DOI: http://dx.doi.org/10.19137/huellas-2026-3007


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ARTÍCULOS

Entre ríos y vientos: educación ambiental y arte comunitario en la Patagonia. Caso de estudio: Crónicas de balsa

Agustín Arosteguy[1]

 Universidade Estadual de Campinas/ Campus Limeira

agustin@unicamp.br 

Daniela Ayelén Massone[2] 

Universidad de Buenos Aires

danielamassone@gmail.com  

RECIBIDO 30-12-2025

ACEPTADO 11-03-2026

Cita sugerida: Arosteguy, A. y Massone, D. (2026). Entre ríos y vientos: educación ambiental y arte comunitario en la Patagonia. Caso de estudio: Crónicas de balsa. Revista Huellas, Volumen 30, Nº 1, Instituto de Geografía, EdUNLPam: Santa Rosa. Recuperado a partir de: http://cerac.unlpam.edu.ar/index.php/huellas

Resumen

En 2014, Federico González inició Crónicas de balsa, un proyecto de Educación Ambiental (EA) basado en la construcción de balsas con materiales reutilizados. Su objetivo fue crear una red de reciclaje conectando localidades ribereñas de la Patagonia argentina mediante una travesía fluvial. Las balsas no solo transportaron residuos, sino también ideas, motivaciones e iniciativas comunitarias, convirtiéndose en escenarios flotantes para intervenciones artísticas. Este artículo presenta Crónicas de balsa como una experiencia original y autogestionada de EA, impulsada desde, por y para la comunidad. La propuesta articula arte, naturaleza y educación ambiental con el fin de generar conciencia ecológica, fortalecer lazos sociales y promover expresiones artísticas locales. En una primera parte, se describe el origen del proyecto. Luego, se abordan los aportes de las geografías no representacionales (Thrift, 2007) y del giro afectivo, que permiten captar la sensibilidad de los vínculos y los elementos que configuran un paisaje sonoro, según Raymond Murray Schafer (2013). Finalmente, se narran las experiencias concretadas y se propone una articulación entre naturaleza (agua y viento), arte/música y la Ley 27.621 de Educación Ambiental Integral, a partir de la noción de paisajes sonoros naturales de Schafer (2013).

Palabras clave: Entorno Natural; Educación Ambiental; Arte y Geografía; Paisajes sonoros; Geografía no representacional

Between Rivers and Winds: Environmental Education and Community Art in Patagonia. Case Study: Crónicas de balsa

Abstract

In 2014, Federico González launched Crónicas de balsa, an Environmental Education (EE) project based on building rafts from reused materials. Its main goal was to create a recycling network by connecting riverside communities across Argentine Patagonia through a river journey. The rafts transported not only waste but also ideas, motivations, and community initiatives, becoming floating stages for artistic interventions. This article presents Crónicas de balsa as an original, self-managed EE experience driven by, from, and for the community. The initiative weaves together art, nature, and environmental education to raise ecological awareness, foster community bonds, and promote local artistic expression. The first section describes the origins of the project. Next, it explores contributions from non-representational geographies (Thrift, 2007) and the affective turn, which help capture the sensitivity of relationships and the elements that shape a soundscape, as proposed by Raymond Murray Schafer (2013). Finally, the article narrates the experiences carried out and proposes an articulation between nature (particularly water and wind), art/music, and Law 27.621 on Comprehensive Environmental Education, drawing on Schafer’s (2013) concept of natural soundscapes.

Keywords: Natural Environment; Environmental Education; Art and Geography; Soundscapes; Non-Representational Theory

Entre rios e ventos: Educação Ambiental e Arte comunitária na Patagônia. Estudo de Caso: Crônicas de balsa

Resumo

Em 2014, Federico González lançou Crônicas de balsa, um projeto de Educação Ambiental (EA) baseado na construção de balsas com materiais reutilizados. Seu principal objetivo foi criar uma rede de reciclagem conectando comunidades ribeirinhas da Patagônia argentina por meio de uma jornada fluvial. As balsas transportaram não apenas resíduos, mas também ideias, motivações e iniciativas comunitárias, tornando-se palcos flutuantes para intervenções artísticas. Este artigo apresenta Crónicas de balsa como uma experiência original e autogerida de EA, impulsionada desde, por e para a comunidade. A iniciativa entrelaça arte, natureza e educação ambiental com o propósito de despertar a consciência ecológica, fortalecer os laços sociais e promover a expressão artística local. A primeira seção descreve as origens do projeto. Em seguida, são exploradas as contribuições das geografias não representacionais (Thrift, 2007) e da virada afetiva, que ajudam a captar a sensibilidade dos vínculos e dos elementos que moldam uma paisagem sonora, conforme proposto por Raymond Murray Schafer (2013). Por fim, o artigo narra as experiências realizadas e propõe uma articulação entre natureza (especialmente água e vento), arte/música e a Lei 27.621 de Educação Ambiental Integral, com base na noção de paisagens sonoras naturais de Schafer (2013).

Palavras-chave: Entorno Natural; Educação Ambiental; Arte e Geografia; Paisagens Sonoros; Geografia Não Representacional

Introducción

Y cuando mi balsa esté lista partiré hacia la locura

con mi balsa yo me iré a naufragar (reciclar)

Canción de Los Gatos (intervenida por autores)

En 2014, Federico González puso en marcha Crónicas de balsa, un proyecto de Educación Ambiental (EA) sustentado en la construcción de balsas con materiales reutilizados. La iniciativa tuvo como propósito central conformar una red de reciclaje que, a través de una travesía fluvial, enlazara la mayor cantidad posible de localidades ribereñas de la Patagonia argentina a partir de sus propios residuos. Durante las navegaciones, las balsas no sólo transportaron materiales, sino también ideas, motivaciones e iniciativas comunitarias. Se convirtieron en escenarios flotantes donde tuvieron lugar intervenciones artísticas de múltiples lenguajes, música, danza, performance, que ampliaron el sentido de la experiencia. Tras ocho años de recorridos que combinaron reciclaje, navegación y arte, Crónicas de balsa se presenta hoy como una propuesta original de EA que articula, a lo largo de ríos, lagos y océanos, dimensiones educativas, ambientales y artísticas. Su finalidad es sensibilizar sobre la disposición final de los residuos, estimular la participación ciudadana en la búsqueda de soluciones creativas y, sobre todo, alentar a quienes poseen un proyecto o un sueño a llevarlo adelante.

El aporte de este trabajo consiste en la articulación de la geografía, el arte y la educación ambiental en el contexto de la Patagonia Argentina, para concientizar sobre el estado actual de la emergencia ambiental. Por lo cual, como contribución desde el punto de vista teórico, metodológico y empírico, esta experiencia se propone dejar de pensar en términos binarios y dicotómicos que contraponen la cultura a la naturaleza, buscando eliminar las fronteras entre lo humano y lo animal, entre lo humano y lo vegetal, entre lo humano y lo hídrico, entre lo humano y lo lítico, al entender que no son esferas separadas sino que están conectadas y que forman parte de un todo en donde las relaciones de dominación jerárquica son cuestionadas y reestructuradas (Haraway, 1991).

El propósito de este trabajo es presentar Crónicas de balsa como una experiencia singular y autogestionada de EA, concebida desde, por y para la comunidad. En las páginas siguientes se expone el origen del proyecto y se describe el proceso mediante el cual Federico González transformó una idea inicial en la realización de la primera travesía. Luego, en la segunda sección, se presentan el marco de referencia adoptado junto con el marco teórico. Ya en la tercera sección, a través de tres experiencias del proyecto efectuadas, todas diferentes, todas singulares, se describen los procesos y los resultados de cada una: 1) desde la naciente del río Limay hasta la localidad de Cervantes, sobre las costas del río Negro, en donde un dúo de danza y percusión se subieron en el escenario flotante en la localidad de Plottier; 2) en la playa de la Herradura en la ciudad de Coquimbo (Chile), en que la iniciativa artística estuvo a cargo de un dúo de jazz (guitarra y saxofón); 3) en el canal Beagle a unos 20 kilómetros de Ushuaia, Esteban, en una suerte de ritual de los pueblos originarios, tocó su saxofón completamente desnudo acompañado solo por un fuego. En la cuarta, proponemos una articulación entre la naturaleza (en particular el agua y el viento), el arte/la música y la Ley 27.621 de EAI, a partir de las ideas de Schafer (2013) sobre los paisajes sonoros naturales y, en especial, los referentes a las voces del mar, las transformaciones del agua y las voces del viento. Y, por último, pero no por eso menos importante, cerramos con unas consideraciones finales con el deseo de despertar conciencia ambiental a través del arte. Es relevante mencionar que una versión preliminar de este texto fue publicada en el libro “La cuestión ambiental en devenir: geografía y educación” (2023) bajo el título “Crónicas de balsa: una historia sobre el río como articulador de la Educación Ambiental, el arte local y la naturaleza”.

 

Crónicas de una idea

Tengo una idea, es la de irme al lugar que yo más quiera

me falta algo para ir, pues, caminando yo no puedo

construiré una balsa y me iré a naufragar (reciclar)

“Necesito tener una historia. Una aventura para escribir un libro y así poder viajar” (Federico González, comunicación virtual, 21 noviembre 2022). En 2014, Federico González —de aquí en adelante, Federico— concibió la primera idea que daría origen a Crónicas de balsa. Tras su experiencia como profesor de Educación Física en escuelas secundarias de Chile, y algo cansado de la rutina de la educación formal, decidió comenzar a escribir una historia cuyo eje sería la construcción de una balsa capaz de atravesar la Patagonia argentina navegando los ríos Limay y Negro. Su propósito inicial era escribir un libro, venderlo y, con lo recaudado, financiar la expedición.

El primer paso para concretar su sueño fue mudarse a Bariloche, donde comenzó a imaginar la balsa. Sin embargo, pronto se enfrentó al primer obstáculo: nunca había construido una y no tenía idea de cómo hacerlo. Salió entonces a caminar y a explorar los ríos patagónicos en busca de materiales que le permitieran poner en marcha su proyecto. Lo que encontró no fueron maderas ni herramientas, sino residuos: botellas, plásticos y neumáticos de todo tipo, tamaño y color, dispersos en el entorno. En ese momento tuvo una revelación: navegaría con una balsa hecha de materiales reciclados. Así, su idea inicial empezó a transformarse en una propuesta de reciclaje creativo. “Siempre hay una historia detrás”, señala Federico, “e inevitablemente genera persuasión” (comunicación virtual, 21 noviembre 2022).

Federico comprendió entonces que su idea no era sólo un proyecto personal, sino una iniciativa de mayor alcance que involucraba a toda la comunidad. Decidió navegar los ríos con el propósito de motivar a las personas a participar en la búsqueda de soluciones frente a un problema que las (nos) afecta directamente. Muy pronto comenzó a llamar la atención. Apenas inició la colecta de residuos, se difundió la noticia de que en Bariloche alguien estaba construyendo una balsa con materiales reciclados. La curiosidad llevó a vecinos y vecinas a acercarse, y pronto Federico fue invitado a programas radiales y televisivos locales, además de aparecer en varios diarios. La repercusión llegó incluso a la Prefectura Naval, que lo interceptó durante una de las pruebas de navegación en el río Limay. Allí se le señaló que su embarcación no cumplía con los requisitos legales de reglamentación y seguridad necesarios para navegar.

Figura N° 1: Modelo digital de la balsa

Fuente: gentileza de Federico González.

Este obstáculo representaba una limitación importante, ya que Federico no tenía conocimientos técnicos para construir una balsa conforme a las exigencias de la Prefectura. Sin abandonar su sueño, comenzó a contactar ingenieros navales de Argentina, Chile y Brasil en busca de apoyo. Para su sorpresa, la respuesta llegó desde España, más concretamente del presidente del Consejo de Estudiantes de Ingeniería Naval (CEDEIN), Borja Martínez Botella —cuyo apellido parecía guiado por esas coincidencias cósmicas— se interesó en la propuesta. Con el fin de hacerla más atractiva y presentarla a Borja, Federico recurrió a su experiencia como docente y elaboró la idea de una red de reciclaje que conectara a los pueblos ribereños a través de sus residuos. Imaginó una suerte de carrera de postas: en cada localidad se construiría una nueva balsa, mientras la anterior quedaría como mojón, trazando un recorrido simbólico en defensa de la naturaleza y en combate contra la basura.

La anécdota cuenta que, justo en esas fechas, se celebraba un congreso de ingenieros navales y los integrantes del CEDEIN no tenían proyecto para presentar. Fue entonces cuando le preguntaron a Federico si podían utilizar el suyo, y él aceptó sin dudarlo. El proyecto se expuso en el congreso y se sometió a votación: de siete escuelas participantes, cinco decidieron respaldarlo. De este modo, Federico obtuvo el apoyo que necesitaba. Desde el CEDEIN le enviaron planos, manuales de montaje y cálculos de estabilidad y resistencia de las balsas, aportando el conocimiento técnico que le faltaba. En la Figura N° 1 se presenta el plano de la embarcación.

Ya instalado en Bariloche y decidido a poner en marcha la red de reciclaje y la navegación, Federico obtuvo finalmente un certificado de aptitud técnica para su balsa. El ingeniero naval Wegner Diem, de Villa La Angostura, supervisó el proyecto y acompañó el proceso de construcción de una embarcación realizada íntegramente con materiales reciclados. Tras evaluar su flotación y maniobrabilidad, otorgó el visto bueno que habilitaba la aventura de navegar por el río Limay. La primera prueba consistió en un recorrido de 50 kilómetros, desde el nacimiento del río hasta su confluencia con el Traful. El ensayo resultó exitoso: la balsa demostró condiciones de seguridad y estabilidad suficientes para navegar de manera legal. En la Figura N° 2 se presenta el modelo certificado de la embarcación.

Figura N° 2: Modelo de balsa certificado

Fuente: gentileza de Federico González.

Este acontecimiento marcó un antecedente histórico: fue la primera balsa construida con residuos que cumplía plenamente con los requisitos legales y técnicos para navegar. A partir de ese logro, comenzaron a llegar nuevos apoyos y la idea inicial se consolidó, tomando forma no sólo de embarcación, sino también de proyecto de educación ambiental.

 

Rosa de los vientos: antecedentes y marco teórico  

Con la publicación en 1977 de su trabajo más significativo, The tuning of the world, Raymond Murray Schafer inició un movimiento que buscaba percibir el medio ambiente sonoro en el cual el ser humano está inmerso, haciéndolo responsable también por la composición sonora de los paisajes. Así, el autor creó el término ‘paisaje sonoro’ para denominar el conjunto de sonidos provenientes de un espacio determinado, en estrecha relación con el entorno en el cual se producen revelando el grado de evolución del grupo social y del espacio. Lo más interesante de este trabajo fue que demostró la manera en la cual los sonidos son responsables por una caracterización peculiar de determinados ambientes acústicos y el modo en que estos ambientes terminan impregnados por los sonidos presentes en los lugares. Esta demostración trae implícita una cuestión muy relevante para este proyecto: los sonidos de los espacios cambian, se transforman, mutan a lo largo de los años. De esta manera, Schafer establece que el paisaje sonoro está compuesto por tres elementos: sonidos claves (keynote sounds), señales (signals) y marcas sonoras (sound marks). En relación con los sonidos claves, estos son creados por los elementos naturales, entre los cuales se encuentran los sonidos que crean el agua, el viento, los bosques, las llanuras, las aves, los insectos, las piedras, entre otros elementos. Su relevancia radica en que “ayudan a delinear el carácter de los seres que viven entre ellos” (2013, p. 9). Las señales, por su parte, “a menudo pueden organizarse en elaborados códigos que permiten mensajes de considerable complejidad transmitidos a quienes pueden interpretarlos” (Ibidem, p. 10). De esta forma, las señales sonoras tienen la particularidad de constituir dispositivos de advertencia acústica, entre los que podemos mencionar las campanas, los silbidos, las bocinas y las sirenas. En tercer y último lugar, las marcas sonoras son aquellos sonidos que “hacen que la vida acústica de una comunidad sea única” (Idem). A este respecto, Cárdenas-Soler y Martínez-Chaparro agregan que estas marcas “se refieren a los sonidos (con valor simbólico y afectivo) que describen con mayor fidelidad las cualidades socioculturales de una comunidad” (2015, p. 132).

Los antecedentes en la región del estudio de la disciplina se han centrado en el análisis de la geografía y de la música desde la perspectiva humanística (Mello, 1991; Rosadas, 2009), de la música popular y su relación con el territorio (Valiente, 2009; Dozena, 2009; Andrade, 2021), del abordaje de la geografía y de la música desde la teoría (Diaz Cruz, 2010; Finn, 2015; Dozena, 2019), de la música e identidades territoriales (Burgos, 2006; Panitz, 2010; Lozano, 2017; Castiblanco, 2019); de los imaginarios geográficos en la música (Trotta, 2018; Arosteguy, 2020); de la geografía de la música y las emociones (Furlanetto, 2018; Arosteguy, 2022) y de la geografía y la fenomenología (Holzer, 2001, 2011; De Oliveira, 2017; Serpa, 2019; Marandola Júnior, 2021).    

Como se percibe, estas investigaciones parten de distintos abordajes en geografía y relacionan dos de los tres ejes que pautan este trabajo. Aunque se encontraron investigaciones y publicaciones relacionando arte y educación ambiental (Smith y Smith, 1970; Taylor, 1986; Palacios Garrido, 2006), arte y geografía (Marandola Júnior, 2010; Dozena, 2020) o geografía y educación ambiental (Pena Vila, 1992; Sourp, 2007; Goeldner-Gianella, 2010) no se encontraron trabajos que tuviesen un diálogo entre los tres conceptos. Esto nos da la pauta de que hace falta una articulación entre ellos en vista de los tiempos actuales que estamos vivenciando la crisis ambiental cada vez más pronunciada y por creer que el arte y la geografía pueden jugar un papel en la concientización a través de proyectos empíricos, como el que aquí se presenta.  

Marco teórico

En su libro Topophilia: a study of environmental perception, attitudes and values publicado en 1974, el geógrafo Yi-Fu Tuan planteaba que la percepción ambiental es la respuesta de los sentidos de los seres humanos a los estímulos externos emitidos por el espacio que los rodea. Esta idea permite pensar, por un lado, que los estímulos que emiten los espacios están vinculados no sólo a lo humano sino también a lo no-humano y aproximarse, entonces, a las contribuciones recientes de las geografías no representacionales (Thrift, 2007) y, por otro, que estos espacios son una confluencia de trayectorias heterogéneas en coexistencia y con la particularidad de estar siempre en devenir (Massey, 2005). Este trabajo se inscribe dentro del reciente giro emocional (Thrift, 2004; Davidson, Bondi y Smith, 2007; Lozano, 2012) en la Geografía al plantearse investigar cómo el curso de un río puede articular un proyecto de educación ambiental, arte local y respeto por la naturaleza. Teniendo como punto de partida que el espacio es producto de interrelaciones, es una esfera en donde la multiplicidad existe como posibilidad, en el sentido de coexistencia de trayectorias que confluyen en un ámbito heterogéneo y que está siempre en construcción (Massey, 2005), proponemos aquí un diálogo no jerárquico entre la educación ambiental, el arte y la ciencia, ya que somos partidarios de la idea de que las “artes permiten la configuración de una geografía existencial y subjetiva, por la elaboración de un conocimiento sensible de los territorios, que coloca en duda las oposiciones entre lo real y lo imaginario, y entre el conocimiento y la ficción (Dozena, 2020, p. 383, traducción nuestra).

Desde principios del siglo XXI el denominado “giro afectivo” o “giro emocional” dentro de la Geografía (Anderson y Smith, 2001; Wood, 2002; McCormack, 2003; Thrift, 2004; Thien, 2005) busca incorporar lo que el pensamiento positivista y racionalista ignoró o negligenció por tanto tiempo: las emociones y los sentimientos. Dentro de este contexto de geografías emergentes y diversas, este abordaje se orienta hacia el análisis de lo no representacional, entendido como la necesidad de priorizar otras formas epistemológicas más allá de la representación mediante las cuales extraemos el conocimiento del mundo (McCormack, 2005). Es decir, este pensamiento configura una geografía que incorpora lo no-humano (las plantas, los semáforos, las piedras, los cordones, los faroles, los glaciares, las bicicletas, las motos, la luna, los colectivos, los autos, los ríos, los pájaros, las nubes, el viento, las esquinas, los árboles, las montañas, las selvas, el asfalto, las casas, los edificios) en la concepción de los territorios y en la conformación de sus identidades. La intención de buscar o ir más allá de lo humano representa, como señala Deborah Thien, un movimiento político ya que “colocar la emoción en el contexto de nuestras relaciones siempre intersubjetivas ofrece más promesas para las geografías políticamente relevantes y enfáticamente humanas” (2005, p. 450). Por otro lado, Giuliana Andreotti (2013) establece que desde esta perspectiva las sensaciones, las emociones y los sentimientos son entendidos como pauta o principio de análisis, tomando lo real como complejo perceptivo y fenomenológico (Dardel, 1952 [2015]; Tuan, 1974; Relph, 1976). A la luz de estos conceptos presentamos a continuación tres experiencias llevadas a cabo en el marco del proyecto Crónicas de balsa.

Bitácora de aventuras: procesos y resultados

Tengo que conseguir mucha(s) madera (botellas)

Tengo que conseguirla(s) de donde pueda

Experiencia Patagónica – 2019

Tras cinco años de búsqueda de adhesiones, colaboraciones, pruebas y certificaciones, finalmente se puso en marcha el proyecto “Crónicas de balsa: Experiencia Patagónica”. Con un equipo liderado por Federico y acompañado por Gonzalo Scarafia —ambos a cargo de la maniobra de la embarcación—, Gabriela Mondino en la producción audiovisual y Jorge Núñez en la asistencia terrestre, se emprendió la primera gran navegación desde el nacimiento del río Limay hasta la localidad de Cervantes, en la costa del río Negro. La travesía abarcó un total de 700 kilómetros recorridos en tres meses, conectando a través de los residuos las comunidades de Bariloche, Villa Llanquín, Plottier y Cervantes, y consolidando así la propuesta como una experiencia de educación ambiental comunitaria y transformadora.

La primera balsa se construyó en Bariloche, con la colaboración de la junta vecinal del Kilómetro 15 “Don Orione”. Niños y niñas, personas mayores y vecinos del barrio participaron en el armado de la embarcación, que marcaría el inicio de la posta hacia la siguiente parada: Villa Llanquín. Durante los primeros 30 kilómetros de navegación, el viento patagónico acompañó el proyecto, y mientras la balsa tomaba forma, también lo hacía la red de reciclaje y colaboración. La noticia comenzó a circular de boca en boca: una embarcación hecha de residuos navegaba desde la localidad vecina. Cuando la balsa llegó a Villa Llanquín, ya había personas esperándola en la costa. Allí contaron con el apoyo de la Comisión de Fomento de la localidad, que decidió impulsar la construcción de la próxima balsa en el lugar, brindando recursos y facilidades para favorecer la participación de la comunidad en la creación de la segunda embarcación. En la Figura Nº 3 se muestra la colaboración vecinal en el armado de la balsa.  

Figura N° 3: Construcción de la balsa en Villa Llanquín

Fuente: gentileza de Federico González.

Así navegaron 200 kilómetros hasta Plottier. En esta nueva posta, el intendente de la ciudad en aquel entonces, Andrés Peressini (hoy diputado provincial), propuso que la construcción de la balsa se realizara en distintos barrios. El proyecto seguía creciendo: cinco barrios, cinco juntas vecinales, escuelas, ferias e institutos de formación docente se sumaron al armado de la tercera embarcación. Las últimas pinceladas se dieron en un camping, donde artistas locales intervinieron la balsa con pinturas y decoraciones, convirtiéndola en un símbolo colectivo. La intención era que la voz del proyecto continuara expandiéndose, siguiendo el cauce del río y la dirección del viento.

En ese momento la historia dio un nuevo giro. Un grupo de jóvenes de Plottier expresó su deseo de hacer música sobre la balsa, propuesta que el equipo recibió con entusiasmo. Una tarde soleada, en las orillas del río Limay, la embarcación navegó dos kilómetros convertida en escenario de una intervención artística de danza y percusión (Figura N° 4). Así, sumando iniciativas y ocurrencias creativas que la gente acercaba, la balsa dejó de ser únicamente un canal educativo sobre la problemática de los residuos y se transformó en un escenario flotante capaz de atraer la atención de quienes, al escuchar los tambores transportados por el viento, se acercaban a la costa para descubrir lo que sucedía. La colaboración, el encuentro, la música, los aplausos y las conversaciones sobre el ambiente se convirtieron en los ejes de esta travesía de 700 kilómetros, desde Bariloche hasta Cervantes, última parada (Figura N° 5).

Figura N° 4: Intervención artística de danza y bombos en Plottier

Fuente: gentileza de Federico González.

Figura  N° 5. Recorrido de la experiencia patagónica

Fuente: elaboración propia en base a información provista por Federico González.

Experiencia “Vertederos Clandestinos” – 2019

Tras la experiencia patagónica, el proyecto llegó a Coquimbo, Chile, donde la problemática ambiental presentaba un escenario distinto. En esta ciudad, las empresas constructoras privadas, al margen de la intervención estatal, reducían costos creando vertederos clandestinos para depositar los desechos sin pagar los impuestos oficiales (Figura N° 6). Estos vertederos dieron origen a barrios informales, habitados por personas que conviven diariamente con la basura. A pesar de esa situación adversa, fueron justamente ellas quienes se sumaron al proyecto y colaboraron en la construcción de una nueva balsa, transformando la precariedad en un gesto de resistencia y creatividad comunitaria.

En Coquimbo se realizó una intervención artística sobre el escenario flotante con un dúo de jazz —guitarra y saxofón— que atrajo a numerosas personas, quienes comenzaron a reunirse para disfrutar del espectáculo: músicos tocando al atardecer y la balsa funcionando como articuladora entre la comunidad y el entorno local. Se dispusieron reposeras y sombrillas para que los y las espectadoras pudieran disfrutar del show y, al mismo tiempo, reflexionar sobre la problemática ambiental de la ciudad. En esta misma localidad, la balsa fue invitada a participar en intervenciones culturales en el Pacífico, con el objetivo de concientizar a la comunidad sobre la limpieza submarina en el sector conocido como “La Herradura”. Allí se articuló el trabajo con organizaciones ambientales, colectivos de la sociedad civil y marcas auspiciantes. Entre los grupos participantes estuvieron: Olas Limpias, Club Maia Ku, Club de Yate de La Herradura, Marca CQBO y Caverna Búho Lector.  

Figura N° 6: Residuos encontrados en Coquimbo. 

Fuente: gentileza de Federico González.

Un eco desde el fin del mundo – 2021-2022

¿Cómo hacer esta historia aún más maravillosa? (comunicación virtual, 21 noviembre 2022) se preguntó Federico mientras pensaba en la manera de conseguir financiamiento que le permitiera dar continuidad a su proyecto, después de las experiencias vividas en la Patagonia y en Coquimbo. Esta vez quiso ir más allá. Así nació la idea de hacerlo desde el fin del mundo: allí donde los continentes se disuelven y lo natural se entrelaza con lo místico para dar forma a un paisaje irrepetible. Entre montañas nevadas y bosques de ñires, lengas y guindos, habitaron los yaganes, navegantes incansables de las aguas del Canal Beagle y del archipiélago fueguino en sus canoas. En Ushuaia, las Crónicas de balsa encontraron un eco, y con ese nombre se inauguró la nueva etapa del proyecto.

Con el apoyo de la Fundación Cultivar y de varios restaurantes de la ciudad, levantaron una balsa en la que Esteban, como gesto de reconocimiento hacia los pueblos originarios de la región, interpretó al saxo en ropa interior a orillas del Canal Beagle. Para Federico, aquello significó vivir la materialización de un sueño que había comenzado como propio, pero que ahora también pertenece a una comunidad amplia de personas que, de una u otra manera, forman parte de la red colaborativa. Se trata de algo que trasciende la idea inicial y que adquiere un potencial que va más allá de su figura individual; deviene, en cierto modo, en un proceso de agenciamiento (Deleuze y Guattari, 2004).

El río, el arte y el reciclaje

Que el entorno natural sea una fuente inagotable de sonidos, ruidos, murmullos y silencios no constituye ninguna novedad. Tampoco resulta sorprendente afirmar que entre la naturaleza y la música existen innumerables vínculos (Farrell, 2016). Sin embargo, cuando pensamos en la sonoridad de los espacios —sean urbanos o rurales— es imposible no reconocer el aporte del compositor, educador y musicólogo canadiense Raymond Murray Schafer. Desde la década de 1960, en la Simon Fraser University, acuñó el concepto de paisaje sonoro, impartió clases sobre polución sonora y contaminación acústica, y elaboró teorías de educación musical que hoy son reconocidas en todo el mundo. Su mayor preocupación era la degradación de los sonidos naturales, debido a que advertía que muchos de ellos se estaban perdiendo con el avance de la industrialización y la sustitución del ser humano por la máquina, lo que conducía al lento pero inevitable olvido de las sonoridades que habían caracterizado a los espacios rurales y a las pequeñas ciudades.

La problemática de la polución o contaminación acústica fue el eje en torno al cual se congregaron jóvenes compositores, estudiantes de comunicación, artistas, docentes e investigadores para dar forma al World Soundscape Project (Proyecto de Paisajes Sonoros Mundiales). A través de esta iniciativa realizaron grabaciones y catalogaciones de paisajes sonoros en diversos lugares de Canadá y Europa, con el propósito de conservar las huellas acústicas, los sonidos en vías de desaparición y sus entornos sonoros. El objetivo central del proyecto consistía en “encontrar soluciones para un paisaje sonoro ecológicamente equilibrado donde la relación entre la comunidad humana y su entorno sonoro estuviese en armonía” (Truax, et altri., 2006). Es así que, en la introducción a su libro más emblemático, The tuning of the world (1977), comienza diciendo:

El paisaje sonoro del mundo está cambiando. El hombre moderno está empezando a habitar en un mundo con un entorno acústico radicalmente diferente de cualquiera en el que haya vivido hasta la fecha. Estos nuevos sonidos, los cuales difieren en calidad e intensidad de aquellos del pasado, han alertado a muchos investigadores del peligro de una propagación indiscriminada e imperialista de esta creciente cantidad de sonidos cada vez más potentes en todas las parcelas de la vida del hombre. La contaminación acústica es ahora un problema mundial (Schafer, 2013, p. 19).

Tras casi seis décadas desde la conformación del grupo, debemos reconocer, aunque sea con cierta resistencia, que el objetivo inicial no sólo quedó incumplido, sino que la aspirada armonía entre el entorno sonoro y los seres humanos parece alejarse cada vez más de su realización. En este marco, nos proponemos examinar cómo el proyecto Crónicas de balsa articula educación ambiental, arte y naturaleza como estrategia para enfrentar no tanto la degradación de los paisajes sonoros, sino la del medioambiente en su conjunto, marcada por la acumulación de residuos que producimos y aún no logramos reutilizar. Esta iniciativa busca despertar la conciencia ecológica en el mayor número posible de personas mediante la construcción de balsas elaboradas íntegramente con desechos. A la vez, resulta significativo subrayar que el proyecto promueve el arte local a través de conciertos —en su mayoría musicales— realizados sobre estas balsas, convertidas en escenarios flotantes en medio de los ríos. De este modo, nos interesa indagar también en el papel del arte como mediador de las relaciones entre lo humano y lo no humano, y en su capacidad de reconfigurar los vínculos con los lugares.

De este modo, consideramos que, aun sin proponérselo de manera explícita, Federico busca a través del arte tender un puente entre las personas y su entorno natural, al tiempo que alerta sobre la urgencia de establecer una ley de educación ambiental. Sin advertirlo, parece situarse en sintonía con lo que Schafer afirma “cada río, con arreglo al lugar del mundo en que se halle, habla su propia lengua” (2013, p. 40) porque en cada lugar aguarda la ocasión de encontrarse con artistas locales, con quienes busca plasmar algo del misticismo propio de esos territorios.

Sobre el agua y el aire como creadores de formas

Cabe en este relato una mención especial para el agua y el aire, dos actores principales en esta historia que, de manera silenciosa, fueron dando forma al proyecto Crónicas de balsa. Desde una perspectiva antroposófica[3], Theodor Schwenk en el libro “El caos sensible. Creación de las formas por los movimientos del agua y del aire” (2008) describe los movimientos esenciales del agua y del aire y su función en la creación de formas. Desde la Geografía esta característica también es abordada al estudiar al agua y al aire como agentes de erosión, sin embargo, Schwenk profundiza sobre la esencia de sus movimientos hasta alcanzar incluso una esencia espiritual. En este sentido, describe no solo las formas geográficas que dibuja el agua en su camino, por ejemplo, los meandros de los ríos, o las formas que adoptan las corrientes de aire en la atmósfera, sino que también describe las formas que crean en otros cuerpos, distintos al de la Tierra. Así, este autor cuenta cómo la forma acaracolada del oído interno del cuerpo humano, por donde circula líquido, también es creación del agua al igual que el corazón, un órgano rítmico cuyo pulso proviene de las corrientes sanguíneas que tienen en esencia el comportamiento del agua. O la forma de las alas de las aves que permiten un movimiento helicoidal en perfecta armonía con los movimientos que describe el aire en esencia. Sobre la esencia espiritual del agua, este autor expone lo siguiente:

        Allí donde el agua aparezca, la vida podrá manifestarse en la materia, y allá         donde falte esto no será posible. El agua es, por lo tanto, el elemento secreto         de la vida. […] Ella es la gran sanadora de todo aquello que por haber perdido         el equilibrio se vuelve enfermo. El agua tiende siempre al equilibrio pero a un         equilibrio viviente y no a uno rígido en el que la vida, forzosamente, se                 apagaría. Por doquier hace de mediadora entre los contrarios, […]. Reúne         aquello que estaba separado o en oposición, haciendo brotar de esta lucha         algo nuevo. De forma absolutamente desinteresada transmite al ojo las         impresiones del mundo visible y al oído aquellas del mundo sonoro                 (Schwenk, 2008, p. 98).

Crónicas de balsa tiene en su devenir toda la fuerza y la esencia del agua. A través de ella se transportaron las botellas y los neumáticos que mientras siguieron el movimiento del agua fueron tomando forma de balsa, de escenario y de motivo para reciclar sin estancarse en ninguna forma rígida donde su vida se apagaría. El agua fue reuniendo localidades vecinas sobre la costa del río, uniendo a la comunidad para hacer brotar este proyecto en cada lugar, haciendo visible una problemática ambiental. Por su parte:

[…] lo característico del aire es hacer constantemente algo nuevo, variar su dirección, su tamaño, a menudo de manera imprevisible, por esto se le puede considerar el agente lleno de fantasías del viento, de las formaciones nubosas y de las inclemencias del tiempo (Schwenk, 2008, p. 124-125).

Esta esencia espiritual del aire también colaboró en la gestación de este proyecto, haciendo circular de boca en boca la novedad de una balsa viajera hecha con material reciclado, fantaseando con ser escenario en donde muchos artistas pudieran exponer la música que, con el viento a favor, llegaría a nuestros oídos. Son las notas de un proyecto de educación ambiental fresco, genuino y novedoso que hoy en día tomó diversas direcciones, como el aire, alcanzando nuevas escuelas, nuevos lugares, nuevos horizontes.  

De residuo a recurso: el devenir de las botellas y su relación con la Ley 27.621 de Educación Ambiental Integral

La historia que nos cuenta Federico trae frescura, motivación, disparadores pedagógicos y creativos que incentivan a re-pensar el abordaje de la cuestión ambiental en la escuela. En este apartado nos interesa destacar la transformación que sufrieron las botellas a lo largo de la historia, transformación que nos permite establecer vínculos con la Ley 27.621 de Educación Ambiental Integral (EAI). Federico nos cuenta que, buscando inspiración en su caminata por la costa del lago, lo único que encontró fueron botellas, plásticos y neumáticos, así comenzó la historia de Crónicas de balsa. Pero… ¿qué nos cuentan las botellas? Una botella que de envase pasó a ser residuo olvidado en la costa del lago, de residuo a idea, de idea a balsa y de balsa a escenario. De escenario a motivo para concientizar sobre una problemática ambiental cada día más acuciante. Una cadena de eventos e ideas sopladas por el viento que transformaron a las botellas-residuo en botellas-recurso. Botella-recurso en un doble sentido: el primero de ellos, y tal vez el más notable en esta historia, el de ser recurso en tanto materia prima de una balsa-escenario que conectó residuos con ideas, el río con el arte y personas con la posibilidad de “hacer algo” con una problemática ambiental. El segundo sentido que nos interesa destacar aquí es el de la botella como recurso didáctico. Crónicas de balsa, a partir de una botella-residuo pasó a ser, en el contexto del aula, un recurso didáctico que permite abordar los contenidos de la EAI que la Ley 27.621 implementa. En este sentido nos interesa resaltar algunos rasgos del proyecto Crónicas de balsa a la luz de los principios de la EAI expuestos en la Ley. En el capítulo III de la Ley 27.621 se presenta a la educación ambiental como “proceso permanente, integral y transversal” (Ley 27.621, 2021) fundamentada en los siguientes principios:

  1. Abordaje interpretativo y holístico.
  2. Respeto y valor por la biodiversidad.
  3. Principio de equidad.
  4. Principio de igualdad desde el enfoque de género.
  5. Reconocimiento de la diversidad cultural; el rescate y preservación de las culturas de los pueblos indígenas.
  6. Participación y formación ciudadana.
  7. El cuidado del patrimonio natural y cultural.
  8. La problemática ambiental y los procesos socio-históricos.
  9. Educación en valores.
  10. Pensamiento crítico e innovador.
  11. El ejercicio ciudadano del derecho a un ambiente sano.

 

A partir de estos principios rectores de la Ley de EAI es que las botellas de Crónicas de balsa llegan a ser botellas-recurso-didáctico. Puesto que desde el momento en que Federico pensó qué hacer con todas esas botellas-residuo que encontró en la costa del lago se puso en marcha una forma de “pensamiento crítico y resolutivo en el manejo de temáticas y de problemáticas ambientales” (Ley 27.621) desde un abordaje interpretativo y holístico (principio a) de la problemática ambiental de la disposición final de los residuos sólidos, desde una idea innovadora (principio j). Una forma de abordaje que promovió la “participación y formación ciudadana” (principio f) integrando a escuelas, padres, madres, municipio y vecinos de cada localidad en la construcción de las balsas de manera igualitaria, sin jerarquías cumpliendo el “principio de equidad” (principio c). Un proceso que se llevó a cabo fomentando el “respeto y valor de la biodiversidad” (principio b) con una balsa hecha completamente con residuos, sin contaminar el ambiente, respetando el río, la flora y la fauna local. Una balsa que navegó promoviendo la “igualdad desde el enfoque de género” (principio d) sobre su escenario, en donde en primer lugar fueron artistas mujeres las que fueron escuchadas con su propuesta y luego con su música, y el “reconocimiento de la diversidad cultural” (principio e), como en el caso de Esteban tocando el saxo en el Canal Beagle en reconocimiento de la cultura yagán. El proyecto Crónicas de balsa promueve de este modo una “educación en valores” (principio i) haciendo parte constitutiva a los y las estudiantes de las distintas etapas de la construcción de la balsa teniendo como guía el cuidado del ambiente y el entendimiento de las causas y las implicancias que conlleva la problemática de la disposición de los residuos sólidos, problemática en la que está implicada la comunidad local (principio h). Todos los participantes del proyecto de Crónicas de balsa, en sus diferentes etapas, pudieron ejercer el derecho a un ambiente sano (principio k), ya sea disfrutando de un paisaje libre de residuos, como de la navegabilidad de la balsa o de la música que en cada tramo se hizo escuchar.

Crónicas de balsa funciona actualmente como un proyecto de educación ambiental, no sólo por su éxito genuino que hizo que se reproduzca en distintas comunidades, sino por la relevancia que tiene en el tratamiento de los principios expuestos en la Ley de EAI.

El devenir de los ríos y el “de boca en boca” de los vientos: consideraciones finales

Dentro de los sonidos de la naturaleza, Schafer destaca dos por sobre del resto: las voces del agua y sus transformaciones infinitas, y las voces del viento y esa invisibilidad sensitiva/táctil. Es tal el destaque que ellos poseen que vuelve a ellos de manera recurrente: aparecen en el capítulo I: el paisaje sonoro natural; en el capítulo XII: simbolismo y en el capítulo XVIII: el jardín sonífero. Por eso no resulta casual que manifieste que “entre los antiguos el viento, como el mar, estaba deificado” o que “el viento, al igual que el mar, posee una infinita variedad de vocales. Ambos son sonidos de banda ancha, y en la amplitud de sus frecuencias parecen escucharse otros sonidos” (2013, p. 40). Sonidos todos que provienen de la naturaleza, que están presentes y sólo hay que prestarles el oído. El agua por su parte, tiene la característica de nunca morir, de vivir “siempre reencarnada en la lluvia y los arroyos borboteantes, en las cascadas y las fuentes, en los ríos zigzagueantes” (2013, p. 39). Pero el viento no se queda atrás, porque en sus ardides es capaz de traer sonidos que se producen a kilómetros de distancia como si estuvieran a pocos centímetros.

Más allá de los sonidos de estos dos elementos de la naturaleza, es interesante mencionar que para este caso cumplen a su vez otra función crucial. El río y sus aguas son la superficie a través de la cual las balsas se desplazan de un punto a otro, son sus vertientes, corrientes y afluentes los que les marcan de alguna forma el camino y los desvíos. Y el viento, funciona como un cómplice de estos desplazamientos, río abajo. Por otro lado, podrían funcionar como metáforas del proyecto en sí, ya que hace unos años este viene mutando y adoptando formas en un devenir constante y fuera de toda previsión, como si de los devenires de los ríos se tratase. En relación al viento, nos cuenta Federico que él ya no tiene que ocuparse en difundir el proyecto ni destinar tiempo y energía en contactar a medios de comunicación; es el boca en boca de las personas de las diferentes comunidades por las que pasó, las que están ayudando a que este proyecto sea cada día más conocido. Es como una noticia que el viento lleva a los oídos de las comunidades haciendo con que nada pueda detener la proliferación de este proyecto que crece más parecido a un rizoma que una red.

Y parafraseando a Schafer, en efecto es el ser humano quien construye los instrumentos, pero es la naturaleza quien los toca y saca de ellos un abanico inmenso de sonidos. En este sentido, y aunque Federico no se lo haya propuesto, es tal la conexión del ser humano con su entorno que éste no hace más que reproducir los matices sonoros de los paisajes que los rodean tanto en su habla como en la música que crea. Esta idea que Schafer nos presenta, resulta muy elocuente para reflexionar que en este proyecto que empezó como una simple aventura se terminó convirtiendo en una especie de reflejo del paisaje, ya que desde la procedencia de los residuos que se colectan para construir las balsas hasta las intervenciones artístico-musicales que se efectúan en los escenarios flotantes, todo, exactamente todo acaba evidenciando elementos humanos y no humanos, sonoros y no sonoros, de los paisajes naturales.

En este sentido, el proyecto Crónicas de balsa se presenta como una respuesta creativa y situada, que desplaza el foco de la escucha hacia la acción comunitaria. Su propuesta de construir balsas enteramente con residuos no sólo visibiliza la crisis ambiental derivada de la acumulación de desechos, sino que convierte esa misma basura en materia prima para la creación artística y pedagógica. Así, el proyecto se inscribe en una lógica de educación ambiental activa, donde la experiencia concreta de reutilizar materiales se transforma en un acto de concientización y en una metáfora poderosa sobre la necesidad de repensar nuestros modos de habitar el planeta. Aunque pueda parecer utópico pensar que la crisis climática pueda revertirse únicamente mediante proyectos como éste, iniciativas de esta naturaleza constituyen invitaciones imprescindibles para reflexionar sobre la necesidad de replantear la relación entre arte, naturaleza y educación.

Al proponer una pedagogía de la acción y de la transformación, en la que el arte se convierte en herramienta de resistencia frente a la degradación ambiental, se abre la posibilidad de imaginar futuros más sostenibles y de construir nuevas formas de conciencia ecológica. No se trata de “salvar al mundo”, sino al menos de dejar de dañarlo de manera tan descarada e impune. Por ello, concluimos con el grano de arena sembrado por Federico, que hoy se ha transformado en un puñado de arena ante la constatación de que este sueño reunió y continúa reuniendo personas con ideas, con entusiasmo y con iniciativas para narrar una historia extraordinaria. Una historia de educación ambiental gratuita, genuina y colaborativa, en la que nosotros, al escribir, y ustedes, al leer, nos convertimos en parte activa de esta aventura compartida.

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Notas


[1] Investigador Posdoctoral en el Laboratório de Geografia dos Riscos e Resiliências (UNICAMP). Profesor del seminario “Geografías y Musicalidades de América Latina” en la carrera de Geografia (UBA) y del seminario “Geografía de la música: sonoridades, movimiento y territorios de América Latina” en la maestría en Didáctica de la Música (UNA).

[2] Licenciada en Geografía (UBA). Colaboradora del Seminario Geografía y Musicalidades de América Latina (UBA). Integrante del Grupo de Estudios sobre Cultura, Naturaleza y Territorio (UBA). Su investigación se desarrolla en el marco de las Geografías afectivas, estudia el lugar de los afectos en el tango como baile social.

[3]La Antroposofía es una corriente de pensamiento inaugurada por Rudolf Steiner (1861-1925) quien la postuló como una “Ciencia espiritual”. Esta ciencia sostiene el desarrollo de la pedagogía Waldorf, la agricultura biodinámica y la medicina antroposófica, por nombrar algunos de sus aportes.