DOI: http://dx.doi.org/10.19137/qs.v26i2.6668


Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

RESEÑAS

Hernán González Bollo y Diego Ezequiel Pereyra. Agencias y funcionarios de la Argentina peronista (1944-1955). Universidad Nacional de Quilmes, 2020, 254 páginas.

Stella M. Cornelis

Universidad Nacional de La Pampa. Facultad de Ciencias Humanas. Instituto de Estudios Socio-Históricos

Argentina

Correo electrónico: stellacornelis@yahoo.com.ar

Este libro es una producción más que se suma al frondoso corpus de publicaciones que componen la colección “Convergencia. Entre memoria y sociedad”, editada por la Universidad Nacional de Quilmes y dirigida por la Dra. Noemí M. Girbal-Blacha. Es otra obra que nos invita a reflexionar sobre el peronismo clásico en términos de continuidad con las gestiones gubernamentales previas. Los autores dialogan con las investigaciones que ponen en primer plano al Estado y estudian sus múltiples facetas:    la conformación de agencias, los funcionarios y expertos que las transitaron, los saberes gestados en su interior, las capacidades estatales, entre otras. Asimismo, se vincula estrechamente con las indagaciones sobre los cuadros que conformaron las segundas líneas del liderazgo peronista.

De esta manera, Hernán González Bollo y Diego Ezequiel Pereyra historizan el proceso de conformación de un Estado planificador durante los gobiernos de Edelmiro Farrell (1944-1946) y de Juan D. Perón (1946-1955). El espinel que recorre el libro es entonces la conformación de ese Leviatán, cuyas dimensiones se vieron alteradas con la creación de Ministerios, Consejos, Direcciones y Secretarías, que incrementaron enormemente las capacidades administrativas del Estado. Con ese horizonte por delante, y utilizando herramientas teórico-metodológicas de la sociología histórica y la historia cultural, los autores reconstruyen las estructuras estatales enfocándose en la conformación de agencias y en los elencos de funcionarios y especialistas que las habitaron.

A partir del exhaustivo análisis de numerosas fuentes, en su mayoría oficiales, se elabora una genealogía institucional, que recupera un entramado representado por el Consejo Nacional de Posguerra, la Secretaría Técnica, el Ministerio de Asuntos Técnicos y su posterior transformación en Secretaría, para culminar en la Secretaría de Asuntos Económicos. Ese será el armazón técnico-burocrático encargado de la proyección y ejecución de los planes gubernamentales.  

Luego de introducirnos en el libro y efectuar un balance bibliográfico, en el capítulo 1 los autores examinan minuciosamente las agendas del gobierno entre los años 1941 y 1946, estudio que permite captar la transición de un Estado liberal a otro planificador. A fines de la década de 1940 se integró geográficamente el país y una serie de organismos públicos, con sus correspondientes cuerpos de funcionarios, protagonizaron la avanzada estatal. Entre ellos destacamos el Ministerio de Obras Públicas, el Departamento Nacional del Trabajo –devenido Secretaría de Trabajo y Previsión en 1943– y el Consejo Nacional de Posguerra. Así, las obras públicas, los convenios colectivos de trabajo, el reordenamiento de las relaciones rurales vinculadas a la situación de los arrendatarios, fueron políticas fundamentales para configurar un Estado tuitivo. Aunque aquí se rescatan tres figuras que fueron centrales para la arquitectura planificadora que se materializó en el primer plan quinquenal (1947-1951), como José Figuerola (Secretario Técnico de la Presidencia), Ramón Cereijo (Ministro de Hacienda) y Miguel Miranda (Presidente del Banco Central y del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio), también es posible identificar otros agentes estatales de destacada trayectoria.

El capítulo 2 se detiene en el análisis del régimen estadístico censal, fundamental para llevar a cabo la planificación estatal. La colecta de datos y las áreas encargadas de esas tareas se jerarquizaron durante las gestiones de Farrell y Perón. Así, se examinan los organismos técnicos, las oficinas especializadas y se recupera la trayectoria de tres funcionarios vinculados al área estadística: Juan Miguel Vaccaro (al frente del Consejo Nacional de Estadísticas y Censos, entre 1944-1945), Enrique Catarineu Grau (Dirección Nacional de Investigaciones, Estadísticas y Censos, desde 1946 a 1949) y José María Rivera (Dirección Nacional de Servicio Estadístico, entre 1950-1955). Los autores desmenuzan el derrotero de estos actores y demuestran cómo sus itinerarios se entrelazaron con los de las reparticiones estatales en las que se desempeñaron. Estos especialistas, y los cuerpos técnicos que los acompañaron, se constituyeron en importantes productores de conocimiento estatal, primordial para el diseño de políticas, pero también para la propaganda oficial. Otro aspecto interesante de este pasaje de la obra es el referido al Boletín Diario Secreto, una gacetilla que era repartida entre los altos funcionarios del gobierno y que pone de manifiesto la circulación de información reservada.

El Ministerio de Asuntos Técnicos y la renovación de los elencos burocráticos se encuentran en el centro de atención del capítulo 3. Allí se indaga en la estructura y funciones de esa cartera gubernamental, la articulación con otras agencias y su accionar respecto de la planificación e inversión en diez provincias periféricas (operaciones que demandaron la conformación de nuevas agencias provinciales y modificaciones en el presupuesto, entre otras transformaciones). Aquí también aparece en escena el Ministerio de Obras Públicas, uno de los vértices de la planificación peronista. En este apartado del libro se rescata el accionar del ministro Raúl Mendé, una nueva figura promovida al interior de las elites estatales gracias al apoyo político de Eva Duarte, que se desempeñó al frente de Asuntos Técnicos.

En el último capítulo del libro se estudian los economistas gubernamentales, es decir, los funcionarios de carrera y las agencias que ocuparon. Los autores analizan cómo se posicionaron esos especialistas luego de la depuración selectiva de los elencos estatales acaecida con la muerte de Eva Duarte y la pérdida de protagonismo de los militares nacionalistas. Los economistas tuvieron un rol fundamental en la preparación del plan de estabilización (1952) y del segundo plan quinquenal (1953-1957). Algunos nombres representativos de ese grupo son los de Alfredo Gómez Morales y de Roberto Ares. En paralelo, González Bollo y Pereyra reconstruyen la red de instituciones abocada a racionalizar las finanzas y la economía, y las políticas implementadas desde esas agencias.

La obra culmina con una serie de reflexiones que dan cuenta de la continuidad entre las políticas del peronismo y las gestiones de Roberto Ortiz y Ramón Castillo, junto con la conformación de un Estado planificador que creció enormemente en cuanto a su estructura y funciones. También se identifican tres momentos vinculados a la planificación estatal al interior del recorte temporal: el primero inicia con el gobierno de Farrell y se extiende hasta los primeros años de la gestión de Perón, la segunda etapa la ubican entre 1949 y 1952, y la tercera entre este último año y la caída del gobierno con el golpe de Estado de 1955.

Este libro nos ofrece varias pistas para seguir repensando el peronismo clásico, en consonancia con otras investigaciones que los autores recuperan a lo largo del escrito. En primer lugar, las continuidades entre la década de 1930, el gobierno militar instaurado en 1943 y, finalmente, el peronismo. En segundo lugar, contribuye aún más a desmontar la imagen de un Estado monolítico, mostrándonos sus diversas aristas y la complejidad de sus caras. El mismo, estaba integrado por un mosaico de agencias que fueron mutando en función de cambios e intereses al interior de la gestión. En tercer lugar, y estrechamente vinculado a lo anterior, esas reparticiones estatales estuvieron sustentadas en normativas y habitadas por funcionarios, portadores y productores de saberes de Estado.

Al detenerse en un registro minucioso de los múltiples perfiles de ese Leviatán, los autores llaman la atención sobre la heterogeneidad, inestabilidad y constante recomposición de las élites en el poder. En esa metamorfosis constante, algunos funcionarios se posicionaron gracias a sus saberes, pero también por el juego de intereses políticos y la lealtad que demostraron; otros, en cambio, perdieron gravitación al colisionar con algunos miembros de la elite política. Esos recambios impactaron en las agencias y su reordenamiento. Sin duda existieron figuras que al dirigir determinados organismos estatales dejaron su impronta; no obstante, no debe perderse de vista que esas dependencias formaban parte de una ingeniería estatal y estaban insertas en lógicas de funcionamiento y jerarquías establecidas. Esta pesquisa muestra muy bien cómo se delegó poder en organismos y personas, que luego se desactivaron o neutralizaron en un proceso de selección de nuevos cuadros de funcionarios.

Para finalizar, esta obra nos invita a seguir pensando y problematizando el Estado, sus actores y agencias en un período clave de la historia argentina como lo fue el primer peronismo. Por este motivo, invitamos a aquellas personas interesadas en estos tópicos a sumergirse en sus páginas.