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http://dx.doi.org/10.19137/pys-2019-260203


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ARTÍCULOS

 

Una fotografía ‘movida’ de Montevideo a mediados del siglo XIX. Conversaciones entre la demografía histórica y el análisis espacial 

A ‘blurred’ photograph of mid-nineteenth century Montevideo. Historical demography and spatial analysis in conversation

 

Raquel Pollero Beheregaray*
Graciana Sagaseta Dañobeytia
**

 

Resumen: El trabajo se propone realizar una caracterización sociodemográfica de la población de Montevideo durante la Guerra Grande, incorporando el análisis espacial a través de los Sistemas de Información Geográficos (SIG) en la explicación histórica. Para ello se utilizan fuentes demográficas y cartográficas: un padrón de población de 1843 y dos planos topográficos de la ciudad de Montevideo (Ciudad Vieja y Ciudad Nueva) del mismo período. Las fuentes permiten acercarnos a una sociedad conmovida por el reciente aluvión inmigratorio y por los conflictos políticos rioplatenses.

Palabras clave: Montevideo; Siglo XIX; Población urbana; Análisis espacial

Abstract: This article aims to carry out a socio-demographic characterization of Montevideo’s population during the Guerra Grande incorporating, into the historical explanation, a spatial analysis through Geographic Information Systems (GIS). To do so, we used demographic and cartographic sources, an 1843 population register and two topographic maps of the city of Montevideo (Ciudad Vieja and Ciudad Nueva) from the same period. The sources enabled us to approach a society shaken by the recent flood of immigrants and the political conflicts in the Rio de la Plata.

Keywords: Montevideo; 19th century; Urban population; Spatial analysis

 

Introducción1

Este artículo pretende mostrar la riqueza potencial que brinda a la interpretación histórica el abordaje de una fuente con una técnica digital. A ello debemos sumar, en este caso, que la aplicación de dicha herramienta nos permitió tomar decisiones fundamentales con respecto al tratamiento de los datos.
El trabajo consiste en un nuevo aporte a la reconstrucción de la historia demográfica de la población de Montevideo. En este sentido, se propone realizar una caracterización sociodemográfica de dicha población en el año 1843, analizando una fuente -el padrón de población-, hasta el momento no utilizada.2 Pero a su vez, se plantea un abordaje diferente; el análisis sociodemográfico clásico se complementa y amplía a través de un análisis de la distribución de la población en el espacio físico de la ciudad, a partir de la utilización del Sistema de Información Geográfica (SIG) como herramienta metodológica.3 Se contó para ello con el plano topográfico de la ciudad de Montevideo (Ciudad Vieja y Ciudad Nueva) de 1843, realizado por el Oficial de la Comisión Topográfica Juan Manuel Besnes Irigoyen, y el plano topográfico de la ciudad de Montevideo del Capitán D. Juan P. Cardeillac, levantado en 1847.
A priori, el estudio de este padrón de población resultaba interesante por distintos motivos. Por un lado, porque fue levantado por orden de Andrés Lamas, Jefe Político y de Policía de Montevideo de la época, uno de los precursores de la estadística nacional. Y fundamentalmente, por el período en que fue realizado. Entre 1838 y 1852 el país se vio sacudido por un conflicto regional e internacional conocido en la historiografía rioplatense como Guerra Grande, que tuvo como protagonistas a agrupaciones políticas y fuerzas militares del Estado Oriental del Uruguay, la Confederación Argentina, el Imperio del Brasil, Francia e Inglaterra. El año 1843 es un año particular, ya que desde el 16 de febrero y durante casi nueve años la ciudad de Montevideo estuvo sitiada por fuerzas opositoras al gobierno.
Hasta el momento, el padrón de 1843 no había sido analizado en su versión original. Las referencias a sus datos, citados por diversos autores, provienen de un cuadro resumen que aparecía en un trabajo de Lamas conocido como “Notas estadísticas” que publicara en 1928 el historiador Horacio Arredondo (Arredondo, 1928: 48-49). El título del cuadro resumen, “Padrón de Montevideo levantado en octubre de 1843. Por el Jefe Político y de Policía D. Andrés Lamas”, llevaba a pensar que el relevamiento de la población habría sido realizado en una ciudad que desde febrero del mismo año se encontraba sitiada. Por lo tanto, considerábamos que la fuente nos permitiría acercarnos a una sociedad que vivía en medio del impacto disruptivo de un enfrentamiento bélico.
Sin embargo, al recolectar la información nos encontramos con una situación distinta y que, desde el punto de vista conceptual, le agrega complejidad. Como se explicará más adelante, al revisar las fechas de las distintas listas nominativas encuadernadas pudimos constatar que los datos correspondían a dos coyunturas completamente diferentes. Es decir, hubo dos períodos de relevamiento de los hogares ese mismo año: el primero entre el 6 y 9 de febrero, por consiguiente, unos días antes del inicio del sitio de la ciudad (16 del mismo mes), y el segundo en el mes de septiembre, ya entonces con la ciudad sitiada. La decisión que se tomó en esta investigación respecto al tratamiento de estos datos se fundó en los resultados que surgieron de la aplicación de georreferenciación geográfica.
En el trabajo se presenta, en primer lugar, una breve contextualización histórica del período y una descripción y crítica de las fuentes analizadas. Posteriormente, se presenta la caracterización sociodemográfica y espacial de la población de 1843.

Breve panorama del contexto histórico

El Uruguay inició su vida como Estado independiente en 1830. Montevideo, principal centro urbano del territorio al este del río Uruguay, se constituyó de forma natural en la capital del país. Inicialmente plaza fuerte protegida por la muralla colonial, la presión del crecimiento poblacional en el recinto de la ciudad fortificada, comenzó a hacerse sentir. De manera previsora, en nombre de la libertad y el progreso, a fines de la década de 1820 se demolió la parte de tierra de la fortificación y se abrieron seis boquetes en las murallas de la ciudad. Al poco tiempo se ordenó el amanzanamiento del Campo de Marte (área comprendida ente las fortificaciones y la línea del ejido), delineándose el área que sería llamada la Ciudad Nueva.
Acompañado los primeros años de la nueva República, comenzó a llegar una importante corriente de inmigrantes europeos, que impactó fuertemente en el pequeño volumen poblacional. Esta sería la primera oleada de las varias que llegaron en el siglo XIX. En ella arribaron entre 40.000-45.000 inmigrantes, en su mayoría franceses.
Las autoridades fomentaron la inmigración europea, a través de contratistas privados, como respuesta a la reducción de la oferta de mano de obra, uno de los primeros problemas a los que se enfrentó el nuevo Estado.  El extenso período del proceso revolucionario y de las guerras de independencia había tenido su costo en vidas humanas, así como en la pérdida de hábitos de trabajo para algunos sectores de la población. A ello se sumaba la disminución de la mano de obra esclava con la prohibición del tráfico y finalmente la abolición de la esclavitud (Duffau & Pollero, 2016).
Los recién llegados prefirieron permanecer en Montevideo y sus inmediaciones, y así la ciudad recibió un importante contingente de vascos franceses y españoles, bearneses, navarros y canarios, que las más de las veces se emplearon como dependientes de comercio, peones de chacras o de saladeros, o establecieron algún pequeño taller (Castellanos, 1971). La llegada de españoles se acentuó con el fin de la Primera Guerra Carlista (1833-1840). Por su parte, la inmigración francesa y la italiana se intensificó a partir de 1838, a consecuencia del bloqueo marítimo a Buenos Aires.
Como señaláramos previamente, antes de terminar la primera década desde la formación del Estado el país se vio sacudido por la Guerra Grande.  José Pedro Barrán, señala que el conflicto

[...] fue un gran drama ligado a las configuraciones de las nacionalidades en el Plata, drama en cuyo planteamiento se discutieron las fronteras entre los estados, la navegación de los ríos, y la defensa de nuestras débiles soberanías ante el avasallante intervencionismo franco- inglés (Barrán, 1974: 5).

Se inició con la sublevación de Fructuoso Rivera, que con el apoyo de los unitarios argentinos y de la armada francesa obligó a renunciar al presidente Manuel Oribe. Este, en su intento por recuperar la Presidencia, se trasladó a Buenos Aires, y obtuvo el apoyo del gobernador Juan Manuel de Rosas. Luego de la victoria de la batalla de Arroyo Grande en Entre Ríos, el ejército de Oribe ingresó y avanzó por el territorio uruguayo hacia Montevideo.
Frente al avance, la estrategia que implementó Rivera fue la de “tierra arrasada”, es decir la destrucción y desplazamiento de recursos para que no pudieran caer en manos del ejército enemigo. Esto incluía también la movilización de contingentes humanos -potenciales reclutas- a campamentos ubicados en áreas defendibles al sur del Río Negro (Etchechury, 2017).
A mediados de mes de febrero de 1843, año de nuestro padrón, llegan las fuerzas al mando del expresidente Gral. Manuel Oribe (del partido blanco) a las cercanías de Montevideo. Desde entonces y por nueve años -hasta octubre de 1851-, la ciudad estuvo sitiada. A su vez, dentro de ella se encontraban mayoritariamente los sectores favorables al partido colorado del nuevamente presidente Gral. Fructuoso Rivera, vinculados a los unitarios y las potencias europeas de Inglaterra y Francia. Montevideo, convertida en bastión antirosista, unos años antes ya había comenzado a recibir un contingente de inmigrantes argentinos. Aquí se exiliaron intelectuales de la talla de Miguel Cané, Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez, Florencio Varela, Bartolomé Mitre, Esteban Echeverría y Juan Cruz Varela, entre otros.
De este modo, el Estado Oriental mantuvo dos gobiernos paralelos. Por un lado, dentro de la ciudad el Gobierno de la Defensa, ejercido por Joaquín Suárez como presidente interino; y por otro, una administración paralela en el campo sitiador encabezada por Oribe, que luego la historiografía llamaría el Gobierno del Cerrito, cuya población se instaló en el caserío del Cardal, y luego cambiaría su nombre a villa de la Restauración.
Esta situación generó una importante movilidad de población, desde y hacia la ciudad, asociados a los antagonismos políticos, el temor inicial ante una posible invasión y las dificultades económicas. Sin embargo, pasados los primeros tiempos, Montevideo fue recuperando su movimiento normal, y la incomunicación entre la ciudad sitiada y el lado sitiador distó de ser rigurosa, a pesar de la vigilancia de entradas y salidas y el control sobre la circulación que imponían ambos gobiernos (Acevedo, 1933; Alpini, 2013).
Este es el mundo al que nos acercamos a través de los documentos analizados.

Descripción y crítica de las fuentes

Esta investigación está basada en dos tipos de fuentes, demográficas y cartográficas. Las primeras corresponden al relevamiento de la población, y la segunda a un plano de las áreas denominadas Ciudad Vieja y Ciudad Nueva. Tanto el recuento poblacional como el plano fueron realizados en 1843, por orden del Jefe Político y de Policía del departamento de Montevideo, Andrés Lamas.
Bajo la denominación Padrón de la ciudad de Montevideo de 1843 el catálogo del Archivo General de la Nación de Uruguay (AGN) señala tres libros: 107, 256 y 263.  En estos libros, además de las listas nominativas se encuentran encuadernadas un número considerable de boletas censales o relaciones escritas por los jefes de hogar. Sin embargo, también se han podido localizar listas y boletas en otros fondos del AGN.4 Lo que advertimos entonces fue que las listas y boletas estaban fechadas en febrero o en septiembre de 1843. A partir de esta información constatamos la existencia de dos edictos de Lamas ordenando el relevamiento de un padrón de la población de Montevideo: uno del 5 de febrero -en los días previos al sitio y dos días después de haber asumido su cargo como Jefe Político-, y otro del 14 de septiembre de 1843, con la ciudad ya sitiada.5
La primera interrogante apunta a intentar comprender por qué se llevaron a cabo dos recuentos diferentes. Es probable que el primer edicto respondiera a un decreto del Ministerio de Gobierno bastante anterior, del 27 de noviembre de 1841, que ordenaba el levantamiento de un censo a nivel nacional, aduciendo el aumento extraordinario de la población tanto en Montevideo como en el interior, debido a la inmigración.6 Dado que dicho censo no se realizó, es posible que Lamas apenas asumió como Jefe Político se haya propuesto cumplir con el decreto.  En particular, por el interés genuino que este precursor de la estadística nacional podría tener en conocer el tamaño y características sociodemográficas de la población del departamento; especialmente por la importancia que tuvo la inmigración internacional entre 1836 y 1843.
¿Pero por qué se habría llevado a cabo un segundo relevamiento? No hemos encontrado ninguna explicación al respecto. A modo de hipótesis, en primer lugar, se podría suponer que dado el enorme movimiento desde y hacia la ciudad que se produjo en ese período debido al sitio, Lamas hubiera estado interesado en tener un nuevo recuento y caracterización de la población. En segundo lugar, otra explicación posible es que no estuviera conforme con el resultado de la cobertura del primer relevamiento, y hubiera dispuesto el segundo como complementario.
En todo caso se trata de hipótesis difíciles de probar, pero que resultan sustantivas para nuestro análisis, porque hacen a la forma en que se pueden estudiar los datos del padrón. ¿Estaríamos ante el raro privilegio de que estos nos permitieran ver dos fotografías de la población, antes y durante el sitio? ¿O se deben tomar los dos relevamientos como complementarios y estudiar la población como si fuera un solo padrón?
Para avanzar en esta línea de razonamiento se observan los individuos contabilizados en cada uno de los recuentos, distribuidos por área geográfica. En ambos recuentos básicamente la cobertura abarca el área de la ciudad y no el total del departamento de Montevideo (al menos en la documentación que hasta la fecha se conoce). Ello implica que se trataría de la población que residía bajo las autoridades del Gobierno de la Defensa. Sin embargo en el caso del relevamiento de febrero, además de la información correspondiente a las secciones de la Ciudad Vieja y Ciudad Nueva, se registran individuos en Punta Brava y la Aldea, distritos cercanos pero que quedan por fuera de estas secciones.7
En el cuadro 1 se observan los individuos de acuerdo a las fechas en que fueron censados, así como los casos censados en las dos oportunidades (tanto en febrero como en septiembre) y aquellos cuya fecha de registro se ignora. Es de destacar las diferencias sustantivas en el volumen de población relevado en las distintas secciones, según los períodos señalados. Las tres primeras secciones corresponden a la Ciudad Vieja, núcleo inicial del poblamiento, por lo tanto, es esperable que la población se concentrara más en ellas. Las secciones 4 y 5 pertenecen a la Ciudad Nueva.
A su vez, no hay información sobre el lugar de residencia del 17,1% de los censados en febrero, el 4,6% de los de septiembre, el 22,7% de los sin fecha y el 3,4% de los censados en ambas fechas.
Qué nos dejan ver estas cifras? Prácticamente un tercio de la población fue censada en cada relevamiento y hay otro tanto de las personas que se desconoce la fecha de registro.
A su vez, de las aproximadamente 10.000 personas que es posible identificar que fueron registradas en febrero o septiembre, solamente 381 se repiten en ambos casos. ¿Qué significa esto? ¿Qué prácticamente todos los habitantes de febrero se fueron de la ciudad, y esta fue poblada por nuevos residentes, que fueron censados en septiembre? Si bien se ha hecho referencia a la enorme movilidad de la población en el período, es difícil de aceptar una situación que implique un recambio de sus habitantes de tal magnitud.

Cuadro 1. Individuos censados en los dos relevamientos de 1843 según fecha y sección

Fuente: Elaboración propia sobre la base de AGN-AGA Libros 107, 256 y 263; Guerra y Marina, caja 1337; Fondo de Policía, cajas 1 y 7; Fondo del Ministerio de Gobierno, caja 943 carpeta 6.

 

Figura 1.  Georreferenciación de los individuos de la Ciudad Vieja y Nueva, según fecha de relevamiento del padrón (febrero, septiembre, en ambas, o de fecha ignorada)

Fuente: elaboración propia sobre la base de AGN-AGA Libros 107, 256 y 263; Guerra y Marina, caja 1337; Fondo de Policía, cajas 1 y 7; Fondo del Ministerio de Gobierno, caja 943 carpeta 6. Planos: Besnes Irigoyen, Museo Histórico Cabildo. Colección de planos y mapas del S. XVIII, XIX y XX; Pérez Montero (1943, 167): Plano Topográfico de la ciudad de Montevideo por el Capitán D. Juan P. Cardeillac, levantado en 1847.

 

En la figura 1 se presenta la georreferenciación de los individuos según estos hayan sido censados en el primer recuento (febrero -naranja-), en el segundo (septiembre -verde-), en ambos (amarillo) o aquellos cuya fecha se ignora (celeste). Es decir, los puntos que aparecen en el plano corresponden a los individuos que pudieron ser identificados con una dirección de vivienda.9 No se incluyen en el mapa aquellas personas que, aunque consta que vivían en una determinada sección, no tenían una dirección para poder ser ubicadas. Tampoco se incluyen los que residían en la Aldea y Punta Brava, porque estas áreas quedan por fuera del plano. Por supuesto, también se excluyen los casos en que se ignora cualquier referencia a su ubicación. Básicamente, la toma de decisión respecto a la continuación de nuestro análisis se fundamenta en los resultados que surgen del análisis georreferenciado de la población.
La información del cuadro 1 y la visualización por colores según fecha de relevamiento en el mapa 1 nos lleva a considerar la hipótesis de que los padrones serían complementarios. En febrero, las viviendas registradas pertenecen mayoritariamente a la primera y segunda sección. En el padrón de de septiembre se destacan los registros en la tercera sección, y en menor medida en las demás. En la mayor parte de los casos, cuando una manzana fue relevada en una fecha, no lo fue en la otra. Como puede observarse, el grupo de individuos censados tanto en febrero como en septiembre (de color amarillo) es menor, y se concentra en la segunda sección. Finalmente, las listas de individuos sin fecha de relevamiento registrada se encuentran fundamentalmente en la Ciudad Nueva -en la época todavía poco habitada-, aunque también tienen peso en la primera y tercera secciones.
Esta apreciación de la cobertura nos hace descartar la hipótesis -tan tentadora- de obtener dos fotografías de la población, antes y durante el sitio. Dado que hemos encontrado listados de población en distintos Fondos del AGN, es posible que investigaciones futuras continúen encontrando más materiales dispersos como para considerar la existencia de dos padrones completos.
Sin embargo, en el estado actual de nuestra investigación, hemos tomado la decisión de considerar ambos recuentos como complementarios. Se trata de la hipótesis más incómoda, por la importancia que se sabe que tuvo la movilidad de la población durante esos meses. Probablemente sólo se obtenga una fotografía imprecisa de la población, quizá una fotografía movida, no obstante, se encuadra en las inmensas dificultades que la demografía como disciplina tiene frente a su objeto de estudio y a sus fuentes de datos en períodos conflictivos.  Entonces, a los efectos de nuestro análisis, trabajaremos con los datos agregados, como una sola fuente demográfica.
En lo que respecta a las fuentes cartográficas, se utilizaron dos planos topográficos de la ciudad. El Plano topográfico de la Antigua y Nueva Ciudad de Montevideo de Juan Manuel Besnes Irigoyen fue empleado para realizar la georreferenciación del mapa histórico y definir el espacio en donde asignar cada uno de los individuos del padrón de Montevideo. Se trata de la edición oficial de 1843, basado en una versión del propio Besnes Irigoyen de 1836.10
Una vez digitalizado el plano, el proceso de georreferenciación consistió en las siguientes etapas: a) rectificación y georreferenciación del plano; b) vectorización (manzanas, edificios, plazas, chacras, cementerios, costa del río y límite de la Nueva Ciudad); c) creación de una capa de información de las cinco secciones de Montevideo; d) georreferenciación de los individuos censados en el padrón.
También para este último punto fue utilizado el “Plano Topográfico de la ciudad de Montevideo por el Capitán D. Juan P. Cardeillac, levantado en 1847” (Pérez Montero, 1943: 167). Se trata de un plano que señala las construcciones en las manzanas de la ciudad. Por consiguiente, nos resultó útil para ubicar en qué parte de la manzana podrían residir los individuos (puntos), fundamentalmente en el caso de la Ciudad Nueva.

Caracterización sociodemográfica de la población de Montevideo en 1843

La ciudad, capital del naciente país, sin duda era el núcleo urbano más importante del territorio. La población urbana registrada era de 32.215 habitantes (excluyendo a los habitantes de los distritos de Punta Brava y la Aldea). A efectos comparativos, unos años antes, hacia 1836, la ciudad de Buenos Aires contaba con 62.228 habitantes (Dirección General de Estadística y Censos de la ciudad de Buenos Aires, 2003).
En esta ciudad, de apenas un siglo, el crecimiento demográfico había llevado a tomar iniciativas con respecto a la previsión de una mejor organización del espacio. El planteo significó comenzar a derrumbar las murallas que encorsetaban al núcleo urbano original (Ciudad Vieja), y realizar el amanzanamiento del área contigua (Ciudad Nueva), a partir de 1829. Lentamente comenzó la expansión hacia los terrenos bastante despoblados entre la muralla y el ejido. Es así que casi quince años después, el período que estamos observando, la distribución de la población en el espacio físico todavía estaba muy relacionada con el proceso fundacional de la ciudad.
De este modo, el 52% de la población se concentraba en las secciones correspondientes a la Ciudad Vieja, el área de más antigua ocupación y más edificada. En ella se nucleaban el poder político y económico, los servicios y la vida cultural montevideana. Si consideramos solamente la población con información de residencia (dejando de lado los casos ignorados), un 61% residía en la Ciudad Vieja y un 35% en la Ciudad Nueva. A su vez, la desagregación por secciones revela a las secciones 2ª y 3ª como las más pobladas.
La aplicación de herramientas metodológicas propias del análisis espacial permite una aproximación más fina de la distribución de densidad, al interior de las propias secciones. A partir del indicador de densidad de puntos de Kernel se elabora un mapa de calor (Figura 2) que permite identificar que en las secciones 1ª y 2ª se encuentran las manzanas más densamente pobladas de la ciudad.11
De acuerdo al plano, la población se ubicaba más próxima a la plaza central de la Ciudad Vieja, llamada Plaza Constitución, donde se encuentran el Cabildo y la Iglesia Matriz. A su vez, se extendía principalmente sobre las dos calles de la plaza que corren como ejes de norte a sur: Cámaras (hoy Juan Carlos Gómez) e Ituzaingó. Es probable que en las manzanas señaladas en el plano con mayor aglomeración de personas (color rojo o naranja) hubiera viviendas colectivas o casas de inquilinato para sectores populares. Si bien los conventillos más conocidos de entonces no se encontraban en estas calles, una acuarela algo posterior de Besnes Irigoyen -también autor del plano-, da cuenta de algunas casas de inquilinato, llamadas “cuartos”, cuya ubicación coincide con manzanas densamente pobladas (Museo Histórico Nacional, s/f: 8).
En lo que respecta a la Ciudad Nueva, como se ha señalado anteriormente, el amanzanamiento se había realizado aproximadamente una década antes, y para entonces aún había muchos terrenos fiscales. El padrón revela que el área todavía se encontraba bastante despoblada, y las residencias se ubicaban mayormente a lo largo de la Calle del 18 de Julio, principal arteria de esta parte de la ciudad, y límite de las secciones 4ª y 5ª.

Figura 2. Indicador de densidad de Kernel. Ciudad de Montevideo (1843)

Fuente: Fuente: elaboración propia sobre la base de AGN-AGA Libros 107, 256 y 263; Guerra y Marina, caja 1337; Fondo de Policía, cajas 1 y 7; Fondo del Ministerio de Gobierno, caja 943 carpeta 6. Planos: Besnes Irigoyen Museo Histórico Cabildo. Colección de planos y mapas del S. XVIII, XIX y XX Pérez Montero (1943, 167): Plano Topográfico de la ciudad de Montevideo” por el Capitán D. Juan P. Cardeillac, levantado en 1847.

 

El impacto de la guerra en la ciudad queda de manifiesto a partir de la construcción, al comenzar el sitio, de una primera línea defensiva de fortificaciones, próxima a los límites exteriores de la Ciudad Nueva, cuyo trazado hemos agregado en nuestros mapas.12 Consistía en una fortificación de posición, con trincheras, un foso natural y muralla de mampostería de la altura de un hombre formando un parapeto, que no permitía la ubicación de viviendas cercanas. Por precaución, las familias que vivían cerca de la línea fortificada fueron desalojadas y los edificios utilizados con fines militares.13
Desde el siglo XVIII, el área correspondiente a Montevideo y su campaña cercana se caracterizó por tener una población sumamente masculinizada. Este fenómeno estaba acentuado en el hinterland agrario de la ciudad, zona de chacras encargada de la alimentación de los habitantes, en la cual predominaba un tipo de actividad agrícola, acompañada de una ganadería de pequeño porte. A su vez, también en el casco urbano había un predominio masculino (Pollero, 2016). A diferencia de la preponderancia femenina que con frecuencia se encontraba en otros centros urbanos de la época -como por ejemplo Buenos Aires en 1855, con una relación de 96 hombres cada 100 mujeres (Massé 2008)-, parecería que el desarrollo comercial de la ciudad-puerto de Montevideo resultó en una concentración de fuentes de trabajo particularmente más atractivas a los hombres.
Hacia 1843 la población de Montevideo mantenía este perfil de importante desbalance entre los sexos, con 125 hombres cada 100 mujeres. Sin embargo, la ocupación del espacio era diferencial. Las áreas de más reciente ocupación como la Ciudad Nueva y los distritos de las inmediaciones de la ciudad (la Aldea y Punta Brava) presentan los indicadores más altos (índices de masculinidad entre 150 y 175). Estos valores probablemente estén relacionados con el importante fenómeno migratorio que había comenzado a mediados de la década anterior. A su vez en la Ciudad Vieja, el núcleo de asentamiento más antiguo, encontramos diferentes situaciones. La zona más vinculada a las actividades portuarias (primera sección) presenta un índice de masculinidad alto (IM 122). Sin embargo, la población de la segunda sección mantiene una relación entre los sexos bastante equilibrada (IM 108), mientras que, en la tercera, la más densamente poblada, preponderaban ampliamente las mujeres (IM 89).

Figura 3. Pirámide de población de Montevideo, 1843

Fuente: elaboración propia sobre la base de AGN-AGA Libros 107, 256 y 263; Guerra y Marina, caja 1337; Fondo de Policía, cajas 1 y 7; Fondo del Ministerio de Gobierno, caja 943 carpeta 6. Se incluyen Aldea y Punta Brava.

 

Habitualmente se considera al análisis de la composición por edad de la población como la síntesis de la dinámica demográfica y de los accidentes históricos que han afectado una población. Hacia la década de 1840, Montevideo presentaba las características propias de una sociedad pretransicional, con una natalidad y mortalidad elevadas (Pollero, 2016). La pirámide que surge del padrón acompaña esta afirmación: refleja una población joven, donde algo más de la mitad era menor de 25 años (Figura 3).14 15 El gráfico, además, deja en evidencia una estructura de edades distorsionada por el efecto migratorio y la coyuntura bélica que implicó desplazamientos hacia y desde Montevide. También revela los efectos de una migración diferencial por sexo resultando en una población masculinizada -que verifica lo señalado respecto a la composición por sexo-, particularmente a partir de los 20 años. Únicamente en el grupo de 15 a 19 se presenta un mayor peso relativo femenino, que permitiría sospechar la atracción hacia la ciudad de una migración laboral, vinculada probablemente al servicio doméstico.
El antecedente inmediato para comparar esta fotografía de la población es el padrón de 1836 del departamento de Montevideo (urbano y rural), anterior al contexto ya efectivo de guerra y en los albores del aluvión inmigratorio.16 Entonces Montevideo, también presentaba una población joven y masculinizada, fundamentalmente a partir de los 25 años y señalaba un mayor peso femenino entre los 15 y 24 años (Pollero 2016). Frente a esta diferencia, la autora deja abierta la pregunta si podría resultar del efecto de que ya para esa época Montevideo funcionara como un polo de atracción laboral para las mujeres, generando una migración interna diferencial por sexo en determinados grupos de edades; del subregistro de hombres jóvenes por temor a ser reclutados,17 o el efecto combinado de ambos. La información desagregada en urbana y rural solamente se cuenta para la relación entre los sexos: 111 y 129 hombres por cada 100 mujeres en la ciudad y campaña montevideana, respectivamente (Pollero 2016). Siete años después, y atravesando eventos demográficos fuertes, nos encontramos con una población más masculinizada y cuya estructura está más distorsionada en sus edades centrales.
Como ya hemos señalado, Montevideo, por su condición de ciudad portuaria, siempre fue atractiva para los extranjeros. A mediados de la década de 1830, en los primeros años luego de la independencia, el 37% de la población había nacido fuera del territorio (Pollero, 2016). A partir de 1836 y hasta el inicio del sitio la llegada de inmigrantes fue abrumadora. Montevideo se convirtió en una verdadera cosmópolis, donde más de la mitad de la población era extranjera (56% de extranjeros, 33% de orientales y 11% no especificados -sin dato o ilegible-). A la fuerte oleada de inmigración europea se sumó la corriente argentina de emigrados políticos anti-rosistas. Se trata del momento de mayor inmigración en la historia montevideana. Los datos posteriores de los censos de 1852 y 1860 señalan porcentajes aún muy altos, pero algo menores cercanos al 49%.
El impacto de los extranjeros repercutió con fuerza en la estructura por sexo y edad de la población montevideana. El desbalance de los sexos se explica en parte porque 2/3 de los hombres son extranjeros (66%). Las mujeres presentan valores similares, 44% y 46% para orientales y foráneas respectivamente.
¿De dónde provenían estos extranjeros? El origen de la población migrante puede dividirse claramente en grandes grupos principales: el europeo (76%), el proveniente del entorno regional (Argentina, Brasil, Paraguay, Chile, Bolivia y Perú), que constituye el 17%, y la migración forzada africana (7%). Franceses, españoles, italianos y argentinos -en este orden-, son las nacionalidades predominantes (Cuadro 2).18

Cuadro 2. Distribución de la población extranjera según nacionalidades. Montevideo, 1843

Fuente: elaboración propia sobre la base de AGN-AGA Libros 107, 256 y 263; Fondo Guerra y Marina, caja 1337; Fondo de Policía, cajas 1 y 7; Fondo del Ministerio de Gobierno, caja 943 carpeta 6.

 

En el casco más antiguo de la ciudad residían el 70% de orientales y argentinos, así como más de la mitad de los españoles. Es probable que los argentinos, muchos de los cuales considerarían su residencia montevideana como temporal, se albergaran en pensiones o habitaciones alquiladas en las secciones céntricas. La inmigración europea más reciente, fundamentalmente la francesa, optó por vivir en la Ciudad Nueva.  Es decir, si bien una parte de estos recién llegados también ocupó habitaciones en la Ciudad Vieja, es posible que otro tanto haya debido acceder a una oferta de terrenos o viviendas de menor valor en aquella zona bastante descampada de la ciudad, lo que explicaría su ubicación más alejada. La figura 4 contribuye a visualizar esta ocupación.
También hemos logrado acercarnos a las características demográficas de la población según nacionalidades, y este análisis da cuenta de diferencias significativas (Figura 5). Tanto en el caso de los uruguayos como de los argentinos, la población residente en Montevideo tiene un neto predominio femenino (IM 71 y 89 respectivamente). Este resultado no sorprende, ya que, en el contexto de la Guerra Grande, la ausencia masculina podría justificarse por la activa participación de los hombres en ella y por un posible subregistro de hombres jóvenes, que hayan evitado ser censados para no ser alistados. Entre la población oriental, no obstante, la preponderancia femenina a partir del grupo de 10 a 14 años también podría vincularse a la atracción a Montevideo de una migración interna laboral, relacionada probablemente al servicio doméstico. Esta hipótesis, que mencionamos al analizar la pirámide de la población total, logra ahora un mayor sustento.

Figura 4. Georreferenciación de inmigrantes. Ciudad de Montevideo, 1843

Fuentes: elaboración propia sobre la base de AGN-AGA Libros 107, 256 y 263; Guerra y Marina, caja 1337; Fondo de Policía, cajas 1 y 7; Fondo del Ministerio de Gobierno, caja 943 carpeta 6. Museo Histórico Cabildo. Colección de planos y mapas del S. XVIII, XIX y XX, Pérez Montero (1943, 167).

 

En lo que respecta a los argentinos, la interpretación es más compleja. La pirámide refleja una población feminizada en las edades jóvenes, aunque es difícil considerar la migración de mujeres solas. Por consiguiente, tanto la ausencia de los hombres por ir a la guerra, o su subregistro, son opciones válidas para la situación singular del contexto del padrón.
Entre los europeos, en cambio, la relación es completamente inversa; los hombres más que duplican a las mujeres (IM 204, 211 y 279 para españoles, franceses e italianos). De todos modos, las pirámides revelan diferencias. Entre franceses e italianos se destaca el mayor peso relativo en las edades juveniles y centrales, propias de una migración laboral, lo que implica que se trata de un fenómeno reciente. En el caso de los españoles, si bien también es relevante el peso relativo en edades activas jóvenes, la pirámide no se afina hacia su vértice como sucede en los ejemplos anteriores. Esto significa que se está documentando la presencia de una población migrante de más larga data, anterior a la formación del Estado uruguayo, vinculada con el proceso histórico de un territorio que 30 años antes pertenecía al imperio español. A su vez, la presencia en todos los casos de población infantil demuestra también la existencia de una migración familiar. No solamente llegaron hombres solos, también algunos vinieron con sus familias, o las mandaron buscar posteriormente.

Figura 5. Pirámides de población según nacionalidad (Montevideo, 1843)

Fuente: elaboración propia sobre la base de AGN-AGA Libros 107, 256 y 263; Guerra y Marina, caja 1337; Fondo de Policía, cajas 1 y 7; Fondo del Ministerio de Gobierno, caja 943 carpeta 6. Se incluye Aldea y Punta Brava.

 

Finalmente, como último aspecto de esta caracterización de la población montevideana, pretendimos acercarnos al mundo del trabajo. Hemos considerado para el estudio de las categorías ocupacionales a la población de 10 años y más. Como sucede habitualmente en los padrones, se trata de una variable con muchos casos sin información, particularmente entre las mujeres. En esta oportunidad, contamos con datos para al 49,3% de los hombres y el 10,7 % de las mujeres de este rango etario.
Para el análisis de la población por categorías ocupacionales hemos implementado la tipología HISCO (Historical International Standard Classification of Occupations) (Leeuwen, Maas & Miles, 2002), por su utilidad para realizar comparaciones internacionales.

Cuadro 3. Distribución de la población de 10 y más años por categorías ocupacionales HISCO y sexo (Montevideo, 1843)

Fuente: Elaboración propia sobre la base de AGN-AGA Libros 107, 256 y 263; Guerra y Marina, caja 1337; Fondo de Policía, cajas 1 y 7; Fondo del Ministerio de Gobierno, caja 943 carpeta 6. Se incluye Aldea y Punta Brava.

 

Como puede observarse en el cuadro 3, la estructura ocupacional es propia de un núcleo urbano, portuario y mercantil. Prácticamente la mitad de la población masculina se dedica a la categoría que agrupa trabajadores de producción y transporte (códigos 7-8-9). En esta categoría se destacan las ocupaciones vinculadas a la construcción (albañiles, carpinteros, herreros). Ello se relaciona con el desarrollo edilicio que tuvo la ciudad a partir de la década de 1830.  A modo de ejemplo, entre 1837 y 1842 las carpinterías de ramo general aumentaron de 48 a 60, y las herrerías de 7 a 18 (Gründwaldt Ramasso, 1970). Asimismo, se destacan las actividades relacionadas con la vestimenta (sastres, zapateros), la alimentación (panaderos) y el transporte (carretilleros, marineros). También en este grupo se encuentran las ocupaciones no diferenciadas, como jornalero o peón.
Le siguen los grupos relacionados con actividades comerciales y de servicios. Comerciantes, pulperos, y dependientes trabajaban en las tiendas, mercerías, joyerías, sombrererías, zapaterías, confiterías, etc., que moldeaban la activa vida comercial montevideana.  Por su parte, en la categoría “servicios” se incluye un vasto rango de ocupaciones, desde los militares a cocineros y servicio doméstico. En el caso de los hombres de esta categoría, más de la mitad nuclea a quienes declararon ocupaciones relacionadas con la actividad militar o policial. Dado el contexto bélico la importancia del peso relativo de quienes declararon actividad castrense es esperable. A su vez, cabe destacar que son muy pocos los casos de quienes se declaran como legionarios o milicianos. Este dato no deja de ser llamativo. Etchechury ha señalado que más del 71% de los efectivos alistados en febrero de 1843 estaba formado por “ciudadanos en armas” integrados a cuerpos voluntarios en defensa de la ciudad (Etchechury 2017: 501). Sin embargo, la información del padrón parecería comprobar que la condición “ciudadanos en armas” sería considerada por estos como temporal y habría llevado a que en el momento del registro los censados declararan su ocupación principal, diferente a la de milicianos.
El grupo relacionado con actividades agropecuarias incluye principalmente a labradores, seguidos por pescadores y estancieros.20Finalmente, el conjunto de administrativos, burócratas y profesionales (grupos 0-1, 2 y 3) no llega al 6%.
Las diferencias por sexo son evidentes. En el caso de la población femenina que declara su actividad, más de la mitad se dedica a actividades de servicio doméstico (sirvientas, lavanderas, planchadoras, cocineras). Le sigue en importancia el gran grupo relacionado con producción y transporte, en el cual predominan las costureras.
El análisis espacial de las ocupaciones revela que, si bien se observan individuos de las distintas categorías ocupacionales en todas las secciones, los vinculados al grupo 6 (agricultura, ganadería y pesca) residían preferentemente en la Ciudad Nueva, mientras que las demás categorías mostraban una mayor concentración en la Ciudad Vieja. Como observáramos en la estructura ocupacional, se destacan los pertenecientes a actividades de los sectores producción y transporte, servicios y comercial.

Figura 6. Georreferenciación de ocupaciones. Ciudad de Montevideo, 1843

Fuentes: elaboración propia sobre la base de AGN-AGA Libros 107, 256 y 263; Guerra y Marina, caja 1337; Fondo de Policía, cajas 1 y 7; Fondo del Ministerio de Gobierno, caja 943 carpeta 6. Museo Histórico Cabildo. Colección de planos y mapas del S. XVIII, XIX y XX, Pérez Montero (1943, 167).

 

Conclusiones

En este trabajo se pretendió enriquecer el análisis demográfico de una fuente demográfica clásica, como es un padrón de población, con la aplicación de una técnica digital, propia del análisis espacial. Como un primer resultado sustantivo, el análisis georreferenciado de la población contribuyó a tomar la decisión de considerar los datos de los recuentos poblacionales de distintas fechas como complementarios y trabajar con los datos agregados, como una sola fuente demográfica.
Esta foto movida nos permitió visualizar a una sociedad conmovida por la migración. Más de uno de cada dos habitantes era extranjero, situación que no volvería a vivirse con tanta intensidad en la historia montevideana. Esto es reflejo, en primer lugar, del reciente aluvión inmigratorio europeo, y luego por los conflictos políticos rioplatenses, que la llevaron también a protagonizar la doble situación de recibir coyunturalmente inmigrantes argentinos y, simultáneamente, perder población que emigraba fuera de la ciudad y a otros países.
De este modo, Montevideo en 1843 se nos presenta como una población con un importante desbalance entre los sexos y una estructura de edades distorsionada por el efecto migratorio y la coyuntura bélica. A su vez, se reflejan diferencias significativas según las nacionalidades: los uruguayos, una población muy joven con un neto predominio femenino; los argentinos, también con mayor peso relativo en edades jóvenes y centrales y preponderancia femenina;  italianos y franceses, de más reciente llegada, con concentración masculina en edades juveniles y centrales, propias de una migración laboral; y el caso de los españoles cuya estructura sugiere una población migrante más antigua, vinculada con el proceso histórico anterior a la formación del Estado nacional. Se trata, además, de una población dedicada a actividades propias de un centro urbano en expansión, con acento en los servicios, las actividades mercantiles, los oficios relacionados a actividades principalmente de la construcción y el transporte.
A su vez, la incorporación del espacio como variable de análisis nos permite visualizar una población que crece y comienza a expandirse más allá de sus límites originales. El mapa del indicador de densidad de puntos de Kernel identifica las manzanas y las arterias más pobladas de las Ciudades Vieja y Nueva, y nos da a conocer cuán despoblada se encontraba todavía esta última. Además, nos da elementos para avanzar en la elaboración de hipótesis sobre ciertas características del perfil sociodemográfico de ambos espacios. Por un lado, un casco más antiguo con una mayor concentración de población oriental y argentina, de predominio femenino, así como con población española de larga data. Y por otro, la Ciudad Nueva, un área de expansión en la que es posible reconocer una mayor ocupación por parte de la inmigración más reciente francesa e italiana, asociada a su vez a un mayor desbalance entre los sexos y mayor proporción de población en edades activas.
El análisis de esta fuente añade una fotografía más a la reconstrucción del pasado demográfico de Montevideo, particularmente en el inicio de uno de los episodios más difíciles que le ha tocado vivir a la ciudad.
Desde el punto de vista de nuestro trabajo de investigación, la aplicación del SIG resultó un desafío con diversas complejidades y obstáculos a sortear, muchas veces asociados al tipo de fuente protoestadística que estábamos estudiando. No obstante, y a la luz del resultado final, consideramos que la aplicación de esta herramienta metodológica contribuye en un abordaje más amplio para el análisis y la interpretación histórica de las fuentes demográficas tradicionales.

Notas

*Raquel Pollero es Doctora en Ciencias Sociales con especialización en Estudios de Población (Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República), Magister en Ciencias Humanas y Licenciada en Historia (Facultad de Humanidades y Ciencias, Universidad de la República). Es profesora e investigadora con dedicación total del Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República. Coordina el Programa de Población y el Doctorado en Ciencias Sociales con especialización en Estudios de Población (Facultad de Ciencias Sociales, Udelar). Es co-responsable del Grupo I+D “Pueblos y Números del Río de la Plata” (Comisión Sectorial de Investigación Científica, Udelar). Su principal línea de trabajo se orienta a conocer y comprender el comportamiento demográfico de la población uruguaya en el pasado. Cuenta con diversas publicaciones y artículos en revistas científicas, entre los que se destaca su tesis de doctorado titulada Historia demográfica de Montevideo y su campaña (1757-1860). Correo electrónico: raquel.pollero@cienciassociales.edu.uy .

**Graciana Sagaseta cursa estudios en la Licenciatura en Ciencias Históricas de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Es investigadora en el Grupo I+D “Pueblos y Números del Río de la Plata” (Comisión Sectorial de Investigación Científica, Udelar). Se ha especializado en el análisis espacial y en la aplicación de herramientas del Sistema de Información Geográfico. Una de sus líneas de trabajo estudia el proceso de ocupación del espacio y el crecimiento demográfico en la Banda Oriental, en relación con los procesos económicos y sociales del período premoderno. Correo electrónico: graciana.sagaseta@gmail.com.

1 Una versión preliminar de este artículo fue presentada en el VIII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Población (ALAP), Puebla, México, 23 - 26 de octubre 2018. Esta investigación ha sido realizada en el marco del Grupo I+D Pueblos y números del Río de la Plata (Comisión Sectorial de Investigación Científica – Udelar).

2 La historiografía ha citado ampliamente los datos del padrón, que surgen del cuadro resumen de algunas variables presentado por Andrés Lamas en sus “Notas estadísticas” (Arredondo 1928: 48-49). Sin embargo, no hemos encontrado trabajos que hayan utilizado la fuente original. Para esta investigación hemos procesado toda la información registrada a nivel individual, incorporando también, como se señalará más adelante, listas encontradas en otros fondos, que no estaban encuadernadas en los libros correspondientes al padrón. Por otra parte, la información del padrón tampoco ha sido tratada desde un enfoque demográfico.

3 Para el análisis espacial se utiliza el programa ArcGIS versión 10.1.

4 AGN-AGA. Fondo Guerra y Marina, caja 1337; Fondo de Policía, cajas 1 y 7; Fondo del Ministerio de Gobierno, caja 943, carpeta 6.

5 El Nacional, 6-2-1843, 2ª época, año 4 y AGN. Fondo de Policía, caja 6.

6 AGN-AGA. Ministerio de Gobierno. Libro 1401. Registro Nacional de Leyes acuerdos y decretos. Decreto del Ministerio de Gobierno, Montevideo, noviembre 27 de 1841.

7 Estos distritos no eran los únicos existentes para esa fecha. De hecho, en el padrón de 1836 de todo el departamento de Montevideo, los libros de extramuros contienen información sobre Punta Brava, Aldea, Cordón, Tres Cruces, del Cardal, Toledo y Manga (AGN-AGA Libros 147, 148 y 465). Sin embargo, en nuestra fuente solamente aparecen relevados los dos primeros. Es posible que en el recuento de febrero de 1843 parte de la población sin información sobre su lugar de residencia pertenezca a alguna de estas áreas.

8 Los datos del cuadro del padrón de 1843 que aparece en las “Notas estadísticas” de Lamas presentan diferencias con los relevados en esta investigación. En las secciones 1ª a 4ª el total de individuos presentado por Lamas es mayor. Nuestros habitantes de la 5ª sección son más del doble que los reportados por Lamas. Por otra parte, el cuadro de Lamas señala una corrección realizada a sus datos: en los casos de mujeres que se declararon casadas y el esposo no estaba presente, el dato fue agregado al total de población. (Arredondo 1928: 48-49).

9 Se ha logrado ubicar la dirección de la vivienda del 90% de los individuos relevados en febrero o sin fecha, y de todos los de septiembre. El mayor número de individuos que no pudieron ser ubicados corresponde a las secciones 4 y 5, es decir a la Ciudad Nueva.

10 El plano de 1836 realizado por Besnes Irigoyen responde al trazado de la Ciudad Nueva que fuera encomendada al sargento mayor de artillería José María Reyes en 1829 (Pollero 2016). Posteriormente, en 1843, el Jefe Político y de Policía Andrés Lamas elabora un documento llamado la Nueva Nomenclatura de las calles de Montevideo, en el cual sustituye los nombres religiosos de la época colonial por otros de base nacional (acontecimientos históricos, batallas, personalidades indiscutidas, referencias geográficas). Por decreto del Ministerio de Gobierno se hace una edición oficial del plano topográfico de Besnes Irigoyen, junto con el folleto de la Nomenclatura (AGN-AGA. Ministerio de Gobierno. Libro 1401. Registro Nacional de Leyes acuerdos y decretos, 26-5-1843). El plano incorpora la nueva nomenclatura de las calles.

11 El indicador de densidad de Kernel es una herramienta de geoprocesamiento de ArcGIS que permite obtener un esquema de la densidad que conforma una nube de puntos localizados. Se construye mediante una operación en la que a cada punto -con determinado radio y tamaño de celda- se le atribuye el resultado de un cálculo realizado sobre el área y los puntos a su alrededor, donde el área más lejana al centro del mismo tiene menor peso en el cálculo (Valencia Villa 2015). Para este ejercicio se seleccionó como radio 40 metros y como tamaño de celda 5 metros.

12 La línea de fortificaciones se puede observar con claridad en el “Plano Topográfico de la ciudad de Montevideo” del Capitán D. Juan P. Cardeillac de 1849 (Pérez Montero 1943: 167).

13 AGN-AGA. Fondo Guerra y Marina, caja 1337. Febrero 22 de 1843. “(…) no solo p.a recuperar estos cuarteles, depósitos y otros objetos de g.rra, como p.a preservar a esas mismas familias de las consecuencias desagradables y aún funestas que podrían experimentar, por hallarse entre tropas q.e estan a punto de batirse con otras enemigas”.

14 Para el análisis de la estructura por edad y sexo los datos de población de los padrones fueron evaluados y corregidos de acuerdo a procedimientos propios del análisis demográfico (Chaquiel& Macció, 1978). La declaración de la edad fue evaluada según el índice de Myers y los resultados dieron niveles de atracción alto y muy alto en hombres y mujeres. La población sin información de edad y sexo fue reasignada proporcionalmente. Para corregir el efecto de la mala declaración de la edad, se realizó un ajuste de la población en base al método de promedios móviles a partir de las edades simples, y promediando de a cinco valores.

15 La observación de los datos sugiere un subregistro en los grupos de edades de 0 a 4. Dado que se trata de una población pretransicional, es esperable que la proporción de los menores de 5 años sea mayor que la del grupo de 5 a 9 años. Sin embargo, el peso relativo de los de menor edad es más bajo, omisión que resulta habitual incluso en los recuentos poblacionales actuales. Para corregir la subenumeración de niños menores de cinco años se debería aplicar un modelo elegido de poblaciones estables. Sin embargo, dada la complejidad que ya presentaban las fuentes demográficas que se estudian, se optó por no corregir esta omisión.

16 El padrón de Montevideo y extramuros de 1836 se enmarca en el primer intento de recuento nacional de población. Si bien varios departamentos fueron censados, y entre ellos Montevideo, no pudo completarse en todo el territorio, ya que se vio interrumpido por el primer levantamiento militar del Gral. Fructuoso Rivera contra el Presidente Manuel Oribe (Pollero 2016).

17 El recuento en Montevideo se llevó a cabo durante un período de tenso clima político, aunque previamente a los hechos bélicos mencionados en la nota anterior. Esta situación coyuntural lleva a la autora a proponer la hipótesis de un posible subregistro de varones en edad de ser reclutados (Pollero 2016).

18 Esta información proviene de la variable patria del padrón. En ella se registró información de distintas categorías: el estado-nación, o nombres de ciudades, o nacionalidades. Como señalamos, la boleta censal con la información de los miembros de la vivienda era escrita en cada vivienda y entregada a los tenientes alcaldes. Por tanto, el dato puede haberse registrado a partir de la autodenominación del entrevistado o de quien hizo la boleta, o a criterio de quien luego confeccionó la lista. En el caso de la denominación italiano que aparece en el padrón, dado que hacia 1843 Italia no existía como estado unificado, se entiende que sea una identificación atribuida a los inmigrantes de la península itálica. Por otra parte, se señala que para esta investigación las distintas categorías se agregaron a nivel de estados nacionales.

19 Los códigos de las categorías ocupacionales HISCO son los siguientes: 0-1 Profesionales y técnicos especializados, 2 Administrativos y de gestión, 3 Oficinistas y funcionarios, 4 Trabajadores de ventas 5 Trabajadores de servicios, 6 Agropecuarios y forestales y 7-8-9 Trabajadores de producción y transporte.

20 En el caso del grupo 6 es relevante recordar que la caracterización total de la población incluye las áreas rurales de la Aldea y Punta Brava.

 

Referencias

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3. Arredondo, H. (1928). Los ‘Apuntes estadísticos’ del Dr. Andrés Lamas. Revista del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, VI(1), 25-195.

4. Barrán. J. P. (1974). Apogeo del Uruguay pastoril y caudillesco 1839- 1875.Montevideo, Uruguay: Ediciones Banda Oriental.

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6. Chackiel, J. & Macció, G. (1978). Evaluación y corrección de datos demográficos. VI Análisis de la población por edades. Santiago de Chile, Chile: CELADE.

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9. Etchechury, M. (2017). Defensores de la humanidad y la civilización. Las legiones extranjeras de Montevideo, entre el mito cosmopolita y la eclosión de las ‘nacionalidades’ (1838-1851). Historia, 50(2), 491-524. ISSN: 0073-2435.

10. Gründwaldt Ramasso, J. (1970). Vida, Industria y comercio en el antiguo Montevideo (1830-1852). Montevideo, Uruguay: Barreiro y Ramos.

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12. Massé, G. (2008). Convivir bajo el mismo techo. Hogar-familia y migración en la ciudad de Buenos Aires al promediar el siglo XIX. (Tesis doctoral). Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba.

13. Museo Histórico Nacional (s/f). Juan Manuel Besnes e Irigoyen, inventó, escribió y dibujó. Recuperado de: http://www.museohistorico.gub.uy/innovaportal/v/78661/33/mecweb/juan-manuel-besnes-e-irigoyen-invento-escribio-y-dibujo.

14. Pérez Montero, C. (1943). La calle 18 de Julio (1719-1875). Antecedentes para la historia de la Ciudad Nueva. (Segunda Parte). Revista del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, XVII, 51-272.

15. Pollero, R. (2016). Historia demográfica de Montevideo y su campaña (1757-1860). Montevideo, Uruguay: Facultad de Ciencias Sociales-Universidad de la República.

16. Valencia Villa, C. (2015). Índice de densidad como forma de resolver los problemas de exactitud en las fuentes de la Historia Económica colonia. Ponencia presentada en las VI Jornadas Uruguayas de Historia Económica (AUDHE). Recuperado de: http://www.audhe.org.uy/jornadas/internacionales/sextas-jornadas-2015/603-sistemas-de-informacion-geografica-sig-en-historia-economica.html.

Recibido: 25/04//2019
Aceptado: 07/09/2019

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