DOI: http://dx.doi.org/10.19137/huellas-2026-3018


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ARTÍCULOS

Territorios concretos, abstractos y digitales. Prácticas socioterritoriales del Colectivo “La Toma” en Los Hornos, Argentina

Agustín Alessio[1]

Universidad Nacional de La Plata

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-0065-0383   

agustinalessio99@gmail.com

Rocío Rodríguez Tarducci[2]

Universidad Nacional de La Plata

ORCID https://orcid.org/0000-0003-4627-3736 

rociotarducci@gmail.com

 

Julieta Frediani[3]

Universidad Nacional de La Plata

ORCID https://orcid.org/0000-0002-7238-1979 

julietafrediani@gmail.com               

Daniela Cortizo[4]

Universidad Nacional de La Plata

ORCID https://orcid.org/0000-0001-8953-3978 

cortizodaniela@gmail.com 

RECIBIDO 28-06-2026

ACEPTADO 20-08-2026

Cita sugerida: Alessio, A., Rodríguez Tarducci, R., Frediani, J. y Cortizo, D. (2026). Territorios concretos, abstractos y digitales. Prácticas socioterritoriales del Colectivo “La Toma” en Los Hornos, Argentina. Revista Huellas, Volumen 30, Nº 2, Instituto de Geografía, EdUNLPam: Santa Rosa. Recuperado a partir de: http://cerac.unlpam.edu.ar/index.php/huellas

Resumen

A partir de la tríada de territorios concretos, abstractos y digitales (CAD), este trabajo analiza las prácticas del Colectivo “La Toma”, surgido en el proceso de ocupación de tierras de Los Hornos (La Plata, Argentina) desde el año 2020. Mediante una estrategia metodológica cualitativa que combina entrevista grupal con una matriz síntesis, se examina cómo la convergencia de las tres territorialidades mencionadas redefine la producción popular del territorio: la dimensión digital no reemplaza a las territorialidades concreta y abstracta, sino que las potencia, permitiendo al colectivo construir legitimidad, sostener redes de cuidado y expandir su presencia más allá de los límites físicos del barrio.

Palabras clave: tomas de tierras, movimientos socioterritoriales, territorios CAD, redes sociales, producción social del hábitat

Concrete, abstract anda digital territories. Socio-territorial practices of the La Toma collective in Los Hornos, Argentina

Abstract

Drawing on the triad of concrete, abstract, and digital (CAD) territories, this study analyzes the practices of the Colectivo “La Toma”, which emerged during the land occupation process in Los Hornos (La Plata, Argentina) starting in 2020. Using a qualitative methodological strategy that combines group interviews with a synthesis matrix, the study examines how the convergence of these three territorialities redefines the grassroots production of territory: the digital dimension does not replace concrete and abstract territorialities but rather enhances them, enabling the collective to build legitimacy, sustain networks of care, and expand its presence beyond the neighborhood's physical boundaries.

Keywords: land occupations; socio-territorial movements; CAD territories; social production of habitat; social media

Territórios concretos, abstratos e digitais, Práticas socioterritoriais do coletivo La Toma em Los Hornos, Argentina

Resumo 

Com base na tríade de territórios concretos, abstratos e digitais (CAD), este estudo analisa as práticas do Colectivo “La Toma”, surgido durante o processo de ocupação de terras em Los Hornos (La Plata, Argentina) a partir de 2020. Utilizando uma estratégia metodológica qualitativa que combina entrevistas em grupo com uma matriz de síntese, o estudo examina como a convergência dessas três territorialidades redefine a produção territorial de base: a dimensão digital não substitui as territorialidades concretas e abstratas, mas as potencializa, permitindo ao coletivo construir legitimidade, sustentar redes de cuidado e expandir sua presença para além dos limites físicos do bairro.

Palavras-chave: ocupações de terra; movimentos socioterritoriais; territórios CAD; produção social do habitat; redes sociais

Introducción

En las últimas décadas, la producción del espacio en América Latina ha experimentado una mutación profunda. Bajo esta premisa, el presente trabajo indaga en una temática de creciente novedad: las prácticas socioterritoriales contemporáneas a partir de la tríada de los territorios concretos, abstractos y digitales (CAD), entendidos como la apropiación material del espacio mediante la ocupación física del suelo; la disputa simbólica por la legitimidad del proceso frente a la criminalización; y el uso estratégico de plataformas digitales como ámbito de resistencia y visibilización colectiva. A partir de lo anterior, puede señalarse que el objeto de estudio de dicha investigación son los nuevos modos de producción popular del espacio a partir de las disputas y articulaciones en los territorios CAD.

Esta perspectiva permite comprender el territorio no como un receptáculo pasivo, sino como un campo de disputa política donde los sectores populares despliegan estrategias de resistencia y resignifican las infraestructuras digitales. En dicha línea, Lerena Rongvaux (2023) sostiene que las plataformas digitales reconfiguran los espacios de acumulación capitalista y desafían a la imaginación geográfica a incorporar nuevas dimensiones para pensar la producción del espacio, a través de espacios sociales híbridos. Así, lo digital emerge como un ámbito donde los pueblos disputan soberanía permitiendo construir legitimidad y sostener redes de cuidado que desbordan los límites físicos de la periferia urbana (Guimarães y Bessa, 2023).

En un escenario con estas características, resulta imperativo profundizar en el rol que desempeñan los procesos de tomas de tierras, que lejos de ser fenómenos puramente concretos, funcionan como espacios donde se tensionan lógicas abstractas y digitales. Bajo esta mirada, el trabajo centra su análisis en el caso del Colectivo “La Toma”, ubicado en la Toma de Los Hornos (La Plata, Argentina).

Dicho caso se considera paradigmático para observar cómo los sectores populares urbanos trascienden la mera ocupación del suelo; mediante una organización que integra la presencia física con la mediación tecnológica, el colectivo despliega estrategias que permiten la construcción continua y la integración del barrio a la ciudad formalizada (Seto, 2025).

Para desentrañar la complejidad de estas prácticas, la investigación se articula en torno a la pregunta central sobre de qué manera la convergencia de los territorios CAD redefine la producción espacial de los sectores populares contemporáneos. A partir de lo anterior, el objetivo del trabajo es contribuir a la comprensión de las prácticas socioterritoriales contemporáneas a partir del análisis de las dimensiones CAD del Colectivo la Toma de Los Hornos como expresión de los nuevos modos de producción territorial de los sectores populares urbanos en Argentina.

Dicho objetivo se sustenta en la hipótesis de que la territorialización digital en el Colectivo “La Toma” funciona como un catalizador que potencia las dimensiones abstractas y concretas del territorio, permitiendo que sectores populares no sólo ocupen el suelo, sino que construyan legitimidad social y redes de cuidado que trascienden los límites físicos de la Toma de Los Hornos.

Para abordar el estudio planteado, se propone una estrategia metodológica de carácter cualitativo. El trabajo de campo se sustenta en la realización de una entrevista grupal a integrantes del colectivo, orientada a recuperar los sentidos y lógicas de su organización territorial. Según la información recabada, se construye una matriz síntesis diseñada para procesar los resultados de manera estructurada. Más allá del estudio de caso, este instrumento se propone con una vocación de replicabilidad, buscando ofrecer una herramienta metodológica que pueda ser transferida y utilizada para el análisis de otros colectivos que operen bajo dinámicas socioterritoriales similares.

El presente artículo se organiza en cinco apartados. Tras esta introducción, el segundo bloque desarrolla el marco teórico, donde se caracterizan los territorios CAD y su configuración específica en los procesos de tomas de tierras. El tercer apartado detalla la estrategia metodológica, describiendo el diseño de las entrevistas y el procedimiento de análisis en el campo. En la cuarta sección se expone en profundidad el estudio de caso, se integran los testimonios con la matriz de análisis mencionada. El trabajo concluye con una síntesis de los aportes de la investigación y la propuesta de nuevas aperturas para el debate sobre la producción territorial contemporánea.

Espacio geográfico, territorio y disputas en los territorios

En las últimas décadas han emergido con fuerza dinámicas espaciales complejas, donde lo concreto, lo inmaterial y lo digital se entrelazan. A este enfoque, pueden sumarse diversos debates contemporáneos que la geografía crítica ha desarrollado en las últimas décadas, entre los que se destacan la ecología política, la geografía feminista, las perspectivas decoloniales entre otras (Carvajal, 2025).

En geografía crítica, cuando se refiere al espacio geográfico, se entiende que este contiene y se complementa con los distintos espacios construidos a partir de las relaciones entre las personas y de ellas con la naturaleza, un proceso mediante el cual las sociedades se transforman constantemente, al producir  territorios, paisajes, lugares y regiones. En este marco, una categoría muy importante es el espacio social, que Lefebvre (2012)[5] define como la materialización de la existencia humana dada a partir de las relaciones que se generan entre diversas comunidades.

Según Fernandes (2012), las relaciones sociales configuran intencionalidades que habilitan diversas lecturas socioespaciales, estas dan lugar a una forma más específica del espacio, el territorio. El concepto anterior puede entenderse como un espacio apropiado y producido por determinadas lógicas atravesadas por el poder, que establecen límites y fronteras y lo constituyen como un ámbito de conflicto. En diálogo con los aportes de Bourdieu (2000), el territorio se presenta así como un espacio intrínsecamente ligado a relaciones de dominación, control social y jerarquización. Por consiguiente, en este trabajo se habla de territorios CAD, en cada uno de estos campos se analizan disputas que suponen apropiación, límites y fronteras.

En este marco, los movimientos sociales pueden ser comprendidos como actores que despliegan lo que la geografía crítica denomina prácticas socioterritoriales, entendidas como acciones colectivas mediante las cuales los sujetos producen, disputan y resignifican territorios en sus múltiples dimensiones (Fernandes, 2012). A diferencia de otras formas de acción política, dichas prácticas tienen en la territorialización su condición constitutiva: no se trata únicamente de reclamar derechos sobre un espacio, sino de producirlo activamente, para transformar las relaciones de poder que lo estructuran. En este sentido, la geografía crítica aporta esta categoría como herramienta analítica para comprender a los movimientos sociales no sólo como actores de protesta, sino como productores de territorio.

Tales disputas no se restringen únicamente a su manifestación en territorios concretos, entendidos como aquellos materialmente localizables, sino que también se proyectan en dimensiones abstractas vinculadas a representaciones, normas y sentidos, e incluso digitales, configuradas en entornos virtuales mediados por tecnologías. Así los debates amplían las modalidades y escalas en que se configuran los conflictos socioespaciales[6].

En línea con el aspecto digital, Santos (2000) sostiene que el espacio geográfico contemporáneo se configura como un medio técnico científico informacional, en el cual la técnica, la ciencia y, fundamentalmente, la información adquiere un papel central en la organización de la vida social. En este contexto, las redes y flujos que atraviesan el territorio permiten una creciente simultaneidad de acciones y una aceleración de los tiempos sociales. Ello no implica  la desaparición de la materialidad, sino más bien su rearticulación a través de nuevas formas de conexión que complejizan la relación entre tiempo y espacio.

En dicho sentido, si bien los territorios concretos y abstractos han coexistido históricamente de manera complementaria en la producción del espacio geográfico, la irrupción de los territorios digitales introduce una inflexión significativa. A diferencia de los anteriores, cuya articulación se estructura principalmente en torno a la materialidad y la representación, los territorios digitales reconfiguran de forma más directa la relación entre tiempo y espacio, al posibilitar interacciones simultáneas a distancia y reducir drásticamente los condicionamientos espaciales, algo a lo que Castells (2008) ha referido como tiempo atemporal. De este modo, su incidencia se encuentra particularmente asociada a la dimensión temporal, por lo que se complejizan y aceleran las dinámicas a través de las cuales se producen y disputan los espacios.

En el marco descripto puede aludir a la emergencia de un territorio político digital, en el que no solo se despliega la acción política, sino que también se configuran nuevos registros de lo deliberativo, susceptibles de ser identificados, recolectados y analizados mediante técnicas de big data, lo que abre interrogantes en torno a las formas contemporáneas de participación, representación y construcción de poder en el espacio (Freire Castello, 2019). Entre estos, plataformas como X[7] pueden ser consideradas uno de los territorios políticos digitales más relevantes en la actualidad, en tanto concentran intercambios, disputas discursivas y procesos de construcción de agenda que inciden de manera directa en la esfera pública.

En este sentido, si bien las redes sociales parecen tener contenidos para una amplia diversidad de intereses, no necesariamente garantizan una representación equitativa de todos ellos. Por el contrario, es posible advertir la conformación de mecanismos de filtrado y jerarquización algorítmica que privilegian ciertos contenidos por sobre otros. Esta dinámica abre la posibilidad de pensar los territorios digitales como espacios atravesados por relaciones de poder, en los que determinados actores pueden ejercer formas de control o influencia sobre la circulación de información y la construcción de agendas (Rongvaux y Orozco, 2025; Bozzano y Canevari, 2025).

Guerschberg (2026) advierte que las infraestructuras digitales contemporáneas se inscriben en una lógica de colonialismo de datos, mediante la cual la vida social es sistemáticamente capturada, cuantificada y apropiada por grandes plataformas. No obstante, lejos de configurar un escenario cerrado y completamente determinado, este autor reconoce que dicha lógica también es objeto de disputas, en tanto habilita prácticas que buscan interrumpir, desviar o resignificar los circuitos de extracción de datos. partir de los aportes de Kitchin (2023), las tecnologías digitales pueden ser entendidas como ámbitos atravesados por disputas territoriales: mientras que Estados y corporaciones las emplean para gestionar y regular poblaciones a partir del uso de datos y algoritmos, diversos colectivos sociales las resignifican como instrumentos de resistencia mediante prácticas como el mapeo colaborativo y el desarrollo de contra algoritmos.

Las tomas de tierras como práctica socioterritorial en los territorios CAD

            Las tomas de tierras son procesos complejos y dinámicos mediante los cuales sectores populares excluidos de los circuitos formales de acceso al suelo urbano ocupan físicamente terrenos generalmente inactivos, desplegando prácticas de autogestión que incluyen la organización de lotes, la apertura de calles y la construcción de viviendas precarias. Lejos de admitir una definición unívoca, estos fenómenos son objeto de una permanente disputa por su atribución de significado político (Alessio, 2026). Para comprender dichas prácticas, resulta útil recuperar la distinción propuesta por Pírez (2016), quien enmarca estos procesos dentro de las lógicas de urbanización inversa, entendidas como aquellas en las que la población ocupa un terreno antes de que este cuente con las condiciones necesarias para la reproducción de la vida social aglomerada. Dentro de las lógicas mencionadas, el citado autor distingue entre una modalidad mercantil y otra no mercantil. La primera refiere a casos donde actores con fines especulativos ocupan tierras de manera fraudulenta para su posterior comercialización, incurriendo en el delito de usurpación tipificado por el código penal. La segunda, en cambio, agrupa a procesos donde familias movilizadas por la lógica de la necesidad ocupan terrenos de manera pública, sin vulnerar límites mediante el engaño o la violencia y con carácter pacífico, condiciones que no se corresponden con los elementos constitutivos del delito de usurpación según la normativa penal vigente en Argentina. Es precisamente en esta segunda modalidad donde se inscriben las tomas de tierras como expresión de la producción social del hábitat (PSH), entendida como la estrategia central a la que recurren los sectores populares en América Latina para garantizar su existencia física (Di Virgilio y Lorences, 2022).

La toma constituye la etapa de génesis de los procesos de PSH, el momento más álgido de la urbanización inversa, caracterizado por el riesgo inminente de desplazamiento violento de quienes ocupan el terreno. Estas características hacen de las tomas de tierras uno de los fenómenos donde más claramente se expresa la tensión entre la lógica de la necesidad que moviliza a los sectores populares y el sistema de retroalimentación entre informalidad, gestión urbana y especulación inmobiliaria que los excluye estructuralmente (Alessio, 2026).

Las tomas de tierras constituyen fenómenos socioterritoriales con particular intensidad, configurándose como prácticas en las que los sectores populares producen territorio de manera simultánea en sus tres dimensiones. En su dimensión concreta, la toma implica una apropiación material y directa del espacio: familias excluidas de los circuitos formales del mercado del suelo pasan a la acción directa (Nardin, 2018) ocupando físicamente un terreno y desplegando prácticas de autogestión que incluyen la organización de lotes, la apertura de calles y la construcción de viviendas.

Sin embargo, la toma no se agota en lo material. Simultáneamente se despliega una intensa disputa en el plano abstracto, como se mencionó antes, la atribución de significado político sobre estos procesos está en constante pugna. Un aspecto importante a discutir es la manera de nombrar estos procesos, usurpar, intrusar, recuperar o tomar conllevan connotaciones radicalmente distintas y reflejan posicionamientos encontrados respecto a la primacía del derecho a la propiedad privada o del derecho al hábitat digno (Giaretto, 2021).

Las tomas de tierras también se despliegan en el territorio digital, dimensión que en las últimas décadas ha adquirido un peso creciente en la configuración de estos procesos. Kitchin (2025) señala que los territorios ya no pueden comprenderse como espacios exclusivamente físicos, sino como entidades complejas donde lo material se entrelaza con capas de datos, algoritmos y representaciones digitales que los reconfiguran activamente. En este sentido, las poblaciones que toman tierras no limitan su resistencia al espacio concreto que ocupan: también disputan en la territorialidad digital, apropiándose de plataformas como Instagram[8] para construir identidades colectivas, producir contra discursos frente a la criminalización mediática y articular la organización cotidiana del proceso.

Metodología


El presente trabajo parte de la premisa de que las ciencias sociales son inherentemente multimetodológicas y reconoce la diversidad de estrategias disponibles para abordar la complejidad de los fenómenos sociales, por ello se opta por una metodología de carácter cualitativo. Esta elección responde a la necesidad de comprender los procesos, significados, prácticas y relaciones que configuran el objeto de estudio y privilegiar un abordaje interpretativo que permita captar su complejidad en el contexto en el que se desarrolla.

Dicha elección se vincula a la naturaleza del objeto de estudio: comprender en profundidad las prácticas socioterritoriales de un colectivo popular a partir de los sentidos que sus propios protagonistas construyen. En esta línea, el análisis de cómo convergen las dimensiones concreta, abstracta y digital en la praxis del Colectivo “La Toma” exige un acceso a experiencias y narrativas situadas que difícilmente podrían ser capturadas mediante aproximaciones puramente estadísticas. Así, la estrategia se estructura en dos momentos complementarios: el trabajo de campo y el análisis de datos.

Momento 1. Trabajo de campo

El primer momento consiste en la realización de una entrevista grupal con referentes del Colectivo “La Toma” de Los Hornos. La elección de esta técnica responde a su capacidad para recuperar voces colectivas y habilitar intercambios entre los propios participantes, lo que permite acceder no sólo a información sobre el proceso, sino también a los marcos interpretativos desde los cuales el grupo comprende y narra su propia experiencia territorial (Guber, 2011). A diferencia de la entrevista individual, la modalidad grupal favorece la emergencia de consensos, tensiones y matices internos que enriquecen la comprensión del fenómeno.

Las preguntas de la entrevista se orientaron a explorar tres ejes temáticos alineados con las dimensiones del marco teórico. En primer lugar, las prácticas concretas de ocupación, autogestión y organización en el territorio físico. En segundo lugar, las narrativas que el colectivo construye sobre su propia legitimidad y las disputas simbólicas que enfrenta frente a la criminalización. En tercer lugar, el uso estratégico de Instagram como espacio de resistencia, visibilización e identidad colectiva.

Momento 2. Análisis de datos

El segundo momento consiste en el análisis del material de la entrevista grupal mediante análisis de contenido cualitativo. A partir de la transcripción, se construye una matriz de análisis que articula dimensiones cualitativas para producir resultados comparables en futuras investigaciones. La matriz se estructura en tres componentes: las dimensiones territoriales, las categorías apriorísticas y las citas textuales.

Las dimensiones territoriales constituyen el eje organizador y se derivan del marco teórico. En conjunto configuran las territorialidades CAD, entendidas como las formas simultáneas e interdependientes en que los colectivos populares producen y disputan territorio. Las categorías apriorísticas operacionalizan cada dimensión y se definen antes del trabajo de campo, orientando la lectura del material sin obturar sentidos emergentes. La dimensión concreta se desagrega en ocupación y apropiación del espacio físico, prácticas de autogestión y organización interna; la abstracta, en narrativas de legitimidad, discursos de criminalización e identidad colectiva; la digital, en uso de Instagram como resistencia, producción de contra discursos, visibilización de demandas y articulación entre territorio físico y digital. Las citas textuales sostienen el análisis empírico y pueden asignarse a más de una categoría, lo que constituye en sí mismo un hallazgo sobre las articulaciones entre territorialidades.

A partir de la sistematización del material en la matriz, se incorpora una columna de síntesis que constituye el resultado analítico del trabajo. Esta síntesis recupera los núcleos de sentido emergentes de la articulación entre las categorías apriorísticas y los testimonios obtenidos, traduciéndolos en enunciados breves que identifican los rasgos definitorios de cada territorialidad. Mediante una lectura transversal, se identifican entre tres y cuatro ejes por dimensión que condensan las prácticas, narrativas y estrategias predominantes del colectivo.

El caso de “La Toma” de Los Hornos

Localizada en la periferia sur de la ciudad de La Plata, se constituye como uno de los procesos de ocupación de suelo más significativos de la Argentina reciente, tanto por su magnitud como por la complejidad de actores y dinámicas involucradas. Se desarrolló a partir de inicios de 2020 en un contexto marcado por la profundización de la crisis habitacional y la pandemia de COVID-19 (Alessio, 2025). El predio ocupado inicialmente por casi 2000 familias, de aproximadamente 160 hectáreas, se localiza en un área periurbana con relativa proximidad al casco de población con disponibilidad de servicios en su entorno, lo que lo posiciona como un espacio de alto valor estratégico (Cervio, 2025). La ocupación se desarrolló de manera acelerada y organizada, con prácticas como el trazado de calles, la subdivisión de parcelas y la consolidación progresiva de un tejido urbano incipiente.

Asimismo, “La Toma”  pone en evidencia las tensiones inherentes a la gestión urbana en contextos de informalidad, particularmente en lo que respecta a la articulación entre distintos niveles del Estado (Cortizo et al, 2024). La superposición de competencias entre organismos nacionales, provinciales y municipales, junto con divergencias político institucionales, ha derivado en una gestión fragmentada y conflictiva del proceso. Mientras se desplegaron iniciativas orientadas a la urbanización e integración socio urbana, también persistieron disputas en torno a la legitimidad de la ocupación y los criterios de intervención.

Figura Nº1. Ubicación toma de Los Hornos en la periferia del caso urbano de La Plata

Fuente: Elaboración propia 2026 a partir de la utilización del software Qgis.


En este marco, el caso permite problematizar los alcances y limitaciones de las políticas públicas frente a procesos de ocupación masiva, así como reflexionar sobre el rol del Estado en la producción y regulación del espacio urbano. En tal sentido, se vuelve necesario desplazar el foco hacia el colectivo “La Toma”, atendiendo a sus prácticas y formas de organización en la producción del territorio. A partir de ellas, es posible reconocer la construcción articulada de territorialidades concretas, abstractas y digitales, que dan cuenta del carácter multidimensional del caso.

El colectivo “La Toma”

Al interior del proceso más amplio de la Toma de Los Hornos emergió, de manera simultánea a la ocupación del suelo, un núcleo de artistas diverso en términos etarios y de género, quienes habitaron colectivamente un mismo predio desde los primeros meses de 2020. Este grupo, compuesto por aproximadamente veinticinco personas vinculadas a disciplinas como la percusión, el rap, la murga y el circo, que provenían de diferentes sectores y barrios populares de la ciudad, no solo compartió el proceso de construcción material de sus viviendas, sino que desarrolló desde el inicio una experiencia de vida comunitaria. "Era una casilla de cuatro por cuatro, dormíamos como veinticinco gurises, como cachorritos recién nacidos. En pleno invierno, sin techo."

Esta socialización acelerada prescindió inicialmente de la mediación tecnológica, el conocimiento mutuo se produjo en el trabajo cotidiano de construcción, al margen de la conectividad digital que caracterizó al período pandémico a escala global, dando lugar plenamente a la territorialización concreta del colectivo: “Y era re loco porque aún así, o sea, era para algo muy puntual que se usaba el celular. Sí, para avisar o para comunicarse. Pero después en un momento de mayor conectividad a nivel mundial, nosotros estábamos alejados de lo digital”.

Cada integrante del grupo disponía de su propia parcela, pero la práctica efectiva de habitar tendió a concentrarse en el terreno común, que fue concebido desde el principio como soporte de un proyecto cultural: una radio, un centro cultural y una huerta formaron parte de un horizonte compartido que orientó la organización espacial del grupo.

La constitución formal del colectivo se produjo de manera gradual, impulsada por la confluencia de dos vectores. Por un lado, la creatividad acumulada durante los meses de confinamiento derivó en la articulación de distintas expresiones artísticas bajo una propuesta común: la Batucada Los Rompeparche y otras yerbas que reunió percusionistas, raperos, murgueros y artistas circenses en una formación plural que encontró en el carnaval su primer escenario de presentación pública.

Por otro lado, la necesidad de acceder a financiamiento estatal a través de subsidios para la realización de eventos operó como catalizador de la formalización identitaria: fue en ese momento cuando el grupo adoptó el nombre Colectivo “La Toma”. La realización de una serie de varietés, desarrolladas tanto en el barrio como en espacios culturales del centro de la ciudad como el Galpón de las Artes, el Olga Vásquez y la Carpa de la Cirquesta, entre fines de 2020 y 2021, consolidó su presencia en el campo cultural local. El vínculo con otras organizaciones del territorio resultó igualmente constitutivo de esa identidad colectiva. Como señala una de las entrevistadas: "Este movimiento que sucedió en la toma fue también con apoyo de otros espacios. Como Atrapa, Boombatuque, Circo al Fondo. Entonces dijimos, bueno, somos un colectivo”.

Para 2026, el Colectivo “La Toma” se encontró abocado a la construcción de su propio espacio físico, avanzando semana a semana mediante el formato de mingas en un terreno cedido por un integrante de la comunidad. La elección de la minga como modalidad de trabajo se dio por que se trata de una práctica de labor colectiva y recíproca de raigambre comunitaria, que el colectivo resignificó como forma de organización autogestionada y como instancia de cohesión grupal. La regularidad semanal de los encuentros respondió a una decisión deliberada, orientada a sostener la motivación en un contexto social y económico adverso: como señalaron sus integrantes, una minga quincenal corre el riesgo de "apagarse". El espacio, que ya contó con piso y electricidad al momento del relevamiento, fue concebido como sede de una futura biblioteca popular, sala de proyecciones y punto de encuentro permanente para las actividades del colectivo.

En esta instancia, el Colectivo “La Toma” desplegó una voluntad explícita de trascender los límites territoriales del predio ocupado en Los Hornos. La convocatoria se extendió hacia vecinos de otros barrios y sectores de la ciudad, invitándolos a formar parte del grupo, a participar de las mingas y a habitar el nuevo espacio cultural en construcción.

La apertura mencionada no se produjo de manera espontánea, sino que fue acompañada por una estrategia deliberada de construcción de identidad digital: la creación de una cuenta de Instagram del colectivo operó como plataforma de difusión periódica de sus actividades, ampliando significativamente el alcance de su convocatoria más allá de la comunidad inmediata. La territorialidad digital así constituida complementó, se articuló presencia material y visibilidad virtual en una estrategia territorial de mayor alcance. Sobre el estado actual y los interrogantes que abre ese proceso, una de las entrevistadas sintetizó: "Por ahora estamos en el tema de reacondicionar el espacio. Después, el tema de la identidad. Sabemos que el tema del arte está siempre, porque mayormente son artistas".

Figura Nº 2. Red social del colectivo

Fuente: Perfil de Instagram del “Colectivo La toma” (2026)


Este recorrido refleja el propio trayecto del colectivo: de la territorialidad concreta “la resistencia”, anclada en la casilla, la parcela y el cuerpo en el barro, a la territorialidad abstracta “la consolidación”, expresada en la organización interna, la identidad colectiva y el proyecto cultural compartido. Por último se desarrolla la territorialidad digital “la expansión”, mediante la cual el colectivo proyectó su presencia más allá de los límites físicos de la toma, convocando nuevas pertenencias y nuevos vínculos territoriales.

Resultados

La aplicación de la matriz al caso del Colectivo “La Toma” permite arribar a una síntesis que evidencia la articulación simultánea y diferenciada de las tres territorialidades. En su dimensión concreta, la síntesis revela que el colectivo se constituyó a través de tres núcleos articulados: la producción social del hábitat, la autogestión territorial y la organización horizontal, que se materializaron en la ocupación física del suelo, la construcción colectiva y la apertura de infraestructuras básicas frente a la ausencia estatal. En su dimensión abstracta, la síntesis identifica una disputa narrativa por la legitimidad del proceso, una resistencia activa al estigma mediático y la consolidación de una identidad colectiva politizada que articula el arte, el cuidado y el sentido de pertenencia barrial. En su dimensión digital, la síntesis muestra que el uso de Instagram operó como herramienta de resistencia, plataforma de producción de contra-discursos, espacio de visibilización y organización virtual, y como mecanismo de articulación entre el territorio físico y el virtual, ampliando el alcance del colectivo más allá de los límites del barrio.

Cuadro Nº 1. Síntesis analítica

Matriz síntesis para el análisis del Colectivo La Toma, Los Hornos

Dimensión

Categoría apriorística

Citas textuales

Síntesis

CONCRETA

Ocupación y apropiación del espacio físico

«Fueron vecinos con palas y empezaron a cavar así, empezaron a hacer los pozos de las casas.» / «Entramos todos de día... Entramos todos juntos y fue como... que nos propusimos No nos van a sacar, no nos van a sacar, el mismo aliento de la gente.» / «En una casilla de cuatro por cuatro dormíamos como veinticinco gurises. Como cachorritos recién nacidos. En pleno invierno. Sin techo.»

La territorialización concreta del Colectivo La Toma se expresó en

1-Producción social del hábitat

2-Autogestión territorial

3-Organización horizontal

Prácticas de autogestión territorial

«Gendarmería, a lo primero, nos sacaba un montón. No nos dejaban entrar materiales.» / «200 personas agarrando el mismo cable. Tirando el cable mayor desde lo que sería hoy 82 y 141 hasta 82 y 147.» / «Estábamos ensayando Batucada y Murga. Teníamos una huerta. Caían compas artistas de un montón de lugares.»

Organización interna del colectivo

«Entre vecinos igual y vecinas. O sea, no fue ningún puntero, nadie con una bandera, nada.» / «Al año de La Toma empezamos a habitar. Éramos una derroche de energía y creatividad. Fue como lo fundante: Circo, Murga, Batucada y rap.» / «Cuando nos anotamos en el programa de provincia dijimos, bueno, somos un colectivo. ¿Cómo nos ponemos? Bueno, Colectivo La Toma.» /

ABSTRACTA

Narrativas de legitimidad del proceso

«Yo creo que igual es como un reflejo de la ausencia del Estado. Porque no había mucho. De repente la única presencia que querían hacer era llegar y reubicar.» / «Tiene un valor que venga, que nos haga una entrevista, que vos de esto hagas una sistematización, una reflexión, que crees un conocimiento, que sea parte o aporte a construir un conocimiento.»

La territorialización abstracta del Colectivo “La Toma” se expresó en:

1- Disputa narrativa por la legitimidad

2- Resistencia al estigma mediático

3- Identidad colectiva politizada

Discursos de criminalización y estigmatización

«Hay algunos grupos o cosas en las redes sociales que no se pueden ver porque como la mayoría de cosas que sacan o se roban van a parar allá por una cuestión de que es descampado.»

Construcción de identidad colectiva

«Cuando te das cuenta que podés salir de ese cuadrado que nos encierran. Encontrar una motivación. La contención, los espacios que se pueden llegar a formar.» / «La raíz igual sigue siendo la misma, el apañe, el sostén, el espacio de contención.» / «Nos estamos politizando un poco más, tenemos como un sentido de pertenencia un poco más político en cuanto a lo que está pasando social y económicamente en el mundo entero.» / «Resignificar el barrio, de resignificar nuestra experiencia. Porque si no, queda ahí, digamos.»

DIGITAL

Uso de Instagram como herramienta de resistencia

«Tenían un millón de cuentas de Instagram y de Facebook. Era re loco porque aún así era para algo muy puntual que se usaba el celu. Para avisar o para comunicarse.»

La territorialización digital del Colectivo La Toma se expresó en

1- Instagram como herramienta de resistencia

2- Producción de contra-discursos digitales

3- Visibilización y organización virtual

4- Articulación entre lo físico y lo digital

Producción de contra-discursos en el espacio digital

«Siempre tratando de darle otro punto de vista a la gente y que no crea solo la gente que lee el diario o que salen medios como La Buena Info, que me parecen nefastos.»

Visibilización de demandas y organización virtual

«Era para algo muy puntual que se usaba el celu. Para avisar o para comunicarse.» / «Buscando información sobre el colectivo es como, si ponés colectivo en la toma te aparece... y de repente como que aparece esta experiencia y vos entrás y ves. Ah, mirá, también pasa esto.»

Articulación entre territorio físico y territorio digital

«En un momento de mayor conectividad a nivel global y mundial, nosotros estábamos... sabíamos todo del otro. Porque estábamos todo el día construyendo y conociéndonos. Y no había tecnología digital de por medio.»

Fuente: Elaboración propia, 2026.

Conclusión

El presente trabajo se propuso contribuir a la comprensión de las prácticas socioterritoriales contemporáneas a partir del análisis de la territorialización CAD del Colectivo “La Toma” de Los Hornos, utiliza como objeto de estudio los nuevos modos de producción territorial de los sectores populares urbanos en Argentina. El recorrido realizado permite afirmar que dicho objetivo fue alcanzado, en tanto el caso analizado ofreció una experiencia singular y novedosa que habilitó la exploración y profundización de cada una de esas dimensiones en su articulación concreta.  a hipótesis que orientó la investigación sostenía que la incorporación de la dimensión digital en el Colectivo “La Toma” funciona como un catalizador que potencia las dimensiones abstracta y concreta del territorio; lo cual permite que sectores populares no sólo ocupen el suelo, sino que construyan legitimidad social y redes de cuidado que trascienden los límites físicos del barrio. El análisis del caso permitió verificar dicha hipótesis.

Entre 2020 y 2026, el colectivo atravesó un proceso de mutación territorial progresiva: de la lucha por la territorialización concreta, la ocupación del suelo, la construcción de la vivienda, la resistencia frente a la represión, a la consolidación de una territorialidad abstracta, la identidad colectiva, la organización interna, el proyecto cultural compartido y más recientemente, al despliegue de una territorialidad digital a partir de la cual el colectivo expande sus fronteras, rompe barreras simbólicas y genera vínculos de cohesión entre la ciudad formalizada y un barrio que a lo largo de los últimos años ha sido marginado y criminalizado por diversas narrativas mediáticas e institucionales.

En términos metodológicos, la entrevista grupal demostró ser un instrumento adecuado para el abordaje del trabajo de campo. La participación simultánea de distintos integrantes del proceso permitió que los relatos se apoyarán y complementarán mutuamente. En consiguiente se enriqueció a densidad de la información relevada y habilitando una comprensión más integral de la experiencia colectiva.

Por su parte, la construcción y aplicación de una matriz de análisis resultó una herramienta de particular valor para el logro de los objetivos del trabajo: permitió cuantificar datos, leer narrativas en clave valorativa y sistematizar dimensiones de análisis de manera articulada. Este doble dispositivo metodológico abre una posibilidad interesante de explorar, en tanto podría constituirse en una metodología de análisis replicable en procesos similares, no solo en Argentina sino también en otros países de América Latina.

A futuro, se espera lograr una extensión del análisis a otras experiencias de tomas de tierras y colectivos territoriales, aplicando la misma combinación de entrevista grupal y matriz analítica. El objetivo de largo plazo es construir un corpus de valoraciones comparables que permita sistematizar vivencias y sus características específicas, contribuyendo así a una comprensión más amplia de las principales dinámicas que definieron las tomas de este período histórico.

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Notas

[1] Arquitecto (FAU-UNLP), Magíster en Arquitectura y Hábitat Sustentable (FAU-UNLP) y Doctor en Geografía por la (FaHCE-UNLP). Becario posdoctoral CONICET con lugar de trabajo en el IIPAC-UNLP-CONICET. Docente de Planificación Territorial en la FAU-UNLP. Su trabajo se centra en procesos de producción socioterritorial, acceso al suelo urbano, hábitat y políticas territoriales.

[2] Arquitecta (FAU-UNLP) y Doctora en Geografía (FaHCE-UNLP). Investigadora Asistente del CONICET, con lugar de trabajo en el IIPAC-UNLP-CONICET. Docente de Planificación Territorial en la FAU-UNLP. Su trabajo se centra en los procesos de expansión urbana y transformación de las periferias, con especial atención a la informalidad urbana, el acceso al suelo, la vulnerabilidad socioambiental y los instrumentos de planificación y gestión territorial. Participa, además, en proyectos de transferencia y consultoría vinculados con el ordenamiento territorial y las políticas urbanas.

[3] Licenciada y Profesora en Geografía (FaHCE-UNLP), Especialista en Ciencias del Territorio (FAU–UNLP) y Doctora en Geografía por la (FaHCE-UNLP). Investigadora Independiente en CONICET con lugar de trabajo en el IIPAC-UNLP-CONICET, en donde es responsable de la Línea de Investigación “Territorio y Dinámicas Urbanas”. Docente en grado y posgrado en la FAU y la FaHCE de la UNLP. Su trabajo se centra en los procesos de crecimiento y expansión urbana, especialmente en las áreas periféricas de las ciudades, como así también en el abordaje de las transformaciones territoriales que tienen lugar en áreas periurbanas.  

[4] Arquitecta (FAU-UNLP) Magíster en Ciencias del Territorio (FAU-UNLP) y Doctora en Geografía por la (FaHCE-UNLP). Investigadora asistente en CONICET con lugar de trabajo en el IIPAC-CONICET-UNLP. Coordinadora Académica y docente de las Carreras de Especialización y Maestría en Cs del Territorio. Su trabajo se centra en el estudio de los procesos de expansión urbana, el suelo vacante, y la gestión y planificación territorial.

[5] La formulación original de esta idea aparece por primera vez en “La production de l´espace” (1974). En este trabajo, el autor señala que el espacio no constituye un mero soporte físico donde tienen lugar las relaciones sociales, sino que es producido históricamente a través de prácticas, representaciones y relaciones sociales, dando lugar a la categoría de espacio social.

[6] Esta caracterización de lo digital como entorno virtual no pretende invisibilizar las infraestructuras materiales que sostienen y territorializan concretamente lo digital, como centros de datos, redes de fibra óptica, cadenas de extracción de minerales y otros cuya dimensión concreta ha sido desarrollada en trabajos como los de Giammarino (2025).  

[7] X, anteriormente Twitter, es una plataforma de microblogging y red social operada por X Corp. Permite a los usuarios publicar e interactuar con mensajes cortos, facilitando la difusión de información y la interacción social en tiempo real a escala global.

[8] Instagram es una red social orientada visualmente. Se especializa en el intercambio de contenido multimedia, permitiendo la interacción mediante métricas de participación, y el uso de algoritmos de recomendación basados en preferencias visuales.