Quinto Sol, vol. 30, n.º 2, mayo-agosto 2026, ISSN 1851-2879, pp. 1-6

http://dx.doi.org/10.19137/qs.v30i2.9732 


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Dossier

Historia digital: exploraciones críticas y metodologías emergentes en la investigación

Nicolás Quiroga

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

Universidad de Mar del Plata. Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales

Argentina

Correo electrónico: nfquirog@gmail.com

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-1276-4476

Marisol Fila

University of Michigan

Estados Unidos

Correo electrónico: mafila@umich.edu

ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3445-2702

En relación con la llamada “historia digital” tal vez ya sea tiempo de evitar las introducciones que sostienen que las tecnologías digitales provocaron un cambio sustantivo en la vida social y nos obligan a prestar atención a la cuestión digital en el trabajo historiográfico. También es cierto que no es fácil aceptar que las transformaciones son asuntos del pasado, debido al ritmo de los cambios y a la manera en que estos modifican el sistema científico.

Mientras el término “historia digital” todavía permanece incierto y se conjuga siempre en futuro —como Cameron Blevins (2016) indicó sagazmente—, la comunidad historiadora lo revisa con una curiosidad que coincidentemente percibe oportunidades o amenazas casi siempre venideras. Por su parte, la entusiasta literatura que trata de mejorar las definiciones de esa nueva cantera prefiere abandonar el concepto de “historia digital”, porque advierte que las tecnologías nunca faltaron en el escritorio de trabajo (Crymble, 2021).  

Las cuestiones relacionadas con las tecnologías que circulan en la investigación histórica son importantes, pero la reflexión sobre sus agencias no necesariamente impacta en el trabajo diario. Que eso suceda es fascinante y previsible. Lo sabemos porque, aunque advertimos que muchos profesionales de la historia han utilizado interfaces de lectura y búsquedas en plataformas digitales para acceder a periódicos de los siglos XIX y XX (sin indicar explícitamente esta práctica), sus conclusiones siguen siendo válidas. Esto sucede aun comprendiendo los problemas asociados con la digitalización y las lecturas a menudo fragmentadas de los materiales digitalizados, que pueden generar zonas ciegas en la investigación o “falsos negativos” (Nicholson, 2013).

Si la prédica en favor del conocimiento sobre objetos digitales y sus ecosistemas se vuelve demasiado preceptiva, todavía menos impacto tendrá el catecismo. Resulta apasionante, asimismo, la velocidad con la cual fueron naturalizadas algunas herramientas. El paisaje de ese escritorio de trabajo imaginado ha cambiado tanto que muchas cadenas de algoritmos, fuertemente custodiadas por modelos de negocios monopólicos y monopsónicos (Noble, 2018; Risam, 2019; Anderson y Fila, 2022), han sido subsumidas en genéricos como “herramienta” o en verbos como “buscar”. No han pasado muchos años entre la consulta hemerográfica formulada frente a un fichero en una biblioteca y la visita actual a la página web de un artículo académico creada automáticamente por un pequeño cuadro de texto en Google. En esta última, métricas de diversos niveles y variados lenguajes de codificación conviven con listados de referencias bibliográficas, resúmenes, cuadros de búsquedas, publicidad y propuestas de conversaciones con una o varias “inteligencias artificiales”.

No mucho de estos cambios han sido consensuados o discutidos en los procesos formativos disciplinares. Sin embargo, la cuestión digital se expone como desafío bajo la certeza de que si conocemos los cimientos del dominio será más fácil percibir sus sutilezas. La naturalización —a la que Lara Putnam (2016) en un reconocido artículo denominó “giro digitalizado”, distinguiéndolo del “giro digital”, un flanco más innovador y vanguardista— y la apuesta por la alfabetización, contradictoriamente juntas, no han podido asentar este proceso. A pesar de que el “giro digital” comenzó en los años noventa del siglo XX, todavía parece un tema “nuevo” en la comunidad historiadora. Tal vez el “desarrollo desigual y combinado” de las humanidades digitales, haya contribuido a esa extrañeza treinta o cuarenta años después de sus primeros proyectos. Desde unos años a esta parte resulta cada vez más claro que las humanidades digitales no conectan grácilmente con las corrientes centrales de la investigación en historia.

Ese desplazamiento fue revisado con llamados a reponer una perspectiva crítica en humanidades digitales (Liu, 2011; Moretti, 2023), o a tender un puente entre las prácticas argumentativas de la historia digital y la profesión histórica en general (Robertson y Mullen, 2021). Son pinceladas sobre un lienzo que conviene ir pensando a medida que sucesivas transformaciones nos convocan a la reflexión: cambios de intrincada temporalidad, áreas de investigación nacientes de difícil definición y renuentes a abandonar sus generosos límites identitarios, herramientas notables que coreografían una parte creciente de la tarea de investigación, diálogo entrecortado con los paradigmas historiográficos y prácticas de vanguardia que corren hacia los puntos de fuga. La comunidad historiadora interpreta y practica cada vez más en estos terrenos sembrados de ambigüedades y oportunidades. Como lo indicaron algunas y algunos investigadores mencionados más arriba, es deseable en este contexto “tender puentes” entre los enfoques de las humanidades digitales y la historia académica.

Este dossier es afín a ese principio y agrupa artículos que muestran cómo, desde distintas dimensiones de la investigación histórica, estamos abordando los desafíos analíticos que impone la agenda de las tecnologías de la datificación y las plataformas. Lo integran escritos sobre investigaciones y proyectos en curso, que abarcan diferentes aspectos del oficio y que, fundamentalmente, proponen la incorporación de métodos o enfoques computacionales en las diversas facetas del circuito de la investigación.

El artículo de María José Afanador-Llach y Jairo Melo, “Infraestructuras globales y alfabetización metodológica en las humanidades digitales. El caso de The Programming Historian (PH) en español”, comunica los alcances de un proyecto felizmente ya muy conocido. En su versión en español, funciona desde 2016 y publica de manera sostenida tutoriales sobre metodologías digitales. Más de un millón de personas de distintos países latinoamericanos han revisitado las lecciones de PH desde su creación hasta hoy, y es numerosa la producción nativa de tutoriales, especialmente sobre procesamiento de datos. La decisión de los autores de pensar el proyecto como una infraestructura epistémica, antes que como un sitio web o un laboratorio de investigación, les permite retomar aspectos de la escena digital en las humanidades. La creación y el mantenimiento de un proyecto global, con diferentes abanicos de tutoriales y una comunidad comprometida con la alfabetización digital, los impulsa a discutir problemas conceptuales y también a evaluar una capa ya densa de interacción con la comunidad de interés que han consolidado.

 Si varias definiciones de humanidades digitales prefieren la idea de “comunidad de prácticas” a la de “comunidad interpretativa”, la alfabetización digital en ese marco resulta un desafío fundamental, en la medida en que actividades y espacio comunitario no dejan de influirse mutuamente. Se trata de un reto más difícil que imponer una definición y su alcance es cada vez más definitivo para las disciplinas. Afanador-Llach y Melo reconstruyen las diferencias en los patrones de uso y revisan las preferencias de los usuarios del proyecto en español; lo que cuentan sobre esos valores habilita otras preguntas acerca de esa comunidad de prácticas imaginada.

El artículo de Jeremy Mikecz, “Re-Visualizing History: Towards a New View of the Spanish Invasion of the Andes (1530s)”, es una exploración de técnicas de geovisualización en canteras de historiadores. El autor aborda algunas preguntas históricas relacionadas con la conquista e invasión española del Imperio Inka, así como ideas y perspectivas circulantes entre los “visualizadores predigitales”, creadores de gráficos entre los siglos XVII y XX. Su argumento es contundente: a diferencia de las representaciones computacionales de los científicos de datos del presente, las visualizaciones de Mariano Paz Soldán o de John Ogilby transmitían información cualitativa además de cuantitativa. Y esto se podría utilizar como género en la comprensión histórica. El laboratorio que nos propone Mikecz consiste en la producción de visualizaciones no tradicionales para expresar los resultados de sus investigaciones. Al leer este artículo, asistimos a una reflexión historiográfica por otros medios: la búsqueda de una forma de “narrar” la comprensión histórica que revisa modos de visualización hoy desplazados para encarnar pistas también inscriptas en testimonios y dibujos de época, y, a la vez, reponer la gravedad de la historia vivida.

Mikecz revisa algunos de los que denomina ”mitos” de la conquista, relacionados con expediciones militares, con relatos sobre superioridad, resistencias y movimientos en el territorio. El mapa es parte constitutiva de esa reflexión histórica. Si elegimos leer la exploración de Mikecz como si fuera un texto canónico de materias como “Corrientes historiográficas II” o “Teoría de la Historia”, podemos advertir una conversación sobre el impacto del “giro digital”; de manera que la búsqueda de narrativas en tiempos de opacidad algorítmica revela sus afinidades con las inquietudes de las humanidades digitales críticas.

El artículo “Glory and Pitfalls of Digital Bricolage: How Constant Technological Changes Drives Constant Changes of Humanities Methods”, escrito por Frédéric Clavert, se puede leer como la interpretación de un cuaderno de investigación, nos describe el proyecto referido al centenario de la Gran Guerra y sus repercusiones en la plataforma Twitter. Se trata de una indagación acerca de los “usos del pasado” en un espacio público digital. Las interacciones que analiza no son tradicionales, tampoco las fuentes ni las herramientas que utiliza para “leerlas”. A eso hay que sumarle una complejidad que se presenta extraña: las mutaciones de los componentes del proyecto. Luisa Passerini (2000) lo mencionó al reseñar la biografía de John Reed que escribió Robert Rosenstone: ¿es el mismo autor el que comenzó escribiéndola que el Rosenstone que la terminó unos años después? Con los ecos en Twitter del centenario de la Primera Guerra Mundial, esa pregunta debería aplicarse a casi todo porque entre 2014 y 2023, fechas de comienzo y fin del proyecto, prácticamente todo ha mutado. Lo hizo Twitter porque cambió de manos, de nombre y ya casi no entrega datos gratuitamente; cambió la Application Programming Interface —API—, esto es, el protocolo que posibilita las consultas a los datos y define la forma y el contenido de lo que la plataforma devuelve; herramientas para bajar, clasificar y analizar datos de Twitter fueron utilizadas y desechadas, recicladas y refinadas. También mutó la relación de la historia digital con la comunidad de historiadores (al menos en este aspecto, esa modificación ha sido mayormente beneficiosa para ambas partes).

El artículo de Clavert revisa esos cambios y las decisiones que se tomaron al respecto, por eso puede ser un ejemplo representativo de la historia digital y de la exploración histórica con fuentes digitales, en particular con grandes masas de datos provenientes de corporaciones que controlan los intercambios en línea (más de sesenta millones de tuits en este caso). Para el autor, “bricolaje” sería un buen término para definir las estrategias adoptadas por el equipo de trabajo para sobrevivir a los cambios enumerados, un término que condensa aprendizaje práctico y conceptual, una fórmula que recuerda al Michel de Certeau de las tácticas de los cazadores furtivos y pone en primer plano la creatividad sobre la marcha, que puede leerse en los hallazgos y las conclusiones de la investigación propiamente dicha.

Desde una perspectiva pedagógica, Deborah Fontenelle y Bruno Buccalon discuten una iniciativa piloto realizada en 2022 con docentes de educación básica y superior en la ciudad de Río de Janeiro. El proyecto tenía como objetivo reflexionar, junto con el cuerpo docente, el potencial de uso de la herramienta interactiva bilingüe inglés-portugués Narrativas (Metcalf et al., 2021), que es parte de la plataforma digital ImagineRio. A pesar de ser concebida inicialmente como una herramienta para estudiantes de educación superior, el artículo describe su posible aplicación por parte de docentes de educación básica. Con una mirada adaptada a las necesidades de su estudiantado, procuran presentar nuevas alternativas interactivas basadas en las humanidades digitales para pensar el pasado y el presente de espacios geográficos específicos. De esta manera, “Escrita no espaço: reflexões iniciais sobre as Narrativas do imagineRio como ferramenta de ensino” explora las potencialidades y los desafíos de presentar propuestas de trabajo en el aula que promueven métodos de storytelling, basados en la geolocalización como aproximación al espacio geográfico histórico y actual de la ciudad de Río de Janeiro.

Finalmente, también con base en esa misma urbe, el artículo “Espaços, demografia africana e doenças, Rio de Janeiro, 1810-1840: propostas digitais” de Tânia Pimenta, Ana Beatriz Lamego Viana y Flavio Gomes discute la construcción de mapas georreferenciados e interactivos, a partir del registro de bautismos y de mortalidad de personas esclavizadas durante la primera mitad del siglo XIX. Con el objetivo de visualizar el arco de vida de estos grupos en el espacio geográfico específico de la ciudad, los mapas desarrollados por el equipo dirigido por estos autores permiten visibilizar las trayectorias espaciales de estos individuos y aproximarse además a una discusión sobre sus condiciones de vida.  

Con ese objetivo interpretativo, a lo largo del texto se subraya la necesidad de reconocer las múltiples variables, preguntas y perspectivas que abre el trabajo con fuentes históricas del siglo XIX en Río de Janeiro. Así, Pimenta, Lamego Viana y Gomes analizan las posibilidades que brindan los registros de archivo referidos a las personas esclavizadas y a quienes investigan esa temática, como también los silencios que evidencian. Sin dudas, este último aspecto está en diálogo íntimo con la vasta historiografía brasilera vinculada al período de tráfico transatlántico y, podemos agregar, con una historiografía global de esa etapa (Fuentes, 2016; Johnson, 2018). Tratándose aun de un proyecto en curso, la tarea de visualización georreferenciada permite atender con mayor detalle a las conexiones y los patrones de vida de un grupo poblacional en regiones centrales de la ciudad. Asimismo, abre nuevas preguntas para futuras exploraciones acerca del sistema esclavista en Brasil durante el siglo XIX, que conecten con las humanidades digitales. A modo de reflexión, resulta interesante pensar cómo las metodologías de mapeamiento y de georreferenciación digital ofrecen información en estos dos últimos proyectos.

En resumen, los artículos reunidos en el dossier evidencian las capacidades de las herramientas digitales para brindar aproximaciones maleables al trabajo histórico, sea desde una perspectiva pedagógica o analítica.  

Referencias bibliográficas

  1. Anderson, S. y Fila, M. (2022). Not Necessarily the “Most Comprehensive Collection”: The Los Angeles Times through a Critical Archives Lens. American Periodicals Journal, 32(2), 142-158.

  1. Blevins, C. (2016). Digital History’s Perpetual Future Tense. M. K. Gold y L. F. Klein (Eds.), Debates in the Digital Humanities 2016 (pp. 308-324). University of Minnesota Press. https://doi.org/10.5749/j.ctt1cn6thb.29

  1. Crymble, A. (2021). Technology and the Historian Transformations                               in the Digital Age. University of Illinois Press. https://doi.org/10.5622/illinois/9780252043710.001.0001

  1. Fuentes, M. (2016). Dispossessed Lives: Enslaved Women, Violence, and the Archive. University of Pennsylvania Press.

  1. Johnson, J. M. (2018). Markup Bodies: Black [Life] Studies and Slavery [Death] Studies at the Digital Crossroads. Social Text, 36(4), 57–79. https://doi.org/10.1215/01642472-7145658

  1. Liu, A. (2011). Where is Cultural Criticism in the Digital Humanities? Alan Liu. http://liu.english.ucsb.edu/where-is-cultural-criticism-in-the-digital-humanities/

  1. Metcalf, A. C., Buccalon, B. y Heyman, D. (2021). Rio Narratives: A Customized Map-based Storytelling Application for imagineRio. Social Science History Association.

  1. Milligan, I. (2013). Illusionary Order: Online Databases, Optical Character Recognition, and Canadian History, 1997–2010. The Canadian Historical Review, 94(4), pp. 540-569. http://dx.doi.org/10.3138/chr.694

  1. Moretti, F. (2023). Falso movimiento. El giro cuantitativo en el estudio de la literatura. Universidad de Tres de Febrero.

  1. Nicholson, B. (2013). The Digital Turn: Exploring the methodological possibilities of digital newspaper archives. Media History, 19(1), 59-73. https://doi.org/10.1080/13688804.2012.752963

  1. Noble, S. U (2018). Algorithms of Oppression: How Search Engines Reinforce Racism. New York University Press.

  1. Passerini, L. (2000). Transforming Biography: From the Claim of Objectivity to Intersubjective Plurality. Rethinking History, 4(3), 413-416. https://doi.org/10.1080/136425200457083

  1. Putnam, L. (2016) The Transnational and the Text-Searchable: Digitized Sources and the Shadows They Cast. The American Historical Review, 121(2), 377-402. https:/doi.org/10.1093/ahr/121.2.377

  1. Risam, R. (2019). New Digital Worlds: Postcolonial Digital Humanities in Theory, Praxis, and Pedagogy. Northwestern University Press.

  1. Robertson, S. y Mullen, L. (2021). Arguing with Digital History: Patterns of Historical Interpretation. Roy Rosenzweig Center for History and New Media. https://doi.org/10.31835/ma.2021.01