http://dx.doi.org/10.19137/qs.v26i3.7014

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Sección Debates, Ensayos y Comunicaciones

Quinto Sol en la historia y el presente indígena en las Pampas y la Patagonia

Ingrid de Jong

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras

Argentina

Correo electrónico: ildejong@hotmail.com

Desde la década de 1980 creció la preocupación de antropólogos e historiadores por registrar y comprender los procesos transitados por la población indígena en nuestro país. Ese interés reflejaba importantes cambios operados en el espacio nacional e internacional, relacionados con el retorno a la democracia en Argentina, la movilización indígena generada en el marco del quinto centenario de la conquista de América y la creación de instrumentos jurídicos orientados al reconocimiento de los derechos indígenas a la diferencia cultural, la participación y el territorio, que en Argentina se plasmó en la reforma de la Constitución Nacional de 1994 y en la entrada en vigencia del Convenio 169 de la OIT en 2001; así se generaron nuevas condiciones para las representaciones y prácticas vinculadas a la cuestión indígena.

Nacida en el centro del territorio pampeano a fines de la década de 1990, Quinto Sol reflejó especialmente esta voluntad de reconstruir e interpretar un pasado y un presente indígena invisibilizado desde una historia nacional montada en el relato del “proyecto civilizador” que se consolidó en el contexto de la conquista estatal de pampa-patagonia. A lo largo de estos veinticinco años, diversos autores y autoras encontraron en esta revista un espacio adecuado para publicar sus aportes a la historia del poblamiento regional. Entre ellos, muchos de quienes hoy son considerados precursores y referentes en la historia indígena de este espacio, tales como Raúl Mandrini, Juan Francisco Jiménez, Silvia Ratto y en especial Daniel Villar, el primer director de Quinto Sol. Asimismo, un importante porcentaje de artículos reflejaron el interés creciente por vincular esa historia con las actuales prácticas discursivas y materiales mediante las cuales se construyen demandas, identidades y pasados.

Desde sus primeros números, se publicaron en Quinto Sol artículos significativos para la comprensión de los indígenas como actores políticos y económicos en el espacio regional panaraucano. Entre ellos, el trabajo de Silvia Ratto (1997) enfocado en los indios “amigos” y “aliados” vinculados al Negocio Pacífico de Indios del gobernador Juan Manuel de Rosas en la primera mitad del siglo XIX, que ponía en discusión las categorías clásicas de “jefatura” y “tribu” interrogándose por las transformaciones políticas y económicas de las poblaciones indígenas del territorio pampeano en función de sus vínculos con el Estado. En el mismo contexto histórico, Daniel Villar y Juan Francisco Jiménez (1997) reconstruían la trayectoria de Juan de Dios Montero, analizando los capitales simbólicos y derroteros espaciales y políticos de quienes, por sus alianzas políticas, militares y parentales con caciques mapuche, recibieron la categoría de “aindiados”. Desde una perspectiva más panorámica, Rodolfo González Lebrero (1998) reconstruía los cambios implicados en las poblaciones indígenas del Río de la Plata desde la aparición de los españoles en 1516, advirtiendo la generación de nuevas necesidades, nuevas pautas productivas y el surgimiento de redes de intercambio mercantil a escala regional que intensifican los vínculos con la Araucanía. Gladys Varela y Carla Manara (1999), a su vez, proporcionaban una valiosa reconstrucción del lugar de los pehuenches en este contexto regional organizado por los lazos de intercambio indígenas. Las autoras apuntaban a identificar las características y condiciones que generaron y dieron continuidad a lo que denominaron un “modelo económico” que involucró no solo a los indígenas sino a sus contrapartes comerciales coloniales y luego republicanas entre fines del siglo XVIII y el siglo XIX.

Otros trabajos, como los de Claudia Salomón Tarquini (2001) y María Bjerg (2005-2006) se internaban en el estudio de las redes sociales que atravesaban las fronteras y conformaban las pautas de sociabilidad e intercambio en la Frontera Sur durante el siglo XIX. Este tipo de planteos enfatizaba la idea de las fronteras como espacios de interacción en los que intervenían también actores y lógicas sociales indígenas. Si Salomón Tarquini enfocaba los códigos y circuitos de comunicación implicados en los procesos de restitución de cautivos, Bjerg recurría a testimonios judiciales para identificar las redes parentales de los pobladores de la campaña bonaerense y su potencialidad para crear alianzas políticas y vínculos comerciales que se extendían al mundo indígena en una sociedad caracterizada por una alta movilidad espacial.  

Paralelamente, en estos años se perfila en las publicaciones de Quinto Sol otro conjunto de aportes, centrados en los procesos desencadenados por la conquista estatal del territorio indígena en la década de 1870 y sus consecuencias para la población originaria. Entre ellos se destacan los artículos de María Silvia Di Liscia (2000), María Elba Argeri (2001) y Andrea Lluch (2002). La primera se enfocó en las condiciones creadas por la “Conquista del Desierto” para la salud de las poblaciones prisioneras, en particular el terrible impacto de la viruela en el contexto del confinamiento y los diversos discursos y prácticas generadas en torno a esta situación. El análisis del abanico de argumentos sostenidos por médicos, militares, misioneros y periodistas demuestra que no existieron posicionamientos unificados y que la naturalización de las muertes a causa de supuesta inferioridad cultural o biológica indígena fue discutida ya en el mismo contexto de la conquista (Di Liscia, 2000). Por su parte, al reconstruir los márgenes disponibles para la negociación respecto al acceso a la tierra por parte de grupos y caciques indígenas en el Territorio Nacional de Río Negro, Argeri señaló acertadamente que la invisibilización de estos actores por la historiografía posterior obedeció a una idea de exterminio del componente indígena en la nación consolidada gracias a la operación de nuevos conceptos y categorías utilizadas por la administración estatal. Entre ellos, los principios de propiedad privada y de patria potestad, cuyo empleo no solo colaboró a naturalizar la desaparición de los indígenas como categoría poblacional oficial sino que tuvo efectos prácticos de disolución de los vínculos domésticos y políticos de estos pobladores. Su trabajo exploró las diversas trayectorias que debieron recorrer caciques y grupos familiares para esquivar, no siempre con éxito, políticas estatales destinadas a liberar la mano de obra indígena durante la etapa territoriana. Complementando esta mirada, el texto de Lluch (2002) describía la crisis del mundo social y cultural de las poblaciones indígenas del territorio pampeano luego del quiebre de las relaciones de frontera y caracteriza su incorporación a un nuevo contexto en términos absolutamente marginales. En ese marco de exclusión política y económica, examinó la fallida experiencia de la Colonia Emilio Mitre y las razones de su ineficacia calculada en el otorgamiento de tierras a esta población recientemente conquistada.

En este recorrido cronológico puede advertirse que muchos artículos de Quinto Sol dedicados a problematizar distintos aspectos de la historia regional, aun no haciendo referencia directa a los pobladores indígenas, constituyen aportes significativos para comprender el contexto de los nuevos actores y conflictos en el que se desenvolvió esta agencia. Este es el caso, por ejemplo, del trabajo de Pedro Navarro Floria (2003) centrado en las prácticas estatales destinadas a administrar e integrar simbólica y materialmente la Patagonia a la nación, el de María Andrea Nicoletti (2003) que reconstruye la relación de competencia y conflicto entre el Estado y los salesianos en la misma región. En este mismo sentido debe valorarse el trabajo de Gabriel Taruselli (2005-2006) dedicado a la reconstrucción de las expediciones a Salinas Grandes en el siglo XVIII y comienzos del XIX, el análisis de María Sol Lanteri (2002) referido al poblamiento de la zona del arroyo Azul durante el rosismo o el de Silvia Ratto (2008) dedicado a las trayectorias y conflictos políticos de los vecinos del enclave de Carmen de Patagones y sus tensiones con el gobierno central durante las primeras décadas independentistas.

En 2007, el dossier coordinado por Mirta Zink y Claudia Salomón Tarquini reunía un conjunto de artículos que según las autoras daban cuenta del avance producido en el conocimiento de las sociedades indígenas de la región pampeana y norpatagónica. Estos avances se expresaban en la variedad de enfoques y temas que abarcaba para entonces este campo de investigación, también por el carácter interdisciplinario del dossier, y por la necesidad de dar cuenta de la participación e interacción con los actores indígenas en el marco de jornadas académicas regionales, como lo fue el Primer Encuentro de Investigadores y Pueblos Originarios del Centro de la Argentina en 2006, co-organizado por docentes y estudiantes del Instituto de Estudios Socio-Históricos de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de La Pampa.  

Esa recopilación la encabezó Raúl Mandrini (2007) y en su texto se explayaba acerca de la aún no resuelta “incomodidad de los historiadores” ante el indígena y su papel en la historia argentina, aunque valoraba los significativos avances producidos en el conocimiento de las estrechas relaciones entre los actores indígenas y estatales durante las etapas colonial y republicana. En este sentido, las contribuciones de Mandrini constituían una parte fundamental del balance a realizar en torno a la agenda de investigación respecto a la historia indígena regional. No obstante, y tal como lo demuestran otros trabajos del dossier, se incorporaban a esta agenda nuevos temas: los procesos de reemergencia indígena y las políticas de reconocimiento estatal constituían uno de los nuevos ejes de análisis en esta primera década del siglo XXI. Así lo muestra el artículo dedicado al estudio de un evento que se puede inscribir en los procesos de reetnización indígena en la provincia de La Pampa: el traslado de los restos del Capitanejo Yancamil desde el cementerio local a la plaza central de Victorica, o “Plaza de los héroes de Cochicó”. Este acontecimiento le permitió a Mario Mendoza (2007) examinar los discursos y prácticas de funcionarios del Estado provincial y de la comunidad ranquel, para reflexionar sobre las cambiantes y selectivas formas de construcción del otro involucradas en las “políticas de reconocimiento histórico”. En esta dirección, también el trabajo de Axel Lazzari (2007) reflexionaba sobre las transformaciones recientes del discurso hegemónico acerca de lo ranquel, caracterizadas por un “retorno” que transforma, en apariencia, la idea tradicional de “desvanecimiento” del indígena en la historia y realidad nacional. No obstante, destacaba este autor, las políticas y discursos oficiales de reconocimiento de la identidad rankulche, desarrolladas en la provincia de la Pampa desde la década de 1990, continuaban en función de su adscripción a presupuestos de pureza cultural algunos casos compartidos por las propias poblaciones ranqueles, creando efectos invisibilizadores de las identidades indígenas.  

Otros trabajos del dossier se enfocaban en la relación entre estos procesos de reemergencia identitaria y las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), con el propósito de reflexionar sobre los resultados de un proyecto vinculado a la apropiación de la internet por parte de jóvenes mapuche (Slavsky, 2007). A su vez, Mónica Berón (2007) realizó una síntesis de los avances de la arqueología pampeana, gracias a sus investigaciones referidas a los amplios sistemas de interacción y complementariedad social que caracterizaron el poblamiento humano de la región desde etapas prehispánicas y que persistieron posteriormente a la presencia colonial, superando límites culturales y fronteras espaciales. La dimensión de la política también comenzaba a cobrar nueva fuerza en los trabajos dedicados a la etapa de frontera, donde predomina la preocupación por reconstruir los márgenes de acción política de los principales líderes indígenas del siglo XIX. Este es el caso del artículo de Graciana Pérez Zavala (2007) dedicado a las alianzas inter e intraétnicas de los ranqueles en la segunda mitad del siglo XIX, trabajo que se complementaría un par de años después con otro texto dedicado a reconstruir la política desarrollada por Juan Calfucurá desde Salinas Grandes en el mismo período (de Jong, 2009).  

En la última década, los artículos de Quinto Sol vinculados al tema indígena incorporan una mayor reflexividad sobre las operaciones historiográficas, la crítica de imágenes consolidadas acerca del pasado y el papel que juegan en ello el manejo y la deriva histórica de las fuentes documentales que sirven de base a las investigaciones. En este camino se inscribe el trabajo de María Andrea Nicoletti y Marta Penhos (2010) que aborda   la elaboración histórica de la imagen de Ceferino Namuncurá, y el artículo de Ricardo Salvatore (2014) que investiga la relación entre documentación y ficción que subyace a la construcción del fusilamiento de indios que tuvo lugar en Buenos Aires en 1836, por orden de Rosas, como acontecimiento histórico. Tal voluntad de análisis acerca del peso selectivo e incuestionado de algunas fuentes en la configuración de imágenes historiográficas de larga duración anima el trabajo de Daniel Villar y Juan Francisco Jiménez (2013), quienes en una nueva contribución a esta revista destacaron la escasa visibilidad que tuvo la población del Leu Mapu, cercana a la más conocida Mamuil Mapu, como referencia de espacio ranquel. Además, estos autores demostraron la importancia de distinguir la forma en que los dos sectores de población se conformaron e insertaron en las dinámicas generadas desde ambos lados de la cordillera en la primera mitad del siglo XIX.

Desde otro ángulo, pero interesados asimismo en las prácticas de inscripción histórica de acontecimientos construidos en función de realidades presentes, Facundo Cersósimo y Maíne Barbosa Lopes (2019) contextualizaron las iniciativas de monumentalización en honor a Julio Argentino Roca y a la “Conquista del Desierto” llevadas adelante por la Comisión Nacional de Museos y Monumentos y Lugares Históricos entre las décadas de 1930 y 1940. Al efecto, distinguieron los contextos y las variaciones de sentido vinculados a sus diversos emplazamientos, e interpretaron estas estrategias de instrumentalización del pasado implementadas en el marco de los gobiernos de la Concordancia como estrategias destinadas a reforzar la ideología del orden social decimonónico y contrarrestar las recientes experiencias del gobierno radical. Aunque, como sostienen estos autores, las movilizaciones indígenas y la capacidad crítica sobre estas operaciones historiográficas vienen cuestionando las imágenes instaladas por ellas, por lo cual los conceptos de genocidio y pueblos originarios han desplazado las nociones de “gesta civilizadora” y “malón” que sostuvieron el proyecto de conquista militar de los territorios indígenas y sus posteriores monumentalizaciones.

Este proceso de cuestionamiento y resignificación se extendió en estas décadas a la revalorización de la dimensión escritural de las agencias indígenas en la historia. Ello resultó tanto de la puesta en valor que los movimientos indígenas hicieron de sus propios archivos como de la labor académica en la búsqueda archivística y en la construcción de corpus documentales que dan cuenta de las prácticas escriturales de estas poblaciones. Se generaron así diversos interrogantes acerca de las relaciones de poder que atravesaron los modos de su conservación archivística, su (in)visibilización como prácticas políticas y su potencial para conocer el pasado e intervenir en los conflictos del presente.

En relación con estos temas, en 2019 Quinto Sol publicó un dossier enfocado en el tema de la apropiación de la escritura y en la constitución de archivos mapuche en perspectiva histórica. Un artículo de los coordinadores, Julio Vezub e Ingrid de Jong (2019), ofició como estado del arte sobre la historia de la escritura entre los mapuches, ranqueles y tehuelches de los siglos XVIII al XX, junto con una puesta al día acerca de las lecturas de historiadores y antropólogos respecto a los corpus escriturales indígenas. La recopilación incluyó también los trabajos de Juan Francisco Jiménez (2019) referidos a la alfabetización temprana y la formación de escribientes mapuches por parte de misioneros católicos en la Araucanía de fines del siglo XVIII; y el de Marcela Tamagnini (2019) sobre el proceso de conformación siempre inacabado de los epistolarios de los caciques ranqueles de mediados de siglo XIX. También se sumó el texto de Marisa Malvestitti (2019) dedicado a analizar las prácticas de escritura y de traducción del mapuzungun en el marco de la experiencia de colaboración entre el escritor mapuche Nahuelpi y el antropólogo Roberto Lehmann-Nitsche en el Museo de Ciencias Naturales La Plata a principios del siglo XX. Cerraba el dossier la propuesta teórica de André Menard (2019) que se focalizó en  caracterizar a los “archivos indígenas” en tanto contrapuestos a los archivos estatales fundados al principio de la soberanía estatal como “fetiches”, condición por la cual registros heterogéneos (alfabéticos y no alfabéticos, cartas, uniformes, cuerpos, nombres propios, entre otros) pueden leerse desde una lógica distinta, vinculada a la carga de prestigios y alianzas históricas que portaban.

En los primeros años de la década de 2020 se publicaron nuevos trabajos enfocados en formas contemporáneas de construcción de la alteridad indígena en espacios extra pampeanos: Chubut, Neuquén y Mendoza. Como denominador común, en estos análisis las categorías de identidad se comprenden como resultado de campos relacionales en los cuales se contraponen, dialogan e influyen diversas representaciones de la alteridad indígena ligadas a su vez a determinadas demandas. Este tipo de interacciones son las que registró y examinó etnográficamente Julieta Magallanes (2020) en las zonas rurales y urbanas del sur de Mendoza, profundizando en la relación entre las trayectorias individuales y las variadas formas de apropiación de las nuevas gramáticas públicas habilitadas para su identificación o no como mapuches y pehuenches. En tanto que Sabrina Aguirre (2021) abordó la trayectoria de dos comunidades indígenas de Neuquén a lo largo de un siglo, para explicar cómo llegaron a su constitución comunitaria actual. A partir de la comparación de los casos de las comunidades Paicil Antriao y Campo Maripe, el trabajo muestra las condiciones de desmembramiento y de rearticulación que signaron las trayectorias indígenas en la provincia; además contextualiza y otorga profundidad histórica a las diversas estrategias mediante las cuales estas poblaciones buscaron acceder y permanecer en sus territorios, y discute con las perspectivas que restan legitimidad a la constitución de algunas comunidades en el contexto de las oportunidades legales y políticas recientes. Por su parte, Matías Chavez (2021) se propuso historizar los conflictos por tierras entre bolicheros turcos y pobladores criollos e indígenas en el Territorio Nacional del Chubut durante la primera mitad del siglo XX. El autor logró precisar periodizaciones previas de este proceso e indagar en la metodología implementada por los bolicheros que más allá del tendido de alambrados, involucraba el entramado de alianzas con los poderes locales–; también identificó el fuerte impacto en las formas de circulación y de uso económico del territorio por parte de las poblaciones indígenas y criollas.

Este sintético recorrido permite destacar la centralidad de Quinto Sol como espacio de formación académica y de reflexión sobre procesos que involucran especialmente a las poblaciones del territorio pampeano, desde los estudios de las diversas facetas de la vida de las sociedades cazadoras recolectoras del Holoceno Tardío, y los enfoques interdisciplinarios referidos a la percepción y utilización del ambiente por los habitantes del Wallmapu en la larga duración (Musaubach et al. 2018), hasta las actuales reivindicaciones y discursos políticos en torno al reconocimiento indígena y los usos del pasado concomitante, sin dejar de lado la identificación de las dinámicas que caracterizaron la etapa de frontera y la formación del territorio nacional y luego provincial.

A lo largo de estas décadas, a su vez, fueron ampliándose los límites temáticos y geográficos para integrar otros sectores del espacio indígena de las pampas y la Patagonia, reconociendo, sobre todo en la medida en que se abordan las etapas de frontera, su articulación a procesos que involucraban a la Araucanía. El conocimiento de estas dinámicas regionales es una herramienta fundamental para la crítica de los dispositivos ideológicos de construcción de “desiertos” sociales o de extranjerización de las poblaciones indígenas, que se esgrimen para justificar la conquista de estos territorios y naturalizar las actuales desigualdades.

Veinticinco años después, entonces, ¿podemos hablar, como lo hacía Mandrini, de la “incomodidad” de historiadores (y/o antropólogos) ante el proyecto de hacer historia indígena? Me permito creer que esta incomodidad es ahora bastante menor: la articulación entre las perspectivas de la Antropología y la Historia han conformado un campo de estudios amplio y con vocación interdisciplinaria en torno a la historia indígena del Wallmapu; nuevas fuentes se ponen en valor, motivan reflexiones metodológicas y conceptuales acerca de cómo identificamos las agencias históricas y el papel de las construcciones de alteridad en los procesos de relacionamiento interétnico. En este sentido, muchas categorías que alimentaban nuestro sentido común sobre la etapa de fronteras han comenzado a discutirse, tales como las “fronteras interiores”, o la del “malón” como imagen generalizada del accionar indígena y motor del cambio histórico, en tanto dispositivo de conflicto a ser “necesariamente” sustituido por la expansión de la producción capitalista en la región. Otros temas y dimensiones, como el del género y el papel del parentesco, prometen incrementar su lugar en el interés de los estudiantes e investigadores. El umbral dado por la incorporación de la perspectiva indígena en estos ámbitos académicos también está comenzando a traspasarse, y los enfoques e interrogantes ya no se limitan a contextos específicos sino que plantean preguntas acerca de los procesos históricos que conducen a las situaciones presentes.

Quinto Sol colaboró y formó parte de este proceso. Si hace veinte años era urgente contradecir los supuestos acerca de la existencia de una “raza indígena” y a la vez de su ausencia en el conjunto poblacional argentino, este objetivo viene cumpliéndose. El diálogo entre los conocimientos referidos al pasado y al presente es más fluido y productivo. La identificación de la profundidad de la historia indígena en diversos puntos del actual territorio argentino se retroalimenta virtuosamente con los actuales eventos de reemergencia étnica, e incrementa la capacidad crítica hacia las prácticas y construcciones discursivas que viabilizaron su expoliación y sometimiento material y simbólico.  

La incomodidad, sin embargo, persiste y se origina en una realidad profundamente desigual, en la cual los cambios constitucionales y los instrumentos legales que se generaron en las últimas décadas no terminan por aplicarse debidamente. Por lo tanto,  las asimetrías sociales y económicas se acentúan, las construcciones discriminatorias, racialistas e incriminatorias sobre las poblaciones indígenas, fomentadas por los grupos de poder y medios de comunicación, siguen siendo funcionales a la concentración económica. Los autores y las autoras que publican en Quinto Sol deberemos descubrir también como afrontar estas actuales formas de incomodidad.

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