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ARTÍCULOS ORIGINALES

Heterogeneidades económicas en territorios de la Región de Valparaíso-Chile: aproximaciones y emergencias de otras formas económicas

Economic heterogeneity in territories of the Valparaíso Region - Chile: approaches and emergence of other economic forms

 

Pablo Saravia Ramos*
Nelson Carroza Athens**
Beatriz Cid Aguayo***

* Profesor en el Departamento de Sociología de la Universidad de Playa Ancha. Sociólogo por la Universidad de Concepción de Chile. Master en Historia por la Universidad de Santiago de Chile. Máster en Problemas sociales por la Universidad de Granada y Doctor en Sociología por la Universidad de Granada. Sus líneas de investigación prioritarias se centran en la diversidad económica, sociología alimentaria, agroecología y estudios cualitativos. Correo electrónico: pablo.saravia@upla.cl
** Profesor en el Departamento de Sociología de la Universidad de Playa Ancha. Sociólogo. Universidad de Valparaíso. Magíster en Desarrollo Urbano de la Universidad de Chile. Sus líneas de trabajo se centran en los procesos y transformaciones socio-territoriales, diversidad económica, sociología urbana. Correo electrónico: nelson.carroza@upla.cl
*** Profesora en el Departamento de Sociología Universidad de Concepción. Socióloga Pontifica Universidad Católica de Chile. MSc en Sociología Universidad de Chile, PhD York University. Investigadora en sistemas agroalimentarios y sociología económica desde un enfoque de economía política postestructuralista y feminista. Correo electrónico: beatrizcid@udec.cl

RECIBIDO: 17/08/2017
ACEPTADO: 26/02/2018

 


RESUMEN

La Región de Valparaíso (Chile) se encuentra fuertemente influida por tres grandes actividades económicas: minería, monocultivos extensivos y el sector servicios. Estas actividades productivas provocan la reducción de la diversidad económica local, pero también presentan fisuras y oportunidades para el desarrollo de iniciativas económicas diversas, que son analizadas a través de una metodología cualitativa y emergente. Los resultados dan cuenta de prácticas económicas heterogéneas en cuanto a su temporalidad, contextos territoriales, propósitos que se plantean y sus perspectivas de futuro.

Palabras clave: Heterogeneidad económica; Post-desarrollo; Territorio; Economías solidarias, Región de Valparaíso

ABSTRACT

The Valparaíso Region (Chile) is strongly influenced by three major economic activities: mining, extensive monoculture and the services sector. Though these production activities cause a reduction in local economic diversity, they also present fissures and even opportunities for the development of diverse economic initiatives which are analyzed through a qualitative and emerging methodology. The results evince heterogeneous economic practices in terms of temporalities, territorial contexts, purposes and future prospects.

Keywords: Economic heterogeneity; Post-development; Territory; Solidarity economy; Valparaíso Region


 

Introducción1

La economía nacional chilena está sostenida sobre en la base de una fuerte actividad extractivista de materias primas, un ejemplo de ello es la posición de Chile en la actividad minera a nivel mundial, donde se destaca por ser el principal productor de cobre del mundo (COCHILCO, 2016). Además, tiene una fuerte actividad forestal siendo el décimo productor mundial de pulpa para papel (FAO, 2015). Por otra parte, también es un importante actor en el mercado productivo alimentario donde se alza como el tercer país exportador de frutas a nivel mundial (SIECA, 2016), es el segundo productor mundial de salmón y uno de los más importantes productores de pesca de captura marina (FAO, 2016). Todo lo anterior permite afirmar que la actividad económica chilena está basada en la explotación de recursos destinados fundamentalmente al mercado internacional, tendencia que se fortaleció a lo largo de los gobiernos post-dictadura cívico militar con la firma de acuerdos comerciales vigentes con más de sesenta países (DIRECON, 2017), que son una de las herramientas de comercialización más relevantes del modelo económico neoliberal chileno.
En este contexto general, la Región de Valparaíso en Chile reproduce dichas relaciones extractivistas de la economía hegemónica que se expresan en tres grandes actividades: minería, monocultivos extensivos y el sector servicio (industria turística, patrimonial y cultural). Si bien, todas ellas han tenido diferentes desarrollos temporales, en la actualidad, están provocando efectos económicos, sociales y ambientales de gran envergadura. La actividad minera (fundamentalmente cobre, molibdeno, oro y plata) es una actividad importante en la región; específicamente en las zonas de Petorca y Cabildo, donde comparte presencia con los monocultivos de frutales, especialmente en el caso de la palta. Por otra parte, la actividad económica preponderante, anclada principalmente en territorios metropolitanos de la región, da cuenta de los procesos de transformación productiva, desde una economía industrial a la emergencia y consolidación de una economía de servicios, caracterizada por una especialización turística, asociado a activos patrimoniales y del desarrollo cultural propio de la región, y particularmente, presente en el contexto local del Gran Valparaíso.
Estas actividades productivas, han provocado importantes impactos relacionados a la homogeneidad económica de los territorios, la invisibilización y reducción de la diversidad económica local (Cuevas, 2012; Bengoa, 1990) y el aumento de la dependencia al trabajo asalariado cada vez más precario (Valdés, 2015; Fundación Sol, 2011; Ugarte, 2010). Si bien estos procesos desplazan actividades económicas tradicionales, por otra parte, también presentan fisuras e incluso oportunidades para el diseño de iniciativas diversas.
En otras palabras, si bien la Región de Valparaíso se encuentra fuertemente influida por las grandes actividades económicas antes mencionadas, también es posible y en paralelo, reconocer la emergencia de diversas experiencias tales como, cadenas cortas de producción y comercialización agroecológica, turismo comunitario, ecoaldeas, cooperativas de producción y consumo, centros culturales no formales, entre otras.
Estas experiencias de heterogeneidad económicas (Gibson-Graham, 2006) pueden ser interpretadas como otra racionalidad económica que se alberga en ciertos nichos de la economía popular y que plantea una propuesta crítica y transformadora (Razeto, 1997), enfatizando una definición sustantiva de la economía, en donde una nueva ética es uno de los elementos articuladores de la producción, consumo y distribución, en un sistema anclado en instituciones, valores y prácticas, o como Karl Polanyi (1994) denominó, economías éticamente arraigadas. En otras palabras, esta perspectiva establece una revalorización de la capacidad de las economías populares y sus asociaciones para reproducir la vida y producir riqueza pese a su invisibilización, a través de la articulación de prácticas cooperativas y comunitarias.
Bajo esta perspectiva, el territorio se constituye como una dimensión integradora y vinculante de estos procesos. En el territorio coexistiría el enrejado de experiencias económicas situadas, de las cuales se expresarían dinámicas tanto de cooperación como de conflicto. Esto último, se expresa en las relaciones entre la industria del agronegocio y las formas agropecuarias tradicionales, entre los hipermercados y los pequeños almacenes de barrio (Silveira, 2007) o entre el discurso institucional patrimonial de una ciudad y sus expresiones culturales locales. Pero también coexisten relaciones de cooperación e hibridaciones entre las experiencias y sus actores, el resto de la sociedad local, con las virtualidades sociopolíticas del lugar, inclusive tomando los sistemas de objetos que allí están y dándoles otros usos o utilizando técnicas tradicionales con nuevos contenidos (Silveira, 2007; De Sousa Santos, 2006). De esta forma, estas otras economías, prácticas y discursos que emergen a través de las fisuras del ensamblaje económico hegemónico, no logran ser absolutos y permiten que estas expresiones se desarrollen, construyan redes, reinterpreten su entorno e imaginen otras formas de relación política. En definitiva, son reflejo de un intercambio histórico entre las formas impuestas por el proyecto de la modernidad y los conocimientos y saberes ocultos existentes en los territorios y cuerpos de las personas que lo habitan. Son expresiones constitutivas de lo que Dussel ha interpretado como manifestaciones de transmodernidad (Dussel, 2001).
En suma, todas estas características y condiciones relacionadas a otras economías contribuyen al fortalecimiento de conceptos y dispositivos que tributan a un debate muy atingente en América Latina. Algunos de estos referentes son las ideas de pluralidad económica (Laville & García, 2009), heterogeneidad económica (Gibson-Graham, 2006), emprendimientos económicos solidarios (Gaiger, 2009) y la basta tradición de pensamiento ligada al polisémico concepto de economía social y solidaria (Coraggio, 2016, 2011; Guerra, 2010; Singer, 2002; Singer & De Souza, 2000; Razeto, 1997). Igualmente se enmarca dentro del debate que abren las ideas del post-desarrollo y la comunidad de pensamiento ligada a lo decolonial. Por lo tanto, la articulación de investigación y sus resultados está en el centro de la discusión sobre la transformación del concepto de desarrollo.
En este contexto, el presente artículo busca contribuir al debate sobre un pensamiento heterogéneo en lo económico, comprendiendo la promoción de formas sustantivas y solidarias de lo económico y al debate sobre la decolonización del desarrollo, en distintos territorios de la Región de Valparaíso. En este sentido, el supuesto a explorar se vincula a comprender la emergencia y características de experiencias e iniciativas económicas diversas, en contextos territoriales locales donde se evidencian procesos de creciente homogeneidad económica. Todo esto se planteará considerando tres grandes dimensiones de análisis: los entornos, propósitos y la proyección de futuro de estas experiencias. Los resultados permitirían reconocer prácticas colectivas que están cuestionando el modelo hegemónico vigente, en donde las formas de heterogeneidad económica, se construyen desde diferentes temporalidades y espacios relacionales, con una enorme diversidad interna en cuanto a sus contextos territoriales, los propósitos que se plantean y sus perspectivas de futuro. Estos hallazgos, permiten aportar al debate sobre la decolonización del desarrollo y sobre otras formas de construir conocimiento.
En cuanto a la estructura del artículo, en primer lugar se repasan los conceptos y perspectivas teóricas que son fundamentales para entender, desde una nueva mirada, las experiencias económicas heterogéneas de la Región de Valparaíso. Luego se revisan las particularidades y posicionamientos metodológicas que asumió el estudio. Aquí resulta fundamental la impronta cualitativa y emergente del modelo utilizado que permite integrar coherentemente el debate decolonial sobre las formas otras de construir conocimiento. Posteriormente, se presentan los principales resultados del análisis de las experiencias; diversas en lo económico (cooperativas campesinas, experiencias agroecológicas, ecoaldeas, centros culturales, etc) y pertenecientes a diversos contextos territoriales; San Felipe y Los Andes, Petorca, Quillota, Limache y Gran Valparaíso.

Heterogeneidades económicas, contribuyendo al debate

De las muchas entradas para problematizar la heterogeneidad económica, elegimos acá la problematización de los discursos en torno a lo económico. El foco en los discursos económicos proviene de la intuición foucoultiana de que el discurso no es una descripción del objeto sino la fuente constitutiva del mismo. De esta manera, construir grados de legitimidad del discurso es central en los procesos de lucha cultural y política; y descontruir los discursos normalizados es un arma y arena de lucha central para los actores subalternos.
Los discursos han construido una realidad económica monolítica donde solo son visibles, existentes y posibles el mercado capitalista, la empresa de capital, el trabajo asalariado, y el comportamiento maximizador y autointeresado como relación social predominante. En este contexto, cualquier modo de comportamiento no capitalista aparece solo en los márgenes de lo social, lo que limita las posibilidades de pensar en representaciones de economías políticas transformadoras (Shear & Lyon-Callo, 2013). Las narrativas en torno al capitalismo han sido relativamente inmunes a la deconstrucción postmoderna, en tanto se lo sigue definiendo como una macroestructura social con capacidades prometeicas (global, postindustrial, tardío), construyendo en torno a él un sentido de admiración y sujeción. Sus relatos lo definen como la forma económica naturalmente dominante de nuestro tiempo, coextensiva a la totalidad del espacio social y totalizante, sobredeterminando lo económico y lo no económico (Gibson-Graham, 2006).
La apuesta de Gibson-Graham (2006), y que orienta este trabajo, es producir un lenguaje capaz de dar cuenta de la diferencia económica. Esto implica visibilizar que los mercados formales, el trabajo asalariado, y la empresa de capital son solo un aspecto de la complejidad de las relaciones económicas donde existen otros elementos tales como bienes públicos, sistemas de intercambio locales e informales, sistemas cooperativos, trueques, flujos, trabajos domésticos, autoempleo, recíproco, socialmente responsable, comunal, etc. Reducir todo ello a los códigos del capitalismo -entendido éste como un conjunto de relaciones económicas y sociales destinadas a la valoración y acumulación de capital- es un ejercicio no sólo de simplificación, sino también de violencia simbólica (Morrow, 2011). En suma, reconocer esta diversidad de prácticas es políticamente estratégico para la superación de un discurso económico normalizador y desesperanzante, y como tal, para la implementación de economías comunitarias (Shear & Burke, 2013; Dobroski, 2013; Miller, 2011; Byrne & Healy, 2006).

El desarrollo puesto en debate

Las preguntas sobre las características y formas que adquieren lo que hemos denominado como heterogeneidades económicas nos posicionan en el ámbito de la diversidad cultural en cuanto a las prácticas y relaciones entre seres humanos y con la naturaleza, tanto en el presente como en sus proyecciones hacia el futuro. La cuestión de la diversidad de los modos de vivir ha sido problematizada desde la pregunta por el desarrollo. A este respecto la crítica postmoderna no ha logrado calar en el entramado discursivo del pensamiento económico, si lo ha hecho -y encontrado bastante difusión- en el entramado discursivo del desarrollo. En particular, ha mostrado la teleología y el occidentalismo de los discursos; que imaginan un único futuro posible y deseable para todas las comunidades humanas, neutralizando así la posibilidad de discutir políticamente las opciones de futuro que un grupo puede imaginar. La apuesta por otro discurso económico está íntimamente asociado a otras imaginaciones respecto del desarrollo territorial.
La perspectiva postestructuralista ha realizado una suerte de desmitificación del desarrollo  mostrando que pese a la diversidad de las propuestas, éste se construye sobre algunas ideas centrales inmutables y normalizadoras: la diversidad sólo existe en sociedades con niveles menos desarrollado, quienes, inexorablemente, deberán impulsar sus estructuras hacia el modelo ya elaborado y experimentado por quienes han alcanzado el desarrollo. Este discurso normalizador entrega legitimidad a la intervención de actores externos bajo el fundamento de reconocer que hay sociedades atrasadas y subdesarrolladas que no han ejecutado el take off para alcanzar el ansiado desarrollo. Entran aquí actores cuya misión es conducir lo subdesarrollado al progreso absoluto, creándose un enorme aparato institucional. Este ha adquirido enorme influencia en la vida social, política, económica y cultural de las naciones atrasadas. Así mismo ha deslegitimado otras formas posibles de organizar la vida; así, expresiones como alimentarse, producir, intercambiar bienes, relacionarse con la naturaleza, son consideradas como la incapacidad de actuar de acuerdo con las epistemologías occidentales (Agostino, 2009). El proyecto económico vigente promueve e instituye una forma de elección y relaciones económicas que involucran “una serie de principios: el individuo racional, no atado ni a lugar ni a comunidad; la separación de naturaleza y cultura; la economía separada de lo social y lo natural, la primacía del conocimiento experto por encima de cualquier otro saber” (Escobar, 2009: 308).
El post-desarrollo, por su parte, no presenta un discurso alternativo sino una nueva sensibilidad que valoriza la diversidad y adopta una actitud hospitalaria ante la pluralidad real del mundo. Se abre a un universo heterogéneo, en que las diferencias culturales no sólo son reconocidas y aceptadas, sino buscadas y celebradas. Post-desarrollo, en ese contexto, significa también celebrar las innumerables definiciones del buen vivir (Esteva, 2009). Esto involucra una transformación cultural y epistémica, de modos de conocimiento y modelos de mundo, hacia mundos y conocimientos de otro modo (Escobar, 2009, Gudynas, 2009). Esta discusión revela la naturaleza epistemológica que finalmente tienen las prácticas económicas plurales y como ellas representan y proponen otras formas de pensar la relación con el trabajo, el consumo y los recursos. Estudiar otras economías implica también estudiar otras relaciones y paradigmas que desafían, pero también coexisten con los paradigmas dominantes del desarrollo.

Metodología

El posicionamiento metodológico considera que la realidad está edificada por múltiples ensamblajes materiales y mentales de actores y redes de actores. Desde este lugar no existiría una verdad social inmutable, sino que los significados de lo real varían según los procesos que articulan los actores sociales (Guba & Lincoln, 2000). A partir de aquí los actores, su entorno y la propia acción investigativa buscan reflejar prácticas y experiencias que están en constante movimiento y cambio y con las cuales se busca construir relaciones de cooperación y co-construcción. Esto se hace sobre el convencimiento epistemológico que la investigación social debe transitar hacia posturas cargadas de humildad y “sin pretensión alguna de superioridad respecto del otro” (Tuhiwai, 2016: 25). 
El presente trabajo permitió indagar los contenidos, prácticas y significados que las experiencias integradas al estudio construyeron sobre su entorno, su historia, redes y proyecciones. La selección de estas experiencias se construyó a base de los principios y supuestos teóricos que articulaban este trabajo. Según ellos se cuestiona el capitalismo entendido desde una posición totalizadora que integra todas y cada una de las actividades económicas de un territorio en particular, no dejando nada fuera de él. Por este motivo era fundamental para la investigación centrar la mirada en aquellos territorios donde la actividad económica hegemónica fuera determinante, con el fin de descubrir si existe o no y cuál es la naturaleza de las experiencias económicas heterogéneas existentes.
En el caso de la Región de Valparaíso resultan relevante a lo menos tres actividades económicas de orden hegemónico y que determinan el marco general territorial del estudio. En primer lugar se definió la zona de San Felipe-Los Andes-Putaendo, por el impacto de la actividad minera extractiva, como hemos indicado anteriormente. En segundo término, la zona de La Ligua-Cabildo, donde identificamos el monocultivo de paltas y cítricos como la actividad dominante del territorio. Por último, se definió la zona metropolitana del Gran Valparaíso, y un discurso cultural fuertemente influido por la idea de ciudad patrimonio, la que parece cubrir todos los relatos y acciones culturales de ese territorio. No obstante, la definición de estas macro zonas, se identificaron experiencias ubicadas en sus bordes, situación que fue resultado del modelo exploratorio de búsqueda utilizado (técnica de bola de nieve).
Una vez determinados estos territorios, los criterios de selección de las experiencias se determinaron por medio del uso de muestreo intencional por conveniencia, mientras que la selección de entrevistados se realizó por medio de un muestreo políticamente relevante, sin estimación de probabilidades. En tanto, la modalidad de identificación progresiva de los casos se realizó por medio de la técnica de bola de nieve.
Los criterios de inclusión utilizados para la definición de los casos fueron los siguientes: que las experiencias tuvieran un componente colectivo, que su actividad económica se desarrolle dentro de los márgenes de los territorios antes señalados, que las personas presentaran disposición a ser entrevistados y que tuvieran una antigüedad igual o superior a un año.
Al finalizar esta fase se contabilizaron treinta y tres experiencias repartidas de la siguiente forma en los territorios señalados: zona San Felipe-Los Andes-Putaendo (sector cordillerano), zona de La Ligua-Cabildo (valle norte del interior), Valparaíso (zona metropolitana) y Quillota-Marga/Marga (valle central del interior). Se aplicaron doce entrevistas en total a actores claves pertenecientes a nueve de las experiencias antes descritas (en algunos casos se aplicó más de una entrevista por experiencia). En cuanto a las actividades económicas de las experiencias entrevistas éstas se pueden agrupar, a pesar de su enorme diversidad, en: cooperativas de diferente naturaleza: Cooperativa de Agua Potable Valle Hermoso, creada en 1964 producto de la necesidad de modificar los altos niveles de mortalidad infantil en sectores rurales por falta de sanitación y potabilización del agua en la época de creación. Actualmente cuenta con mil ochocientos socios y ha resistido a la presión privatizadora propia del modelo neoliberal vigente en Chile. Cooperativa Campesina de Cultivos Andinos Petorquinoa, que fue creada en 2015, aunque su trabajo previo data del año 2007, y agrupa alrededor de cuarenta y cinco familias productoras y se ocupa de la difusión y producción de Quinoa en un territorio fuertemente golpeado por la escasez de agua. Por último, formó parte de la investigación la Cooperativa Agrícola Semillas Coordillera, que surge en 2015. Su trabajo se articula en torno a la recuperación de semillas y la formación sobre la relevancia del trabajo cooperativo en el medio rural, así como busca generar, en los estudiantes del colegio donde está asentada, procesos de resignificación de la agricultura familiar.
Otro grupo de experiencias las podemos agrupar en Plataformas Ciudadanas, dentro de las cuales podemos destacar: Valle resiliente, originado en 2014 busca generar una plataforma educativa para el desarrollo de la resiliencia climática en el valle de Aconcagua. A partir de aquí desarrollan trabajo conjunto y colaborativo con una serie de organizaciones de base del valle. También destaca en esa misma zona CIEM Almendral, durante sus veinte años de vida han desarrollado diferentes trabajos con la comunidad en temas culturales, agrícolas, emprendimiento económico, protección del medio ambiente, entre otros. Otra experiencia fue la Comunidad Parque el Litre surgida en 2010 aunque con antecedentes en años anteriores. Está conformada por alrededor de quince organizaciones que desarrollan actividades de intercambio principalmente en el área de salud y complementariamente en temas de cultura y medio ambiente.
Otro grupo de experiencias caben dentro de lo que podemos llamar centros culturales, que desarrollan sus actividades fuertemente en el ámbito urbano. Destaca la Comunidad y Centro Cultural Piukeko, que da sus primeros pasos en 1993 y se constituye como tal en 2011. Funciona por medio del trueque como principal forma de sustentabilidad, gestionan talleres y comidas comunitarias así como la venta de productos orgánicos, cosmética natural y mermeladas. Dentro de esta categoría está Áncora, que nace en 2012 con un equipo fluctuante entre diez y veinte personas. Sostienen dinámicas económicas autogestionadas, fundamentalmente a través del intercambio, y favorecen prácticas asociativas de cooperación. Por último, un tercer grupo lo podemos definir como Agrupaciones de Producción y Distribución de Bienes y Servicios. Dentro de esta categoría podemos incluir la Feria el Rastro que tiene sus orígenes entre los años 2001-2002 y surge como un espacio para la venta y socialización del trabajo en temas de artesanía, orfebrería, turismo, trabajo de predios y huertos, entre otras.
La técnica utilizada para recoger la información fue la entrevista individual en profundidad a actores claves. Técnica que busca describir, en un primer momento la historia y orgánica de las organizaciones, para dar cuenta e identificar desde sus características y prácticas, las diversas redes y formas económicas que se desarrollan en los territorios, construyendo una mirada global sobre sus prácticas heterogéneas. Para una posterior descripción individual de las experiencias estudiadas.  
El trabajo de campo se llevó a cabo desde agosto de 2015 a junio de 2016. Las etapas en las que podemos dividir el trabajo de campo de este estudio corresponden principalmente a:
- Etapa de pre campo (campo exploratorio), se definieron preliminarmente tanto los territorios, como las características de las experiencias a investigar. Un primer acercamiento se realizó a través de la búsqueda de experiencias en bases de datos municipales, proyectos adjudicados, redes sociales, Mesa Territorial de Desarrollo (MTD) de Playa Ancha, como desde el boca a boca. Posteriormente se generó un registro sistemático de los contactos con las características de los proyectos identificados.
- En la segunda etapa, se presentó el proyecto a las experiencias, con el objetivo de abrir un dialogo sobre sus características y dinámicas y conocer su disponibilidad a participar. Este trabajo, en un primer momento, dio como resultado la identificación de veintitrés experiencias dispersas a lo largo del territorio, que luego se extendió a treinta y tres en un segundo momento.
- En una tercera etapa, se realizó un análisis de las diversas experiencias encontradas y se clasificaron según sus características: actividad productiva, redes asociativas, diversidad y tipo de dinámicas organizacionales y las formas de vinculación con la institucionalidad.
- Para la aplicación de la técnica se consideró como informante pertinente a las personas identificadas por las propias organizaciones y que además respondían a su posición política al interior de la experiencia (dada por su condición de dirigente o de liderazgo) como a su trayectoria en la misma (tiempo de participación en la experiencia).
Con el fin de garantizar el anonimato de los y las entrevistadas, la información proporcionada por los mismos y otras consideraciones éticas se solicitó a cada uno de ellos la firma de un consentimiento informado. Por otro lado, la información obtenida se capturó por medio de registro electrónico (grabaciones de voz), contenido que posteriormente fue completamente transcrito y luego analizado utilizando el programa ATLAS ti.

Análisis y resultados

Los resultados están compuestos por tres grandes temáticas. En primer lugar, se analizaron aquellos elementos contextuales que permiten vincular el origen de las experiencias analizadas. Se trata de los elementos que construyen un entorno político, económico, social y cultural propio de las experiencias y particular a ellas. En segundo término, analizamos el propósito de este tipo de experiencias, con el fin de interpretar su futuro programado y cuáles son las metas que se trazan para dar cuenta de las problemáticas identificadas en el análisis contextual previo. Por último, se interpretan las proyecciones que estas prácticas construyen, en un intento por imaginar el futuro desde una posición política y organizacional deseada.
Entorno, propósitos y proyecciones, son tres niveles que permiten construir una interpretación situada de las experiencias. A través de este recorrido buscaremos dar luces sobre las características de las heterogeneidades económicas presentes en los territorios de la Región de Valparaíso y como ellas están imaginando nuevas formas de relación económica con el entorno.

Elementos contextuales y su vinculación con la emergencia de economías territorializadas

Entendemos los elementos contextuales donde se desarrollan las experiencias analizadas de heterogeneidad económica, como aquellos aspectos que son relevantes a la hora de conocer desde donde surgen las experiencias analizadas y sobre todo cuales son las líneas temáticas que guían su accionar político. Dará luces sobre como interpretan su entorno y a partir de ahí imaginan salidas para los contextos de dificultades o precariedades en que están inmersos. Dicha dinámica se hace presente tanto en el espacio urbano como en el rural, ya que, a pesar de sus naturales diferencias, existen dinámicas contextuales que los relacionan y los sitúan dentro del mismo debate por la comprensión de un territorio que tiene fronteras difusas y que reproduce relaciones de intercambio fluidas y permanentes.
Uno de los elementos que es clave para entender las dinámicas de los valles de la zona interior de la Región de Valparaíso (provincia de Petorca fundamentalmente) es la relación crítica que han sostenido los diferentes sistemas productivos con el recurso agua. Son conocidas las instancias, organizaciones y movimientos sociales en la zona que han combatido el tema de la escasez de agua (en la región el Movimiento de Defensa por el acceso al Agua, la Tierra y la protección del Medio ambiente-MODATIMA es un referente político de alcance) desde sus causas hasta la delimitación de sus consecuencias.

El2 río Petorca había sido declarado en restricción el año 1997 y el río la Ligua había sido declarado en restricción el año 2004, eso significa que los ríos no tienen más agua, por lo tanto alguien se estaba quedando sin agua, o sea ambos ríos […] fueron sobre otorgados entre cinco a seis veces, o sea si tenía una capacidad de 10 mil litros por segundo, se entregaron 50 mil litros por segundo.3

Lo que hay detrás de este discurso no solo son las razones climatológicas o como se gestionan los recursos, sino que existe una forma de entender la relación con el medio que está definida por su carácter productivo a diferencia del caso de las experiencias asentadas en la ciudad donde las relaciones tienen que ver con los modelos de hacer ciudad y la influencia del actor inmobiliario en esta dinámica. La naturaleza y el entorno se ven ajusticiados por el modelo imperante (centrado en los beneficios, el progreso y la generación de excedente) que no termina de proponer una forma más equilibrada de vinculación con el territorio. De ahí que surge la necesidad de construir nuevos referentes que cuestionen este paradigma y que abran debates sobre los temas de fondo. Teorías como las del post-desarrollo (Esteva, 2009; Gudynas, 2009; Escobar, 2009, 2005), el decrecimiento4 o la idea del buen vivir (presente en los programas políticos de los gobiernos de Evo Morales y Rafael Correa) son espacios de pensamiento que ponen en el centro de sus debates estas relaciones.
Dicha relación desigual que el modelo de desarrollo neoliberal impone unilateralmente con el territorio, se ha constituido en la excusa para crear y dar vida a proyectos productivos rurales que apelan a recuperar prácticas y relaciones más equilibradas con el entorno y sus características coyunturales. En el caso del interior de la Región de Valparaíso, la escasez de agua se constituye en un elemento de contexto que determina la confirmación de prácticas económicas específicas, como por ejemplo es el caso de la Cooperativa Campesina Petorquinoa que está experimentando con una variedad de quinoa resistente a la sequia. Dichas prácticas son el reflejo de una proyección, esperanzadora en este caso, que busca transformar su entorno inmediato y recuperar saberes y formas productivas que han sido olvidadas o desestimadas por el modelo productivo del agronegocio.

Cuando se inició el tema de la siembra de quinoa, a través del nodo inicialmente, se me invitó a participar por una esperanza, (…) la agricultura familiar campesina está pero más que en el suelo, y era la esperanza de poder empezar a revivir los huertos que teníamos botado.5

Lo diferenciador y particular de esta experiencia es que se trata de procesos productivos que apelan a saberes y prácticas ancestrales asentadas en los territorios pero que han tenido que readecuarse a las nuevas condiciones de contexto. Se trata de una re-apropiación del territorio que lo busca habitar desde una posición creativa y de construcción de alternativas. En cambio, en el caso de las experiencias económicas que están asentadas en el espacio urbano se trata de experiencias de resistencia a un modelo fuertemente determinado por las lógicas privatizadoras del uso del suelo y la presencia de los agentes inmobiliarios.
Por otra parte, la heterogeneidad económica también se construye desde contextos de escasez de espacios y estrategias o formas de comercialización. Aquí el acento no está puesto en la fase productiva, como se mencionó anteriormente, sino tiene que ver con poder visibilizar y hacer real un contacto entre un pequeño productor y consumidores potenciales. Es decir, se busca tejer lazos entre componentes del sistema económico que se presentan como aislados unos de si y sin una vinculación directa.

 […] Pero no hay un lugar físico donde vender […] la señora que tienen pan amasado, dónde lo venden, que ya salga de su comunidad, porque también en sus comunidades todas hacen pan amasado por decir, todas tienen gallinas o todas tienen huevos entonces o mermelada entonces como yo si quiero emprender en un negocio salgo, y nace la feria el rastro.6

La articulación de redes de comercialización no solo contribuye a la solución de un problema económico concreto, sino que además permite extender y profundizar los lazos y vínculos entre las experiencias. Esto último es especialmente relevante, ya que la elaboración de nuevas prácticas en la distribución de los productos no solo pasa por un tema de cercanía física del productor y el consumidor, sino que fundamentalmente por la capacidad que se tiene de resocializar y reterritorializar la producción (Marsden et al., 2000: 425, en Sevilla, et al., 2012). Todo lo anterior se plasma en estrategias heterogéneas de distribución que adoptan las experiencias en estudio, tales como: venta directa en el campo, distribución personalizada (sestas de productos), venta en tiendas especializadas, ferias, convenios con organizaciones, entre otras. Todas estas modalidades buscan estrechar el vínculo entre producción-consumo favoreciendo el dialogo entre las condiciones particulares de la producción y el cumplimiento de las necesidades que surgen de las dinámicas de consumo.
En otro de los extremos de la diversidad económica propia de estas experiencias, existen proyectos que han surgido como respuesta a una necesidad básica colectiva que no estaba siendo asumida ni por el estado, ni por el mercado.

A ver mira esta cooperativa tiene 47 años, […] y la gente inició esto en un programa de la OMS […] donde el combate era contra la mortalidad infantil, que evidentemente las razones se fijaban en las condiciones sanitarias principalmente del agua y en este pueblo era un canal y todo el mundo tomaba agua del canal […] y en el canal pasaba de todo, o sea ahí botaban de todo po, tomaban agua los animales se botaban los excrementos, todo y la gente tomaba agua de ese canal. Entonces nace este proyecto con el programa de mejoramiento de salud en las zonas rurales y funcionaba con que los habitantes ponían, digamos su aporte era en trabajo.7

Se hace visible la parcialidad de la impronta capitalocéntrica y cómo ella deja espacios donde no alcanza a reproducir sus efectos. En dicho contexto, el territorio queda en una situación de desprotección respecto de los agentes externos (Estado y mercado), que es cubierta por los propios actores, dando vida a alternativas y formas económicas que han logrado perdurar por décadas, como es el caso de las cooperativas de agua locales. En otros casos, como por ejemplo en los centros culturales autogestionados o los espacios de distribución de alimentos (Ferias), construyen sus respuestas en oposición a la presencia total del Estado (política hegemónica de patrimonio) y el mercado (canales de distribución convencionales) respectivamente. En estos últimos casos, sus dinámicas las podemos interpretar como resistencias a las formas hegemónicas de entender la actividad económica. Por otro lado, existen contextos híbridos donde se conjuga la presencia hegemónica del mercado y sus agentes por medio de la apropiación/privatización indebida de agua y/o el uso productivo del recurso para el monocultivo; y la ausencia del Estado como agente supervisor de los equilibrios entre la actividad económica y el manejo y uso de recursos naturales tan vitales como el agua. En este contexto, la respuesta de experiencias como la Cooperativa Campesina Petorquinoa, se construye desde una escena más propositiva donde son capaces de crear, pensar y llevar a cabo alternativas productivas como es el caso del manejo y plantación de variedades resistentes a la sequía.
Como vemos la potencia con que fue impulsado el modelo extractivista chileno ha generado un contexto desigual, que ha impactado en todas las dimensiones de la vida de las comunidades y de las personas. La reflexión sobre sus efectos es transversal a los territorios, por eso es también que, desde el espacio de la ciudad, las experiencias ponen en debate relaciones y consecuencias que son visibles en la cotidianidad. En este sentido, emergen discursos críticos vinculados a la falta de capacidad que tendrían las comunidades respecto de incidir en su propio hábitat residencial. En otras palabras, es una crítica a la forma como se construye cuidad, caracterizada por la ausencia de bienes comunes y la falta de espacios de participación y decisión. Estos discursos, tensionan la naturaleza política y económica del territorio como construcción social (Castells, 2008) y cuestionan la producción social del espacio (Levefre, 1974) promovida por el actual modelo hegemónico de hacer cuidad.

[…] porque ahora ningún hogar porteño tiene patio, está tan sobrepoblado, tan el metro cuadrado explotado que con suerte tienen un balcón el pobre niñito para decir voy a tener una planta. Entonces bajo eso se genera la única área verde […] que se está respetando como área y parque de la zona plan de Valparaíso.8

En este sentido, lo que en definitiva está en disputa no es tan solo un espacio físico geográfico que cuenta con recursos que deben ser explotados, sino que una mirada de largo plazo y compleja sobre qué hacer y cómo convivir con dicho espacio. En esta disyuntiva las experiencias ponen sobre la superficie la persistente tensión entre, por una parte, el modelo productivo hegemónico y sus necesidades y, por otra, los actores sociales y sus formas heterogéneas de entender la relación con el territorio.

[…] como que el lugar no importa mucho, pero sí importa en la medida que quiera ser destruido y ahí es donde parte la defensa de un territorio, por ejemplo este lugar es la defensa de un territorio natural porque constantemente está siendo invadido por  cosas que quieren agredir el lugar, como los milicos secando la laguna, como chilquinta cortando  los árboles nativos porque dicen que producen incendios, por gente que viene a botar basura, por el puerto seco que viene a botar desperdicios, por el cementerio que quiere venir a regar con esta agua, los bomberos queriendo sacar agua de aquí.9

Aquí lo hegemónico también se contrapone con un discurso que pone en valor otros principios y prioridades. Surge también como una crítica a las formas de hacer políticas convencionales. Se trata de tomar un camino proactivo donde lo relevante es la satisfacción de necesidades básicas, algo que parece no estar resuelto desde quienes operan las prácticas políticas hoy en día, como hemos dicho anteriormente.

Para mí esto es hacer política y no estar haciendo el lobby o conversando para que me salgan los fondant, esa huevada me da lo mismo. Yo prefiero tener un lugar que me asegure que voy a comer todos los días, […] que voy a poder dormir, descansar en un espacio agradable, tener relaciones que sean constructivas cachay, que te aporte.10

Por lo tanto, no solo se reinventan las formas económicas concretas para responder al peso de lo hegemónico, sino que también buscan construir nuevas relaciones sociales asentadas en formas de hacer políticas no convencionales. Ellas tienen que ver con entender la política desde su condición cotidiana y no desde los espacios elitizados de poder. Ahora bien, el nivel de densidad de las prácticas políticas en las diferentes experiencias es igualmente heterogéneo en este sentido, ya que existen distintos niveles de desarrollo respecto de la dimensión y el rol político transformador de las mismas. Mientras que para algunas éste es un factor de alta centralidad y se constituye en un área de trabajo relevante, para otros actores la experiencia económica se limita a la resolución de problemas funcionales o prácticos comunes como, por ejemplo, la comercialización de productos o la falta de espacios de trabajo en la ciudad. Por lo tanto, lo político también es un espacio de diferenciación entre las experiencias exploradas y analizadas, sobre todo en lo que tiene que ver con el peso de este factor en los caminos y estrategias que utilizan estos proyectos para dar cumplimiento a sus metas u objetivos.
Como observamos la fisonomía del contexto, tanto urbano como rural, juega un papel fundamental en la comprensión del surgimiento de las experiencias de economías territorializadas que hemos identificado en la Región de Valparaíso. Ellas son un reflejo de lo que está sucediendo en los territorios por lo que su forma y contenido está en directa relación con las características del entorno, sus demandas y proyecciones de futuro.

Propósitos y metas de las experiencias económicas
La heterogeneidad también se expresa en el propósito de las experiencias. Se trata de interpretar como las economías analizadas diseñan y construyen su camino a futuro. Los discursos referidos a este tema permiten observar una diversidad de objetivos que permiten graficar la distancia que existe entre cada una de las experiencias analizadas.
En primer lugar, observamos discursos que definen un deseo por satisfacer un vacío vinculado con espacios de trabajo o de reflexión-acción por una condición ambiental de un territorio determinado. Estas respuestas, muchas veces de carácter autogestionada, se constituyen por la incapacidad del Estado o del mercado de tener un rol más activo en la generación de satisfactores para dicha necesidad.

[…] nace como una necesidad personal de tres amigos que desean compartir una vivienda, y que a la vez veían como una falta de espacios de trabajo accesibles para trabajadores independiente en el área creativa.11

 […] el proyecto está ideado para partir con la construcción de un centro de educación ambiental […] que tenga las características para poder adaptarse a una condición de sequía, pero que a la vez promuevan formas alternativas para poder seguir pensando en que va avanzar la sequía va avanzar la desertificación, pensando en eso, que el centro pueda vivir convivir con esta situación y pueda ser sustentable en el futuro.12

A pesar de que ambas experiencias se refieren a una carencia común específica (falta de espacio físico-infraestructura) no resuelta, las salidas para enfrentar dicha precariedad son de diferente naturaleza. Por una parte, se apuesta a por una salida más utilitaria que resuelva el acceso a un espacio de trabajo creativo y, por otra, el objetivo tiene un impacto de más largo aliento. Estas diferencias se entienden fundamentalmente por las diferentes implicancias y motivaciones que suponen las metas proyectadas. Mientras en un caso se resuelve una demanda concreta y a corto plazo, en el otro se proyecta una meta vinculada con una proyección en el tiempo y con factores contextuales de muy difícil gestión, como es el caso de proyectar la vida en un contexto permanente de escasez de agua. La diferencia entre ambas obliga a que los proyectos se planteen otros desafíos, diferentes formas de articulación con el entorno y lo institucional, distintos modelos organizacionales, etc.  

- Conservar y recuperar un espacio común:  un recurso natural (semillas), una práctica económica y cultural (lo campesino) y un saber
El análisis de los discursos propone diferentes propósitos asociados a procesos de conservación y recuperación de prácticas, territorios y culturas. Estos niveles se encuentran interelacionados y muchas veces se complementan unos a otros en las diferentes experiencias analizadas.
En particular, la conservación y recuperación del espacio público es parte de las metas de algunas experiencias que buscan reinventar un espacio y devolverlo a la comunidad como un bien común. El ejercicio económico consiste en poder dar sostenibilidad a dicho proyecto de recuperación y conservación, buscando los mecanismos que permitan mantener la iniciativa, sus actores y las actividades que proyectan. Por lo tanto, se trata de una meta de largo aliento y con un claro foco en lo colectivo y comunitario. En este sentido, la meta del proyecto no se traduce en un bien y/o servicio transable en el mercado, sino que se trata de un ejercicio de recuperación y mantención de un espacio que busca ser utilizado y devuelto, en otras ocasiones, a la comunidad.

[…] siempre respetando la visión de resguardar este lugar con su esencia y con su objetivo de iniciación que eso es lo que a nosotros nos conlleva a estar ubicados aquí, a tener este punto neutral y la lucha es fuerte…13

[…] entonces ahora es un lugar de trabajo, es un lugar de recuperación de bosques nativos, recuperación de limpieza, recuperación de la naturaleza humana […] la idea es que como es un lugar comunitario, no es para mí o no es para ti, sino que es para todos.14

[…] generar la resiliencia climática y buscar alternativas para la sequía, a la desertificación y poder así promover un nuevo modelo de conservación en Jahuel, o sea conservación del patrimonio natural, pero más de… más directo, más de mano a mano…  me refiero más que a la gente, y exclusivamente los más chicos se puedan involucrar más con el cuidado de su medio ambiente y ehh…15

Los procesos de recuperación que construyen estas experiencias no solo son de carácter espacial, sino que también se refieren a recursos agronómicos lo que responde a las características del contexto local donde se busca su recuperación. Dicho recurso pretende ser recuperado para su futura comercialización, por lo que es parte de un proceso productivo y económico que busca una salida comercial a mediano y largo plazo. Si comparamos este tipo de salidas económicas con las determinadas por el negocio de las semillas en el contexto del capitalismo agrario mundial, se puede observar que en términos de sus objetivos difieren bastante. En el caso del agronegocio, la comercialización y, en algunos casos, la apropiación de material genético vía su privatización por medio de leyes de patentes, persigue la maximización de recursos, la obtención de beneficios para agentes externos al territorio, la estandarización del material genérico, lo que a su vez incide en la reducción de la biodiversidad. En cambio, las experiencias que analizamos, persiguen reproducir y recuperar variedades que deben responder a las características agronómicas de un territorio local en particular, en este caso, determinado fuertemente por la escasez de agua.

El principal objetivo es reproducir especies de semillas hortícolas de bajo requerimiento de agua, de bajo requerimiento hídrico, entonces ahí una de las dos principales que salieron fue la quínoa y el amaranto […] la idea es que esas semillas, se transformen en un producto que tenga un envase, que tengan una etiqueta, que tengan toda la información que tiene que tener…16

Como dijimos, esta respuesta está fuertemente determinada por las condiciones socioambientales del territorio, las que han sido reproducidas y generadas en gran medida por un modelo de agricultura intensiva de monocultivo que se presenta como hegemónico en el territorio tanto por su expansión, como por su apropiación, muchas veces indebida, de un recurso vital para la actividad agrícola como es el caso del agua. Es decir, estas experiencias logran un doble propósito transformador. Por una parte, recuperan las formas de reproducir el material genético de una determinada especie o variedad, y por otra, construyen salidas comerciales diferentes al agronegocio que sobreviven a pesar de lo totalizante de las lógicas que impone unidireccionalmente el capitalismo agrícola.
Por otra parte, los discursos muestran intentos por la recuperación de prácticas culturales y económicas fuertemente enraizadas en los territorios y sus actores. Ellos procuran su sobrevivencia que está siendo puesta en peligro por los flujos migratorios campo-ciudad, los cambios transversales en los patrones de consumo y la falta de oportunidades laborales-productivas.

[…] la quinoa era lo que nosotros decíamos, sembramos una esperanza en la agricultura familiar campesina, en función de que no sigan vendiendo sus sitios, sus parcelas, que no se sigan yendo del campo, sino que se mantengan y mantengan su identidad como campesinos […] sembramos una esperanza para mantener nuestra identidad como campesinos y seguir ligados a la tierra y haciendo lo que a nosotros nos gusta que es trabajar la tierra, porque somos parte de ella.17

Este ejercicio de recuperación se construye sobre una idea de mantener procesos identitarios que permitan vincular las prácticas (en este caso de tipo agronómico), los conocimientos y los sueños con un territorio en particular del cual son parte.  
Por último, los procesos de recuperación y conservación también buscan identificar y trabajar con una serie de saberes que el proyecto de la modernidad eurocentrada y sus diferentes dispositivos de poder y reproducción han dejado recluidos y puestos al margen. Ellos ubicados en la exterioridad (Dussel, 1996) han mantenido una posición subalterna al discurso central y hegemónico, pero que desde las experiencias locales y sus prácticas han podido sobrevivir y hoy día buscan su reproducción. La recuperación de estos saberes es la meta de algunas experiencias que ven en ellos una enorme potencialidad que permitiría enfrentar de mejor manera los contextos adversos en los cuales están inmersos los actores.

[…] entonces entre ellos mismo a medida de que, uno va hablando y que ellos van cuestionándose y acordándose de sus situaciones, van diciendo: Oiga profe pero usted lo que está diciendo también lo hacía mi tío, no se… hace años atrás o vuelven a la otra clase diciendo: profe y le pregunté a mi abuelo y mi abuelo dijo que sí él hacía eso y lo hacía de tal manera. Entonces los niños se van dando cuenta de que la agroecología es algo que desde antaño estuvo presente donde ellos vivían en la forma que se hace agricultura, Y que ahora en realidad no se hace, pero no se hace… No porque sí… porque si no más digamos, sino porque han existido políticas que han llevado a que todas esas prácticas se borraran de la memoria colectiva.18

Además, que nosotros apostamos por un desarrollo sustentable en el tiempo, y creemos que hay que conectar con eso, hay que conectar con las raíces, hay que conectar con esos conocimientos que son más sabios en ese sentido, y la agricultura es una forma sustentable, no estoy hablando de la mega agricultura, que también tiene sus lados malos, sino de la pequeña agricultura, que es un… un digamos una manera sustentable de seguir proyectándonos como comuna y como país en realidad.19

Estos ejercicios de recuperación, construyen una temporalidad que no es lineal, no se observa una intencionalidad de recuperar prácticas y saberes que se encuentran en un pasado puro e inmutable, sino que más bien se entienden como procesos que se desarrollan en un tiempo específico y que han sufrido transformaciones por las condiciones contextuales y los propios procesos de cambio que experimentan los actores. Es la ruptura con la idea de la monocultura del tiempo lineal(De Sousa Santos, 2013), que observa el tiempo con un sentido y una dirección únicos y conocidos. La idea hegemónica del progreso articula un modo de interpretar la temporalidad donde no existe posibilidad de retrocesos y quiebres en su proyecto, sino que por el contrario una única mirada hacia delante. Así todo lo que queda por fuera de esta dirección temporal mantiene una relación asimétrica respeto de lo declarado como avanzado (Se Sousa Santos, 2013). El reconocimiento de distintas temporalidades supone la recuperación de sus correspondientes formas de vida, manifestaciones y proceso de productividad (Tamayo, 2011) y también da cuenta de las diferencias en la conformación de objetivos entre las experiencias. En suma, los procesos de recuperación de saberes, prácticas y recursos recorren una temporalidad que no puede ser interpelada en la lógica lineal de futuro de la modernidad. Por el contrario, se trata de una complementación permanente entre lo vivido, lo recordado y la acción que se traduce desde la práctica cultural y económica que se articula en el territorio en particular.

Proyecciones. La mirada de futuro
Este tercer apartado busca entender las experiencias desde cómo éstas construyen discursos mirando hacia el futuro. En esta clave encontramos diversidad entre las experiencias que podríamos clasificar en lo menos tres posturas que coinciden con lo planteado por el análisis de las economías solidarias (Razeto, 2009). Una que aboga por la consolidación y el fortalecimiento de la experiencia, otra por la mantención en el tiempo de la experiencia sin plantearse una gran proyección de futuro y, por último, una mirada más pesimista que no construye proyecciones hacia el futuro. Coincidentemente Razeto cuando analiza las economías solidarias estipula que ellas reproducen a lo menos tres niveles de desarrollo. El primero de tipo expansivo (donde la proyección idealmente se realiza de manera autogestionada, evitando un vínculo muy determinante con el Estado), el segundo nivel es más bien de subsistencia de la experiencia y el tercero es el de sobrevivencia, que puede suponer cierto deterioro progresivo de la misma (Razeto, 2009). Por lo tanto, en esta dimensión también se expresa la heterogeneidad entre las experiencias y las particularidades en las cuales ellas han desarrollado el trabajo de futuro.
Una de las formas que las experiencias analizadas interpretan y construyen el futuro es desde una lógica reproductiva de la misma. Esto quiere decir, que la mantención en el tiempo de los saberes, prácticas y aprendizajes se consigue multiplicando la propia experiencia en otros contextos, territorio y con otros actores.

La cosa es que como que el aprendizaje lo llevo conmigo siempre, más allá de que este lugar no sigue mañana, yo me cambio a otro lugar y empiezo otro, las ocho personas, siete personas que estamos comienzan otro, van a haber ocho más, después va a prender más gente ya no van a haber ocho, van a haber 32 espacios como este, eso es lo que ha pasado, gente viene aprender, está con nosotros un tiempo  y después se va y quiere vivir  de otra manera y hacerla a su manera porque esta manera no es la manera que todos quieren tampoco, se va multiplicando solo.20

Entonces hemos hecho cosas importantes, y yo creo que si nosotros no eeeh desaceleramos, o creo que vamos a ser capaces de seguir creciendo como cooperativo, poder seguir creciendo en la cantidad de quinoa sembrada, en la cantidad de hectáreas sembradas, yo creo que vamos a seguir creciendo.21

[…] en una reunión plantee que nosotros perfectamente podemos llegar a catalogarnos a algún mediano a corto plazo como la provincia o la capital de la quínoa a nivel nacional.22

Esto puede ser interpretado como uno de los efectos o impactos internos que la participación en estos referentes genera en los actores. Dicho proceso se traduce en la materialización de nuevas y más potentes redes de cooperación e intercambio, la creación de otros referentes o la apertura de nuevos ciclos de protesta. Estas dinámicas se sostienen a si misma gracias a cambios que tienden a ser moleculares (Guattari & Rolnik, 2006) e infrapolíticos (Scott, 2000) y que las personas van vivenciando al mismo tiempo que habitan una experiencia determinada. El actor, como portador principal de estos impactos, puede producir potencialmente artefactos o dispositivos de acción que hacen posible modificar el contexto inmediato de una comunidad y su territorio.
Desde otra perspectiva el programa de largo plazo de las experiencias se interpreta como una oportunidad de sistematizar ciertos conocimientos y prácticas en un espacio educativo formal. El futuro tiene un carácter expansivo que se trabaja con los niños y niñas de un territorio considerando sus particularidades, recursos y estados actuales del entorno. Por lo tanto, se trata de la proyección de una expansión situada y con un fuerte componente generacional.

[…] ehhh la visión es que se cree un programa no sé si extra programático o que vaya incluido dentro de los mismos programas educativos de la escuela, para que uno se haga cargo del terreno, para que se vele por el funcionamiento, por el riego, por el cuidado de la herramienta, y que sirva este terreno como una sala de clases al exterior, y que esté siempre disponible para ser una herramienta educativa, pero siempre resaltando y dando en énfasis a lo nativo, a lo local, a lo eficiente con el uso del agua y al cuidado de la naturaleza, entonces eso es  lo que estamos… una sala de clase de ese estilo, la idea, la visión o el sueño es que  pueda funcionar así.23

La proyección de consolidación hacia el futuro de las experiencias también pasa por su capacidad de articularse y formar redes que permitan incrementar la incidencia de la práctica más allá de sus propias fronteras. En este caso, el espacio de la educación formal, permite la mancomunión entre las energías y fortalezas del entorno, sus actores y potencialidades.

Pero además este no es un proyecto aislado, porque es parte de un proyecto mayor, que es el proyecto de red de productores y banco de semillas y plantas, que estamos trabajando en toda la parte alta de Petorca […]. Entonces la cooperativa del colegio, informal, va a ser parte de esta red, el banco de semilla va estar en el Liceo [...]. Entonces La idea es que este proyecto tenga una continuidad y el proyecto a su vez del colegio tenga una continuidad entre los estudiantes que vienen en los cursos posteriores.24

El futuro, para otras experiencias, es construido desde una acción que tiende más bien a mantener el estado actual de sus logros y alcances. Esto se observa como una forma de salvaguardar las expectativas y proyectar la acción política en la misma línea, pero sin que esto suponga un cambio importante en la forma de cómo se han hecho las cosas.

[…] creo que estamos todos en la misma posición de que siga este lugar, preservándose como está, modificándose, sí que tenga algunos arreglos de módulos para que se vea más estéticamente hermoso, pero yo creo que no, cumple con nuestra expectativa generando esta poca conciencia, o en unos pocos conciencia.25

Esta defensa de lo conseguido también se puede leer como una defensa al estado actual de las cosas y como se enfrentan los peligros que provienen del entorno. Esto se observa con mayor claridad en la experiencia de la cooperativa de agua en el interior de la región, que tiene que lidiar con el peligro constante de la privatización del recurso.
Como decíamos al comienzo esta mirada de futuro no es totalmente compartida por las prácticas. A las visiones reproductivas de consolidación de las experiencias también existe otra donde se puede observar una ausencia de dicha proyección.

A ver es que no se si está dentro de nuestras metas como asegurar una continuidad cachay, como que o sea yo veo a áncora como un ente orgánico, ¿cachay? tiene la vida que tiene po y si se seca y se marchita y se muere puta será como su curso natural cachay, nosotros haremos lo posible para que eso no suceda, pero tampoco es algo así como… no sé cómo que es mi meta día hacer que esto funcione…26

Se trata de una mirada más pesimista sobre el proyecto mismo, sus implicancias y su futuro en el tiempo. Desde aquí el futuro es un factor de corto alcance que depende fundamentalmente de la acción que los propios actores desarrollen. Por lo tanto, es una manera de entender las experiencias como el resultado de una acción presente que comienza y termina con las fuerzas y energías que los actores pongan al servicio del proyecto.

Conclusiones

El texto busca contribuir al debate sobre un pensamiento heterogéneo en lo económico, comprendiendo la promoción de formas sustantivas y solidarias de lo económico, en distintos territorios de la Región de Valparaíso. El estudio permitió observar que, tanto en lo urbano como en lo rural, existen prácticas colectivas que están cuestionando el modelo hegemónico y buscan poner en debate aspectos directamente involucrados con sus consecuencias, tales como: pérdida de diversidad en la matriz productiva, invisibilización de ciertos referentes identitarios, defensa de territorios, etc.
La heterogeneidad en las prácticas económicas no solo se constituye en una referencia en el territorio, sino que esta se re-construye desde diferentes temporalidades y espacios relacionales. En la propia historia de las experiencias confluyen visiones sobre el pasado, presente y futuro que son unidos/amalgamados desde las propiedades de los territorios y sus procesos internos. Dicha diversidad se expresa internamente en cuanto a sus contextos territoriales, los objetivos que se plantean y sus perspectivas de futuro. Esto se conjuga con el hecho de ser experiencias profundamente situadas en sus territorios que se relacionan desde la crítica, la resistencia o la creatividad con las actividades hegemónicas presentes en él. Por otra parte, efectivamente existen consecuencias o efectos atribuidos a la actividad económica homogénea que son visibles en el territorio por los actores. Es coherente el supuesto teórico (homogeneidad que cubre todo. pero deja fracturas que permiten que se desarrollen otras economías) con el dato (efectivamente hay respuesta económica/experiencias que son coherentes/situadas con las condiciones y particularidades del territorio). La diversidad económica también se expresa en como toma forma el ejercicio de conservación y recuperación de un común, ya sea, este un espacio o un saber. Para algunas experiencias se trata de un ejercicio centrado en lo productivo (Cooperativas de tipo campesino, por ejemplo), mientras que para otras se trata de dar forma a nuevas dinámicas de relación centradas en la cooperación y recuperación de un espacio público o común (como, por ejemplo, los Centros Culturales Autogestionados).
Finalmente, es posible reconocer un doble quiebre. Por una parte, el concepto de homogeneidad también está construido desde un sitio que lo interpreta desde su propia diferencia. La homogeneidad económica es interpelada por los actores y a partir de allí se construye una visión más difusa/irregular/maleable que sobrepasa las fronteras del territorio. A partir de los actores, las zonas hegemónicas económicas no están construidas como zonas perfectamente delimitadas, sino que más bien son edificadas a partir de diferentes interpretaciones sobre el territorio. En este ejercicio interpretativo, los actores construyen la homogeneidad económica a partir de diversas fuentes y problemáticas que ayudan a profundizar los efectos no deseados de la homogeneidad, como, por ejemplo, la escasez de agua. Sin embargo, este fenómeno no tan solo se ve afectado por la actividad económica preponderante, sino que también por otras actividades que se construyen el territorio como, por ejemplo, las formas de hacer ciudad desde la impronta inmobiliaria.

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NOTAS

1 Este trabajo fue financiado por el Convenio de Desempeño del Ministerio de Educación, UPA 1301 Generación de conocimiento compartido: Un modelo replicable de Innovación Social para el desarrollo territorial de Playa Ancha y el Proyecto Fondecyt Regular nº1160186: Cartografías de heterogeneidad económica: Estudios de casos de economías territorializadas en las regiones del Biobío y Valparaíso.

2 Tal y como de detalló en el capítulo metodológico todas las personas entrevistadas corresponden a informantes claves/dirigentes de las experiencias integradas en el estudio.

3 Entrevista Nº5, hombre.

4 Los orígenes y posteriores desarrollos de este concepto se pueden encontrar en la obra de Nicholas Georgescu-Roegen (1971), Iván Illich (2006), André Gorz (1995), Cornelius Castoriadis (2006), entre otros. Recomendamos para una introducción a la temática el libro: Latouche, S. (2009). La apuesta por el decrecimiento ¿cómo salir del imaginario dominante?.

5 Entrevista Nº 4, hombre.

6 Entrevista Nº 8, mujer.

7 Entrevista Nº 10, mujer.

8 Entrevista Nº 1, mujer.

9 Entrevista Nº 2, hombre.

10 Entrevista Nº 3, mujer.

11 Entrevista Nº 3, mujer.

12 Entrevista Nº 6, hombre.

13 Entrevista Nº 1, mujer.

14 Entrevista Nº 2, hombre.

15 Entrevista Nº 6, hombre.

16Entrevista Nº 7, hombre.

17 Entrevista Nº 5, hombre.

18 Entrevista Nº 7, hombre.

19 Entrevista Nº 9, mujer.

20 Entrevista Nº 2, hombre.

21 Entrevista Nº 5, hombre.

22 Entrevista Nº 4, hombre.

23 Entrevista Nº 6, hombre.

24 Entrevista Nº 7, hombre.

25 Entrevista Nº 1, mujer.

26 Entrevista Nº 3, mujer.

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