DOI: http://dx.doi.org/10.19137/huellas-2026-3002

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ARTÍCULOS
Enfoque de seguridad alimentaria: experiencia comunitaria sobre la agricultura urbana, comunidad de El Mirador, localidad Usme (Bogotá, 2021)
Sonia Patricia Lizarazo Hernández[1]
Universidad Santo Tomás
Martha Lamprea Zona[2]
Universidad Santo Tomás
Juan Camilo Cardona Castaño[3]
Universidad Autónoma de Querétaro
RECIBIDO 19-11-2025
ACEPTADO 26-03-2026
Cita sugerida: Lizarazo Hernández, S. P., Lamprea Zona, M y Cardona Castaño, J. C. (2026). Enfoque de seguridad alimentaria: experiencia comunitaria sobre la agricultura urbana, comunidad de El Mirador, localidad Usme (Bogotá, 2021). Revista Huellas, Volumen 30, Nº 1, Instituto de Geografía, EdUNLPam: Santa Rosa. Recuperado a partir de: http://cerac.unlpam.edu.ar/index.php/huellas
Resumen
La seguridad alimentaria es un aspecto clave dentro de los procesos de participación comunitaria, ya que tiene una capacidad integradora y fomenta la práctica de la agricultura urbana. El propósito de la investigación fue documentar la experiencia comunitaria en torno a la agricultura desde el enfoque de seguridad alimentaria, con la participación de los habitantes de la comunidad de El Mirador, en la localidad de Usme (Bogotá). Para ello, se llevaron a cabo diversos talleres, salidas de campo y actividades de trabajo colaborativo en las huertas creadas por la comunidad. La información recolectada fue analizada mediante un enfoque participativo, lo cual permitió la construcción de categorías de análisis de forma inductiva. Los participantes destacaron que la seguridad alimentaria representa una oportunidad económica y de bienestar para las familias, al tiempo que promueve espacios de participación comunitaria basados en el respeto, la paz y el buen vivir. La agricultura urbana se ha convertido en un mecanismo de integración y convivencia que ha favorecido una mejor comunicación y un enfoque ambiental con miras a promover acciones por el ambiente. Este esfuerzo busca contribuir, a escala comunitaria, a la solución de los problemas relacionados con el abastecimiento de alimentos en la ciudad. Además, constituye una forma de aprovechar los espacios que han resistido los procesos de urbanización y gentrificación en Bogotá.
Palabras clave: Agricultura urbana; espacios urbanos; participación comunitaria; seguridad alimentaria
Food security approach: community experience in urban agriculture, El Mirador community, Usme Locality (Bogotá, 2021)
Abstract
Food security is a key aspect of community participation processes, as it has an integrative capacity and promotes the practice of urban agriculture. The purpose of the research was to document the community's experience with agriculture from a food security perspective, involving the residents of the El Mirador community in the Usme locality (Bogotá). To achieve this, various workshops, field visits, and collaborative activities were conducted in community-created gardens. The information collected was analyzed using a participatory approach, which enabled the inductive construction of analytical categories. Participants highlighted that food security represents an economic and well-being opportunity for families while fostering community participation spaces based on respect, peace, and well-being. Urban agriculture has become a mechanism for integration and coexistence, improving communication and encouraging an environmental approach aimed at promoting actions for the environment. This effort seeks to contribute, at a community scale, to solving the city's food supply challenges. Furthermore, it serves as a way to make use of spaces that have resisted urbanization and gentrification processes in Bogotá.
Keywords: community participation; food security; urban agriculture; urban spaces
Enfoque de segurança alimentar: experiência comunitária sobre a agricultura urbana, comunidade de El Mirador, localidade de Usme, (Bogotá, 2021)
Resumo
A segurança alimentar é um aspecto chave dentro dos processos de participação comunitária, pois tem uma capacidade integradora e fomenta a prática da agricultura urbana. O propósito da investigação foi documentar a experiência comunitária em torno da agricultura a partir da abordagem de segurança alimentar, com a participação dos habitantes da comunidade de El Mirador, na localidade de Usme (Bogotá). Para isso, foram realizados diversos workshops, saídas de campo e atividades de trabalho colaborativo nas hortas criadas pela comunidade. As informações coletadas foram analisadas por meio de uma abordagem participativa, o que permitiu a construção de categorias de análise de forma indutiva. Os participantes destacaram que a segurança alimentar representa uma oportunidade econômica e de bem-estar para as famílias, ao mesmo tempo em que promove espaços de participação comunitária baseados no respeito, na paz e no bem viver. A agricultura urbana tornou-se um mecanismo de integração e convivência que tem favorecido uma melhor comunicação e uma abordagem ambiental com vistas a promover ações em prol do meio ambiente. Este esforço busca contribuir, em escala comunitária, para a solução dos problemas relacionados ao abastecimento de alimentos na cidade. Além disso, constitui uma forma de aproveitar os espaços que resistiram aos processos de urbanização e gentrificação em Bogotá.
Palavras-chave: Agricultura urbana; espaços urbanos; participação comunitária; segurança alimentar
Introducción
El enfoque de seguridad alimentaria debe examinarse no sólo desde una perspectiva productiva, sino también social, cómo las comunidades construyen escenarios de participación a través de la agricultura urbana (Cerroblanco-Vazquez et al., 2025; Nazar-Herrera, 2022). Esta práctica no se limita a la congregación y el intercambio de saberes y experiencias, sino que busca asegurar el acceso a alimentos dentro de la sociedad. Esta forma de bienestar representa un mecanismo de desarrollo alternativo en el seno de las comunidades (Heck y Socquet-Juglard, 2020).
El objeto de estudio de esta investigación es la experiencia comunitaria en torno a la seguridad alimentaria en contextos urbanos, entendida como un proceso de integración social y de construcción de conocimientos locales que se desarrollan al margen de los modelos agrícolas tradicionales. Estas experiencias posibilitan prácticas como la agricultura urbana, mediante las cuales las comunidades generan alternativas para la producción de alimentos y la sustentabilidad ambiental (Flores-Villamil et al., 2018; Ramírez-Casarrubias et al., 2025).
Este estudio reviste importancia tanto metodológica como exploratoria, al establecer una relación entre la seguridad alimentaria y los aspectos comunitarios y de participación local a través de la agricultura urbana. Esta última se manifiesta como un producto tangible y medible dentro de ciudades en constante crecimiento, que frecuentemente carecen de espacios destinados a la producción de alimentos. En sintonía con este estudio Vergara Romero et al. (2021), evidencia una resistencia a los procesos de urbanización intensa que limitan la disponibilidad de suelo apto para la producción de alimentos.
En este contexto, la experiencia de la comunidad El Mirador, en la localidad de Usme (Bogotá), reveló un proceso de integración a través de la agricultura orgánica, enfocado en la seguridad alimentaria. Esta práctica se presenta como una alternativa al modelo económico convencional de alimentación y subsistencia, aprovechando espacios recuperados a la gentrificación, el urbanismo y la reterritorialización que se ha llevado a cabo en manos de la especulación inmobiliaria, del poder de turno que, girado al modelo de desarrollo, y el agenciamiento del Estado que a través de su aparataje político han cambiado la dinámica de relación ciudad-espacio, un fenómeno que se advierte desde Haesbaert (2014). En contra respuesta surgen espacios comunitarios diseñados por las personas, para construir lugares de diálogo, convivencia comunitaria y producción de alimentos saludables, como sucedió en la comunidad de El Mirador.
Este proceso ha sido llevado a cabo, por la institución como la Universidad Santo Tomás, la iniciativa local y líderes comunitarios que han visto una posibilidad de cambio y resistencia ante el avance de la ciudad y la reorganización del Distrito de Bogotá. El aprovechamiento del espacio que avanza a lo largo del tiempo como bien dice Guattari, (2022) , ha configurado nuevas formas de comprender el territorio y resistir ante el crecimiento de los modos de producción; esto ha hecho que la ciudad tenga espacios donde se pueda desarrollar el trabajo colectivo.
La participación de cada individuo en el proceso, desde el cultivo hasta la cosecha, ha dignificado la relación entre las personas y ha permitido que cada familia obtenga lo que cultiva, generando un sentido de apropiación hacia una labor que debe seguir siendo digna y estudiada. Se destaca la necesidad de analizar la agricultura en espacios urbanos y su potencial para contribuir, a baja escala, a la seguridad alimentaria.
Por lo tanto, el objetivo de la investigación fue: documentar la experiencia comunitaria sobre la agricultura desde el enfoque de seguridad alimentaria con los participantes de la comunidad de El Mirador, localidad de Usme (Bogotá) en 2021.
Antecedentes teóricos y conceptuales
Para la presente investigación, fue importante identificar los antecedentes y referentes teóricos de la seguridad alimentaria (Tabla 1); las formas de trabajo colectivo y la integración comunitaria y las diversas formas de asociatividad y desarrollo local que permite dicho enfoque. La FAO (2022), plantea y recomienda, garantizar a todas las personas el acceso a una alimentación digna. También, una forma de sustento a nivel familiar. Este planteamiento tiene que estar articulado a una gestión entre los actores del establecimiento de poder y las instituciones. Dicha articulación en función de políticas públicas y mecanismos de gestión intersectorial, es decir la participación activa de la empresa privada y la acción ciudadana como mecanismo y estrategia de producción alimentaria a baja escala, y aportar a la cadena de suministro para que las personas puedan tener un acceso a la alimentación de forma digna.
Lo antes expuesto plantea asimetrías, con la propuesta de McCarthy et al. (2018), quienes observan el ambiente como una causa de los problemas contemporáneos de la seguridad alimentaria. Esto deja en buenas intenciones el proceder comunitario y el actuar del Estado, pero, sigue estableciendo una corresponsabilidad activa del cuidado al ambiente (ej. ciudadanía y Estado), para garantizar el acceso digno a la alimentación. Desde esta visión, la propuesta apunta a una reestructuración y saneamiento de los problemas socioambientales que hoy posee el planeta; es decir, debilitar la causa raíz, que no permite lograr una seguridad alimentaria y alcanzar en las comunidades una autonomía en la materia.
Ante el panorama explicado, surge la propuesta de Akbari et al. (2022), hablan sobre las limitaciones de la seguridad alimentaria para lograrlo. No significa que no se pueda dar un salto o cambio, ante la crisis alimentaria por los factores ambientales que hoy tienen las sociedades contemporáneas, resulta necesario examinar el impulso de la autonomía alimentaria como ejercicio comunitario y de intercambio de saberes. Esto lograría espacios de producción a baja escala, autonomía y libertad en decidir que se cultiva; a largo plazo sería una estrategia de contención ante posibles desabastecimientos de las cadenas de suministro.
Pero, según Zakhodym, (2022), establece que, para lograr estrategias de seguridad alimentaria, es necesario evaluar el papel del Estado en materia de garantías. Porque, este actor define todo dentro de las políticas públicas, en materia económica no es sencillo cómo articular la corresponsabilidad del Estado. Esto se explica porque se ha concesionado la alimentación a las empresas privadas y grandes superficies que acaparan e inciden en la dinámica de mercado, y el Estado tiene que ser regulador, y vincular esto con los apoyos de los problemas sociales, puede ser un puente para lograr que las comunidades capitalicen la seguridad alimentaria, si bien, una limitación es la burocracia.
Lo anterior contrasta con Vågsholm et al. (2020), plantearon que las deficiencias para lograr la seguridad alimentaria tienen que ver con la inocuidad de los alimentos. El sistema económico neoliberal solo se ha preocupado por producir dejando de lado ciertos controles de inocuidad. El abastecimiento para suplir la demanda alimentaria es una preocupación para las sociedades y es una responsabilidad del Estado en materia de ejecución y transparencia de entregar alimentos sanos y saludables. Es algo que no está alineado con el modelo económico; porque no existe una preocupación genuina por garantizar una seguridad alimentaria sino responder a unas dinámicas de mercado, sin que mucho importe, la inocuidad.
Con base en lo expuesto, el concepto de seguridad alimentaria tiene que ver con el papel de los Estados en América Latina que tienen la capacidad de proveer un bienestar colectivo a través de la alimentación. Los problemas de la seguridad alimentaria como afirma Mayett-Moreno y López Oglesby (2018), que no puede simplificarse exclusivamente a aspectos económicos y sociales, sino a una lectura de política de estado, gestión pública y participación del sector productivo para garantizar alimentos a la población.
Entonces, como se dijo anteriormente, el papel del Estado como actor clave para mantener la seguridad alimentaria debe desarrollarse a través de mecanismos de política pública, agenciamiento social o programas que incentiven estas acciones, con el fin de mantener el equilibrio entre la producción, las cadenas de abastecimiento y la distribución equitativa de la alimentación en la población (Ruderman & Núñez-de la Mora, 2022). Sin embargo, esto no se encuentra dentro del área de estudio, porque aquí la seguridad alimentaria se analiza a través de espacios de agricultura urbana desarrollados por iniciativa propia, a los que se aplica el concepto de autonomía alimentaria como mecanismo de respuesta frente a la desatención del Estado.
Según los estudios de Villalobos-Pérez et al. (2025), la seguridad alimentaria suele ser un tema de Estado, ya que la alimentación digna y oportuna es un derecho. Esto también se relaciona con la forma en que el Estado asume su responsabilidad, muchas veces a través de la ejecución de su papel por medio de terceros. Es allí donde se presenta una fractura entre el Estado y las comunidades, que deben empezar a desarrollar mecanismos y estrategias para mantener una seguridad y una autonomía alimentaria. Romper el statu quo no es fácil, porque esto demanda tiempo y cohesión social, y es algo que el Estado no puede garantizar en el ámbito comunitario, aunque sí puede garantizar acciones relacionadas con el empleo, la seguridad y los recursos económicos y técnicos necesarios para que estos procesos se desarrollen. Es ahí donde se encuentra la falla estructural, según los estudios de (Fillol Mazo, 2023).
Enfoque de la seguridad alimentaria
El enfoque de seguridad alimentaria, según se plantea en Gaitán-Rossi et al. (2021), busca garantizar que todas las personas tengan acceso a alimentos inocuos, nutritivos y suficientes para satisfacer sus necesidades calóricas y alimentarias, y así llevar una vida activa y saludable. Este enfoque no se limita a la disponibilidad y distribución de alimentos, sino que abarca aspectos cruciales como la producción a nivel comunitario, el desarrollo de infraestructura, la cadena de comercio, el acceso, la utilización, la estabilidad (en términos de equilibrio entre producción y consumo) y la sostenibilidad de los alimentos que llegan a las personas Este enfoque, según Ramírez-Juárez (2022), ofrece una solución a los problemas que enfrentan algunos países en cuanto a sus sistemas alimentarios y la distribución de alimentos. En consecuencia, Cepeda-Arellano y Martínez (2022), plantea que la seguridad alimentaria es un enfoque que puede contribuir a. la sustentabilidad ambiental y el buen vivir.
Entonces, los pilares estratégicos del enfoque de seguridad alimentaria constituyen también un proceso de buen vivir y un elemento estratégico dentro de las comunidades, capaz de garantizar el uso de tradiciones, conocimientos y saberes para lograr una alimentación adecuada y una distribución equitativa. Ahora bien, la seguridad alimentaria no se contrapone a los procesos de participación; por el contrario, se articula con el trabajo colectivo, donde las comunidades, a través de objetivos, metas y propósitos claros, establecen cómo abordar la distribución o la producción de alimentos (Luque Zúñiga et al., 2021). Esto garantiza que cada familia, o la comunidad en general, obtenga ingresos por la venta o logre un consumo adecuado de los alimentos producidos internamente. Esta autosuficiencia también es importante analizarla dentro de las diversas formas de agricultura, como la agricultura urbana enfocada en los marcos de seguridad alimentaria. Esto lleva a explorar dos conceptos dentro del enfoque Ruderman et al. (2022):
a) Agricultura urbana: la agricultura urbana se define como el conjunto de acciones que las comunidades urbanas realizan para producir alimentos en espacios ya urbanizados. Esta actividad abarca un amplio espectro de aprovechamiento de espacios, desde rincones desaprovechados en las viviendas, como patios y otros espacios baldíos, hasta iniciativas a mayor escala (Sahagún, 2021). El objetivo es devolver la productividad a estos espacios, aunque sea a baja escala, para obtener alimentos que puedan ser aprovechados por las personas. La agricultura urbana fomenta la creación de huertos comunitarios, huertos familiares donde las familias interactúan, jardines verticales y diversas formas de producir alimentos para el autoconsumo o la comercialización (Domene et al., 2023). De esta manera, se impulsa, a pequeña escala, la seguridad alimentaria como un proceso de autosuficiencia, lográndose a partir de producciones de baja escala e iniciativas sólidas en materia de sustentabilidad y cuidado del medio ambiente (Curan y Marques, 2021).
b) Los procesos de co-creación y participación comunitaria: la agricultura urbana promueve diversas iniciativas, como huertos comunitarios y jardines verticales, donde las familias pueden interactuar y encontrar formas de producir alimentos para consumo propio o para su comercialización. Este enfoque permite alcanzar una escala pequeña de seguridad alimentaria como un proceso de autosuficiencia, logrado fuertes iniciativas sustentables y medio ambientales (Cotta et al., 2021; Seve et al., 2023).
De este modo el concepto surge como un mecanismo de integración y participación local en torno a los espacios urbanos. En la agricultura urbana se produce un acoplamiento de saberes, donde se integran técnicas, experiencias, expectativas y el simbolismo de producir los propios alimentos. Este proceso de cocreación transforma los espacios en entornos que contribuyen al bienestar y la calidad de vida (Sierra Reyes et al., 2023). La agricultura urbana, con un enfoque en la seguridad alimentaria, debe ser entendida como una narrativa profunda, construida por individuos y comunidades, para generar un puente de comunicación y diálogo a nivel comunitario. Todo esto se basa en procesos de sustentabilidad y perspectivas orgánicas que surgen de la convivencia y las relaciones barriales (Pantoja Bohórquez et al., 2024).
Metodología
Esta investigación fue exploratoria, enfatizando en los procesos y dinámicas de la agricultura urbana como estrategia para garantizar la seguridad alimentaria a nivel comunitario en Bogotá. Al enfocarnos en la co-creación a través de la participación comunitaria y local, buscamos identificar cómo estas iniciativas se desarrollan en un contexto urbano caracterizado por la separación entre las acciones ciudadanas y las instituciones, y por las desigualdades de poder. A través de una aproximación participativa, esta investigación pretende analizar cómo las comunidades construyen sus propias soluciones a los desafíos de la seguridad alimentaria, y cómo estas iniciativas se articulan con las políticas públicas y los actores institucionales.
Área de estudio: la comunidad de El Mirador es un barrio que forma parte de la alcaldía menor de la localidad Usme en la ciudad de Bogotá. Aunque en la planeación estratégica de la ciudad se considera un barrio, en esta investigación se trata como una comunidad debido a las experiencias y al proceso inmersivo desarrollado en contacto con los líderes del barrio. Se ha detectado la existencia de relaciones barriales fuertes que se han transformado en procesos comunitarios, impactando en un trabajo colectivo de reconocimiento mutuo y en una comunicación efectiva y asertiva. Esto ha provocado una apropiación del barrio como elemento de socialización cultural, ambiental y política. Esto justifica, en parte, las sinergias del área de estudio, considerando la operatividad que ha desarrollado la Universidad Santo Tomás a través de la proyección social. Es decir, se está dando respuesta a un proceso interinstitucional entre la academia y la Junta de Acción Comunal (JAC) del barrio, que, para efectos de este estudio, será considerado como la “comunidad” debido a esos sólidos procesos de integración social detectados, acudiendo a los postulados de Jacobs (1992).
Fases de la investigación en 2021: a través de cinco fases, la investigación permitió documentar los hallazgos de manera sistemática (Figura 1). Iniciamos con una exploración de campo, continuamos con un diagnóstico participativo, luego implementamos una intervención, posteriormente realizamos un cierre y finalmente evaluamos las categorías de análisis.
Análisis de los resultados: el análisis de la información se realizó de manera inductiva, a partir de cuatro categorías que emergieron durante la investigación. Estas categorías se construyeron a través de un proceso iterativo, a medida que se recolectaban los datos en el campo. De esta forma, se identificaron patrones y temas recurrentes en los relatos y experiencias de los participantes, sin estar condicionados por categorías teóricas preestablecidas. Para el caso exclusivo de la seguridad alimentaria integrado dentro del estudio, fue una categoría analítica que se volvió un enfoque, porque dos razones, primero y lo más importante la comunidad lo sugirió y segundo, emergió en el discurso.
Figura Nº 1. Proceso metodológico resumido
Fuente: elaboración propia con ayuda de https://app.napkin.ai/
Apoyo con inteligencia artificial (IA): La inteligencia artificial sirvió como asistente. Con el apoyo de ChatGPT se identificaron patrones dentro de la narración y en los fragmentos transcritos de los diálogos. La herramienta logró reconocer elementos que posteriormente fueron discutidos con el equipo de investigadores.
No se le dio total autonomía a la inteligencia artificial; es decir, las decisiones no se determinaron únicamente a partir de sus resultados, sino mediante la exploración secuencial que se fue desarrollando durante el proceso de análisis y el criterio de los investigadores. Hubo puntos de asimetría con respecto a los resultados sugeridos por la IA, así como puntos de simetría en los que se consideró que la categoría analítica podía desarrollarse a partir de la base de los datos empíricos obtenidos. También se utilizó como apoyo para la revisión de algunos párrafos en cuanto a la redacción.
Resultados y discusión
Estos resultados dan cuenta a nivel de fases del proceso de experiencia comunitaria con la agricultura urbana.
Fase I: exploración en campo
En esta investigación, se realizaron cinco salidas de campo con el objetivo de establecer la relación entre la seguridad alimentaria y las comunidades, que han adoptado la agricultura urbana en Bogotá, así como las estrategias implementadas a nivel comunitario y social. A partir de estas salidas, se identificaron varios elementos clave que fueron categorizados para el análisis de los datos. De tal manera, tomó relevancia la exploración y por lo sugerido por Bruun y Guasco (2024), el trabajo comunitario y la inmersión en las áreas de estudio son fundamentales.
Los resultados de esta exploración revelaron que la seguridad alimentaria genera impactos positivos en la cohesión social, la sustentabilidad ambiental y fomenta el desarrollo de iniciativas locales. Asimismo, se evidencia la necesidad de analizar a nivel territorial las estrategias implementadas para reducir los costos de los alimentos y promover una conciencia ambiental que rescate saberes agrícolas tradicionales. Los participantes de la investigación destacaron la importancia de las iniciativas comunitarias en la construcción de la seguridad alimentaria, enfatizando que esta no es una responsabilidad exclusiva de las instituciones públicas o privadas. Según ellos, es fundamental generar estrategias locales para hacerle frente a los desafíos económicos, sociales y políticos que afectan al país, como la inflación, los conflictos armados, el cambio climático y la deforestación. Estas iniciativas comunitarias son cruciales para garantizar el acceso a alimentos saludables y nutritivos, especialmente en contextos de crisis.
Fase II: diagnóstico sobre el alcance de la seguridad alimentaria
La estrategia consistió en una matriz de categorías que se diligenció en campo con los 30 participantes de la comunidad de El Mirador (Cuadro Nº 1); esta permitió analizar cómo se relacionaba la agricultura urbana con las categorías de estudio y determinar la magnitud y el alcance de esta práctica a nivel comunitario urbano. A diferencia de la propuesta de Lee et al. (2023), que se centra en contextos rurales, nuestro estudio se enfocó específicamente en las ciudades. A través de este análisis, buscamos identificar cómo la agricultura urbana puede ser implementada a nivel comunitario y cómo se conecta con las necesidades y características de cada ciudad. Para ello, se empleó un enfoque teórico-inductivo que permitió explorar la realidad de manera flexible y adaptativa.
Cuadro Nº 1. Matriz de alcance de categorías de análisis
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Categoría de análisis |
Aporte de la agricultura urbana |
Estrategia |
Indicador |
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Educación y conciencia comunitaria |
Generación de conocimiento a nivel comunitario; el cuidado del ambiente y los recursos naturales. |
Talleres de trabajo colectivo. Taller de dinámica de grupos. Comités comunitarios. |
Número de participantes. Número de actividades al mes |
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Impactos económicos y oportunidades de escalabilidad |
Ingresos extras y ciertos niveles de autosuficiencia alimentaria. La comunidad ha visto positivo no comprar en almacenes de cadena. Posibilidad de replicación en otras comunidades. |
Replicación a otras comunidades y sectores de la ciudad. Taller sobre asociatividad. Fomento de mercados locales. |
Peso por mes producido. Alianzas estratégicas con mercados locales. Ingreso de ventas de productos. |
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Impactos sociales y cohesión comunitaria
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Trabajo colectivo y agrupación. Se han interesado en proceso de recirculación de materia orgánica a través de educación en población adolescente. |
Toma de decisiones comunitarias. Emprendimientos Labores agrícolas. Involucramiento de actores locales (escuelas). |
Número de actores involucrados.
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Sostenibilidad ambiental |
La agricultura urbana como una forma de gestión de residuos sólidos; es el vehículo para desarrollar acciones pro ambientales. |
Gestión de residuos sólidos orgánicos. Centro de acopio. Labores agrícolas. Compostajes. |
Peso de residuos orgánicos recuperados por mes. Peso de residuos orgánicos transformados por mes.
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Fuente: elaboración propia. Datos obtenidos de los diálogos con los participantes.
La implementación de estrategias de integración comunitaria y agricultura urbana en Bogotá, ha generado resultados significativos en diversos ámbitos. Estas iniciativas fueron impulsadas por la comunidad de El Mirador, quienes se han destacado por promover el aprovechamiento sostenible de los suelos urbanos, incrementar la conciencia comunitaria sobre la seguridad alimentaria y fortalecer las relaciones sociales mediante procesos participativos y educativos. Con respecto a los impactos sociales, la estrategia ha fomentado la cohesión social, especialmente en comunidades vulnerables. La participación activa de los residentes en actividades de huertas urbanas ha permitido la creación de redes solidarias y colaborativas. Estas redes han fortalecido el sentido de pertenencia y empoderamiento entre los participantes, lo que es consistente con hallazgos globales sobre la agricultura urbana como herramienta de resiliencia social.
Frente a los impactos ambientales, el aprovechamiento de espacios urbanos subutilizados para la producción agrícola; desde la percepción de los participantes esto ha reducido significativamente las emisiones de CO₂ relacionadas con el transporte de alimentos y ha aumentado la producción de algunos alimentos en zonas urbanas. Además, las prácticas sostenibles implementadas, como el compostaje y el uso eficiente del agua, han minimizado el impacto ambiental de estas actividades.
Con respecto a los impactos económicos, desde una perspectiva económica, las huertas urbanas han proporcionado a las familias participantes un acceso directo a alimentos frescos y de calidad, lo que se traduce en un ahorro significativo en los costos de alimentación. Adicionalmente, algunos participantes han iniciado actividades de comercialización de excedentes, lo que genera ingresos complementarios para los hogares, en línea con estudios realizados en otras ciudades latinoamericanas. En cuanto a la educación y conciencia comunitaria, mediante el desarrollo de talleres y diálogos de saberes realizados dentro de estas estrategias, han incrementado la conciencia comunitaria sobre la importancia de la seguridad alimentaria y la sostenibilidad. Los participantes han adquirido conocimientos sobre prácticas agrícolas sostenibles, lo que les permite replicar estas iniciativas en otros contextos y promover la cultura de autosuficiencia alimentaria en sus comunidades.
Fase III: intervención y los avances comunitarios
En esta fase de la intervención, se llevó a cabo un taller participativo con 30 miembros de la comunidad. Hubo un diálogo sobre los impactos sociales de la agricultura urbana, su sostenibilidad, las posibilidades de expandir esta práctica a otras comunidades y el papel de la educación en la promoción de estos temas. Esto hallazgos son parecidos y sugerentes por Balbuena-Hernández et al. (2023), quienes han explicado la importancia de la educación para lograr una mejor interacción con el ambiente.
A través de discusiones y charlas, los participantes expresaron la necesidad de desarrollar una perspectiva de agricultura orgánica basada en el conocimiento comunitario, elementos que se encuentran en Medina-Valdivia et al. (2021). Destacaron la importancia de abordar los problemas de seguridad alimentaria desde una visión integral, considerando tanto los factores locales (como las necesidades y problemáticas específicas de la comunidad) como los factores a nivel nacional (como el conflicto armado y la falta de políticas públicas que promuevan la sostenibilidad).
Espacios para la agricultura urbana: dentro del proceso de intervención, se detectó un avance considerable con la delimitación de los espacios en los que la comunidad cultiva. Estos espacios se han salvado de la gentrificación y la urbanización de la ciudad de Bogotá, los lotes han sido aprovechados por la comunidad por medio de un proceso burocrático que ha permitido el uso del suelo; dicho factor ha sido determinantes para fomentar la agricultura urbana y llevar la actividad a un enfoque de seguridad alimentaria. La comunidad sembró tomate, cebolla, cilandro y frijol. Esto se ha mostrado como un desarrollo y capacidad alternativa del trabajo colectivo, descentralizándose de las acciones políticas y el surgimiento de actores que pueden aprovechar estas estrategias como herramientas de divulgación política.
Estas acciones se han convertido en prácticas políticas, porque han demostrado cierto nivel de ejercicio de autonomía sobre el espacio disponible, producto de la expansión de la ciudad de Bogotá. También constituye una posición política el hecho de empezar a construir elementos que separan a la comunidad de lo institucional o del centro de poder. Esto se evidencia en la comunidad El Mirador, donde las huertas urbanas se convierten en un discurso político y en un posicionamiento sobre cómo aprovechar el espacio que el Estado y la ciudad no logran capitalizar.
Estas huertas urbanas no es una simple coincidencia en términos de aprovechamiento, sino una forma de posición mediante la cual se le hace una lectura a la ciudad sobre cómo se está reduciendo el espacio habitado. Asimismo, pone en discusión la forma de planificación urbana, orientada a los carros, a las construcciones y al equipamiento de la ciudad que a las necesidades de las personas. Las huertas urbanas, se muestran como una forma de resistencia frente a una ciudad que transforma los espacios de la cotidianidad y genera nuevos escenarios de interacción desde los muros y no desde el entorno abierto, como ocurre con las huertas. Las huertas urbanas: sirven como un mecanismo integrador a nivel comunitario. Estas se desarrollan con la participación de diferentes grupos etarios, incluyendo niños, adolescentes, adultos y adultos mayores, entre otros, lo que ha permitido concebir la agricultura como un ejercicio colectivo basado en los saberes que cada persona aporta. Dentro de este espacio, donde se cultivan tomates, cilantro, cebolla y otros cultivos importantes para la seguridad alimentaria, la comunidad reconoce un espacio de integración y de paz, basado en el respeto y la resolución de problemáticas comunitarias. Es decir, la agricultura urbana ha sido un motor y una estrategia para desarrollar el equilibrio comunitario y el buen vivir, todo ello englobado en un mecanismo de participación local que confluye con la necesidad de resolver problemas de seguridad alimentaria. Esta base sociológica compone, además, otra esfera de reflexión sobre el espacio, su aprovechamiento y cómo los individuos establecen relaciones o abren espacios de diálogo y mediación favorables a través de la agricultura urbana, garantizando así el bienestar colectivo mediante la seguridad alimentaria.
Fase IV: cierre
Al concluir esta fase de intervención comunitaria, se han identificado tanto grandes avances como nuevos desafíos. Entre los retos pendientes se encuentran la necesidad de establecer mecanismos de sostenibilidad a largo plazo para la iniciativa, así como la búsqueda de estrategias para ampliar la participación y el impacto de la agricultura urbana en la comunidad. Además, se vislumbra la importancia de incidir en las esferas políticas y públicas para promover políticas que fomenten el desarrollo local y la agricultura urbana como un eje de cohesión social y construcción de paz demostrado el potencial de abordar problemáticas complejas desde una perspectiva comunitaria, valorando el conocimiento local y fortaleciendo las bases sociales.
La intervención permitió a los participantes reflexionar sobre su rol activo en la construcción de conocimientos y prácticas participativas. Se reconoció la importancia de la seguridad alimentaria y agricultura urbana como un mecanismo para la apropiación de espacios públicos, transformando terrenos baldíos en lugares de producción y encuentro comunitario. Esta experiencia ha demostrado que la agricultura urbana no solo contribuye a la seguridad alimentaria, sino que también fortalece el tejido social y promueve la cohesión comunitaria. Al finalizar la intervención, se identificó la necesidad de continuar trabajando en la construcción de un modelo alimentario más justo y sostenible, que permita a las comunidades recuperar el control sobre su producción de alimentos y garantías en su seguridad alimentaria. Además, se vislumbra la agricultura urbana como un motor de transformación social, capaz de generar cambios profundos en las relaciones entre las personas y su entorno.
Fase V: evaluación de las categorías de análisis
En esta fase de la investigación, se evaluaron cuatro categorías de análisis. Estas categorías se definieron y refinaron a partir de los datos emergentes y del conocimiento de los participantes, propuesta hecha por Lindgren et al.(2020). A medida que avanzaba la investigación, se hizo evidente la necesidad de analizar la seguridad alimentaria no como conceptos separados, sino como una necesidad integral de las comunidades y una oportunidad para impulsar el desarrollo local.
Este enfoque plantea diversos desafíos y preguntas: ¿Qué entendemos por agricultura urbana en el contexto de la seguridad alimentaria? ¿Quién toma las decisiones sobre la producción y distribución de alimentos? ¿Cómo se articula la seguridad alimentaria con procesos económicos amplios, alcanzando lo local? ¿Es posible que las comunidades aisladas o con bajos indicadores de desarrollo encuentren en la agricultura una vía para transformar sus realidades y lograr la seguridad alimentaria? ¿Puede la seguridad alimentaria convertirse en un catalizador para cambios profundos en los sistemas políticos, sociales y productivos de las ciudades? A través del análisis de las categorías, buscamos fundamentar la hipótesis de que la agricultura urbana puede ser un vehículo para lograr la seguridad alimentaria a nivel local y comunitario, promoviendo un desarrollo justo y sustentable.
A nivel comunitario, la seguridad alimentaria ha trascendido su dimensión de obtener alimentos, para convertirse en un potente catalizador de cohesión social. En esta investigación, la agricultura urbana ha surgido como una estrategia clave para fortalecer los vínculos comunitarios y fomentar el trabajo colaborativo dentro de la seguridad alimentaria. Esta experiencia demuestra cómo las comunidades pueden resistir los embates de la globalización y las tensiones sociopolíticas, construyendo redes de solidaridad y autogestión. Los participantes han demostrado que es posible cultivar relaciones basadas en la confianza y el apoyo mutuo, incluso en entornos urbanos cada vez más individualizados. Sus iniciativas desmienten la idea de que las comunidades que pueden desarrollar la agricultura y la seguridad alimentaria, solo existen en áreas rurales, evidenciando la emergencia de nuevos tejidos sociales urbanos basados en necesidades locales y acciones colectivas. Si bien el concepto de “relaciones barriales” de Jacobs (1992), ofrece un marco útil para comprender estos procesos, la investigación presentada aquí sugiere que estamos ante un fenómeno más amplio y complejo, caracterizado por una mayor diversidad de actores y una mayor capacidad de adaptación a los desafíos contemporáneos. A continuación, se examina por categoría de análisis:
Conclusiones
La investigación logró su objetivo principal: explorar un caso comunitario en Bogotá que, a través de la agricultura urbana, puede contribuir a la seguridad alimentaria, demostrando que esta práctica puede ser una estrategia efectiva para mejorar la seguridad alimentaria a nivel comunitario. Los resultados obtenidos nos conducen a plantear la hipótesis de que esta práctica promueve un desarrollo justo y sostenible, al tiempo que contribuye a mitigar los efectos de la crisis alimentaria global en contextos urbanos como el colombiano.
La exploración de campo permitió evidenciar que los procesos de seguridad alimentaria no están limitados al ámbito rural, sino que también se desarrollan en entornos urbanos. A través de la interacción con la comunidad, se identificó un conocimiento local sobre el aprovechamiento de espacios urbanos para la producción de alimentos. El diagnóstico reveló un alto nivel de participación comunitaria, que se ha convertido en la creación de espacios de aprendizaje colectivo donde niños, niñas y adolescentes adquirieron conocimientos sobre la importancia de aprovechar los residuos orgánicos para cultivar en la ciudad. Durante la fase de intervención, se observó que la comunidad ya había logrado avances significativos en sus huertas. Sin embargo, se identificó la necesidad de fortalecer la articulación con otros actores para potenciar la educación alimentaria como una estrategia clave para garantizar la seguridad alimentaria a largo plazo.
Por otra parte, las estrategias de agricultura urbana han demostrado ser efectivas para mejorar el acceso a alimentos frescos y saludables en Bogotá, especialmente en comunidades vulnerables. Estas iniciativas promueven la autosuficiencia alimentaria y también fortalecen la cohesión comunitaria y el empoderamiento local, lo que resulta esencial para la resiliencia urbana. La reducción de emisiones y la optimización del uso de suelos urbanos destacan el potencial ambiental de estas prácticas como una solución sostenible frente a los desafíos del cambio climático. Las huertas urbanas proporcionan beneficios económicos directos a las familias participantes, reduciendo costos y generando ingresos adicionales. La sostenibilidad y escalabilidad de la agricultura urbana en Bogotá dependen de un marco institucional que fomente el acceso a recursos, incentive la participación y apoye la comercialización de productos.
Referencias bibliográficas
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Notas
[1]Ingeniera de Alimentos (Universidad de Caldas), Magíster en Ciencias Agrarias (Universidad Nacional de Colombia), diez años como profesora de tiempo completo e investigadora a nivel de posgrados y pregrado de la U. Santo Tomás. Línea de investigación: seguridad alimentaria, agricultura urbana y producción alimentaria. https://orcid.org/0009-0001-3351-8514
[2]Ingeniera Ambiental (U. Manuela Beltrán), Magister en Ciencias Ambientales y Candidata a Doctora en Ciencias Ambientales y Sustentabilidad (U. Tadeo Lozano). Diez años como profesora de pregrado y posgrado de la U. Santo Tomás. Línea de investigación: uso y aprovechamiento de los residuos sólidos orgánicos. https://orcid.org/0000-0002-8173-9477
[3]Administrador Ambiental y de los Recursos Naturales (U. Santo Tomás), Maestro en Políticas Públicas e Interculturalidad (Universidad Nacional Rosario Castellanos), Doctor en Ciencias Ambientales (U. Autónoma de Guerrero), Profesor de la Universidad Autónoma de Querétaro. Líneas de investigación: gestión Ambiental comunitaria, políticas públicas ambientales e Investigación Acción. https://orcid.org/0000-0002-9631-9870