Quinto Sol, vol. 30, n.º 2, mayo-agosto 2026, ISSN 1851-2879, pp.1-26

http://dx.doi.org/10.19137/qs.v30i2.9061 


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Artículos

Afirmación Argentina, entre el nacionalismo y el neutralismo

Afirmación Argentina, between nationalism and neutralism

Afirmación Argentina, entre o nacionalismo e o neutralismo

Martín Prestía

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Centro de Investigaciones Filosóficas.

Instituto de Filosofía “Ezequiel de Olaso”

Argentina

Correo electrónico: martinprestia@gmail.com

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-7821-408X

Darío Pulfer

Universidad Nacional de San Martín. Centro de Documentación e Investigación acerca del Peronismo

Argentina

Correo electrónico: pulferdario@gmail.com

ORCID: https://orcid.org/0000-0003-1935-6333

Resumen

El objetivo del presente artículo reside en reconstruir los fundamentos, propósitos, composición, trayectoria, publicaciones y declaraciones de Afirmación Argentina, a fin de especificar su lugar en el espectro nacionalista de la época y su ubicación en la escena política local. Esta agrupación política nacionalista nació en 1940, como parte del proceso de eclosión de núcleos y publicaciones de esa orientación ideológica, motivados por el estallido de la guerra, el aumento de las conspiraciones militares de ese signo y la búsqueda de una ampliación social de su base de sustentación. Sus acciones se extendieron hasta después del golpe de Estado en 1943 y estuvo integrada por figuras de diversa procedencia. Además de dirigentes de origen conservador y nacionalista, se sumaron personalidades relevantes de la esfera cultural, como Homero M. Guglielmini, Lisardo Zía, Carlos Astrada y Armando Cascella. Uno de sus objetivos fundamentales fue la defensa de la neutralidad argentina en el marco de la Segunda Guerra Mundial, este posicionamiento la aproximó a otros grupos nacionalistas. Sin embargo, lo que caracterizó a Afirmación Argentina fue su vínculo con el gobierno conservador de Ramón S. Castillo (1940-1943).

Palabras clave

historia política; intelectuales; asociacionismo; ideologías políticas

Abstract

The objective of this article is to reconstruct the foundations, purposes, composition, trajectory, publications, and declarations of Afirmación Argentina (Argentine Affirmation), in order to specify its place within the nationalist spectrum of the time and its position on the local political scene. This nationalist political group emerged in 1940 as part of the proliferation of groups and publications of this ideological orientation, motivated by the outbreak of war, the increase in military conspiracies of this kind, and the search for a broader social base of support. Its activities continued until after the 1943 coup d'état and included figures from diverse backgrounds. In addition to leaders of conservative and nationalist origin, prominent figures from the cultural sphere joined, such as Homero M. Guglielmini, Lisardo Zía, Carlos Astrada, and Armando Cascella. One of its fundamental objectives was the defense of Argentine neutrality during World War II; this stance brought it closer to other nationalist groups. However, what characterized Afirmación Argentina was its link with the conservative government of Ramón S. Castillo (1940-1943).

Keywords

political history; intellectuals; political groups; political traditions

Resumo

O objetivo do presente artigo é reconstruir os fundamentos, os propósitos, a composição, a trajetória, as publicações e as declarações da Afirmación Argentina, a fim de definir seu lugar no espectro nacionalista da época e sua posição no cenário político local. Este grupo político nacionalista surgiu em 1940, como parte do processo de surgimento de núcleos e publicações dessa orientação ideológica, motivados pela eclosão da guerra, pelo aumento das conspirações militares dessa tendência e pela busca de uma ampliação social de sua base de sustentação. Suas ações se estenderam até depois do golpe de Estado de 1943 e o grupo era composto por figuras de diversas origens. Além de líderes de origem conservadora e nacionalista, aderiram ao movimento personalidades de destaque da esfera cultural, como Homero M. Guglielmini, Lisardo Zía, Carlos Astrada e Armando Cascella. Um de seus objetivos fundamentais foi a defesa da neutralidade argentina no contexto da Segunda Guerra Mundial, posicionamento esse que o aproximou de outros grupos nacionalistas. No entanto, o que caracterizou a Afirmación Argentina foi sua ligação com o governo conservador de Ramón S. Castillo (1940-1943).

Palavras-chave

história política; intelectuais; movimento associativo; ideologias políticas

Recepción del original: 1° de mayo de 2025.

Aceptado para publicar: 23 de septiembre de 2025.

Afirmación Argentina, entre el nacionalismo y el neutralismo

Afirmación Argentina (AA) fue una agrupación política nacida a comienzos de la década de 1940. Constituyó una experiencia organizativa dentro de la familia ideológica nacionalista, en la cual tuvo participación significativa un núcleo de intelectuales de esa orientación. Uno de sus objetivos fundamentales fue la defensa de la neutralidad argentina en el marco de la Segunda Guerra Mundial, cuando la cuestión cobró mayor relevancia y suscitó considerables debates públicos. Tras un primer momento de sostener esa posición por parte del gobierno de Roberto M. Ortiz (1938-1942), con una clara inclinación hacia el bando Aliado (Senkman, 1995), se produjo un desplazamiento bajo el mandato de Ramón S. Castillo, que implicó cierta confrontación con las políticas norteamericanas expresadas en la Conferencia de Río de Janeiro de 1942.[1]

Es probable que el nombre de la agrupación se haya pensado como contraposición a Acción Argentina, entidad de simpatías aliadófilas.[2] De hecho, nació un mes después de aquella organización, con la finalidad de disputar posiciones en la prensa y en la escena pública. La picaresca nacionalista rebautizó a la agrupación adversaria como Argentine Action.

AA estuvo integrada por figuras de diversa procedencia. Además de dirigentes de origen conservador y nacionalista,[3] se sumaron personalidades del ámbito universitario, periodistas y escritores que ya habían logrado cierto reconocimiento en la esfera cultural. Los referentes políticos más importantes fueron Daniel Videla Dorna (1887-1971)[4] y Samuel Gradín (s.d.). Entre los intelectuales se encontraban Homero M. Guglielmini (1903-1968), Lisardo Zía (1900-1975), Carlos Astrada (1894-1970) y Armando Cascella (1900-1971), aunque la lista no concluye allí.[5] Desde esa base desarrollaron vínculos con otros espacios nacionalistas.

Su actividad comenzó en 1940 con la eclosión de núcleos, organizaciones y publicaciones de raíz nacionalista, motivados por el estallido de la guerra, el aumento de las conspiraciones militares de ese signo y la búsqueda de una ampliación social de su base de sustentación. Las acciones se extendieron hasta después del golpe militar de 1943.

Las posiciones neutralistas acercaron a AA a otros grupos nacionalistas que plantearon esa alternativa, como los democrático-populares de Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina —FORJA—, o los vinculados a las perspectivas republicanas del nacionalismo, agrupados en torno a la publicación periódica Nuevo Orden orientada por Ernesto Palacio. A diferencia de estos grupos, AA se vinculó al gobierno conservador de Castillo. Esta inserción en el mapa político de la época no fue explorada acabadamente por la historiografía argentina, ya que las aproximaciones a la organización fueron realizadas desde la trayectoria individual de alguno de sus miembros o, bien, al indicar posiciones comprometidas con un neutralismo proclive al Eje.

En este sentido, el objetivo del presente artículo reside en reconstruir los fundamentos, propósitos, composición, trayectoria, publicaciones y declaraciones de la agrupación, como modo de caracterizar más acabadamente su lugar en el espectro nacionalista de la época, así como su ubicación en el ámbito político local. Consideramos que esta aproximación puede contribuir a los prolíficos estudios sobre las derechas que se están desarrollando en el país y la región (Bertonha y Bohoslavsky, 2016; Echeverría et al., 2025). Este trabajo se completa con un anexo documental que recoge los tres manifiestos del grupo a los cuales pudimos acceder.

Aproximaciones memoriales e historiográficas a Afirmación Argentina

La intervención pública de AA fue mencionada en escasas ocasiones. En particular, la han tratado autores de raigambre nacionalista que fueron activos partícipes de ese proceso, por ende, la primera información disponible sobre la organización figura en testimonios personales.

La referencia inicial apareció en el Libro Azul y yo, en un artículo de Guglielmini publicado en los periódicos Tribuna y La Calle los días 23 y 26 de febrero de 1946 respectivamente, en la coyuntura de las elecciones presidenciales. Ante la inclusión de AA entre las instituciones favorables al Eje en el Blue Book on Argentina. Consultation among the American Republics with respect to the Argentine Situation (1946),[6] documento promovido por el Departamento de Estado de los Estados Unidos; el escritor recopiló los antecedentes documentales y deslindó responsabilidades respecto a esa acusación.

Casi diez años después, Carlos Ibarguren (1955) mencionó la existencia de Afirmación Argentina en La historia que he vivido y dio detalles del apoyo a la neutralidad, del desarrollo de la iniciativa Plebiscito de la Paz y de una reunión con el presidente Castillo. En una entrevista brindada a Milcíades Peña el 17 de enero de 1957, Carlos Astrada —por entonces vinculado a diversos espacios de izquierda— reconstruyó la heterogénea composición de la agrupación, que incluía a intelectuales de diversas tendencias nacionalistas y una mayoría de conservadores de “la oligarquía vacuna”, según sus propias palabras, que habrían aportado los fondos para el desarrollo de sus actividades, principalmente de proyección cultural (citado en David, 2004, pp. 138-139). Otro miembro, Arturo Palenque Carreras (1967), relató algunas acciones parciales de la organización en La revolución que nos aguarda, pero sin mencionar su existencia orgánica. En Recuerdos de un nacionalista, Manuel Lezica (1968), dirigente de la Legión de Mayo, indicó únicamente que se hizo “presente Juventud Afirmación Argentina” (p.117) en un acto realizado el 21 de junio de 1941 en el Teatro Roma de Avellaneda.

Otro tanto ocurre con el material bibliográfico. En Los nacionalistas argentinos, Oscar Troncoso (1957) señaló que “para apoyar la política de neutralidad de Castillo se organizó en la Capital Federal otra entidad nacionalista denominada «Afirmación Argentina», encabezada por Astrada, Molina Pico, Zía y Guglielmini” (p. 62). Por su parte, Jorge E. Spilimbergo (1958) no la mencionó en Nacionalismo oligárquico y nacionalismo revolucionario. Tampoco Zuleta Álvarez (1975) hizo referencia a AA en su clásico El nacionalismo argentino, aludió únicamente a la existencia del periódico Choque y a la participación de algunos de sus referentes individuales en actividades puntuales. En su Historia Argentina, José María Rosa (1980) dio cuenta del Plebiscito de la Paz y de la entrevista de Astrada, Zía, Guglielmini y Molina Pico con Castillo, sin decir que eran miembros de una organización particular. Fermín Chávez (1975) reprodujo las menciones de Ibarguren sobre AA y proporcionó detalles del Congreso de la Recuperación Nacional, en el cual participaron figuras de esta organización. También Cristian Buchrucker (1986) enunció la existencia de AA en Nacionalismo y peronismo.  Las referencias anteriores se pierden en la producción más reciente (Rock, 1993; Lvovich, 2003; Beraza, 2005; Spektorowski, 2011). Una excepción es el libro de Hernán Capizzano (2013), quien mencionó el surgimiento como reacción a Acción Argentina y enumeró a alguno de sus promotores.

Este relevamiento permite dar cuenta de la ausencia de un tratamiento sistemático y exhaustivo del tema bajo análisis. Ello resulta sugestivo si tenemos en cuenta el relieve que adquirieron algunas de sus acciones, como el mencionado Plebiscito de la Paz, o la notoriedad asumida por ciertos dirigentes, como fue el caso de Astrada en el ámbito de la filosofía.

Fundamentos y propósitos de Afirmación Argentina

Las bases ideológicas de AA están recogidas en sus Manifiestos. El primero de ellos está fechado el 31 de julio de 1940 y lleva por título “El destino de los argentinos debe ser fijado por los argentinos”[7] se presentó como una respuesta a “núcleos [que] han pretendido hacerse intérpretes de la opinión pública”, intentando “dividir en bandos hostiles a la familia argentina” y preparar el camino para precipitar al país en la “hoguera del conflicto”. Se consideraban inspirados por “la auténtica tradición argentina”, que la interpretaban como volcada a “asegurar por todos los medios la grandeza de la patria y el cumplimiento de su destino, la felicidad de sus habitantes y el poder del Estado”, sin que ello resultara perturbado por “diferencias de ideologías” o “emulaciones de predominio político”, ni tampoco por “aspiraciones europeas de hegemonía”. Asimismo, aseguraban que había llegado la hora “de reintegrar la total soberanía argentina”, para lo cual resultaba perentorio recuperar “el Gobierno y la administración de las fuentes de riqueza, de los medios de producción y de los elementos técnicos del trabajo y de la defensa nacional”. La neutralidad no podía significar la “renuncia a la reivindicación histórica de los territorios substraídos”, en obvia alusión a las Islas Malvinas. El texto tenía la firma de la Junta Ejecutiva de AA, integrada por: Carlos Astrada, Héctor Bernardo, Luis A. C. Camartino, Daniel Castro Cranwell, Carlos Castro Cranwell, Homero M. Guglielmini, Mario Molina Pico, Roberto J. Noble, Raúl Salinas, Bernardo Sierra, Vicente D. Sierra y Lisardo Zía. A estas se le sumaban las adhesiones a través de firmas de particulares, tales como: Leonardo Castellani, Alfredo Cernadas, Armando Cascella —luego miembro de AA—, Eliseo H. Cantón, Ramón Doll, Leopoldo Marechal, Héctor A. Llambías, entre otros.  

En diciembre del mismo año publicaron otro Manifiesto con el título “Por la soberanía y la neutralidad”.[8] El texto comenzaba con una referencia a la advertencia lanzada en julio sobre “el peligro que amagaba al país” a raíz de la presión en favor de los Aliados, para luego concluir que resultaba “desgraciado comprobar que aquellas previsiones estaban bien fundadas”. Tras reafirmar el peso de la “opinión sensata” y pretender interpretar “la voluntad inequívoca y auténtica de la Nación que trabaja en paz y se mantiene fiel a sus tradiciones y a su destino”, enumeraba una serie de puntos que especificaban cómo debía defenderse la soberanía nacional. La agrupación ratificó su acuerdo con la política de neutralidad “oficialmente decretada por el gobierno argentino”, y esperaba que resulte “cada día más firme y vigorosa”. El Manifiesto estaba firmado por la Junta Central de AA, integrada ahora por Astrada, Molina Pico, Guglielmini y Zía. En el pie podía leerse:

La Junta Central de «Afirmación Argentina» comunica: En fecha próxima será convocado el pueblo a un gran acto público por la SOBERANÍA y la NEUTRALIDAD [sic], en el cual serán proclamados los principios expuestos. Se reciben adhesiones a esta declaración, en el local de Diag. R. Sáenz Peña 825, escr. 308 y 309.

En base a estas fuentes, puede inferirse que el propósito ordenador de la acción pública de la organización era el mantenimiento de la neutralidad. Tal posición estaba fundamentada en la tradición argentina de la Primera Guerra Mundial, aunque sus documentos no hacían mención al origen de aquella decisión. Por momentos, la defensa de la neutralidad se extendía a una política de recuperación nacional más amplia, bajo la idea de soberanía económica y territorial. En esa defensa, AA no actuaba de manera solitaria ni singular. Además de los núcleos forjistas que sostuvieron la agitación neutralista mediante actos y publicaciones, y del semanario Nuevo Orden (en el cual participaban algunos miembros de AA, como Cascella), existieron grupos del radicalismo que compartían esa posición, como aquel orientado por Diego Luis Molinari.

Funcionamiento de la organización

La agrupación se organizó a partir de un Consejo Directivo Central. Los primeros secretarios fueron Gradín, C. Castro Cranwell y Palenque Carreras, y el tesorero, Luis Camartino. Además de los integrantes mencionados hasta aquí, sabemos que también fueron miembros Horacio Barilati Bengochea, Welco Denda, Arturo Rossi, Manuel Anselmo García Caraballo, Horacio Masado y Carlos Ballinas.

Además del apoyo de sus miembros permanentes, ante determinados pronunciamientos lograron el aval de intelectuales de fuste dentro del nacionalismo, como Ramón Doll, Leonardo Castellani, Leopoldo Marechal y Héctor A. Llambías, o de figuras que estaban ingresando en ese universo, como Rómulo Carbia, el historiador de la Nueva Escuela Histórica.

En un primer momento, la agrupación funcionó precariamente en Diagonal Norte 825 en la ciudad de Buenos Aires. Luego contó con un local propio ubicado en avenida de Mayo 769. AA desarrolló un periódico de carácter semanal llamado Choque y la audición radial “Seamos más argentinos”; más una marcha musical que la identificó. Asimismo, forjó un núcleo de Juventud Afirmación Argentina, cuyos referentes fueron los hermanos Adolfo y Alberto Sánchez Zinny, y tuvo su propia “Marcha de la Juventud Nacionalista”.[9]

Al mismo tiempo, la agrupación procuró generar filiales en el interior del país. Conocemos la existencia de un núcleo en la ciudad de Rosario, cuyo referente principal fue Carlos García Montaño,[10] otro en Lobos liderado por Benito di Franco,[11] en Monte el núcleo fue activado por las relaciones de Videla Dorna en ese municipio[12] y además hubo ramificaciones en La Plata.[13] 

Uno de los lemas más utilizados por la organización fue el que dio título al primer Manifiesto: “El destino de los argentinos debe ser fijado por los argentinos”.

Acciones políticas

AA organizó sus propias actividades y participó de acciones conjuntas con otras agrupaciones nacionalistas. Entre las iniciativas propias se cuentan, además de la publicación de solicitadas y manifiestos, la difusión de afiches callejeros. De estos últimos hemos podido acceder a uno que contenía imágenes de combate, con hombres caídos y una mujer con un niño mirando a la distancia. La leyenda rezaba: “No queremos que esta pesadilla se convierta en realidad” (s.d.).

La agrupación también llevó adelante una serie de actos públicos. A modo de ejemplo, puede citarse la convocatoria realizada el 21 de julio de 1941 en el Teatro Nacional de la ciudad de Buenos Aires, ubicado en la calle Corrientes 960. En esa oportunidad se reunieron cerca de 1200 adherentes. En el escenario colocaron su lema y en la sala colgaron carteles con diversas consignas antecedidas del nombre de la organización: “En territorio argentino no queremos bases extranjeras”; “Por un Estado libre y soberano, sin monopolios extranjeros”; “Ni promesas de futuro, ni reformas parciales. Exigimos renovación total”; “Convertiremos la avaricia capitalista en justicia social para el pueblo”; “Mientras no seamos económicamente libres, seremos políticamente esclavos”; “Frente a la conflagración europea, exigimos neutralidad”; y “Luchemos por la liberación total de la Patria”. Junto a esas frases, señalaban que la “juventud argentina tiene fe en el Ejército y en la Armada Nacional”, además de agregar un “Viva el Ejército Argentino” y demandar “una marina mercante nacional”. No faltaba una leyenda antisemita: “Afirmación Argentina: Argentina sí, judíos no”.[14]

Una actividad particular promovida por AA fue el rechazo a la difusión de la película The Great Dictator (1940) de Charles Chaplin. Por nota al gobierno, difundida en medios públicos, solicitaron la no exhibición del filme y citaron los efectos que habría producido en otros países.[15] Poco después, la película fue prohibida a petición de la Embajada de Alemania, medida que despertó la crítica de los sectores liberales antifascistas (Bisso, 2009).

Entre las acciones conjuntas se destacan las convocatorias para la celebración del 1° de Mayo en Capital Federal, que por entonces eran actos de carácter masivo. Esas iniciativas fueron encabezadas por la Alianza de la Juventud Nacionalista, luego devenida en Alianza Libertadora Nacionalista, a la cual se sumaban otras fracciones nacionalistas. En los actos de 1942 y 1943 aparecieron oradores vinculados a AA. La relevancia de la fecha se vinculó al cambio en la composición de las bases de las agrupaciones nacionalistas y en la actitud de las dirigencias respecto al mundo del trabajo (Rubinzal, 2015).

En julio de 1941, las fuerzas nacionalistas se agruparon en un Consejo Superior, aunque AA no tuvo representación en la conducción (Ibarguren, 1970). La Justicia rechazó el pedido de reconocimiento del nacionalismo para constituirse como fuerza política, medida que frustró el intento de unidad que sostenía AA retóricamente.

Cuando se desarrollaba la Conferencia de Río de Janeiro en enero de 1942, miembros de la agrupación accionaron con el presidente Castillo para ratificar la posición argentina ante la actitud dubitativa del canciller Enrique Ruiz Guiñazú, frente a la presión que ejercía Estados Unidos para que los países latinoamericanos declararan la guerra al Eje (Rapoport, 1981, 1988;  Morgenfeld, 2011, 2012). Palenque Carreras y Guglielmini, anoticiados de la situación a través del asesor de cancillería Mario Amadeo (también nacionalista), pidieron una entrevista y fueron a ver al presidente a su lugar de descanso. Por medio de una comunicación telefónica, Castillo le dio instrucciones al canciller para sostener la posición de neutralidad (Palenque Carreras, 1967).

Al mismo tiempo, aparecía una proclama con el título de “Frente Patriótico” que insistía en la necesidad de mantener la neutralidad en el conflicto, defender la soberanía nacional y denunciar a los intereses foráneos.[16] La solicitada aclaraba que los firmantes eran “miembros de todos los sectores de un movimiento nacional que se unen olvidando sus diferencias de épocas normales”, esta afirmación quedó reflejada en los variados nombres que adhirieron, además de Astrada, Guglielmini, Zía y Molina Pico, se contaban los de Nimio de Anquín, Doll, Etchecopar, C. Ibarguren, R. Irazusta, Lezica, Llambías, Palacio, Rosa y Sánchez Sorondo, entre muchos otros. El “Frente” recibía sus adhesiones en las redacciones de Nuevo Orden, El Fortín, Nueva Política, Restauración y Legión de Mayo.

La actividad que más notoriedad otorgó a AA fue el Plebiscito de la Paz, lanzado el 28 de febrero de 1942 como “Adhesión a la Política Internacional del Vicepresidente de la Nación en Ejercicio del Poder Ejecutivo, Dr. Ramón S. Castillo”. Se trató de una campaña pública desarrollada entre marzo y agosto de aquel año, que tenía como propósito juntar firmas en favor de la neutralidad. De manera periódica, los organizadores dieron cuenta de los avances del proceso y destacaron en notas periodísticas la cantidad y la calidad de los firmantes. Recogieron adhesiones en todo el país y contaron con el apoyo de gobiernos provinciales, el Ejército, la Iglesia católica y algunas entidades deportivas. La Junta Ejecutiva del Plebiscito quedó conformada por Astrada, Camartino, Ferrari Nicolay, Gradín, Guglielmini, Molina Pico, Palenque Carreras y Zía. Las extensas listas de firmantes se completaron con otras personalidades destacadas del nacionalismo vernáculo, entre las cuales debemos incluir a Daniel y Carlos Castro Cranwell, Leonardo Castellani, Armando Cascella, Juan Carlos Goyeneche, Ramón Doll, Jorge Beristayn, Leopoldo Marechal, Héctor A. Llambías, Arturo Cancela, Manuel Gálvez, Carlos Ibarguren, Oscar Ivanissevich, Leopoldo Lugones (h.), Gustavo Martínez Zuviría, José María Rosa, Marcelo Sánchez Sorondo, Benjamín Villafañe y Eliseo H. Cantón, entre muchos otros.

La acción despertó la simpatía de la Embajada Alemana, pues debilitaba a sus rivales en el terreno de la opinión. Desde los ámbitos universitarios y las empresas ligadas a los intereses británicos, se opusieron a la campaña por el Plebiscito de la Paz.

En su desenvolvimiento, la campaña contó con varias acciones. Destacamos la Comida de la Comisión Honoraria del Plebiscito de la Paz celebrada el 2 de julio de aquel año, a la cual asistieron numerosas personalidades del nacionalismo y también sectores de la política, la Iglesia y la esfera militar. A los nombres de Astrada, Beristayn, Camartino, Cascella, Doll, Ferrari Nicolay, Gálvez, Goyeneche, Gradín, Ivanissevich, Llambías, Sánchez Sorondo y Zía, se sumaron, entre otros, los de los gobernadores Ernesto M. Andrada (Catamarca), Rodolfo Moreno (Buenos Aires), Adolfo Vicchi (Mendoza) y Pedro Valenzuela (San Juan), los obispos Leopoldo Buteler (Río Cuarto) y Pedro Dionisio Tibiletti (San Luis), también Basilio Pertiné (general y por entonces presidente del Círculo Militar), Pedro Etchepare (teniente de navío), Manuel Domecq García (almirante), León Scasso (almirante), Enrique G. Plate (contralmirante), Alfredo Córdoba (general), José Cossulich (capitán) e Ismael Galíndez (almirante, luego ministro de Obras Públicas de gobierno de Pedro Ramírez). El discurso inaugural de ese evento estuvo a cargo Guglielmini y luego fue editado como folleto. En esa ocasión expresó:

Como primer resultado tangible de la obra realizada hasta hoy por el “Plebiscito de la Paz”, podemos exhibir esta noche a los señores miembros de la Comisión Honoraria, doscientas cincuenta mil firmas encuadernadas y ya listas para su formal entrega. Como pórtico alegórico de estos volúmenes, hemos consignado en cuatro símbolos las virtudes cardinales en que se cifra y resume esta política salvadora…: la Fuerza, simbolizada en el casco del soldado; la Paz, en el arado que rotura la tierra apacible; la Unión, en el amor prolífero, y la Prudencia, en el rostro del anciano proverbial.[17]

Al finalizar la campaña anunciaron que habían llegado casi al millón de firmas, incluían en ellas a “la opinión independiente, a los miembros de las fuerzas armadas y del clero, a los gremios agrarios y cuanto tiene de representativo el país en el orden popular y tradicional” (Guglielmini, 1946, s.p.).

Los representantes del Consejo Directivo Central, Astrada, Molina Pico, Guglielmini y Zía, se entrevistaron con Castillo para entregarle el resultado del Plebiscito. En dicha oportunidad, el presidente les dijo que en materia de política internacional reivindicaba la “fórmula argentina” presentada en la Conferencia de Río de Janeiro. La decisión de no comprometerse a romper las relaciones con el Eje habría salvado “el principio de la soberanía y la dignidad de cada nación americana”.[18] De todos modos, alertaba que el único punto atendible era “las resoluciones de La Habana relativas a que la agresión a un país americano es considerada como agresión a los demás países”. El mandatario se quejó de la continua “presión norteamericana” y del hecho de querer presentar al país “como el centro continental del espionaje alemán” (citado en Ibarguren, 1955, p. 493) y, ante el grupo, se comprometió a sostener la neutralidad.

En la misma conversación señaló su aspiración de iniciar “la explotación minera en gran escala y el fomento de las industrias extractivas”, como plataforma de una política nacional de carácter industrial. Señaló que resultaba “absurdo que no hayamos logrado ni siquiera asegurar un sistema de defensa nacional sobre una base industrial propia”.

Finalmente, instó “a los visitantes a que en su propaganda siguieran trabajando con firmeza, ya que la presión de los Estados Unidos aumentará, y que dedicaran disertaciones radiales y conferencias a la recuperación económica y a la explotación del subsuelo” (Ibarguren, 1955, pp. 493, 495).

Con una obvia actitud condescendiente, y en aras de granjearse el favor de la comitiva, Castillo les ofrecía apoyo y protección para sus acciones. La posición neutral, favorecida por Gran Bretaña —con quien Argentina mantenía un lazo asimétrico, anudado con la firma del Pacto Roca-Runciman—, no entraba en estas consideraciones.

Esa entrevista fue destacada por El Pampero y Cabildo, importantes periódicos de orientación nacionalista. Mientras que otros medios la ignoraron o subestimaron, como hizo La Prensa al no colocar el número de firmas reunidas.

Hacia fines de 1942, los miembros de AA continuaron sosteniendo la neutralidad. El 30 de noviembre, en la audición radial “Seamos más argentinos”, Cascella disertó sobre la “Continuidad de la política internacional argentina”, texto que también se publicó como folleto y en la contratapa podía leerse:

[Castillo] ha demostrado en los hechos, que detrás de sus palabras hay una voluntad irrevocable. Mantuvo en forma arrogante la neutralidad y la soberanía de la Nación pese a las instigaciones que quisieron doblar su ánimo.… AFIRMACIÓN ARGENTINA [sic] fundada en el primer año del conflicto europeo, con el fin de sostener estos mismos principios que hoy se han hecho carne en la conciencia pública, se complace en reconocer la videncia, el patriotismo y la integérrima voluntad del Dr. Ramón Castillo, que ha sabido mantener bien alto el pendón de la soberanía nacional. No en vano se lo ha declarado Presidente de la Paz. (Cascella, 1942)

La posición cercana al oficialismo no impidió que los miembros de AA acudieran a la convocatoria del Congreso de la Recuperación Nacional, celebrado en diciembre de 1942.[19] De hecho, varios formaron parte de la Junta Organizadora del Congreso, integrada por Alberto Caprile (h.) (presidente), Mario Molina Pico (primer vicepresidente), Samuel Gradín (segundo vicepresidente), Mauricio Ferrari Nicolay (secretario general), Carlos Castro Cranwell, Basilio Serrano, Luis Bracht y Julio V. Aquino (secretarios). El evento fue presidido finalmente por el coronel Carlos A. Gómez y tuvo como primer vicepresidente a Nimio de Anquín, y como segundo y tercero a Franc L. Soler y Federico Leloir. Su secretario general fue Ramón Doll. Las agrupaciones volvieron a discutir la necesidad de establecer una articulación política y competir en el escenario electoral (Navarro Gerassi, 1968). La moción de la participación gozó de importantes apoyos, aunque no lograron definir candidaturas.

Hacia comienzos de 1943, al cumplirse un año del sostenimiento de la posición argentina en la Conferencia de Río de Janeiro, la organización continuaba con la exaltación de la figura presidencial. En la audición radial ya mencionada, el 1° de febrero tuvieron lugar sendas intervenciones a cargo de Guglielmini (“El Presidente Castillo y la afirmación de la Soberanía Nacional”) y de Zía (“Conversando con Castillo”). Las conferencias, propaladas por LS1 Radio Municipal, fueron recogidas en un fascículo titulado “La personalidad y la obra de política internacional del Dr. Castillo” (1943).[20] Asimismo, tuvo lugar un acto con nutrida concurrencia, entre la que se destacó la presencia de autoridades militares. Finalmente, el 3 de febrero convocaron a un acto público en la Federación de Box de la ciudad de Buenos Aires, ubicado en la calle Castro Barros 75. En esa oportunidad hicieron uso de la palabra César Enrique Aranguren, Carlos Ballinas y Armando Cascella. Este último fue el orador principal y despertó el aplauso del público al reconocérselo como uno de los redactores de El Pampero.[21]

Publicaciones y difusión de sus ideas: “Seamos más argentinos” y Choque

A instancias de la conversación con Castillo, AA logró contar con un espacio radial para difundir sus postulados. Como se mencionó anteriormente, el programa tomó el título de “Seamos más argentinos” y su lema fue “Una audición que hace patria”. La primera emisión tuvo lugar el 19 de noviembre de 1942 y se extendió durante al menos un año.[22]

Resulta fundamental contextualizar este aspecto de la actuación del grupo, si tenemos en cuenta el impacto social de la radiofonía en la época. La audición era propalada por LS2 Radio Prieto casi todos los días (lunes, miércoles y viernes a las 20.30 horas, martes, jueves y sábados a las 12.30). Una salida diaria suponía un esfuerzo de producción significativo. Más tarde lograron otros espacios, emitieron por LS1 Radio Municipal. Muchas de las disertaciones también aparecieron como fascículos o folletos y ahí se hacía referencia al programa radial.

En un suelto del periódico Choque, medio al cual nos referiremos más adelante, apareció la fórmula que dio título a la audición, a la que se agregó la siguiente aclaración:

Recientemente, el Presidente de la República, Dr. Ramón S. Castillo, debió referirse a la decisión adoptada por las autoridades municipales y policiales, prohibiendo las reuniones comunistas. Y sus palabras, claras y categóricas, fueron las siguientes: “El comunismo, como partido político, ha sido desconocido por la Justicia, de acuerdo con un fallo de la suprema corte de la Nación, y combatido por radicales, conservadores y socialistas. No me explico cambios tan fundamentales de opinión como los registrados últimamente. Por otra parte —agregó el doctor Castillo— si se trata de recolectar fondos acordémonos preferentemente de la infancia desvalida del norte y el oeste del país, seamos más argentinos.[23]

En la parte inferior del suelto figura Afirmación Argentina y su lema: “El destino de los argentinos debe ser fijado por los argentinos”. Como puede verse, el título de la audición parece haber sido extraído de un discurso pronunciado por el propio Castillo o, alternativamente, éste habría adoptado la expresión como una consigna de su factura. Como fuere, se trata de otro de los signos de la estrecha vinculación de AA con el gobierno conservador.

La campaña de difusión del programa subrayaba que se trataba de un espacio orientado a apoyar la política oficial de “neutralidad y soberanía”. Unido a la defensa de la política exterior, procuró promover la “independencia económica de la Patria”, “el fortalecimiento de sus instituciones armadas” y “la argentinización del espíritu público”. Finalmente, sostenía la necesidad del “triunfo de las fuerzas del Orden [sic] contra la acción disolvente de los núcleos internacionales”.[24]

En base a escritos de los miembros y adherentes, más la transcripción de las audiciones radiales, AA logró un amplio repertorio de publicaciones que eran distribuidas gratuitamente por la Secretaría General de la organización. Aunque no conocemos la totalidad de los títulos, sabemos que fueron editados al menos veintiocho textos en una primera serie de “Fascículos”, todos ellos con la transcripción de las audiciones. Entre los títulos más significativos pueden mencionarse los trabajos de Leopoldo Lugones (h.) (“Comunismo integral”, “La táctica comunista en la Argentina”, “La defensa de la Patria”, “La forja de la espada”); de Armando Cascella (“Continuidad de la política internacional argentina”, “La Marina Mercante Nacional y la neutralidad”); Nimio de Anquín (“La justicia no cristiana”, “Servidumbre y libertad”); de Homero Guglielmini (“La frontera: Misiones”); César Enrique Aranguren (“La campaña neutralista de Afirmación Argentina” y “La juventud y la neutralidad”); de Carlos A. Linares (“Transición de año nuevo”); de Juan Carlos Moreno (“El archipiélago de las Malvinas”); de Juan C. Villagra (“Paz, guerra y neutralidad”); de Luis Miguel Soler Cañas (“Castillo, presidente de la paz”); de Mario Molina Pico (“Artigas, prócer de las dos bandas”) y de Héctor Llambías (“Sentido de la paz argentina”). Muchos de esos textos también fueron reproducidos en periódicos afines.

Junto con ello, AA difundió trabajos de periodistas y escritores en una colección titulada “Laureles patrios”. Allí se publicó La policía (1942) de Leopoldo Lugones (h.) y El Congreso de Tucumán (1943) de Roberto Murga, que incluía una carta del director de la Biblioteca Nacional y connotado escritor de raigambre nacionalista, Gustavo Martínez Zuviría. En esa misma serie editaron los textos de Guglielmini (El oro y la espada) y de Astrada (El legado sanmartiniano y la voluntad de soberanía), este último compilaba un artículo homónimo difundido en el periódico Cabildo el 18 de julio de 1943 y la conferencia radial “Para un programa de vida argentina”, también parte del ciclo “Seamos más argentinos”. Asimismo, se consignó “en prensa” el trabajo de Alberto Baldrich “La Ascendencia Espiritual del Ejército Argentino”, que no hemos podido localizar.

Aunque no conocemos el contenido de sus disertaciones, sabemos que también participaron del espacio radial: Lisardo Zía, Albino Pugnalín, Juan O. Ponferrada, Enrique Bravo y Manuel Somoza. El 19 de noviembre de 1943 tuvo lugar una audición extraordinaria, celebrada con motivo del primer aniversario del programa y trazada como un homenaje a la Revolución del 4 de junio.[25] En esa ocasión hablaron J. C. Moreno, C. Linares, E. Bravo, M. Somoza y L. Soler Cañas.

Por su parte, Choque fue una publicación de carácter semanal —aparecía los días viernes—, se presentaba como el órgano de AA y la primera entrega fue el 27 de diciembre de 1940. A la fecha, solo pudimos acceder a cinco ejemplares del periódico, entre quienes publicaron, además de Astrada, Guglielmini y Zía, figuras como Ramón Doll, José Vasconcelos, Nimio de Anquín, Leopoldo Lugones (h.), Héctor Llambías, Juan Francisco Giacobbe, César Enrique Aranguren, Manuel Somoza, Juan Carlos Moreno, Mauricio Ferrari Nicolay, Máximo Lucero, Omar de la Colina, Miguel A. Guezales e Hipólito Gil Elizalde. Por referencias cruzadas con otras publicaciones de la época, podemos afirmar que también colaboraron Leopoldo Marechal, Alejandro de Isusi, Hugo Calzetti, Eduardo Aunós y Armando Cascella. Se editaron al menos 149 números y su vigencia se extendió, cuanto menos, hasta enero de 1944.[26] Al ser una publicación de una tirada relativamente pequeña —5.000 ejemplares, frente a los 75.000 de El Pampero (Lvovich, 2006)— y de escasa extensión (los números consultados consistían en dos pliegos doblados a la mitad), es de imaginar que se haya perdido para siempre.

Entre los artículos a los que hemos tenido acceso se destacaron “Imperativo de unificación”, escrito por Astrada y publicado sin firma en el segundo número fechado el 3 de enero de 1941. En el texto se hizo una crítica al nacionalismo argentino “desde dentro” y se extendió el imperativo contenido en su título: dejar de lado las pequeñas diferencias, asentarse sobre los principios y aspiraciones comunes, y buscar el nexo de unión que prevenga de “hacer el juego del adversario, de las fuerzas deletéreas de los partidos políticos que, en total falencia, hoy se han amalgamado en «Argentine Action» [“Acción Argentina”] para defender en recíproca complicidad los sórdidos intereses de la entrega”.[27]

Esa apelación a la unidad del nacionalismo se reflejó también en dos de las secciones recurrentes del periódico: “Prensa Libre” y “Reflector Nacionalista”. Mientras que la primera tenía como propósito dar cuenta de medios afines, la segunda reproducía citas de interés de plumas vinculadas a Choque —como Guglielmini, Cascella, Sierra—, y de autores que formaban parte de otros círculos nacionalistas —destacándose Jacovella, Doll, Julio y Rodolfo Irazusta, Palacio, entre otros—.

Choque tuvo un buen recibimiento entre sus colegas nacionalistas. El octavo número de Nueva Política, de enero de 1941, incluyó una extensa nota sobre la flamante publicación, en la cual se destacaron los “recaudos de estilo”, propios de “las firmas de algunos de sus redactores ya veteranos en su apego por la forma”, y celebraron que “en este país de literatos snobs, cursis y angustiados” la literatura fuera puesta “a servir virilmente”. Nueva Política señaló a Guglielmini y Zía como responsables de la publicación y finalizó reconociendo en Choque a “otro Adelantado Mayor de la Reconquista ya planteada a la nación”.[28]

Un tono celebratorio similar tuvo la breve nota de El Pampero, que calificó al nuevo medio como “una publicación rotunda y profundamente nacionalista, enteramente volcada a la causa renovadora y revolucionaria”.[29]

También Crisol  le dedicó un espacio en su edición del 29 de diciembre: “Anteayer, viernes, Buenos Aires despertó con un nuevo amigo, que juvenil y valiente, viene a engrosar la prensa nacionalista que lucha a brazo partido con la mercenaria y extranjerizante liberal”. La nota se detuvo en un artículo firmado por Lisardo Zía, “Prensa Libre”, quien ponderó la labor nacionalista de El Pampero, Nueva Política y Nuevo Orden, sin mencionar a Crisol. Esa “omisión lamentable” de Zía fue excusada por “la rapidez con que su pluma hábil acostumbra a escribir”, pero aseguró que:

Crisol es padre y los hijos deben sentir orgullo. Como que Crisol ha enseñado a la prensa de todo el país a ser, precisamente, libre, honrada y nacionalista. Y por eso, con sus diez años de brega tremenda y hasta hace poco solitaria, tiene más que nadie el derecho de figurar en todo cuadro de honor que el nacionalismo de hoy quiere formar.[30]

En su edición del 1° de enero de 1941, Nuevo Orden también se hizo eco del surgimiento de Choque y subrayó “la actitud ampliamente comprensiva” que el nuevo medio adoptó “respecto a los distintos matices y modos de ver que existen dentro del movimiento nacional”. Sin embargo, al cabo de once meses Nuevo Orden destacó un pasaje de Choque en el cual se afirmaba “Todavía hay nacionalistas que se despepitan por demostrar que si la Causa o si el Régimen o si los radicales o conservadores”, y replicó “Muy bien. Pero nosotros agregamos: ni conservadores, ni radicales… ni oficialistas”, en una obvia alusión a los vínculos de AA con el gobierno de Castillo.[31]

Redes y relaciones dentro del espacio nacionalista y el conservadorismo

Para inicios de la década de 1940, el nacionalismo se expresaba en un sinnúmero de organizaciones. A las conocidas Legión Cívica, Legión de Mayo (Lezica, 1968), Restauración (Capizzano, 2007), Alianza Juventud Nacionalista y Unión de Estudiantes Secundarios (Klein, 2001), se sumaban algunas asociadas a publicaciones periódicas. Junto a Nuevo Orden y Nueva Política (Zuleta Álvarez, 1975), que ya eran ediciones de mayor fuste, proliferaron otras menores como la propia Choque. Estas publicaciones, si bien conservaron buenas relaciones entre ellas al ser parte de la misma constelación ideológica, subrayaron expresamente sus diferencias con la clara finalidad de demarcar territorios, vínculos e influencias.

AA puede distinguirse de las otras organizaciones por un vuelco decidido a la acción política sin centrar su eje en cuestiones doctrinarias, tal como ocurría con Nueva Política o, en cierta medida, con Nuevo Orden. Estas últimas eran organizaciones de cuadros intelectuales que no tenían la pretensión de ganar la calle ni ejercer acciones violentas, como podía suceder con la Alianza de la Juventud Nacionalista. Otra nota distintiva fue el cultivo de un pensamiento y una prédica de corte laico, sin referencias explícitas al catolicismo como fundamento de la política y la organización social, que sí se daba de manera creciente en otras expresiones del nacionalismo (Zanatta, 1996). Aunque el diferencial principal se puede establecer en torno al grado de cercanía y la manifiesta afinidad con el gobierno conservador de Castillo, aspectos advertidos en los Manifiestos citados. En el caso de las otras organizaciones, la crítica al gobierno era abierta y en distintos planos: la dependencia de Gran Bretaña y del capital internacional, la corrupción gubernamental y la denuncia del fraude electoral.

Entre los elementos que hacían posible la buena vecindad, estaba la identificación de un enemigo (vinculado a los partidos tradicionales, al liberalismo o al régimen) y la difusión, entre las mismas revistas, de avisos que publicitaban los medios afines. En el ámbito de las relaciones políticas, estos vínculos resultaron más trabajosos. Existía una tendencia común a la «cariocinesis»; no se vislumbraba un liderazgo distinguido y respetado por el conjunto y cada grupo buscó su propio posicionamiento.

La red de publicaciones nacionalistas se hacía eco de las acciones de las distintas agrupaciones, retroalimentándose entre sí. Las publicaciones que mayor difusión tenían y que dieron a conocer las acciones de AA fueron: Crisol, El Pampero y Cabildo (Palenque Carreras, 1967). En este último medio publicaron artículos de Astrada, Zía y Guglielmini, por mencionar a algunos de los miembros más destacados de la agrupación. 

Además del vínculo con el poder gubernamental en la figura de Ramón Castillo, AA mantenía vínculos con Manuel Fresco y figuras asociadas a su gestión de gobierno. El exgobernador se presentó en un acto de la organización en mayo de 1941, recibió silbidos y muestras de desagrado, aunque fue tolerado se quedó en el evento (Capizzano, 2013). Entre quienes colaboraron con él en la gobernación y se integraron a la organización, tenemos a Roberto J. Noble, ministro de Obras Públicas de la gestión entre 1936 y 1940.[32] En un suelto del periódico nacionalista El Fortín, dirigido por Roberto de Laferrere, se barajó —no sin ironía— la opción de un vínculo entre AA y Fresco, por intermedio de la figura de Noble.[33]

La mirada de los otros: Afirmación Argentina, desde las publicaciones ligadas a Acción Argentina hasta el Blue Book

Mientras AA desarrollaba su acción neutralista y su apoyo al gobierno, en el ámbito del Congreso de la Nación Argentina actuaba una Comisión de Actividades Antiargentinas (Friedmann, 2009). En ese espacio se recibieron denuncias, firmadas y anónimas, que involucraban actividades puntuales de miembros o adherentes a la agrupación. El primer Manifiesto, por ejemplo, fue enviado a la Comisión. El 5 de diciembre de 1941, el diputado Juan Solari le solicitó al procurador fiscal general Paolucci Cornejo la detención por desacato del presidente de la organización, Luis A. Camartino, a partir de la nota que AA le había remitido a Castillo señalando que se “negaba derecho a ser investigada” por el organismo parlamentario. La noticia trascendió en el diario El Pampero el 4 de diciembre de ese año.[34] No consta en la documentación la comparecencia de miembros de AA ante la Comisión Legislativa. Sí sabemos, por otra cuestión vinculada al diario El Pampero, que fue citado Samuel Gradín, quien testimonió oportunamente.[35]  Dicha Comisión organizó sus propios informes acerca de AA y en uno de sus documentos señaló que su origen resultaba en oposición a Acción Argentina, y que en sus actos mostró “simpatías a favor de la política totalitaria, atacando rudamente a la democracia”.[36]

La sección especial de la Policía Federal “Orden Social” asistió a las acciones proselitistas de AA.[37] Por su lado, la citada Acción Argentina desarrolló campañas de denuncia sobre los procesos de infiltración y de propaganda de los partidarios del Eje en el país. Esas denuncias encontraron eco en la publicación periódica Argentina Libre, que señaló a AA en varias oportunidades (Bisso, 2009).

En 1944 apareció en Estados Unidos el libro Argentine Diary, una detallada crónica de los sucesos políticos que tuvieron lugar entre el 4 de junio de 1943 y el 30 de enero del año siguiente. Su autor, Ray Josephs, fue un periodista norteamericano radicado en Buenos Aires entre 1940 y 1944, corresponsal extranjero de varios medios y columnista del Buenos Aires Herald. El subtítulo de la publicación expresaba taxativamente la visión del libro en torno al gobierno del Grupo de Oficiales Unidos         (GOU): The inside story of the coming of fascism [“La crónica interna del surgimiento del fascismo”].

En la entrada del 7 de diciembre de 1943, Josephs (1944) describió una serie de organizaciones y de espacios nacionalistas, entre los cuales incluyó a AA. Tras asociar su surgimiento a la disputa con Acción Argentina, afirmó que se trató del “primer intento de crear un frente unido de los fascistas argentinos” (p. 266, traducción propia). Aunque “menos militante” que otras agrupaciones, la consideraba “un núcleo en el cual los miembros de diferentes facciones nacionalistas se reúnen para concertar actividades”. Y añadió que AA estaba “apoyada indirectamente por la Embajada alemana” y que “publica un fuerte periódico pro-neutralidad, Choque [Clash], diseñado bajo la inspiración del Völkischer Beobachter” que, agregamos, se trataba del diario oficial del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán —NSDAP—. Josephs concluyó que entre las figuras de la organización “que fueron cooptadas por el nuevo régimen [esto es, el gobierno del GOU], destaca el general Basilio Pertiné, actual intendente de la ciudad de Buenos Aires”. Asimismo, indicó que “Leopoldo Lugones (h.), quien organizó una Gestapo especial para [Enrique P.] González, Secretario de la Presidencia [de Ramírez], siempre ha sido un miembro activo de «Afirmación»” (p. 266).

El Blue Book on Argentina acusó a AA de ser una organización de propaganda que llevaba acciones a pedido de Alemania y en la cual se destacaron los directores Guglielmini, Zía —“autor y Director del Centro de Cultura Viva”— y Astrada —“un profesor universitario de filosofía” (United States Government, 1946, pp. 24-25; trad. propia). También denunció las supuestas tareas de espionaje de agentes italianos y alemanes, facilitadas por Castillo y los gobiernos subsiguientes, la presunta filiación de los miembros del GOU en el nazi-fascismo y el proyecto de Juan Domingo Perón por establecer un régimen totalitario en Argentina. El 13 de febrero, La Prensa dedicó cinco páginas a exponer los principales puntos del documento. En el Libro Azul se denunciaban también las supuestas redes de influencia trazadas por el gobierno alemán durante la guerra, en relación al financiamiento de grupos y periódicos, entre ellos incluía a Cabildo, Choque, Clarinada, Crisol, Cruz del Sur, La Época, La Fronda, Hechos del Mediodía, Momento Argentino, Nuevo Orden, El Pampero, El Restaurador, El Pueblo y Tribuna.

Consideraciones finales

No conocemos una declaración orgánica de AA con relación al golpe militar de 1943. No obstante, la audición radial “Seamos más argentinos” dedicó una emisión en homenaje al 4 de junio, mientras que Choque publicó un artículo sin firma con el título “Así, la Patria es otra” y ahí ensalzó la labor de gobierno del GOU. 

AA retomó sus actividades el 23 de febrero de 1946, un día antes de las elecciones que consagrara la  fórmula presidencial Perón-Quijano. En esa fecha vio la luz una solicitada en repudio de la edición del Blue Book, al que considera “una prueba más del propósito de avasallar la soberanía nacional y de interferir en los asuntos internos de la vida política argentina”. El documento apareció con el mismo lema utilizado a comienzos de la década —“El destino de los argentinos debe ser fijado por los argentinos”— y tenía un tono de balance.[38] Entre sus puntos, se destaca —a la luz de lo documentado en el presente artículo— que niega toda participación y vínculo con el gobierno de Ramón S. Castillo. Ni el Plebiscito de la Paz ni el apoyo a la actitud tomada en la Conferencia de Río de Janeiro, habrían tenido “conexión con los pleitos políticos locales ni con el régimen imperante”. Para refrendar esa versión, la solicitada agregó “Tanto es así que uno de los nuestros,[39] en mayo de 1943, acusó desde una tribuna popular de fraudulenta y equivocada a la política interna dominante. La Revolución del 4 de junio nos otorgó enseguida toda la razón”. Los firmantes, quienes se declararon “Fundadores” de la agrupación, fueron Astrada, Guglielmini, Zía, Gradín, Molina Pico, Palenque Carreras, V. Sierra, Salinas y Masado.

Ese mismo día figuró el artículo de Guglielmini citado al comienzo de este trabajo, en el cual justificó su participación en las diferentes actividades y publicaciones nacionalistas. Algunos meses después fue recopilado en un fascículo editado por el periódico Tribuna, que incluyó varios manifiestos y escritos.

El día anterior, 22 de febrero, apareció una “Declaración de los escritores argentinos sobre el Libro Azul” en varios periódicos, en ese texto se afirmó que el documento “publicado por el Departamento de Estado de la Unión Norteamericana importa un agravio a la soberanía de la nación argentina y una intolerable intromisión en la política interna del país”. Además de las firmas de Astrada, Guglielmini, Zía, Cascella, Palenque Carreras, V. Sierra y otros intelectuales ya mencionados —Cancela, Castellani, Doll, Marechal, Gálvez, Ibarguren, J. M. Rosa, Villafañe—, se sumaron los nombres de Xul Solar, José María Castiñeira de Dios, Raúl Scalabrini Ortiz, Hernán Benítez, Alberto Vacarezza, Carlos Abregú Virreira y Máximo Etchecopar, entre otros. La “Declaración” recopiló firmas durante varios días.[40]

Ya sea porque su rastro se pierde en los meandros de la denominada revolución de junio, porque constituyó un núcleo menor en el espectro nacionalista o por su excesiva afinidad con el gobierno conservador —que la escasa historiografía que se ocupó del tema no quiso mostrar—, la documentación con la cual contamos acerca de esta organización resulta exigua y escasa. En este trabajo hemos intentado poner en común la información, aún parcial y fragmentaria, que reunimos en torno a esta experiencia política. A través de este proceso, se pudo identificar el paso por la agrupación de varias figuras intelectuales que tuvieron cierta relevancia posterior.

Esas intervenciones marcaron la trayectoria de varios de ellos y los colocaron en el mirador del “antifascismo” local, devenido luego en antiperonismo. En la coyuntura de 1946, la inclusión de varios miembros en el Libro Azul contribuyó a un alineamiento con el movimiento político emergente. En algunos casos se trató de una adhesión circunstancial y táctica, como ocurrió con la mayoría de los cuadros políticos del nacionalismo elitista que se organizó en torno a la Alianza Libertadora Nacionalista. En otros, implicó un cambio de identidad al pasar del nacionalismo al peronismo explícito (como fue el caso de Cascella o Guglielmini). También supuso la concentración en los trabajos periodísticos y literarios, sin abandonar las redes de relación y de afinidades políticas e intelectuales previas (como sucedió con Zía). Finalmente, en algunas ocasiones, la experiencia en AA fue parte de un tránsito hacia otras posiciones (como ocurrió con la trayectoria de Astrada).

Anexo

Manifiesto de Afirmación Argentina[41]

El destino de los argentinos debe ser fijado por los argentinos

Los argentinos que suscriben este documento habían considerado hasta ahora innecesario convocar a sus conciudadanos, agruparlos y movilizarlos para afirmar públicamente la verdadera posición, acerca del papel que corresponde adoptar al país frente al actual conflicto europeo. No creían patriótico ni prudente interferir con el punto de vista oficial, el cual, según manifestaciones expresas del Gobierno, es de absoluta y estricta neutralidad y de total equidistancia ante los bandos en lucha.

Pero ciertos núcleos, inopinadamente, han pretendido hacerse intérpretes de la opinión pública, lanzando la especie inaudita de que el pueblo argentino ha tomado partido en la contienda, y declarando que la causa de la civilización, la cristiandad y la justicia es defendida por una de las partes en guerra contra la otra.

Mientras el país seguía consagrado en tranquilidad y concordia a las tareas propias de la paz, se ha querido de un golpe sembrar la alarma y la inquietud, se ha intentado dividir en bandos hostiles a la familia argentina, preparando el camino, mediante la propaganda y la mentira, para precipitarlo en la hoguera del conflicto y exponiéndolo al triste destino de otras naciones víctimas de parecido engaño.

Tales manifestaciones comprometen la seguridad de la Nación, y obligan a todo argentino responsable a romper su silencio para hacer oír la voz de la verdad patriótica, inspirada solamente en motivos de conveniencia nacional.

Quienes se muestran tan afanados por empujar al país a lo que ellos llaman y decretan la causa de la civilización, no podrán por cierto verse privados del derecho, ni se lo desconocemos, de reclutar una legión que les permita asumir las responsabilidades de sacrificio y de sangre que comportan sus convicciones. Pero nada ni nadie los autoriza a arrogarse la representación de la opinión pública argentina para comprometer al pueblo en semejante empresa, ni para conmover los legítimos y prudentes fundamentos de la neutralidad y equidistancia decretada por el Estado. Con todo, resulta tranquilizador comprobar que el giro de los acontecimientos en los últimos días ha apagado el ardor de esos primeros entusiasmos. Pero es deplorable, sin embargo, que todavía ciertos espíritus ingenuos y ciertas almas candorosas, inspiradas en la mejor buena fe, persistan en el error de atribuir existencia real a peligros imaginarios.

Nosotros no seremos cómplices de tamaña superchería. Nos inspiramos en la auténtica tradición argentina, que es una e indivisible: asegurar por todos los medios la grandeza de la patria y el cumplimiento de su destino, la felicidad de sus habitantes y el poder del Estado, sin que nos perturben diferencias de ideología ni emulaciones de predominio político, ni el éxito o el fracaso de aspiraciones europeas de hegemonía. Ha llegado la hora de convocar a los argentinos para una afirmación de fe en el futuro de la Nación, de voluntad de ser lo que debemos ser, libertándonos de todo propósito extranjero, en el presente o en el futuro, de imponer su dominio o infiltración, ya sea en el orden político, económico o moral. No creemos que los actuales acontecimientos, cualquiera sea su desenlace, signifiquen el derrumbe claudicante, sino con valerosa decisión y con meditada prudencia. Los pueblos que no cultiven sus energías viriles ni sus fuerzas morales, no podrán adaptarse a las nuevas circunstancias y exhalarán lamentaciones inútiles sobre las ruinas del pasado.

Queremos concitar a los compatriotas en un sentimiento común de solidaridad y de buen sentido, para disipar el desconcierto, la incertidumbre y la confusión que se han sembrado. Es urgente que así se haga, a fin de encontrarnos armados moral y materialmente para afrontar el porvenir. Este será luminoso y bienvenido, si nos encuentra dispuestos a afirmar una vez más las gloriosas tradiciones de las armas, el trabajo y la civilidad de nuestra historia. Tal vez ha llegado el momento de reintegrar la total soberanía argentina, tanto en el orden económico como en el orden territorial. El Gobierno y la administración de las fuentes de riqueza, de los medios de producción y de los elementos técnicos del trabajo y de la defensa nacional, deben ser restituidos a los argentinos. La no beligerancia no puede significar, por ejemplo, la renuncia a la reivindicación histórica de los territorios substraídos a la soberanía nacional.

Llamamos a nuestro pueblo a la preocupación de sus propios problemas que son perentorios y vitales. Cualquier ciudadano que no esté atado directa o indirectamente a influencias o intereses extranjeros, o que no se halle cegado por prejuicios ideológicos, puede suscribir estos conceptos. No hay razón, ni motivo, ni pretexto que nos aconseje ir detrás de ningún beligerante, ni a tomar partido en la actual contienda. EL DESTINO DE LOS ARGENTINOS DEBE SER FIJADO POR LOS ARGENTINOS con exclusión de cualquier poder político o económico extraño. En estas horas de incalculables consecuencias para el futuro de la humanidad, hacemos un llamado a la sensatez y a la solidaridad de la familia argentina para disipar toda alarma artificial y para aprestarnos a afrontar con dignidad y valentía las nuevas circunstancias que nos presente el porvenir.

                                                        

Buenos Aires, Julio de 1940.

Junta Ejecutiva de Afirmación Argentina: Carlos Astrada, Héctor Bernardo, Luis A. C. Camartino, Daniel Castro Cranwell, Carlos Castro Cranwell, Samuel Gradin, Homero M. Guglielmini, Mario Molina Pico, Roberto J. Noble, Raúl Salinas, Bernardo Sierra, Vicente D. Sierra, Lisardo Zía.

Firmantes: Juan C. Agüero Medrano, Héctor Achával, Omar Álvarez Balbín, Carlos Astrada, Guillermo Aldao Unzué, E. Arroyo Benegas, José L. Attadía, Vicente N. Arias, Juan F. Aguilar, Domingo Avigliani, Leonardo Castellani, Alfredo Cernadas, Armando Cascella, Eliseo H. Cantón, Ramón Doll, Homero M. Guglielmini, Leopoldo Marechal, Héctor A. Llambías… [siguen las firmas].

Manifiesto de Afirmación Argentina (1940)[42]

Por la Soberanía y la Neutralidad

En su primera declaración pública, Afirmación Argentina anticipó el peligro que amagaba al país. Aludimos entonces a la posibilidad de que factores ajenos a la voluntad nacional pretendieran gravitar sobre nuestra soberanía para comprometernos en una u otra forma, en el conflicto europeo. A esta altura de los acontecimientos, es desgraciado comprobar que aquellas previsiones estaban bien fundadas.

La agitación de las tendencias contrarias a la neutralidad argentina, se acrecienta día a día y las poderosas fuerzas internacionales políticas y económicas interesadas en extender y prolongar la guerra desencadenada en Europa, van apretando, cada vez con más vigor, su anillo de influencias y de coerciones alrededor de nuestro país, para empujarlo de una vez por todas a participar en la catástrofe.

Pero el instinto de conservación no ha muerto todavía; la opinión sensata no ha callado; el sentimiento orgulloso de nuestra soberanía no está adormecido; son muchos los argentinos que no se han dejado perturbar por la propaganda, ni seducir por la corrupción material, ni amedrentar por las amenazas. Es invocando esos sentimientos invulnerables, e interpretando la voluntad inequívoca y auténtica de la Nación que trabaja en paz y se mantiene fiel a sus tradiciones y a su destino, así como las oportunas expresiones de neutralidad reiteradas por nuestro gobierno, que afirmamos pública y solemnemente los siguientes puntos:

PRIMERO. – Ningún argentino consentirá acuerdos con ninguna potencia extranjera, sea ella americana o no, que ponga en peligro nuestras relaciones normales con cualquier país europeo, o justifiquen su alteración.

SEGUNDO. – Ningún argentino consentirá que se preste ayuda directa o indirecta, material, bélica o moral, a ninguna nación envuelta en el conflicto europeo.

TERCERO. – Ningún argentino consentirá el establecimiento de bases políticas, navales o militares en su territorio o en sus costas, por parte de ninguna potencia extranjera.

Estas solemnes manifestaciones están justificadas por los síntomas cada día más alarmantes, que demuestran el propósito de llevar a la práctica un plan destinado a menoscabar nuestra soberanía, a comprometer nuestra neutralidad, y a colocarnos en situación de conflicto con ciertas naciones continentales europeas. Esos síntomas son muchos, pero conviene enumerar entre otros los siguientes:

a) Las manifestaciones oficiales del gobierno norteamericano y de sus altos funcionarios, de cuyo texto se desprende que pretenden asumir la representación de todas las repúblicas americanas, inclusive la nuestra, y en las escuelas se toma decididamente partido contra determinados beligerantes europeos, no habiendo sido autorizados para ello ni por nuestro gobierno ni por nuestro pueblo.

b) Los tratos y conversaciones entre diversas delegaciones y misiones civiles y militares interamericanas —cuyo contenido el pueblo no siempre conoce, aunque sospecha—; dichas negociaciones parecen encaminadas a formalizar un frente común panamericano y aún eventualmente una alianza militar, en favor de una de las naciones participantes en el conflicto europeo.

c) El propósito, anunciado en varias formas, de establecer bases norteamericanas en las otras repúblicas del continente.

d) El recrudecimiento de la campaña de diversas agrupaciones contrarias a la neutralidad argentina, y que, instigadas por fuerzas económicas y políticas internacionales, agitan la opinión contra determinadas naciones europeas y sus gobiernos, como ser Italia, Alemania, España y Francia, a pesar de que nuestro país mantiene con éstas vínculos tradicionales de amistad y relaciones diplomáticas normales, cuando no íntimos lazos de origen, de sangre y de cultura.

e) El encono demostrado por ciertos sectores en la persecución de colectividades extranjeras, honorables, y la parcialidad irritante en favor de otros sectores extraños a la población.

f) La interpretación abusiva y caprichosa de los derechos de opinión y de reunión, encaminada a coartar esos derechos cuando se trata de reivindicar la total soberanía nacional y defender las normas de la neutralidad.

Ante esos hechos, reiteramos una vez más nuestro absoluto y leal acuerdo con la política de estricta neutralidad, oficialmente decretado por el gobierno argentino. Entendemos que esa neutralidad no es una ficción, ni una fórmula vacía; ella impone elementales deberes de equidistancia y de imparcialidad, que no pueden ser transgredidos sin exponer al país a situaciones de peligro acaso irreparables. Esperamos del gobierno que esa política de neutralidad sea cada día más firme y vigorosa.

Solamente un ciego impulso suicida, cuando no la fría especulación de intereses inconfesables, pueden inducir a los argentinos que arrastran a este país a tomar partido en la guerra, en el preciso momento en que las naciones continentales de Europa se entienden entre sí y alzan ante el mundo un frente único y compacto. Si estos planes sombríos —que algunos urden sigilosamente en la sombra, con paciencia siniestra— llegaran a tener éxito alguna vez, anunciamos desde ahora que la tremenda responsabilidad de las miserias, la sangre y los odios que desencadenarán sobre el suelo argentino, recaerá totalmente y sin piedad sobre sus cabezas.

El pueblo argentino quiere vivir en paz y armonía con todas las naciones del mundo; no admite tutelas ni influencias de potencias extranjeras, ni de intereses internacionales, ni quiere verse expuesto a la humillante y trágica posición de ser precipitado fríamente, mediante combinaciones consumadas en secreto a sus espaldas, de la noche a la mañana, en la hoguera sangrienta de un conflicto, en el cual no están en juego ni su integridad ni su honor. Por ello contempla los hechos con zozobra, y desea saber en qué punto están las anunciadas negociaciones político-militares entre los países americanos.

Mientras tanto, confía en que los órganos responsables del Estado han de mantener integérrima su política de neutralidad, pese a cualquier influencia o sugestión; política bajo cuyo amparo habrá de cumplirse su destino soberano, en la plena posesión autónoma de su patrimonio moral y económico, que ya se vislumbra para un futuro próximo. Si no fuera así, habríamos consentido, en inerme y vergonzosa obediencia, la incorporación sin objeto ni motivo, a la comparsa trágica de los pueblos que desfilan sumisos hacia la ruina y la humillación.

La Junta Central.

Manifiesto de Afirmación Argentina[43]

El destino de los argentinos debe ser fijado por los argentinos 

Los fundadores de “Afirmación Argentina” abajo firmantes declaran:

1.- “Afirmación Argentina” fue fundada públicamente el 31 de julio de 1940, con dos objetos fundamentales: preservar la paz de la Nación argentina y defender el principio de su soberanía.

2.- Tanto “Afirmación Argentina” como el “Plebiscito de la Paz”, con el cual aquella clausuró el ciclo de sus actividades, fueron movimientos inspirados por sentimientos netamente argentinos en defensa de los intereses de la patria, sin responder a sugestiones externas pues jamás se propusieron favorecer o perjudicar a nadie fuera de las fronteras de la Nación.

3.- El Libro Azul publicado por el Departamento de Estado de Norteamérica constituye por sí mismo una prueba más del propósito de avasallar la soberanía nacional y de inferir en los asuntos internos de la vida política argentina.

4.- El “Plebiscito de la Paz” surgió como un movimiento espontáneo de la opinión pública argentina en defensa de los mismos principios amenazados y en apoyo de la actitud asumida en la Conferencia de Cancilleres de Río de Janeiro, de insumisión al propósito de avasallar la paz e independencia de los estados continentales hermanos.

5.- Ninguno de esos movimientos tuvo conexión con los pleitos políticos locales ni con el régimen imperante. Tanto es así que uno de los nuestros, en mayo de 1943, acusó desde una tribuna popular de fraudulenta y equivocada a la política interna dominante. La Revolución del 4 de junio nos otorgó enseguida toda la razón.

6.- Los hechos de hoy prueban nuestras razones de ayer de agravio inferido a la Nación y a su gobierno por el Libro Azul y la amenaza de intervención extranjera allí implicada, deben encontrar al pueblo argentino unido detrás de la bandera de la soberanía y de la paz argentina.

Fundadores de «Afirmación Argentina»: Carlos Astrada, Carlos M. Castro Cranwell, Daniel Castro Cranwell, Samuel Gradín, Homero M. Guglielmini, Mario Molina Pico, Arturo Palenque Carreras, Lisardo Zía, Vicente Sierra, Raúl Salinas, Horacio Masado.

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Notas


[1] Para la reconstrucción de la política exterior argentina de ese momento, véase Rapoport (1981, 1988); Morgenfeld (2011, 2012).

[2] “Acción Argentina” se creó el 5 de junio de 1940 a partir de una propuesta del Partido Socialista, con la intención de promover el ingreso del país a la conflagración bélica del lado Aliado. El manifiesto fundacional fue encabezado por el expresidente Marcelo T. de Alvear y una Junta Ejecutiva Central integrada por: Raúl C. Monsegur, Federico Pinedo, Jorge Bullrich, Alejandro Ceballos, Julio A. Noble, Victoria Ocampo, Emilio Ravignani, Nicolás Repetto, Mariano Villar Sáenz Peña y Juan Valmaggia. El 25 de mayo de 1941, en un Cabildo Abierto celebrado por la organización, que contó con el apoyo del expresidente Agustín P. Justo, una nueva Junta quedó conformada por Alicia Moreau de Justo, Américo Ghioldi, José Aguirre Cámara, Mauricio Yadarola, Rodolfo Fitte y Rafael Pividal, además del ya citado J. Noble como presidente. “Acción Argentina” fue disuelta en 1943 por el gobierno militar de Ramírez. Ver Bisso (2005); Sanchís Muñoz (2019).

[3] Para una reconstrucción de los vínculos de estas tradiciones, consultar Tato (2009).

[4] Videla Dorna fue intendente de San Miguel del Monte. Más adelante, encabezó un ataque al Concejo Deliberante de esa ciudad y fue juzgado por ese acto; esa fue la razón esgrimida por el bloque mayoritario del radicalismo para rechazar su pliego como diputado nacional en 1930.

[5] Para una mirada sobre la trayectoria de Guglielmini, Cascella y Zía, pueden revisarse los trabajos de Pulfer (2016, 2020a, 2020b). En el caso de Astrada, ver David (2004); Prestía (2021).

[6] El Blue Book on Argentina, también conocido como Libro Azul, fue un documento editado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos y promovido por el exembajador norteamericano Spruille Braden, fue un texto central en la campaña de desprestigio que buscaba influir en las elecciones a realizarse el 24 de febrero de 1946.

[7] Afirmación Argentina (31 de julio de 1940). El destino de los argentinos debe ser fijado por los argentinos. La Razón, p. 6. Biblioteca Nacional Mariano Moreno (BNMM), Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), Argentina. Las citas incluidas en el presente párrafo pertenecen a este documento, que figura en el anexo del artículo.

[8] Afirmación Argentina. “Por la soberanía y la neutralidad”. Nueva Política, diciembre de 1940, p. 35. BNMM. Las citas incluidas en el presente párrafo pertenecen a este documento, que figura en el anexo.

[9] Informe, 22 de julio de 1941. División de Investigaciones de la Policía Federal, Sección Orden Social. Comisión de Actividades Antiargentinas. Archivo de Publicaciones y Manuscritos (APYM) de la Cámara de Diputados de la Nación de Argentina. https://apym.hcdn.gob.ar/uploads/comisiones-especiales/pdf/nazis/AA18C05011.pdf

[10] Afirmación Argentina (1° de diciembre de 1940). Crisol, s.p. BNMM.

[11] Afirmación Argentina (5 de diciembre de 1940). Crisol, s.p.

[12] Comisión Especial Investigadora de Actividades Antiargentinas (31 de julio de 1941). Autoridades y empleados públicos de Monte firmantes del Manifiesto de Afirmación Argentina. https://apym.hcdn.gob.ar/uploads/comisiones-especiales/pdf/nazis/AA02C01030.pdf. AYPM.

[13] Comisión Especial Investigadora de Actividades Antiargentinas (14 de julio de 1941). Denuncia contra afiliados a Centros Nacionalistas y empleados de la Dirección General de Educación Física Provincial. https://apym.hcdn.gob.ar/uploads/comisiones-especiales/pdf/nazis/AA02C01082.pdf. APYM.

[14] Informe, 22 de julio de 1941. División de Investigaciones de la Policía Federal, Sección Orden Social. Comisión de Actividades Antiargentinas.

[15] “Afirmación Argentina ha solicitado a los poderes públicos prohíba la exhibición de una película. Se trata de El Dictador de Charlie Chaplin” (27 de diciembre de 1940). Crisol, p. 3.

[16] “Frente Patriótico” (10 de enero de 1942). Crisol, s.p.

[17] Guglielmini, H. (1942). Discurso pronunciado por D. Homero Guglielmini el 2 de julio de 1942. Comida de la Comisión Honoraria del Plebiscito de la Paz. Biblioteca Central "Prof. Augusto Raúl Cortazar", Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. CABA.

[18] Es posible que Ibarguren obtuviera esta versión del propio Guglielmini, quien colaboraba con él en la Comisión Nacional de Cultura.

[19] Según el periódico El Fortín, el Congreso contó con una sesión preparatoria el 14 de diciembre y se celebró el 16. Congreso de la Recuperación Nacional (6 de febrero de 1943). El Fortín, segunda época, (18), p. 9. BNMM. Zuleta Álvarez (1975) coincidía en esa fecha, no así Chávez, quien apuntó los días 20 y 21 de diciembre (1975, p. 200). Por su parte, Lezica (1968) indicó que tuvo lugar en febrero de 1943. Es posible que se trate de un error en alguno de los testimonios o bien de diferentes encuentros celebrados bajo el marco del mismo evento.

[20] La personalidad y la obra de política internacional del Dr. Castillo. Afirmación Argentina (Fascículo XIX), 1943, contratapa. Buenos Aires. BNMM.

[21] Destacaron la política del Dr. Castillo (4 de febrero de 1943). Crisol, p. 7.

[22] Seamos más argentinos. Se cumplió el aniversario de la difusión de su ciclo de conferencias sobre argentinismo (1° de diciembre de 1943). Hechos. Revista Gráfica Informativa, II (17), p. 1. Instituto Bibliográfico “Antonio Zinny”. CABA.

[23] Seamos más argentinos (27 de noviembre de 1942). Choque, II (99-100), p. 4. Instituto Bibliográfico “Antonio Zinny”.

[24] La personalidad y la obra de política internacional del Dr. Castillo. Afirmación Argentina (Fascículo XIX), 1943, s.p. Buenos Aires.

[25] Seamos más argentinos. Se cumplió el aniversario de la difusión de su ciclo de conferencias sobre argentinismo (1° de diciembre de 1943). Hechos, II (17), p. 1.

[26] Esa información se obtuvo a partir de la bibliografía incluida en el libro de Alfredo Llanos (1962) sobre Carlos Astrada; allí se consignó una recensión del libro Temporalidad firmada por Alejandro de Isusi, que habría aparecido en el número 149, de enero de 1944.

[27] Imperativo de unificación (3 de enero de 1941). Choque, I (2), pp. 1-2. Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas. CABA.

[28] Además de publicar el segundo de los Manifiestos de “Afirmación Argentina”, Nueva Política incluyó artículos de Guglielmini: Valoración de la técnica en una política nacional (agosto de 1941), (14); Zía, L. (octubre de 1941). Soliloquio hipocondríaco, (16); A Roberto de Laferrere [poesía] (agosto de 1943), (29); y Astrada, C. (julio de 1942). Destino de las Américas en la Historia, según Hegel, (23).

[29] Choque (28 de diciembre de 1940). El Pampero, p. 9. BNMM.

[30] Una omisión lamentable de Choque (29 de diciembre de 1940). Crisol, p. 1.

[31] Definiciones [sección “Revista de prensa”] (12 de noviembre de 1941). Nuevo Orden, p. 12.

[32] Algunos de los colaboradores de Afirmación Argentina, como fue el caso de Lisardo Zía, realizaron trabajos para su ministerio. En el momento de la fundación de Clarín, Zía fue uno de los primeros convocados. El lema del diario nació de su inspiración (Zivak, 2007).

[33] Noticiario Nacionalista (1a. quincena de julio de 1941). El Fortín, (11), p. 7.

[34] Carta al Procurador Fiscal en lo Federal del Presidente de la Comisión de Actividades Antiargentinas, 5 de diciembre de 1941. Comisión de Actividades Antiargentinas. Cuerpo: Notas a la Justicia. https://apym.hcdn.gob.ar/uploads/comisiones-especiales/pdf/nazis/AA03C03001.pdf

[35] Carta de Raúl Damonte Taborda al Juez de Instrucción Ramón Vázquez, 5 de agosto de 1941. Comisión de Actividades Antiargentinas. Cuerpo: Notas a la Justicia. https://apym.hcdn.gob.ar/uploads/comisiones-especiales/pdf/nazis/AA03C03002.pdf

[36] Informe sobre Afirmación Argentina, s.f. Comisión de Actividades Antiargentinas. Cuerpo: Material de Investigación. https://apym.hcdn.gob.ar/uploads/comisiones-especiales/pdf/nazis/AA18C05009.pdf

[37] Informe, 22 de julio de 1941. División de Investigaciones de la Policía Federal, Sección Orden Social. Comisión de Actividades Antiargentinas.

[38] Afirmación Argentina, El destino de los argentinos debe ser fijado por los argentinos. Solicitada publicada por los fundadores el 23 de febrero de 1946. Ver Guglielmini (1946). Las citas incluidas en el presente párrafo han sido tomadas de esta versión, que figura en el anexo.

[39] La solicitada aludía a Arturo Palenque Carreras (Chávez, 1975, p. 202).

[40] Declaración de los escritores argentinos sobre el “Libro Azul”. Véase Guglielmini (1946).

[41] Reproducido en el diario La Razón del 31 de julio de 1940.

[42]  Reproducido en Nueva Política, diciembre de 1940 (7). Se reemplazó la negrita original por la cursiva.

[43] Recogido en el fascículo El Libro Azul y yo de Homero M. Guglielmini (1946).