DOI: http://dx.doi.org/10.19137/pys-2022-290201

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PRESENTACIÓN

Introducción al dossier: Antiguas y nuevas dinámicas de migración y movilidad de argentinos/as desde y hacia España: un campo de estudio en expansión

Introduction to the dossier: Historical and current dynamics of migration and mobility of Argentines to and from Spain: an expanding field of study

Fernando Osvaldo Esteban 

Departamento de Sociología y Antropología Social,

Universidad de Valencia, España.

fernandosvaldoesteban@gmail.com

Patricia Jimena Rivero 

Instituto de Humanidades,

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas,

Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.

patriciaj.rivero@gmail.com

Daniela Herrera Rubalcaba 

Departamento de Geografía, Historia y Humanidades,

Universidad de Almería, España.

dhr590@ual.es

Recibido: 30/09/2022 - Aceptado: 20/10/2022

Introducción

Las migraciones desde y hacia España y Argentina datan de la época de la colonia, pero puede decirse que cobran entidad en la era de la migración masiva (Castles y Miller, 1998). Se estima que en torno a dos millones de españoles llegaron a la Argentina entre finales del S. XIX y comienzos del S. XX. Desde entonces hay constantes flujos migratorios en un sentido u otro que oscilan según diversas coyunturas nacionales (como crisis económicas o contextos políticos represivos). A consecuencia de ello un espacio social, económico y cultural transnacional de grandes dimensiones vincula a ambos países.

Las migraciones de españoles a la Argentina se han constituido en un prolífico campo de estudio a partir de los años 70 del S. XX, principalmente desde la historia (ver el trabajo pionero de Nicolás Sánchez Albornoz 1988, entre otros). En cuanto a las migraciones de argentinos hacia España, se erigieron como objeto de investigación un poco más tarde, en los años ‘90, y componen un campo aún en expansión. Los primeros trabajos fueron investigaciones históricas sobre el exilio durante la última dictadura militar. Posteriormente, en la primera década del S. XXI y desde la sociología, comenzaron a analizarse las migraciones económicas en el marco del mayor flujo de emigración de nativos de la historia argentina (2001-2004).1 Actualmente, se están analizando retornos y diferentes tipos de movilidades (re-emigraciones, migraciones circulares, migraciones calificadas, etc.) que se han ido configurando con el transcurso del tiempo en el que ya es un complejo y vasto subsistema migratorio (Rivero, 2018 y 2019).

Este Dossier pretende ser un aporte a este campo de estudio que aún se encuentra en pleno desarrollo. A continuación, describimos los flujos migratorios más importantes y la producción científica que se ha realizado en torno a ellos. Posteriormente, presentamos cada uno de los artículos que componen este Dossier y una especie de agenda con los temas que aún restan explorar de cara a futuras investigaciones.

Pioneros y exiliados políticos de la última dictadura militar

La información demográfica sobre las migraciones de argentinos a España es muy limitada hasta la década del 90 del Siglo XX. Sabemos que antes de la Guerra Civil española ya existía una colonia de ciudadanos argentinos residiendo en España. El Censo de 1930 identificó a 3.629 personas. Una vez superada la posguerra, en 1950 se contabilizaron 6.463 argentinos además de 11.921 españoles nacidos en Argentina. En ambos grupos se registró un importante predominio femenino, una fuerte concentración en el grupo de 25 a 44 años de personas que no superaban la escolarización primaria. El primer grupo se mantuvo en volúmenes similares hasta mediados de los setenta. De acuerdo a las investigaciones de Esteban (2015), la migración argentina que llegó a España hasta mediados de los setenta estuvo compuesta principalmente por familiares retornados de españoles emigrados a la Argentina.

Desde el comienzo de la violencia política en Argentina, hasta el final de la dictadura militar, se produjo un significativo flujo migratorio de argentinos a España. Probablemente durante el período más sanguinario de la represión, entre 1976 y 1979, la mayor parte de esa migración estuvo compuesta por exiliados políticos. Pero en la medida que éstos se sumaron a flujos preexistentes (retornos, re-emigraciones y reagrupaciones familiares de la migración española a Argentina) y considerando la fuerte crisis económica que afectó al país a comienzo de 1980, hay evidencia para pensar que este flujo también estuvo compuesto por migrantes económicos (Mira Delli-Zotti y Esteban, 2003; Actis y Esteban, 2007).

El saldo migratorio durante este período es controvertido, según las fuentes disponibles. Por un lado, considerando residentes y nacionalizados a 1986, se observa un aumento de 10.700 efectivos y un stock de argentinos en España de 18.800. Por otro lado, el censo de 1981 registró a 34.780 personas nacidas en Argentina. De un modo u otro, estas estimaciones distan mucho de otras publicadas en el pasado.2 El Censo de Población de 1981 permite conocer algunas características de la población de nacionalidad argentina: un equilibrio entre los sexos (52% de mujeres); un predominio del segmento entre 25 y 44 años (40,2%) equilibrando una estructura en la que presentaban peso similar la población joven y la de mayor edad. Ello refleja la presencia de personas llegadas en diferentes momentos: grupos familiares, con hijos menores de edad, arribados durante la dictadura y personas mayores y ancianas arribadas en años anteriores.

La producción científica sobre este período tiene, principalmente, dos enfoques. Desde una perspectiva sociológica se estudia la composición de los flujos y su volumen, así como sus pautas de asentamiento y las políticas públicas que los encauzan (Mira Delli- Zotti y Esteban, 2003; Actis y Esteban, 2008). También se han explorado otros temas como las representaciones de la migración en el cine (Mira Delli-Zotti y Esteban, 2008) y la reconstrucción de la identidad en el exilio (Del Olmo Pintado, 2003). Pero ha sido desde la historia reciente, donde encontramos una producción de conocimiento abundante y que ha fundado una línea de investigación propia. Nos referimos a los trabajos sobre el exilio argentino en España de Silvina Jensen (1998) y Guillermo Mira Delli-Zotti (2003). El primero enfocado en Barcelona y el segundo en Madrid. Estos trabajos pioneros han sido punta de lanza de una gran cantidad de investigaciones posteriores donde destaca el retorno (Lastra, 2013 y 2014); la memoria histórica (Winn et al., 2014), la represión y militancia (Jensen y Lastra, 2014), y las comparaciones entre exilios (Jensen y Coraza, 2009; Jensen y Yankelevich, 2007).

Las migraciones económicas durante el cambio de siglo


El inicio de la democracia en 1983 no produjo una reducción en el flujo de salidas del país, más bien coexistieron desplazamientos en ambas direcciones: exiliados que retornaban y nuevos emigrados económicos, entre estos también ex exiliados que re-emigraban después de un intento frustrado de retorno. Durante este periodo las investigaciones se enfocaron en brindar un panorama general de los procesos migratorios recientes en Argentina y en el retorno de los exiliados y su inserción social. Entre otras, destacan las obras de Maletta y Szwarcberg (1985); Bertoncello y Lattes (1986); Maletta, Szwarcberg y Schneider (1986); Mármora y Gurrieri (1988); Maletta (1988); Lattes y Oteiza (1986).

Volviendo al caso de España, la información sociodemográfica más completa sobre este período la encontramos en los trabajos de Actis y Esteban (2007 y 2008). Según los autores, la década de 1980 se caracterizó por una emigración fluida a causa del progresivo deterioro de la coyuntura económica argentina, en particular, durante la crisis de hiperinflación. Considerando las cifras de residentes y nacionalizados3 en 1992 había 33.059 argentinos en España. Si comparamos esa población con la que existía en 1983, se observa un incremento de 20.188 efectivos (157%). Se trata de una proporción similar a la etapa del exilio (132%), con crecimientos importantes en los años más agudos de la crisis: 1989 (10%), 1990 (10%) y 1991 (11%).

Según los mismos autores, durante esta etapa la inmigración mostró un ligero predominio masculino que se incrementó en los momentos de mayores entradas. También se constata una disminución del nivel educativo de los inmigrantes.4 A pesar de ello, el perfil ocupacional de los argentinos seguía destacando respecto al de otros inmigrantes no comunitarios: casi no trabajaban en el sector agrícola, se concentraban menos en el sector servicios y presentaban niveles de profesionales y técnicos que triplicaban los valores medios de otros colectivos.5 La migración económica de los ochenta continuó llegando a destinos con presencia anterior de argentinos, especialmente zonas de la costa (Canarias, Baleares, Málaga y Alicante) y disminuyó en destinos tradicionales como las provincias de Madrid y Barcelona.

Durante la década del noventa, en concreto desde 1993 hasta 1999, se produjo un receso de la migración de argentinos a España producto de la estabilización y mejora de la situación económica en Argentina. Pero a partir de 2000 y hasta 2004 se produjo el mayor flujo migratorio registrado hasta el presente. Se ha denominado el flujo del corralito (Actis y Esteban, 2007; 2008). Se registró un incremento de 207% en el stock de argentinos empadronados en España (de 70.491 personas en 1999 a 260.386 en 2004). Esta tendencia continuó hasta 2008, pero de forma muchísimo más moderada. La dinámica migratoria estaba en sincronía con el desarrollo de la crisis económica y social en Argentina.

Mira Delli-Zotti y Esteban (2003), Actis y Esteban (2007 y 2008); Esteban (2007), Calvelo (2008 y 2011) y Actis (2011) aportaron evidencia de que el país entraba en un nuevo patrón migratorio o una complejización del existente: continuó siendo un importante receptor de inmigrantes extranjeros a la vez que se transformó en emisor de flujos migratorios, especialmente hacia Europa y sobre todo a España. Cacopardo, Maguid y Martínez (2007) y Maguid y Martínez (2008) profundizaron en esa línea y se preguntaron en qué medida este patrón fue compartido por el resto de los países sudamericanos.

Han sido varios los estudios dedicados a analizar los motivos de la emigración. Todos resaltaron la heterogeneidad de perfiles socioeconómicos. Esteban (2015) y Schmidt (2009) encontraron que, además de personas que huyeron de un desmejoramiento intenso de las condiciones de vida, migraban también jóvenes de clase media como parte de un proceso de emancipación y personas que escapaban de una pobreza de futuro. Jiménez Zunino (2011) enfocó las migraciones desde la Teoría de la Práctica de Pierre Bourdieu y sostuvo que la emigración era parte de una estrategia de reproducción social de segmentos de las clases medias ante la imposibilidad de mantener la posición de clase en Argentina. Gandini (2015) demostró que la decisión de emigrar guardó una estrecha correspondencia con los eventos del curso de vida. Así, quienes emigraron en una etapa inicial de la vida, la migración fue una transición que posibilitó el paso a la adultez, quienes lo hicieron en una etapa media buscaban una mejor inserción laboral y los que emigraron en un momento más avanzado huían del impacto de la crisis.

Son escasos los estudios que abordaron la incorporación al mercado de trabajo español. Esteban, en sucesivos acercamientos (2013, 2017 y 2018) constató a través de datos estadísticos que la emigración representó, en un primer momento, una pérdida de estatus neta para la mitad de los argentinos. Los que habían ocupado empleos de cuello blanco en su última actividad económica en Argentina experimentaron un proceso de proletarización después de la llegada a España. Por el contrario, para una minoría la emigración significó una oportunidad para progresar en la pirámide ocupacional, trabajadores de cuello azul que se movieron hacia categorías intermedias. Los sentidos e intensidades de la movilidad fueron análogos en ambos sexos, no obstante, las mujeres padecieron la movilidad descendente en mayor medida que los hombres porque partían de una situación más ventajosa en el mercado de trabajo argentino. Esteban (2015) también encontró que el estatus ocupacional varía de forma decisiva de acuerdo al período de llegada, de manera que a menor tiempo peores condiciones de trabajo, y que el nivel educativo aparece como un requisito indispensable pero no suficiente para escalar en la pirámide ocupacional.

Gandini (2015) y Castellanos (2006) analizaron trayectorias de inserción en el mercado de trabajo desde una perspectiva cualitativa. La primera encontró trayectorias de inserción laboral en posiciones propicias y deficitarias y, en sintonía con Esteban (2015) que éstas tendían a converger con el paso del tiempo. Además, observó que la regulación social y económica por parte del Estado permitió sobrellevar el costo de ingreso al trabajo, así como la permanencia en espacios laborales deficitarios. Castellanos (2006) planteó que para comprender el éxito o fracaso de las trayectorias laborales se debe atender a las especificidades territoriales de los mercados de trabajo, los proyectos migratorios y las situaciones de vulnerabilidad, entre ellas, la propia condición de inmigrante. Estos factores, y las aspiraciones de progreso socioeconómico de la clase media, explicarían una gran cantidad de proyectos migratorios inconclusos o frustrados con movimientos de retorno. La idea de expectativas y anhelos no satisfechos también se encuentra en Palomares, Castiglione y Nejamkis (2007) y –con matices– en Gandini (2015).

Sarrible (2000) y Vives-González (2011) analizaron la incorporación de los migrantes en relación con las categorías administrativas que afectan a la inmigración y la ciudadanía en el lugar de destino. Garzón Guillén (2006) hizo lo propio a partir de la teoría de los campos de Bourdieu. Para este autor, el hecho de que los inmigrantes argentinos tuvieran un acceso más fácil a la ciudadanía comunitaria (española e italiana, sobre todo), ha sido un factor determinante para la integración social. No obstante, cierta similitud étnica, fenotípica, entre los inmigrantes argentinos y la población nativa española no tuvo un efecto positivo como se esperaba a priori (Garzón Guillen 2007; Cook-Martin y Viladrich, 2012).6 

Finalmente, un tema interesante, aunque aún poco desarrollado son las redes sociales de los inmigrantes argentinos. Hay dos trabajos pioneros dedicados a describir una red social transnacional que vinculaba las ciudades de Mar del Plata y Palma de Mallorca (Jofre, 2003 y González Martínez, 2009). Familiares y amigos de marplatenses residentes en el archipiélago que se desplazan, definitiva o temporalmente, para trabajar en el sector turístico.

Retornos y nuevas movilidades emergentes durante la Gran Recesión

La crisis económica que afectó a España entre 2009 y 2015, aproximadamente, tuvo consecuencias importantes sobre la población extranjera y los flujos migratorios. Por una parte, se incrementaron los retornos y las re-emigraciones y, por otra, se redujo la llegada de nuevos inmigrantes mediante una reorientación de la política migratoria (Cebrian et al., 2010). Comenzaba así una nueva etapa, dejando atrás quince años de expansión económica y de inmigración masiva sin precedentes en la historia española. Obviamente, esta situación afectó a la población argentina asentada en España, sobre todo los arribados en el flujo del corralito, y a las migraciones por venir.

En la Figura 1 observamos una postal del retorno. Entre 2008 y 2014 se produjeron flujos de emigración desde España a la Argentina con más de 13.000 movimientos migratorios anuales con picos en 2009 y 2010. En torno al 80% aproximadamente son movimientos de personas nacidas en Argentina, alrededor del 10% de personas nacidas en España y un porcentaje similar de personas nacidas en otros países. En el caso de los nacidos en España se trata, presumiblemente, de hijos menores nacidos durante la migración que viajan con sus progenitores.

En la Figura 2, a partir de datos de altas y bajas en el padrón municipal de habitantes, se observa la reducción de la llegada de argentinos a España (altas) a partir de 2005, fruto de la estabilización económica en Argentina, y la profundización de esa tendencia a partir de 2008 con el comienzo de la crisis en España. Desde ese momento y hasta 2015 aumentaron los retornos y las re-emigraciones (bajas) produciéndose un saldo migratorio negativo. A partir de 2016 las llegadas vuelven a superar a las salidas y el saldo migratorio se torna positivo.

Nuevos estudios, como el de Herrera (2022), evidenciaron que estos flujos de migrantes argentinos retornados durante la Gran Recesión no se movieron únicamente por motivos económicos, más bien revelaron que este tipo de movilidades estuvieron atravesadas por diversas aristas (origen social, capitales, edad o momento biográfico, género, acontecimientos socio-históricos, nacionalidad) capaces de estructurar la trayectoria migratoria y orientarla a experimentar una mayor o menor movilidad.

Otros trabajos (Rivero, 2019) se centraron en los procesos de decisión de argentinos/as que regresaron de España a la Argentina en contextos de crisis (2008-2017), poniendo el foco en las motivaciones, expectativas e incluso en torno a las ambivalencias que dicha decisión les generó. Se podría decir que la principal puesta en valor de estos trabajos ha sido comprender el retorno a partir del análisis de los condicionantes (micro-individual, meso-relacional y macro-estructural) y en cómo estos contribuyeron a reconfigurar los proyectos migratorios de las y los argentinos. Un aporte central de esta camada de investigaciones es que la mayor parte de trabajos académicos han abordado el retorno latinoamericano bajo el supuesto de que la recesión ocasionada desde el 2008 había sido un factor de primer orden en la decisión de los retornos, dando poco o casi nada de espacio a la posible influencia de los contextos de la sociedad de origen. Investigaciones como las de Rivero (2018, 2018a y 2019) mostraron que el peso del contexto en el país de origen –en tanto contexto de atracción– fue determinante.

Figura 1. España. Flujo de emigración con destino a la Argentina por país de nacimiento (España, Argentina y otros). 2008-2021


Fuente: Encuesta de Migraciones, INE

Por último, el trabajo de Rivero y Martínez (2021) muestran, a partir de una perspectiva transnacional, cómo en el retorno las y los argentinos movilizaron ciertos recursos, siendo uno de los más significativos el pasaporte europeo. Las autoras se proponen identificar los significados que los retornados le otorgan a la ciudadanía múltiple o doble nacionalidad analizando los relatos de aquellos retornados que poseen ciudadanía europea a través de sus ancestros (nacionalidad adscripta) y de los que la han adquirido después de su estancia migratoria (nacionalidad adquirida). Los resultados muestran que los significados identificados difieren según el perfil, sea este adscripto o adquirido, pero poseen elementos en común. Uno de los más significativos es que la posesión de pasaportes europeos implica un proceso de acumulación de capital para suplir deficiencias de la ciudadanía de origen al tiempo que puede facilitar la movilidad geográfica y social, y con ella transformarse en otras formas de capital (humano, financiero, social). Llegado el caso en Argentina hubiera una desestabilización económica, política o social, los pasaportes europeos permitirían ampliar las redes y el capital social de los retornados y de sus hijos e hijas, pero también de aquellos que no tienen experiencia migratoria. Aunque algunas personas puede que hayan regresado a la Argentina con las manos vacías (recursos tangibles e intangibles, en palabras de Cassarino, 2004), el pasaporte europeo implica la adquisición de un activo, concebido como un recurso importante, un privilegio y una meta conseguida.

Además, estos estudios realizados desde una perspectiva transnacional (Glick-Shiller, Basch y Blanc-Szanton (1992) y multisituada (Marcus, 2001) pusieron sobre la mesa la hipótesis acerca de que ciertas modalidades de retorno -como las re-emigraciones y las migraciones circulares- podrían estar contribuyendo en la conformación de una nueva pauta migratoria entre España y Argentina (Rivero, 2018; 2019; Herrera, 2022).

Figura 2. España. Saldos, altas y bajas de personas empadronadas nacidas en argentina (1998-2021)

Fuente: Estadística de Variaciones Residenciales. INE. Elaboración propia.

El flujo del COVID: nuevas migraciones durante y después de la pandemia

Como comentábamos anteriormente, en el año 2015 hay un cambio de ciclo migratorio, pero fue en 2017 cuando se percibe un incremento significativo de la llegada de argentinos a España que continúa creciendo hasta superar las 30.000 entradas en 2019 y en 2021. El descenso brusco de 2020 estuvo fuertemente atravesado por la cancelación del tráfico aéreo como consecuencia de la pandemia y la COVID-19. No obstante, en semejante coyuntura global, que se produjeran en torno a 20.000 entradas ese año habla a las claras de que se trata de una tendencia firme.

El stock de población evoluciona según la tendencia que muestran los flujos migratorios, aunque en el Padrón de Habitantes los datos se reflejan al año siguiente. En la Figura 3 vemos que el stock de argentinos en España comienza a descender en 2010 (pasa de 295.401 a 291.740 personas) y continúa descendiendo hasta 2016 (hasta las 249.963 personas). Es decir, en siete años la población argentina en España se redujo en 45.538 efectivos (el 15,4% del total que residía en 2009).

A partir de 2017 el stock comienza a aumentar progresivamente, y en 2020 se acelera el empadronamiento con 24.700 efectivos más, alcanzando un volumen total similar al que existía en 2009, antes de la crisis (293.037 personas nacidas en Argentina). En 2020 se ralentiza el crecimiento, producto de la pandemia, y en 2021 continúa la tendencia creciente con 25.000 personas más empadronadas. Si bien no estamos frente a cifras como las de 2002, 2004 y 2005, con 33 nuevos inmigrantes al año, las 24 y 25 mil entradas anuales en 2019 y 2021 muestran una tendencia que permite responder la pregunta planteada por Cerruti y otras en este Dossier: efectivamente, a día de hoy los datos muestran el comienzo de un nuevo ciclo migratorio en 2016, el flujo del COVID. 

Figura 3. Población nacida en Argentina empadronada en España según sexo. 2008-2022


 Fuente: Padrón Municipal de Habitantes, INE

A falta de datos definitivos y una explotación exhaustiva del Padrón de Habitantes, a día de hoy puede decirse que continúa existiendo un equilibrio entre la cantidad de hombres y mujeres nacidos en Argentina empadronados en España (164.404 frente a 163.029 respectivamente). Si bien en los últimos seis años se han registrado incrementos de magnitudes similares en ambos grupos, las mujeres aumentaron ligeramente más: en 2022 hay 37.773 hombres y 39.797 mujeres más que en 2016. De confirmarse esta tendencia, significaría un cambio respecto a flujos migratorios anteriores donde emigraron más hombres.

La llegada de personas jóvenes mantiene rejuvenecida al conjunto de la población argentina en España: a 1º de enero de 2022 el 36% tienen entre 20 y 40 años, y el 75% está en edad de trabajar. Asimismo, se observa que un 7,6 % tienen menos de 20 años, lo cual demuestra una importante presencia de grupos familiares con dos generaciones. En cuanto a la nacionalidad con la cual residen en España, un 29% (93.953 personas) tiene nacionalidad argentina, entre las cuales 22% (71.814) tiene registro de residente o autorización para residir. Es decir, que en torno a 22 mil argentinos (un 7%) se encontrarían en situación irregular a principio de 2022.

Hacia una nueva agenda de investigación

Como hemos visto, en la etapa de las migraciones económicas (de 1984 a 2004) se ha consolidado el campo de estudio de las migraciones de argentinos a España, pues en ella se complejiza la discusión precedente y se generan nuevas categorías y preguntas de investigación. En la etapa posterior, el uso cada vez más extendido de la perspectiva transnacional y los análisis multiescalares ha permitido vincular escalas locales y globales y cuestionar las dicotomías entre origen/destino, emigración/retorno, expatriación/repatriación (Rivero y Navarro-Conticello, 2020), ampliando el campo de estudios. No obstante, aún quedan muchas cuestiones pendientes, máxime cuando la etapa abierta en 2016 plantea nuevos interrogantes.

Con la intención de ir transitando ese camino pensamos este Dossier. El resultado son tres artículos que proponen perspectivas diferentes pero complementarias, de corte cuantitativo y cualitativo. En el primer caso, el texto de Analía Ameijeiras, Marcela Cerruti y Alicia Maguid se apoya en el análisis de datos estadísticos procedentes de diversas fuentes, pero destaca una en particular: una ambiciosa encuesta a migrantes retornados (Proyecto TEMPER, Temporary vs. Permanent Migration). Se trata de una herramienta metodológica extraordinaria que dota al texto de argumentos sólidos sobre los que se puede continuar construyendo teoría.

Así, a partir de datos estadísticos, el artículo echa luz sobre tres cuestiones centrales. La primera es que pone de relieve la frecuente labilidad de los proyectos migratorios, tanto los de ida como los de retorno, y la distancia entre las expectativas y las experiencias que depara la migración. La segunda, conectada con la anterior, es que confirma la existencia de migraciones circulares (Rivero, 2018; 2018a, 2019), aunque sostienen que no constituyen un patrón frecuente pero que son procesos empíricamente observables. Y la tercera cuestión confirma que las motivaciones para emigrar y retornar a la Argentina no son sólo económicas, sino también familiares e inspiradas en un profundo deseo por cambiar estilos de vida. De esta forma, abre un camino para nuevas investigaciones que incorporen otro tipo de enfoque, más asociado con el denominado lifestyle migration, en el cual se analizan variables relacionadas con el bienestar emocional, espiritual.

Los otros dos artículos que componen este Dossier están enfocados desde una perspectiva cualitativa. El texto de Jose Navarro-Conticello analiza críticamente los imaginarios sociales de España como destino de la emigración argentina en el discurso de los dos principales medios de prensa online argentinos. A partir del análisis de 20 noticias publicadas en el último año en cada periódico, concluye que aparecen tres grandes tipos de imaginarios a ese respecto. El más importante es aquel que representa a España como tierra de oportunidades disponibles para ser aprovechadas por aquellos/as argentinos/as que deseen instalarse allí. El segundo se refiere a las dificultades de esos movimientos migratorios. Y el tercero presenta una caracterización de las capacidades que España demandaría de un inmigrante para que su incorporación a la sociedad de destino sea exitosa, configurando una suerte de tipo ideal de migrante argentino. En conjunto, estos imaginarios contribuyen a reforzar la deseabilidad de este destino, jerarquizándolo y posicionándolo como un premio atractivo que no está al alcance de cualquiera.

El texto de Navarro-Conticello constituye un aporte a una línea de investigación abierta con el flujo del corralito (Castiglione y Cura, 2005; Schmidt, 2010) pero que aún es incipiente. El análisis de las representaciones sociales de la migración y los migrantes argentinos en el cine, la televisión y las redes sociales, si bien cuenta con algunos acercamientos pioneros (Mira Delli-Zotti y Esteban, 2008; Schmidt, 2009), es un campo con enorme potencialidad para futuras investigaciones.

Por último, el artículo de Laura Cassain observa las migraciones de retorno de argentinos residentes en España con la lente puesta en las crisis de Argentina (2001-2004) y de España (2009-2014). A partir de una estrategia de investigación que conjuga una etnografía multilocal y un análisis biográfico, la autora encuentra una relación entre ambos períodos históricos porque conectan los lugares de partida/destino y articulan sentidos que guían la acción: la emigración y el retorno. En el caso de este último, la autora también encuentra que la crisis produjo un resquebrajamiento del imaginario de España como parte del primer mundo, como lugar de prosperidad, bonanza, desarrollo económico y social.

Este enfoque es particularmente útil en este momento para pensar los actuales flujos migratorios porque la Guerra en Ucrania, la crisis energética y la inflación presentan nuevos desafíos a los jóvenes argentinos que están emigrando a España, a pesar de que no recuerdan o no han vivido las crisis del pasado.

Pensemos, además, que estos nuevos inmigrantes se comunican y cooperan a través de plataformas virtuales (Facebook, Instagram, WhatsApp). Y si bien se han realizado algunos acercamientos al asociacionismo inmigrante (Mira Delli-Zotti y Esteban, 2007, entre otros), falta conocer cómo opera esta nueva modalidad.

La participación política de los inmigrantes, tanto en España como en Argentina, también es otro tema a explorar. Hay abundantes trabajos sobre las actividades políticas de los exiliados argentinos de la última dictadura militar, pero nada sabemos sobre cómo votan o participan en política los inmigrantes que llegaron después.

En los centros de las ciudades españolas hay cada vez más tiendas que ofrecen empanadas argentinas, pizzas y asados criollos, emprendimientos que apelan a cierta identidad argentina y, aunque aún está lejos de convertirse en un enclave étnico (tal como ha sido definido por Wilson y Portes, 1980), constituyen un issue interesante por explorar en el futuro.

En suma, la lista de temas de una agenda para futuras investigaciones sobre la inmigración argentina a España es amplia e imposible de agotar aquí: segundas generaciones, remesas (de dinero, pero también de conocimiento), reagrupaciones familiares, migraciones calificadas, entre otras temáticas. Le toca a las y los nuevos/as investigadores continuar avanzando en la construcción de este objeto de conocimiento.

Referencias

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Notas

1 Como sostiene Benencia (2012), el perfil migratorio de Argentina cambió a mediados del Siglo XX, porque ya no solo era un país receptor sino también emisor de flujos migratorios internacionales. Al mismo tiempo, la composición y la direccionalidad de los flujos se fue haciendo cada vez más diversa (incorporando nuevos países de origen y de destino, perfiles educativos, demográficos y educacionales de los migrantes, motivos de los desplazamientos, etc.).  El reconocimiento de la complejidad creciente del fenómeno y la necesidad de conocerlo llevaron a la construcción paulatina del campo de estudios migratorios en nuestro país (Rivero y Navarro-Conticello, 2020).  

2 Por ejemplo, Zuccotti (1987) hablaba de 240.000 argentinos en España y el Colectivo IOE (1987) de 42.000 al final de la dictadura.

3 El Censo de 1991 subestimó de manera considerable el volumen de inmigrantes en España. En el caso de los argentinos hubo 20.800 censados frente a 21.500 inscriptos en el Registro de Residentes un año después.

4 A partir de 1988 es posible acceder a información referida a la titulación académica. Así encontramos una disminución entre 1988 y 1992 de personas con educación secundaria y un incremento de personas con educación primaria (Actis y Esteban 2007 y 2008).

5 Según consta en la estadística de permisos de trabajo del Ministerio del Interior.

6 Oso, Golías y Villares (2008) denominan migración de retorno a las raíces a la migración a Galicia de descendientes de gallegos y advierten que los vínculos culturales y los lazos familiares con autóctonos son factores importantes para la integración social pero no son suficientes. La situación jurídica, la composición de los flujos (sexo, edad), el nivel educativo, el tipo de migración (familiar o individual), también son factores decisivos.