Cibermasculinidades y manosfera en la formación docente: un ensayo autobiográfico sobre antifeminismo en educación física. Artículo de Sebastian Trueba. Praxis educativa, Vol. 30, N° 2 mayo-agosto 2026. E -ISSN 2313-934X. pp. 1-13.

https://dx.doi.org/10.19137/praxiseducativa-2026-300221


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ARTÍCULOS

Cibermasculinidades y manosfera en la formación docente: un ensayo autobiográfico sobre antifeminismo en educación física

Cybermasculinities and the Manosphere in Teacher Training: An Autobiographical Essay on Antifeminism in Physical Education

Cibermasculinidades e manosfera na formação docente: um ensaio autobiográfico sobre antifeminismo na educação física


Sebastián Trueba

Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina

sebastiantrueba@gmail.com

ORCID 0000-0003-0011-5468

Recibido: 2026-01-09 | Revisado: 2026-04-22 | Aceptado: 2026-04-24

Resumen

Este ensayo analiza la emergencia de discursos antifeministas, misóginos y homofóbicos en estudiantes que ingresan a los profesorados de educación física, relacionándolos con fenómenos digitales como las cibermasculinidades y la manosfera. A partir de una revisión bibliográfica y experiencias docentes situadas, el texto problematiza cómo las plataformas digitales mercantilizan identidades masculinas en crisis, ofreciendo narrativas reaccionarias que se naturalizan en espacios académicos históricamente permeables al masculinismo. El trabajo evidencia que la Educación Sexual Integral, aunque presente en la trayectoria educativa de estas poblaciones, parece insuficiente frente al alcance de dispositivos digitales de radicalización. Se plantea la necesidad de reabrir el debate sobre feminismos, pedagogías cuir y disputas de sentidos en las carreras docentes, particularmente en educación física.

Palabras clave: educación física, antifeminismo, cibermasculinidades, manosfera, formación docente.

Abstract

This essay analyzes the emergence of antifeminist, misogynistic, and homophobic discourses among students entering physical education teacher training programs, relating them to digital phenomena such as cybermasculinities and the manosphere. Based on a bibliographic review and situated teaching experiences, the text problematizes how digital platforms commodify masculinities in crisis, offering reactionary narratives that become naturalized in academic spaces historically permeable to masculinism. The work shows that Comprehensive Sexuality Education, while present throughout the educational trajectory of these populations, seems insufficient in the face of the reach of digital radicalization devices. The necessity to reopen the debate on feminisms, queer pedagogies, and disputes of meaning in teacher training careers is proposed, particularly in physical education.

Keywords: physical education, antifeminism, cybermasculinities, manosphere, teacher training.

Resumo

Este ensaio analisa a emergência de discursos antifeministas, misóginos e homofóbicos entre estudantes que ingressam em programas de formação de professores de educação física, relacionando-os a fenômenos digitais como cibermasculinidades e manosfera. Com base em uma revisão bibliográfica e experiências docentes situadas, o texto problematiza como as plataformas digitais mercantilizam masculinidades em crise, oferecendo narrativas reacionárias que se naturalizam em espaços acadêmicos historicamente permeáveis ao masculinismo. O trabalho evidencia que a Educação Sexual Integral, embora presente na trajetória educacional dessas populações, parece insuficiente diante do alcance dos dispositivos de radicalização digital. Propõe-se a necessidade de reabrir o debate sobre feminismos, pedagogias queer e disputas de sentido nas carreiras de formação de professores, particularmente em educação física.

Palavras chave: educação física, antifeminismo, cibermasculinidades, manosfera,  formação de profesores.

Introducción

Desde hace al menos una década, algunas preguntas acompañan de manera persistente mis reflexiones en torno a la docencia. ¿Cómo sostener el ritmo de mis estudiantes a medida que envejezca y comience a distanciarme de sus lenguajes y preocupaciones? ¿Hasta cuándo podré acompañar a jóvenes que buscan disrumpir cuando, al mismo tiempo, corro el riesgo de convertirme en un referente del pasado de la educación física? ¿En qué momento llegará esa señal que me indique que ya no estoy en condiciones de educar a nuevas generaciones atravesadas por el ímpetu de cambiarlo todo?

Con el tiempo, comprendí que estas preguntas se vuelven cada vez más complejas, porque la clásica escena en la que les[1] jóvenes intentan transformar el mundo mientras les adultes nos aferramos a lo conocido aparece, hoy, como una imagen cada vez más utópica. En mi experiencia docente reciente, noté que les jóvenes —particularmente varones, aunque no exclusivamente— tienden a posicionamientos crecientemente conservadores, mientras que muches docentes nos encontramos en el lugar de quienes buscamos cuestionar y disrumpir.

Año tras año, recibo estudiantes de primer año que parecen construir sus relatos desde marcos profundamente conservadores, atravesados por prejuicios racistas, homofóbicos y misóginos. El individualismo se presenta como un horizonte naturalizado, mientras que la apuesta por lo colectivo se vuelve cada vez más difícil de sostener. Esta situación, que tensiona mi experiencia docente cotidiana y mis convicciones, es la que motiva la escritura de este ensayo.

Durante mucho tiempo, supuse que la velocidad de los cambios tecnológicos y el progresismo, que otrora se le atribuía a la juventud, me obligarían a correr detrás de transformaciones que no podría seguir. Sin embargo, mi experiencia muestra un panorama distinto, que ya había comenzado a esbozar en ejercicios previos sobre pedagogías cuir en la educación física (Trueba, 2019; Trueba y Ramallo, 2021). En aquellos trabajos, percibía que había mucho por hacer, pero, al mismo tiempo, me sentía entusiasmado con la posibilidad de que, en un futuro cercano, surgieran propuestas y experiencias que tensionaran mis posicionamientos críticos, descoloniales y kuir.[2] En cierta medida, podríamos decir que esos anhelos se concretaron, pero en un sentido contrario a lo que imaginaba.

Al leer el trabajo de Copolechio Morand (2024), comprendí que no se trataba de una lectura circunscripta a los profesorados en los que doy clase en mi ciudad, sino que, en este estudio realizado en la Universidad Nacional del Comahue, puede verse que, a pesar de que la generación de estudiantes del profesorado que cursa en estos momentos haya sido atravesada por la ESI a lo largo de toda su escolarización, esa experiencia pareciera no haber hecho mella suficiente en el pensamiento conservador de les estudiantes.

De ahí que comencé a interiorizarme en algunos fenómenos que, en los últimos años, han llevado a las juventudes, especialmente masculinas, a retrotraerse a posicionamientos conservadores. Así, aparecieron conceptos como cibermasculinidades (Muñoz-Saavedra y Bär Kwast, 2025), manosfera (Marquez de la Orden, 2025) o andrósfera (Petrocelli, 2021), posmachismo (Lorente Acosta, 2021) y antifeminismo (Bonavitta et al., 2025), entre otros. Esta exploración me llevó a una revisión bibliográfica que me ayudó a contextualizar el aparente repliegue de lo queer ante el embate conservador en la educación física.

Estado de la situación

Hace poco, se estrenó la miniserie británica Adolescence. En cuatro capítulos, se desarrolla el drama surgido a partir del asesinato de una niña de trece años (Katie) por un compañero de la escuela (Jamie Miller), que aparenta ser un buen niño, con una familia presente que lo ha educado lo mejor que ha podido. Podríamos decir: un adolescente como cualquier otro de una familia de clase trabajadora de una ciudad occidental.

El segundo capítulo se desarrolla enteramente en una escuela secundaria y revela, ante la mirada de les adultes, la fuerte presencia de las redes sociales en les adolescentes y su poder para condicionar su identidad. Para quien no la vio, lo que ocurre es que Jamie, estigmatizado por sus pares como incel (involuntariamente célibe), ve una oportunidad de acercarse a una chica porque considera que ella se sentiría lo suficientemente frágil e insegura como para aceptar salir con él. Ella se burla en redes sociales y toda su comunidad celebra esa burla clickeando en el corazoncito de su publicación. Esta situación desequilibra de tal manera al niño que termina asesinándola de siete puñaladas al salir de un shopping. Si bien se trata de una ficción, traigo este relato porque, en ese capítulo, se revela el poder de las redes en la constitución de la identidad adolescente, llegando, en algunos casos, a cosificar a las personas en virtud de algún rasgo distintivo.

Este año también noté comentarios despectivos hacia las mujeres —y luego también hacia niñes que sufren bullying o que son obeses o sedentaries— por parte de algunos de mis estudiantes varones en uno de los profesorados en educación física en los que doy clases y, por alguna razón, me pareció que podía haber alguna relación entre la serie y estos comentarios, que nunca había escuchado en una carrera docente. Por ese motivo, comencé una revisión bibliográfica que me inquietó particularmente, porque hay numerosos ensayos e investigaciones que infieren conexiones profundas entre los discursos de odio, la manosfera, las cibermasculinidades, los gymbros, cryptobros y los avances de las derechas reaccionarias y fascistas en Occidente. Todo esto genera un caldo de cultivo complejo de abordar en las carreras docentes, especialmente en los profesorados de educación física, históricamente permeables a los discursos masculinistas, tecnicistas y antifeministas (Aisenstein y Scharagrodsky, 2006).

¿Será que esta carrera en particular puede constituirse en un espacio seductor para estos adolescentes? ¿Seremos capaces, en los profesorados, de hacer frente a este avance de violencias racistas? ¿Estaremos siendo parte del problema por no abordarlo en nuestras clases?

Primer elemento para pensar el tema

Al pensar en estas preguntas, recordé un texto académico que, en su momento, había ojeado al pasar y que comprendí que debía revisitar. Se trata de un estudio publicado por Marina Copolechio Morand en 2024, en el que reflexiona a partir de relatos sobre sexualidad de estudiantes del profesorado de Educación Física de la Universidad Nacional del Comahue. La autora plantea algo que me resultó inquietante: todas las personas que participaron del estudio, por rango etario, habían atravesado su nivel primario y secundario con plena vigencia de la Ley de Educación Sexual Integral, por lo que deberían haber sido educadas en esa temática. Sin embargo: “Es evidente que ser coetáneo de la ESI no implica haber tenido ESI o que la que se tuvo haya impactado en la construcción subjetiva y en nuestras experiencias, saberes, sentires” (Copolechio Morand, 2024, p. 9).

Esto refuerza la idea surgida del estudio realizado en 2016[3] sobre clima escolar dirigido a jóvenes LGBT, en el que las clases de Educación Física son percibidas, a la vez, como las que con menor frecuencia abordan temáticas referidas a las diversidades sexogenéricas y como el espacio más inseguro de la escuela, mientras que les docentes de Educación Física representamos a las personas con las que mayor incomodidad sentirían les jóvenes al hablar a solas sobre temáticas LGBT.

En cierta medida, también evidencia una preocupación que no es solo mía. En 2024, el colectivo Genera de la Universidad Nacional de Luján publicó un libro en el que afirma que se sienten un colectivo “a contramano de la Educación Física sexista, discriminatoria, violenta, patriarcalizada, colonizada, exclusiva y excluyente” (p. 17), dando a entender que la norma en la educación física es esa. Y, como si se tratara de una bola de nieve que crece en su descenso, al escribir este párrafo, apareció el recuerdo de Pablo Scharagrodsky, quien investiga la construcción de las masculinidades desde hace más de veinticinco años en Argentina.

Aquí, me tomo la licencia de comentar que, cuando defendí mi tesina de licenciatura en 2007, acerca de las concepciones de género en las clases de educación física, Pablo ya era el principal referente en la temática, con trabajos emblemáticos como “Cuerpo, género y poder en la escuela: la construcción de las masculinidades en las clases de educación física” (2000), “Juntos pero no revueltos: la educación física mixta en clave de género” (2001) o “En la educación física queda mucho ‘género’ por cortar” (2002).

Retomando el tema, la tesis de Pepote Cavaller Pedrosa sirve de ejemplo de lo que percibía un joven gay sobre el perfil académico en los profesorados de Educación Física:

Recuerdo pensar que, al ser una carrera donde el ambiente predominante es de una masculinidad hegemónica (Conell, 1992). Me propuse relacionarme, única y exclusivamente, con chicos, para sentirme más integrado (quería pensar…). En la universidad, yo seguía autoconvenciéndome de que era heterosexual. (Cavaller Pedrosa, 2023, pp. 6-7)

Esto también nos ayuda a comprender que estas características no son exclusivas de Argentina, sino que tienen matices globales y se corresponden más con la carrera que con el país. Sin embargo, lo que observo en mis clases últimamente no puede abordarse solo desde estas generalidades. En los últimos quince años, continuaron publicándose numerosos estudios atravesados por las categorías de género, sexismo, feminismos, etcétera, en el área de educación física, pero percibo la emergencia de un nuevo fenómeno que complejiza la situación y que, tal como sucedió en la miniserie Adolescence, les adultes tardamos en comprender y en avizorar sus posibles consecuencias. Me refiero a las cibermasculinidades construidas desde la manosfera (o andrósfera), alentadas por los movimientos posmachistas a nivel global.

Nuevos contextos

Al realizar esta revisión bibliográfica, comprendí cuánto cambiaron algunos contextos en los últimos años. A pesar de estar conectado al mundo académico leyendo, escribiendo e investigando, me sorprendió descubrir que, en un abrir y cerrar de ojos, muchos movimientos que eran sumamente marginales pasaron a tener una fuerte presencia en nuestras vidas y fenómenos que creía visibilizados solo por su capacidad de entretener calaron profundamente en muchas personas, constituyéndose en ideologías.

Por ejemplo, la lectura del libro La masculinidad incomodada (2021) fue tristemente esclarecedora al ayudarme a comprender que estos espacios no se trataban solo de entretenimiento, sino de movimientos con fuerte pregnancia en el contexto occidental. En mi ingenuidad, asociaba al terraplanismo, les incels y les antivacunas con relatos de redes sociales construidos por creadores de contenidos que intentaban monetizar los videos de sus personajes; sin embargo, se trata de personas reales que predican estas ideas.

El movimiento de reacción de grupos de varones, mayormente heterosexuales, contra las mujeres y los feminismos está muy bien abordado en el texto de Michael Flood, “Backlash: los movimientos de los varones enojados” (2021). Allí, puede comprenderse que, a nivel global, comenzaron a agruparse varones, muchas veces separados y con hijes menores de edad, que se sentían violentados por el sistema judicial al tener que ceder parte de la tenencia parental y verse compelidos a sostenerles económicamente. Este movimiento, que a todas luces debería ser minoritario, sirvió de caldo de cultivo para otros movimientos en pos de los “derechos de los hombres”.

Estos espacios existieron durante años de manera marginal, hasta la masificación de las redes sociales, que comenzaron a dar lugar a discursos de odio antifeministas y antimujeres. Quizás, de manera simplista, podríamos decir que estos movimientos de reacción representaron una de las bases de la manosfera.

Según Muñoz-Saavedra y Bär Kwast (2025):

Este es el caso de la manosfera, donde sectores misóginos definen el “valor del hombre” en términos de riqueza, estatus y atractivo, generando estructuras excluyentes y rígidas que canalizan la frustración masculina ante la pérdida de privilegios históricos, y consolidan la figura del ya mencionado “hombre autosuficiente y hecho a sí mismo” como paradigma de éxito y deseabilidad. (pp. 7-8)

Si bien el término refiere a una idea general, es importante comprender su vinculación directa con plataformas y redes sociales, lo cual permite un alcance mundial de los relatos construidos y facilita su descontextualización.

Petrocelli (2021) define la andrósfera de la siguiente manera:

El término “Manosphere” (traducido al castellano como “Andrósfera”, algo así como “Esfera del Varón”) se usa habitualmente para definir y agrupar al conglomerado de blogs, sitios, páginas de Facebook, canales de YouTube, etcétera, cuyo contenido está dirigido casi exclusivamente a varones, en particular varones y jóvenes, tocando una amplísima variedad de temas, pero compartiendo una visión declaradamente antifeminista. (p. 199)

La descontextualización de los contenidos presentados por personajes de internet que incluso pueden monetizar —ganar dinero— con publicaciones radicalizadas y acríticas que apuntan a afectar la emocionalidad de les usuaries para generar comentarios y “me gusta” impulsó otro movimiento necesario para sostener esta estructura: lo que Lorente Acosta (2021) denomina “posmachismo”, una serie de relatos que intentan otorgar significados diferentes a la realidad a partir de generar confusión.

Lorente Acosta (2021) explica que:

Para lograr la confusión, el posmachismo recurre a la manipulación, a la desinformación, a la mentira, al ataque directo y el descrédito de las posiciones contrarias… todo basado en la posición de superioridad y fuerza que otorga el machismo a quienes hablan en su nombre, y jugando con la ventaja añadida de contar de su lado con las referencias de una cultura que entiende toda esa argumentación como una forma de defender su modelo. (p. 183)

Aquí, considero conveniente volver al trabajo de Judith Muñoz-Saavedra y Brenda Bär Kwast (2025), porque refieren que este entramado afecta de manera especial a las juventudes masculinas. Los datos que presentan son elocuentes:

Esta realidad es especialmente preocupante en el escenario actual, donde, según uno de los últimos estudios del CEO en Cataluña, se observa una mayor polarización de opiniones sobre cuestiones de género entre la población joven de entre 16 y 24 años, en comparación con franjas de edad superiores. Por ejemplo, el 54 % de los varones jóvenes entre 16 y 24 años cree que “el feminismo ha ido demasiado lejos”, mientras que solo lo piensa un 34 % de las mujeres del mismo grupo de edad. Asimismo, un 59 % de los varones jóvenes cree que “las denuncias de mujeres son falsas”, frente a un 28 % de mujeres. Se observa, por tanto, un crecimiento de ideas antifeministas entre la población masculina más joven. (p. 15)

De ahí que pareciera haber algo por investigar en les jóvenes y adolescentes que ingresan en los profesorados de educación física, porque son poblaciones a las que se apunta con estos dispositivos al tiempo que, en esta carrera, podrían estar encontrando un lugar “amigable” para estudiar sin grandes cuestionamientos al respecto, al menos desde cierto imaginario social.

Es interesante observar cómo estas autoras comprenden la conjunción del accionar de las plataformas, las cibermasculinidades, el neoliberalismo y los discursos reaccionarios misóginos:

Estas plataformas mercantilizan las identidades masculinas en crisis, ofreciendo una salida reactiva, frecuentemente antifeminista, a los malestares generados por la precarización de la vida. En este marco, las cibermasculinidades actúan como una tecnología de reproducción simbólica del sistema, al mismo tiempo que capturan la atención, la creatividad y el deseo juvenil en clave productiva. La manosfera, en este sentido, opera como una comunidad afectiva y un dispositivo de poder que ofrece certezas identitarias a sectores masculinos desorientados por las transformaciones sociales contemporáneas. Esta conjunción entre neoliberalismo, algoritmos de recomendación y emociones digitales crea condiciones propicias para la radicalización de discursos misóginos presentados como entretenimiento, autenticidad o sentido común. (p. 27)

Quisiera agregar un elemento que, si bien no podríamos asociar directamente a les jóvenes que ingresan a los profesorados de educación física, quizás funcione como parte de una ecología narrativa que naturaliza estos discursos en quienes se encuentran cercanes al mundo de la salud y el entrenamiento. Me refiero a les gymbros, una especie de influencers que toman posición por la eficiencia y la disciplina desde el entrenamiento en gimnasios. Marquez de la Orden (2025) señala que:

Quien no esté familiarizado con la retórica de la manosfera puede percibir a los gym bros como fanfarrones tendentes a la hipérbole, a los que nadie toma demasiado en serio. Sin embargo, no se debería menospreciar su influencia, ni el peligro que suponen sus discursos cargados de estereotipos de género. Pese a no ser abiertamente hostiles contra las mujeres, como otros grupos de la manosfera, el sexismo del que hacen alarde en sus publicaciones y su defensa a ultranza de los preceptos neoliberales del individualismo y la responsabilidad propia despolitizan los problemas estructurales y desarticulan cualquier intento de lucha colectiva, que es la principal herramienta del feminismo para construir una sociedad más igualitaria y justa. (p. 8)

Al avanzar en esta revisión bibliográfica, comenzaron a aparecer líneas y sublíneas pasibles de investigación ante cada nuevo concepto. La potencia que poseen les influencers es muy sutil, pero eficiente, por lo que pareciera importante pensarles desde la perspectiva de quienes formamos docentes.

Referencias más cercanas que nos ayudan a entender

Al percibir que el tema es tan actual —basta con observar las fechas de las publicaciones utilizadas como referencia en este trabajo—, me pareció necesario comprobar si estas cuestiones se están discutiendo en ámbitos académicos del campo de la educación física. En tal sentido, revisé el listado de ponencias del congreso de educación física más importante que se realiza en el país[4] para ver cuántas abordan estas cuestiones y, lamentablemente, no encontré ninguna que lo hiciera de manera suficientemente explícita.

Sin embargo, apareció un trabajo que me ayudó a comprender por qué este tema aún no emerge con suficiente fuerza en el campo académico de la educación física. Deluca y Ríos (2025) presentaron un trabajo que analiza la cantidad de autoras y autores entre la bibliografía obligatoria del profesorado y la licenciatura en Educación Física de la Universidad Nacional de La Plata. La bibliografía de autoras representa el 23,3 %, lo que puede incidir en que, en las cátedras, circule menos la palabra de las mujeres y sus perspectivas. Destaco otro dato sugerente: si bien la cantidad de egresades, de docentes ayudantes diplomades, jefes de trabajos prácticos y adjuntes es relativamente pareja entre varones y mujeres, la relación de docentes titulares es de 75 % de varones y 25 % de mujeres.

Esto me lleva a preguntarme: ¿cómo es la relación entre autores y autoras en los profesorados en los que trabajo?, ¿y la cantidad de docentes y directives? En el instituto en el que observé manifestaciones más explícitas de misoginia, racismo y homofobia, todos los cargos directivos están ocupados por varones y hay mayor cantidad de estudiantes y docentes varones. ¿Incidirá esto de alguna manera?

Es importante aclarar que estos datos no representan la totalidad del mundo académico en el área, porque existen valiosas excepciones vinculadas a algunos grupos de investigación o de extensión a lo largo del país. Considero muy valiosos, por ejemplo, los esfuerzos realizados en la Universidad Provincial de Córdoba, que sostiene espacios de resistencia que incluyen materias y seminarios en sus carreras de grado y posgrado, así como el grupo Genera de la Universidad Nacional de Luján que mencioné al comienzo de este texto. No obstante, se trata de espacios marginales en este campo.

Cuando analizamos con detenimiento observamos que, incluso en líneas de investigación que parecieran acercarse a posicionamientos queer o a la valoración de las diversidades, a menudo nos encontramos con lo contrario. En este sentido, me interesa destacar algunos trabajos a modo de ejemplo, para aclarar mi punto. El primero solo da cuenta del interés por la temática, pero con un abordaje que no parece adecuado para comprender la complejidad de la realidad actual. Maureira Cid et al. (2024) lo titularon: “Relación entre homofobia, transfobia, sexismo y conocimientos biológicos sobre la homosexualidad y transexualidad en estudiantes de 1.º año de Educación Física de Chile”. Se trata de un estudio en el que se aplicó una encuesta a estudiantes que solo podían responder algunas de las preguntas valorando entre 1 y 5, mientras que el resto se respondía marcando los casilleros “correcto”, “incorrecto” o “no sé”. Luego, esos formularios fueron analizados por un programa estadístico que indicó que:

Los resultados muestran bajos niveles de homofobia, transfobia y sexismo, con puntajes aún más bajos en las mujeres. Aquellos/as que tienen amigos/as o conocidos/as homosexuales, bisexuales y transexuales presentan menos niveles de homofobia, transfobia y sexismo. (Maureira Cid et al., 2024, p. 559)

Este tipo de trabajos no aporta demasiado en general porque no se cuestionan nada. De hecho, la muestra estaba integrada mayormente por hombres cishetero y les encuestades no tenían posibilidad de expresar su pensamiento, en formularios construidos con protocolos de otros tiempos y lugares que hoy podríamos tensionar profundamente desde una perspectiva ética.

Hay otro trabajo que me afectó aún más: la investigación realizada por Mujica Johnson y Guerrero Lacoste (2025), titulada “Currículum vivido, emociones y homosexualidad masculina en la formación docente de Educación Física en Chile”. Se trata de un trabajo que, amparado en una supuesta cientificidad tecnicista, analiza a “les rares” que no encajan con la normalidad, como si se estudiara a una rata de laboratorio infectada con un virus. De hecho, plantean el procedimiento de selección del participante de la siguiente manera:

La selección del participante se llevó a cabo por medio de un procedimiento aprobado por el comité de ética que evaluó y aprobó el estudio. Este procedimiento consiste en que el equipo investigador contacta a la dirección de la carrera de Pedagogía en EF y se le solicita autorización para realizar el estudio. Entre las condiciones de autorización se encuentra la colaboración en la selección de un/a estudiante de la carrera que cumpla los siguientes criterios: a) ser parte de la diversidad sexo-genérica; y b) haber cursado un semestre. Una vez la dirección identifica a un/a estudiante que cumple los requisitos, le consulta si desea ser contactada/o por el equipo investigador para ser invitada/o al estudio. (Mujica Johnson y Guerrero Lacoste, 2025, p. 5)

Es decir, solicitan a la dirección de la carrera que “seleccione un gay” para poder utilizarlo con el fin de extraer información “útil”. Luego, aclaran:

Los investigadores no tenían relación personal previa con el participante y tampoco posterior al estudio. El posicionamiento de los investigadores frente al tema de la diversidad sexo-genérica es acorde al reconocimiento de los derechos humanos y políticos de aquella colectividad. Cabe destacar que los investigadores no forman parte de aquella colectividad y para prevenir sesgos interpretativos se consideraron únicamente códigos que tuviesen un respaldo empírico en las unidades de análisis del relato del estudiantado. (Mujica Johnson y Guerrero Lacoste, 2025, p. 7)

Aclaran que no son homosexuales y que, una vez realizadas las entrevistas, no volverán a hablar con el estudiante de “aquella colectividad”.

Como dato curioso, consideran relevante señalar que el estudiante “tiene un historial deportivo asociado a un deporte colaborativo sin oposición” (Mujica Johnson y Guerrero Lacoste, 2025, p. 6), lo que permite inferir un posible vínculo entre la homosexualidad y la práctica de ciertos deportes. No profundizan en esa relación, pero el modo en que lo mencionan refuerza la idea de que deportes como el fútbol, el rugby o el boxeo son masculinos, mientras que el vóley o la gimnasia deportiva serían femeninos.

Estos dos trabajos me resultaron relevantes para comprender que, si bien existe un cierto interés en la temática, el campo de la educación física mantiene un posicionamiento fuertemente machista, lo que dificulta algunos abordajes y probablemente sea una de las razones por las que no he encontrado nada específico sobre el creciente antifeminismo, misoginia y homofobia en les ingresantes de los profesorados de educación física.

Otro elemento para tener en cuenta es el contexto político y mediático, que favorece esta desconexión con la sensibilización, los feminismos y la construcción colectiva. Marquez de la Orden (2025) señala que:

La manosfera se ha convertido en los últimos años en un tema de investigación emergente dentro del ámbito académico español. Un ecosistema complejo generado en el entorno virtual pero interconectado con otros fenómenos del mundo offline, como el ascenso de la ultraderecha o la creciente polarización social. (p. 7)

El autor vincula estos dispositivos con el ascenso de la ultraderecha en Occidente, algo que también aparece mencionado, de manera más o menos explícita, en la mayoría de los textos consultados sobre esta temática. Esta situación expande las posibilidades de análisis hacia espacios que nos superan como educadores y, al mismo tiempo, nos condicionan.

La investigación realizada por Bonavitta, Norval y Fioretti (2025) en la Universidad Provincial de Córdoba reafirma esta presunción al afirmar que:

En los talleres surgieron reiteradamente expresiones como: “Ahora todo es violencia”; “La institución nos violenta cuando no respeta el género autopercibido”; “Se reproducen estereotipos de género todo el tiempo en las carreras”; “Los profes violentos siguen estando por todos lados presentes”. Estas expresiones nos invitan a indagar en los significados que circulan en torno a las violencias que siguen sucediendo en el marco universitario, a pesar de los esfuerzos que se vienen haciendo desde los feminismos académicos por erradicarlas. Esto empeora aún más en un contexto de avance de las derechas neoliberales, fuertemente antifeministas y antiderechos, que han desarmado y vaciado los espacios institucionales y las políticas públicas con perspectiva de género. (p. 5)

En ese mismo trabajo, advierten que “cuando son las instituciones las que no operan transformando y continúan reproduciendo, entonces la sensibilidad disminuye y la empatía escasea” (Bonavitta et al., 2025, p. 8). Desde la irrelevante singularidad de mi experiencia laboral en formación docente, concuerdo con estas observaciones y percibo que es cada vez más recurrente que las instituciones en las que trabajo naturalicen el creciente tecnicismo que las habita, a partir de una mayor rigurosidad en informes y exámenes que limita la libertad de cátedra en función de responder a exigencias de autoridades superiores que demandan resultados y eficiencia.

Cerrando provisoriamente

El sentido de este texto es dar cuenta de una problemática emergente en la formación docente, que, en el profesorado de educación física, parece hacerse especialmente visible. Quizás esta área represente solo la punta de lanza de relatos individualistas, misóginos y homofóbicos en otras carreras docentes.

La revisión bibliográfica realizada es una selección quirúrgica de publicaciones actuales que me parecieron lo suficientemente potentes como para ayudarnos a pensar cuestiones que, para muches colegas, pasan desapercibidas. Hay muchos trabajos más que abordan diferentes aspectos de lo aquí mencionado; sin embargo, lo que me llevó a escribir este ensayo surge de pequeños gestos observados en les ingresantes a esta carrera. Especialmente en varones de 17 o 18 años que, al contar con condiciones propicias —como habitar un curso mayoritariamente masculino, con mayoría de docentes varones, no necesariamente familiarizados con las temáticas aquí abordadas, que citan como autoridades académicas a otros varones y que cuentan con pocos vínculos profundos con mujeres y personas cercanas a las diversidades—, encuentran un terreno fértil. A esto habría que sumar un contexto de discursos de odio de la ultraderecha, radicalizados, misóginos y antifeministas, con fuerte pregnancia en la andrósfera.

Ante este escenario, me parece importante plantear el tema en la formación docente en general y en esta carrera en particular, con el fin de abrir el debate. Entiendo que los movimientos feministas y queer en la educación física continúan siendo marginales; sin embargo, es nuestro deber como docentes e investigadores sostener la discusión y continuar disputando sentidos en los ámbitos de la formación docente.

Si bien este texto fue pensado principalmente desde las experiencias que proveen los profesorados en educación física, considero que se trata de un tema relevante para los demás profesorados. Tanto los institutos de formación docente como las universidades se están constituyendo en espacios cada vez más exclusivos para pensar críticamente estos temas. Y digo cada vez más exclusivos porque los mismos dispositivos que actúan en la andrósfera también desalientan el pensamiento científico y la discusión sin descalificación.

A manera de cierre provisorio, parece relevante poner el foco en que este fenómeno conservador y antifeminista está sucediendo en estos momentos y todavía no podemos asignarle una forma específica porque se encuentra aún deviniendo, sin embargo, debemos estar alertas, informarnos y prestar atención a lo que sucede en nuestras aulas para, por lo menos no minimizar estos movimientos que tanto daño pueden generar a futuro.

Sin título XVI, grabado, aguafuerte, aguatinta. Cristina Prado

Referencias bibliográficas

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Bonavitta, P., Norval, V. y Fioretti, L. (2025). “Ahora todo es violencia”: percepciones de docentes sobre las violencias de género en educación superior. Páginas De Educación18(1), e4276. https://doi.org/10.22235/pe.v18i1.4276.  

Cavaller Pedrosa, P. (2023), Homofobia en el aula: el Profesor de Educación Física gay, una autoetnografía una autoetnografía [Tesis de maestría]. Máster Universitario en Formación del Profesorado de Secundaria, Bachillerato, ciclos, escuelas de idiomas y enseñanzas deportivas. Universidad Europea de Valencia.

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Notas

[1] He decidido escribir en lenguaje inclusivo utilizando la letra “e”, por considerarlo pertinente para la temática abordada. Al mismo tiempo, procuré, a lo largo del texto, elegir formulaciones que dificulten lo menos posible la lectura y favorezcan su fluidez.

[2] La costumbre de escribir indistintamente la palabra queer/cuir/kuir la tomé de Ramallo y Gómez (2019), quienes alternaban la escritura en una forma de huir de la estandarización y el encorsetamiento del lenguaje.

[3] Se trata de un estudio acerca del clima escolar en jóvenes y adolescentes LGBT que se realizó en la Argentina en el 2016, pero que fue replicado en muchos países con resultados similares. En este estudio en particular, participaron tres instituciones: CTERA, Facebook y 100% Diversidad y Derechos.

[4] 16º Congreso Argentino, 11º Latinoamericano y 3º Internacional de Educación Física y Ciencias, organizado por el Departamento de Educación Física de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FaHCE) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), que se realizó entre el 20 al 24 de octubre del 2025.