DOI: http://dx.doi.org/10.19137/pys-2023-300204


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ARTÍCULOS


Transición demográfica y evolución de la morfología de las familias en Perú

Demographic Transition and Evolution of the Morphology of Families in Peru

Robin Cavagnoud 

Pontificia Universidad Católica del Perú

rcavagnoud@pucp.pe

Resumen: El artículo analiza la evolución de la morfología de las familias en Perú en las distintas etapas de la transición demográfica, en una perspectiva comparativa entre áreas urbanas y rurales. Para ello, toma como indicadores la composición, tamaño y jefatura de los hogares, a partir de los censos de población de 1972 a 2017, y de las Encuestas de Hogares de 2000 a 2020. Los resultados evidencian una diversificación del modelo nuclear, un aumento de los hogares unipersonales y con jefatura femenina, y una disminución del tamaño de los hogares, con diferencias entre ambos ámbitos de residencia.

Palabras clave: Demografía familiar; hogares; transición demográfica; ámbitos de residencia; uniones; Perú

Abstract: This artic:le analyses the evolution of the morphology of families in Peru in the different stages of the demographic transition, in a comparative approach between urban and rural areas. To do so, it takes as indicators the composition, size and headship of households, from the population censuses from 1972 to 2017, and from the Household Surveys from 2000 to 2020. The results show a diversification of the nuclear model, an increase in single-person and female-headed households, and a decrease in the size of households, with differences within both areas of residence.

Keywords: Family Demography, Households, Demographic Transition, Areas of Residence, Unions, Peru

Recibido: 17/01/2023 | Aceptado: 26/06/2023

Introducción

La demografía familiar es la especialidad de los estudios de población que observa la evolución de la composición y del tamaño de las familias en diversos contextos espaciales y temporales, a partir de la noción de hogar como unidad residencial de referencia y de la información generada por los censos de población (Burch, Lira y Lopes, 1976). Desde de sus orígenes en los años 1970, esta área de la demografía se interesó en la teoría de la nuclearización de las familias “en respuesta a [los] procesos de urbanización, industrialización y modernización de las sociedades” (Acosta, 2003, p. 10), y en detrimento de los sistemas tradicionales de familia extendida (Vera Bolaños y Pimienta Lastra 1996). Las familias representan la unidad de análisis fundamental para analizar la transformación de los regímenes demográficos, observados a través de la fecundidad, mortalidad, migración y nupcialidad (Yépez-Martínez, 2013), y su morfología ha ido cambiando en relación estrecha con la transición demográfica en cada país (Ariza y Oliveira, 2001; Arriagada, 2004; Cosio Zavala, 1992; Guzmán et al., 2006; Pérez Brignoli, 2022). Por otro lado, abordar las transformaciones de la familia desde los indicadores sociodemográficos permite superar los frecuentes debates ideológicos al respecto, objetivar los cambios empíricos y entender mejor la evolución de las dinámicas familiares (Dupont, 2017).

Inscrito en este campo de la demografía, el artículo busca evidenciar la existencia de ritmos diferenciados en la evolución de la morfología de las familias en un mismo territorio nacional según las etapas de la transición demográfica y el ámbito de residencia. A partir del ejemplo de Perú, propone explorar la permanencia de diferencias o, al contrario, la manifestación de una cierta homogeneización en las tendencias intranacionales relativas a la evolución de la composición y del tamaño de los hogares. En este país, las estimaciones de las tasas brutas de mortalidad (TBM) y de natalidad (TBN), y de la tasa global de fecundidad (TGF) desde 1950[1], dan cuenta de la siguiente periodización de la transición demográfica a nivel nacional:

Teniendo como datos disponibles los censos de población de 1972 a 2017 y las Encuestas de Hogares de 2000 a 2020, el análisis se enfoca aquí en la evolución de la morfología de las familias en el periodo comprendido entre la segunda y la tercera etapa de la transición demográfica.

Con respecto a las diferencias entre las áreas urbanas y rurales de Perú, las estimaciones y proyecciones del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI, 2001) desde el periodo 1970/75 (cuando 59,5% de la población total era urbana) hasta 2020/25 (cuando 81,1% de la población total es urbana), indican una tendencia similar de la TBM con un cierre progresivo de la brecha entre ambos ámbitos de residencia. A contrario, la TBN ha evidenciado ritmos de evolución diferenciados; en las zonas urbanas, ya estuvo decreciendo fuertemente de 36,9‰ a 24,7‰ durante el periodo 1970/75 – 1990/95, mientras que en las áreas rurales la misma tasa se mantuvo en niveles superior al 40‰ hasta 1990/95, antes de empezar a descender en el periodo 1995/2000 – 2020/25. En cuanto a la TGF, el INEI (2001) indica en el periodo 1970/75 a 1995/2000 una disminución de 5,1 a 2,6 hijos por mujer en áreas urbanas y de 7,6 a 5,2 hijos por mujer en áreas rurales. En este ámbito de residencia, la fecundidad en 1995/2000 (5,2) era todavía superior a la de zonas urbanas en 1970/75 (5,1), es decir 25 años antes. Durante el intervalo 2000/05 a 2016/21, las diferencias se han reducido significativamente; la fecundidad bajó de 4 a 3 hijos por mujer en las áreas rurales y de 2,2 a 2 hijos por mujer en las áreas urbanas del país. Este desfase en los ritmos de descenso de la fecundidad indica una temporalidad diferenciada de las dinámicas demográficas entre las áreas urbanas y rurales del país entre finales del siglo XX e inicios del siglo XXI. A partir de este contexto, el artículo busca mostrar en qué medida estas diferencias acompañan la evolución de los hogares en cada ámbito de residencia y permiten observar una progresiva convergencia de las características sociodemográficas entre las familias de áreas urbanas y rurales desde inicios de los años 2000.

Transición demográfica y evolución en las características de los hogares en América latina

Las investigaciones pioneras sobre los hogares latinoamericanos evidenciaron algunas características fundamentales como la prevalencia de las familias nucleares, la relación estrecha entre los niveles de fecundidad la importancia relativa de las familias extendidas y el tamaño de los hogares, así como la relación entre la composición de los hogares y su ciclo vital (Burch et al., 1976). Otra investigación realizada en los años 1980 relativizó la tesis de la nuclearización de los hogares en América latina dado que los hogares extendidos representaban hasta ese entonces alrededor de la cuarta parte del total de los hogares (De Vos, 1987). Esta constatación coincide con un estudio sobre los hogares latinoamericanos en la segunda mitad del siglo XX; el proceso de nuclearización coexiste con un nivel importante de arreglos familiares de tipo extendido (García y Rojas, 2002a). De manera general, se observó hasta finales de los años 1990 una cierta estabilidad de las estructuras familiares, manifestada mediante una predominancia de los hogares nucleares “completos” (pareja con hijos) y un mantenimiento de los hogares compuestos y extendidos en un nivel elevado, estos últimos representando en los sectores pobres “una respuesta frente a la adversidad económica” (Ariza y Oliveira, 2001, p. 18).

La evolución de los regímenes demográficos en los países de América latina se fue acompañando de una profunda modificación en la composición de los hogares, basada en la difusión del ideal de la familia “poco numerosa” y la norma de uno a dos hijos, de manera heterogénea entre sectores sociales y contextos culturales (Chackiel, 2004; Chackiel y Schkolnik, 2004). Los países que han experimentado una transición demográfica “avanzada” como Argentina, Uruguay o Cuba, a raíz de un descenso rápido de la fecundidad (desde mediados del siglo XX) y un envejecimiento “precoz” de su población muestran una mayor diversidad de estructuras familiares en las áreas urbanas, reflejada por una expansión de los hogares unipersonales y de familias dirigidas por mujeres (Arriagada, 1997). Un análisis de los efectos de las transformaciones demográficas sobre la evolución de los hogares en varios países de la región enfatiza el mayor nivel de instrucción y de participación económica de las mujeres para explicar la declinación de la fecundidad y la reducción en el tamaño de los hogares, en particular en las áreas urbanas y en los sectores socioeconómicos más favorecidos (Arriagada, 2004). El aumento de las familias con jefatura femenina y de los hogares unipersonales, el descenso de las familias multigeneracionales (extendidas y compuestas) y en cierta medida las migraciones de algunos miembros de la familia explican también esta contracción en el tamaño de los hogares (Arriagada, 2004). De manera general, esta tendencia tiene como correlato una disminución del número de hermanos para todas las generaciones nacidas desde el inicio del descenso de la fecundidad, y una estabilidad del número de hermanos sobrevivientes debida a la reducción de la mortalidad (Guerra, Wajnman y Turra, 2016).

En la misma perspectiva, se evidenció una diversificación de los tipos de hogares en el periodo 1990-2005, especialmente en las áreas urbanas de la región donde coexisten hogares nucleares biparentales y monoparentales, hogares extendidos y hogares unipersonales (Arriagada, 2006, 2007). Las separaciones y divorcios, las consecuencias de las migraciones y la mayor esperanza de vida para las mujeres contribuyen al aumento de hogares con jefatura femenina. Asimismo, las desigualdades sociales se correlacionan con el tamaño de las familias; los hogares clasificados en el quintil superior de ingresos tienen en promedio entre dos y tres personas menos que los hogares del quintil de menores ingresos. Los hogares extendidos y/o con jefatura femenina se concentran entre los más pobres, mientras que los hogares unipersonales se ubican entre los más ricos (Arriagada, 2006, 2007; García y Rojas, 2002a). Por otro lado, el aumento de la esperanza de vida favorece la convivencia de varias generaciones familiares, a veces en la misma residencia, en particular entre abuelos y nietos (Quilodrán, 2008). No obstante, se observa también una población importante de personas mayores de 65 años, en particular mujeres, que limitaron su número de hijos desde el inicio de la transición de la fecundidad y tienden a experimentar aislamiento social en la vejez debido a un menor número de familiares disponibles (Glaser et al., 2006). En el caso de Brasil, la prolongación de la esperanza de vida a lo largo de la transición demográfica ha incrementado la duración de coresidencia vivida por persona con cada tipo de miembro de la familia y en cada ciclo de vida familiar (Cunha, Wajnman y Turra, 2018). El mismo fenómeno en el mismo país impuso el término de “generación sándwich” para referirse a las mujeres, principalmente de 40 a 49 años, que experimentan una coresidencia multigeneracional y deben enfrentar demandas de cuidado por parte tanto de sus hijos como de sus padres mayores (De Jesus y Wajnman, 2016).

En México como en otros países de la región, las “nuevas” formas familiares como la unión conyugal sin hijos (o con un solo hijo) y el ejercicio de la maternidad y paternidad fuera de la unión matrimonial son el resultado no sólo de la transición demográfica y del número reducido de hijos, sino también del cuestionamiento de la institución matrimonial en la formación de las familias, observado por el aumento de las uniones consensuales y de las separaciones (Quilodrán, 2003). Las crecientes aspiraciones individuales expresadas por el incremento de los años de escolaridad y de estudios superiores, el desarrollo de una carrera profesional, de una autonomía económica o la búsqueda de oportunidades de realización personal para ambos sexos configuran roles más igualitarios al interior de las uniones y un mayor uso de métodos anticonceptivos modernos para el control de la reproducción. La modificación en la modalidad de las uniones, de las pautas de nupcialidad y de la formación de las familias expresada a través de la expansión de las uniones consensuales, combinada con una disminución generalizada de la fecundidad por debajo del nivel de reemplazo de las generaciones, constituye un fenómeno conocido como la “segunda transición demográfica” (Fanta y Tumas, 2020; Herrera, 2007; Quilodrán, 2003, 2008), originalmente teorizado por Lesthaeghe (1994, 2014) y Van de Kaa (1987) a partir de la evolución de las familias observada en los países de Europa del Oeste en los años 1970 y 1980. Otras características asociadas a este concepto son el incremento del celibato y de las parejas que no desean tener hijos, el retraso de la primera unión, la postergación del primer hijo, el aumento de los nacimientos fuera del matrimonio, la mayor frecuencia de las rupturas matrimoniales y la diversificación de los tipos de hogar (Arriagada, 2004, p. 89). No obstante, no existe consenso sobre la pertinencia de aplicar y generalizar el concepto de “segunda transición demográfica” en América latina debido a la diversidad social en la región (García y Rojas, 2004, 2002b). Asimismo, algunas críticas consideran estas evoluciones como parte del mismo proceso de transformación demográfica, relacionado con la disminución de la fecundidad, y que por tanto la transición demográfica no puede ser caracterizada por algún “final artificial” que marcaría una diferenciación entre una primera y segunda transición demográfica (Lutz, 2021, p. 72).

Las tendencias demográficas más recientes sobre las evoluciones de las familias en América latina evidencian la persistencia de un patrón común en la formación temprana de las familias que contrasta con la diminución de la fecundidad por debajo de los niveles de reemplazo, la difusión de las uniones no formales en todos los sectores sociales y la presencia creciente de madres solteras en hogares extendidos (Esteve, Castro-Martin y Castro, 2022). Las desigualdades socioeconómicas, la informalidad recurrente en el mercado laboral, los escasos sistemas de protección social y las dificultades en la igualdad de género son los principales factores contextuales que configuran esta diversidad y especificidades de las familias en el continente.

En Perú, las investigaciones en demografía y sociología de la familia han sido poco abundantes en las últimas décadas y se enfocaron en el acceso de las mujeres al mercado laboral en un contexto de mayor pobreza y de disminución de la fecundidad en el ámbito urbano (Ponce et al., 1985) y en las dificultades que encuentran los hogares monoparentales con jefatura femenina (Sara-Lafosse, 1994). Se exploró el efecto positivo de la convivencia en un mismo hogar de personas mayores con niños, en la acumulación de bienestar y cuidados de salud de los más jóvenes, particularmente en un contexto de ausencia de un sistema de protección social (Rentería Pérez et al., 2007). Los desafíos de la evolución poblacional hacia 2050, en particular a través del bono demográfico y del envejecimiento de la población, han sido demostrados a partir de proyecciones poblacionales (Aramburú y Mendoza, 2015), mientras que un estudio evidenció la difusión de los arreglos intergeneracionales de coresidencia en los hogares peruanos, especialmente los de menor nivel educativo, para reducir las fluctuaciones de los egresos e ingresos (Saavedra y Valdivia, 2003). Sin embargo, no se ha analizado la evolución de la morfología de las familias peruanas a lo largo de la transición demográfica. Asimismo, a nivel de América latina, no se identifican investigaciones que analicen los ritmos en la evolución de los hogares según el ámbito de residencia.

Considerando la literatura expuesta en esta sección, la hipótesis planteada en el artículo es que la transición demográfica en Perú se ha caracterizado por una mayor nuclearización de las familias a través de hogares “completos” (pareja e hijos) combinada con el mantenimiento a un nivel elevado de los hogares extendidos, de manera similar entre el ámbito urbano y rural, durante la segunda etapa de la transición demográfica en el país (1965 – 2000). Asimismo, el descenso rápido de la fecundidad en las áreas urbanas durante las décadas 1970 y 1990, relacionado con la expansión del ideal de la familia poca numerosa, se reflejaría en diferencias intranacionales importantes en la composición de los hogares entre los ámbitos de residencia. En particular, estas se observarían a través de una disminución progresiva de las familias multigeneracionales (hogares extendidos y compuestos), del tamaño de los hogares en las áreas urbanas y de una mayor diversidad de los tipos de hogares en este ámbito de residencia, manifestado por una extensión de los hogares con jefatura femenina y de los hogares unipersonales. Esta diversificación tendería a acentuarse en la tercera etapa de la transición demográfica desde inicios de los años 2000, como consecuencia de la continuación de la disminución de la fecundidad, y manifestarse por una mayor proporción de hogares sin hijos en el ámbito urbano. No obstante, la disminución de la fecundidad en el ámbito rural desde esta fecha, conjugado con un envejecimiento general de la población, podría dar lugar a una progresiva convergencia de las características sociodemográficas de las familias, a la vez menos numerosas y más basadas sobre el modelo nuclear, entre ambos ámbitos de residencia. Esta relativa homogeneización matizaría las diferencias intranacionales en la morfología de las familias en el periodo más reciente correspondiendo con la tercera etapa de la transición demográfica en Perú.

Método y material

Para observar la evolución de la morfología de las familias, se usa una definición de familia acotada a la noción de hogar, entendida como la reunión de personas que comparten una misma vivienda (miembros coresidentes) y/o distintos vínculos de parentesco. Este enfoque práctico para fines estadísticos aparta las redes de parentesco que traspasan la noción de hogar y que corresponden a una visión más amplia de la familia, útil por ejemplo en los estudios sobre la migración y las familias transnacionales. El hogar representa pues a la unidad de observación privilegiada cuya composición permite analizar la evolución de las familias. Este enfoque demográfico incluye cinco principales indicadores: 1. el tamaño del hogar (número de miembros), 2. el tipo de hogar, 3. el ciclo de vida del hogar, 4. el tipo de jefatura del hogar (hombre o mujer) y 5. el número y edad de los hijos que lo conforman (Arriagada, 2004, pp. 71-72). Este artículo se enfoca en los indicadores 1 a 4 a partir de datos desagregados en áreas urbanas y rurales. Incluye también algunos indicadores adicionales como la edad mediana de las mujeres de 25 a 49 años a la primera unión conyugal y al nacimiento del primer hijo, así como el estado civil y conyugal de la población mayor de 12 años, lo cual permite apreciar la proporción de personas solteras, en unión, separadas y divorciadas, y la repartición entre los tipos de unión consensual (“conviviente”) y matrimonial (“casada”).

Con respecto a los tipos de hogares, las categorías propuestas corresponden a una nomenclatura establecida por la División de Población de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) para realizar comparaciones entre los países de la región[3]. Éstas se definen a partir de una persona de referencia identificada como ego (generalmente designada como “jefe(a) del hogar”), de la presencia o ausencia de su cónyuge (pareja unida y/o casada legalmente, con o sin hijos) y de la relación de parentesco de ego con otros miembros que integran el hogar y que determina el vínculo familiar (parientes) y no familiar (no parientes). Las categorías creadas a partir de estas variables son el hogar nuclear conformado por ego, sin la presencia de otro pariente, ni de otro no pariente (subdividido entre “nuclear biparental sin hijos”, “nuclear biparental con hijos” y “nuclear monoparental”), el hogar extendido conformado por ego y al menos otro pariente (pero ningún otro miembro no pariente, subdividido entre “extendido biparental sin hijos”, “extendido biparental con hijos”, “extendido monoparental con hijos”), el hogar compuesto conformado por ego y al menos una persona no pariente (subdividido entre “compuesto nuclear”, “compuesto monoparental” y “compuesto extendido”), el hogar unipersonal integrado por una persona sola y el hogar sin núcleo integrado por individuos coresidentes, pero no emparentados entre ellos, que no forman ningún núcleo (INEI, 2019, p. 26).

Esta clasificación muestra algunas limitaciones en la medida en que las encuestas de hogares no posibilitan captar ni cuantificar las formas familiares tanto “complejas” (combinación de varios núcleos familiares, muchas veces de generaciones distintas, en un mismo hogar), como aquellas llamadas “reconstituidas”, “asambleadas” o “recompuestas” (uno o ambos miembros de la pareja tiene al menos un hijo de una unión previa). En efecto, el diseño de los cuestionarios no permite recoger información sobre el número de uniones de cada persona o el número de hijos nacidos de cada unión. Tampoco hace posible distinguir las diferencias de parentesco entre hijo e hijastro, padre y padrastro, etc., estas familias siendo clasificadas en la categoría de “hogares nucleares biparentales”. Asimismo, los censos de facto no incluyen en el empadronamiento a los miembros de la familia de residencia que se encuentran temporalmente ausentes (Acosta, 2003).

Las fuentes de información usadas sobre los tipos de hogares proceden en primer lugar de los cinco Censos de Población y de Vivienda realizados en Perú entre 1972 y 2017, los cuales cubren un periodo de 45 años intercalado entre la segunda y tercera etapas de la transición demográfica, expuestas en la introducción. Para ello, se revisaron los resultados presentados por Ponce y Francke (1985) sobre los censos de 1972 y 1981, y por el INEI (2019) sobre los censos de 1993, 2007 y 2017. En los cinco censos los datos están desagregados por ámbito de residencia (urbano y rural) y en los tres últimos según el sexo del jefe(a) del hogar. Estas fuentes fueron complementadas por las Encuestas Nacionales de Hogares (ENAHO) de 2000 a 2020, cuyos resultados sobre los mismos indicadores y el tamaño de los hogares, entre ámbitos de residencia y quintiles de ingresos, se encuentran disponibles en la sección “Estadísticas e indicadores demográficos y sociales” de la plataforma CEPALSTAT[4] administrada por la División de Población de la CEPAL. Por último, con respecto a los indicadores referidos a las uniones, se usaron los datos de las Encuestas Demográficas y Salud Familiar (ENDES) de 1986 a 2021, así como la información presentada por el INEI (2020b) a partir de los censos de 1981 a 2017.

Resultados

Una permanencia de los principales tipos de hogares a lo largo de la transición demográfica

Según los censos realizados en Perú entre 1972 y 2017, los hogares nucleares han representado a nivel nacional más de la mitad de todos los tipos de hogares y se mantienen a un nivel casi constante entre 52,4% y 53,9% durante este periodo. Esta variación limitada de +/– 1,5 puntos porcentuales (p.p.) da cuenta de una estabilidad de la morfología de los hogares alrededor del núcleo conformado por padres e hijos entre las décadas 1970 y 2010. Paralelamente, la proporción de los hogares extendidos se ha ubicado a un nivel también estable entre 22% y 25,1% entre 1972 y 2007, antes de mostrar una disminución significativa de – 5,5 p.p. durante el último periodo intercensal, mientras que la proporción de los hogares compuestos se ha ido reduciendo regular y constantemente, pasando de 15,1% del total en 1971 a sólo 2,5% en 2017. Durante el mismo periodo, el único tipo de hogar que ha mostrado un aumento son los unipersonales; de 10,5% del total en 1972 a 16,8% en 2017, con una variación positiva concentrada en los dos últimos periodos intercensales.

En las zonas urbanas de Perú, los hogares nucleares han representado alrededor de la mitad del total entre 1972 y 2017. La proporción de hogares extendidos subió de 23,4% en 1972 a 26,3% en 2007 antes de conocer una disminución importante para llegar a 22,9% en 2017. Las dos evoluciones más importantes en las ciudades del país remiten a los hogares compuestos cuya proporción disminuyó de 16,4% en 1972 a 3% en 2017, y a los hogares unipersonales cuya proporción aumentó de 11% en 1972 a 15,3% en 2017, particularmente en el último periodo intercensal (+ 4,2 p.p.). En las zonas rurales del país, la proporción de los hogares nucleares se ha ubicado en cada censo en un nivel muy superior a la observada en las zonas urbanas: + 7,4 p.p. en 1972, + 6,8 p.p. en 1981, + 8,8 p.p. en 1993, + 7 p.p. en 2007 y + 9,1 p.p. en 2017. Durante este periodo, éstos se incrementaron en 4,4 p.p. en las zonas rurales (contra 2,7 p.p. en las zonas urbanas). Este aumento contrasta con la disminución de la proporción de hogares compuestos de 13,4% en 1972 a 0,7% en 2017. Otro descenso sustancial es el de los hogares extendidos que se mantuvieron en un nivel estable por encima de 20% del total entre 1972 y 2007, antes de caer a 12,7% en 2017. En cambio, los hogares unipersonales aumentaron de 10,6% en 1993 a 21,8% en 2017. Entre 2007 y 2017, la proporción de los hogares extendidos y unipersonales se ha invertido en las zonas rurales del país, éstos siendo proporcionalmente más difundidos en este ámbito de residencia (21,8%) que en las ciudades (15,3%).

Figura 1. Tipos de hogares a nivel nacional y según ámbito de residencia urbano y rural en Perú entre 1972 y 2017 (en porcentaje del total de los hogares)

Fuente: Elaboración propia con base en Censos de Población y Vivienda 1972, 1981, 1993, 2007 y 2017 (Instituto Nacional de Estadística e Informática, 2019).

Un cambio en torno a los años 2000 relativo a la presencia o no de hijos

Los censos de población realizados en 1993, 2007 y 2017 proporcionan información específica sobre los tipos de hogares según la presencia o no de hijos. A nivel nacional, se nota un aumento progresivo de los hogares nucleares sin hijos de 4,7% a 7,9% entre 1993 y 2017, una tendencia correlacionada con la disminución de los hogares nucleares con hijos, en particular de 35% a 32,4% en el último periodo intercensal. Este descenso de los hogares con hijos se observa también en los hogares extendidos entre 2007 y 2017. La comparación entre los ámbitos de residencia revela cambios más pronunciados en las zonas rurales del país tanto en el aumento de hogares nucleares sin hijos (de 8% a 11,7% contra de 5,8% a 6,7% en las zonas urbanas) como en la disminución de los hogares nucleares con hijos (40,7% a 37,5% contra 33,2% a 30,9%). Las diferencias en la evolución de las estructuras familiares entre los ámbitos de residencia se agudizaron en el periodo intercensal más reciente, caracterizándose por una mayor proporción de hogares nucleares y extendidos sin hijos en las zonas rurales (13,8% en total contra 8,6% en las zonas urbanas), así como por una mayor proporción de hogares nucleares y extendidos monoparentales en las zonas urbanas (23,2% en total contra 15,3% en las zonas rurales). Por otro lado, la reducción de los hogares compuestos a porcentajes mínimos y el incremento de los hogares unipersonales, en particular en las zonas rurales, constituyen dos tendencias distintivas del periodo comprendido entre las décadas 1990 y 2010.

Cuadro 1. Tipos de hogares a nivel nacional y según ámbito de residencia urbano y rural en Perú entre 1993 y 2017 (en porcentaje del total de los hogares)

Fuente: Elaboración propia con base en Censos de Población y Vivienda 1993, 2007 y 2017 (Instituto Nacional de Estadística e Informática, 2019).

Asimismo, datos complementarios brindados por la División de Población de la CEPAL sobre el periodo 2001/20 (anexo 1) confirman la disminución de la proporción de hogares nucleares con hijos (de 46,1% a 40,2%) a nivel nacional entre estas fechas, de forma más rápida en las zonas rurales (51% a 45,2%.) que en las zonas urbanas (de 43,9% a 38,8%). Una evolución similar concierne la proporción de hogares nucleares sin hijos que mostró un aumento significativo a nivel nacional (de 4,5% a 10,2%) y casi dos veces más sostenido en las zonas rurales (de 6,1% a 15,4%) que en las zonas urbanas (de 3,9% a 8,7%). Otra confirmación de las tendencias descritas líneas arriba es el incremento de los hogares monoparentales, de manera más afirmada en las zonas urbanas (de 10,1% a 15,3%) que en las zonas rurales (de 7,9% a 9,5%), así como el aumento de los hogares unipersonales en estas últimas (de 9,8% 15,1%) de manera más significativa que en las primeras (de 7,5% a 14,2%).

Por quintil de ingreso, se observa que la proporción de los hogares biparentales con hijos disminuyó de manera variable en todos los quintiles en las áreas urbanas (– 5,1 p.p.), pero no en las áreas rurales donde esta estructura familiar aumentó en los quintiles 1 (+ 10,7 p.p.) y 2 (+ 4,2 p.p.), y disminuyó en los quintiles de mayor riqueza. Los resultados revelan también un mayor aumento de los hogares monoparentales en los quintiles de menores recursos, de manera más pronunciada en las áreas urbanas (+ 6,1 p.p. en el quintil 1 contra + 2,6 en el quintil 5) que rurales (– 0,6 p.p. en el quintil 1 contra + 0,3 p.p. en el quintil 5). Por último, la proporción de los hogares unipersonales aumentó de manera más importante en los quintiles de mayores ingresos, tanto en el ámbito urbano (+ 5,5 p.p. en el quintil 5 contra + 4,2 p.p. en el quintil 1) como rural (+ 8 p.p. en el quintil 5 contra – 0,1 p.p. en el quintil 1).

Una disminución substancial en el tamaño de los hogares en todo el país

Los datos brindados por la División de Población de la CEPAL sobre el periodo 2000/20 indican una disminución substancial del tamaño de los hogares. En las zonas urbanas del país, los hogares de dos a cuatro aumentaron de 34,1% del total en 2000 a 53,4% en 2020. En dirección contraria, los hogares de seis personas y más vieron su peso disminuir de 45,7% a 23,4% durante el mismo intervalo. En particular, la proporción de los hogares de diez personas y más fue divido por más de tres entre ambas fechas, pasando de 7,6% a 2,2% del total. Mientras tanto, en las zonas rurales del país, la proporción de los hogares que tienen dos, tres y cuatro personas aumentaron respectivamente de 7,3; 6,6 y 8,9 p.p. Estos hogares representan 50,5% del total en 2020, contra 27,7% en 2000. Al contrario, la proporción de los hogares de seis personas y más que representaba 54,2% de los hogares en 2000, cayó a 26,3% en 2020.

En las dos décadas 2000 y 2010 que corresponden a la etapa 3 de la transición demográfica, se observa un cambio substancial en la estructura de la población tanto urbana como rural según el tamaño de los hogares. Salvo los hogares de cinco personas que han mostrado una variación muy débil de +/– 2 p.p., una transición de hogares numerosos (seis personas y más) a hogares de tamaño reducido (una a cuatro personas) se fue estableciendo durante este periodo en ambos ámbitos de residencia. En 2000, el tamaño promedio de los hogares era de 5,56 personas en zonas urbanas y de 5,77 personas en zonas rurales (+/– 0,21). En 2020, esta cifra bajó a 4,44 personas en zonas urbanas y 4,47 personas en zonas rurales (+/– 0,03). Estos resultados evidencian una disminución de 20,9% del tamaño promedio de los hogares en el país entre ambas fechas, una tendencia más marcada en las zonas rurales (– 22,5%) que en las zonas urbanas (– 20,2%).

Figura 2. Estructura de la población según el tamaño de los hogares a nivel nacional y según ámbito de residencia urbano y rural en Perú entre 2000 y 2020 (número de personas en el hogar)

Fuente: Elaboración propia con base en Base de datos y estadísticas “CEPALSTAT”; División de Población de la Comisión Económica para América Latina (a partir de las Encuestas Nacionales de Hogares).

Por quintil de ingreso, la misma fuente indica que la reducción en el tamaño de los hogares de áreas urbanas fue en promedio más importante en el quintil 1 (– 1,2 personas) que en el quintil 5 (– 0,7), mientras que en las áreas rurales aparece una diferencia marginal en la disminución del número de miembros entre los hogares del quintil más rico (– 0,9) y el más modesto (– 0,8) entre 2001 y 2020.

Una progresión constante de los hogares encabezados por mujeres (con y sin hijos)

Los tres últimos censos revelan un aumento amplio y difundido de los hogares con jefatura femenina en todos los tipos de hogares, de 23,3% del total en 1993 a 34,7% en 2017. En ese año, 29,5% de los hogares nucleares (+ 11,1 p.p. con respecto a 1993) y 37,7% de los hogares extendidos (+ 13,9 p.p. con respecto a 1993) estaban encabezados por mujeres. Entre las zonas urbanas y rurales del país, las proporciones de hogares con jefatura femenina muestran diferencias importantes; éstos son significativamente más difundidos en las ciudades y la brecha entre ambos ámbitos de residencia se amplió (+/– 4,6 p.p. en 1993, +/– 8,2 p.p. en 2007 y +/– 9,2 p.p. en 2017), lo cual evidencia una dinámica de crecimiento más urbana de este tipo de hogar. En las áreas urbanas del país, la variación medida en cada periodo intercensal fue relativamente similar entre 1993/2007 (+ 5,7 p.p.) y 2007/17 (+ 6,4 p.p.), mientras que en las áreas rurales ésta fue más pronunciada en el segundo periodo (+ 5,4 p.p.) que en el primero (+ 2,1 p.p.). En las ciudades, la progresión de las familias con jefatura femenina se concentra más en los hogares nucleares sin hijos (+ 11,7 p.p.) y con hijos (+ 11,5 p.p.), y en los hogares extendidos sin hijos (+ 14,6 p.p.) y con hijos (+ 12,4 p.p.). Nótese que los hogares monoparentales dirigidos por mujeres han crecido modestamente en las áreas urbanas entre 1993 y 2017 (+ 3,5 p.p.), mientras que éstos registraron una mayor variación en el ámbito rural (+ 8,6 p.p.). En esta área de residencia, la extensión de los hogares con jefatura femenina fue más limitada tanto en los hogares nucleares (+ 5,9 p.p. contra + 12,4 en las áreas urbanas), como en los hogares extendidos (+ 5,7 p.p. contra +14,5 en las áreas urbanas).

Cuadro 2. Tipos de hogares según el sexo de la jefatura del hogar, a nivel nacional y según ámbito de residencia urbano y rural en Perú entre 1993 y 2017 (en porcentaje del total de los hogares)

ÁMBITO DE RESIDENCIA

TIPOS DE HOGARES

1993

2007

2017

Jefe hombre

Jefe mujer

Jefe hombre

Jefe mujer

Jefe hombre

Jefe mujer

NACIONAL

Hogares nucleares sin hijos

97,5

2,5

91,1

8,9

88,3

11,7

Hogares nucleares con hijos

98,4

1,6

94,3

5,7

88,3

11,7

Hogares nucleares monoparentales

22,2

77,8

19,0

81,0

17,4

82,6

TOTAL HOGARES NUCLEARES

81,6

18,4

77,3

22,7

70,5

29,5

Hogares extendidos biparentales sin hijos

96,6

3,4

85,2

14,8

83,9

16,1

Hogares extendidos biparentales con hijos

97,7

2,3

91,6

8,4

86,2

13,8

Hogares extendidos monoparentales

27,0

73,0

23,4

76,6

22,7

77,3

TOTAL HOGARES EXTENDIDOS

76,2

23,8

69,2

30,8

62,3

37,7

Hogares compuestos nucleares

82,0

18,0

72,3

27,7

66,1

33,9

Hogares compuestos extensos

76,4

23,6

68,1

31,9

60,0

40,0

TOTAL HOGARES COMPUESTOS

79,6

20,4

70,4

29,6

63,2

36,8

HOGARES UNIPERSONALES

64,1

35,9

62,1

37,9

58,3

41,7

TOTAL HOGARES SIN NÚCLEO

53,5

46,5

49,7

50,3

49,6

50,4

TOTAL

76,7

23,3

71,5

28,5

65,3

34,7

URBANA

Hogares nucleares sin hijos

97,2

2,8

89,5

10,5

85,5

14,5

Hogares nucleares con hijos

98,3

1,7

93,6

6,4

86,8

13,2

Hogares nucleares monoparentales

21,0

79,0

18,1

81,9

17,5

82,5

TOTAL HOGARES NUCLEARES

79,9

20,1

75,0

25,0

67,5

32,5

Hogares extendidos biparentales sin hijos

95,9

4,1

82,6

17,4

81,3

18,7

Hogares extendidos biparentales con hijos

97,4

2,6

90,7

9,3

85,0

15,0

Hogares extendidos monoparentales

26,1

73,9

22,1

77,9

22,1

77,9

TOTAL HOGARES EXTENDIDOS

74,7

25,3

67,0

33,0

60,2

39,8

Hogares compuestos nucleares

80,8

19,2

71,0

29,0

65,2

34,8

Hogares compuestos extensos

75,0

25,0

66,9

33,1

59,3

40,7

TOTAL HOGARES COMPUESTOS

78,3

21,7

69,1

30,9

62,4

37,6

HOGARES UNIPERSONALES

65,8

34,2

62,4

37,6

59,4

40,6

TOTAL HOGARES SIN NÚCLEO

53,3

46,7

49,3

50,7

49,5

50,5

TOTAL

75,3

24,7

69,6

30,4

63,2

36,8

RURAL

Hogares nucleares sin hijos

97,9

2,1

94,8

5,2

93,9

6,1

Hogares nucleares con hijos

98,8

1,2

96,1

3,9

94,0

6,0

Hogares nucleares monoparentales

25,5

74,5

22,3

77,7

16,9

83,1

TOTAL HOGARES NUCLEARES

85,1

14,9

83,7

16,3

79,2

20,8

Hogares extendidos biparentales sin hijos

97,7

2,3

92,2

7,8

92,4

7,6

Hogares extendidos biparentales con hijos

98,6

1,4

95,3

4,7

93,8

6,2

Hogares extendidos monoparentales

30,1

69,9

29,6

70,4

28,0

72,0

TOTAL HOGARES EXTENDIDOS

80,6

19,4

77,7

22,3

74,9

25,1

Hogares compuestos nucleares

87,2

12,8

82,8

17,2

76,6

23,4

Hogares compuestos extensos

83,9

16,1

79,6

20,4

72,3

27,7

TOTAL HOGARES COMPUESTOS

86,0

14,0

81,5

18,5

75,0

25,0

HOGARES UNIPERSONALES

60,7

39,3

61,6

38,4

55,6

44,4

TOTAL HOGARES SIN NÚCLEO

54,0

46,0

51,6

48,4

50,2

49,8

TOTAL

79,9

20,1

77,8

22,2

72,4

27,6

Fuente: Elaboración propia con base en Censos de Población y Vivienda 1993, 2007 y 2017 (Instituto Nacional de Estadística e Informática, 2019).

Los datos brindados por la División de Población de la CEPAL sobre el periodo 2001/20 confirman este aumento de los hogares que tienen como jefa a una mujer (anexo 2). La comparación entre los ámbitos de residencia enseña que el aumento de los hogares con una jefatura femenina durante estas dos décadas fue más substancial en las áreas urbanas (de 22% a 34,3%) que en las áreas rurales (de 17,1% a 22,7%). El incremento de la jefatura femenina en las ciudades del país se ha concentrado mayormente entre las estructuras biparentales y monoparentales con hijos. En particular, llama la atención el descenso importante del modelo biparental con hijos, encabezado por un hombre, que pasó de 43,1% en 2001 a 34,3% en 2020 en este ámbito de residencia, mientras que la proporción del mismo tipo de hogares, dirigido por una mujer, aumentó de 0,9% a 4,5% entre las mismas fechas, más que las áreas rurales (0,6% a 2,3%). Entre el total de los hogares que tienen una mujer como jefa, cerca de un tercio de ellos corresponden de manera regular entre 2001 y 2020 a hogares monoparentales, por lo cual el aumento de la jefatura femenina se debe en gran parte al incremento de este tipo de estructura familiar en este ámbito de residencia.

Por último, con respecto a la proporción de hogares donde una mujer es la principal aportante de ingresos, la misma fuente indica un aumento en el periodo 2001/20 de las mujeres de áreas rurales como principales aportantes en hogares monoparentales (de 66,9% a 74,2%), biparentales sin hijos (de 11,9% a 17,2%) y biparentales con hijos (de 9,4% a 16,5%). En las zonas urbanas, los incrementos concernieron principalmente a los hogares extendidos y compuestos (de 36,9% a 44,4%) y biparentales con hijos (de 20% a 24%), mientras que la misma proporción fue estable en los hogares monoparentales (de 70% a 69,8%). De manera general para el año 2020, los hogares donde una mujer es la principal aportante de ingresos, éstos se ubican mayormente en las ciudades (38,1% del total) y en menor medida en las zonas rurales (26,2%).

Una estabilidad en la formación de las uniones y cambios profundos en los tipos de uniones

En Perú, un indicador que muestra una importante estabilidad a lo largo de las últimas décadas es la edad mediana a la primera unión conyugal de las mujeres de 25 a 49 años. Los resultados de las ENDES realizadas en el país indican un aumento limitado en las zonas urbanas de 21,3 años en 1986 a 22,6 años en 2021, mientras que éste fue más contenido en las zonas rurales, ya que pasó de 19,2 años a 19,6 años entre las mismas fechas. En promedio, las mujeres peruanas conocen su primera unión conyugal a una edad relativamente temprana, en particular en el ámbito rural. Las ENDES revelan por otro lado que esta edad mediana a la primera unión antecede por unos meses la edad mediana al nacimiento del primer hijo, de forma muy regular entre 1991 y 2021 y casi idéntica entre zonas urbanas y rurales. Ello deja suponer que las mujeres entran en su primera unión conyugal unos meses después de estar embarazadas y unos meses antes de dar a luz por primera vez. A pesar del fuerte descenso de la fecundidad en Perú entre los años 1990 y 2010, particularmente en las áreas rurales, el patrón en la formación de las familias revela una variabilidad casi nula.

Al contrario, cambios importantes surgen en el estado civil y conyugal de la población peruana entre los censos de 1981 y 2017. En las áreas urbanas, si la población “soltera” se ha mantenido relativamente estable alrededor de 40% del total, se observa una profunda modificación entre los tipos de unión: la unión matrimonial cayó de 35,5% a 25,6% mientras que la unión consensual aumentó de 14% a 25,4% entre ambas fechas. Por otro lado, existe una menor incidencia del celibato y una proporción mucho mayor de las uniones consensuales en las zonas rurales, mientras que las uniones matrimoniales siguen siendo ligeramente superior a las uniones consensuales hasta el último censo en las zonas urbanas. Por otro lado, aunque la proporción de la población “separada” indica una dinámica ascendente en las ciudades del país entre 1981 (1,9%) y 2017 (4,3%), este estado conyugal y el divorcio muestran proporciones muy bajas en cada censo.

Figura 3. Estado civil y conyugal de la población censada de 12 años y más a nivel nacional y según ámbito de residencia urbano y rural en Perú entre 1981 y 2017.

Fuente: Elaboración propia con base en Instituto Nacional de Estadística e Informática – Censos de Población y Vivienda 1981, 1993, 2007 y 2017 (INEI, 2020b).

Discusión y conclusiones

La disponibilidad parcial de datos procedentes de los censos de población no permite describir la evolución de cada indicador sociodemográfico relativo a la morfología de las familias en Perú desde el inicio del descenso de la fecundidad a mediados de los años 1960. No obstante, la revisión de los resultados de los censos desde 1972 hasta 2017, y de las ENAHO entre 2000 y 2020, evidencian los principales rasgos relacionados con los cambios en la composición y el tamaño de los hogares en el país entre las etapas 2 y 3 de la transición demográfica, descriptas en la introducción.

A nivel nacional, los resultados destacan una estabilidad de los tipos de hogares entre los años 1970 y 1990, a través del carácter predominante de los hogares nucleares y del mantenimiento en un nivel elevado de los hogares extendidos, tal como lo observaron Ariza y Oliveira (2001, p. 18). Sin embargo, aquella estabilidad debe ser matizada por el descenso de los hogares compuestos cuya proporción disminuyó regularmente de 15,1% en 1972 a 2,5% en 2017, y de manera particularmente acelerada en el periodo intercensal 1981/93. Más que una nuclearización de las familias observada en América latina (Acosta, 2003, p. 10) o que un descenso abrupto de los hogares extendidos (Vera Bolaños y Pimienta Lastra, 1996), el proceso de modernización cultural que conoció Perú desde la década 1960 y durante la etapa 2 de la transición demográfica (1965 – 2000) se asocia con un declive de los hogares compuestos. El mantenimiento de los hogares extendidos en un nivel elevado durante este periodo (alrededor de la cuarta parte del total de los hogares) coincide con la hipótesis inicial y se puede explicar por las múltiples crisis sociales y económicas que atravesó el país, particularmente en las décadas de 1980 (acumulación de deuda externa, hiperinflación, escasez de alimentos, desempleo masivo, violencia política) y 1990 (Fujishock, crisis asiática, expansión de la informalidad y del subempleo urbano). En efecto, el arreglo familiar basado en la coresidencia de varias generaciones representa una estrategia común en los sectores populares para afrontar los episodios de recesión económica y la inestabilidad del mercado laboral disminuyendo, entre otros, los gastos de vivienda y de alimentación. No obstante, la eficacia de esta estrategia descansa en la composición del hogar y en el número de miembros activos que ingresan al mercado laboral para aportar recursos materiales y mantener el presupuesto doméstico por encima de la línea de pobreza (Ariza y Oliveira, 2007).

Con respecto a la evolución de la composición de los hogares según el ámbito de residencia, se observan en los periodos intercensales 1993/2007 y 2007/17 importantes cambios en la familia nuclear, en zonas tanto urbanas como rurales, que están confirmados por los resultados de las ENAHO en el periodo 2001/20. En ambos ámbitos se manifiesta en efecto un cierto retroceso del modelo nuclear “completo” (ambos padres con hijos) para dar lugar a una relativa diversificación de este tipo de familia mediante la disminución de los hogares biparentales con hijos y el incremento paralelo de los hogares biparentales sin hijos (parejas que postergan el nacimiento del primer hijo, que no quieren tener hijos o que, una vez mayores, experimentan la salida de los hijos del domicilio parental). Esta heterogeneización en la composición de la forma nuclear de los hogares, combinada con un descenso de los hogares extendidos, es un rasgo común entre ambos ámbitos de residencia en la evolución de la morfología de las familias en Perú durante la tercera etapa de la transición demográfica (2000 hacia adelante).

Por otro lado, en el caso de las áreas urbanas, esta mayor diversidad de las estructuras familiares se ha caracterizado por un incremento muy sostenido de los hogares, nucleares y extendidos, con jefatura femenina y, en menor medida, de los hogares unipersonales. Ello coincide con la hipótesis de partida y lo evidenciado por Arriagada (1997, 2004) en el periodo 1990-2005 en otros países de América latina que conocieron un proceso de envejecimiento poblacional más “avanzado”, por lo cual Perú está siguiendo la misma evolución con un desfase temporal de aproximadamente una década. No obstante, esta diversificación de las estructuras familiares debe ser también enfatizada en el caso de las zonas rurales del país donde el descenso de las familias multigeneracionales (hogares extendidos y compuestos) se encuentra más marcado que en las zonas urbanas. Nótese que los hogares compuestos empezaron a disminuir en las áreas rurales de Perú desde los años 1970 y representan en 2017 una proporción marginal, mientras que su peso en las áreas urbanas se ha mantenido a un nivel regular y sensiblemente superior. En cuanto a los hogares extendidos, su proporción disminuyó abruptamente en ambos ámbitos de residencia en el último periodo intercensal 2007/17 y de forma más notoria en las zonas rurales. Ésos fueron suplantados por los hogares unipersonales que han mostrado un aumento considerable en todo el país, pero de manera más relevante en las áreas rurales entre los periodos intercensales 1993/2007 y 2007/17. A diferencia con lo planteado en la hipótesis, la disminución de las familias multigeneracionales fue entonces más destacable en el área rural y esta tendencia se combinó con un aumento más relevante de los hogares unipersonales en este ámbito de residencia. La migración de miembros del hogar y en particular de jóvenes hacia las ciudades principalmente ubicadas en la Costa pacífica del país (INEI, 2020a), por motivos de estudios o de mayor atractividad del mercado laboral y de las posibilidades de obtención de recursos materiales, como en el caso del departamento de Puno (Cavagnoud y Aramburú, 2019; Pereyra, 2003), aparece como una de las principales causantes en esta evolución de la composición de los hogares en las áreas rurales de Perú. A ello se suman las aspiraciones de cambio y la búsqueda de progreso y de inserción en la modernidad para jóvenes y adultos comuneros y campesinos (Franco, 1990).

Adicionalmente, la reducción de los hogares con hijos y el aumento correlativo de los hogares sin hijos, similares en ambos ámbitos de residencia y en gran parte relacionados con el descenso de la fecundidad en el país, explican la disminución relativa de los primeros ciclos de vida de los hogares, los cuales incluyen a hijos de 0 a 5 años (“inicio”), de 6 a 11 años (“expansión”), 12 a 17 años (“consolidación”) y tanto menores como mayores de 18 años (“estabilización”). Durante el intervalo 2007/17, estos ciclos de vida conocieron un descenso importante, mientras que los ciclos de vida que incluyen a hijos mayores a 18 años (“estabilización” y “desmembramiento o salida”) y que no incluyen a ninguna relación filiar (“nido vacío”, “sin núcleo”, “unipersonal adulto” y “unipersonal mayor”) aumentaron  en ambos ámbitos de residencia (INEI, 2019). En las áreas rurales en particular, llama la atención el incremento de los hogares unipersonales de adultos (menores de 60 años) y de mayores (mayores de 60 años), respetivamente de 7,6% a 10,9% y de 6,3% a 10,9% del total. Estas tendencias caracterizan la etapa más reciente de la transición demográfica y evidencian el envejecimiento más avanzado de la población peruana vinculado con el aumento significativo de la esperanza de vida en las últimas décadas. Este proceso fue reforzado en el caso del ámbito rural por una disminución significativa de la fecundidad desde los años 2000/05 y por la migración regular de poblaciones juveniles y adultas de los campos a los centros urbanos del país, mencionada anteriormente. Además de la repartición de los hogares hacia los ciclos de vida más “avanzados”, este proceso se ha concretado por un aumento de los hogares unipersonales encabezados por personas mayores (INEI, 2018).

Por otro lado, la disminución de los hogares multigeneracionales (extendidos y compuestos), combinado con el aumento de los hogares unipersonales y de los hogares nucleares sin hijos (o monoparentales con hijos) tienen como correlato el descenso del tamaño de los hogares en todo el país durante el periodo 2000 – 2020. La amplitud de esta disminución resultó ligeramente superior las zonas rurales (– 22,5%) en comparación con las zonas urbanas (– 20,2%), produciendo en 2020 un tamaño promedio casi igual ( 4,45) entre ambos ámbitos de residencia, una característica sociodemográfica de los hogares que merece ser destacada. Sobre este indicador, las diferencias según el quintil de ingresos indican que los hogares del quintil de mayores ingresos son menos numerosos que los hogares del quintil de menores ingresos. No obstante, los resultados enseñan también que esta brecha se ha reducido en las zonas urbanas durante el periodo 2000/20 (de 1,8 a 1,4 personas de diferencia entre los quintiles 1 y 5), mientras que la misma ha aumentado ligeramente en las zonas rurales, donde además es más importante (de 2,3 a 2,4 personas de diferencia entre los quintiles 1 y 5). Asimismo, los resultados desagregados por nivel de riqueza evidencian que los hogares con jefatura femenina, además de haber aumentado en las últimas décadas, son aquellos que se concentran entre los quintiles de menores recursos, al igual que los hogares extendidos, mientras que los hogares unipersonales se ubican entre los quintiles de mayores recursos. Estas constataciones coinciden con los análisis de Arriagada (2006, 2007) que enfatizan el vínculo entre familias monoparentales y pobreza en todos los países de América latina. Éstas recalcan también la persistencia de las desigualdades sociales y de género en el continente como consecuencia de un mercado laboral mayormente informal, de las insuficiencias de un sistema de protección social para las familias desfavorecidas y de la lentitud de los progresos hacia una mayor equidad entre los sexos (Esteve et al., 2022). Los resultados referidos a la expansión de la jefatura femenina de las familias, particularmente en las ciudades, manifiestan una mayor equidad entre los sexos en la conducción de los hogares, así como un retroceso relativo del modelo patriarcal en el país durante las últimas décadas. No obstante, profundas disparidades subsisten entre las estructuras familiares encabezadas por mujeres en su acceso al mercado laboral en condiciones no precarias, es decir fuera de la informalidad y del subempleo, a los servicios de salud, a políticas sociales y de manera general a un sistema de protección social que reduzca su exposición a las desigualdades sociales.

En conclusión, los resultados expuestos en el artículo permiten validar la hipótesis de tendencias diferenciadas entre las zonas urbanas y rurales de un mismo país con respecto a la evolución de la morfología de las familias a lo largo de la transición demográfica. Aun cuando aparecen características comunes como la disminución de los hogares extendidos y compuestos o el aumento de los hogares nucleares y extendidos sin hijos, diferencias importantes subsisten con la mayor presencia de hogares monoparentales en las ciudades y el incremento más fuerte de hogares unipersonales en los campos. Ello dificulta la posibilidad de confirmar una convergencia de las tendencias sociodemográficas intranacionales con respecto a la composición de los hogares entre ambos ámbitos de residencia. En el periodo 2020/25, la población urbana representa 81,1% del total (contra 59,5% en 1970/75) y la población rural 18,9% (contra 40,5% en 1970/75). El crecimiento de la primera y la contracción de la segunda en las últimas décadas muestran en qué medida las diferencias en la morfología de las familias se refieren a dos ámbitos de residencia que tienen un peso muy distinto en la distribución poblacional del país y que los resultados relativos a lo urbano se acercan a lo que representa el total a nivel nacional. Aunque no se comprueba una homogeneización de las tendencias intranacionales, la diversificación de los tipos de hogares en las zonas urbanas, planteada en la hipótesis de partida y confirmada por los hallazgos, se observa también de manera distinta en las zonas rurales, desde los años 2000, y coincide con la conjunción de tres factores: la disminución de la fecundidad, el envejecimiento de la población y las migraciones internas.

En lo referido a la discusión en torno a la llamada “segunda transición demográfica” evidenciada en varios países de la región (Fanta y Tumas, 2020; Herrera, 2007; Quilodrán, 2003, 2008), la expansión de las uniones consensuales en todos los ámbitos de residencia del país y el debilitamiento de las uniones matrimoniales entre los periodos intercensales indican cambios en la formación de las uniones y podrían validar el uso de este concepto. No obstante, estas tendencias se encuentran contrarrestadas por el retraso muy limitado de la primera unión y la casi no postergación del nacimiento del primer hijo, así como por la frecuencia muy débil de las separaciones y de las rupturas matrimoniales, lo cual reduce considerablemente la aplicación de este concepto en el caso de Perú, tal como lo explican algunas autoras en otros países de la región (García y Rojas, 2004, 2002b). La carencia de indicadores complementarios como la proporción de hijos nacidos fuera de una unión matrimonial, de segundas nupcias, de familias recompuestas y de las parejas que no desean tener hijos impide también el uso del mismo concepto. La diversificación de los tipos de hogares y el incremento de los hogares biparentales que tienen a una mujer como principal aportante económica dan cuenta de una evolución significativa relacionada con la tercera etapa de la transición demográfica en el país, pero no de una situación que implicaría el paso de una transición demográfica a otra.

Por último, este trabajo deja en suspenso dos cuestiones clave en relación con la evolución de las características sociodemográficas de los hogares en Perú y en los otros países de América latina. La primera se refiere al efecto de las migraciones internacionales y del total de más de tres millones de personas en el caso de Perú, es decir casi 10% de la población nacional, que emigraron entre 1990 y 2018 (INEI, 2020c), en los cambios observados en la composición y el tamaño de los hogares en las últimas tres décadas. La segunda concierne la importancia de entender mejor los patrones de formación de las familias y las decisiones domésticas que rigen los arreglos residenciales, en particular a través de las diferentes generaciones y de las necesidades de cuidado de cada una, a partir de investigaciones sociodemográficas que incluyan un componente cualitativo basado en entrevistas con los miembros de diferentes generaciones familiares.

Referencias

Acosta, F. (2003). La familia en los estudios de población en América Latina: Estado del conocimiento y necesidades de investigación. Papeles de Población, 9(37), 9-50. https://doi.org/10.1080/00324728.2010.530291

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Anexo 1. Tipos de hogares, por quintil (Q) de ingreso per cápita, a nivel nacional y según área de residencia urbano y rural en Perú entre 2001 y 2020 (en porcentaje del total de los hogares)

ÁMBITO DE RESIDENCIA

Tipos de hogares

2001

2010

2020

Q1

Q2

Q3

Q4

Q5

Total

Q1

Q2

Q3

Q4

Q5

Total

Q1

Q2

Q3

Q4

Q5

Total

NACIONAL

Hogares nucleares biparentales con hijo(s)

56,1

52,4

45,6

43,5

37,1

46,1

47,7

47,0

44,2

41,3

36,7

42,9

55,6

43,8

39,9

36,6

30,5

40,2

Hogares nucleares biparentales sin hijo(s)

3,7

4,7

3,5

4,1

6,2

4,5

7,0

6,6

6,1

5,9

9,4

7,1

5,9

11,5

10,0

10,5

11,8

10,2

Hogares monoparentales

8,4

9,6

9,1

9,2

10,3

9,4

9,4

9,9

10,8

11,2

10,9

10,5

13,3

14,8

10,5

14,1

13,2

14,1

Hogares extendidos y compuestos

28,9

29,0

35,1

36,5

29,0

31,7

28,2

29,4

32,0

32,3

24,3

29,0

20,0

22,5

14,1

24,9

21,4

22,8

Hogares unipersonales

3,0

4,4

6,6

6,7

17,3

8,2

7,7

7,1

6,9

9,4

18,6

10,4

5,2

7,4

10,2

13,9

23,1

12,8

TOTAL

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

URBANO

Hogares nucleares biparentales con hijo(s)

51,1

46,4

45,0

43,5

36,8

43,9

47,1

44,7

42,3

40,5

36,5

41,8

47,7

43,6

40,6

36,5

30,0

38,8

Hogares nucleares biparentales sin hijo(s)

3,1

2,0

3,1

3,7

6,5

3,9

4,4

4,9

5,1

5,9

9,7

6,2

5,6

7,7

7,7

9,3

11,9

8,7

Hogares monoparentales

10,8

9,9

9,6

9,2

10,8

10,1

13,0

11,0

12,7

10,9

10,9

11,6

16,9

16,2

16,3

14,8

13,4

15,3

Hogares extendidos y compuestos

32,5

37,9

38,9

37,5

28,1

34,6

29,8

34,6

34,2

32,7

23,1

30,5

23,1

26,4

27,6

27,1

21,3

24,9

Hogares unipersonales

2,5

3,8

3,4

6,1

17,9

7,5

5,7

4,8

5,7

9,9

19,8

9,9

6,7

6,0

7,8

12,4

23,4

12,2

TOTAL

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

RURAL

Hogares nucleares biparentales con hijo(s)

62,1

56,9

53,5

51,6

38,1

51,0

50,3

49,7

47,6

44,3

41,1

46,2

72,8

61,1

45,5

36,1

28,5

45,2

Hogares nucleares biparentales sin hijo(s)

2,9

3,9

4,7

8,0

8,7

6,1

8,2

8,2

8,8

9,8

12,5

9,7

4,0

10,4

17,5

19,2

19,7

15,4

Hogares monoparentales

7,3

7,9

8,2

7,8

8,2

7,9

6,5

6,7

7,8

7,7

7,2

7,2

6,7

8,9

11,0

11,7

8,5

9,5

Hogares extendidos y compuestos

25,9

28,0

28,6

24,8

21,2

25,3

28,4

26,4

26,0

27,2

18,7

24,9

14,8

17,5

17,1

14,4

11,6

14,8

Hogares unipersonales

1,8

3,4

4,9

7,8

23,7

9,8

6,7

9,0

9,8

11,1

20,5

12,1

1,7

2,2

8,9

18,6

31,7

15,1

TOTAL

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

Fuente: Elaboración propia con base en CEPALSTAT/División de Población de la Comisión Económica Para América Latina (a partir de las Encuestas Nacionales de Hogares)


Anexo 2. Tipos de hogares según el sexo de la jefatura del hogar, a nivel nacional y según ámbito de residencia urbano y rural entre 2001 y 2020 (en porcentaje del total de los hogares)

ÁMBITO DE RESIDENCIA

Tipos de hogar

2001

2010

2020

Jefe hombre

Jefa mujer

Jefe ambos sexos

Jefe hombre

Jefa mujer

Jefe ambos sexos

Jefe hombre

Jefa mujer

Jefe ambos sexos

NACIONAL

Hogares nucleares biparentales con hijo(s)

45,4

0,8

46,1

41,4

1,5

42,9

36,1

4,1

40,2

Hogares nucleares biparentales sin hijo(s)

4,4

0,1

4,5

6,8

0,3

7,1

9,2

1,0

10,2

Hogares monoparentales

2,0

7,4

9,4

1,7

8,8

10,5

2,5

11,6

14,1

Hogares compuestos

2,7

0,5

3,2

2,8

0,8

3,6

0,8

0,4

1,2

Hogares extendidos

19,8

8,5

28,2

16,6

8,6

25,2

12,5

8,9

21,4

Hogares unipersonales

52

3,1

8,2

5,6

4,9

10,4

7,0

5,8

12,8

Hogares sin núcleo

0,1

0,2

0,3

0,1

0,1

0,2

0,1

0,1

0,1

TOTAL

79,5

20,5

100,0

75,0

25,0

100,0

68,2

31,8

100,0

URBANO

Hogares nucleares biparentales con hijo(s)

43,1

0,9

43,9

40,1

1,7

41,8

34,3

4,5

38,8

Hogares nucleares biparentales sin hijo(s)

3,7

0,1

3,9

5,9

0,4

6,2

7,7

1,0

8,7

Hogares monoparentales

2,1

8,0

10,1

1,7

9,9

11,6

2,8

12,6

15,3

Hogares compuestos

3,0

0,7

3,7

3,1

0,9

4,1

0,9

0,4

1,4

Hogares extendidos

21,1

9,6

30,6

16,6

9,5

26,1

13,2

10,3

23,4

Hogares unipersonales

4,9

2,6

7,5

5,4

4,4

9,9

6,8

5,4

12,2

Hogares sin núcleo

0,2

0,1

0,3

0,1

0,1

0,2

0,1

0,1

0,1

TOTAL

78,0

22,0

100,0

73,0

27,0

100,0

65,7

34,3

100,0

RURAL

Hogares nucleares biparentales con hijo(s)

50,4

0,6

51,0

45,5

0,7

46,2

42,9

2,3

45,2

Hogares nucleares biparentales sin hijo(s)

6,0

0,1

6,1

9,4

0,3

9,7

14,7

0,7

15,4

Hogares monoparentales

1,8

6,2

7,9

1,6

5,6

7,2

1,6

7,9

9,5

Hogares compuestos

1,9

0,2

2,1

2,0

0,4

2,4

0,4

0,1

0,5

Hogares extendidos

16,9

6,0

23,0

16,5

5,8

22,3

10,1

4,1

14,2

Hogares unipersonales

5,8

3,9

9,8

6,0

6,1

12,1

7,5

7,5

15,1

Hogares sin núcleo

0,1

0,2

0,2

0,1

0,1

0,2

0,0

0,1

0,1

TOTAL

82,9

17,1

100,0

81,1

18,9

100,0

77,3

22,7

100,0

Fuente: Elaboración propia con base en CEPALSTAT/División de Población de la Comisión Económica Para América Latina (a partir de las Encuestas Nacionales de Hogares)

Notas


[1] Fuente: Plataforma CEPALSTAT administrada por la División de Población de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). Consultado en: https://statistics.cepal.org/portal/cepalstat/dashboard.html?theme=1&lang=es

[2] Para este periodo, las estimaciones de la fecundidad proceden de las Encuestas Nacionales de Demografía y de Salud Familiar (ENDES).

[3] Ver ficha técnica:

https://statistics.cepal.org/portal/cepalstat/technical-sheet.html?lang=es&indicator_id=4618

[4] Consultado en:

https://statistics.cepal.org/portal/cepalstat/dashboard.html?theme=1&lang=es