DOI: http://dx.doi.org/10.19137/huellas-2026-3017


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ARTÍCULOS

Provisión económica de hogares en Rafaela, Santa Fe (2002 - 2012)

Gabriela Vergara[1]

Universidad Nacional de Villa María/ Universidad Nacional de Rafaela

ORCID 0000-0001-8078-1270

gvergara@unvm.edu.ar 

Andreina Colombo[2] 

Universidad Nacional de Rafaela

ORCID 0000-0003-3764-5817

andreina.colombo@unraf.edu.ar 

Solana Salessi[3] 

 Universidad Nacional de Rafaela

ORCID 0000-0001-9496-9493

solana.salessi@unraf.edu.ar 

RECIBIDO 20-05-2026

ACEPTADO 14-08-2026

Cita sugerida: Vergara, G., Colombo, A. y Salessi, S. (2026). Provisión económica de hogares en Rafaela, Santa Fe (2002 - 2012). Revista Huellas, Volumen 30, Nº 2, Instituto de Geografía, EdUNLPam: Santa Rosa. Recuperado a partir de: http://cerac.unlpam.edu.ar/index.php/huellas

Resumen

Este artículo compara la composición de hogares y sus prácticas de provisión en Rafaela (Santa Fe, Argentina) entre 2002 y 2012. Desde una Sociología de los Cuerpos y las Emociones se asume que  existen procesos de estructuración articulados con prácticas de agentes sociales en un tiempo y espacio particulares. Las prácticas de provisión se vinculan con las sociabilidades. Metodológicamente se  realizó un análisis estadístico descriptivo con datos secundarios. Se destaca un aumento de hogares monoparentales y prácticas de provisión ampliada -mujeres/cónyuges e hijos/as jóvenes como nuevos aportantes-.

Palabras clave: Hogares; Provisión económica; Prácticas sociales; Estructuración social

Economic provision of households in Rafaela, Santa Fe (2002 - 2012)

Abstract

This article compares household composition and provision practices in Rafaela (Santa Fe, Argentina) between 2002 and 2012. From a sociology of bodies and emotions, it is assumed that there are structuring processes linked to the practices of social agents in a particular time and space. Provision practices are linked to sociabilities. Descriptive statistical analysis was applied using secondary data. There has been an increase in single-parent households and expanded provision practices, with women/spouses and young children as new contributors.

Keywords: Households; Economic provision; Social practices; Social structuration

Provisão econômica de domicílios em Rafaela, Santa Fe (2002 - 2012)

Resumo

Este artigo compara a composição de domicílios e suas práticas de provisão em Rafaela (Santa Fe, Argentina) entre 2002 e 2012. A partir de uma Sociologia dos Corpos e das Emoções, assume-se que há processos de estruturação articulados com práticas de agentes sociais em um tempo e espaço particulares. As práticas de provisão vinculam-se às sociabilidades. Foi aplicada análise estatística descritiva com dados secundários. Destaca-se um aumento de domicílios monoparentais e práticas de provisão ampliada - mulheres/cônjuges e filhos/as jovens como novos contribuintes.

Palavras-chave: Domicílios; Provisão econômica; Práticas sociais; Estruturação social

Introducción

Los hogares constituyen una vía privilegiada para la descripción e interpretación de diversos fenómenos sociales. En conexión, pero diferenciados de las familias dan cuenta de cambios y continuidades en las maneras en que las personas agrupadas o de manera individual, logran la reproducción de la vida. Muestran así las formas en que se desarrollan los vínculos afectivos y de parentesco, y las maneras en que se garantizan ingresos, recursos, lazos y redes. De este modo, dan cuenta también de las diferencias según clases sociales, regiones o épocas.

En este artículo, analizamos datos cuantitativos de hogares en una ciudad del interior de Argentina, en las primeras décadas del presente siglo. En este sentido, a nivel país, el cambio de siglo estuvo atravesado por períodos de crisis económica, institucional, política y social, que tuvo su punto de quiebre en diciembre de 2001. Al respecto, los trabajos académicos al respecto, son innumerables y exceden el objetivo de esta publicación. A modo de referencia se pueden mencionar los estudios sobre protesta y acción colectiva (Di Marco y Palomino, 2003; Iñigo Carrera y Cotarelo, 2006), así como el impacto de los planes sociales, el club del trueque y el uso de bonos como medios de pago (Arcidiácono, 2004; Obradovich, 2007). Tras el pico de movilización, las representaciones, valoraciones y sensaciones desde el interior de Argentina mostraron frustración en dirigentes sociales, bronca, resentimiento y desatención (Scribano, 2008). 

En este marco, nuestro foco está puesto en la ciudad de Rafaela (Santa Fe), una ciudad intermedia del centro-oeste santafesino cuyo perfil agroindustrial y dinámica laboral la convierten en un observatorio privilegiado para el estudio de las transformaciones en las prácticas de provisión de los hogares en el período 2002-2012. Más precisamente,  desde una Sociología de los Cuerpos y las Emociones (Scribano, 2012, 2021), en este artículo comparamos características en la conformación de hogares y sus prácticas de provisión económica en la ciudad de Rafaela en 2002 y 2012.

La estrategia argumentativa inicia con una breve revisión de estudios sobre la temática ( que dan cuenta de la actualidad y relevancia del tema), y continúa, en segundo lugar, con la definición de los conceptos vertebradores del escrito: prácticas de provisión y sociabilidades. En un tercer momento exponemos el diseño y justificación metodológica, para pasar luego a la sección de análisis descriptivo-comparativo. Por último, en las conclusiones destacamos algunas continuidades y un conjunto de cambios en ambas dimensiones analizadas, entre las que se destaca un aumento de hogares monoparentales y prácticas de provisión ampliada es decir, que incluyen la presencia de mujeres/cónyuges e hijos/as jóvenes como nuevos aportantes de ingresos a los hogares rafaelinos, quienes combinan cada vez más, diferentes fuentes de provisión.

Antecedentes

La composición de los hogares y sus modos de obtención de ingresos han sido estudiados desde diversos enfoques y metodologías. Los hogares integrados por una sola persona no parecen ser un fenómeno universal (Cohen, 2021). En esta línea, la influencia de aspectos culturales influye en el comportamiento entre migrantes de grupos asiáticos y nacidos blancos no hispánicos en EEUU (Kulkami, 2019). Por su parte, el estudio comparado de familias entre 1982 y 2017 en Paraguay, mostró una disminución en hogares biparentales con hijos/as y en el tamaño de los hogares mientras que aumentaron los monoparentales y la jefatura femenina (Céspedes, 2022). Desde  un enfoque cualitativo se analizaron experiencias de mujeres peruanas que, al divorciarse, se asumen como cuidadoras y proveedoras al mismo tiempo (Alvarado y Vilchez, 2015). En lo que respecta a Argentina, en la ciudad de Buenos Aires, los hogares unipersonales representan casi un tercio del total y superan en 10 puntos a la media nacional (Fernández Lopes, 2022). En esta misma línea, el análisis a través de los censos nacionales 1980, 1991 y 2001, muestra la incidencia de la edad y el estado civil, y señala además que uno de cada dos hogares encabezados por mujeres, pertenecen a quintiles de ingresos bajos (Mazzeo, 2007).

En cuanto a las formas de provisión, hogares de parejas heterosexuales en 18 países de Europa entre 1973-2013 se registró que la desigualdad se redujo con el aumento de ingresos de mujeres (Nieuwenhuis, et al, 2017). En este sentido, la comparación entre períodos previos, durante y posterior a la crisis de 2008 mostró el re-surgimiento del modelo de varón-proveedor por desempleo de mujeres con bajo nivel educativo, y un mayor número de ellas  como únicas proveedoras (Sánchez-Mira y O’Reilly, 2018). Por otro lado, el análisis de hogares en Países Bajos mostró que entre 1977-2002 se incrementó el número de parejas proveedoras a tiempo completo, con alto nivel educativo y disminución en la descendencia (van Gils y Kraaykamp, 2008). Un estudio cualitativo con proveedoras femeninas en Alemania, mostró que su mayor aporte económico reforzó, paradójicamente, su lugar tradicional de madres (Jurczyk et al, 2019). En otros contextos, en cambio, los hogares extendidos predominan entre familias de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos y en ausencia de jefe de hogar aparecen roles de mayor apoyo en la contribución de recursos económicos (Leach, 2012).

Provisión económica como prácticas sociales de los hogares

El mundo del trabajo ha dado cuenta de diversas metamorfosis desde las últimas décadas del siglo pasado, cada vez más vertiginosas por la lógica digital/móvil/virtual (Antunes, 2022; Scribano y Lisdero, 2019). Estos procesos, en el marco de las relaciones capitalistas de producción, se entraman con los modos en que los hogares se proveen de recursos para asegurar la reproducción biológica, social y cotidiana de sus integrantes (Binstock, 2018; Pantelides, 1976). En este marco, el trabajo productivo sigue siendo la principal fuente de ingresos económicos de la clase que vive del trabajo en las ciudades y, por ello, el eje articulador de sus prácticas cotidianas (Arruzza y Bhattacharya, 2020).

Esta intrínseca relación productivo/reproductivo (Colombo, 2021) fue tensionada y explicitada particularmente por el sostenimiento de las mujeres en trabajos remunerados y por la intensificación de los procesos de extracción de energías corporales para toda la clase que vive del trabajo, con mayor énfasis en el Sur Global (Antunes, 2022). Como se ha reparado, esta feminización de la mano de obra no generó necesariamente una redistribución del trabajo doméstico, por lo que muchas mujeres desarrollan un doble rol (Carrasquer, 2009). Sin embargo, también se ha evidenciado que las tareas domésticas tienden a reducirse, comprimirse, delegarse y/o remunerarse a terceros (Fraser, 2016), al distribuir  parte de la reproducción social en instituciones estatales o privadas,  que, a su vez, generan nuevos puestos de trabajo feminizados (Arruzza y Bhattacharya, 2020).

Considerando que estos procesos modifican los patrones de con-vivencia de los hogares, se hace explícita su articulación con los modelos de provisión, cuya forma con mayor poder prescriptivo -aunque alcance discutible- ha sido el modelo tradicional varón proveedor-mujer ama de casa (Jelin, 2007; Pfau-Effinger, 2004). Este modelo ha sido desplazado en las últimas décadas por otros, tales como la familia-trabajadora adulta (Lewis, 2002), el sustentador de familia modificado o, el de empleo igualitario (Haas, 2005).

En este sentido, desde una Sociología de los cuerpos/emociones (Scribano, 2012), asumimos que hay procesos de estructuración social de carácter macrosocial que se inscriben, instancian y articulan con prácticas cotidianas que llevan a cabo agentes sociales situados en un tiempo/espacio. De este modo, la recursividad de dichas prácticas permite tanto la reproducción como la producción social, lo que posibilita pensar en diversidades en las formas de los hogares y en las estrategias que pueden generar. En esta dialéctica, los procesos de estructuración social dan cuenta de transformaciones de carácter macroestructural conectadas, articuladas y retroalimentadas por prácticas cotidianas de agentes que con-viven con otros/as agentes.

De esta manera, entendemos que las prácticas de provisión económicas de los hogares son un modo de comprender las sociabilidades. Éstas, en efecto,  refieren a los modos de inter-actuar de los agentes, que dan forma a particulares modos de con-vivir. A su vez, se entraman con las condiciones materiales de existencia, es decir, con modos aceptados-naturalizados en que se disponen/distribuyen los agentes en los espacios sociales (y sus respectivos capitales). Por ello, las sociabilidades son prácticas sociales que operan como límites, pero también como posibilidades de la autonomía de los agentes, ya que estructuran  para ellos lo posible/imposible y las formas aceptables/aceptadas de relacionarnos con otros (Scribano, 2015).

En este marco, las unidades domésticas dan cuenta de la compleja y heterogénea gama de experiencias posibles de con-vivencia, compartiendo actividades para la reproducción individual/grupal, factores culturales, de historia común y de futuro compartido (Bocchicchio, et al, 2014). Así, si entendemos a los hogares como agentes sociales (no-individuales, excepto los unipersonales), sus prácticas serán afectadas y afectantes de las condiciones materiales en las que están insertos (Bourdieu, 2006). Concretamente, un hogar implica a una o más personas que conviven en la misma vivienda y comparten la provisión para la alimentación, pudiendo tipificarlos según las relaciones de parentesco (o no) entre quienes lo integran (Binstock, 2018; Torrado, 2007). De allí que una parte relevante, aunque no única, de lo que los hogares hacen, refiere a las prácticas de provisión (Vergara y Colombo, 2024) entendidas como acciones tendientes a satisfacer las necesidades que se requieren para el sostenimiento de la vida de sus integrantes. En este sentido, resulta pertinente comprender la provisión como un entramado de acciones individuales/colectivas, que articula diversas fuentes y cuya estabilidad o contingencia depende de las condiciones estructurales y de los recursos disponibles para cada unidad doméstica. Cabe aclarar que esta definición de prácticas de provisión no las restringe solamente a los recursos económicos, ya que también diversas actividades y recursos propios del trabajo reproductivo hacen a la reproducción de la vida. Empero, sostenemos que, en tanto que insertos en relaciones sociales capitalistas, la provisión económica de los hogares ocupa un lugar central para la satisfacción de necesidades, ya sea por ingresos provenientes del trabajo productivo de sus miembros (actual o pasado), del Estado a través de transferencias de ingresos (Cena, 2022), o bien por endeudamiento en entidades financieras (Wilkis, 2022; Dettano, 2019).

Debido a la disponibilidad[4] de datos sobre la localidad bajo estudio y a la centralidad teórica planteada, en este artículo indagamos las prácticas de provisión económica de hogares rafaelinos. En este sentido, comparamoso mediciones distanciadas por una década a los fines de explorar cambios y continuidades en la estructuración social a inicios del siglo XXI.

Contexto territorial y productivo de Rafaela (Santa Fe)

El caso analizado se localiza en Rafaela, ciudad cabecera del Departamento Castellanos, en el centro-oeste de la provincia de Santa Fe. Ubicada a unos 90 km de la capital provincial, 234 km de Rosario y 292 km de Córdoba, integra —por población y extensión— el conjunto de las ciudades de tamaño medio del interior pampeano (Zenklusen, Batistón y Russo, 2024). Se trata de la tercera ciudad más poblada de Santa Fe, con 101.699 habitantes según el Censo 2022. Su perfil productivo, agroindustrial y diversificado, combina la producción agrícola-ganadera de la región con una actividad industrial de predominio metalúrgico y lácteo que abarca más de veinte rubros (Peiretti, 2019).

Figura Nº 1. Localización de Rafaela

      

Fuente: Instituto Geográfico Nacional.

En términos demográficos, la localidad se destaca por su crecimiento sostenido en las últimas décadas. Entre los censos de 2001 y 2010 —los más próximos al período estudiado— la ciudad pasó de 83.563 a 92.945 habitantes, y de 24.317 a 29.655 hogares, tendencia que se prolonga hasta los 37.269 hogares registrados en 2022. Empero, más que su tamaño demográfico, interesa recuperar aquí el modo en que la configuración territorial y productiva delimita las condiciones materiales en que los hogares despliegan sus prácticas de provisión y, con ellas, las sociabilidades que aquí analizamos.

El origen de Rafaela remite al proceso de colonización agrícola privada que reordenó el centro-oeste santafesino en las últimas décadas del siglo XIX, en el marco de la integración de la provincia al modelo agroexportador (Bonaudo, Cragnolino y Sonzogni, 2014). Así, desde la formación de la colonia en 1881 —vinculada  con la empresa colonizadora de Guillermo Lehmann y apuntalada por el Estado provincial (Vicenti, 2010)— ésta creció con rapidez, impulsada por inmigración mayoritariamente del norte de Italia, y ya para 1895 lideraba la producción triguera de Santa Fe (Tonón, 2011). A ellos se sumó la temprana llegada del ferrocarril, en 1886, la integró a los circuitos comerciales nacionales e internacionales y consolidó su posición como centro regional (Bonaudo, 2011).

A partir de este proceso fundacional, a lo largo del siglo XX la ciudad transitó de su matriz agraria a un perfil crecientemente industrial. Al desarrollo temprano de la industria alimenticia —en particular láctea y frigorífica— se sumó, desde la década de 1960, la consolidación del sector metalmecánico y autopartista orientado a estándares de competencia internacional (Tonón, 2011). Incluso,  durante la desindustrialización selectiva del último período dictatorial el complejo metalmecánico local fue preservado, y en los años noventa la estructura industrial continuó operando como motor económico regional pese a las políticas neoliberales (Costamagna, 2020). De allí que Rafaela haya sido leída como un “caso exitoso” en la literatura sobre desarrollo territorial, catalogada como cuasi-distrito “a la argentina” (Quintar, Ascúa, Gatto y Ferraro, 1993) y asociada a las imágenes de “perla del oeste” o “isla industrial”: un territorio  en el que las crisis nacionales parecerían impactar con menor intensidad que en el resto del país e, incluso, de la provincia (Tonón, 2011).

En sintonía con esta trayectoria, la diversificación productiva que mencionamos se vio potenciada a partir de los años posteriores a la crisis de 2001. En efecto, la devaluación del peso y un contexto internacional favorable para los bienes transables nacionales impulsaron un ciclo de crecimiento que permitió a las industrias locales incrementar su participación en los mercados externos (Ascúa, 2007). De hecho, entre 2002 y 2003, las exportaciones de Rafaela aumentaron un 15,7%, superando el crecimiento total del país en el mismo período (14%) (Gómez, 2015).

Ahora bien, este ciclo de crecimiento tuvo su correlato en la evolución del mercado laboral local, aunque con intensidades diferenciales respecto a la dinámica nacional. De este modo, la crisis de la convertibilidad de inicios del siglo XXI se sintió en la ciudad con un considerable crecimiento del desempleo —especialmente en el sector industrial— aunque por debajo de las mediciones a nivel nacional: en Rafaela la tasa de desocupación fue del 19% en 2001 y del 14% en 2002, mientras que en Argentina fue del 22% y 18%, respectivamente (Gómez, 2015). En este sentido, de acuerdo con los Relevamientos Socioeconómicos realizados por el Instituto de Capacitación y Estudios para el Desarrollo Local (ICEDEL), para 2012 la tasa de desocupación abierta en la ciudad se había reducido al 8,1% (ICEDEL, 2012). A su vez, en ese mismo período, la tasa de actividad se mantuvo en torno al 45%, mientras que la tasa de empleo creció de 37,7% a 41,7% (Colombo, 2025).

Sin embargo, esta dinámica laboral no fue homogénea en su distribución: las dificultades para conseguir empleo afectaron con mayor intensidad a jóvenes y, particularmente, a mujeres (Garrapa, 2017; Allasia, 2017), mientras que la inserción laboral de migrantes bolivianos evidencia la coexistencia de realidades diversas en el mercado de trabajo local (Villalba, 2020).  En este sentido, la persistencia de brechas de género en el acceso al empleo y particularmente en las actividades con mejores condiciones laborales y salarios (Colombo, 2025), da cuenta de la relevancia de atender a esta dimensión en las prácticas de provisión de los hogares.

A estos desafíos estructurales del mercado laboral se sumó, desde fines de la primera década del siglo, la expansión de las transferencias estatales de ingresos. En Rafaela, como a nivel nacional, el siglo XXI está marcado por el sostenido aumento de personas receptoras de estos programas, particularmente a partir de la implementación de la Asignación Universal por Hijo para la Protección Social (AUH) en 2009: antes de la AUH, la proporción de personas que recibían políticas sociales no superaba el 1% de la población, mientras en 2012 ya representaban el 2,1% (Cena y Colombo, 2026). Hacia 2014, el 15,4% de los hogares percibía algún programa de transferencia de ingresos mientras que el 2,4% de los hogares asistía a comedores comunitarios (Rébola, 2017).

Así, el período que abordamos, entre 2002 y 2012, concentra transformaciones clave: la salida de la crisis de la convertibilidad, la recomposición del mercado de trabajo local y la expansión de las transferencias estatales de ingresos. No obstante,  aquello que a escala agregada se presenta como una trama productiva diversificada y relativamente resguardada de las crisis sectoriales no se traduce, a escala de los hogares, en agentes eximidos de intensificar sus prácticas de provisión. Antes bien, es en esa distancia entre la ciudad y las unidades domésticas donde se vuelve legible el fenómeno que analizamos: hogares que suman aportantes, suman más trabajos y articulan ingresos laborales con jubilaciones y transferencias sociales para sostener la vida. El análisis empírico que sigue permite explorar cómo se articularon estas transformaciones en la provisión de los hogares rafaelinos.

Acerca de la construcción de los datos y su análisis

El análisis aquí presentado responde a una lógica cuantitativa, y se enmarca ,por el alcance de sus objetivos, en una estrategia asociativa descriptiva-comparativa con secuencia temporal retrospectiva (Ato, López y Benavente, 2013). En este sentido, analizamos datos secundarios para comparar e identificar tendencias en un estudio longitudinal (Cea D’ancona, 1995; García-Faroldi, 2018). Concretamente, trabajamos con las bases de datos correspondientes a Relevamientos Socioeconómicos efectuados por el Instituto de Capacitación y Estudios para el Desarrollo Local (ICEDEL) en Rafaela en los años 2002 y 2012, durante los meses de mayo-junio respectivamente. La vinculación con el ICEDEL, ente autárquico del Estado local, se estableció con anterioridad a partir del Convenio Marco de Cooperación Institucional entre la Universidad Nacional de Rafaela y el ICEDEL (Resolución 143/2016).

La estrategia de análisis contempló, en primer lugar, una tarea de creación de variables que agrupan información de integrantes del hogar, a partir del parentesco (Olavarría, 2014) y de compartir el mismo número de registro o vivienda. Esto nos permitió delimitar hogares y tipificarlos. De esta manera, se crearon 8 variables cuyos datos se agregaron en la fila correspondiente al jefe o a la jefa del hogar, a saber: tamaño del hogar, cantidad de hijos/as, tipo de hogar, cantidad de aportantes por trabajo en el hogar, cantidad de aportantes por jubilación, cantidad de beneficiarios de plan, cantidad de personas que realizan changas, y tipo de aportes del hogar. Además, calculamos la tasa promedio de aportantes por hogar. Para el año 2002, de un total de 2170 personas identificamos 650 hogares. En tanto que, para el año 2012, de un total de 2314 personas identificamos 727 hogares. El análisis estadístico propiamente dicho apeló a los recursos de la estadística descriptiva (García Ferrando y Escobar, 2017).

Hogares y prácticas de provisión entre continuidades y cambios

Conformación de los hogares

Como señalamos en el apartado teórico, los hogares son unidades sociales heterogéneas cuya conformación expresa modos históricamente situados de organización de la convivencia, la provisión y la reproducción de la vida cotidiana. En este sentido, su análisis permite identificar no sólo transformaciones demográficas, sino también reconfiguraciones en las relaciones sociales, los arreglos intergeneracionales y las responsabilidades asociadas al sostenimiento material de sus integrantes.

De esta manera, podemos diferenciarlos según dos criterios: a) si están integrados por familiares y/o no-familiares; y b) si el núcleo familiar está compuesto por una o dos personas adultas (Binstock, 2018; Torrado, 2007). De la combinación de estos lineamientos, obtenemos siete categorías: 1) Unipersonal: solo una persona; 2) Nuclear completo o biparental: núcleo familiar de dos personas, con o sin hijos; 3) Nuclear incompleto o monoparental: núcleo familiar de una persona con hijos; 4) Extendido completo: núcleo familiar de dos personas, con o sin hijos y otros familiares; 5) Extendido incompleto: núcleo familiar de una persona, con hijos y otros familiares; 6) Extendido sin núcleo: dos o más personas con relaciones de parentesco no nucleares (yerno/nuera, hermano/a, nieto/a, cuñado/a, padre/madre/suegro/suegra y otros familiares); 7) Multipersonal no familiar: dos o más personas que no tienen relación de parentesco. Esta tipología además de caracterizar las formas de convivencia, habilita a identificar posiciones diferenciales frente a la provisión económica: mientras algunos tipos implican una mayor concentración de responsabilidades (como los monoparentales), otros ofrecen márgenes más amplios para arreglos específicos de vínculos, jerarquías y roles, particularmente visibles en los hogares extendidos, donde la co-residencia intergeneracional adquiere centralidad (Leach, 2012).

El Cuadro N°1 muestra la distribución de los tipos de hogares en la ciudad de Rafaela entre 2002 y 2012.

Cuadro Nº 1 Tipo de Hogar en Rafaela, 2002 y 2012

Fuente: elaboración propia en base a datos de ICEDEL. 

Como puede observarse en el Cuadro N°1, la distribución de los tipos de hogares en la ciudad de Rafaela entre 2002 y 2012 muestra variaciones moderadas pero consistentes con tendencias más amplias, que sugieren procesos de cambio gradual más que alteraciones abruptas en la estructura hogareña. Se evidencia que los nucleares completos son amplia mayoría tanto en 2002 como en 2012; aunque con una disminución de 2,6 p.p. entre ambos (de 60,9% a 58,3%). De igual modo se mantienen los valores en los unipersonales, en torno al 14%, aunque con una importante distancia respecto del primer tipo.

Por su parte, el resto de las tipologías dan cuenta de variaciones a lo largo de la década, lo que provoca ciertos intercambios en su orden relativo. Mientras que los hogares extendidos completos muestran una disminución de 1,7 p.p., los nucleares incompletos aumentan su participación en 3,9 p.p. Estas tendencias, aunque cuantitativamente acotadas, resultan analíticamente relevantes en tanto reconfiguran los modos en que se organizan las responsabilidades de provisión económica y de cuidado al interior de los hogares. El crecimiento de los hogares monoparentales en igual magnitud que la reducción de los biparentales (4,4 p.p. y 4,3 p.p. respectivamente) da cuenta de variaciones en las sociabilidades, concretamente en rupturas de parejas o matrimonios. De este modo, considerando que los hogares monoparentales se encuentran ampliamente feminizados en la ciudad, estas variaciones se corresponden con estudios a escala nacional que rastrean desde los inicios de la crisis de convertibilidad el crecimiento de hogares encabezados por mujeres (Jelin, 2006).

A partir de esta primera caracterización general de los tipos de hogares, en lo que sigue nos centraremos en aquellos que suponen lazos familiares (en virtud del objetivo planteado para este escrito y a los fines de claridad expositiva). Esto implica que en los siguientes cuadros no estará el detalle de hogares unipersonales, multipersonales no familiares ni extendidos sin núcleo. Empero, la columna correspondiente a “Total hogares” sí incluye a estas tres categorías.

Provisión de recursos

La provisión de recursos constituye una dimensión central para comprender los modos de organización de la vida cotidiana de los hogares en las sociedades actuales. En esta sección se analizan las transformaciones en las prácticas de provisión económica de las unidades hogareñas rafaelinas entre 2002 y 2012, y se atiende  tanto a la cantidad de aportantes provenientes del trabajo remunerado como a la diversificación de las fuentes de ingreso. De este modo, se incorporan  recursos extra-mercado. El Cuadro N°2 presenta la distribución de los hogares según la cantidad de aportantes económicos derivados de trabajo remunerado.

Cuadro Nº 2. Porcentaje de cantidad de aportantes económicos por tipo y total de hogares en Rafaela, 2002 y 2012

Fuente: elaboración propia en base a datos de ICEDEL.

Tal como puede observarse en el Cuadro N°2, considerando el total de hogares, se observan seis transformaciones significativas en los modos de provisión. La primera es la reducción de 5,8 p.p. en la categoría “sin aportantes”. Este descenso se verifica en todos los tipos de hogar, aunque adquiere mayor magnitud en los hogares con núcleos incompletos, tanto nucleares como extendidos. En tanto la ausencia de aportantes constituye un indicador indirecto de desempleo, los elevados porcentajes observados en 2002 y su posterior reducción en 2012 se corresponden con la dinámica del mercado de trabajo local, fuertemente afectado por la crisis de comienzos de siglo y su posterior recomposición (Colombo, 2025). En este sentido, la disminución de hogares sin aportantes expresa no sólo una mejora en los niveles de ocupación, sino también una mayor presión estructural para incorporar miembros al mercado laboral como estrategia de sostenimiento económico de los mismos.

La segunda modificación se da en la distribución de estos aportantes. En 2002, 1 de cada 2 hogares se sostenía económicamente a partir de una única persona que aportaba ingresos monetarios derivados del trabajo. Pero en 2012, eran apenas 1 de cada 3, lo que da cuenta de un debilitamiento del modelo de proveedor único y de una expansión de esquemas de provisión ampliada.

La tercera transformación más pronunciada se observa en los hogares nucleares completos -tanto con hijos/as como sin ellos-. Aquí, evidenciamos un marcado descenso para el año 2012 de hogares con un único aportante económico, y se reduce  de 46% al 29% en nucleares con hijos y de 63% a 15% cuando solo convive la pareja. La contracara es el aumento de hogares nucleares con dos aportantes económicos vía trabajo remunerado (de 41% a 50% y de 30% a 83%, respectivamente).

La provisión económica como práctica de los hogares se reacomoda a partir de las formas tradicionales de obtención de ingresos, aunque esto no garantice per se, ingresos elevados y empleo formal. Si se comparan las oportunidades de empleo en 2006 contra las de 1998, se observa en términos de remuneración, mayores niveles de precariedad e indigencia profundizando la heterogeneidad sectorial en el mundo del trabajo (Salvia y Gutiérrez Ageitos, 2013). Por otra parte, en hogares biparentales, el aumento de aportantes permite inferir una feminización del trabajo que implica necesarios reajustes en la vida doméstica.

Este resultado está indicando que, mientras en el año 2002 el modelo de varón proveedor era predominante, una década después se asiste a un viraje hacia un modelo de doble provisión o empleo igualitario (Haas, 2005), sin que ello implique la desaparición del primero. Este hallazgo se relaciona con el sostenido crecimiento de la tasa de actividad y de ocupación femenina en Rafaela a lo largo de todo el siglo XXI (Colombo, 2025), incluso cuando a otras escalas estos indicadores se encuentran estancados. Sin embargo,  como ya se ha recuperado, la expansión de estos modelos no necesariamente implica una redistribución simétrica de las responsabilidades reproductivas, sino que suele traducirse en una intensificación de la carga total de trabajo de las mujeres (Rodríguez Enríquez, 2015). En esta misma dirección, estudios realizados en contextos europeos muestran tendencias similares: van Gils y Kraaykamp (2008) señalan que, en cohortes más jóvenes, el predominio de parejas con ambos miembros ocupados se asocia a mayores niveles educativos y, a la reducción o postergación de la fecundidad. En conjunto, estos datos habilitan la hipótesis de que la ampliación de la provisión económica a ambos miembros del núcleo incide en las decisiones reproductivas y en la reorganización del ciclo de vida familiar, también en contextos urbanos intermedios como Rafaela. Desde esta perspectiva, las prácticas de provisión de parejas implican reacomodamientos en las sociabilidades en el sentido de que lo posible y aceptable abarca de modos más permanentes -no solo como emergencia frente a la crisis o al desempleo masculino- la feminización del trabajo, fenómeno que se observa en el periodo analizado.

Por otro lado, la cuarta modificación consiste en el incremento de la participación económica de los hijos/as en los hogares nucleares completos. Mientras que en 2002 estos aportes estaban presentes en el 9% de los hogares, en 2012 ascienden al 20%, evidenciando el crecimiento del modelo familia-trabajadora adulta (Lewis, 2002). Este fenómeno puede interpretarse en relación con el retraso en los procesos de emancipación residencial, así como con estrategias familiares orientadas a sostener el consumo, atender necesidades de cuidado o amortiguar la inestabilidad laboral de otros integrantes. En este sentido, diversos trabajos han señalado que la prolongación de la convivencia intergeneracional responde tanto a restricciones estructurales del mercado de vivienda y empleo como a formas renovadas de solidaridad familiar (Saraví, 2009; Benza y Kessler, 2021).  De este modo,  se evidencia una interdependencia entre las interacciones aceptadas y aceptables de las sociabilidades y los ingresos a través de las ocupaciones a los que se puede acceder.

En quinto lugar, los hogares con núcleo incompleto -recordemos, ampliamente feminizados- muestran que los modos de provisión adquieren características específicas. Así, en la década analizada, estos hogares también experimentan una expansión de la provisión económica, aunque con una orientación particular: el incremento de aportantes se produce fundamentalmente a partir de los hijos/as, dando lugar a modelos de familia-proveedora. En concreto,  se redujeron 7% los monoparentales con una sola persona aportante y crecieron aquellos con 2 o más.Puntualmente, aumentan en el caso de dos aportantes (persona adulta e hijo/a) 15,3 p.p. -pasando de 18,8 p.p. a 34,1 p.p. en el período-. En la categoría tres aportantes o más, el aumento es de 4,2 p.p., dando como resultado que 1 de cada 2 hogares nucleares incompletos se ubican en este modelo. Este patrón da lugar a modos de con-vivencia en los que la provisión económica se distribuye entre generaciones, reconfigurando las relaciones de dependencia y las responsabilidades asociadas al sostenimiento del hogar (Jelin, 2006).

En una línea similar, se evidencian ciertas transformaciones en los hogares extendidos, que tienden a profundizar modelos de múltiples personas aportando económicamente a la economía hogareña. Así, en extendidos completos con hijos este modo de provisión pasó de abarcar al 80% en 2002 al 92% en 2012, mientras que en aquellos sin hijos/as se pasó del 57% al 77%. Asimismo, los extendidos incompletos con 2 o más aportantes representaban el 69% en la primera medición y 89% en la segunda. Si bien la múltiple provisión es una característica estructural de este tipo de hogares, los datos refuerzan la tendencia a su intensificación, particularmente en contextos de incertidumbre laboral. Estos arreglos permiten distribuir riesgos, combinar ingresos de distinta naturaleza y sostener modalidades de convivencia intergeneracional que resultan centrales para la reproducción social (Kaztman, 2001; Leach, 2012). En línea con este detalle, incorporamos un indicador integrador en el Cuadro N°3, donde se presenta la tasa promedio de aportantes económicos según tipo y total de hogares.

Cuadro Nº 3. Tasa promedio de aportantes económicos y diferencia, según tipo y total de hogares en Rafaela, 2002 y 2012

Fuente: elaboración propia en base a datos de ICEDEL.

Tal como se puede observar, en 2012,  se  produce un incremento significativo en el promedio de aportantes económicos en todos los tipos de hogares y en el total general, y se destaca  el hogar completo sin hijos, seguido por el extendido completo sin hijos. Este hallazgo deja entrever la intensificación de lógicas expansivas del capital y el sostenido proceso de pérdida de valor de los salarios lo que exige a los hogares sumar aportes adicionales para garantizar su subsistencia. En este sentido, la ampliación de la cantidad de personas que aportan económicamente no necesariamente indica mayores niveles de consumo o bienestar, sino que también puede ser leído como una respuesta adaptativa frente a escenarios de vulnerabilidad estructural (De Sena y Dettano, 2020). Si bien los tipos de hogares abarcan diferentes posiciones y condiciones de clase, la tendencia generalizada en la tasa de aportantes da cuenta que las prácticas de provisión económicas han sido un eje central en el escenario post-crisis 2001 para los hogares de Rafaela.

La diversificación de las fuentes de provisión se profundiza al considerar los ingresos extra-mercado. El Cuadro N°4 muestra el porcentaje de hogares con fuentes de provisión provenientes de trabajos pasados o planes sociales en los hogares rafaelinos en 2002 y 2012.

Cuadro Nº 4. Porcentaje de hogares con fuentes de provisión extra-mercado, según tipo y total de hogares en Rafaela, 2002 y 2012

Fuente: elaboración propia en base a datos de ICEDEL.

Del Cuadro N°4 se desprende que entre 2002 y 2012 se registra un crecimiento generalizado de los hogares que perciben ingresos extra-mercado, particularmente jubilaciones y pensiones. Esta tendencia atraviesa a todos los tipos de hogar, aunque adquiere mayor intensidad en los extendidos (especialmente los incompletos) y en los nucleares completos sin hijos/as. En este marco, los ingresos previsionales se consolidan como un componente estructural de la provisión económica de los hogares de la ciudad, más allá de que la persona beneficiaria sea o no el principal sostén económico del hogar. Tal como se observa en los hogares extendidos, estos recursos no sólo sostienen a quienes los perciben, sino que tienden a integrarse al fondo común del hogar, favoreciendo arreglos de convivencia intergeneracional y estrategias colectivas de provisión. Dicho comportamiento se inscribe en un contexto de avance acelerado del envejecimiento poblacional y de ampliación de la cobertura previsional que se dio en Argentina desde 2005 (Calabria et al., 2012), que ha impactado en el acceso a jubilaciones para un amplio sector de mujeres mayores a los 65 años.

Por su parte, los hogares que reciben planes sociales también aumentan su presencia relativa entre 2002 y 2012, aunque con intensidades diferenciales según el tipo de hogar. Este crecimiento es más pronunciado en los hogares extendidos y en los nucleares incompletos, configuraciones que suelen presentar mayores niveles de vulnerabilidad socioeconómica. En estos casos, las transferencias estatales funcionan como un complemento (y no como sustituto) del ingreso laboral, integrándose a estrategias de manutención diversificadas que buscan garantizar la reproducción cotidiana del hogar. Así se ha observado un aumento de hogares que combinan ingresos de trabajo presente y pasado, al tiempo que aumentan los hogares con combinaciones de aportes de organismos estatales (Bocchicchio et al, 2014). En este marco, la política social tuvo mayor presencia en el período, pero fue limitada la capacidad para mejorar estructuralmente la deficiencia en la reproducción (Poy, 2021).

El Cuadro N° 5 permite observar de manera integrada las combinaciones entre fuentes de provisión por trabajo actual, extra-mercado o ambas.

Cuadro Nº 5. Porcentaje de hogares con fuentes de provisión por trabajo actual, extra-mercado o ambas, según tipo y total de hogares en Rafaela, 2002 y 2012

Fuente: elaboración propia en base a datos de ICEDEL.

En suma, el análisis de los Cuadros N°4 y N°5 permite afirmar que entre 2002 y 2012 los hogares rafaelinos avanzaron hacia modelos de provisión más complejos y combinados, en los que el trabajo remunerado continúa siendo central, pero ya no opera de manera exclusiva. Estas estrategias de manutención, socialmente situadas, delimitan posiciones diferenciales de los hogares frente al mercado de trabajo y al sistema de protección social, y constituyen un insumo clave para comprender las desigualdades que atraviesan las distintas configuraciones familiares en el contexto local.

En conjunto, el análisis comparativo de la conformación de los hogares y de sus prácticas de provisión económica en Rafaela entre 2002 y 2012 permite identificar un proceso de diversificación de la provisión económica, estrechamente vinculado con  transformaciones estructurales del mercado de trabajo, con  cambios demográficos y también  con la expansión de las políticas sociales. La disminución del modelo de proveedor único, la intensificación de esquemas de provisión ampliada (tanto intra como intergeneracional) y la creciente articulación entre ingresos laborales y extra-mercado dan cuenta de hogares que despliegan prácticas diversas en pos de su reproducción cotidiana. Estas prácticas se encuentran socialmente situadas y desigualmente distribuidas según tipo de hogar, género y posición generacional, y configuran así  escenarios diferenciales de exposición a la incertidumbre económica. Esta cuestión será necesario profundizar a futuro. En este sentido, la provisión económica emerge como una dimensión clave para comprender las sociabilidades contemporáneas, en tanto condensa relaciones de dependencia, reciprocidad y expropiación corporal que estructuran los modos de con-vivir en una ciudad intermedia del interior argentino.

En términos generales, se registra en 2012 una disminución del peso relativo de los hogares que dependen exclusivamente del trabajo remunerado actual como sustento económico. En contrapartida, se observa un crecimiento significativo de aquellos hogares que combinan ingresos provenientes de un trabajo presente con los derivados de una inserción pasada en el mercado laboral o con transferencias estatales. De este modo, en el total de hogares, esta modalidad combinada pasa del 14,9% en 2002 al 25% en 2012, lo que representa un incremento cercano al 50%. Estos hallazgos  resultan consistentes, a su vez, con los resultados obtenidos por Bocchicchio et al. (2014) para la Ciudad de Buenos Aires, quienes señalan que, en contextos de envejecimiento poblacional y expansión previsional, los hogares que combinan trabajo actual con jubilaciones, pensiones u otras transferencias tienden a crecer, mientras que, en sentido inverso, aquellos que dependen exclusivamente del trabajo muestran una leve pero persistente retracción.

En línea con esta tendencia general, en Rafaela, los hogares extendidos completos con hijos son los que registran el mayor aumento, de casi 25 p.p., seguidos por los extendidos incompletos con 16,4 p.p. y los nucleares de solo pareja con 15, 7 p.p.

A partir de estos datos,  puede sostenerse que las transformaciones registradas no remiten únicamente a una mejora en las condiciones económicas de los hogares (entendidas como mayores niveles de consumo), sino que, más bien, expresan una reconfiguración de las estrategias de provisión económica, orientadas a diversificar las fuentes de ingreso frente a escenarios de incertidumbre laboral y cambios demográficos. Como contrapartida, las sociabilidades que se condensan en tipos de hogares que aumentan, pone de manifiesto cómo las interacciones y los vínculos familiares pueden brindar mejores oportunidades de aunar ingresos, optimizar recursos y resolver las demandas de cuidado, trabajo doméstico y vivienda. En este sentido, la creciente complementariedad entre ingresos laborales y extra-mercado pone de relieve el papel activo de los hogares en la gestión de su sostenibilidad económica como la centralidad que adquieren las políticas públicas y los ingresos previsionales en la reproducción de los hogares en la ciudad. En la localidad de Ministro Rivadavia, provincia de Buenos Aires se identificó para el período 2005-2010 que una proporción baja de hogares se sostenía solo con ingresos de jubilaciones o pensiones no contributivas (Wolpowicz, 2023). De manera análoga,  entre trabajadores informales con 10 años de antigüedad, la combinación con planes sociales se  configura como una práctica de provisión que funciona  a modo de ayuda acumulativa, como si se juntaran trozos de ingresos de distintas fuentes para sostener la vida cotidiana (De Sena y Dettano, 2020).

Conclusiones

Con el objetivo de identificar cambios y continuidades en los procesos de estructuración social en relación al mundo del trabajo y las sociabilidades, este artículo se propuso comparar información secundaria proveniente de relevamientos locales, entre 2002 y 2012 en Rafaela. Como aspectos relevantes que se desprenden de esta comparación, identificamos un descenso progresivo del modelo tradicional de proveedor único y, en paralelo, una expansión de esquemas de provisión ampliada, sustentados en la incorporación de más miembros al trabajo remunerado, en particular mujeres/cónyuges e hijos/as jóvenes. Por lo tanto, así como existen diversas tipologías de hogares, también identificamos distintas prácticas de provisión. Para el período bajo análisis, una de las prácticas en los hogares ha sido el incremento de personas con trabajo remunerado, lo que deriva en doble provisión de personas adultas, o familias proveedoras incluidos hijos/hijas. Esto se complementa, a su vez, con otra práctica: la combinación de distintas fuentes de ingresos, de trabajo presente, pasado, como así también de programas sociales. Sin embarto, y sin que ello implique  necesariamente una mejora en las condiciones de vida, estas transformaciones deben ser contextualizadas en escenarios de precarización laboral, pérdida de valor salarial y mayor exposición a la incertidumbre de ingresos que caracterizan a esta parte del mundo desde finales del siglo XX (Constantino, 2017). En este marco, la diversificación de fuentes de ingreso y la convivencia intergeneracional se consolidan como modos de vivir que contribuyen a la reproducción cotidiana de los hogares.

Desde la perspectiva de la Sociología de los cuerpos/emociones, estas prácticas de provisión no solo refieren a aspectos económicos, sino también a procesos que involucran una intensificación de la extracción de energías corporales que se da en el trabajo productivo, además de dejar abierto un interrogante acerca del trabajo reproductivo de estos hogares. Asimismo, delimitan posiciones/condiciones desiguales que implican resoluciones posibles/imposibles del día-a-día, reforzando o amortiguando, según el caso, vulnerabilidades preexistentes.

Pese a la limitación de no contar con los datos del relevamiento de 2022, que nos permitiría tener una mirada más cercana a la actualidad y un análisis de largo plazo, consideramos que el presente estudio aporta evidencia empírica situada sobre una ciudad intermedia del interior argentino, ya que contribuye a matizar, profundizar y complejizar diagnósticos construidos a partir de grandes áreas metropolitanas. En este sentido, los hallazgos refuerzan la necesidad de continuar indagando las prácticas de provisión económica de los hogares como una vía privilegiada para comprender las transformaciones contemporáneas de las sociabilidades, las desigualdades y los modos en que se organiza la vida cotidiana en contextos urbanos no metropolitanos.

En otro lugar Vergara y Colombo (2024), describimos prácticas de provisión de hogares con, al menos, una persona ocupada en edad activa (14-65 años) en Rafaela (Santa Fe), durante los años 2021 y 2022, a partir de una encuesta con una muestra no probabilística que profundizó en 4 de 7 tipos de hogares identificados. Para ese periodo, encontramos que en los hogares biparentales con hijos/as se registra principalmente doble provisión e ingresos principalmente de trabajo; en los monoparentales, la mitad de los casos tiene una sola aportante, y combinan ingresos de planes sociales, becas y jubilaciones. Por su parte, en los extendidos con núcleo completo o biparentales se registra una triple provisión. En conjunto, estas prácticas dan cuenta de una presencia ineludible de ingresos por transferencias estatales (de niveles nacionales, provinciales y municipales) que se incorporan a las fuentes tradicionales por trabajo, pasado o presente.

Esto podría dar cuenta de que, a pesar del desarrollo agroindustrial, de servicios y de la industria del software que tiene la ciudad, en este primer cuarto de siglo, las prácticas de provisión se articulan con procesos de estructuración social que impactan en las sociabilidades de los hogares, tales como la feminización del trabajo, el aumento en los niveles de informalidad, precariedad e inestabilidad de los trabajos y, la masividad de las políticas sociales.

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Notas


[1] Gabriela Vergara. Doctora en Ciencias Sociales (UBA). Investigadora Independiente del Centro de Conocimiento, Formación e Investigación en Estudios Sociales (UNVM-CONICET). Profesora Asociada Ordinaria en la Lic. en Relaciones del Trabajo de UNRaf.

[2] Andreina Colombo. Doctora en Estudios Sociales (UNL). Becaria Posdoctoral del CIT-Rafaela (UNRaf-CONICET). Profesora Adjunta Interina de la Lic. en Relaciones del Trabajo de UNRaf y JTP en la Lic. en Ciencia Política de la UNL.

[3] Solana Salessi. Doctora en Psicología (UNLP). Investigadora Adjunta del CIT-Rafaela (UNRaf-CONICET). Profesora Asociada Ordinaria de la UNRaf. Profesora Adjunta en la UNL. Directora del Instituto de Investigaciones de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica de Santa Fe.

[4] El presente artículo se inscribe en las indagaciones del proyecto de investigación titulado “Procesos de estructuración social y prácticas de producción/reproducción social en hogares de Rafaela (2002, 2012, 2022)” aprobado y financiado por la Universidad Nacional de la Rafaela para el período 2023-25, Res.760/2023. Por motivos ajenos a la investigación, no pudimos tener acceso a las variables necesarias para la construcción de la matriz de hogares del Relevamiento de ICEDEL de 2022. Por este motivo, y aún sabiendo de las limitaciones que comporta el presente análisis, nos centramos en la primera década del siglo, lo cual constituye un aporte a los estudios locales, sociodemográficos y de la sociología de los cuerpos y las emociones. Actualmente nos encontramos trabajando en otro proyecto de investigación que utiliza datos censales de la ciudad, a fin de abarcar este período, ya no con muestra representativa, sino con datos de toda la población.