DOI: http://dx.doi.org/10.19137/huellas-2026-3006

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ARTÍCULOS
Río Cuarto en el orden del agronegocio: “el Silicon Valley cordobés”
Nicolás Forlani[1]
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas/
Universidad Nacional de Río Cuarto
RECIBIDO 05-12-2025
ACEPTADO 11-03-2026
Cita sugerida: Forlani, N. (2026). Río Cuarto en el orden del agronegocio: “el Silicon Valley cordobés”. Revista Huellas, Volumen 30, Nº 1, Instituto de Geografía, EdUNLPam: Santa Rosa. Recuperado a partir de: http://cerac.unlpam.edu.ar/index.php/huellas
Resumen
En el presente artículo procuramos analizar la construcción de territorio que opera sobre y desde Río Cuarto con relación a la lógica del agronegocio. Desde un enfoque ontológico asociado al pensamiento posfundacional, en diálogo con perspectivas teóricas relacionales del territorio, reconstruimos las acciones territoriales impulsadas-desplegadas en esta ciudad y su productividad en el relanzamiento del modelo de acumulación inmanente a la agricultura moderna globalizada. Concebimos a Río Cuarto como un caso instrumental, cuya reconstrucción a partir del método narrativo -apoyado en la triangulación de distintas fuentes de información- permite co-relacionar el arreglo socioterritorial de agronegocio estructurado en la ciudad con el emergente perfil de “ciudad agtech”. El artículo se estructura en tres momentos analíticos. En primer lugar realizamos una caracterización de la lógica del agronegocio, dando cuenta especialmente de los arreglos socioterritoriales macro que estructura en aras de su reproducción. En una segunda instancia identificamos el lugar de Río Cuarto en la división espacial del agronegocio y su rol en la relegitimación-relanzamiento de la agricultura moderna. Finalmente, en un tercer momento problematizamos la promesa de plenitud asociada al imaginario “Silicon Valley”, evidenciando las desigualdades que tal geometría mayor de poder configura en los territorios.
Palabras clave: Agronegocio; Río Cuarto; Silicon Valley.
Río Cuarto in the agribusiness world: “Cordoba's Silicon Valley”
Abstract
In this article, we analyze the construction of territory that operates on and from Río Cuarto in relation to the logic of agribusiness. From an ontological approach associated with post-foundational thought, in dialogue with relational theoretical perspectives on territory, we reconstruct the territorial actions promoted and deployed in this city and their productivity in relaunching the accumulation model inherent in modern globalized agriculture. We conceive of Río Cuarto as an instrumental case, whose reconstruction, based on the narrative method—supported by the triangulation of different sources of information—allows us to correlate the socio-territorial arrangement of agribusiness structured in the city with the emerging profile of an “agtech city.”The article is structured in three analytical moments. First, we characterize the logic of agribusiness, paying particular attention to the macro-level socio-territorial arrangements it structures for the sake of its reproduction. In a second stage, we identified Río Cuarto's place within the spatial division of agribusiness and its role in the re-legitimization and relaunch of modern agriculture. Finally, in a third stage, we problematized the promise of fulfillment associated with the "Silicon Valley" imaginary, highlighting the inequalities that this larger power structure creates in different territories.
Key words: Agribusiness; Rio Cuarto; Silicon Valley.
Río Cuarto na Ordem do Agronegócio: "O Vale do Silício de Córdoba"
Resumo
Neste artigo, analisamos a construção do território que opera em e a partir de Río Cuarto em relação à lógica do agronegócio. A partir de uma abordagem ontológica associada ao pensamento pós-fundacional, em diálogo com perspectivas teóricas relacionais sobre o território, reconstruímos as ações territoriais promovidas e implementadas nesta cidade e sua produtividade no relançamento do modelo de acumulação inerente à agricultura moderna globalizada. Concebemos Río Cuarto como um caso instrumental, cuja reconstrução, baseada no método narrativo – apoiado pela triangulação de diferentes fontes de informação – permite correlacionar o arranjo socioterritorial do agronegócio estruturado na cidade com o perfil emergente de uma “cidade agrotecnológica”. O artigo está estruturado em três momentos analíticos. Primeiro, caracterizamos a lógica do agronegócio, com particular atenção aos arranjos socioterritoriais em nível macro que ele estrutura para sua reprodução. Em um segundo momento, identificamos o lugar de Río Cuarto na divisão espacial do agronegócio e seu papel na legitimação e no relançamento da agricultura moderna. Finalmente, em uma terceira etapa, problematizamos a promessa de realização associada ao imaginário do "Vale do Silício", destacando as desigualdades que essa estrutura de poder mais ampla cria em diferentes territórios.
Palavras-chave: Agronegócio; Río Cuarto; Vale do Silício.
Introducción
El agronegocio, lógica productiva de alcance global, se desenvuelve al calor de un proceso de modernización agrícola, que articula los avances científicos tecnológicos-informacionales del periodo actual (Santos, 2000). Si hacia fines del siglo XX los conocimientos alcanzados en materia ingeniería genética revolucionaron la actividad agrícola con la incorporación de los organismos genéticamente modificados[2], en la actualidad, en tanto, las nuevas tecnologías de punta -con base en la inteligencia artificial- ya está impactando en el sector con múltiples dispositivos que prometen mayores niveles de productividad: drones, satélites, chips en animales, tecnologías big data para el almacenamiento de grandes volúmenes de datos (genómicos, climáticos, de rendimientos de los cultivos, de los mercados y suelos), etc.
Una lectura espacial de la creciente determinación del conocimiento científico en el despliegue de las actividades agrícolas, revela el rol preponderante que los espacios urbanos desempeñan con relación a la regulación de la dinámica agraria. Al decir de Elias y Pequeno (2007) cuando más moderna es la actividad agrícola, mayor gravitación tienen los espacios urbanos conforme a la provisión de recursos informacionales, tecnológicos y financieros que brindan las ciudades.
No obstante, al contemplar el sistema de fijos y flujos inmanentes al agronegocio[3], es necesario advertir que no todos los espacios urbanos desempeñan las mismas funciones. En rigor, es posible distinguir “áreas del mandar y del hacer” (Santos 1997; Santos y Silveira, 2001; Maldonado et al. 2017). Las primeras asociadas más bien a un rol de comando del circuito productivo (asentado en ciudades que no casualmente son sedes del capital financiero), en tanto que la segunda desarrolla una labor de asistencia (requerimientos técnicos, insumos y servicios) para la labor agrícola.
Ahora bien, como los trabajos citados lo asientan, tal distinción espacial no reviste un carácter estático sino dinámico, por lo que al momento de intentar determinar el rol de una localidad con relación a la reproducción del modelo de agronegocio, es necesario proceder bajo un abordaje relacional, que nos permita discernir las interacciones de dicha localidad con su entorno espacial. Así, una ciudad que a priori desempeña un papel de asistencia a la actividad agrícola -propia de su emplazamiento en un “área del hacer”-, puede revelarnos también, al estudiarla, que desarrolla una función de comando en el circuito productivo regional.
Esta consideración analítica resulta clave atender en pos de reconstruir los modos de territorialización del agronegocio, toda vez que ello implica contemplar la interacción compleja entre lo global y lo local en la definición de los modos de uso y apropiación del espacio. De aquí la importancia de reparar en las palabras de Massey:
1) Los lugares locales no son puramente ni productos ni víctimas de la globalización; 2) cada lugar representa una mezcla distinta, un entretejido de relaciones sociales dentro de las cuales un lugar puede tener una posición dominante, mientras que en otras relaciones tiene una posición más o menos subordinada; y 3) en algunos lugares la misma globalización neoliberal es producida, coordinada y orquestada. En efecto, son ‘lugares de poder’ (Massey, 2004, p. 82. Las itálicas son nuestras).
Resaltamos esta última aseveración, esto es “lugares de poder”, por cuanto el presente artículo pretende dar cuenta a partir del análisis un caso emblemático, la emergencia de un nuevo arreglo territorial inmanente al agronegocio, como lo son las “ciudades agtech”. En los últimos años, conforme a los nuevos consumos productivos del agronegocio, algunas localidades reconfiguran sus perfiles productivos de la mano de múltiples agencias público-privadas tendientes a desarrollar “ecosistemas de innovación” emulando la región de Silicon Valley en los Estados Unidos.
El caso al que aludimos es el de la ciudad de Río Cuarto, emplazada en la región agrícola pampeana de Argentina, que en el transcurso de este último lustro viene siendo presentada como el “Silicon Valley del agro” a raíz de la multiplicación creciente de startups[4] abocadas a proveer bienes y servicios para el agro: Río Cuarto crea un distrito de innovación y quiere convertirse en un “Silicon Valley” (La Voz, 10/09/2022); Río Cuarto quiere ser la capital Agtech del país: las condiciones para lograrlo (Perfil, 2/09/2023); AgTech Empresarios cordobeses quieren crear el Silicon Valley argentino en Río Cuarto y alrededores (Puntal, 13/09/2023); Productores invertirán en emprendedores del agro para crear "el Silicon Valley" cordobés (El cronista, 17/08/2023); Sorpresa: el Silicon Valley del campo queda en Río Cuarto (Clarín, 16/09/2023); “Imperio cordobés”: la ciudad que quiere convertirse en el Silicon Valley argentino de la tecnología (La Nación, 7/11/2023); El Club Ag Tech considera factible que Río Cuarto se convierta en el Silicon Valley Argentina (LV 16, 13/11/2023).
Sobre la base de estas noticias, en el presente artículo procuramos analizar la construcción de territorio que opera sobre y desde Río Cuarto con relación a la lógica del agronegocio. Nuestra hipótesis es que Río Cuarto se ha configurado en un lugar clave en la dinámica global de modernización agrícola, incidiendo tanto en la dimensión material como simbólica respecto de la reproducción del modelo agrícola hegemónico, pero sin perder su condición subalterna.
Para desentramar la territorialidad hegemónica configurada en torno a Río Cuarto organizamos la escritura del presente artículo en tres momentos analíticos. En primera instancia, en las consideraciones teóricas, socio-históricas y metodológicas, recuperamos y ampliamos el sentido de nociones vertidas en esta introducción, incorporamos categorías analíticas clave para el ejercicio de problematización/interpretación de la dinámica del agronegocio, e incluimos la referencia de conflictos acontecidos en el periodo reciente en los que se problematizan aspectos nodales del modelo agrícola. En un segundo momento, identificamos el lugar de Río Cuarto en la división espacial del agronegocio y su rol en la relegitimación-relanzamiento de la dinámica de acumulación asociada a la lógica agrícola en cuestión. Finalmente, en el tercer apartado, problematizamos la promesa de plenitud asociada al imaginario “Silicón Valley” sobre la base de referencias teóricas críticas y a partir de registros empíricos que denotan asimetrías socio-económicas.
Breves consideraciones teóricas, socio-históricas y metodológicas
Nuestro punto de partida en términos teóricos entrama el pensamiento posfundacional con base en la teoría del discurso (especialmente a partir de la obra de Laclau y Mouffe) y las perspectivas relacionales del territorio (Massey, Haesbaert, Santos, Sili). Desde aquí asumimos el carácter no esencialista de los lugares, lo cual nos direcciona a la tarea de reconstruir cómo se construyen los territorios.
Esta forma de concebir la naturaleza socio-histórica del espacio, tiene su génesis en una concepción ontológica que reconoce la existencia de principios, valores y prácticas que actúan como fundamentos de todo orden socioterritorial, sin dejar de advertir acerca del estatus precario-contingente de los mismos[5].
Así, amén a la contingencia de toda formación territorial, de lo que se trata es de analizar las relaciones de poder que se desarrollan en y por la definición de los fundamentos que organizan un territorio. Es aquí donde la noción de territorialización propuesta por Haesbaert, esto es como “(…) un proceso de dominio (político-económico) o de apropiación (simbólica cultural) del espacio por los grupos humanos, en un complejo y variado ejercicio de poderes” (Haesbaert, 2011, p.16), permite dimensionar el carácter en disputa y finalmente abierto del espacio.
El carácter inacabado del espacio es igualmente asentado por Massey, para quien:
la conceptualización del espacio como ‘abierto, incompleto y en constante devenir’ es un pre-requisito esencial para que la historia sea abierta, y por ende, tomando en cuenta los argumento de Laclau, es un pre-requisito para la existencia de la política (Massey, 2005, p. 109).
Esta referencia da pie para advertir con la teoría de la hegemonía (Laclau y Mouffe, 2004 [1985]), que el locus de la disputa política se concentra en las relaciones de antagonismo y articulación que diferentes sectores sociales desarrollan en el afán de alcanzar una formación hegemónica[6], cuyas implicancias territoriales se expresan en modos de uso y significación del espacio aceptados como válidos, más aún, legítimos por la mayor parte de una sociedad en un tiempo histórico.
Desde esta perspectiva, una primera clave de lectura del agronegocio es el de concebirlo no como una actividad agrícola circunscripta a un tipo de herbicida o semilla transgénica, sino como una lógica productiva (Gras y Hernández, 2013) capaz de forjar discursos hegemónicos (Forlani, 2021). En otros términos: los promotores del agronegocio han logrado articular un uso efectivo del territorio (expresado en un sistema agroalimentario global concentrado) junto a una construcción de sentido centrado en la noción de progreso y en la necesidad de aumentar la producción sobre la base de la innovación científica-tecnológica para dar respuesta a “un mundo con hambre” (Forlani, 2015).
Una estrategia metodológica para captar la dinámica del poder, para el caso que nos ocupa asociada a la territorialización del agronegocio en su capacidad de construir hegemonía, lo es reparando en los momentos de conflicto. Pues, en las dinámicas contenciosas es donde cobra visibilidad el bloque de poder, en donde los actores con mayores recursos para definir los usos del espacio despliegan con menor disimulo las acciones orientadas a mantener el control sobre el territorio. Y también, por cierto, es a través del conflicto que ciertos problemas sociales logran colocarse en la agenda pública (Merlinsky, 2013), permitiendo a sectores subalternizados discutir roles, jerarquías y formas distributivas de la sociedad en que habitan.
Situados en Argentina, país emblemático en lo que a la expansión y consolidación de agronegocio refiere (Basualdo et al., 2013), a pesar de la fortaleza del discurso pro modernización agrícola[7], han tenido lugar y tiempo distintas expresiones de desacuerdos respecto del modelo en cuestión. Presentamos aquí dos de ellos que luego recuperaremos al enfocarnos en el caso Río Cuarto.
Si compartimos con Gras y Hernández (2013) que en el sustantivo común compuesto “agro” “negocio”, la centralidad está puesta en este último (es decir en el ánimo de lucro/acumulación de capital por sobre la producción de alimentos); entonces el conflicto del año 2008 por la decisión del gobierno nacional argentino de establecer derechos de exportaciones móviles (Resolución 125/08), constituyó uno de los litigios de envergadura con relación a la territorialización del agronegocio. Pues la disputa por la renta agrícola tenía implicancias desde luego materiales (definición por la distribución del ingreso generado por la actividad), a la vez que simbólicas, especialmente si atendemos a la división dicotómica de lo social producida y a la pujas por definir los términos del pleito[8]. Pero hay una productividad específica de este conflicto, posible de apreciar con nitidez al abordar el caso de Río Cuarto, asociada a la centralidad del discurso de la innovación, cuya relevancia es mayúscula respecto del impulso de los “ecosistemas agtech”.
Pero también emergió otra problematización intrínseca al agronegocio y que adquirió cierta trascendencia pública, que es la que se constituyó en torno a las acciones colectivas contestatarias con base en el discurso ambiental. Nos referimos, a las resistencias urbanas frente al agronegocio con epicentro en distintas localidades que cuestionaron los impactos sanitarios-ambientales del agronegocio, logrando en varios casos desandar iniciativas clave del modelo, tales como: el impedimento a la instalación de una estación experimental y una mega-planta procesadora de semillas de maíz de la multinacional Monsanto en Río Cuarto y Malvinas Argentinas respectivamente, o las limitaciones al uso de agroquímicos (caso emblemático de Barrio ituzaingó / ciudad de Córdoba). Nuevamente adelantamos que el caso Río Cuarto permitirá visualizar cómo frente a la protesta social intrínseca al ecologismo popular, el bloque de poder del agronegocio antepuso el discurso de las “Buenas Prácticas Agrícolas” en pos de neutralizar la crítica ambientalista emergente y como plataforma para relanzar la dinámica de acumulación sobre la base de un nuevo impulso modernizador.
En síntesis, concebimos a Río Cuarto como un caso instrumental[9], cuya reconstrucción a partir del método narrativo[10] nos permite co-relacionar el arreglo socioterritorial de agronegocio estructurado en la ciudad con el emergente perfil de “ciudad agtech”. Para ello apelamos a distintas fuentes de información, esto es: artículos especializados e investigaciones propias sobre el sistema de fijos y flujos del agronegocio en Río Cuarto; informes y entrevistas en torno a la implementación de las “Buenas prácticas agrícolas” y, especialmente, notas periodísticas que destacan el “ecosistema de innovación” científico-técnico asociado a la creación de startup del agro en la ciudad. El foco de análisis sobre estas últimas noticias apuntó a detectar la acción territorial[11] inmanente a la apuesta de convertir a Río Cuarto en “el Silicon Valley del agro”.
Río Cuarto como lugar de poder
Río Cuarto, en la división espacial del circuito productivo agrícola global, se ha configurado en este siglo XXI como “ciudad del agronegocio”, esto es, un espacio urbano cuya función primera es la de atender los requerimientos/demandas de consumo productivo del agro moderno (Finola y Maldonado, 2017). De allí el sistema de objetos y acciones consolidado en la ciudad en el que hay un registro significativo de proveedores de semillas y agroquímicos, agroindustrias, bancos y aseguradoras; espacios de formación profesional y eventos de legitimación de la modernización agrícola; además de instituciones públicas vinculadas a la actividad agraria:
a) Empresas proveedoras de semillas y agroquímicos como Foc Seed (distribuidor oficial de Monsanto y Luis Dreyfus), Agro Ucacha (distribuidor oficial de Monsanto), Agro 2000 (distribuidor Basf, Nitragin2 y Nufarm3), Agroempresa San Francisco S. A. (distribuidor oficial Basf ), Finarvis S.R.L. (sucursal mixta YPF), Cerros Servicios Agrícolas (distribuidor oficial DuPont), Compañía Argentina de Granos (distribuidor oficial Nidera), Grupo Depetris (distribuidor oficial Syngenta) e Hijos de Lino Fabbroni SA (distribuidor oficial Nidera).
b) Agroindustrias entre las que sobresalen Biofamar (producción de alimentos o suplementos nutricionales para animales), Molino Corsur (producción de harina), Vasquetto (producción de alimento balanceados) y Bio etanol Río Cuarto S.A (agrocombustibles y subderivados).
c) Sucursales bancarias privadas: (Banco Galicia, Macro, HSBC, Supervielle) y públicas (Banco Nación, Banco Córdoba, Banco Ciudad), aseguradoras (Nación Seguros, Bonetto y Asociados, y Raíces SA. Además, El Norte Compañía de Seguros, Federación Patronal Seguros y Bancop).
d) Espacios de formación profesional: colegio de ingenieros agrónomos (Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa, Asociación de Productores Agropecuarios, Sociedad Rural de RC), mesa de buenas prácticas agrícolas y eventos de legitimación de la modernización agrícola (“expo rural” con sede en la Sociedad Rural de Río Cuarto, Pensando Río Cuarto, Fundación 2030).
e) Instituciones públicas vinculadas a la actividad agraria: Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad Nacional de Río Cuarto, Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria. (Forlani y Picciani, 2026, p. 69-70).
Sobre la base de este sistema de objetos y acciones, y al calor de los nuevos consumos productivos que el agronegocio impone en el concierto global de producción y comercialización de commodities agrícolas, la ciudad de Río Cuarto está experimentado la configuración de una nueva matriz productiva asociada al desarrollo de empresas de base tecnológica, de allí el epíteto, según preanunciamos en la introducción, de “ciudad agtech” o “Silicon Valley del agro”.
Ahora bien, para poder desentramar este nuevo arreglo territorial no alcanza con describir las condiciones materiales que registraba la ciudad y las tendencias globales del agronegocio[12], es necesario a su vez reparar en los conflictos que se han desarrollado en la localidad. Pues en gran medida la identidad de los lugares se deriva de la productividad de los litigios o dinámicas contenciosas que allí acontecen, que no es sino, el modo en se procesa la interacción de lo local y lo global que en un espacio determinado.
Con base en el conflicto, entonces, restituimos los litigios de 2008 (derechos de exportación) y 2012 (problemática ambiental) mencionados en las consideraciones metodológicas, a los fines de abordar sus implicancias en Río Cuarto. Respecto del primero, aludimos a la confrontación emergente tras el intento de parte del gobierno nacional argentino de modificar la alícuota de las retenciones sobre el sector agroexportador; cuya reacción fue el locaut patronal de parte de las entidades agropecuarias nucleadas en “la Mesa de enlace”.
Previo a reparar en las implicancias locales, importa no soslayar dos aspectos regionales-globales que atravesaron el conflicto en cuestión. Por un lado, aquella disputa se enmarcó en las apuestas redistributivas encaradas por los gobiernos progresistas latinoamericanos que, más allá de las modalidades, apuntalaron a democratizar las rentas generadas por las commodities. Ello en el cuadro general de un capitalismo de inicio del siglo XXI que profundizó la dinámica extractivista en el subcontinente al calor del alza generalizada de los precios de las materias primas (Thwaites Rey y Ouviña, 2014).
La disputa por la renta, evidenció en Río Cuarto la fortaleza discursiva del dispositivo agrícola modernizador. En Brizzio y Forlani (2014) mostramos el amplio arco de solidaridades que aquel conflicto reveló entre el sector empresarial riocuartense y la dirigencia política local, con una capacidad de movilizar a no pocos actores subalternos bajo el epíteto el “campo somos todos”. La construcción de hegemonía inmanente al referido significante (vacío en términos laclausianos), ha sido objeto de reflexión en una investigación mayor en la que arribamos a la siguiente conclusión:
Es que ni las subalternidades ni las asimetrías en los roles, jerarquías y usufructos de la renta agrícola en los espacios urbanos del agronegocio resultan per se evidentes (ni incluso necesariamente problemáticas) para la pluralidad de actores sociales que están lejos de ocupar el vértice superior de la pirámide de poder. Ello, conviene asentarlo, en razón de una activa construcción de legitimidad desde múltiples dispositivos de subjetivación y un esquema de distribución material (dinamismo en los sectores comerciales y de servicios, demanda de puestos de trabajos con diversos grados de calificación, ampliación del erario público) que configura un escenario social en el que “todos ganan”[13] (Forlani, 2021, p. 61).
Asimismo, ampliamos la mirada reflexiva, atendiendo a que “la defensa del campo” en aquel conflicto apuntaló dos ideas fuerza cuya productividad institucional se tornaría significativa a escala provincial: la del campo como “motor productivo” y la imagen del productor agropecuario como agente “innovador”. Ambas dimensiones devinieron en constitutivas en lo que Vanesa Villarreal caracteriza como “Estado asegurador agrario cordobés”, esto es un estado que “(…) ha promovido acciones con la intención de incentivar los agronegocios como el principal modelo productivo en el territorio provincial, mediante iniciativas concretas y específicas” (Villarreal, 2023, p. 148).
Sin embargo, para poder contemplar la traslación del discurso de la innovación de 2008 a su enorme gravitación en el presente (para el caso que nos ocupa bajo la apuesta territorial de Río Cuarto como el “Silicon Valley del agro”), es necesario recuperar-analizar otra conflictividad, la socioambiental. Pues, como posteriormente analizaremos, parte de incorporación de la tecnología de punta a la actividad agrícola bajo el rótulo de “verde”, responde a la apuesta de neutralizar la crítica ambientalista.
Avanzando, en el año 2012 se registraron múltiples conflictos a nivel de la provincia de Córdoba: algunos de ellos ya muy maduros como la lucha de las Madres de Ituzaingó, que ese mismo año, tras una década movilizaciones, logró elevar a juicio el litigio por las fumigaciones; otros en sus inicios o fases experimentales de problematización, como las preocupaciones gestadas frente a la mega planta de semillas de Monsanto en Malvinas Argentinas y ante la estación experimental de la misma empresa en Río Cuarto; en tanto que algunos transversales al segundo decenio del siglo en curso, como las movilizaciones en defensa del bosque nativo, o la resistencia ciudadana frente a la agroindustria Porta Hnos en la ciudad de Córdoba capital.
La problematización creciente de los impactos sanitarios del modelo agrícola, fue el resultado de la agencia y convergencia de una pluralidad de actores sociales interviniendo en múltiples arenas públicas (ámbitos académicos-mediáticos-judiciales-espacios públicos). En efecto, es posible trazar una historia conectada de la movilización socioambiental en la provincia de Córdoba reparando, entre otras dimensiones, en: a) los comunes repertorios de acción colectiva (movilizaciones, junta de firmas, festivales), b) la re-significación de los contenidos del agronegocio bajo la incorporación de nuevos significantes (agrotóxicos, agrocombustibles, extractivismo); c) el trazado de fronteras políticas (en la que multinacionales, entidades agropecuarias y gobiernos de turno figuran como responsables del daño ambiental), y; d) la propia construcción identitaria en clave de “asambleas socioambientales en defensa del ambiente sano” (Forlani, 2024 y 2025).
Nuevamente, y previo a analizar las implicancias locales de las acciones colectivas socioambientales, hemos de reconocer en ellas su inscripción y contribución al movimiento de justicia ambiental de alcance global[14]. Pues analizadas en conjunto, en clave conectada según preanunciamos, revela que la lucha ambiental librada en distintas localidades de la provincia de Córdoba comparte formas de ver, decir y hacer sentido común[15] con una multiplicidad de colectivos socioambientales, que particularmente en América Latina, se identifican con el ecologismo popular. Un ambientalismo de “tipo combativo“ en el que el ambiente pasa a integrar las cuestiones pertinentes a la “cultura de los derechos” (Acselrad, 2010); en el que la defensa de la naturaleza por parte de las comunidades hace a su propio sustento de vida (Martínez Alier, 2018); en el que: “hay un rechazo a presentar el problema en términos meramente monetarios (…) porque el reclamo se concentra en los cuerpos dañados y en las vidas afectadas, lo que implica que los temas ambientales sean juzgados en términos éticos” (Merlinsky 2013, p. 48).
Tras este encuadre analítico, precisamos que específicamente en Río Cuarto, el epicentro de la conflictividad socioambiental aconteció en los años 2012-2013, cuando la iniciativa de Monsanto de inaugurar una estación experimental (en paralelo a la mega planta en Malvinas Argentinas) fue rechazada por el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Río Cuarto y resistida sistemáticamente por la Asamblea Río Cuarto Sin Agrotóxicos (RCSA). Una de las productividades relacionadas al litigio en cuestión, fue la convocatoria y concreción de una de las primeras audiencias públicas desarrolladas a nivel nacional para analizar los impactos del modelo agrícola (convocada por el Concejo Deliberante de Río Cuarto en el año 2013 en el marco de las acciones de protesta social protagonizadas por RCSA). Dicha Audiencia, evidenció las controversias sociotécnicas[16] en torno al modelo productivo bajo dos construcciones socioterritoriales antagónicas: “Las Buenas Prácticas Agrícolas” (BPA) y la “Agroecología”.
Si en 2008 la afectación sobre la renta fue el disparador que aglutinó a los diferentes sectores directa e indirectamente vinculados al agronegocio en la ciudad, la referida Audiencia significó el factor nodal de un abroquelamiento de los promotores del modelo agrícola hegemónico en pos de neutralizar la crítica ambientalista de base popular. A la evidencia empírica de una multiplicidad de voces (empresariales, de colegios profesionales e institucionales) que en aquella jornada participativa adscribieron a las BPA[17] como forma de resolver “las externalidades” del modelo y plataforma para sus “sostenibilidad”, añadimos dos fragmentos de una entrevista a uno de los impulsores de la Mesa institucional de la BPA de Río Cuarto, en la que se refiere a aquella coyuntura y expresa la misión del espacio:
Representante Mesa BPA: Después viene la problemática de Monsanto yo no me acuerdo si fue 2011-2012 tendría que… pero ya estaba la mesa [mesa de las BPA] conformada. Se hizo una audiencia pública y ahí participamos ya como Mesa de buenas prácticas dando una mirada con respecto a eso, porque eso era más una cuestión como ideológica de lo que iba a pasar porque lo de Monsanto en Río Cuarto no era ni más ni menos que un laboratorio… No, no, no iba a haber ni productos y no iba a haber nada que contaminara no era… No iban a procesar productos, no iban a formular agroquímicos en Río Cuarto. Era simplemente un laboratorio, entonces bueno, queríamos dar el fundamento si estaba bien o mal es una cosa. Pero lo que sí queríamos demostrar, que no se iba a hacer una actividad que iba a afectar la vida.
[…]
Entonces sentémonos a discutir el tema y a charlarlo, pero con fundamento científico. Y ahí donde vos quitas el miedo. Necesitábamos mostrarle a la sociedad, que lo que estábamos haciendo no estaba del todo mal y que no era todo generar miedo, el glifosato y la soja. Era producción de alimentos que no estaba generando problemas en el ambiente, bien la sociedad tiene miedo demostrémosle de que hay formas y cómo es la forma, mejoremos algunos procesos para que se cambie esa forma de ver. (Representante de la Mesa de BPA. Entrevista: 15/06/2023).
Con este objetivo, el de “cambiar miedo por conocimiento” en léxico de los defensores del modelo agrícola, la intervención territorial de la Mesa de BPA de Río Cuarto combinó distintos repertorios de acción: charlas, capacitaciones, conferencias y congresos. Según analizamos en otra oportunidad (Forlani, Picciani y Vallinotti 2023), esta actuación sistemática de parte de esta Mesa de Río Cuarto fue decisiva para que las BPA se transformasen primero en programa provincial (año 2017) y luego en ley (año 2019) con alcance para toda la jurisdicción de Córdoba.
Al analizar la política pública de las BPA del “estado asegurador agrario cordobés”, identificamos al menos dos aspectos clave mutuamente imbricados: la “ambientalización” del discurso de los promotores del agronegocio y la centralidad de la ciencia y la innovación tecnológica en pos de la “sostenibilidad” de la actividad agropecuaria (Forlani, 2025). Ambas dimensiones son inmanentes a lo que Martínez Alier (2018) define como “el evangelio de la eco-eficiencia”, es decir, la promesa de solución o mitigación de impactos ambientales a partir de la modernización tecnológica.
Así, el discurso de las BPA, legitima y fija como deber ser la crecientemente incorporación de “tecnologías verdes” asociada a servicios intensivos en conocimiento y el uso de tecnologías digitales avanzadas. Relanzándose de este modo la dinámica de acumulación del sector, a partir de la comercialización de una nueva gama de productos y servicios “amigables con el ambiente”. En esta renovada dinámica económica, la satisfacción de los nuevos consumos productivos configura nuevos arreglos territoriales, constituyendo los “ecosistemas agtech” su expresión más significativa.
Los “Silicon Valley” del agro: el caso Río Cuarto
“Pero de vez en cuando hay que poner en duda el acuerdo hegemónico, hacer explícito y visible el acuerdo y su geometría de poder – y eso es el momento político”. (Doreen Massey, 22/04/2016).
“El desacuerdo no es el conflicto entre quien dice blanco y quien dice negro. Es el existente entre quien dice blanco y quien dice blanco pero no entiende lo mismo o no entiende que el otro dice lo mismo con el nombre de la blancura”. (Rancière, 1996, p. 8).
Un abordaje posible de las noticias que presentan a Río Cuarto como vanguardia de la innovación “agtech”, es reparando en la “acción territorial” de quienes promueven el a-venir de Río Cuarto como el Silicon Valley del agro. Desde esta clave hermenéutica divisamos que la apuesta por convertir a Río Cuarto en una plataforma de multiplicación de start-ups del agro, se estructura a partir de: a) una valoración positiva de la modernización agrícola experimentada en la región en la que se emplaza la ciudad (en la que se pondera la alta productividad agrícola-ganadera del departamento Río Cuarto[18]); b) en el reconocimiento, en la coyuntura actual, de disponibilidades o recursos fundamentales para expandir la dinámica económica del sector, especialmente dado los recursos humanos formados por las universidades existentes en la ciudad, en las “capacidades de emprender” de los agentes locales y en el excedente financiero de la actividad agrícola de la región[19]; y, finalmente; c) respecto de las representaciones-proyecciones sobre el futuro, la posibilidad de convertir la ciudad en una meca de la innovación científica-tecnológica sobre la base del impulso de las “start-ups” abocadas a la provisión de bienes y servicios para el agro[20].
Sin embargo, hemos de poner en duda el acuerdo hegemónico respecto de las promesas de plenitud que los promotores del agronegocio auguran con relación a las oportunidades que la nueva apuesta modernizadora puede significar para la ciudad y la región[21]. Parafraseando a Massey, hemos de tornar visible “la geometría de poder” en la que opera y se desenvuelve la territorialidad del “agro como negocio” con relación a Río Cuarto. En tal dirección, lo primero a relativizar es la excepcionalidad del perfil Agtech de Río Cuarto, por cuanto éste no constituye una singularidad. De hecho actualmente una multiplicidad de espacios urbanos se titulan/proyectan como ecosistemas de innovación tecnológicos asociados a la modernización agrícola:
Dios no atiende solamente en Silicon Valley: la oportunidad histórica del Agtech en Latinoamérica (…) Hoy en Latinoamérica se pueden ver ecosistemas como los de Piracicaba y Rosario como líderes en la región ya que picaron en punta, pero vienen atrás, sin pausa, otros como Rio Cuarto, Cuiabá, Londrina, Uberlandia, Marcos Juárez, Pergamino, Santiago de Chile, Montevideo, Medellín, etc. (Agrofy new: 20/06/2020).
¿A qué tipo de arreglo socioterritorial de alcance global nos remiten estas nuevas plataformas “Silicon Valley”?. Delgado Wise, desde un enfoque crítico asentado en la noción general intellect[22], advierte que el sistema de innovación georreferenciado en Silicon Valley “(…) opera como una poderosa máquina de patentamiento que cuenta con articulaciones en varios países periféricos y emergentes” (Delgado Wise, 2019, p. 54). Siguiendo su tesitura cada una de “las ciudades científicas” arriba mencionadas constituirían eslabones en la arquitectura global del “sistema imperial e innovación de Silicon Valley” (Delgado Wise, 2019).
Atender a este enfoque sistémico, resulta fundamental para desentramar los complejos y sofisticados dispositivos de poder que intervienen en los renovados arreglos socioterritoriales del agronegocio globalizado. Específicamente, tal abordaje crítico, permite esclarecer el rol de las nuevas ciudades científicas con relación a las nuevas dinámicas de despojo en un capitalismo monopolista convertido, en palabras de Delgado Wise, en un “ente parasitario con un evidente sesgo rentista y especulativo” (2019, p. 46).
Desde esta referencia nos predisponemos al “momento político” de Massey, al habilitar la sospecha respecto de las promesas de plenitud depositadas en el crecimiento del “ecosistema de innovación” en la ciudad de Río Cuarto: ¿la iniciativa modernizadora en curso, asentada en una multiplicidad de agencias público-privadas dirigidas a impulsar las startups del agro, tiene como objetivo la reducción de la desigualdad?
En una ciudad que registra una pobreza multidimensional del 56,6%[23] y en la que, a su vez, 300 personas fueron alcanzadas por el impuesto a las grandes fortunas (Fuente: puntal 21/05/2021)[24], resulta por lo menos desalentador que en la revisión pormenorizada de las noticias citadas en la introducción en torno a Río Cuarto como el Silicon Valley del agro, la palabra desigualdad no figure en el cuerpo de las notas ni en los textuales de los protagonistas del ecosistema de innovación. La constatación de tal significativa ausencia parece ser sugestiva del modelo que se pretende emular. Pues la región Silicon Valley de los Estados Unidos, según un informe del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Estatal de San José, no se caracteriza precisamente por su nivel de integración social sino más bien por las asimetrías socioeconómicas y los elevados niveles de violencia que allí se registran:
El 5.º Índice Anual de Dolor de Silicon Valley 2024 presenta nuevos datos que resaltan las persistentes desigualdades de la región, a la vez que muestran que las siguientes áreas han empeorado: desigualdad de riqueza e ingresos, vivienda y falta de vivienda, inseguridad alimentaria, estudiantes con ausentismo crónico, muertes por fentanilo, brechas salariales y de desempleo tecnológico por género, violaciones y número de casos de violencia doméstica por fiscal (Buckner-Capone et al, 2024, p. 3)[25].
Sobre la base de este último informe, y haciendo propio el abordaje sistémico crítico de la arquitectura global del sistema de innovación, creemos que la apuesta territorial de convertir a Río Cuarto en el “Silicón Valley” debe ser problematizada. Frente a un discurso que pretende legitimarse en una visión acrítica del paradigma tecnocientífico dominante y en los beneficios de la lógica del agronegocio, abrimos un “desacuerdo” -en clave de Rancière 1996- por cuanto hoy Silicon Valley no constituye una promesa de satisfacción, al menos no para las mayorías populares de la ciudad y la región. Antes bien, Silicon Valley oficia como espejo dramático sobre una realidad local desigual y funcional a la reproducción de la territorialidad global hegemónica.
Conclusiones
El presente artículo ha procurado contribuir al campo de estudio sobre las formas de territorialización del agronegocio, en nuestro caso, a partir del abordaje del caso de la ciudad de Río Cuarto. Según hemos podido analizar, el modo de uso y apropiación del espacio asociado al modelo agrícola hegemónico se desenvuelve a partir de una interacción compleja que articula dinámicas globales (nuevos consumos productivos) con los sistemas de objetos y acciones sedimentados en los espacios locales. Además, para poder desentramar los arreglos territoriales inmanentes al agronegocio, es menester el seguimiento de las dinámicas contenciones o relaciones de conflicto que acontecen en los territorios, dado que allí se prefiguran sus contenidos y símbolos.
Sobre la base de dicho prisma, advertimos que la proyección de Río Cuarto como “el Silicon Valley del agro”, constituye la búsqueda de una nueva formación hegemónica, que responde, por un lado, a la satisfacción de las nuevas demandas de consumo productivo del agro moderno asociado a los nuevos conocimientos científicos y avances tecnológicos (con epicentro en la inteligencia artificial); por otra parte, a las condiciones o disponibilidades locales (Río Cuarto como ciudad del agronegocio) y; finalmente también, y de un modo especial, como expresión de las dinámicas contenciosas en las que se ha relegitimado el papel innovador del campo y la importancia de las tecnologías de punta “verdes” como respuesta a las externalidades del modelo.
A su vez, la inscripción del caso Río Cuarto en la arquitectura global de Silicon Valley en los términos de citado Delgado Wise, ha permitido un examen crítico respecto de las promesas de plenitud del nuevo perfil agtech de la ciudad, con las que los promotores del agronegocio buscan legitimar sus acciones territoriales. En tal sentido, con el presente trabajo, hacemos explícito el interés por la apertura de nuevas problematizaciones del discurso hegemónico en aras de contribuir a un debate público que visibilice las asimetrías/desigualdades vigentes en el territorio y fomente la construcción de otros arreglos territoriales posibles, más justos e inclusivos.
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Informes:
-Centro Coordinador Regional de Estadísticas. (2024). Indicador de Pobreza Multidimensional. Consejo Económico y Social Río Cuarto.
Entrevista:
Representante Mesa BPA Río Cuarto 15 de junio de 2023/ Entrevistadores: Picciani M. L., Valinotti, M. F., Forlani, N.
Notas
[1]Doctor en Estudios Sociales de América Latina (Centro de Estudios Avanzados/Universidad Nacional de Córdoba), Lic. Ciencia Política (Universidad Nacional de Río Cuarto). Investigador asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas; Docente de Historia Latinoamericana y Argentina actual (Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Río Cuarto).
[2] Innovación enmarcada en un paquete tecnológico “(…) [paquete] en tanto se basan en un conjunto de tecnologías concatenadas e implicadas las unas con las otras: la semilla transgénica con cierto agroquímico, un tipo de siembra (la siembra directa), de organización laboral, de gestión, etc.” (Gras y Hernández, 2013, p. 29).
[3] Los "fijos" son los elementos materiales estables (máquinas, silos, puertos, carreteras), mientras que los "flujos" son los movimientos de capital, información, mercancías y personas que dan vida a esos fijos.
[4] Como señalan Amaral Barcelos et al (2020) el término "startups" se originó en Silicon Valley, región de los Estados Unidos que constituye el centro mundial de innovación y tecnología. Las “startup” se refieren a las empresas emergentes de base tecnológica.
Desde una perspectiva crítica, Rodrigues de Oliveira et al (2024), señalan que este tipo de empresa conlleva una paradoja, ya que, una vez consolidadas en el mercado, dejarían de ser startups (ya que perderían su condición de empresa en fase inicial). Y agregan: “Esta inconsistencia conceptual en torno a este modelo de negocio abarca también otra faceta: las startups como expresión directa de las condiciones del mercado laboral actual (precario y marcado por la externalización) y del discurso neoliberal, vinculado a la valorización del emprendimiento” (2024, p. 5).
[5] Para el pensamiento posfundacional: “El debilitamiento ontológico del fundamento no conduce al supuesto de la ausencia total de todos los fundamentos, pero sí a suponer la imposibilidad de un fundamento último, lo cual es algo enteramente distinto, pues implica la creciente conciencia, por un lado, de la contingencia y, por el otro, de lo político como el momento de un fundar parcial y, en definitiva, siempre fallido” (Marchart, 2009, p. 2.).
[6] Una formación hegemónica es en definitiva “una configuración de prácticas sociales de diferente naturaleza –económica, cultural, política, jurídica- cuya articulación se sostiene en ciertos significantes simbólicos clave que constituyen el sentido común y proporcionan el marco normativo de una sociedad dada” (Mouffe, 2018, p. 66).
[7] Por discurso no aludimos solo al acto del habla o la palabra escrita, sino al conjunto de prácticas que desarrollan los actores sociales en la disputa por construir un determinado orden social. En términos de Laclau: “‘discurso’ como una totalidad significativa que trasciende la distinción entre lo lingüístico y lo extralingüístico” (2004, p. 15).
[8] Desde la narrativa del partido de gobierno se intentó definir el conflicto como una disputa en clave de fuerza nacional-popular versus la oligarquía agraria. En tanto que los actores de la Mesa de Enlace (espacio que representaba distintos sectores del agro: Sociedad Rural, Federación Agraria entre otros) intentaron asentar la dicotomía “campo versus gobierno populista”.
[9] En términos de Coller (2005), este tipo de casos permiten ilustrar un conjunto de proposiciones sobre el funcionamiento de un fenómeno, en nuestro estudio de las formas de territorialización del agronegocio y la emergencia de las plataformas agtech.
[10] Siguiendo a Merlinsky (2013), el método narrativo, consiste en definir una estructura narrativa cuya resultante es la elaboración de un relato mediante el cual se organizan los eventos conflictivos y se establecen sus relaciones.
[11] Adoptamos la noción de acción territorial de Sili (2018), quien las concibe como todas “aquellas iniciativas capaces de organizar y transformar un territorio”, las cuales se hallan atravesadas por “la memoria y las estructuras físicas heredadas” (pasado), “las condiciones de contexto actuales” (presente) y “las imágenes y representaciones que los distintos actores sociales tienen respecto de sus deseos” (futuro) (Sili, 2018, pp. 17-18).
[12] En términos de Milton Santos el espacio es “(…) el resultado material acumulado de las acciones humanas a través del tiempo y, por otro lado, por las acciones actuales que le animan y que hoy le atribuyen un dinamismo y una funcionalidad”. (2000, p. 89).
[13] Gras y Hernández (2009) destacan este componente material como central en la operación hegemónica del agronegocio en las distintas localidades de la pampa húmeda, toda vez que el modelo productivo (aun con las asimetrías entre sus diferentes actores: grandes empresas, actores locales, productores, rentistas) redunda en un esquema de “solidaridades de facto” en virtud de la participación desigual, pero participación al fin, de la renta agropecuaria.
[14] El movimiento de justicia ambiental (…) se considera un campo de pensamiento y acción de los discursos ambientalistas, en el que el concepto de justicia no se reduce a la administración, sino que remite a una diversidad de prácticas en el espacio público estatal y ciudadano. Estas prácticas denuncian y critican la desigual distribución del riesgo y daño ambiental, a la vez que promueven creativamente reformas y transformaciones institucionales, para la plena vigencia de los derechos y las garantías a la vida, la salud y el ambiente (Berger y Carrizo, 2016, p. 119).
[15] En el léxico de Cefaï (2017): “En otras palabras, generan un campo de experiencia colectiva con formas de ver, decir y hacer sentido común, articulado por una red de números, categorías, tipos, informes y argumentos disponibles que permiten aprehender un estado de cosas como un problema identificable y reconocible” (Cefaï, 2017, p. 192. Las itálicas son nuestras).
[16] Estas controversias refieren a “(…) situaciones en las que aparece algún motivo de discordia o disenso entre actores ligados a la tecnociencia y actores sociales, o bien entre los distintos actores promotores de un cambio técnico –es decir, discrepancias entre expertos” (López Cerezo y Luján, 1997, p. 207 en Merlinsky, 2017, p. 228).
[17] Entre otros: la Sociedad Rural de Río Cuarto; el Grupo CREA (Asociación civil que nuclea a empresarios del agronegocio), la Confederación de Asociaciones Rurales de la Tercera Zona (CARTEZ, integra la Confederaciones Rurales Argentina), la Cámara de Empresas Agroaéreas de Córdoba; el Colegio de Ing. Agrónomos del Sur de Córdoba; la Mesa de Buenas Prácticas Agrícolas; el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentos del Gobierno de Córdoba.
[18] “Según datos de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) en base a la campaña 2021/2022, el departamento de Río Cuarto ocupa el primer puesto a nivel nacional en superficie sembrada con 1,4 millones de hectáreas y, a su vez, es el principal productor de maíz y de maní y tercero en soja” (La Nación, 7/11/2023).
[19] “Río Cuarto reúne todas las condiciones necesarias para que florezcan emprendimientos agtech. Desde el semillero de talento que es la universidad, con sus graduados en diversas disciplinas técnicas, hasta el enorme potencial que tiene el sector agropecuario en la zona y la presencia de grandes inversores”, dice Manuel Ron [Ceo Bio 4 y presidente de la Agencia Córdoba Innovar y Emprender] (La Nación, 7/11/2023).
[20] “Luciano Nicora [vicepresidente de Endeavor Argentina y administrador del fondo de inversiones Pampa Start VC] es optimista en que los productores riocuartenses pueden crear una cultura: ‘Hace 15 años que voy a Silicon Valley y veo el valor qué hay. Ves empresas pioneras que formaron una cultura, un ecosistema. Río Cuarto tiene las condiciones naturales para replicar la creación de un sistema agtech como pasó en Silicon Valley. Podemos tener un Silicon Valley pero con la particularidad agro. Van a empezar a venir grandes espacios y capitales del mundo’” (Puntal: 13/09/2023).
[21] “Argentina tiene una oportunidad de alimentar al mundo y Río Cuarto de ser una de sus capitales. Puede ser la capital mundial del Agtech” (Nicora en Puntal: 13/09/2023).
[22] “Es importante precisar, en esta perspectiva, que la noción de general intellect planteada por Marx no se reduce al trabajo científico y tecnológico, el cual puede asumir diferentes modalidades: desde aquella que se despliega en departamentos de investigación y desarrollo de las empresas, hasta el trabajo de investigadores independientes, como es el caso de las start-ups (empresas emergentes fincadas sobre una plataforma tecnológica e innovadora). Incluye, asimismo, dos categorías: el trabajo objetivado —tangible e intangible— y el trabajo vivo. Abarca también al conocimiento social acumulado y a la ciencia básica y aplicada que se despliega en universidades y centros de investigación públicos y privados, incorporando las formas de intervención del Estado que, con el avance del imperialismo, trascienden las fronteras del Estado-nación” (Delgado Wise, 2019, p. 50).
[23] Según el informe del Centro Coordinador Regional de Estadísticas, el Indicador de Pobreza Multidimensional (IPM) en la ciudad arrojó un 56,6% para el primer trimestre del año 2024, es decir que más de 100 mil personas se hallaban en situación de pobreza. Importa precisar que el IPM resulta de la complementación de la tradicional medición de la pobreza (basada únicamente en la cuantía de ingresos), con el registro de las distintas dimensiones de la vida de los individuos (vivienda, hábitat, empleo, educación, salud), por lo que ofrece una mejor caracterización de la calidad de vida de las personas.
[24] El “Aporte Solidario y Extraordinario” alcanzó solamente a las personas humanas y sucesiones indivisas residentes en el país o en el exterior cuyos bienes estuvieran valuados en más de $ 200.000.000. Representando el 0,16 de la población de la ciudad, porcentaje significativamente superior al compararlo con las cifras a nivel país: a nivel nacional tal impuesto alcanzó a 9300 personas (esto es el 0,02 de la población total país).
[25] Entre los datos estadísticos asentados en el informe, se destaca el índice Gini (0 refleja una igualdad perfecta, mientras que 100 representa una desigualdad total), indicando un absoluto para Silicon Valley de 82, cifra que no para de crecer en las últimas décadas: mientras el 2023 arrojó un 80, hacia 1990 era del 38.