ejemplaridad de la vida del fundador/a suele tramitarse que sea declarado santo por la jerarquía eclesial. Lograr este reconocimiento, el más alto dentro de la Iglesia católica, es leído como un sello de legitimidad a la congregación y a sus obras (colegios, asilos, etc.) inspiradas por tan ejemplar persona.
La fundación de una congregación suele así atribuirse a una sola persona y no a un proceso liderado por más de una persona. Los datos del Cuadro 3 evidencian que el 83% de las CRs presentes en Argentina reconocen su inicio a la decisión de una única persona. Cabe sí destacar que, una vez reconocido el liderazgo del fundador, los primeros seguidores de éste y la segunda generación de miembros cobran un papel relevante en la consolidación de la institución ya que son quienes van orquestando la memoria congregacional. Las historias que narran consagran eventos decisivos, direccionan a la congregación y establecen sus rasgos característicos. Poco a poco, una serie de rituales y símbolos expresan y conmemoran los eventos más preciados de la fundación de la congregación, que, fusionados con la tradición de los miembros más antiguos, consagran una especie de memoria sagrada y de culto que comienza a transmitirse de generación en generación como mito fundacional de la institución. Se van haciendo a su vez intentos por ir pensando en el mito fundacional y expresarlos en términos del pensamiento contemporáneo. Estos esfuerzos pueden resultar en teorías, interpretaciones y modelos sociales, que se funden en un sistema de creencias y dan una estructura racional a la idea más intuitiva del mito fundador. Simultáneamente, se van ideando procedimientos para la comunicación y toma de decisión de la congregación, y poco a poco, la política de las comunidades va tomando forma. Se establecen las normas y surgen las costumbres (tradiciones) que se traducen en los procedimientos que van cubriendo todos los aspectos de la vida de la congregación, tales como los criterios de pertenencia, los estándares de liderazgo y las prioridades apostólicas (Cada et al., 1979).
Volviendo a los fundadores/as, ahondemos en algunas de sus características. Como puede apreciarse en el Cuadro 3 alrededor de la mitad de las CRs presentes en Argentina han sido fundadas por un varón (49%); sumando a las fundadas por dos o más varones, un total de 50,8% CRs tuvieron orígenes de la mano exclusiva de varones. Si a ello adicionamos el 11,5% de CRs en los que han intervenido un varón y una mujer da que en las dos terceras partes de las CRs presentes en Argentina ha participado un varón en su fundación. Este dato cobra relevancia considerando que solo el 23,5% de las CRs pertenecen a la rama masculina, y que, a su vez, salvo una excepción, todas las CRs masculinas tuvieron su origen en un varón,16 y un tercio de las femeninas lo tuvieron de la mano de un único varón. Cabe asimismo destacar que más de la mitad de los varones fundadores de CRs masculinas han obtenido el reconocimiento de santo, de beato o siervo de Dios.
Respecto a las mujeres fundadoras, los datos del Cuadro 3 evidencian que, contrariamente a sus pares varones, las mujeres prácticamente no han intervenido en la fundación de CRs masculinas. Tienen liderazgo en la fundación de poco más de dos tercios de las CRs femeninas. Se trata de un liderazgo, sin embargo, muy controlado y supervisado por la jerarquía de la Iglesia (de composición masculina). De hecho, la existencia efectiva de una congregación se concreta cuando obtienen las reglas aprobadas por el obispo y la designación oficial de un sacerdote como director espiritual. El origen de CRs tan fuertemente construido en torno a una única persona (a lo sumo 2), y la gran gravitación masculina en las fundaciones, son aspectos que creemos inciden en la actual crisis de la vida religiosa, especialmente de la rama femenina. Las CRs, ávidas por encontrar nuevo dinamismo, tienden a ir a sus orígenes, esperando encontrar fuentes de renovación espiritual. No logran, sin embargo, lidiar adecuadamente con las huellas que dejaron los dos aspectos mencionados.

Cuadro 3. Congregaciones/órdenes religiosas de vida activa en Argentina por características del fundador según rama. Distribución porcentual


Fuente: elaboración propia sobre la base de datos de la CONFAR, webs de las congregaciones y Guías Eclesiásticas argentinas de AICA.
Nota: la categoría otro del cuadro refiere a situaciones donde la CRs se formó por la fusión de dos o más congregaciones o por otras situaciones donde queda diluida la figura del fundador/a

Diversidad de presencias
Desde una mirada del presente de las CRs en Argentina asoma un panorama muy variado. Sobre la base de los datos que tenemos a continuación ahondamos en aspectos que dan cuenta de la diversidad de presencia, de extensión y de campos de acción de nuestro colectivo de estudio.

A. Comunidades por CR
Un indicador de la extensión y afianzamiento de la presencia de las CRs es la cantidad de comunidades con las que cuentan a lo largo del país. Cada comunidad está habitada por miembros de las CRs. No podemos reconstruir con las fuentes disponibles la cantidad de religiosos/as por comunidad; a groso modo podemos decir que suelen no ser menos de tres; y lo esperable es que estén compuestas por entre cuatro y cinco personas.
En total hay 2759 comunidades religiosas dispersas a lo largo del territorio del país, de las cuales 1835 son de CRs femeninas y 924 de CRs masculinas (Cuadro 4a).17 En promedio el conjunto de las CRs tiene 7,6 comunidades; situación que se da en el marco de una fuerte dispersión; hay desde una única presencia hasta 153. Siguiendo con la lectura global puede observarse que las CRs femeninas (279 con datos), tienen en promedio menos comunidades que las masculinas: 6,6 y 11,1 respectivamente; o sea que las CRs masculinas, si bien son tres veces menos que las femeninas, tienen en promedio mayor cantidad de casas que sus pares femeninas.
Analicemos los extremos. ¿Cuáles son las CRs que más comunidades tienen? De la rama femenina son cinco las que tienen más de 40. Se trata de CRs de fundación europea, arribadas al país entre 1850 y 1900. Son las siguientes: Las Hijas de María Santísima del Huerto FMH, fundadas en Italia por Antonio María Gianelli; tienen 41. Las Religiosas de San José RSJ, fundadas en Francia por Juan Pedro Medaisalles, SJ; 45 comunidades. Las Misioneras Siervas del Espíritu Santo SSpS, fundadas en Holanda por Arnoldo Janssen y Josefa Hendrina Stenmanns; 49 comunidades. Las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia, fundadas en Italia por María Josefa Rossello; 57 comunidades. Las Hijas de María Auxiliadora HMA, fundadas en Italia por Juan Bosco y María Mazzarello; 63 comunidades. En estas cinco CR se concentra el 14% del total de comunidades religiosas femeninas presentes en el país.
En las CRs masculinas, también son cinco las que cuentan con más de 40 comunidades, y también son de origen europeo. Son las siguientes: Los Hermanos Maristas, fundados en Francia por Marcelino Champagnat; 44 comunidades. La Pequeña Obra de la Divina Providencia, fundados en Italia por Don Orione; 51 comunidades. Los Franciscanos, de la Orden de Frailes menores OFM, fundados en Italia por Francisco de Asis; 57 comunidades. La Sociedad del Verbo Divino, SVD, fundados en Holanda por Arnoldo Janssen; 68 comunidades. La Sociedad de San Francisco de Sales, fundados en Italia por Juan Bosco; 153 comunidades. Estas cinco CRs cuentan en total con 373 comunidades; o sea que concentran el 40% del total de comunidades religiosas masculinas.
Cabe destacar sobre la base de los datos del párrafo de arriba, que tanto entre la CRs femeninas como entre las masculinas son las congregaciones fundadas por Don Bosco las que tienen mayor presencia numérica en el país. Su presencia a través de una amplia red de colegios, institutos de formación profesional y centros de formación superior, permite afirmar que ambas CR religiosas salesianas (la masculina y la femenina) son una cabal expresión del tipo de congregaciones que se afianzaron en Argentina.
En el otro extremo, el 16,9% de las CRs tienen presencia en el país a través de una única comunidad. Esta situación tiende a concentrarse en aquellas CRs que han comenzado su actividad en el país más recientemente. El grueso de las CRs, tanto femeninas como masculinas tienden a contar con entre cuatro y diez comunidades; 39,4% y 50,5% respectivamente (Cuadro 4b).

Cuadro 4a. Estadísticos. Cantidad de comunidades por CR. Argentina. 2010


Fuente: elaboración propia sobre la base de datos de la CONFAR, webs de las congregaciones y Guías Eclesiásticas argentinas de AICA.

Cuadro 4b. Distribución porcentual de las CRs por cantidad de comunidades/casas. Argentina. 2010


Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Guía Eclesiástica (2009) y a la Guía CONFAR (2012).
Nota: sin datos para 4 CRs.

Evolución de la VR. Su peso dentro del campo de los especialistas célibes católicos

¿Cuál es el peso de la VR en el conjunto de especialistas célibes del campo católico? ¿Cómo fue evolucionando su presencia? ¿Qué claves socio-históricas ayudan a comprender su evolución? Estas son las preguntas que abordamos en la presente sección.
La figura 3 sintetiza los datos sobre la base de los cuales abordamos los interrogantes planteados en el párrafo anterior. Los datos muestran la evolución de las religiosas y de los consagrados varones desde 1945 (año desde el que existen fuentes de datos confiables) hasta el 2012 (última actualización de la Guía Eclesiástica argentina). Del campo de especialistas célibes católicos quedan afuera los consagrados laicos de los institutos seculares y de los movimientos eclesiales por la existencia de muy pocos datos comparables. Su incidencia es muy baja,18 al igual que la de las vírgenes consagradas. Para los consagrados célibes varones el gráfico muestra la evolución de sacerdotes diocesanos, y la de las dos categorías que componen el espacio de la VR masculina: sacerdotes regulares y hermanos.

Figura 3. Cantidad de consagrados célibes, incluyendo sacerdotes diocesanos, sacerdotes religiosos y hermanos. Argentina. 1945-2012


Fuente: para el año 1945 y 1988 datos citados en Bianchi (2015). Para los años 1961, 1992, 1995, 2000, 2009 y 2012Guía Eclesiástica Argentina para cada uno de esos años.

Comparemos primero la evolución global de mujeres y de varones (las dos líneas superiores del gráfico). En la década de los 60s el número de religiosas presentes en el país alcanzó su valor más alto.  La Guía eclesiástica de 1961 reporta 13423 religiosas; casi 3000 religiosas más que las reportadas en 1945. A comienzos de los 60s, el total de los varones consagrados célibes (sacerdotes diocesanos, regulares y hermanos) sumaban 5816. Así, el 70% de la vida consagrada a principios de los 60s era femenina. En 1995 esa proporción había bajado al 63%; en ese entonces la vida consagrada masculina había ascendido a 6350 varones célibes, y la femenina había descendido a 10823. Esa tendencia al descenso de la participación femenina sobre el total de la vida consagrada se mantiene hasta el presente. En el 2000 representaban el 58%, en el 2009 el 53% y en el 2012 el 52%. Así en el 2012 en la VR femenina había 7665 mujeres, y la vida consagrada masculina totalizaba 6325 varones célibes. En síntesis, la VR femenina tendió a subir hasta los 60s, luego registra una constante caída, lo que hace que sus números tiendan casi a igualarse con el de los varones célibes quienes vienen registrando un casi constante moderado incremento. En ambas curvas hay períodos de pequeños subas o descensos que en un estudio evolutivo más detallado debería indagarse. En una mirada desde el presente puede afirmarse que las religiosas tendieron a una constante baja en los últimos 50 años y los varones consagrados registraron un leve ascenso que parece haberse estabilizado desde el 2000.
Al interior de la vida consagrada masculina es destacable la evolución de los sacerdotes diocesanos respecto a la de la VR masculina (compuesta por sacerdotes religiosos y hermanos). Solo la curva de los sacerdotes diocesanos registra incrementos constantes a lo largo del período en consideración; las otras dos curvas, aun en el marco de fluctuaciones tienden a bajar. Los sacerdotes diocesanos sumaban 2182 en 1961 y 3766 en el 2012.19 Los sacerdotes regulares tenían números levemente superiores a los diocesanos en 1961 (2602), y en el 2012 muy inferiores (1766).
Sintetizando lo desarrollado en los párrafos anteriores, toda la VR religiosa perdió fuerza en las últimas 50 décadas, particularmente la rama femenina.20 Los sacerdotes diocesanos, con funciones más específicamente vinculadas al gobierno de la Iglesia católica, son los únicos consagrados célibes que han registrado aumento en el mismo período.
La merma en los números de la vida religiosa tanto femenina como masculina tiende a ir en sentido inverso al del número de CRs presentes en el país. Sobre la base de los datos disponible, puede observarse que entre 1960 y 2012 la cantidad de institutos de vida religiosa duplicó su valor en la rama femenina -de144 a 280- y se incrementó en un 40% en la rama masculina -de 61 a 86- (Cuadro 5). El incremento de CRs es consistente con el flujo de institutos de vida religiosa que comenzaron su actividad en el país en las últimas décadas, tal como hemos detallado en el cuadro 1. El flujo inverso entre la cantidad de religiosos/as y de la cantidad de CRs a las que pertenecen merece un análisis detallado que excede los objetivos de este escrito. Creemos que hay suficientes datos para afirmar que la mayoría de las que comenzaron su actividad recientemente responden al espacio conservador.
Los datos presentados en este apartado evidencian que la cantidad de religiosos y de religiosas presentes en el país alcanza su pico en la década de los 60s. Desde mediados de esa década la Iglesia católica, bajo el impulso del Concilio Vaticano II (concluido en 1965), atravesó por una profunda transformación que le permitió aggiornar sus estructuras, la forma de concebirse y la de orquestar su presencia en la sociedad. Bajo este impulso la renovación en la vida religiosa dotó a esta opción de vida de nuevos sentidos, flexibilizó sus estructuras y le quitó rigidez a varias de sus prácticas. Entre los cambios cabe mencionar la posibilidad de optar por no usar hábito; el acento en apoyar una mayor y mejor formación profesional para un adecuado desempeño en las instituciones a cargo; una comprensión menos rígida de los votos en aras de una mayor autonomía personal en el marco de estructuras menos jerárquicas. Uno de los cambios más significativos es que la teología posconciliar dejó de concebir a la vida religiosa como un estado de perfección, por lo que ésta pasó a considerarse un modo peculiar de vivir el cristianismo, pero no necesariamente mejor o más adecuado a otras formas de vivirlo.
La constante baja en la cantidad de sus miembros indica que paradójicamente, pese a su renovación, la vida religiosa fue perdiendo su capacidad de atraer nuevos miembros y de retenerlos. La opción preferencial por los pobres trazada en el Documento de los obispos latinoamericanos de Medellín (1968) enmarcó un nuevo rumbo para algunas CRs presentes en Argentina, especialmente femeninas: la de la vida inserta entre los más pobres. Así desde fines de los 60s varias CRs dejaron algunos de sus colegios para abrir nuevas comunidades insertas en territorios marginales. Esta opción ayudó a cuestionar y a cambiar los tradicionales roles sociales y el estilo de vida de las congregaciones femeninas; sin embargo, tampoco logró revertir la caída en los números de la vida religiosa, ni logró instaurar una nueva etapa, superadora de la educativa, como algunos habían pronosticado.

Cuadro 5. Cantidad de religiosas, religiosos, congregaciones religiosas femeninas y masculinas de vida activa. Argentina 1945-2012


Fuente: para cantidad de CRs Guía Eclesiástica Argentina publicadas para los años 1961, 1992, 1995, 2000, 2009 y 2012. Para la cantidad de religiosos/as Annuarium Statisticum Ecclesiae (2004) para los años 1999-2004; y Rosato (1985) para los años 1981 y 1988.
Nota: La Guía Eclesiástica del 2000 subregistra institutos de VR por lo que no hemos consignado sus datos.

Conclusiones

Las CRs, según los datos que hemos presentado en este escrito, se expandieron y consolidaron en Argentina desde principios del siglo XIX hasta mediados del XX, coincidente con lo que según el modelo de Cada et al (1979) corresponde a la última de las cinco etapas por las que atravesó la VR a lo largo de la historia. Arribadas la mayoría de ellas de Europa, a través de sus obras, -especialmente los colegios- se sumaron a la tarea de evangelizar a la sociedad, colaborando en el proyecto de construcción de la nación católica. Aquellas que se fueron fundando en Argentina, asumieron asimismo la agenda de los obispos romanizados, colaborando con sus obras en la atención de los más necesitados. Aun si en el marco de tensiones y conflictos con la jerarquía eclesiástica, las CRs de este período fueron funcionales a la consolidación de la Iglesia católica en el país. Gozaron asimismo de legitimidad social al desempeñar varias CRs, a través de sus obras y actividades, una función subsidiaria al estado.
Desde finales de los 60s la vida religiosa en Argentina, al igual que en todo occidente, se encuentra en una fase de declive, o sea está atravesando un período de ambigüedad en el que la imagen dominante de la vida religiosa está siendo cuestionada tanto al interior de las CRs como en la sociedad. Varias comunidades religiosas van perdiendo su sentido de propósito, lo que deviene en un generalizado sentido de crisis. La imagen comúnmente aceptada de la vida religiosa tal como en el presente se la conoce (expresada principalmente en la vida apostólica en las obras de los colegios y hospitales), pareciera estar desvaneciéndose, lo que significa que está dejando de ser considerada significativa. Si bien hubo destellos o más bien esperanzas de que una nueva imagen podía surgir (como fue la de la vida inserta entre los más pobres, especialmente para la rama femenina), lo cierto es que no hay ninguna que surja con fuerza y que le esté dando un nuevo impulso a la vida religiosa.
¿Qué perspectivas futuras se vislumbran para las CRs en Argentina? Los noviciados vacíos, la salida de miembros formados, el alto promedio de edad, y las grandes dificultades para sostener sus obras son indicios de los desafíos que enfrenta la vida religiosa en el presente. Contestar la pregunta, que obviamente también se plantean las propias instituciones, se torna por tanto difícil. El flujo de CRs que se han asentado o fundado en Argentina en las últimas cuatro décadas indica que aun en el marco de la crisis, la vida religiosa tiene dinamismo. Ahondar en las características y propósitos de estas nuevas CRs es una tarea pendiente. Hay variados indicios para hipotetizar que se trata en su mayoría de grupos dentro del espectro conservador afines con concepciones y prácticas anteriores a las propuestas en el marco de la renovación.
Como última reflexión cabe preguntarse cómo interpretar el declive de la vida religiosa, especialmente la femenina, en las últimas cinco décadas paralelo al aumento en la cantidad de sacerdotes diocesanos. ¿Por qué algunos especialistas célibes del campo católico pierden miembros y otros los aumentan? La aproximación postconciliar dejó de concebir a la vida religiosa como haciendo parte de un estado de perfección, equiparando así a sus miembros con los laicos. Los sacerdotes (incluidos los regulares) en cambio continuaron siendo concebidos como pertenecientes a un estado diferente que imprime “carácter de por vida”.21 Esta situación tendió de hecho a legitimar aún más la histórica conducción sacerdotal -masculina- de la Iglesia. Ellos son concebidos como los que a través de las prácticas “sacramentales” pueden “sacralizar”, o sea tienen poder para transformar. Asimismo, por este carácter reservado solo al género masculino, son los que ocupan los lugares más altos en el gobierno de la iglesia. Esta interpretación y su correspondiente práctica van en sentido contrario a la creciente conciencia social sobre la equidad de género. En la sociedad argentina, crecientemente secularizada en la que la que la conciencia de igualdad de género se ha instalado, ciertas prácticas y creencias en torno a la vida religiosa redundan en que sea cuestionada y poco atractiva, especialmente para las mujeres.

Notas

* Ana Lourdes Suárez es Ph.D en Sociología por la Universidad de California San Diego, EEUU y Doctora en Antropología por la Universidad de Buenos Aires. Es investigadora independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, con lugar de trabajo en el Instituto de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Católica Argentina donde dirige el Programa Condiciones de vida y religión. Profesora de grado y posgrado en la Universidad Católica Argentina. Sus áreas de especialización son el campo católico en Argentina, Pobreza, y Métodos de investigación. Correo electrónico: analourdessuarez@gmail.com.

1 Recuperado de http://es.catholic.net/op/articulos/9401/los-institutos-seculares.html#modal.

2 Aquellos Nuevos Movimientos Eclesiales reconocidos oficialmente por el gobierno central de la Iglesia son alrededor de 130. Sus estatutos, estructuras y actividades están bajo el control de una oficina especial dentro del Vaticano: el Pontificio consejo para los laicos. Para una mayor profundización sobre el tema ver Ana L. Suárez 2014.

3 Existen diferencias formales entre órdenes y congregaciones religiosas, tales como el carácter de los votos -en las órdenes religiosas sus miembros profesan votos solemnes, lo que hace más dificultoso obtener la dispensa que para los miembros de congregaciones religiosas quienes profesan votos simples-. Sin embargo, en el presente la distinción es ambigua. El Código de Derecho Canónico de 1983, apenas hace referencia a la diferenciación; dando paso principalmente a una diferencia histórica. Las órdenes preceden en antigüedad a las congregaciones.

4 El concepto vida religiosa es el utilizado en los textos teológicos, de pastoral y del campo católico en general para identificar a los/las religiosos/as miembros de órdenes/congregaciones religiosas.

5 La web de la CONFAR http://confar.org.ar/quienes-somos/congregaciones/congregaciones-confar/, consultada por última vez el 28 de junio 2019, lista 313 Congragaciones religiosas afiliadas.

6 Encontramos muchas inconsistencias en los datos reportados en los informes de Rosato, por lo que recurrimos a su uso solo cuando pudimos verificar la confiabilidad de la información. Igual decisión tomamos con otros estudios que recurren a datos de AICA o de Anuarios Pontificios. Nuestra decisión de trabajar con los datos directamente desde las fuentes originales nos indicó que existen muchas inconsistencias; por lo tanto, los estudios que se han basado en estos datos pueden estar reportando datos no confiables.

7 Desde el 2004 la web de la Agencia Fides, http://www.fides.org/es, publica un resumen con los datos de los Anuarios Pontificios que el Vaticano recoge anualmente.

8 Algunas de los problemas que encontramos fueron: -La forma en que las diversas fuentes reportan a los religiosos/as en formación no solo no es consistente entre las fuentes, sino tampoco al interior de una misma fuente -AICA por ejemplo- en sus diversos años. Así a veces los novicios son reportados, otras no, y otras veces están subsumidos en los números globales de religiosos. - Los religiosos que no son sacerdotes (hermanos), no son reportados en algunos años y en otros años es dudosa la forma en que se los contabiliza; lo mismo sucede con los monjes de clausura.

9 El modelo desarrollado por Lawrence Cada et al (1979) se basa en el desarrollado por Raymond Hostie (1972) Vie et mort des ordres religieux. Paris: Desclee de Brouwer. La publicación fue revisada por el autor y reeditada en 1983 por el Center for Applied Research in the Apostolate. El modelo desarrollado por Hostie, perfeccionado por Cada et al. se base en numerosos estudios históricos que le dan sustento. En la presentación que hacemos en este escrito tenemos muy pocas referencias bibliográficas; ampliar la bibliografía haría muy engorrosa la presentación y no sería exhaustiva ni justa respecto a los múltiples estudios históricos que le dan sustento-; ahondamos en los aspectos analíticos del modelo, tal como los presentan Cada et al. con el mero objetivo de aplicarlos luego al caso argentino.

10 Solo en Francia surgieron alrededor de 400 nuevas congregaciones femeninas en el siglo XIX (Schatz, 1992). España e Italia contribuyeron también fuertemente con nuevos institutos de vida consagrada. Varias de estas instituciones iniciaron su viaje a América y a otros continentes, acompañando los movimientos de colonización. En América, estos nuevos grupos se diferenciarían de los monasterios de vida contemplativa del periodo colonial por la diversidad de actividades asistenciales y educativas que asumieron (Folquer, 2012).

11 Estaban asimismo los padres bethlemitas y los Hermanos de San Juan de Dios con sedes regulares que tenían un menor número de miembros y una presencia más restringida (Di Stefano & Zanatta, 2000). Ambas órdenes desarrollaban tareas en hospitales. Los bethlemitas dejaron de funcionar hacia 1824; la orden hospitalaria de San Juan de Dios sufrió diversas transformaciones; se reinstalaron en Argentina en 1941.

12 Cuando fueron expulsados en 1767 de los reinos de España, los jesuitas de la Provincia del Paraguay (que comprendía los territorios de Argentina), eran 450, contaban con colegios en las principales ciudades y con residencias en algunas de las menores (Di Stefano & Zanatta, 2000).

13 La vida religiosa de clausura siguió creciendo finalizado el período colonial. En la actualidad hay 10 monasterios de vida contemplativa masculina pertenecientes a 6 órdenes religiosas y 64 monasterios femeninos pertenecientes a 19 órdenes/congregaciones (AICA 2017, Vida contemplativa en la Argentina). En sentido contrario a la vida religiosa activa, la contemplativa tuvo un fuerte crecimiento en las últimas seis décadas.

14 El papa Pío IX en 1864 publica la encíclica Quanta cura acompañada de un catálogo de 80 proposiciones en el que condena formas concretas del laicismo que atentaban contra el catolicismo, como son las limitaciones al poder temporal de la Iglesia, la eliminación de los fueros y privilegios, el laicismo escolar, la separación del Estado y de la Iglesia, la separación de las ciencias filosóficas y morales del control eclesiástico, la abrogación del poder temporal de la Iglesia y por supuesto el liberalismo moderno, específicamente la abolición del catolicismo como religión de Estado, la libertad de cultos y la negación de la idea que la libertad de pensamiento no lleva a la corrupción de las costumbres (Blancarte, 2008).

15 El Instituto de Hermanas de Caridad, iniciado en Calabria -del que luego se originaría las Hijas de la Inmaculada Concepción- fue convocado en 1893 por la Comisión Directiva de la Sociedad de Italiana de Beneficencia, Hospital Italiano de Buenos Aires, para atender a sus connacionales.

16 La excepción la constituyen los Carmelitas descalzos quienes reconocen a San Juan de la Cruz y a Santa Teresa de Avila como su par fundador.

17 La cantidad de casas por congregación consignadas en la última Guía Eclesiástica (2009/2012), y las consignadas en la Guía de la CONFAR presentan discrepancias. Decidimos en esos casos tomar el promedio entre ambos valores para cada CR. La Guía Eclesiástica consigna un total de 752 casas de religiosos y 1616 casas de religiosas; son valores inferiores a los que registra la CONFAR.

18 La Guía Eclesiástica Argentina del 2000 consigna 30 Instituto seculares y 3 Asociaciones internacionales de derecho pontificio; ambas instituciones están sostenidas por “laicos” consagrados célibes. No se registra la cantidad de consagrados en cada una de estas instituciones.

19 El incremento de sacerdotes diocesanos incluye también a obispos. En 1961 eran 52; valor que se fue incrementando constantemente en los sucesivos registros. En el 2012 eran 114. También las circunscripciones eclesiales (que incluye diócesis) duplicaron su valor en los últimos 50 años; pasaron de 36 (1961) a 72 (2012). El leve incremento del clero secular a lo largo de los últimos 50 años se vincula con el crecimiento de parroquias a lo largo del país. Pasaron de 1295 en 1961 al doble en el 2000 (2674). Estos indicadores de presencia diocesana dan cuenta del tipo de crecimiento de presencia de la Iglesia en el país, fruto de una estrategia pensada desde la jerarquía eclesial.

20 Esta merma en la vida religiosa afectó de diversas maneras a todo el mundo occidental, tradicionalmente católico. Las estadísticas de Estados Unidos, por ejemplo, muestran que en el 2014 las religiosas eran menos de la tercera parte de las que fueran en el 1965 (179.954 y 49.883 respectivamente), datos del PEW Research Center, Religion and Public Life, 8 de Agosto 2014, http://www.pewforum.org/.

21 El sacramento del Orden confiere un carácter espiritual indeleble y no puede ser reiterado ni ser conferido para un tiempo determinado (Catecismo de la Iglesia Católica 1582).

 

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