https://dx.doi.org/10.19137/praxiseducativa-2023-270101


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EDITORIAL

Habitar la universidad y las escuelas

María Graciela Di Franco

Universidad Nacional de La Pampa, Argentina

chdifranco@gmail.com

ORCID  0000-0002-6312-1825

Habitar es mucho más que estar, permanecer u ocupar un espacio. Habitar involucra acción y reflexión y, por lo tanto, es una invitación a la praxis. Praxis entendida como un proceso permanente y continuo, que abarca la totalidad de la trayectoria formativa de las personas que en ella participan. La praxis es, sin dudas, uno de los contenidos más recurrentes en las diferentes materias de todas las carreras de nuestra Facultad e implica siempre una relación dialéctica, no rectilínea entre teoría y práctica; es siempre situada; es deliberativa y reflexiva; se da siempre con otras y con otros, nunca en soledad. Facultad de Ciencias Humanas, UNLPam, Resolución 435-CD-2022.

Encontrarnos en este habitar es el desafío amoroso y afectante que necesitamos sostener. Urgente, nuevo, compartido, propio, local, innovador, continente. Un habitar que articule espacios, teorías y prácticas entendidas como reflexión sistemática, crítica y situada. Habitar en la praxis, pensando los tiempos posteriores a la pandemia donde se hacen propios aprendizajes y se analizan posibilidades formativas a fin de profundizar la institucionalización del Campo de las Prácticas después de dos años de continuidad condicionada por el cierre de la educación formal a través de recursos no farmacéuticos como medida sanitaria para el control de la pandemia.

Allí proponemos desde toda la formación, en especial desde el Campo que nos convoca día a día, nos proponemos volver a la escuela. Y como diría Carlos Skliar volver como comunidad de pensamiento encarnado en el mundo: volver a hacer escuela (2022).

Revitalizar la urgente necesidad de la comunicación con lxs otrxs, con el territorio, acercó una bocanada de aire fresco pensando en la construcción articulada. El fuerte silencio generado en pandemia comenzaba a tomar voz propia. El trabajo se organiza con docentes, estudiantes.  La socialización y sistematización de los conocimientos construidos da cuenta de un particular modo de seguir pensando una formación integral, crítica, comprometida, ecológica, decolonial. Y como diría Faria (2009) a partir de metodologías participantes (que las distingue de las participativas que son definidas y planificadas por otros). Aquí somos sujetxs del proceso trabajando juntxs a favor de formas democráticas que las prescripciones curriculares de otras racialidades. Este mapeamiento participante (Faria, 2018) nos ha sido útil en tanto demostración del agenciamiento de nuestra propia historia –para analizar los caminos andados– y como confirmación de la institucionalización de los vínculos en las funciones universitarias. Una historia construida “desde abajo” que comienza a poner en cuestión los saberes heredados y los modos de planificar más técnicos, instrumentales y fragmentados; que pone en valor el diálogo entre disciplinas, la inserción en el proceso social, el conocimiento situado, la articulación con los contextos escolares y los barrios, las relaciones entre asignaturas, docentes, estudiantes, graduadas/os, militantes.

Este habitar permitió pensar el plan de estudio como territorio en construcción, un campo de lucha que pone en tensión dimensiones, perspectivas que disputan el sentido del legado de saberes coloniales, la organización de la universidad como institución formadora y las relaciones entre teorías y prácticas.

En estos años de trabajo podemos aportar desde la investigación a una pedagogía de la formación que no solo involucre al campo de las prácticas sino al conjunto de la propuesta formativa. Esta formación integral nos implica a todxs institucionalmente y de este modo ponemos a dialogar los conocimientos para repensarlos en relación con la comprensión y reflexión de situaciones concretas de enseñanza. De ese modo la práctica constituye el espacio donde se usan los conocimientos como herramientas del trabajo docente para diseñar enseñanzas y para poder intervenir (Alliaud, 2021).

Este es un ejercicio que activa una organización cada vez más solidaria donde se articulan distintos modos de colaboración y donde se establecen vínculos cada vez más horizontales. Se suma también una coordinación compartida, no directiva en cada profesorado donde se valora la capacidad de trabajar en comunidad. Esta cultura colaborativa se sostiene consolidando en el tiempo la implementación de estos planes y así ha adquirido una marca identitaria institucional.

Podríamos señalar que comienza a tomar la forma de una comunidad de práctica (Wenger, 2001) por el compromiso mutuo, compartido, el sentido de una tarea conjunta y la puesta en acto de acciones y propuestas implementadas, diseñadas, revisadas y resignificadas a la luz del trabajo y del sentido de esta formación integral. Como comunidad de práctica nos constituimos con la finalidad de desarrollar un conocimiento especializado, de informar y comunicar experiencias, aprendizajes basados en la reflexión compartida sobre participación, reflexión y experiencias prácticas.

La práctica implica la capacidad de intervención y de enseñanza en contextos reales complejos ante situaciones que incluyan distintas dimensiones y una necesaria reflexión, a la toma de decisiones y, muchas veces, hasta al tratamiento contextualizado de desafíos o dilemas éticos en ambientes sociales e institucionales (Davini, 2015).

Habitar la universidad y las escuelas implica:

-Cartografiar prácticas otras

Este es el sentido de cartografiar prácticas otras de conocimiento (Leyva Solano, 2015), y de trazar rutas de conocimientos distintos que ayuden y que reorienten nuestro hacer, nuestro ser, nuestro sentir y nuestro pensar y la construcción de alternativas donde esas prácticas de conocimiento se lleven adelante. Se dialogó en distintos encuentros de diseño, planificación y evaluación compartidas en mesas de trabajo por carreras.

La tarea compartida permitió seleccionar ejes prioritarios por carrera, por materia o grupo de materias y definir líneas de acción y llevarlas adelante desde las asignaturas del profesorado donde se priorice el trabajo con las graduadas/os (docentes, coformadora/es, equipos de gestión), y las mayores articulaciones posibles entre cátedras, entre departamentos, entre la universidad y la escuela, de vinculación con la extensión e investigación.

- Participación activista en encuentros con estudiantes y graduadas/os para significar el Campo de las Prácticas y ayudantías en escuelas. Se generaron encuentros donde las/os estudiantes pudieron referenciar los aprendizajes generados. Especial trabajo se organizó para las/os estudiantes de primer año a fin de presentarles el Campo. Esto involucró encuentros planificados desde la formación docente que comparten estudiantes de todas las carreras con estudiantes de escuelas secundarias de la provincia. El trabajo con quienes cursan segundo y tercer año de las cuatro carreras se llevó adelante a través del dispositivo ayudantías. Se pone en valor la práctica como dimensión formativa y el sentido institucional, político y epistemológico desde donde se aborda la formación integral. En particular los años de pandemia redujeron las posibilidades de trabajo en el territorio escolar y es necesario ofrecer la alternativa de conocer, comprender y poner en tensión versiones de teorías y prácticas heredadas y no reflexionadas de una formación en construcción.  

 - Prácticas de identidad que sostienen las co-conceptualizaciones

Proponemos entonces, prácticas académicas alternativas de formación, extensión y de investigación. Sostenemos la necesidad de registrar y volver al interjuego de voces, de reescuchar nuestras voces y de aprender a escuchar las voces de los otros, de otras personas.

En conversatorios con maestrxs, especialistas, memorables, se buscó que las y los invitadas/os reflexionen sobre su vida profesional, con el objetivo de apropiarse de la experiencia vivida y adquirir nuevas comprensiones de sus prácticas. En este sentido, podría revalorizarse el papel de docentes como formadoras/es, hacedoras/es, investigadoras/es y reconocer su estatus central en la enseñanza, en una formación que articula teorías y prácticas, pensamiento, acción y emociones.

-La sistematización de la experiencia como dispositivo de formación

El análisis y reflexión busca brindar un ámbito institucional necesario para compartir y  evaluar colaborativamente metodologías y estrategias utilizadas a fin de seguir por investigación acción el diseño posibles. De este modo las Prácticas no quedan acotadas a un campo específico –tal como sostiene Alliaud (2021)- sino que atraviesan y cohesionan todo el proceso formativo. La investigación colaborativa se constituye como un vehículo para la construcción de teoría

Nuestras propias prácticas, las intensas lecturas, los dialogos afectantes y la co teorización  nos ha ayudado a pensar esta formación, sus sentidos y lo hacemos buscando –como dice Andrea Alliaud (2021) - recuperar la razón práctica, los saberes de la experiencia basada en un diálogo con lo real y la reflexión en la acción y sobre la acción, una práctica reflexiva que hace dialogar entre sí estos diversos saberes.


Serie Puerta antiguas, técnica mixta. Matías Sapegno

 

Referencias


Alliaud, A. 2021. Enseñar hoy. Apuntes para la formación. Paidós

Ferrari de Faria, I. (2018), Metodologías participantes e conhecimento indigena na Amazonía en Epistemologías del Sur- Epistemologias do Sul. Maria Paula Meneses y Karina Andrea Bidaseca (coordinadoras) CLACSO; Centro de Estudos Sociais

Skliar, C. 2022. La educación como intervalo: volver a hacer escuelas. Aula Abierta