Guillermo Aprile, “Epítome de la historia de Alejandro Magno. Introducción, traducción y notas”. Circe, de clásicos y modernos 30/1 (enero-junio 2026).

DOI: http://dx.doi.org/10.19137/circe-2026-300102 


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ARTÍCULOS

Epítome de la historia de Alejandro Magno. Introducción, traducción y notas

Epitome of the Deeds of Alexander the Great. Introduction, Translation and Notes

Guillermo Aprile        

[Universidad de Sevilla]

[gaprile@us.es]

ORCID: 0000-0002-2431-2856

Recibido: 12-05-2026 | Evaluado: 24-05-2026 | Aceptado: 28-05-2026

Resumen: Este artículo presenta la primera traducción al castellano del Epitoma rerum gestarum Alexandri Magni, (también conocido como “Epítome de Metz”), un texto histórico latino de autor anónimo escrito en época tardoantigua que narra los acontecimientos de la campaña asiática de Alejandro Magno entre los años 330 y 325 a.C. El texto se acompaña de una breve introducción y de notas textuales, literarias, históricas y geográficas.

Palabras clave: Alejandro Magno; Epítome de Metz; historiografía latina; historiografía tardoantigua.

Abstract: This paper offers the first Spanish translation of the Epitoma rerum gestarum Alexandri Magni (also known as “Metz Epitome”), an anonymous Latin historical account written in Late Antiquity. It covers the events of Alexander the Great’s Asian campaign between 330 and 325 BC. The text is accompanied by an introduction, as well as textual, literary, historical, and geographical notes.

Keywords: Alexander the Great, Metz Epitome, Latin Historiography, Late Antique Historiography.

Introducción

El Epitoma rerum gestarum Alexandri Magni es un compendio histórico de autor anónimo, escrito en latín en época tardoantigua, que narra brevemente los principales acontecimientos de la campaña asiática de Alejandro Magno desde la muerte del rey persa Darío III en 330 a.C. hasta la navegación del río Indo y la llegada al Océano en 325 a.C. La obra se conservó en un único manuscrito, el codex Mettensis 500 (sigla D) producido alrededor del s. X, que contenía una miscelánea de textos latinos, entre ellas otras dos obras breves centradas en el conquistador macedonio. El manuscrito estaba depositado –hasta su destrucción en un incendio en 1944 (Thomas, 1966: v)– en la Biblioteca Municipal de Metz, en Francia. Por este motivo se lo conoce también como “Epítome de Metz”. D presentaba muchas dificultades de lectura, pues había sido confeccionado reuniendo folios provenientes de tres manuscritos diferentes, cosidos en forma desordenada. La editio princeps fue realizada recién en 1886 por D. Volkmann, en un volumen que tuvo muy pocas impresiones y una circulación muy limitada. A comienzos del siglo XX, Wagner (1900) realizó su propia edición del Epitoma sin haber visto la de Volkmann, aunque sabiendo de su existencia; fue en ese momento que la obra fue virtualmente descubierta por los estudiosos. Wagner dividió el texto en 123 párrafos y consideraba que se trataba del segundo libro de una obra unitaria sobre Alejandro Magno, que contenía además una extensa laguna entre § 86-87. Algunas décadas más tarde, el detallado análisis textual de Pfister (1946) permitió establecer que el texto editado por Wagner reunía en verdad dos obras muy diferentes entre sí, tanto por su composición como por su transmisión. Por una parte, el Epitoma propiamente dicho (§§ 1-86), que sigue una tradición común a la de historiadores como Diodoro de Sicilia, Justino o Curcio Rufo; por otra, el texto contenido en §§ 87-123, que narra la muerte de Alejandro por envenenamiento y el testamento que habría redactado, que pasó a ser conocido como Liber de morte testamentoque Alexandri Magni. Esta última obra sería la traducción latina de un original griego del siglo IV a.C., escrito como propaganda en el marco de las Guerras de los Sucesores0F[1]. La edición de Thomas (1966) consolidó la división del texto en dos obras autónomas, aunque mantuvo el orden y la numeración de párrafos establecida por Wagner.

El detallado análisis de la lengua y la prosodia del Epitoma realizado por Cracco Ruggini (1961: 316-349) permite establecer su fecha de composición entre la segunda mitad del siglo IV y el comienzo del siglo V d.C. Según Romano (1979: 101-103), una historia de Alejandro centrada en los acontecimientos posteriores a la muerte de Darío, que incluye una gran cantidad de informaciones geográficas y que excluye casi por completo elementos teratológicos e irreales solo podría tener sentido si era contemporánea a una expedición romana contra Persia. Por lo tanto, el Epitoma debió haber sido escrito poco antes o durante una campaña persa de un emperador romano, que el estudioso identifica –a partir de afinidades culturales y religiosas– con la emprendida por Juliano en 363 d.C. Este argumento, sin embargo, presenta algunas limitaciones: quizá la principal sea que el espacio geográfico del Epitoma está centrado en Asia Central y la India, en tanto que el teatro de operaciones de la campaña persa de Juliano (y de otras emprendidas por emperadores romanos) estaba en la zona de la Mesopotamia. Cracco Ruggini (1965: 4-8) sitúa la composición del Epitoma en el marco de un resurgimiento del interés por la figura de Alejandro Magno en la literatura latina que tiene lugar a comienzos del siglo IV d.C. El Epitoma habría sido compuesto en un ámbito cultural en el que pervivía la enseñanza de la lengua y la literatura clásicas y donde no se había manifestado aun la influencia del latín cristiano. El uso de arcaísmos literarios era habitual en los círculos cultos latinos de la Antigüedad Tardía y el Epitoma ofrece varios ejemplos de esta tendencia (véase n. 18, 26, 27) En este ambiente, el interés por las hazañas de Alejandro tenía motivaciones anticuarias y culturales, diferenciándose así del gusto popular y su preferencia por los relatos épicos y teratológicos. Cracco Ruggini (1965: 7) considera que tanto el Epitoma como el Liber de morte fueron compuestos en este mismo entorno cultural. Bayham (1995: 73-75) cree que ambas obras fueron escritas por una misma persona, señalando la presencia de varios paralelos textuales entre ellas.

El Epitoma forma parte de la denominada “Vulgata” de Alejandro. Con este nombre se conoce a una estructura narrativa común presente en un corpus de historiadores compuesto por Diodoro, Curcio Rufo, Justino, el Epitoma y, en menor medida, Plutarco. Se considera que todos estos historiadores basaron sus relatos principalmente –aunque no exclusivamente–en una fuente común, que presentaba una historia alternativa a los historiadores “de la corte” (como Aristóbulo o Ptolomeo) que fueron usados principalmente por Arriano (Baynham 1995: 63-64). La fuente común de la “Vulgata” suele identificarse con Clitarco. Muchos estudiosos consideran que el epitomador utilizó como fuente directa las Historiae de Curcio Rufo, una obra con la que presenta numerosos paralelos (Pfister 1946: 28; Romano 1979: 98-99). Sin embargo, la evidencia parece sugerir que estas similitudes se deben al empleo de fuentes comunes (Merkelbach 1977: 161 n.2). Algunos pasajes del Epitoma se remontan a fuentes ajenas a la tradición de la “Vulgata” y más próximas a los elementos novelísticos de la tradición del Romance de Alejandro: los más destacados son la carta de Poro (§§ 56-57), la carta de los filósofos indos (§§ 71-74) y el diálogo de Alejandro con estos últimos (§§ 78-85). Loube (1995: viii-xv) considera además que el epitomador conocía la tradición judía dedicada a Alejandro, en especial las versiones escritas en hebreo del Romance.

El Epitoma tiene un valor indudable como fuente histórica. No sólo permite establecer referencias con otras historias, sino que en algunos episodios además complementa la información que ofrecen los demás historiadores. Quizá el mejor ejemplo sea el relato del asedio de Mazaga (§§ 39-45), que en cierta medida es el más completo de toda la “Vulgata” (Baynham 1995: 66-70). Algunos datos solo se encuentran en esta obra, como las bodas colectivas en Sogdiana (§ 31) o la muerte del hijo de Alejandro y Roxana (§ 70). El Epitoma presenta una visión de Alejandro casi completamente positiva, que se aleja de la imagen más matizada de los historiadores de la “Vulgata”. Se omiten las referencias —frecuentes en otros autores— a su luxuria o a sus defectos como la ira o los excesos con el alcohol (cf. Curt. 10. 5. 34 iracundiam et cupidinem vini sicuti iuventa irritaverat). El epitomador no podía desconocer episodios como la conjura de Filotas, el asesinato de Clito, la llamada “conjura de los pajes” o la muerte de Clitarco; sin embargo, elige no hace referencia a ellos en la obra, así como tampoco menciona las rebeliones del ejército. El motivo narrativo del póthos de Alejandro (véase n. 25) también está prácticamente ausente de la obra.

Como señalaba Baynham (1995: 60 n.1), el texto corrupto del Epitoma desanimó por mucho tiempo a los traductores, haciendo que sea inaccesible para los estudiosos de historia antigua que desconocen el latín.  Existen dos traducciones relativamente recientes en lenguas modernas. La inglesa de Heckel y Yardley (2004) no está completa y fue segmentada para ajustarse a la estructura de la obra en la que se encuentra, una recopilación —ordenada temáticamente— de fuentes literarias sobre Alejandro Magno. Esto la vuelve de difícil lectura y poco práctica. La traducción francesa de Callu (2010) mantiene el texto íntegro, pero su publicación como anexo de una edición de las Res Gestae Alexandri Magni de Julio Valerio no ha contribuido a su difusión. La muy cuidada traducción francesa de Brenez (2003), que forma parte de su tesis doctoral sobre el corpus de textos latinos del s. IV d.C. sobre Alejandro Magno, permanece inédita, aunque puede consultarse vía web. También permanece inédito el excelente comentario histórico del Epitoma realizado como tesis de maestría por Loube (1995), que funciona como una detallada guía de lectura del texto.

Para elaborar nuestra traducción, la primera en lengua castellana, se utilizó el texto latino de la edición de Thomas (1966) en la Bibliotheca Teubneriana. En algunas ocasiones hemos preferido las lecturas y conjeturas de otros editores; en estos casos, la correspondiente indicación se encuentra en las notas. Hemos confrontado en detalle nuestra traducción con las de Brenez y Callu, aunque en ocasiones también nos hemos apartado de ellas. Los nombres de los dioses, que en el original latino aparecen con su nomenclatura romana, fueron traducidos en su forma griega para una mayor coherencia cultural (Liber Pater por “Dioniso”, Iuppiter por “Zeus”, Hercules por “Heracles”, etc.) El texto castellano refleja algunas particularidades estilísticas del original, como la repetición de ciertas estructuras sintácticas (por ejemplo, las subordinadas temporales de ubi usadas casi con el valor de cum histórico) o los cambios abruptos entre discurso directo e indirecto (por ejemplo, en § 30 o en §§ 79-82). El autor del Epitoma demuestra un notable desconocimiento de la geografía de Asia, que lo lleva a cometer numerosos errores. Los topónimos y antropónimos se intentan explicar en las notas, pero a causa de los errores del autor y de las conjeturas textuales no debe esperarse una coherencia absoluta en la información geográfica. En las notas biográficas, la información siempre remite a la entrada correspondiente en Heckel (2006). Las dificultades textuales de la obra se han mantenido, señalándolas con los signos diacríticos habituales en la crítica textual. Las lagunas se indican con <...>, las palabras añadidas por editores se indican entre < >, mientras que las palabras de difícil interpretación o corruptas se señalan entre † †.

Libro único del Epítome de la historia de Alejandro Magno de Macedonia1F[2]

Alejandro adopta costumbres persas (§§ 1-2)

[1] Alejandro Magno, rey de Macedonia2F[3], creyendo que había sometido a su dominio toda Asia, †lo que no se hubiera atrevido a presumir estando vivo Darío†3F[4], en seguida reveló sus intenciones. [2] Designó a muchos guardaespaldas, entre ellos también a Oxiatres, hermano de Darío <…> <Se> adornó a sí mismo con la diadema, la túnica de púrpura con una franja blanca4F[5], el caduceo, <y> el ceñidor persa y todos los demás ornamentos reales que había poseído Darío. También ordenó a los caballeros de escolta que tenía consigo que imitaran su atuendo persa5F[6].

Persecución y captura de Beso (§§ 3-6)

[3] Después Alejandro se enteró de que Beso6F[7] se había arrogado el traje real. Ordenó que los agrianos7F[8] e hipaspistas8F[9] se armen y, sorprendido por la insolencia de Beso, se propuso conducir al ejército contra él a través de las montañas, por donde creía que el camino era más corto. Llegó al país de los arios, donde se encontraba Ariobazanes, que había asesinado a Darío junto con Beso9F[10]. <Este> tuvo mucho miedo de la llegada de Alejandro y huyó hacia la India. [4] Después Alejandro condujo el ejército hasta el país de los evergetas, que antiguamente eran llamados arimaspos10F[11]. Allí, en la ruta hacia la India, fundó una ciudad y le puso el nombre de Alejandría. Luego llegó a la ciudad de los parapamisadas11F[12] que está situada en †el territorio de los medos†12F[13]. [5] Como se enteró de que Alejandro estaba cerca, Espitamenes13F[14], que era muy cercano a Beso, se reunió con Datafernes, con Catanes y con los demás cercanos a Darío, manifestándoles que había llegado el momento de vengar a Darío e insinuar una alianza con Alejandro y los exhortó a apresar a Beso para entregarlo a Alejandro cuanto antes. Convenció a estos rápidamente y con facilidad, pues echaban de menos a Darío y cada día Beso se les hacía más hostil. [6] Entonces Espitamenes, puesto que era amigo íntimo de Beso, apartó con facilidad a los guardias de su tienda. Después estos en su conjunto entraron allí, encadenaron a Beso y le quitaron los ornamentos reales y así salieron hacia donde se encontraba Alejandro. Cuando este los vio llegar de improviso, trayendo a Beso encadenado, sintió una alegría tan grande por este hecho que envió de regreso a quienes lo trajeron colmados de elogios y de regalos.

Llegada a Maracanda. Cruce del Tanais (§§ 7-12)

[7] Después comenzó la marcha <hacia> el río Tanais14F[15] y después de cuatro días llegó a Maracanda15F[16], que se encuentra a una distancia del río Tanais de <…> días de camino. Esta es una ciudad bellísima y muy bien protegida a causa de la gran cantidad de ríos que fluyen a su alrededor; un muro continuo de setenta estadios16F[17] la contiene en su circunferencia. [8] Tras dejar una guarnición allí prosiguió hacia el Tanais, que era su objetivo. Mientras tanto, el jefe de los escitas envió a su hermano Cartasis con una gran cantidad de tropas17F[18] para que prohibiera a Alejandro atravesar el río. [9] Poco después se anuncia a Alejandro que Espitamenes y Catanes habían abandonado la alianza y habían expulsado a los soldados griegos que quedaron en la ciudadela real como guarnición, a muchos de los cuales habían matado. Los restantes se habían refugiado, en formación de cuña, en un sitio fortificado en la prefectura de Bactria18F[19] y Espitamenes los estaba asediando. Cuando Alejandro se enteró de esto se lo tomó muy mal, al contrario de lo que era su costumbre, y pasó la noche en vela pensando en estas ofensas. [10] Así pues, le pareció más útil seguir adelante el camino que había comenzado19F[20] y al día siguiente ordenó disponer balsas en el río. Los macedonios, que obedecían a su rey con empeño, hicieron esto en poco tiempo, pues atracaron dos mil balsas a lo largo de la orilla del río elegida. Después mandó al ejército subir a las balsas y, tras dar la señal, ordenó que todas soltaran amarras. [11] De esta manera, conducidos hacia lo alto del río en una multitud de balsas, parecía no que cruzaban un río sino que marchaban en orden de batalla por el campo raso. Los bárbaros, en cambio, decididos en su propósito de no dejarles descender a tierra firme, aguardaban en la orilla con sus armas tendidas. Cuando se aseguraron haber atravesado la mitad del río, los macedonios, tras recibir una señal, dieron un grito; los ánimos de los soldados eran azuzados al mismo tiempo por el estrépito de los remos y de las señales sonoras y por las arengas de los remeros. [12] Por su parte los bárbaros, tras escuchar el grito, comenzaron a acribillar a los macedonios con flechas y otros dardos. Malhirieron a varios y mataron a muchos que no podían evitar de ninguna manera los proyectiles debido a la estrechez del terreno. Después, al mismo tiempo que las balsas llegaban a la orilla, Alejandro ordenó hacer irrupción a los escuadrones de caballería y a las falanges de infantería que los siguieran. Y así, en poco tiempo, después de que los primeros lanzaran su ataque con ánimo constante, todos los bárbaros se dieron a la fuga. Los macedonios los persiguieron durante toda la noche hasta llegar, se dice20F[21], a la columna de Dionisio21F[22]. De allí regresaron hacia el río Tanais y el campamento.

Masacre de los griegos. Ejecución de Beso (§§ 13-14)

[13] Luego, tres días después, se propuso marchar rápidamente hacia Maracanda, para tomar por sorpresa a Espitamenes. Cuando este escuchó que Alejandro volvía sobre sus pasos, dejó de asediar a los griegos. Aquel, por su parte, llegó cuatro días después de su partida a Maracanda, donde había sucedido una gran matanza de griegos. Ordenó sepultar a los muertos y que se hiciera una tumba al gobernador Menedemo. [14] Después condujo al ejército a través del territorio sogdiano. Desde allí llegó finalmente a Bactria y ordenó que Beso fuese llevado allí y colgado y muerto a pedradas, siguiendo la costumbre persa22F[23]. Luego, después de once días arribó al río Oco, lo atravesó y de allí llegó al río Oxo23F[24].

La fortaleza de Ariomaces (§§ 15-18)

[15] Una muchedumbre proveniente de estas regiones, movida por el temor, se había refugiado en una montaña24F[25] escarpada y elevada, cuya altitud tenía por sí misma un aspecto horrible; pues desde la base hasta la cima <se elevaba> no menos de veinte estadios. Solo se podía acceder a ella por un único sitio, a través de una gruta, pues las demás partes eran escarpadas, con rocas que caían al precipicio. [16] Cuando Alejandro comprendió que no iba a poder tomar por asalto este lugar, eligió a los trescientos hombres que, de todo el ejército, consideraba los más valientes25F[26], y los condujo detrás de la montaña, <em>pujados por la promesa de una gran recompensa. Les indicó que clavaran en la roca clavos de hierro <con> aristas, que hicieran pasar cuerdas entre ellos y que así, trepando de a partes, ayudándose <los unos a> los otros, se deslizaran hasta lo alto de la cumbre de la montaña; emprenderían el ascenso de noche y, cuando se hiciera de día, les enviaría señales con telas blancas. [17] Estos hicieron lo ordenado más rápido de lo que había creído Alejandro. Aunque muchos murieron al caer al vacío, los restantes completaron el ascenso. Cuando se hizo de día, Alejandro envió a Dares, uno de los suyos, a encontrarse con Ariomaces, el comandante de los enemigos, para convencerlo de que se rindiera. Si no lo conseguía, le ordenó a Dares que enviara una señal a quienes estaban en la cima. [18] Cuando Ariomaces los vio, se sorprendió, como si Alejandro tuviera en su ejército hombres voladores26F[27]. Deliberando sobre qué debía hacerse en esa situación, la multitud de personas que estaban allí mató a Ariomaces. Después, ellos mismos se rindieron. Alejandro, una vez muerto Ariomaces, perdonó a los demás.

Cuarteles de invierno. Muerte de Espitamenes (§§ 19-23)

[19] Luego, algunos pocos días más tarde, envió adelante a una parte del ejército a Nautaces, en Bactria, en cuarteles de invierno. Él mismo, con los demás, se marchó a Jeinipta27F[28] por ese mismo motivo. Allí hizo una alianza con Sisimetres, quien, según la costumbre bárbara, había engendrado dos hijos y tres hijas con su madre.

[20] Después, terminado el invierno, condujo al ejército al país de los dahas28F[29]. †Espitamenes† no había podido escapar †de ese sitio† por este motivo: tenía allí a su esposa, una bactriana de extraordinaria belleza a la que estimaba muchísimo. La llevaba consigo en todas su marchas y en todas sus fatigas. Habiéndose enterado esta de la llegada de Alejandro, se negó a salir de la fortaleza; después comenzó a rogar a su marido con muchas súplicas que se entregara a la protección de Alejandro, pero él no quiso. Cuando supo que no podría convencerlo, lo llevó a un banquete para que bebiera †varias copas†29F[30] y una vez cansado, lo entregó al sueño. Pero cuando sintió que había silencio, se levantó de su diván30F[31] y retiró la almohada que estaba bajo la cabeza de su marido. Extendida de esta manera su garganta le cortó la cabeza con una espada y así, en compañía de un joven esclavo, tras atravesar la puerta, llegó al campamento de Alejandro. [22] Los guardias la llevaron ante el rey por la elegancia de su ornato y por la magnificencia de su belleza, aun cuando estaba ensangrentada. Cuando Alejandro la vio aparecer de repente31F[32], admirado, le preguntó quién era y a qué había venido, entonces ella sacó la cabeza de su marido. [23] Entonces el rey exclamó: “¡Oh muy impío Espitamenes, finalmente fuiste castigado por tus crímenes!”. Luego tomó la mano de la mujer y le dio las gracias32F[33]. Pero no le concedió ningún honor, para que no se creyera que lo había hecho por deseo de su belleza. Cuando los dahas se enteraron de este hecho, apresaron a Cátanes y a Datafernes y los condujeron ante Alejandro. Por este motivo, él no quiso conducir al ejército hacia la ciudad.

Fuerte tormenta de nieve (§§ 24-27)

[24] Después Alejandro se retiró de ese sitio. Estando en el tercer día de camino, súbitamente la oscuridad tapó el cielo y una enorme cantidad de nieve cubrió la tierra. En seguida la fuerza de los vientos se levantó por todas partes con enormes torbellinos, acompañados de estrépitos en el cielo y muchísimos relámpagos, que parecían trastornarlo y alterarlo todo [25] Como a causa del frío toda humedad de la tierra se condensara y congelara33F[34], tanto que las tiendas y las vestimentas de los soldados se endurecieron hasta ponerse rígidas, los macedonios soportaron con paciencia durante algún tiempo esta tarea. Pero cuando el frío empieza a crecer y la fuerza de las tormentas no se detiene, <tanto que ni siquiera podían tener las armas en sus manos, porque eran dispersadas por el viento,> cada uno como podía se refugiaba desordenadamente en granjas y aldeas. [26] Parte de ellos se dirigían hacia los árboles, varios se refugiaban bajo desfiladeros o salientes rocosas. Otros, al intentar descender de sus caballos, no eran capaces a causa del entumecimiento y no podían moverse de su propia huella. Si alguno se había echado en ese momento, al intentar levantarse estaba adherido a la tierra por su vestimenta endurecida, que ni siquiera podía ayudarse ni a sí mismo ni a los otros. [27] Por la violencia de esta tormenta, cerca de treinta mil hombres y cuatro mil animales de carga tuvieron una muerte miserable, por agotamiento; además muchos regresaban al campamento porque habían sido debilitados por el entumecimiento34F[35] de su cuerpo o por alguna otra parte de sus miembros.

Matrimonio con Roxana (§§ 28-31)

[28] Después, Alejandro se propuso continuar el camino iniciado hacia Gazabes. Encontrándose en marcha, salió a su encuentro un sátrapa llamado Corienes. Hizo una alianza con él. Habiendo este recibido a Alejandro como huésped en su casa, presentó a sus hijas vírgenes junto con las otras hijas vírgenes de sus amigos en un banquete para que bailaran. [29] Entre estas estaba la hija de Oxiartes, Roxana, la más bella en opinión de todos35F[36], que cautivó a Alejandro con su aspecto y despertó en él la pasión. Entonces preguntó quién era ella y de quién era hija. <Descubrió> que era hija de Oxiartes, aquel que estaba cenando allí mismo. Tomó una copa y después de invocar a los dioses comenzó a pronunciar estas palabras: [30] que muchas cosas suelen acaecer a quienes <no> esperan mucho; que muchos reyen han engen<drado hijos> de cautivas; <que muchos> han enviado a sus hijas a naciones extranjeras para casarse y, de esta forma, tras realizar esta comunidad de intereses, reforzaron sus alianzas. “Por este motivo” –dijo–  “ni los macedonios os aventajan a vosotros en linaje ni yo a vosotros, si viniéseis, vencidos, en alianza, os consideraría indignos de establecer parentesco. Cuando yo <haya hecho> esto, me ocuparé de que también los demás macedonios hagan lo mismo”. [31] Con estas palabras animaba a sus amigos; y cada uno, en el banquete, tomó para sí una muchacha a la que se unió en matrimonio36F[37]. Este acontecimiento alegró en gran manera Oxiartes y a los demás bárbaros.

Llegada a la India (§§ 32-35)

[32] Una vez hechas estas cosas, Alejandro partió hacia el territorio †bactriano†37F[38]. Dejó atrás †Bactria†38F[39] y cruzó el río †Oxo†39F[40]. Después, hizo atravesar al ejército treinta estadios a través de sitios desiertos, para marchar en dirección a la India. Llegó a †Drapsaca†40F[41]. Allí, el rey †Arines†41F[42] vino a su encuentro acompañado de sus hijos y de una gran cantidad de provisiones, que distribuyó entre el ejército, y para el propio Alejandro llevó una gran cantidad de vestimentas bárbaras y también tres mil caballos y cincuenta mil talentos de plata. [33] Habiéndole preguntado Alejandro qué quería, el indio respondió: “Tu alianza, oh gran rey”. Respondió Alejandro: “Vuestro padre al morir <os> dejó estas riquezas y yo <os> las devuelvo. De los caballos me serviré en la guerra. Vos os habréis de acordar de nosotros: ese será vuestro deber”. [34] Desde allí continuó †hacia el río Cofen†42F[43], que dista nueve días de camino del Indo. Entonces estos que habitaban al otro lado del río, cuando se enteraron que Alejandro llegaba, se alegraron en gran manera. Evocaban la llegada del primer hijo de Zeus <Dioniso>, del segundo Heracles y del tercero, Alejandro. El rey, alegre por esto, cruzó el río y, tras tomar unos guías, llegó hasta el río Indo. [35] Allí ordenó construir barcos y transportó al ejército. Él en persona iba adelante con la caballería y la infantería ligera a lo largo del río; ordenó a Crátero43F[44] que lo siguiera con el resto de las tropas. Después, al aproximarse a Silices, la primera ciudad fortificada de la India44F[45], salieron de la fortaleza soldados armados. Puso en fuga a estos y los hizo volver dentro de las puertas. Después persiguió a su ejército. Tomó por asalto la ciudad y mató a todos los hombres adultos, para inspirar temor. De allí continuó hasta llegar a una ciudad rodeada por una muralla. Allí, tras recibir rehenes, colocó una guarnición.

Nisa. El monte Mero (§§ 36-38)

[36] <Habiendo marchado> desde ese lugar sin detenerse doscientos estadios a través del territorio nisano, llegó a la ciudad de Nisa45F[46], sin que los nisanos se lo esperasen. Cuando se dieron cuenta, enviaron ante Alejandro a los más ancianos para negociar la paz. A estos les pareció bien exponer al rey en sus súplicas de qué manera Dioniso, cuando había recorrido el lugar, había fundado la ciudad de Nisa y la nación de los nisanos, de cincuenta mil hombres; le mostraron a lo lejos el monte que había llamado Mero, a causa de su nacimiento46F[47]; y le contaron cuán encantador era ese sitio. [37] Después, llorando todos al mismo tiempo, empezaron a rogarle que no les quitara los recuerdos y favores de Dioniso; Alejandro les devolvió la libertad y todas sus posesiones y confió el mando a Acufis47F[48], a quien le solicitó que escogiera cien de sus mejores hombres y se los enviara.  [38] Acufis respondió que ninguna ciudad a la que le hubieran sido retirados cien de sus mejores hombres podría mantenerse en pie. “Si quieres que sigamos sanos y salvos” –dijo–  “más bien llévate a los doscientos peores”48F[49]. Esto le pareció a Alejandro gracioso y verdadero a la vez. Después ascendió al monte Mero. La totalidad del territorio abundaba en agua y estaba cubierto por una gran cantidad de árboles fecundísimos de todos los géneros.

Asedio de Mazaga (§§ 39-45)

[39] Saliendo de allí cruzó los montes Cordeos. Llegó hasta la satrapía Asacena, después se acercó a la ciudad de Mazaga, donde había gobernado Asaceno49F[50]; tras su muerte, su madre Cleofis guardaba el trono ancestral para el hijo de aquel. En ese momento, el hermano del rey, Aminais, había armado a nueve mil mercenarios exhortándolos a combatir contra Alejandro, <y los> había introducido en la ciudad.  [40] Un muro de piedra de treinta y cinco <estadios> de perímetro ceñía a esa ciudad y estaba fortificada con un inmenso foso. Alejandro se propuso atacarla rodeándola con un cordón de soldados. Allí, mientras él en persona animaba a sus hombres cabalgando alrededor de la muralla, repentinamente fue herido en la pierna izquierda por una flecha lanzada desde el muro. Después de que se quitó este dardo, la sangre manó con gran fuerza. Pero no abandonó el combate: menospreciando su herida, que le <hacía> más y más <daño>, anima a los soldados para que empujen a los muros las torres de asalto y los †testudos†50F[51]. [41] Entonces los macedonios, muy inflamados por la herida del rey, tras colocar las escaleras se esfuerzan a conquistar la ciudad. Unos, desde las torres de asalto, arrojan proyectiles lanzados por medio de cuerdas a los defensores; otros acercan al muro las máquinas de asedio. Cuando Cleofis observó tan grande cantidad de torres aproximándose a la ciudad y la enorme fuerza de los los proyectiles arrojados con máquinas de guerra, quedó aterrorizada por no haber visto nunca una cosa similar. Creía que eran voladoras las rocas arrojadas por las sogas del escorpión51F[52] <y> propulsadas por el arco de la catapulta.

[42] Considerando que los enemigos contaban con tantas fuerzas, convocó a †Aminais†52F[53] y a los demás amigos; los exhortó para que entregen la ciudad a Alejandro. Los mercenarios, que protestaron contra sus intenciones, se lo impidieron e iniciaron una revuelta. Al día siguiente, Cleofis envió furtivamente embajadores a Alejandro para rogarle que se los perdonara, que habían hecho lo que hicieron movidos por el poder de los mercenarios53F[54]. [43] Los mercenarios, desconfiando de esto, enviaron de entre ellos mismos embajadores a Alejandro para rogarle que les permitiera salir de la ciudad transportando sus bienes. Les concedió ambas peticiones. Ellos atravesaron las puertas con sus esposas e hijos y con sus bagajes y acamparon no muy lejos de la ciudad. Al día siguiente Alejandro lanzó contra ellos tropas ligeras y ordenó que mataran a todos. [44] Cuando estos comprendieron lo que sucedía, después de reunir en el medio sus bagajes, se formaron armados a su alrededor, preparados para rechazar la afrenta o para ir valientemente al encuentro con la muerte en defensa de sus esposas e hijos. Al mismo tiempo, comenzaron a gritar que Alejandro no cumplía con su palabra.  Alejandro dijo que les había permitido marcharse de la ciudad, no alejarse de ella. [45] Así pues, tras lanzar el ataque, la multitud de soldados acometió contra los soldados, pocos en número pero que resistieron por largo tiempo a un duro combate, hasta que, derrotados, fueron muertos todos. Después, los macedonios volvieron sus pasos hacia la ciudad. Salió a su encuentro Cleofis, acompañada de los notables de su pueblo y de su pequeño nieto, quienes llevaban delante de ellos, en señal de suplicantes, ramos de mirto envueltos en cintas y productos de la tierra. Entonces a Alejandro le pareció bello el rostro de esa mujer. En efecto, ella tenía un porte de tanta dignidad que parecía evidentamente de origen noble y digna de ejercer el poder. Después, Alejandro entró en la ciudad acompañado de una pequeña escolta y allí permeneció varios días.

 

Conquista de Aornos (§§ 46-47)

[46] Después de salir de allí, llegó a la ciudad de †Bazira †54F[55], de la que se decía que no había podido ser conquistada por Heracles. Cuando los bárbaros lo vieron, huyeron hacia el monte Aornos55F[56], cuya circunferencia era de <cincuenta> estadios y <su altura> hasta la cima era de diecisiete estadios. Estaba repleto de pájaros de toda clase capaces de imitar la voz humana56F[57]. [47] Como Alejandro se propusiera atacar este lugar, los bárbaros, desde lo alto, le preguntaban57F[58] si acaso se creía más fuerte que Heracles. Entonces Alejandro, tras animar al ejército, lo condujo hacia la montaña. Él mismo en primer lugar, con gran esfuerzo y peligro <…> escalaba de a poco. Aunque muchos de ambos bandos perecieron, entró finalmente en la plataforma, <en> la cumbre y así, dueño del lugar por su victoria, ordenó que todos fueran muertos.

Encuentro con Mofis. Noticias de Poro (§§ 48-55)

[48] Después de que concluyó estos asuntos, a los quince días regresó al río Indo. Allí <encontró> los barcos que había mandado a construir, y una gran cantidad de provisiones <preparadas> por Hefestión58F[59]. [49] Al otro lado del río un tal Mofis59F[60], hijo de Taxiles, que ya cuando su padre estaba vivo había deseado la alianza con Alejandro a causa de sus hazañas, tras la muerte de su padre envió embajadores a Alejandro para rogarle que le informaran al regresar cuál era su voluntad: si él mismo quería ocupar el trono de su padre o si lo haría <otro> enviado por él. Cuando Alejandro escuchó esto quedó admirado de su carácter y de su singular pensamiento. Mofis, por su parte, no quería ni cambiar su nombre ni tomar las vestimentas reales; así pues, esperaba la llegada de Alejandro. [50] Poco después, tras repartir las provisiones entre los soldados, Alejandro embarcó al ejército en las naves y travesó el río. Cuando Mofis se enteró de que Alejandro llegaba, salió a recibirlo de buen grado, acompañado del ejército y de sus elefantes. [51] Al verlo venir a su encuentro con un ejército en formación cerrada, Alejandro, temiendo la llegada de un enemigo, al instante ordenó a los soldados que tomaran las armas y, así armados, avanzaran situados en su lugar, bajo sus estandartes. Los macedonios, agitados por esta imprevista hostilidad, permanecieron en su sitio en silencio. Al darse cuenta de esto, Mofis ordenó a los suyos detenerse y levantar las lanzas; él mismo, en solitario, avanzó a caballo una larga distancia. [52] Alejandro, al verlo, avanzó a la misma distancia de los suyos, considerando que en solitario se encontraba en pie de igualdad. Una vez reunidos, se dieron la mano e hicieron una alianza. Después entregó a Alejandro todo su ejército y su caballería, cincuenta y ocho elefantes, seiscientos talentos60F[61] de plata y toros coronados con cintas <…> además de muchos vasos de oro y de plata, vestidos de toda clase y una gran cantidad de animales salvajes raros.

[53] Tras recibir estos regalos, Alejandro <le preguntó> por qué motivo había preparado su ejército para el combate, a lo que respondió que él tenía <en> mente hacer lo que consideraba que debía hacerse. <Entonces> Alejandro le preguntó si alguno de sus vecinos le había ocasionado problemas. Respondió que al otro lado del río había dos reyes <que> se preparaban para guerrear entre sí: Abisares61F[62] vivía en las montañas, mientras que Poro62F[63] gobernaba en el llano a lo largo del río. [54] Alejandro, por su parte, volvió a darle las gracias por su bondad y ordenó que mantuviera el trono de su padre y que cambiara su nombre, haciéndose llamar Taxiles. Después se acercó junto con Taxiles a la orilla del río y vió que las tropas enemigas habían acampado por todas partes en el terreno que bordeaba el río. Al preguntar a Taxiles cuántas tropas había en el campamento, descubrió que Poro tenía ochenta y cinco elefantes, trescientos carros de combate, y más de treinta mil soldados de infantería, y que el propio Poro tenía una altura de cinco codos63F[64]. [55] Aunque Taxiles le contaba esto, él, excitado en su empeño no obstante todo, pensaba en qué sitio atraversar el río64F[65]. Pocos días después, Abisares envió a su hermano como embajador a Alejandro para solicitar su alianza. Este, en respuesta, envió como legados a Nicocles con Abisares y a Cleocares con Poro, para reclamar a ambos un tributo y rehenes. Al mismo tiempo, ordenó que se anunciase a Poro que se pusiera a su disposición en la frontera.

Carta de Poro (§§ 56-57)

[56] Abisares no quiso volver a enviar a su embajador. Por su parte, cuando Poro escuchó a Cleocares, arrebatado por la ira, lo atacó a golpes hasta herirlo. Al mismo tiempo también envió una carta redactada de esta manera65F[66]: “Poro, rey de los indios, se dirige a Alejandro: Quienquiera que seas –pues escucho que eres macedonio– sería preferible, en mi opinión, que te mantuvieras alejado y que contemplaras tus propias miserias en lugar de envidiar a otro.[57] Es sabido que Poro permanece invicto hasta este momento. Darío no me impresionó. Por consiguiente, insensato, no te atrevas a darme órdenes. Pon siquiera un pie enemigo en mi territorio y conocerás que soy rey de los indios y que no tengo ningún amo a excepción de Zeus. Y por el fuego, magno gobernante del cielo, Poro jura lo siguiente: si llego a capturar a uno de los tuyos en mi territorio, teñiré mi lanza con su sangre y repartiré tus bienes a mis esclavos, pues me sobran las riquezas. Una sola cosa haré de lo que ordenas: estaré esperándote, armado, <en> la frontera”.

Campaña contra Poro (§§ 58-62)

[58] Después de leer esta carta, Alejandro, enardecido, reunió algunas cohortes y destacamentos y les ordenó que lo sigan de inmediato. Dejó junto al ejército a Átalo, un macedonio parecido a él66F[67] y le ordenó que vistiese la clámide y los ornamentos reales y que varias veces durante el día se acercase con una escolta a la orilla del río. [59] Contemplando al otro lado del río, ordena a Crátero que haga cruzar al ejército. Él mismo, acompañado de una tropa selecta, avanza al comenzar la noche alrededor de sesenta estadios a lo largo del río, y acampa en un sitio desierto y selvático. Allí, tras hacer inflar odres y añadirles67F[68] gran cantidad de madera, hizo cruzar el río a sus tropas y después lanzó a su infantería ligera contra el enemigo. Entonces, Crátero, que había quedado al mando del campamento, al ver esto, transportó él mismo al ejército en las naves, de las que tenía muchísimas, y también en balsas.  [60] Poro, al ver de repente dos ejércitos, se propuso entablar combate de cerca con Alejandro. Entre tanto Crátero, una vez hecho el descenso, ataca desde otro flanco. Así, como las tropas de Poro se vieran amenazadas por un doble peligro, él decidió darse a la fuga. Alejandro ordenó a los soldados denominados “hipotoxotas”68F[69] que dispararan flechas a Poro, respetando a todos los demás. Este, al ver que se le acercaba una muchedumbre de soldados, como permanecía en su elefante <...>  que no esperara a rendirse al enemigo, levantó ambas manos en lo alto suplicando por su vida.

[61] Así terminado el combate, entregó a Alejandro sus elefantes, sus bestias de carga y su ejército, y comenzó a rogar para sí mismo que velara por su carácter real. Alejandro prometió que así actuaría y cumplió su promesa, pues no solo le devolvió su trono sino que también añadió al reino de Poro otras regiones †vecinas†69F[70]. En esa batalla murieron doce mil soldados del ejército de Poro y ochenta elefantes; en el ejército de Alejandro murieron novecientos soldados de infantería y trescientos de caballería, y muchos otros fueron heridos. [62] También murieron muchos caballos, entre ellos el propio caballo de Alejandro, llamado Bucéfalo, con el que siempre había vencido en todas las batallas. Así pues en ese lugar fundó una ciudad con su nombre, que ahora se llama Bucéfala70F[71]. Después, como era habitual, ordenó que se diera sepultura a sus muertos y también a los más valientes de los enemigos.

Nuevas campañas. Sofites (§§ 63-67)

[63] Por esta batalla Alejandro planeó adentrarse hasta los últimos confines de la India y hasta el Océano, y, al regresar de allí, trasladarse hasta el mar Rojo y el Atlántico. Con ese propósito ordenó construir muchos barcos. Así fue que, en treinta y tres días, se terminó la primera de las naves. [64] Mientras tanto, una vez que <Poro> fue curado de sus heridas, Alejandro ordenó que se presentase ante él. Cuando este llegó, le pidió que marchara <con él hasta su> tierra. Respondió: “Para ver tu patria, oh gran Alejandro, daría la mitad de mi vida, pero que tus conciudadanos me vean como un prisionero <no lo podrás obtener de mí>. No quiero ser inmortal: si quieres deportarme a manera de ejemplo, tienes el poder de deportarme muerto”71F[72]. Alejandro le dijo que no actuaría en contra de su voluntad. [65] Entre tanto llegaron los embajadores del rey Abisares, anunciando que había hecho todas las cosas que se le habían ordenado, menos la de comparecer ante el rey. Alejandro condujo el ejército hasta allí y lo derrotó. [66] Después sin detenerse se dirigió a las demás ciudades. Muchas las sometió por la fuerza; <de aquellas que> capturó, a unas, tras recibir rehenes, les exigió un tributo; con otras hizo la paz. Avanzando así llegó a la ciudad en la que reinaba Sofites. Este salió a su encuentro con numerosos presentes para Alejandro. Entre ellos, le regaló unos perros de tamaño y fuerza extraordinarias. [67] Sofites, queriendo mostrar al rey el valor de estos animales, hizo introducir a un león en un sitio cerrado y después soltó allí a dos perros. Como estos atacaran al león tras echarlo a tierra, Sofites mandó a que se le cortara a uno la pata con un hierro: este no lanzó ni un grito ni dejó por ello de atacar al león. Así, apretándolo con los dientes sin interrupción, lo mantuvo hasta que toda su alma, junto con su sangre, se escapó por su pata cortada. Como Alejandro le preguntara por qué motivo estos perros tenían tal valor, Sofites dijo que en esas regiones existía un animal salvaje, el tigre, terribilísimo por su admirable velocidad y fortaleza. A causa de esa velocidad se le dió su nombre, pues los persas llaman “tigres” a las flechas, y por ese mismo motivo llaman “Tigris” al río, puesto que es el más rápido de todos los ríos. Le explicó que se solía dejar a las perras atadas, durante la noche, en los bosques, y a algunas de ellas este animal salvaje las mataba, pero con otras procreaban y las crías de estos perros eran muy vigorosas72F[73].

Comienza la navegación del Indo (§§ 68-70)

[68] Saliendo de allí llegó al reino de Fegeo73F[74]. Este también salió a su encuentro llevando gran cantidad de regalos. Después, acompañado por este, Alejandro avanzó hasta el río Hidaspes74F[75], que fluye <junto a> la ciudad llamada †Altusacra† a lo largo de seis estadios. El rey preguntó a Fegeo qué había del otro lado. Descubrió entonces que a doce días <de marcha> desde el río, atravesando tierras desiertas, estaba el río Ganges, de treinta estadios de ancho. Al otro lado habitaban los prasios y los gangaridas, cuyo rey Xandrames75F[76] había reunido doscientos mil soldados de infantería, veinte mil de caballería y contaba con dos mil carros de guerra y, además, tenía más de ciento ochenta <…> elefantes. [69] El rey no daba crédito a todo esto, hasta que, tras interrogar a Poro, se encontró que este decía las mismas cosas. Una vez conocida la situación76F[77], colocó un gran número de altares a lo largo del río y ordenó que se construyeran torres77F[78] que fuesen señales de su acción militar. De allí, tras realizar un sacrificio, ordenó que se hicieran unas fosas muy grandes delante del campamento, y huellas de literas más grandes de lo que la estatura humana necesita, y también frenos de caballos más amplios de lo que el uso requería, y mandó que los abandonaran por todas partes en el campamento78F[79]. Después regresó sobre sus pasos hacia el río Acesines79F[80]. [70] Allí encontró los barcos que habían hecho construir Poro y Taxiles, ochocientos birremes y trescientas naves de provisiones, y las cargó con soldados y víveres. Mientras tanto, murió el hijo de Alejandro con Roxana80F[81]. Después de que este fue sepultado y se realizaron los rituales religiosos, antes de partir hacia el Océano, reconcilió a Poro y a Taxiles y los unió en un parentesco por alianza. Después, en una flota con velas desplegadas de varios colores, comenzó a descender por el río. Cuando llegó con la flota al †encuentro de los ríos†81F[82], hizo desembarcar al ejército al otro lado del río.

Carta de los filósofos indios (§§ 71-74)

[71] Mientras tanto, los filósofos indios que habitaban en esas regiones y que, contentándose con un manto doble, se privaban de toda otra vestimenta, enviaron a Alejandro una carta que decía lo siguiente82F[83]: [72] “Los filósofos indios a Alejandro el Macedonio. Se ha oído decir que tú eres forzado por tus amigos a traer la guerra hasta nuestras regiones y a poner tu mano sobre nosotros: a ninguno de esos afectó, ni siquiera en sueños83F[84], nuestro modo de vida. Si escuchas sus consejos, expulsarás a nuestros cuerpos de este sitio, pero ni desviarás nuestros espíritus ni nos forzarás a hacer nada contra nuestra voluntad por más grande que sea tu fuerza <…>. [73] Con <nuestros cuerpos> humanos sobrepasamos el fuego. Nosotros mismos andamos sobre <él> y †elevados†84F[85] movemos las partes de nuestro cuerpo <…> de quienes tienen el poder a través de la tierra <…>  Aquello que fue asignado por voluntad divina, estará principalmente en manos de los dioses. Nosotros, a lo que consideramos que es valioso y útil en la vida, procuramos conocerlo, y de aquello que los demás poseen nosotros nos servimos plenamente sin interés alguno. Y estos, como <otros> no pudieron alcanzar estos bienes costosos, nos alaban de buena gana. [74] Ni tampoco nos parecemos a los filósofos griegos, que solo son poderosos con las palabras. Entre nosotros, las palabras se manifiestan dignas de las acciones, <las acciones> similares a las palabras. Así pues, recibimos la máxima recompensa, que tenemos como más valiosa, la verdad y la libertad. Entonces, no busques emplear la violencia contra aquellos a los que no puedes quitar nada contra su voluntad. Si continúas actuando contra estas cosas, te mostrarás injusto y extraño a la virtud, que los hombres virtuosos cultivan diligentemente”.

Campaña contra oxidracas y malos (§§ 75-77)

[75] Agitado por esta carta Alejandro se propuso conducir al ejército a esas regiones, en las que los enemigos oxidracas y malos85F[86] habían apostado cien mil soldados de infantería y veinte mil de caballería. Preparado para librar el combate contra estos, uno de los macedonios lanzó con la catapulta un proyectil de tres pies de largo. Sucedió que atravesó ambos muslos de Sambo86F[87], el general enemigo, a tal punto que le impidió continuar avanzando. [76] Cuando los bárbaros contemplaron esto, huyeron aterrorizados y  <…>  en parte se refugiaron en la ciudad. Los macedonios, que habían perseguido a estos, se lanzaron a atacarla rodeándola con un cordón de soldados. Luego, Alejandro hizo colocar escaleras junto a la muralla y ascendió rapidamente en compañía de tres hombres87F[88], y una vez apoderado de la muralla, sin detenerse se lanzó a la ciudad. Los otros no lo siguieron. [77] Los bárbaros, al verlos, los rodearon, pero ellos, apoyándose en el muro, les opusieron resistencia y mataron a muchos e hirieron a muchos más. Leonato88F[89] fue herido en el muslo derecho por uno de los muchos proyectiles lanzados contra ellos. También Alejandro fue herido violentamente a través de su coraza en la parte anterior del pecho <cerca del> estómago y en la cabeza. Encontrándose en un máximo peligro después de recibir <este> daño,  los macedonios, después de forzar las puertas, corrieron en auxilio del rey y, tras matar a todos los habitantes de la ciudad, llevaron a sus heridos al campamento.

Alejandro y los filósofos indios (§§ 78-83)

[78] Pero cuando Alejandro se recuperó, tras haber tratado los asuntos que quería, ordenó a los malos y oxidracas que habían sobrevivido a la batalla que obedecieran las órdenes de su rey.  Entonces acometió de esta manera a los filósofos que, en un número de diez, habían sido arrestados en la ciudad89F[90]: “Puesto que vosotros, filósofos indios, declarásteis ser enemigos nuestros <...> es mejor, por lo tanto, que prestéis atención a lo que diré. Que cada uno de vosotros responda a lo que le preguntaré <…> que los demás sean muertos”. [79] Después el jefe de ellos pidió que se permita a cada uno añadir <un razonamiento> a la respuesta. Alejandro lo permitió. Puesto que el más importante de ellos le <…> preguntó.

(I) Alejandro preguntó si era mayor el número de los vivos o de los muertos. El indio respondió: “el de los vivos, pues aquellos que no existen no pueden ser ningún número”. (II) Alejandro preguntó si había más animales salvajes marinos o terrestres. El indio respondió: “<terrestres, pues> en la tierra está contenido el mismísimo mar”. (III) Alejandro preguntó: “¿Cuál de los animales es el más sabio?”90F[91]. El indio respondió: “Aquel cuya existencia es desconocida por los humanos” [80] (IV) Alejandro preguntó: “¿Por qué motivo diste al rey Sambo el consejo91F[92] de que hiciera la guerra contra mí?”. El indio respondió: “Para que o viva honestamente o muera honestamente”. (V) Alejandro preguntó: “¿Surgió primero el día o la noche?”. El indio respondió que en un único día la noche surgió antes que el día. Después, como Alejandro dudara qué preguntarle, el indio se dió cuenta y le dijo: “La duda de responder suele seguir a la duda de preguntar”. [81] (VI) Entonces Alejandro preguntó: “¿Qué debe hacer el hombre para que sea agradable para todos?”. El indio respondió: “Si se esfuerza cuando es el más poderoso en no parecer ser cruel”. (VII) Alejandro preguntó de qué modo un hombre podría ser considerado un dios. El indio respondió: “Si hiciera lo que ninguno de los mortales puede hacer”. Alejandro preguntó si tiene más valor la muerte o la vida. El indio respondió: “La vida, puesto que hace que de la nada surja la existencia; en cambio, la muerte consigue que quienes existen se conviertan en nada”. [82] (IX) Alejandro preguntó: “¿Cuánto tiempo es útil para el hombre vivir?”. El indio respondió: “Hasta cuando él mismo se dé cuenta que la muerte es más útil que la vida”. (X) Después Alejandro, le preguntó al que quedaba cuál de todos aquellos que habían hablado consideraba que había respondido peor. Al mismo tiempo le prohibió que decidiera haciendo un favor a alguno.  [83] Y como aquel no quería que ninguno muriera por su culpa, dijo que cada uno había respondido peor que el otro. Dijo Alejandro “Está claro que todos debéis morir y tú el primero de todos, que juzgaste tan mal”. Respondió el jefe de los indios: “Sin embargo, Alejandro, mentir no es algo propio de reyes. Tú dijiste: “A aquel de vosotros que haya recibido la orden de emitir un juicio, si lo hiciese correctamente, lo dejaré ir” <…> Por consiguiente, yo emití un juicio que no fue falso sino verdadero <…> no es justo, por lo tanto, que por mi decisión se condene a alguno de nosotros <…> así pues es conveniente, según tu orden, que ninguno de nosotros muera. Pues <…> no somos nosotros sino tú quien ha de preveer que no seamos muertos por una injusticia”.

Llegada al Océano (§§ 84-86)

[84] Cuando Alejandro escuchó estas palabras, considerando que realmente eran sabios, ordenó que se les diera vestimenta y se los dejara ir. Después ordenó al ejército embarcarse y, tras dar la señal, que se soltaran amarras. Como saliendo desde allí navegara algunos días, llegó a la isla que se llama Patala en †desembocadura del río†92F[93]. En esa región, a la derecha del río se encuentra †Bigandar†, hacia la izquierda habitan los †mamalces†. De estos tomó provisiones y guías a causa de la extensión del río. [85] Luego, algunos días más tarde, llegó a una isla desierta. Ordenó que se indagara si podía encontrarse a alguien conocedor de esos sitios. Como no encuentran a ninguno, tras invocar a los dioses se retira de la isla. Habían ya navegado cuatrocientos estados cuando repentinamente quienes tenían experiencia de esta cuestión sintieron la brisa marina. Inspirado por una esperanza de salvación, alegres <…> el rey y entre sí se animan los unos a los otros para que remaran, puesto que el mar no debía estar demasiado lejos. [86] Después ordenó que las naves atracaran en la orilla y que se buscara si había alguien que conociera ese lugar. Habiendo buscado por mucho tiempo, encontraron a algunos campesinos que condujeron ante el rey. Interrogados por este sobre cuánto había de navegarse <hacia el mar> dijeron desconocerlo, pero que había un camino de tres días hasta que llegaran a unas aguas mixtas. Entonces comprendieron que estos llamaban así al agua de mar. Se apresuraron con buenos ánimos a embarcar, para llegar al mar lo antes posible. Así después de tres días contemplaron las olas marinas y se dieron cuenta que los campos estaban colmados de agua salada †que refluía†93F[94] y que la fuerza del río lentamente se detenía <…>

Ediciones y traducciones

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Notas

[1] Para mayor información sobre el Liber de morte puede consultarse nuestra traducción (Aprile 2025).

[2] El incipit de D indicaba Alexandri Magni macedonis epithomae rerum gestarum Liber I. Thomas (1966: 1) mantiene esa lectura, que había sido corregida por Wagner (1900: 118) como Liber II, al creer que se trataba de la continuación de un primer libro perdido, en el que se narraban los hechos desde la llegada al trono de Alejandro hasta la muerte de Darío III. Pfister (1946: 39) interpreta liber I como liber unus, en tanto la extensión de toda la obra no es mayor a la de un libro de las Historiae de Curcio Rufo. En nuestra traducción del título seguimos esta lectura. Los filólogos modernos han precisado algunas definiciones de los términos historiográficos utilizados en la Antigüedad tardía. Se llamaba epitoma a una síntesis de una obra única, que a veces podía mezclarse con otras fuentes, y breviarium a un breve resumen de un tema a partir de la combinación de varias fuentes resumidas (Banchich 2007: 305). Esta obra parece atenerse más a la definición de breviarium que a la de epitoma, en tanto que nunca se menciona cuál es la obra original sintetizada. Sin embargo, los antiguos nunca postularon una descripción precisa de las características de estos subgéneros, además muchas veces los títulos eran atribuidos de manera indistinta por los copistas medievales (Eadie 1967: 11-12).

[3] Magnus Alexander rex Macedoniae. Como indica Loube (1995: 1), ningún otro historiador latino de Alejandro le da el epíteto de Magnus –que se registra por primera vez en la literatura latina, en Plauto, Mostellaria 775–. Podría suponerse una interpolación, aunque el epíteto reaparece en las palabras de Poro en § 64.  

[4] neque id quod Dario vivo ostendere ausus esset. Este sintagma resulta de difícil interpretación; muchos editores conjeturaron la existencia de lagunas en alguna parte. Elegimos reproducirlo siguiendo el texto de Thomas.

[5] <circum>deditque sibi diadema et tunicam mesoleucum. Esta prenda (gr. χιτών μεσόλευκος) era distintiva de los reyes de Persia. En Curcio Rufo 3.3.17 se traduce su nombre con una descripción purpureae tunicae medium album intextum erat. En el Epitoma se utiliza la forma transliterada mesoleucos, -on (con ac. en -um, o en -on), de la que existen solo dos testimonios, además de este, en la lengua latina (Baynham 1995: 65 n. 30).

[6] Señala Cracco Ruggini (1961: 289-290) que la muerte de Darío era un punto de referencia habitual para el comienzo o la conclusión de las historias de Alejandro (véase el Epitome de Pompeyo Trogo de Justino, en los que este acontecimiento marca el final del libro 12). Esto confirmaría que §§ 1-2 representarían el auténtico comienzo del Epitoma, sin lagunas textuales previas. Como indica Bayham (1995: 66) esta mención inicial a la adopción de costumbres orientales por parte de Alejandro hace más evidente la ausencia de referencias a los múltiples conflictos que esto le trajo con los macedonios, como el asesinato de Clito, la denominada “conjura de los pajes” o la muerte de Calístenes, temas tratados ampliamente por los historiadores de la “Vulgata”.

[7] Beso (Βήσσος, per. Bayaçā) era sátrapa de Sogdiana (Curcio Rufo 4.6.2). Participó en la batalla de Gaugamela. Después de la derrota, se conjuró con otros nobles persas para matar al rey Darío en 330 a.C., después de lo cual se proclamó rey con el nombre de Artajerjes (Curcio Rufo 6.6.13).

[8] Tribu tracia de la región de Peonia, eran hábiles en el uso de jabalinas y formaban parte de la élite de infantería del ejército macedonio.

[9] Los hipaspistas (gr. ὑπασπισταί, lit. “escuderos”) eran una unidad de élite del ejército macedonio, armados a la manera de hoplitas con un escudo cóncavo y una lanza normal, a diferencia de la falange que utilizaba la lanza larga llamada “sarisa” (gr. σάρισα).

[10] Se trata de un error del epitomador, como señala Loube (1995: 8-9). Ariobazanes había sido sátrapa de Persis (Arriano, Anábasis 3.18.2) y tuvo un destacado rol como comandante en la batalla de Gaugamela (Curcio Rufo 4.12.7), pero no puede ser el personaje aquí mencionado porque había muerto defendiendo Persépolis en 331 a.C. (Curcio Rufo 5.4.34). El autor lo confunde con Barsaentes, sátrapa de Aracosia, que fue uno de los asesinos de Darío que huyó a India cuando Alejandro se aproximó a su territorio (Curcio Rufo 6.6.36, Arriano, Anábasis 3.25.8).

[11] ad Euergetas, qui antea Arimaspi vocabantur. Los arimaspos (gr. Ἀριμασποί o Ἀριάσοι) habitaban al sur de la región de Drangiana, a lo largo del río Helmand. El nombre de “benefactores” (gr. εὐεργέται) les fue concedido por Ciro el Grande, a cuyas tropas habían ayudado en un momento de gran necesidad (Arr. Anab 3.27.4; Curcio Rufo 7.3.1).

[12] Pueblo iranio que habitaba en la satrapía persa de Parapamisos (Curcio Rufo 7.3.6, Arriano, Anábasis 4.22.4), en la cuenca del actual río Kabul, en Afganistán (Loube 1995: 10).

[13] Con la conjetura de Cracco Ruggini (1961: 317-318) in limine Medorum, en lugar de in flumine medorum. Medorum debe leerse como una errata de Indorum.

[14] Líder sogdiano o bactriano. Las fuentes coinciden en señalar que, después de entregar a Beso a Alejandro, encabezó la rebelión de los bactrianos contra los macedonios (Curcio Rufo 7.6.14-15, Arriano, Anábasis 4.3.6).

[15] Los griegos denominaban Tanais (Τάναϊς) a dos ríos diferentes: el moderno Sir Daria (llamado a veces Ἰαξάρτης), que separaba a los escitas de los bactrianos y desembocaba en el mar de Aral, y el moderno Don, que dividía Asia de Europa. En este pasaje se hace referencia al primero, aunque eran habituales las confusiones entre ambos, por ejemplo en Curcio Rufo 7.7.2 Idem Asiam et Europam finis interfluit (Pejanaute Rubio 1986: 382-383 n. 602).

[16] La actual Samarcanda, en Uzbekistán, que en época aqueménida era capital de la satrapía de Sogdiana.

[17] El στάδιον griego (stadium en latín) era una unidad de medida utilizada en el mundo grecorromano, de longitud variable. El estadio ático equivalía a unos 177 metros, mientras que el estadio romano era equivalente a 185 metros. En el Epitoma debe suponerse que se utilizan la forma ática.

[18] cum copia magna. El uso de copia en singular con el sentido de copiae, -arum es un arcaísmo literario frecuentemente utilizado en el Epitoma, por ejemplo en § 9 et Graiorum copiam o en § 35 Cratero cum reliqua copia (Cracco Ruggini 1961: 320).

[19] La antigua región de Bactria estaba situada al norte del Hindukush y al sur del río Amu Daria. En su territorio se encuentran los actuales países de Afganistán, Tayikistán y Uzbekistán.

[20] Con la lectura de Hunt (1974: 357) visum est iter quod coepisset en lugar de visum est [et] quo coepisset.

[21] dicuntur. Esta forma verbal se utilizaba en la historiografía para transmitir el relato de otra fuente, pero aquí no se hace referencia a ninguna.  Como señala Loube (1995: 17-19), el autor del Epitoma parece dudar del alcance de la ofensiva de Alejandro en territorio escita, que reproduce de manera mucho más escueta que otros historiadores, sin pretender glorificar la actuación del macedonio.

[22] En Curcio Rufo 7.9.15 se hace referencia a este monumento, que marcaría el punto más lejano del país de los escitas visitado por Dioniso: transierant iam Liberi Patris terminos, quorum monumenta lapides erant crebri intervallis dispositi arboresque procerae, quarum stipites hedera contexerat.

[23] eumque suspensum more Persarum fundis (lit. “con hondas”) necavit. Ningún otro texto, histórico o novelesco, menciona este método de ejecución, que por otra parte no era en absoluto tradicional en Persia. Los persas utilizaban sobre todo la crucifixión, que según Curcio (7.5.40) fue el castigo para Beso además de la mutilación (ut cruci adfixum mutilatis auribus naribusque). La mayoría de los historiadores señala este método de ejecución. Arriano (Anábasis 4.7.3-4) se limita a mencionar que fue enviado a Ecbatana para ser ejecutado. Loube (1995: xii-xiii, 22-24) señala que en el Romance hebreo Beso muere ahorcado, aun cuando las fuentes de este texto señalan unánimemente la crucifixión. Esto puede deberse a que el código penal judío prohibía la crucifixión como método de ejecución. El epitomador recoge esta misma tradición y añade la lapidación, un método usado tanto por judíos como por macedonios (Curcio Rufo 6.11.38 more patrio dato signo saxis obruti sunt). Sin embargo, debe recordarse que en la fecha de escritura del Epitoma la crucifixión había sido abolida.

[24] ad flumen Ochum pervenit. id transit. inde ad Oxum flumen devenit. El río Oxus (gr. Ὦξος) es el actual Amu Daria, que nace en la cordillera del Pamir y desemboca en el mar de Aral, funcionando como frontera natural entre muchos países de Asia Central. Menos sencillo resulta identificar el Ochus. Loube (1995: 24-25) reseña las diferentes locaciones propuestas por los historiadores.

[25] El emplazamiento exacto de esta fortaleza es desconocido: el Epitoma la sitúa cerca de Samarcanda, en la antigua región de Sogdiana, pero algunos historiadores creen que pudo estar cerca de Derbent, en el actual Daguestán ruso (Loube 1995: 25). El relato de la conquista de esta fortaleza se narra con gran detalle en Curcio (7.11) y en Arriano (Anábasis 4.18-19), quienes presentan el episodio como un ejemplo del ánimo infatigable de Alejandro. En las Historiae incluso adopta la forma de una suerte de desafío a la naturaleza (cupido deinde incessit animo naturam quoque fatigandi Curcio Rufo 7.11.4). El episodio es, por lo tanto, representativo del motivo literario del póthos de Alejandro, su deseo irrefrenable de conquistas (Ehrenberg 1938), tratado ampliamente por Arriano y por los autores de la “Vulgata”. Sin embargo, el tema está llamativamente ausente del Epitoma y, por lo tanto, tampoco se manifiesta mucho en esta historia.

[26] quos fortissumos esse putavit. El superlativo fortissumus es un arcaísmo frecuentemente utilizado por Salustio, cuya influencia estilística se aprecia en el Epitoma (Cracco Ruggini 1961: 320)

[27] Alexander in exercitu homines volaticos haberet. El adjetivo volaticus es arcaico, frecuente en Plauto pero utilizado dos veces por Cicerón (Cracco Ruggini 1961: 320 n. 141). En las versiones de Curcio y de Arriano, el motivo de los “hombres voladores” aparece como una provocación de los sitiados (Curcio Rufo 7.11.5-6, Anábasis 4.18.6), que a su vez motiva en Alejandro el deseo explícito de hacerles creer a los sogdianos que cuenta con soldados alados. Todo esto está ausente del Epitoma, que se limita a una afirmación focalizada en el personaje de Arimaces una vez que ha tenido lugar la conquista.

[28] Podría identificarse con la Xenippa mencionada en Curcio Rufo 8.2.13-14, sitio fronterizo con Escitia de emplazamiento incierto, quizá cercano a la actual Bujará en Uzbekistán (Pejanaute Rubio 1986: 421).

[29] Aproximadamente entre la captura de la fortaleza de Arimaces y la muerte de Espitamenes tuvo lugar el asesinato de Clito en manos de Alejandro, un episodio ampliamente tratado por otros historiadores (Curcio Rufo 8.1.19-52, Arriano, Anábasis 4.8.1-9) pero que el epitomador prefiere omitir.

[30] Con la conjetura de Fuchs pocula en lugar de poculum.

[31] at ubi silentium esse sensit, de lecto surrexit. La misma frase aparece en el Liber de morte (§ 101) en el relato del fallido intento de suicidio de Alejandro: ubi silentium esse sensit, ipse, ut potuit, exsurrexit. No existen más paralelos en toda la literatura latina; este es uno de los argumentos que esgrime Baynham (1995: 73) para suponer que el Epitoma y el Liber fueron escritos por un mismo autor.

[32] Con la lectura de Hunt (2005: 211) hanc ubi Alexander repente en lugar de at ubi Alexander <eam> repente.

[33] La historia de la mujer de Espitamenes aparece únicamente en Curcio (8.3.1-15) con ligeras variantes, en tanto que Arriano (Anábasis 4.17) afirma que lo asesinaron sus propios hombres. La versión de Curcio y del Epitoma recuerda a la historia de Judith y Holofernes, que se encuentra en el libro bíblico de Judith (10:11-13:10).

[34] omnis humor terrae coiret ac glaciesceret. El verbo glaciesco es muy infrecuente en la literatura latina; el TLL registra, además de este, un único uso en Plinio Historia Natural 20.230.

[35] Con la lectura de Wagner torpore en lugar de dolore.

[36] Con la lectura de Hunt (1976: 89) omnibus formosissima en lugar de <ex> omnibus formosissima. Hunt elimina el añadido <ex> de Fuch y lee omnibus como un dativo de relación a partir de un paralelo con Curcio Rufo 8.4.24 omnium tamen oculos convertit in se.

[37] Este matrimonio colectivo, que recuerda a las bodas celebradas en Susa entre generales macedonios y mujeres nobles persas en 324 a.C. (Curcio Rufo 10.3.11, Arriano, Anábasis 7.4.6), no es mencionado en ninguna otra fuente (Baynham 1995: 70).

[38] Con la conjetura de Wagner Bactrinum en lugar de beionem, a partir de la comparación con Arriano, Anábasis 4.22.1.

[39] Con la conjetura de Reuss Bactra en lugar de castra.

[40] Con la conjetura de Wagner Oxum (o Bactrum) en lugar de oxurum a partir de la comparación con Plinio Historia Natural 6.52 in Bactros septem diebus ex India perveniri ad Bactrum flumen quod in Oxum influat. Se trata del actual río Amu Daria.

[41] Con la conjetura de Schwartz Drapsaca en lugar de drapim. La antigua ciudad de Drapsaca estaba situada cerca de la actual Kunduz, en Afganistán.

[42] A causa del texto corrupto resulta imposible identificar a este rex con alguna figura histórica conocida.

[43] Con la conjetura per<rexit ad> Cophena de Wagner en lugar de per phuten. Se trata del actual río Kabul, que surge en los montes Sanglakh, en Afganistán, y desemboca en el Indo, en Pakistán.

[44] Uno de los más destacados Compañeros (ἑταῖροι) de Alejandro. Ejerció el mando supremo del ejército en varias ocasiones durante las campañas en Asia Central. Tras la muerte del rey, se alió con Antípatro, Antígono y Ptolomeo contra Perdicas y Eumenes. Combatiendo contra este último murió en 321 a.C.

[45] Esta ciudad es nombrada únicamente en el Epitoma. No existe consenso sobre su ubicación, que algunos sitúan en la orilla oriental del actual río Chitral, en el actual Pakistán (Loube 1995: 39)

[46] En el mito grigo Nisa (Νῦσα) era la zona montañosa del nacimiento de Dioniso, que recibía ese nombre por la nodriza del dios. Algunos estudiosos identifican esta ciudad india con la antigua Dionisópolis (Διονυσόπολις), llamada también Nagarahara, cercana a Jalalabad en el actual Afganistán (Loube 1995: 40)

[47] Según el mito, Dioniso había nacido del muslo (μηρός) de su padre Zeus. Los historiadores griegos y romanos solían asociar con Dioniso al dios hindú Shiva.

[48] Según Arriano (Anábasis 5.1.3), Acufis era el líder (κρατιστεύοντα) de los nisanos.

[49] “si nos”, inquit, “vis salvos, potius inprobissimos abduc ducentos”. id Alexandro ridiculum et verum visum est. Esta anécdota, que combina el humor con la teoría política, no se encuentra en autores latinos como Curcio. En Arriano (Anábasis 5.2.3), Acufis pronuncia un discurso extenso en el que se pierde el efecto cómico, si bien el narrador señala que el nisano “sonríe” (ἐπιμειδιᾶσαι) al escuchar el pedido de Alejandro. En Plutarco (Alejandro 58.9) la historia se presenta con la misma estructura que en el Epitoma —lo que puede hacer suponer una fuente común— pero en énfasis de las risas corresponde a Acufis (γελάσας ὁ Ἄκουφις). La innovación del epitomador está en señalar que el propio Alejandro encuentra graciosa la respuesta.

[50] Asaceno era un dinasta indio, gobernante de los asacenos (Ἀσσακηνοί), pueblo que habitaba en el área entre los actuales ríos Panjkora y Swat. Esta tribu era identificada con los antiguos aspasios (Heckel 2006: 58-59). Como era habitual en los reyes indios, tomaba como nombre oficial el de la nación a la que gobernaba.

[51] testudinesque. Mantenemos en la traducción la palabra latina testudo porque el texto corrupto impide darle una mayor precisión . Los romanos daban ese nombre tanto a una formación de soldados cubiertos de escudos superpuestos y a una estructura de madera móvil que permitía que los soldados se protegieran durante un asedio (véase César, Guerra Civil 2.2.4). El contexto sugiere que se trataría de esta segunda acepción. Como señala Baynham (1995: 65), no debe suponerse por este vocabulario militar que la fuente del Epitoma fuese un texto latino, en tanto que Curcio (5.3.9, 7.9.3) también utiliza testudo para referirse a una formación de soldados.

[52] Máquina de guerra romana que, mediante un mecanismo de torsión, permitía arrojar a grandes distancias piedras y otros proyectiles. Amiano (23.4.3-6) describe su apariencia y funcionamiento.

[53] Con la conjetura de Wagner Aminaim en lugar de ariplicem.

[54] Seguimos la lectura de Hunt legatos ad Alexandrum mittit oratum uti ignosceret ipsis: vi conductorum adactos <se fecisse> quae fecerint en lugar de legatos ad Alexandrum <de> deditione mittit oratum uti ignosceret ipsis; vi conductorum adactos. quae fecerint, se fecisse.

[55] Con la conjetura de Brenez (2003: 607) Bazipharam (o Baziram) en lugar de Bagasdaram, a partir de los paralelos con Itin. Alex. 107-108 y Arriano, Anábasis 4.27.9-28.1. Esta antigua ciudad ocupaba el sitio de la actual Bakirot, en Pakistán.

[56] Esta montaña, que las demás fuentes (Diodoro Sículo 17.85.2, Arriano, Anábasis 4.28.7, Curcio Rufo 8.11.2 con el nombre de Aornim) denominan “roca” (gr. πέτρα, lat. petra), fue identificada con el actual monte Pir Sar (Loube, 1995: 45).

[57] Ninguna otra fuente transmite esta información sobre el monte Aornos. Su nombre en griego (Ἄορνος) significa “carente de pájaros”. Quizá la etimología habría llevado al autor del Epitoma a incluir este dato, que Loube (1995: 46) considera tomado de Onesícrito (Fragmente der griechischen Historiker 134 T 13d, ed. Jacoby).

[58] Con la lectura de Hunt (2005: 212-213) barbari e loco superiore dictitabant, si Alexander se fortiorem quam Herculem putaret en lugar de babari e loco superiore <venire> dictitabant, si… Hunt propone suprimir el añadido de Fuchs <veniret> e interpretar dictititabant como sinónimo de rogitabant o quaerebant. Las interrogativas indirectas encabezadas con si no son infrecuentes en la historiografía (cf. Livio 39.50.7 Philopoemen quaesivit si Lycortas incolumis evasisset).

[59] Hefestión (Ἡφαιστίων) era uno de los más destacados Compañeros de Alejandro.  En su calidad de quiliarca fue el segundo al mando del ejército en buena parte de la campaña asiática. Su íntima relación con el rey fue descripta por muchos historiadores como una emulación de Aquiles y Patroclo. Eliano (Varia historia 12. 7) escribió que era amante de Alejandro (ἐρώμενος τοῦ Ἀλεξάνδρου).

[60] Dinasta indio de Taxila (ciudad del Punjab, en Pakistán, cercana a Rawalpindi). Su nombre personal era Omphis (Curcio Rufo 8.12.5) o Mophis (Diodoro Sículo 17.86.4), derivado del sánscrito Ambhi. Como era habitual en los reyes indios, tomaba como nombre oficial el de la nación a la que gobernaba (Heckel 2006: 260-261).

[61] El talentum (τάλαντον) era una unidad de medida utilizada para grandes cantidades de metales preciosos en el mundo griego. En el Ática en los s. V-IV a.C. un talento equivalía a sesenta minas, y una mina equivalía a cien dracmas. Puesto que una dracma tenía un peso aproximado de 4.31 gramos, un talento equivalía a alrededor de 25.86 kilos de oro o plata.

[62] Abisares (Ἀβισάρης) era dinasta de la región de Abhisara, que comprendía el espacio entre los ríos Hidaspes y Acesines. Como era habitual en los reyes indios, tomaba su nombre oficial del territorio que gobernaba.

[63] Poro (Πῶρος) era uno de los reyes más poderosos de la zona del Punjab. Gobernante de los paurava, “Poro” era con toda seguridad su nombre oficial; su nombre personal no se ha registrado (Heckel 2006: 231).

[64] ipsum Porum cubita V esse altum. El “codo” (gr. πῆχυς, lat. cubitum) era una antigua unidad de medida que cubría la distancia aproximada entre el codo y la punta del dedo medio en un brazo humano, equivalente a alrededor de 45 centímetros. Arriano (Anábasis 5.19.1) y Diodoro (17.88.4) coinciden en esta misma medida de la estatura de Poro, que equivaldría a 2,25 metros.

[65] ea cum Taxiles narrasset, ille studio incensus nihilominus, qua flumen transiret, cogitabat. Uno de los pocos pasajes en los que se esboza el motivo del póthos de Alejandro.

[66] Los historiadores de Alejandro citan un amplio corpus de correspondencia enviada o recibida por el historiador macedonio. Sin embargo, era poco habitual que un género como el epítome diera espacio a este género. Una versión en griego de esta misma carta se encontró en un papiro del s. I. a.C. (Hamburgensis 129); Thomas (1966: 17-18) reproduce su texto íntegramente. Otra epístola similar se encuentra en Pseudo Calístenes (3.2) y en sus traducciones latinas.

[67] Attalum quendam Macedonem non dissimilem sui. Curcio (8.13.21) es la única otra fuente que presenta este ardid tramado por Alejandro. El uso del quidam hace suponer que no se trata de Átalo hijo de Andromenes, un destacado miembro de los Compañeros. El uso frecuente de este nombre propio entre los macedonios dificulta su identificación. Heckel (2006: 64) no descarta que la historia sea una ficción.

[68] Con la lectura de Hunt (1972: 243-244) adiecta en lugar de iniecta.

[69] iis, quos hippotoxotas dicunt. Los ἱπποτοξόται (lit. “arqueros a caballo”) habían recibido la orden de cargar contra el flanco izquierdo del ejército de Poro (Ariano, Anábasis 5.16.4). Como señala Loube (1995: 53-54), el autor del Epitoma los confunde con los τοξόται (“arqueros”) a quienes Alejandro ordenó disparar contra Poro (Diodoro Sículo 17.88.5).

[70] Con la conjetura de Wagner finitimas en lugar de finium.

[71] Alejandría Bucéfala (Βουκεφάλα), fundada a orillas del Hidaspes. Se desconoce el sitio exacto de emplazamiento de esta población, que todavía existía en el s. I d.C.,

[72] Esta anécdota, que complementa la imagen orgullosa de Poro que se manifiesta en la epístola, no se encuentra en ninguna otra fuente, histórica o novelesca.

[73] Solo los historiadores de la “Vulgata” presentan el episodio de los perros de Sofites: Diodoro (17.92) y Curcio (9.1.31-33). Este último manifiesta abiertamente su incredulidad ante esta anécdota (equidem plura transcribo quam credo Curcio Rufo 9.1.34).

[74] Dinasta indio, su nombre posiblemente provendría de la región que gobernaba, cercana al río Begas.

[75] Con la lectura de D Hidaspen en lugar de Hyphasin. Se trata del actual Jhelum, que recorre Pakistán e India hasta desembocar en el Indo.

[76] Xandrames (sánscrito Chandramas) Conocido en los textos indios como Mahapadma Nanda, último rey de la dinastía Nanda, que gobernó el reino de Magadha en el Ganges en el s. IV a.C. Otras fuentes históricas mencionan esta información sobre su poder militar (Curcio Rufo 9.2.3, D.S. 17.93.2).

[77] El epitomador omite nuevamente una circunstancia desfavorable para Alejandro. Otras fuentes (Curt 9.2.8-3.18. Arriano, Anábasis 25-28) indican que los soldados, agotados, no quisieron continuar la marcha. Se convocó una asamblea del ejército en la que el rey defendió su postura, pero un macedonio de nombre Ceno dio en nombre de los soldados un emotivo discurso pidiendo el regreso a la patria. Alejandro, después de tres días de furia y silencio, decidió volver sobre sus pasos.

[78] Ninguna otra fuente señala la construcción de torres, pero Arriano (Anábasis 5.29.1) señala que los altares eran “más altos que las torres más altas” (ὕψος μὲν κατὰ τοὺς μεγίστους πύργους). Debe suponerse que el epitomador leyó –pero malinterpretó– la misma fuente que Arriano.

[79] Con el objetivo de engañar a la posteridad sobre la magnitud de sus hazañas, como señala Curcio (9.3.19).

[80] El actual Chenab, uno de los principales ríos del Punjab.

[81] Ninguna otra fuente histórica señala la existencia de un hijo de Roxana además de aquel del que estaba embarazada en el momento de la muerte de Alejandro. El epitomador no señala en qué momento habría nacido este hijo, muerto en 326 a.C., pero su existencia no es implausible (Baynham 1995: 70). Para Loube (1995: x-xi), se trata de uno de los indicios de que el autor del Epitoma conocía la tradición judía sobre Alejandro, en tanto que el Romance hebreo menciona que un hijo de nueve meses del rey habría muerto el mismo día que el caballo Bucéfalo.

[82] Con la conjetura de Reuss coetum amnium o coetum fluminum en lugar de Eleumezen, a partir del paralelo con Curcio Rufo 9.4.9 ceterum amnium coetus maritimis similes fluctus movet.

[83] Esta es la segunda epístola que se reproduce en el Epítoma. Existen paralelos en un texto griego de Filón del s. I d.C. (referido también por Clemente de Alejandría) y en otro latino de Ambrosio (Epístola 37) del s. IV d.C. Ambos son citados íntegramente por Thomas (1966: 23-24) La carta de los filósofos indios a Alejandro en el texto griego del Pseudo Calístenes (3.5) y sus traducciones latinas presenta un contexto completamente diferente (Cracco Ruggini 1961: 291-295).

[84] Con la lectura de D somnium en lugar de somnus.

[85] Con la conjetura de Wagner superati en lugar de si partim. 

[86] Los malavas (gr. Μάλλοι, lat. Malli) y los kṣudrakas (gr. Ὀξυδράκαι o Συδράκαι, lat. Oxydracae o Sudracae) eran dos pueblos indios que habitaban en el sur del Punjab. Entre ambos existían una alianza tan firme y antigua que la épica india los identificaba como una única entidad, los ksudrakamalava. Por este motivo, muchos autores antiguos los confundían, entre ellos Curcio (9.4.26) que sitúa el episodio narrado en § 76 en el territorio de los kṣudrakas (in oppidum Sudracarum), cuando en verdad tuvo lugar en el de los malavas (Bosworth, 1996: 135 n. 3).

[87] eorum imperatorem Sambum. Este personaje, mencionado únicamente en el Epitoma, era homónimo de un poderoso rey indio, con el que el autor parece confundirlo más adelante en § 80 (Heckel 2006: 243). Véase infra n. 92.

[88] Según Curcio (9.4.30-33) Alejandro subió solo a la muralla; según Arriano (Anábasis 6.9.3) lo acompañaban Peucestes, Leonato y Abreas, pero saltó en solitario al otro lado.

[89] Leonato era uno de los σωματοφύλακες (lit. “guardias del cuerpo”), el cuerpo de élite de los Compañeros. En el relato de Curcio (9.5.15) es uno de los primeros que acuden al rescate de Alejandro tras conseguir flanquear a los enemigos. Allí sufre una grave herida en la cabeza que lo hace caer, casi muerto, a los pies del rey: cervice graviter icta semianimis procubuit ante regis pedes (Curcio Rufo 9.5.17).

[90] La conversación de Alejandro con los filósofos indios tiene su principal paralelo en Plutarco (Alejandro 64). También se encuentran paralelos en Pseudo-Calístenes (3.6) y sus traducciones latinas, en el papiro Berolini 13044, escrito en el 100 a.C., en los Hermeneumata Stephani (Corpus glossariorum Latinorum III) y en Anécdota Graecae e codicibus regiis I 145-146, ed. Boissonade. Como explica Cracco Ruggini (1961: 295-309), la fuente original de esta anécdota se remonta a Onesícrito, según el cual Alejandro, apenas llegado a la India, se habría enterado de la existencia de filósofos que no llevaban ropas, los “gimnosofistas” (gr. Γυμνοσοφισταί, lit. “filósofos desnudos”), que se negaban a someterse a cualquier tipo de autoridad. En Taxila habría tenido una conversación con dos de ellos, el mayor de los cuales se habría unido después a su séquito. A partir de esta anécdota surgió una larga tradición de diálogos filosóficos, sostenidos oralmente o por cartas, entre Alejandro y los “gimnosofistas”, caracterizados por una impronta cínico-estoica. Debe recodarse también la importancia que tenían en la literatura griega las adivinanzas y los enigmas.

[91] En el original latino, las interrogaciones de Alejandro se presentan en algunas ocasiones en estilo directo y en otras en estilo indirecto. En cambio, las respuestas de los indios siempre son en estilo directo. Mantenemos esta particularidad en nuestra traducción. La forma verbal que traducimos como “preguntó” en el latín original siempre es dixit.

[92] quam ob causam Sambo regi consilium dedistis. Sambo había sido denominado imperator en § 75, pero aquí recibe el título de rex. Sambo era el gobernante de la región india de Sindimana, que fue designado sátrapa de esa misma zona por Alejandro. Poco después encabezó una rebelión contra el dominio macedonio (Heckel 2006: 243-244). Plutarco (Alejandro 64.1) señala que los “gimnosofistas” –que deben ser identificados con la clase de los brahmanes– instigaron su rebelión. Sin embargo, no estuvo relacionado con la rebelión contra Alejandro de los malavas; debe suponerse que el epitomador, además de utilizar la misma fuente que Plutarco, lo confundió con el comandante indio herido en esa ocasión.

[93] Con la conjetura de Reuss in ostio fluminis en lugar de ophirum a partir del paralelo con Curcio Rufo 10.1.11 insulam ostio amnis obiectam.

[94] Con la conjetura de Wachsmuth rediente en lugar de redientes.