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DOI: http://dx.doi.org/10.19137/qs. v24i2.4054


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(Atribución-No Comercial- Compartir Igual)

ARTÍCULOS

 

Entre la expertise y la sociabilidad: los aportes de los técnicos extranjeros a una agroindustria regional (Mendoza, Argentina) (1880-1924)

Between expertise and sociability: the contributions of foreign technicians to a regional agricultural industry (Mendoza, Argentina) (1880-1924)

Entre a expertise e a sociabilidade: os aportes dos técnicos estrangeiros a uma agroindústria regional (Mendoza, Argentina) (1880-1924)

 

Florencia Rodríguez Vázquez
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Argentina
Correo electrónico: frodriguezv@mendoza-conicet.gob.ar

Patricia Elena Barrio
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Universidad Nacional de Cuyo
Argentina
Correo electrónico: pbarrio@mendoza-conicet.gob.ar

 

Resumen: La incorporación de especialistas extranjeros al Estado nacional y su desempeño en agencias económicas y agroindustriales fueron señalados por la historiografía, aunque son recientes los aportes en dependencias provinciales.
A partir de la modernización vitivinícola (1885) se registran iniciativas institucionales orientadas a responder a esa transformación. Una de ellas es la contratación de expertos foráneos que aportaron conocimientos “novedosos y útiles” para una industria perfilada como el motor de la economía, pero con escasas bases técnicas. En particular, se reconstruyen las trayectorias de dos agrónomos y un enólogo, puesto que presentan ciertas particularidades: contratados por el Estado nacional para desempeñarse en la provincia, no registran un cursus honorum ascendente en el Estado sino en alternancia con el sector privado y entidades gremiales. En ese derrotero, se configuraron como voces autorizadas en períodos adversos de la economía provincial, aún desde una posición crítica a la regulación vitivinícola. La posesión de un saber técnico se convirtió en un instrumento para vincularse con otros espacios de discusión, y estos técnicos trascendieron, así, estructuras estatales aún endebles para la formación y permanencia de equipos burocráticos.

Palabras clave: Estado; Conocimientos; Agroindustrias; Técnicos

Abstract: The inclusion of foreign specialists in the national State and their performance in economic and agro-industrial agencies were pointed out by historiography, although recent contributions are on provincial offices.
Since the modernization of wine production (1885), there have been institutional initiatives to respond to this transformation. One of them, the hiring of foreign experts to provide "new and useful" knowledge for an industry that is seen as the economy engine but with few technical bases. In particular, the trajectories of agronomists and oenologists are reconstructed since they present certain peculiarities: they are hired by the national State to work in the province, they do not register an ascending cursus honorum in the State but alternated with the private sector and guild entities. In that course, they configured themselves as authorized voices in adverse periods of the provincial economy, even from a critical position to wine regulation. The possession of technical knowledge became an instrument to link up with other discussion spaces, thus transcending still weak state structures for the formation and permanence of bureaucratic teams.

Keywords: State; Knowledges; Agroindustries; Technicians

Resumo: A incorporação de especialistas estrangeiros ao Estado nacional e seu desempenho em agências econômicas e agroindustriais foram assinalados pela historiografia a pesar de que são recentes os aportes sobre dependências provinciais.
A partir da modernização vitivinícola (1885), registram-se iniciativas institucionais orientadas a responder a essa transformação. Uma delas é a contratação de expertos de fora que aportam conhecimentos “movediços e úteis” para uma indústria se mostra como o motor da economia, mas com escassas bases técnicas. Particularmente, reconstituem-se as trajetórias de dois agrônomos e de um enólogo já que apresentam determinadas particularidades: contratados pelo Estado nacional para desenvolver-se na província não registram um cursus honorum em ascensão no Estado senão em alternância com o setor privado e entidades gremiais. Neste caminho, configuram-se como vozes autorizadas em períodos adversos da economia provincial, desde uma posição crítica à regulação vitivinícola. A pose de um saber técnico converteu-se em um instrumento para vincular-se com outros espaços de discussão, que transcendeu estruturas estatais ainda fraco para a formação e permanência de equipes burocráticas.

Palavras-chave: Estado; Conhecimentos; Agroindústrias; Técnicos

 

Entre la expertise y la sociabilidad: los aportes de los técnicos extranjeros a una agroindustria regional (Mendoza, Argentina) (1880-1924)1
Introducción

Las agencias estatales de cuño nacional y la incorporación de funcionarios especializados que diseñaron e implementaron políticas públicas han sido objeto de un vasto tratamiento (Oszlak, 2006; Bohoslvasky y Soprano, 2010; Bohoslavsky y Godoy Orellana, 2010; Zimmerman y Plotkin, 2012). Al igual que lo fueron las particularidades en la conformación de dependencias y burocracias estatales de jurisdicción provincial, territoriana y municipal (Casullo, Gallucci y Perrén, 2013; Ortiz Bergia, 2015; Rodríguez Vázquez y Raffa, 2016; Di Liscia y Soprano, 2017), que no siempre replicaron las orientaciones de sus pares nacionales, sino que adquirieron lógicas singulares de acuerdo con las demandas de los contextos en que se circunscribían. Estas agencias se nutrieron de expertos, entendiendo por tales a “técnicos y especialistas con un alto grado de formación y entrenamiento académico que trabajan en y para el Estado, y más recientemente en ONG y organismos internacionales” (Neiburg y Plotkin, 2004, p. 15). Desde esta perspectiva, es amplia la literatura que, para los años treinta, pone de relieve las trayectorias de especialistas como funcionarios que influyeron en la elaboración y legitimación de políticas públicas para una sociedad que se complejizaba, y también como intermediarios entre la sociedad civil y el Estado,2 y entre este y los empresarios, mediante su participación en corporaciones.
En general, lo descrito fue el resultado de un proceso de formación de recursos humanos y de construcción del Estado, aunque, durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX la base técnico-científica y académica del Estado argentino era escasa y/o ausente y fue necesario nutrirla de profesionales extranjeros (Babini, 1986; Weinberg, 1998; Graciano, 2004; Neiburg y Plotkin, 2004; Zimmerman y Plotkin, 2012). Respecto de las economías regionales, se contrataron especialistas para realizar informes y organizar un sistema de escuelas –con grado diverso de complejidad– y estaciones experimentales con el fin de formar peritos y peones, además de propender al desarrollo sostenido de las diferentes áreas productivas. En Cuyo, el agrónomo francés Michel Pouget fue director de la Quinta Agronómica en la década de 1850 (Hualde de Pérez Guilhou, 1985). En 1873, bajo jurisdicción del Departamento –luego devenido en Ministerio– de Agricultura de la Nación, se inauguró la Escuela Nacional de Agricultura, que funcionó hasta 1889, cuando fue cerrada por dificultades financieras y reinaugurada luego como Escuela Nacional de Vitivinicultura (1896), para apoyar el despegue de ese sector productivo. En el establecimiento funcionó anexa una estación enológica (1904), instalada como respuesta a la crisis vitivinícola de 1901-1903, que dejó en evidencia la falta de conocimiento especializado. Estos organismos fueron parte de un conjunto de instituciones de investigación y formación agrícola por el que circularon varios técnicos, aunque, en general, con escasa permanencia.3 El veterinario español Manuel Patiño y Fuentes fue contratado por el gobierno para dar clases en la Escuela Agronómica de Salta y, a su cierre en 1880, fue trasladado a la de Mendoza. Otro español, Manuel Vázquez de la Morena, al finalizar su gestión como director de la Escuela Agronómica (Mendoza), brindó asesoramiento técnico en el Departamento Nacional de Agricultura. Los franceses Carlos Delaballe y Eugenio Berthault también se desempeñaron como docentes y autoridades en la mencionada escuela mendocina; lo cual ejemplifica los efectos locales de la circulación trasnacional de profesionales y técnicos en el marco de un proceso de implantación del modelo capitalista en Latinoamérica (Pretel y Camprubí, 2018).
En este trabajo reconstruimos las trayectorias profesionales de otros técnicos que, por una definida expertise, fueron también contratados por el Estado nacional a fines del siglo XIX y compartían características similares (Mateu y Stein, 2006, pp. 267-292; Richard-Jorba, 2007; Pérez Romagnoli, 2009, pp. 142-144; 2010, pp. 89-92; Simpson, 2011; Rodríguez Vázquez y Barrio, 2013, pp. 269-298; 2016, pp. 19-42). Se trata de dos agrónomos: el ruso Aarón Pavlovsky y el francés Pierre Cazenave, y el un enólogo, el italiano Arminio Galanti.
La exploración nos permite reflexionar sobre cómo el Estado se relacionó con el conocimiento técnico orientado a la agroindustria, en una etapa intermedia entre los gobiernos de notables y el fortalecimiento del Estado durante los años treinta. Asimismo, nos preguntamos si ese capital técnico especializado funcionó como soporte para establecer otras relaciones sociales y económicas con actores del sector productivo y empresario, y, en caso afirmativo, si continuaron influyendo (o no) en el espacio público y de qué manera.

Aaron Pavlovsky

De familia rusa emigrada a Francia, Aarón Pavlovsky estudió agronomía en la Escuela Nacional de Agricultura de Montpellier y en el Instituto Agronómico de París, con un amplio dominio sobre temas vitivinícolas. Esto explica que fuera contratado como director de la Escuela Nacional de Agricultura en Mendoza, entre 1884 y 1888, y que durante su gestión se incorporaran las asignaturas relativas a la vitivinicultura (1887).4 Esta reforma resulta valorable si se toma en cuenta que la industria se encontraba por entonces en una etapa transicional desde un modelo artesanal a otro de modernización y adquisición de equipamiento tecnológico, con el objetivo de abastecer al mercado nacional. Sin embargo, Pavlovsky se desvinculó del establecimiento, probablemente, por un lado, porque en 1888 este fue traspasado a la jurisdicción provincial y las reformas organizacionales afectaron su autoridad; por otro lado, porque fue denunciado por sustracción de material, hecho que nunca se comprobó.5 Aun así, continuó radicado en la provincia, donde se casó con María Luisa Molina y Videla Correas, perteneciente a una familia de la elite criolla mendocina. En 1888 asesoró al gobierno de la provincia en los procedimientos para evitar el contagio de vides con filoxera procedentes de Buenos Aires. Parte de ese trabajo nutrió un decreto provincial sobre prevención de la plaga. De este modo, la salida del técnico de la escuela no alteró sus vínculos locales.6
Durante su gestión pública, Pavlovsky sistematizó en informes la experimentación en viñedos de la escuela7 para avanzar en la selección varietal,8 presentó un balance de las investigaciones desarrolladas y, sobre esta base, publicó en 1888 y 1894 un panorama de la viticultura argentina (Pavlovsky, 1885a, 1885b; 1888; 1894; Richard-Jorba, 2007). Poco después, hizo algunas presentaciones a raíz de los focos filoxéricos en Buenos Aires.
Desvinculado del Estado, fue beneficiado en 1888 con una exención impositiva a los terrenos plantados con viña (35 hectáreas).9 Luego fue propietario de viñedos y de la bodega "La Purísima", ubicada en el departamento de Guaymallén, cercano a la capital provincial. En 1891 comercializaba sus vinos a la “casa de Bemberg" localizada en Capital Federal, y en 1908 fue miembro del Centro Vitivinícola Nacional (Barrio de Villanueva, 2006). De modo que mientras era director de la Escuela de Agricultura generó relaciones interempresariales, y creó y fortaleció lazos comerciales y sociales que le permitieron, primero, garantizar la venta de sus vinos en Buenos Aires y, luego, ingresar a la entidad que nucleaba a los bodegueros del país.
Su inserción en la élite nacional fue una particularidad. En efecto, hacia 1908, en el marco de un desempeño empresarial muy activo, fue convocado por el Ministerio de Agricultura de la Nación para realizar un estudio en Europa sobre la comercialización de productos agrícolas. Esta designación, ad honorem, se enmarcó en la organización de una comisión de fomento de depósitos agrícolas (ley de warrants), experiencia a partir de la cual presentó un informe sobre enseñanza, créditos y cooperativas agrícolas (de producción, consumo, venta y seguros) (Pavlovsky, 1908). Poco después, disertó en la Sociedad Rural Argentina, donde señaló las estrategias para facilitar la permanencia de los contingentes inmigratorios (entrega de tierras, condiciones de vida y trabajo aceptables, información y créditos baratos), las ventajas de las cooperativas para la eliminación de los intermediarios y los beneficios de la instalación de depósitos agrícolas en las inmediaciones del ferrocarril (Pavlovsky, 1910). Es probable que el estudio haya servido de insumo para la sanción de una inédita ley de crédito agrícola en Mendoza durante la gobernación de Emilio Civit, aunque de escasa repercusión.
Las vinculaciones con la esfera nacional no se agotaron allí. Fue comisionado para redactar un tratado de comercio entre Argentina y Chile que se aprobó en 1910 (Lacoste, 2004, pp. 97-127). Por esta función, tuvo una estadía en Chile, donde presentó un prolijo informe que sustentaba la redacción del convenio. Además de aportar datos sobre la población y las producciones, detectó la decreciente importación de vinos europeos y chilenos hacia Argentina y su reemplazo por bebidas nacionales, así como las posibilidades de incremento del consumo frente al crecimiento de la población en ambos países (Pavlovsky, 1909). Es oportuno señalar que este tratado desencadenó el cuestionamiento de los bodegueros locales, debido a la posibilidad de que el comercio de vino chileno afectara el consumo del argentino.
Más tarde, como empresario, fue delegado provincial –junto con un importante bodeguero, Domingo Tomba– en el II Congreso Nacional de Comercio e Industrias, celebrado en Mendoza en 1913. En esa oportunidad, Pavlovsky cuestionó la escasez de personal técnico profesionalmente preparado, en alusión a la situación de las bodegas pero también como una crítica a la formación “enciclopedista” de las escuelas agrícolas, ya que se necesitaba “una capacitación práctica con rápida salida laboral” (Memoria del II Congreso Nacional de Comercio e Industrias, 1914, p. 483). Esta declaración procede de un Pavlovsky alejado de la actividad académica e integrado al grupo de bodegueros más poderosos de la región.
En 1914 se inició una nueva crisis vitivinícola provincial. La demanda del vino cayó, con el consecuente aumento importante de su stock y la baja de su precio, lo cual provocó una tensión en la relación entre los bodegueros y los viñateros por la desvalorización de la uva. Pavlovsky disertó en la sede del gremio empresarial Sociedad Vitivinícola, donde retomó su argumento acerca de la conveniencia de crear cooperativas de venta de vinos para eliminar intermediaros del mercado del litoral.10 Sin embargo, el gobierno provincial impulsó la ley 625, que establecía un impuesto adicional a la bebida, autorizó la desnaturalización de su excedente e implementó un programa de promoción de nuevos mercados (Barrio de Villanueva, 2007).
El especialista –a quien se sumaron otros industriales– se opuso enérgicamente a esa ley. En efecto, Pavolvsky rechazó el gravamen –al que juzgó como “una exacción”–,11 como también la idea de eliminar uva y vino porque había capacidad suficiente para elaborar la siguiente cosecha; propuso exportar vinos hacia países limítrofes y Europa y fomentar industrias afines (destilados, licores y coñac). Su idea era organizar el comercio del vino y perseguir su fiscalización en las plazas consumidoras; de este modo, el Estado aumentaría la recaudación fiscal sin incrementar los gravámenes. Para ello planeaba fundar una gran sociedad anónima con, al menos, el 75% de viñateros y bodegueros, y que un consorcio financiero aportara el capital para modernizar el sector. Los accionistas de este consorcio tendrían mayoría en el directorio y la sede estaría en la ciudad de Buenos Aires. Es muy probable que las conexiones de Pavlovsky con el mercado le aportaran un sólido conocimiento sobre los vaivenes del sector y fundamentaran esta propuesta (Barrio, 2017). Sin embargo, la Sociedad de Vinicultores rechazó el proyecto porque trasladaba el poder de decisión de la empresa a la capital nacional. Pero la idea de conformar un monopolio ya había sido instalada,12 y al año siguiente se formó una empresa con estas características: la Compañía Vitivinícola Mendoza (Barrio, 2017).
En síntesis, la proposición de Pavlovsky apuntaba a que el empresariado invirtiera en una producción de mayor calidad, aun con los costos que ello implicaba, y en organizar el comercio de vinos. Se distanciaba entonces de las perspectivas imperantes para administrar la crisis, basadas en la recarga impositiva y el control del excedente vínico.

Pierre Cazenave

Cazenave estudió agronomía en la Escuela Nacional de Agricultura de Grignon en Francia (Pérez Romagnoli, 2009), y se especializó luego en laboratorios enológicos de ese país.13 Llegó a Argentina para dirigir el Instituto Superior de Agronomía de Buenos Aires. Luego se trasladó a Mendoza14 para instalar, en 1905, la Estación Enológica. Como se adelantó, la crisis vitivinícola de 1901-1903 había evidenciado la escasez de conocimientos y caos técnico de la agroindustria, además de la necesidad de realizar ensayos que respondieran a las demandas técnicas locales (calidad enológica, rigurosidad en la elaboración, selección y tipificación varietal) (Rodríguez Vázquez, 2012). En ese marco, varios fueron los agrónomos, enólogos y químicos contratados por el Estado, nacional y provincial. Algunos de ellos tuvieron un paso breve por la provincia y rotaron por diversas escuelas agrícolas (como Domingo Simois, en Mendoza y Tucumán, y José Alazraqui, en Mendoza y Entre Ríos), y otros se radicaron por un período más extenso, como Cazenave. Aunque permaneció pocos meses en el cargo, sus aportes fueron muy destacados. En primer lugar, y en consonancia con lo expresado por el químico Pedro Arata con motivo de la mencionada crisis, 15 publicó en revistas técnicas de circulación provincial y nacional, en las que mostró las deficiencias en las labores vendimiales y los problemas en la vinificación de las pequeñas bodegas cuyanas, tales como la falta de aseo de las vasijas y de control de la fermentación, y el inadecuado uso de maquinarias, implementos y sustancias para vinificación. Señalaba, también, la necesidad de superar con “resolución segura y bien determinada” este “período de ensayos empíricos de donde no puede obtenerse sino resultados dudosos”.16 Por ello, dirigió diversos ensayos en bodegas.17 No obstante, esta fructífera tarea de publicista mermó hasta adoptar un carácter muy esporádico en artículos sobre destilación, en el Semanario Victoria.
La estación enológica se vio opacada por la centralidad de la Escuela de Vitivinicultura, que asumió la generación de conocimientos técnicos de base local, además de la preparación de recursos humanos. Es muy probable, además, que la salida de Cazenave se debiera a que la actividad privada prometía una ganancia mayor que como funcionario del instituto.
La inserción de Cazenave en el aparato productivo resultó aún más fructífera para el escenario local. Fue director técnico de bodegas,18 entre ellas, la más importante de ese período, Bodegas y Viñedos Giol SA, donde ideó un novedoso sistema de vasijas de mampostería para la fermentación de grandes volúmenes. Su interés por los derivados de la industria vitivinícola –en particular la destilación– lo llevó a asociarse con el austríaco Libertus Van Bokkelen y Cirilo Pryce, 19 en Godoy Cruz, para elaborar y exportar subproductos vínicos, animado por la coyuntura de la Primera Guerra Mundial.20 Sin embargo, la empresa no prosperó más allá del término de la guerra debido a la escasa demanda interna del producto y a las dificultades para una producción sin impurezas ni sustancias tóxicas para la salud, consecuencia de la falta de equipos apropiados.
Al mismo tiempo, Cazenave diseñó y patentó instrumentos de medición y equipos para destilación que sustituyeron a los importados. Fueron difundidos bajo su nombre, incluso en el extranjero, probablemente por sus previos lazos comerciales con la firma Frantz Malvezín, fabricante de pasteurizadores para vitivinicultura. El éxito de este emprendimiento se debió, por un lado, a la eficacia de los instrumentos y equipos, puesto que a partir de modelos foráneos se crearon sustitutos adaptados a las condiciones y requerimientos locales de elaboración; por otro lado, eran más económicos, ya que eran fabricados localmente en los talleres de otro francés, Julio Oscar Rouselle (Pérez Romagnoli, 2009). De este modo contribuyó al desarrollo técnico de la vitivinicultura desde el sector estatal y, luego, desde el privado, donde permaneció de manera definitiva y exclusiva.
Cuando se desencadenó la crisis de la Primera Guerra Mundial, se produjo un debate en torno a la necesidad de reformar la Ley Nacional de Vinos de 1904, que se consideraba anticuada. Cazenave, que había acumulado prestigio como investigador, director técnico de bodega, innovador tecnológico y empresario, presentó un enjundioso proyecto de ley (de 94 artículos), que fue adoptado por el gremio del sector –la Sociedad de Vitivinicultores de Mendoza– y elevado a la Cámara de Diputados de la Nación. Su propuesta también contó con el apoyo de la Sociedad de Vinicultores de San Juan (Barrio de Villanueva, 2007).
Una parte del texto condensaba los avances enológicos de la última década y establecía, entre otros aspectos, las sustancias permitidas y prohibidas en el proceso de vinificación, y la elaboración del vino a partir de uva fresca.21 En otra parte, imponía exigencias y controles a los vinos importados. Una sección trataba sobre la policía del vino, tema central en las discusiones de la década siguiente. Lo distintivo era que el texto establecía el control nacional sobre la agroindustria, al definir regiones vitivinícolas; y si bien las dependencias locales podían recoger información y fiscalizar la producción y comercialización –tal como sucedía en Mendoza y San Juan–, la nación tendría preeminencia en dicha actividad con la creación de un cuerpo nacional de inspectores. Para sostener esta estructura, las provincias derivarían a la nación parte de los impuestos al vino, al igual que el procedente de las multas y de la venta de los productos decomisados. Este punto, lógicamente, produjo la oposición del gobierno provincial, que dependía de los gravámenes al sector para su sostenimiento.

Arminio Galanti

El itinerario de este italiano fue más amplio que el de los dos personajes anteriores. Respecto de sus estudios, él se presentaba como enotécnico, aunque no tenemos el dato exacto de su titulación. Solo hallamos evidencia de su paso por la Facultad de Ciencias Matemáticas, Físicas y Naturales (1890-1891) de Boloña (Italia).22
La relación de Galanti con el Estado fue más duradera y también más conflictiva, como se verá. En primer término, con motivo de una crisis del sector ocurrida en 1897, fue contratado por el Ministerio de Agricultura de la Nación para realizar un informe, que es el primer estudio complejo sobre la vitivinicultura en Argentina (Galanti, 1901). Con abundantes datos, este alertaba acerca de los problemas más urgentes de esta actividad agroproductiva: la escasez de conocimientos técnicos que realmente orientaran a los productores, dado que solo había “un tecnicismo especulativo” (Galanti, 1901, p. 27). Ejemplificaba esto último con la importación de equipamientos para incrementar la productividad sin atender a los requerimientos específicos de la industria local y a los mercados nacionales. Según su óptica, esto afectaba la calidad y la tipificación de los vinos. Destacaba la necesidad de conformar “una ciencia enológica”, que surgiría como disciplina independiente solo en la década de 1930 (Fresia, 2005) bajo los aportes de las facultades de Enología (Don Bosco) y de Ciencias Agrarias (Universidad Nacional de Cuyo).
Gracias a sus contactos, en 1901 Galanti formó, con el uruguayo Nicolás Arzeno, una sociedad dedicada a comprar y vender vino, insumos enológicos y equipos para la vitivinicultura.23 Contaba con capital aportado por Arzeno, y su conocimiento y contactos comerciales. La integración de varias actividades era novedosa, pero la crisis de 1901-1903 llevó a la firma a la quiebra en 1905.24
Justamente, durante esa coyuntura Galanti pasó del rol de experto contratado por el Estado al de lobista. En efecto, como asesor de una entidad gremial, el Centro Vitivinícolo –y en contradicción con su publicación de 1900 que pedía mayor conocimiento técnico–, en esta oportunidad criticó las inspecciones a las bodegas decretadas por el gobernador Elías Villanueva, porque afectaban a los bodegueros más pequeños, quienes no falsificaban los caldos sino “que por mala suerte no han podido expender o conservar debidamente sus vinos”.25 También se opuso al proyecto de ley nacional de vinos del senador mendocino Julián Barraquero, que prohibía la entrada de vinos para cortarlos (mezclarlos) con los argentinos. La causa de esto era que Galanti estaba asociado a la importación de vinos italianos. Por eso, argumentó que la industria no estaba madura para las exigencias del plan de Barraquero y que era necesaria la mezcla de vinos locales con extranjeros. Para él, la futura ley solo debía prohibir la elaboración de vinos con otras sustancias distintas al zumo de uva (Barrio de Villanueva, 2007).
En la siguiente crisis, entre 1914 y 1918, Galanti fue una de las voces “autorizadas” más importantes. El diario La Nación publicó un extenso estudio de su autoría en el que realizaba una minuciosa crítica a la ley 625 –que estableció un impuesto de emergencia al vino-, un diagnóstico de la vitivinicultura mendocina y una reforma a la ley de vinos.26 En esta circunstancia volvió a su discurso técnico, aunque defendiendo al pequeño productor. Al respecto, enjuiciaba la agroindustria en toda la cadena productiva porque se había priorizado la cantidad para satisfacer un mercado en expansión con vino común, lo cual implicaba una renuncia a elaborar vinos de calidad, similares a los importados pero de mayor costo.27 Consideraba también que la ley 625, ideada por los grandes bodegueros, era “la ruina de los pequeños y medianos industriales [debido a que aquellos contaban con recursos acumulados y con acceso al crédito] en algunos casos, son hasta socios en las bodegas” para pagar el impuesto (en referencia a la sociedad anónima Giol en manos del Banco Español del Río de la Plata); de modo que en las etapas de crisis, solo ellos podrían expedir vino “como los únicos dueños del mercado, y cuando necesiten podrán comprar a los otros bodegueros por el precio a su antojo”. Desde su óptica, esto conformaría “un trust…no legalmente constituido”,28 y el impuesto influiría en un encarecimiento del vino, que complicaría aún más su colocación durante la depresión del mercado.
Con respecto a su proyecto de reforma de la ley vigente, consideraba que la nueva legislación debía ser “taxativa y rigurosa” pero “adaptable” al tiempo; por ello aconsejaba no incorporar exigencias enológicas, aspecto que quedaría reservado a una reglamentación ajustada al avance técnico. Difería así de la propuesta de Cazenave, quien defendía la inclusión de los insumos permitidos y los prohibidos. En segundo lugar, la normativa debía perseguir el fraude industrial mediante el control de los insumos enológicos e implementar una fiscalización comercial del vino que no afectara “la más amplia libertad industrial”.29 Este control en los centros de consumo debía estar en manos del gobierno nacional por medio del personal de Impuestos Internos. Finalmente, para solucionar el problema del comercio de vinos, proponía un encadenamiento cooperativo formado por bodegas sociales para la conversión de los viñateros netos en elaboradores; cooperativas entre los pequeños y medianos bodegueros para mejorar la calidad y comercialización del vino; y finalmente, la constitución de una gran cooperativa nacional de consumo, con asiento en Buenos Aires y sucursales en las principales metrópolis, bajo el control del gobierno nacional. Sería administrada por una comisión de representantes de cada provincia vinícola y financiada por un impuesto al consumo, destinado también a la formación de la policía del vino. Por último, la única posibilidad de diversificación era la industria analcohólica (jugo de uva);30 y otros productos fueron rechazados por dificultades técnicas para su producción a gran escala.
Si comparamos las propuestas de Galanti, Pavlovsky y Cazenave, se constata que los dos primeros apostaban a una reforma organizacional a partir de formas de asociacionismo, pero con una diferencia esencial en la cúspide: mientras el segundo rechazaba la intervención estatal y proponía regular el comercio del vino por medio de una empresa monopólica, el primero defendía el cooperativismo, la regulación bajo el Estado nacional y el acuerdo político entre las provincias productoras. Y esta última idea guardaba similitud con la de Cazenave en cuanto que ambas propiciaban la centralidad del Estado nacional; en el caso del italiano, para organizar la comercialización; y en el de Cazenave, para controlar la elaboración y venta del vino en todo el país.

1. La trayectoria posterior de Galanti

A diferencia de los otros dos personajes, Galanti tuvo una actuación pública posterior a la finalización de la Primera Guerra Mundial. En 1918 llegó al Poder Ejecutivo provincial el primer gobernador radical, José Néstor Lencinas,31 quien reorganizó la Dirección de Industrias32 como Dirección General de Fomento Agrícola e Industrial, con vistas a aplicar un ambicioso proyecto de diversificación productiva que contrarrestara los efectos adversos de la especialización vitivinícola. En esta coyuntura, Lencinas contrató al especialista italiano como jefe de la sección técnico-enológica33 para organizar el cuerpo de inspectores que controlaban las bodegas. Tras una intervención federal, el gobernador radical nuevamente lo convocó a mediados de 1919 como “Representante comercial de la Provincia en las Repúblicas del Uruguay, Brasil y Paraguay”, con sede en Montevideo. Esta designación34 respondía a la radicación de Galanti en esa ciudad por los vínculos empresariales que mantenía con el uruguayo Nicolás Arzeno.35 Inmediatamente, el especialista italiano alentó la participación de la provincia en la Exposición Agrícola Industrial de 1919 en Montevideo y negoció una reducción de las tarifas del transporte ferroviario y fluvial.36 Como resultado, la entrada de vinos a Uruguay, iniciada en 1917, tuvo una fuerte suba en 1919 (casi 50.000 hectolitros), pero decayó al año siguiente por una decisión política de aquel país (Baptista, 2008, p. 121). Esto explicaría el abandono de esa representación.
En febrero de 1922, durante una baja coyuntural del precio del vino, asumió la gobernación Carlos Washington Lencinas, hijo de José Néstor Lencinas, quien convocó a varios de los técnicos designados por su padre para el diseño e implementación de su política agroindustrial. En esta oportunidad, Galanti alcanzó el nombramiento más alto de su trayectoria en el Estado: director provincial de industrias (1922-1923), organismo dependiente del Ministerio de Industria y Obras Públicas, a cuyo frente estaba el prestigioso agrónomo Leopoldo Suárez.37 La designación como director y ministro puede explicarse por el acercamiento de Galanti al sector empresario, cuyos intereses había representado en numerosas oportunidades; mientras que Suárez se posicionaba como un especialista respetado por la opinión pública, y también como miembro de la elite del partido radical-lencinista. La decisión del Ejecutivo fue desacertada por la enemistad que había entre ambos por cuestiones técnicas y por el “monopolio del saber” en el diseño de las políticas públicas. Estas divergencias impidieron la implementación armónica de estrategias de intervención en la vitivinicultura y derivaron en la salida de Galanti de la dirección.
Luego de esta experiencia, y como corolario del discurso técnico sobre diversificación y aprovechamiento de los derivados de la uva y el vino, Galanti instaló una fábrica de productos analcohólicos en 1924 en el departamento de Godoy Cruz. Logró el apoyo de varios bodegueros y “de una fuerte empresa de Buenos Aires”. Incluso presentó una muestra de productos en la Exposición de la Sociedad Rural Argentina y un stand para comercialización en Capital Federal.38 Sin embargo, la iniciativa tampoco prosperó. La elaboración de productos analcohólicos tenía inserción solo en el mercado local, por lo que su rentabilidad era sensiblemente menor que la de la elaboración de vino en momentos de bonanza. Esta cuestión fue reconocida por Galanti al inaugurar el establecimiento. Este nuevo fracaso empresarial lo alejó de la provincia definitivamente. Se dirigió de nuevo a Uruguay, donde conservaba un capital relacional que le permitió reincorporarse al asesoramiento privado y estatal.

Reflexiones finales

¿Cuál es el balance de estos recorridos? Que al igual que en otras regiones del país, la llegada de especialistas extranjeros (agrónomos, químicos, fitopatólogos) a Mendoza estuvo motivada por la necesidad de modernizar técnicamente producciones artesanales para insertarlas en una economía capitalista, propiciada por la circulación de expertos y la transferencia tecnológica a escala global. Se esperaba que la generación de conocimiento nutriera las políticas de fomento y que la formación de recursos humanos se realizara a través de instituciones públicas, como escuelas agrícolas, estaciones experimentales y agencias estatales. Sin embargo, las escuelas agronómicas de Mendoza, al igual que las agencias de orientación productiva, fueron institucionalmente inestables en las primeras dos décadas del siglo XX. Por lo tanto, las contribuciones de estos técnicos fueron esporádicas y obedecieron al pedido o contratación de alguna agencia nacional. Estos informes dejaron en evidencia las principales falencias de una agroindustria que se incentivó sin bases técnicas previas. En el caso de Pavlovsky, ligado a la elite social de Buenos Aires, también asesoró al gobierno nacional en diversos temas agrícolas.
La inestabilidad de las instituciones oficiales y el atractivo de una actividad productiva en expansión, pero con déficit de conocimiento, permitieron que estos actores, legitimados por un capital simbólico generado en ámbitos internacionales, se incorporaran a las redes empresariales, tanto como voceros de sus intereses o, directamente, participando en emprendimientos propios. Sin duda, Pavlovsky fue quien alcanzó una inserción más exitosa en espacios empresariales nacionales, mientras que Cazenave se destacó como agente de modernización técnica mediante la adaptación y fabricación de bienes de capital para la industria. Por su parte, Galanti impulsó una de las estrategias aplicadas posteriormente para disminuir la vulnerabilidad del sector: la diversificación productiva. Desde este espacio se incorporaron fácilmente al debate público porque sus voces eran consideradas autorizadas, tal como se desprende de sus publicaciones en los prestigiosos diarios nacionales, de que contaran con el aval de instituciones representativas del sector y de que fueran consultados por los gobiernos. En este aspecto, la mayor densidad conceptual la desarrollaron durante la crisis que generó la Primera Guerra Mundial, cuando se situaron en la agenda pública ciertos tópicos, algunos de los cuales –como la diversificación productiva, el cooperativismo, la “nacionalización” de la organización comercial y el control del sector con mayor presencia de la nación– serían rediscutidos y puestos en práctica en la década del treinta. En estas propuestas pueden leerse no solo la búsqueda de una mayor rigurosidad técnica que caracterizaría a un “burócrata autónomo”, sino también las inquietudes y demandas de las entidades a las que representaban dentro del heterogéneo mundo vitivinícola.

Notas

1 Una versión preliminar de este artículo fue discutida en el I Coloquio IDEHESI: El Estado: problemas, debates y perspectivas, organizado por IDEHESI-CONICET/Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 6 y 7 de septiembre de 2018. Las autoras agradecen los comentarios vertidos en esa oportunidad, así como los de Ernesto Bohoslavsky y de los evaluadores anónimos de Quinto Sol. Este trabajo fue desarrollado en el marco del PIP CONICET “Agentes estatales, trabajadores y empresarios en las transformaciones políticas, económico-sociales y territoriales en la provincia de Mendoza entre el lencinismo y los albores del peronismo” (Resol. D. N° 111, 20-1-2016).

2 Noemí Girbal-Blacha (1992), Osvaldo Graciano (2004, 2017) y Federico Martocci (2010) reflexionaron acerca de la formación de una élite técnica funcional al desarrollo agroexportador.

3 Hubo casos tempranos de expertos contratados por el Estado que permanecieron en él, como William Backhouse y el genetista norteamericano Thomas Bregger (1921-1927), el agrónomo alemán Enrique Klein (Arellano Hernández, Kreimer, Ocampo Ledesma y Vessuri, 2005; Bonfanti, 2008; Graciano, 2017); y en Tucumán el agrónomo español Francisco Roca Sanz y el químico alemán Federico Schickendantz (Moyano, 2011).

4 Boletín del Departamento Nacional de Agricultura (BDNA), 1887, pp. 321 y 323. Y Carpeta 56, Documento 33, 1887. Archivo General de la Provincia de Mendoza (AGPM), Mendoza, Argentina.

5 La pérdida de materiales y de una partida de cepas enviadas desde Chile comprometió al director, aún más por una publicidad en la que él ofertaba cepas de uvas y sarmientos franceses. Fue reemplazado por Luis Mathino Nicolás, diplomado del Instituto Agronómico de Francia (Carpeta 57 A, Documento 39, 1888. AGPM). Su estadía fue muy breve.

6 Carpeta 57 A, Documento 30, 1888. La gravedad de esta plaga fue reflejada por el BDNA, abril de 1888, tomo XII, p. 30.

7 Los planteles de viña habían sido conformados por variedades introducidas desde Chile. Los ensayos apuntaban a introducir labores culturales para un mayor rendimiento productivo y aclimatar variedades extranjeras (Pavlovsky, 1885, p. 79).

8 El Departamento de Agricultura señalaba que la mala calidad de los vinos y de su conservación se debía a la mezcla de variedades en el viñedo (BDNA, 30 de abril de 1890, tomo XIV, entrega 8, p. 210).

9 Registro Oficial de la Provincia de Mendoza, 1896, p. 584. AGPM. La magnitud del emprendimiento puede verificarse por el tamaño promedio de una explotación vitivinícola, de 5 hectáreas.

10 Pavlovsky, A. (4 de marzo de 1914). Conferencia en la Sociedad Vitivinícola. La Tarde, pp. 4 y 5. Biblioteca Pública San Martín (BPSM), Mendoza, Argentina.

11 Asamblea ayer en la Sociedad Vitivinícola (18 de mayo de 1914). La Industria, p. 6. BPSM.

12 Problema vitivinícola. La reunión de ayer en la Casa de Gobierno (22 de agosto de 1916). Los Andes, p. 6. BPSM.

13 Ingeniero Agrícola Pedro Cazenave falleció en Chile (22 de febrero de 1941). Victoria, p. 3. BPSM.

14 Comentarios al proyecto de Zeballos. Datos de Cazenave (11 de junio de 1914). La Industria, p. 6.

15 Arata, junto con un químico radicado en la provincia de Mendoza (Ulises Isola) y el director de la Escuela Nacional de Vitivinicultura (Domingo Simois), elaboró un extenso informe acerca de los problemas de la principal agroindustria regional. Ver, Arata et al. (1903).

16 Cazenave, P. (1904-1905). Informes sobre la enología en las provincias de Mendoza y San Juan. Boletín Defensa Vinícola Nacional, (3), pp. 4-22. AGPM. Este tema fue avalado desde diversas publicaciones técnicas; por ejemplo, la revista Vinicultura Práctica, editada por el enólogo y bodeguero Juan Canadé. En 1911 publicó folletos de bajo costo sobre correcciones de los mostos y alteraciones de los vinos, luego recopilados y editados en dos tomos, donde se aclaraba que estaban destinados a estudiantes de vitivinicultura y para el uso de bodegueros y comerciantes de vinos. Ambos recogían las conclusiones de investigadores europeos.

17 Ingeniero Agrícola Pedro Cazenave falleció en Chile (22 de febrero de 1941). Victoria, p. 3.

18 En 1914, dirigía la elaboración de vino en quince bodegas y en 1938 en la destacada Bodega Giol. Comentarios al proyecto de Zeballos. Datos de Cazenave (11 de junio de 1914). La Industria, p. 6. Nómina de asociados (1938). Anuario del Centro de Viticultores Enólogos, p. 1. Biblioteca Don Bosco de Rodeo del Medio, Mendoza, Argentina

19 Protocolo notarial 1756, 8 de julio de 1922, folios 800-810. AGPM.

20 Esta inédita experiencia estaba respaldada por la prédica de agrónomos regionales que advertían sobre la necesidad de destinar la materia prima a otros usos (elaboración de mistelas, jugos de uva, pasas), para equilibrar el consumo con el excedente de vinos. También fueron retomadas por el Centro Vitivinícola Nacional, que evaluaba como un desafío para la industria argentina la utilización “integral”, “múltiple” de los derivados de la uva. Industrialización múltiple de la uva (julio de 1929). Boletín del Centro Vitivinícola Nacional, p. 496. BPSM.

21 La ley de 1904 permitía la elaboración de vino con uva fresca o “simplemente estacionada”, lo que favoreció la salida de uva de Mendoza a centros urbanos donde se fabricaba vino que competía con la producción local.

22 Archivio Storico dell’ Università di Bologna (s. f). Fascicoli degli Studenti: Arminio Galanti. Bologna, Italia: Archivio storico dell'Università di Bologna. Recuperado de www.archiviostorico.unibo.it/patrimonio-documentario/fascicolo-studenti.

23 Protocolo notarial 657, 12 de junio de 1901, folio 385. AGPM.

24 El juez declaró la quiebra fraudulenta y condenó a los dos socios a la cárcel. Tras saldar sus deudas, fueron liberados. Resolución de un caso (15 de agosto de 1905). Los Andes, p. 5.

25 Habla Galanti (27 de enero de 1903). El Comercio, p. 2. BPSM.

26 Las causas primordiales de la crisis (23 de mayo de 1914). La Nación, pp. 6-7. BPSM.

27 Esa decisión tenía racionalidad económica, dado que los consumidores eran inmigrantes europeos, acostumbrados al vino “grueso” y de bajo costo.

28 Galanti, A. (28 de mayo de 1914). Estudio crítico sobre la cuestión vitivinícola. La Nación, p. 7.

29 La Nación, 25 de julio 1914, p. 6.

30 Hacia 1921, tras reconocer la escasa aceptación de su propuesta entre los industriales, presentó un informe sobre “la industrialización múltiple de la uva” Galanti, A. (5 de octubre de 1921). La industrialización múltiple de la uva. Los Andes, p. 5. Más tarde fue replicado por el Centro Vitivinícola Nacional.

31 Su plan socioeconómico giró en torno a la atención de los sectores más débiles y desprotegidos, al impulso de diversas agroindustrias y a una mayor intervención del Estado en la vitivinicultura.

32 La dependencia había sido fundada en 1907 por el gobernador Emilio Civit, en el seno del Ministerio de Industrias, para contralor de las agroindustrias, en especial la vitivinicultura (Barrio de Villanueva, 2010).

33 Boletín Oficial de la Provincia de Mendoza (BOPM).10 de abril de 1918, pp. 236-237. AGPM.

34 BOPM, 22 de agosto de 1919, p. 854.

35 Ese año publicó sobre la vitivinicultura uruguaya, atacada por la filoxera y otras plagas (Galanti, 1919, p. 85).

36 Exposición agrícola e industrial de Uruguay (16 de agosto de 1921). Los Andes, p. 4.

37 BOPM, 8 de marzo de 1922, p. 96. La formación y trayectoria de Suárez puede consultarse en Barrio y Rodríguez Vázquez (2016); Mateu e Iriart (2018).

38 La primera fábrica de productos analcóholicos (10 de febrero de 1924). Los Andes, p. 4.

 

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Recepción del original: 15 de abril de 2019.
Aceptado para publicar: 30 de diciembre de 2019.

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