DOI: http://dx.doi.org/10.19137/huellas-2021-2507

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

Cita sugerida: Bonfanti, F. A. (2021) ¿El mundo actual sin coordinación ni liderazgo? Principales focos de tensión geopolítica que provocó la pandemia durante el 2020. Revista Huellas, Volumen 25, Nº 1, Instituto de Geografía, EdUNLPam: Santa Rosa. Recuperado a partir de: http://cerac.unlpam.edu.ar/index.php/huellas

ARTÍCULOS

 

¿El mundo actual sin coordinación ni liderazgo? Principales focos de tensión geopolítica que provocó la pandemia durante el 2020

O mundo atual sem coordenação nem liderança? Principais focos de tensão geopolítica que ocasionou a pandemia durante 2020

Present-day world with no coordination nor leadership? Main focuses of geopolitical tension caused by the pandemic in 2020

 

Fernando Ariel Bonfanti1
Universidad Nacional del Nordeste
fbonfanti1976@gmail.com

 

Resumen: El presente artículo tiene como objetivo reconocer la existencia o ausencia de un liderazgo marcado a nivel mundial que permita conducir los hilos de esta situación de pandemia que se vive en el transcurso de este año, hecho que puede imprimir cambios en las relaciones internacionales en un futuro cercano. Al mismo tiempo, se identifican algunos focos de tensión geopolítica que han sido generados por esta situación sanitaria crítica a nivel global y que podrían contribuir al debate sobre las transformaciones que experimentarán muchos territorios en el marco de un mundo globalizado, de creciente desarrollo tecnológico y de visibles cambios en las pautas culturales que se avecinan. Para tal fin se empleó una metodología exploratoria y descriptiva, que consistió en revisar bibliografía actualizada sobre el tema (artículos científicos, informes, notas periodísticas y estadísticas provenientes de organismos reconocidos a nivel internacional). Se concluye que la actual pandemia de coronavirus transformó la geopolítica en un desorden multipolar al punto que hoy, el planeta carece de un actor que demuestre liderazgo para llevar adelante esta situación; decreció el multilateralismo y se advierten futuras relaciones tensas entre China y E.E.U.U, siendo el gigante asiático el que podría salir más airoso de todo este caos. 

Palabras Claves: Pandemia;  Coronavirus; Geopolítica; China;  Estados Unidos

Abstract: The main objective of the present article is to acknowledge the existence or absence of a marked leadership at a world level that allows for managing the threads of this pandemic which is taking place along the current year, a fact which can introduce changes into the international relationships in the near future. At the same time, some focal points of geopolitical tension which were generated by this global critical sanitary situation are identified. These could contribute to the debate about the transformation that many territories will experiment in a globalized-world framework with growing technological development and evident changes in the cultural standards coming about. To that end, an exploratory and descriptive methodology was used, which consisted in revising updated bibliography about the topic (scientific articles, reports, press reports and statistics coming from world-known international ?? organizations). It is concluded that the current coronavirus pandemic transformed the geopolitics into a multipolar disturbance to the point that, at present, the planet lacks an actor who can prove to be a leader able to manage this situation. In addition, multilateralism diminished and tense future relationships between China and the USA are foreseeable, being the Asian giant the one who might come out better off all this chaos.

Keywords: Pandemic; Coronavirus; Geopolitics; China; United States

Resumo: Este trabalho tem como objetivo reconhecer a existência ou ausência de uma liderança marcada a nível mundial que permite conduzir os fios desta situação de pandemia que se vive no percurso deste ano, fato que pode representar mudanças nas relações internacionais em um futuro próximo. Paralelamente, identificam-se alguns focos de tensão geopolítica que tem sido gerada por esta situação sanitária critica a nível global e que poderiam contribuir ao debate sobre as transformações que experimentarão muitos territórios no contexto de um mundo globalizado, em crescente desenvolvimento tecnológico e de visíveis mudanças nas pautas culturais que se aproximam. Para isso, utilizou-se uma metodologia exploratória e descritiva que consistiu em rever bibliografia atualizada sobre o tema (artigos científicos, relatórios, noticia s jornalísticas e estatísticas provenientes de organismos reconhecidos a nível internacional). Conclui-se que a atual pandemia de coronavirus transformou a geopolítica em uma desordem multipolar ao ponto que, hoje, o planeta carece de um ator que demostre liderança para suportar esta situação; decresceu o multilateralismo e advertem-se futuras relações tensas entre a China e os Estados Unidos, situação que favoreceria ao gigante asiático.

Palavras-chave: Pandemia; Coronavirus; Geopolítica; China; Estados Unidos

RECIBIDO 25-11-2020 / ACEPTADO 28-03-2021

 

Introducción

La geopolítica siempre nos presenta escenarios dinámicos, aunque normalmente tienen un desarrollo lento y previsible. No se cambia el orden mundial en una década. Sin embargo, cada tanto hay hechos que alteran el rumbo de las cosas, como una guerra, un acuerdo, una elección, una alianza, una crisis económica o algo que no se veía hace más de un siglo: una pandemia de magnitudes indescifrables como la que nos tocó padecer desde 2020.
El propósito de este trabajo es reconocer la existencia o ausencia de un liderazgo bien identificado a nivel mundial, que logre tener el control de las relaciones internacionales en un contexto de crisis sanitaria global como el actual. Al mismo tiempo, se tratan de identificar algunos focos de tensión geopolítica que fueron avivados por la pandemia y que pueden contribuir al debate sobre las transformaciones que experimentarán muchos territorios en el marco de un mundo globalizado, de creciente desarrollo tecnológico y de visibles cambios en las pautas culturales que se avecinan a causa de la pandemia del coronavirus.
La metodología empleada se corresponde con un trabajo de carácter exploratorio y descriptivo, consistió en una revisión bibliográfica actualizada sobre el tema en la que se utilizó una serie de artículos científicos, informes, notas periodísticas y estadísticas provenientes de organismos reconocidos a nivel internacional que abordan dicha temática.
Para entender un poco el tablero geopolítico actual hay que decir que hace setenta y cinco años, con el final de la Segunda Guerra Mundial, los mapas de poder global se reconstruyeron en su totalidad al crearse un nuevo orden mundial con el antagonismo entre Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), democracia frente a totalitarismo, capitalismo frente socialismo. Por otra parte, se asistió al nacimiento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y todas sus entidades multilaterales que garantizarían, a partir de entonces, la gobernanza planetaria. La Guerra Fría iniciada poco tiempo después dividió al planeta en dos, pues ambas potencias disputaron sus fuerzas para ejercer el dominio total del mundo. Este proceso se extendió hasta el derrumbe y fracaso del bloque socialista a inicios de los noventa que terminó con la desintegración de la URSS. A partir de allí, se determinaron los siguientes años con la influencia de la superpotencia norteamericana, quien ejerció supremacía a nivel militar, económico y tecnológico mientras el mundo se globalizaba vertiginosamente. Ese afán de dominio generó un sinfín de guerras abiertas por todo el planeta (Irak, Somalía, Yugoslavia, Afganistán, Libia, Siria, entre otros) que de apoco desgastaron su rol de líder mundial.
Al tiempo que esto sucedía, comenzaba a visualizarse la aparición de dos actores fundamentales en las relaciones internacionales; por un lado China, país propulsor del libre comercio que durante las últimas décadas logró transformarse (en tiempo récord) en la potencia económica y tecnológica capaz de medirse de igual a igual con Estados Unidos, y por otro lado Rusia, que desde la llegada al poder de Vladímir Putin volvió a ser protagonista global a nivel político y militar.
Tal vez con esta situación, el mundo iba hacia un cierto equilibrio global, pero en ese contexto, en el año 2016 sucedieron dos hechos que aceleraron notablemente el cambio: por un lado, Reino Unido votó su salida de la Unión Europea (BREXIT), y por otro, Donald Trump había sido elegido como nuevo presidente de Estados Unidos. Ni bien asumió éste llevó adelante un marcado proteccionismo económico, actuó con cierto grado de desinterés en lo geopolítico y trató con descrédito algunos de los acuerdos internacionales como el Pacto de París, el Tratado Nuclear con Irán y el Tratado de Misiles con Rusia, a la vez que amenazó con un conflicto a gran escala con Corea del Norte cuando éste realizó un sinnúmero de pruebas nucleares. Como si fuera poco, dejó de pertenecer a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), amenazó con abandonar la Organización de Tratados del Atlántico Norte (OTAN) y desprestigió a la ONU. Con todo esto, de repente el mundo se volvió más inestable.
Dentro de este panorama bastante confuso inició el año 2020, que a las pocas semanas sorprendió con una noticia que nadie pudo prever: una pandemia global causada por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 (que produce la enfermedad conocida como COVID-19) comenzó a expandirse por el mundo entero, dejando entrever su alto potencial destructivo, tanto en vidas como en el tamaño de la recesión en la que comenzó a hundir a la economía global. Lo cierto es que, hasta el momento de terminar este artículo, el COVID-19 continúa desequilibrando al mundo y ya se ha cobrado más de 2.743.000 víctimas, cifras que hasta podrían duplicarse al momento de dar por finalizada la pandemia.
Seguramente habrá importantes cambios en las relaciones internacionales post-pandemia y se producirá un reacomodo significativo en el tablero geopolítico mundial. Habrá ganadores y perdedores, dependiendo de cómo gestionen la crisis y de cómo estén preparados para iniciar la recuperación.

2020, el año que quedará marcado en la memoria colectiva por la pandemia del nuevo coronavirus

El año 2020 seguramente será recordado por gran parte de la humanidad por la pandemia global del coronavirus. Cuando ya transcurrió un año de iniciada la misma puede decirse que dicho acontecimiento ya asestó un duro revés al mundo multilateral que nació después de 1945, y las medidas que se vienen adoptando desde un principio para combatirla traerán la peor recesión económica desde la Gran Depresión del ´29 según lo estimó el Fondo Monetario Internacional.
El virus surgido en diciembre de 2019 en Wuhan (China) recorrió cada rincón del planeta; con gran velocidad migró a países europeos como Italia y España, luego hacia Irán, Japón, Corea del Sur y Estados Unidos. El crecimiento se volvió exponencial en diversos países del globo (Nin et.al., 2020), obligando al aislamiento en sus hogares a millones de personas y paralizando las actividades económicas durante un largo tiempo. Al poco tiempo, eran pocos los países que no poseían algún contagiado entre su población.
En la actualidad, ya nadie ignora que la pandemia no es sólo una crisis sanitaria. Es lo que las ciencias sociales califican de “hecho social total”, en el sentido de que convulsa el conjunto de las relaciones sociales, y conmociona a la totalidad de los actores, de las instituciones y de los valores (Ramonet, 2020).
Hoy en día, con 124.688.146 contagiados y 2.742.974 fallecidos (Johns Hopkins University, 24/03/21), da la noción de que el virus parece no detenerse. Es más, cuándo las estadísticas comenzaron a mejorar en muchos países, y donde se había vuelto a la “nueva normalidad” con las actividades habituales, surgieron rebrotes y nuevas olas de contagios en naciones europeas, sin solución aparente que un nuevo confinamiento.
La Figura N° 1 muestra con un color rojo fuerte aquellos países que ya han superado los 8 millones de casos, en este sentido, el país más afectado en términos absolutos es Estados Unidos, que ya ha superado los 30 millones de contagiados, seguido por Brasil, con 12,2 millones de diagnosticados según la JHU. En el continente asiático se han disparado los contagios en la India, que ya supera los 11,7 millones de casos, en tanto vuelve a tornarse preocupante la situación en Europa, sobre todo en países como Reino Unido, Italia, Francia, Alemania y España, que actualmente atraviesan una tercera ola y que cuentan con valores que oscilan entre 2,7 y 4,4 millones de personas con coronavirus según la JHU.

Figura Nº 1. Casos de coronavirus en el mundo. Marzo 2021


Fuente: Mapa de RTVE.es, elaborado en base a datos de la OMS y la JHU.

En cuanto a la cantidad de muertes a nivel mundial por haber contraído COVID-19, los diez países que lideran el ranking, al 24 de marzo de 2021, según la Johns Hopkins University son: Estados Unidos (545.237), Brasil (300.685), México (199.627), India (160.441), Reino Unido (126.621), Italia (106.339), Rusia (94.624), Francia (93.083), Alemania (75.341) y España (73.744). Entre ellos suman 1.775.742 personas fallecidas, que representan el 65 % del total mundial de muertes a causa de este virus.
Ahora bien, ¿cómo se sale de esta situación? Como se aprecia, no se trata sólo del cierre de fronteras y sus implicaciones humanitarias y geoeconómicas en la gestión de esta crisis; ni los modelos societales y económicos para salir de la misma y sus implicaciones socio-territoriales; ni las estrategias de las colectividades dominantes para seguir dinamizando la acumulación capitalista (Bringel, 2020), o las críticas que intercambian potencias como Estados Unidos y China a la hora de buscar un culpable. El interrogante es saber cómo será el mecanismo de reestructuración global, ya que en la actualidad se aprecia una evidente falta de coordinación política global ante el avance del virus.
Desde la llegada de Donald Trump al poder, la potencia norteamericana ha dejado un “vacío importante” en el tablero geopolítico internacional, ya que desde el inicio de su gestión se propuso poner a "América primero" ante los asuntos globales, un eslogan que había usado en la campaña de 1920 su antecesor Warren Harding, el mismo que prometía "regresar a la normalidad" tras la Primera Guerra Mundial. Como se sabe, ese enfoque nacionalista y unilateral ha ido a contramano del papel de líder global que E.E.U.U. asumió desde la Segunda Guerra Mundial para construir instituciones como la ONU, lograr acuerdos como el de Bretton Woods o ayudar a reconstruir Europa con el Plan Marshall. (Lissardy, 2020)
La situación sanitaria con la que se convive puede acelerar y consolidar cambios geopolíticos que ya venían precipitándose durante la última década. Este es el caso del fortalecimiento de China, que, aunque no se convierta en nueva hegemonía en el corto plazo, tendrá un papel cada vez más decisivo en el sistema mundial, con consecuencias que van más allá de lo económico y que todavía necesitan ser más analizadas en su totalidad (Bringel, 2020).
La paralización de la economía a causa de los cierres de lugares de trabajo provocados por el confinamiento de la población ocasionó consecuencias adversas (sobre todos en los primeros seis meses de pandemia). El efecto inmediato ha sido la destrucción de millones de puestos de empleo; en este sentido, el impacto cualitativo del coronavirus ha acentuado el desastre social a medida que afectaba con especial intensidad a los países latinoamericanos, del sur de Asia y del continente africano, donde la proporción de horas perdidas y el volumen total de afectados respectivamente es mayor (Méndez, 2020) ocasionando en forma paralela un aumento de la pobreza. Esta situación ha hecho que el Estado intervenga de manera distinta en diferentes países mediante ayudas financieras para mitigar la crisis, destinadas en mayor parte a sectores sociales más precarios, empleados temporales, desempleados, pequeñas y medianas empresas y comercios. En Europa muchos países desplegaron una red de apoyo económico jamás vista a través de préstamos, subsidios y rebajas fiscales. Mientras en E.E.U.U. se han aplicado paquetes de rescates financieros para salvar a los grandes capitalistas y evitar quiebras masivas.
En todo ese tiempo, las organizaciones internacionales y multilaterales (ONU, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, OTAN, Organización Mundial del Comercio, foros como el G7, el G20 y hasta la misma Cruz Roja Internacional) no han estado a la altura de la situación que se atraviesa, por su silencio o por su falta de ideas para accionar. A su vez, desacreditada por su complicidad estructural con las multinacionales farmacéuticas (Velásquez, 2016), la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ha carecido de suficiente autoridad para asumir, como le correspondía, la conducción de la lucha global contra este nuevo virus.
Como si esto fuera poco, la mayoría de los bloques regionales se han mostrado fragilizados, y en algunos casos, desmantelados y sin autoridad moral ante la pandemia. Este es el caso de la Unión Europea que durante la crisis sanitaria global perdió la oportunidad de erigirse como una alternativa al fracaso de la respuesta a la misma por parte de Estados Unidos, pero también frente al modelo centralizado y autoritario chino. A su vez, aquellos proyectos regionales que intentaban hace unos años proyectarse en América Latina como regionalismos contra-hegemónicos –tales como la Unión de Naciones Suramericanas -UNASUR-, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños -CELAC- y la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América -ALBA-TCP- (Cairo, Bringel y Ríos, 2019)–, han pasado casi desapercibidos desde el inicio de esta emergencia sanitaria mundial, con una pasividad total, sin la capacidad de brindar cualquier tipo de respuesta política supranacional relativamente bien articulada. Con todo esto, el planeta descubre, estupefacto, que no hay comandante a bordo.
Sin dudas, la premura por tener una vacuna contra el COVID-19 constituyó un objetivo a corto plazo, de este modo:

El descubrimiento de una vacuna contra el coronavirus es un reto fundamental porque el país que lo descubra, aunque lo ponga gratuitamente a disposición del mundo, se beneficiará de ello de forma simbólica. Si lo descubren los chinos, su imperialismo, sostenido por un potente nacionalismo, se fortalecerá. Aumentará su confianza en su modelo político y su convicción de que hay que difundirlo en todo el mundo, como ya lo están haciendo mediante las obras de las nuevas rutas de la seda, que significan su soft power. Si, por el contrario, lo descubren los Estados Unidos, ya no se podrá utilizar con éxito la representación de la decadencia de América del Norte. Los regímenes democráticos saldrán reforzados, sobre todo si la vacuna es el resultado de la cooperación entre investigadores de diferentes países (Loyer, y Giblin, 2020, p.117).

Lo mismo sucedería si el descubrimiento y su posterior distribución mundial viene de parte de algunos países que también cuentan con importantes avances en ciencia y tecnología como Reino Unido y Alemania; o aquellos que son autocráticos y nacionalistas como Rusia.
Lo cierto es que en el trascurrir de este 2021 ya son varios los laboratorios que han elaborado y distribuido vacunas contra el COVID-19 en diferentes países del mundo. Las de mayor reconocimiento general son las de Moderna y de Pfizer, desarrolladas por científicos estadounidenses y alemanes respectivamente, a la que le sigue la elaborada por la Universidad de Oxford, creada en alianza con el laboratorio AstraZeneca, y la de Johnson & Johnson. China cuenta con tres laboratorios que la han desarrollado: Sinopharm, CanSino y Sinovac; que constituyen una opción para varios países de Latinoamérica como Brasil, México, Chile y Perú; en tanto Argentina ha probado desde un principio, la vacuna Sputnik V proveniente de Rusia.
Al respecto, de un tiempo a esta parte ha existido un auge de movimientos antivacunas, que no es homogéneo, y acostumbran a acusar a las autoridades sanitarias de falta de transparencia con los componentes de los fármacos, argumentan que detrás de la industria farmacéutica se esconde un gran negocio. Así pues, normalmente rechazan las sustancias químicas frente a las naturales (Ramírez, 2020). En ocasiones promueven teorías conspirativas y a medida que la crisis del coronavirus empeora, el mundo termina enfrentando también una pandemia global de desinformación.

Focos de tensión geopolítica

A continuación, se presentan algunos focos de tensión que nacieron o se profundizaron con la pandemia, que hasta el momento ha dejado una huella rígida y tirante en el ámbito de las relaciones internacionales. Como sea, el desenlace de cada uno de ellos determinará si el coronavirus finalmente cambia el orden geopolítico mundial. A tal fin, fueron considerados en este trabajo los casos de China, la Organización Mundial de la Salud (OMS), Estados Unidos, la Unión Europea y Brasil.

China: del virus a la posibilidad de una nueva guerra fría y la cooperación como estrategia de poder blando.

El gobierno chino liderado por Xi Jinping ha estado durante gran parte del año 2020 en el primer lugar de la polémica internacional por el origen del SARS-CoV-2 (COVID-19). Desde diciembre del año 2019, cuando el mundo se enteró -a través de los medios de comunicación- de la existencia de un nuevo coronavirus, Beijing se encargó de ocultar -adrede o por negligencia- la verdadera dimensión del brote que luego se convirtió en pandemia. Rápidamente el virus se propagó debido al movimiento de personas por todo el planeta y cuando las principales potencias solicitaron permiso para acceder al lugar de origen para verificar que no se trate del producto de un laboratorio, el régimen se los impidió.
Mientras aparecían las primeras víctimas en la ciudad de Wuhan -cuyos ciudadanos no fueron advertidos en forma temprana de la gravedad de la situación- desde el gobierno intentaban contrarrestar las críticas argumentando que solo había una conspiración en su contra. Recién después de tres meses de haberlo detectado se tomó la decisión de aislar totalmente a la población de aquella ciudad y de toda la provincia de Hubei posteriormente.
Esta realidad, que ya era de público conocimiento generó el enojo de su rival actual, Estados Unidos, que no tardó en responsabilizar al gobierno chino del mal manejo de esta situación sanitaria, tildándolos de efectuar una maniobra de desinformación –clásica de los comunistas– aduciendo que Beijing hizo todo lo posible para asegurarse de que el mundo no se enterara a tiempo sobre el COVID-19. Es así que la potencia norteamericana (que aún conserva su idea hegemónica) incitó a una parte de la comunidad internacional a investigar el origen del virus, mellando así la soberanía interna de China, y generando un punto de tensión. Los resultados de la misma fundamentaron la existencia de pruebas (aunque nada difundido) de que el Sars-Cov-2 se originó en el Instituto de Virología de Wuhan, cerca del mercado húmedo de donde China dice que proviene. En ese documento de inteligencia conjunta también afirman que el gobierno asiático encubrió la noticia del virus silenciando o “desapareciendo” a los médicos que hablaron, destruyendo las pruebas existentes en laboratorios y negándose a proporcionar muestras vivas a los científicos internacionales que se esfuerzan en desarrollar una vacuna. Todo esto generó muchas sospechas sobre Beijing, alimentando la teoría de una nueva guerra fría”, esta vez entre Estados Unidos y China.
En este contexto de desconcierto mundial, a fuerza de confinamientos severos, persecución de la población y un sistema de control que violó cualquier noción de derechos humanos, China fue la primera nación que superó el brote. Contabiliza al 24 de marzo de 2021 un total de 101.603 contagiados y 4.840 personas que han fallecido (Johns Hopkins University, 24/03/21), aunque la situación ya está controlada desde antes que se declare la pandemia, cuando el 26 de febrero de 2020 la curva de contagios se estabilizó, como puede apreciarse en la Figura Nº 2. Incluso en diez días construyeron un hospital para alojar a las personas infectadas y pudieron detener su avance, sin embargo, la enfermedad se trasladó hacia otros países y regiones (Nin et.al, 2020), por ende, a partir de allí, el coronavirus dejó de ser un problema de China para serlo a nivel global.

 Figura Nº 2. Número acumulado de casos confirmados, muertes y recuperaciones del coronavirus en China entre el 22 de enero y el 23 de julio de 2020


Fuente: Extraído de https://es.statista.com/estadisticas/1107716/covid-19-casos-confirmados-muertes-y-recuperados-por-dia-china/

El gigante asiático está intentando de a poco, reproducir los valores de una filosofía comunitaria, solidaria y cooperativa, en los que históricamente se ha autoreferenciado Occidente.
Acaparando desde un principio una gran parte la información disponible sobre el tema y dominando la producción mundial de elementos de protección como barbijos, el gobierno chino buscó sacar provecho de esta caótica situación sanitaria y puso en marcha la denominada “diplomacia de las mascarillas”, una nueva estrategia de “poder blando” para hacer pie en distintas partes del mundo. Así, por ejemplo, el envío de personal médico y trajes de protección a Irán, Italia, Serbia, entre otros; la construcción de un laboratorio en Irak, la donación de material para la prevención y lucha contra el coronavirus, incluyendo respiradores, barbijos, guantes, etc., a más de 50 países entre los que se destacan muchos africanos, que durante tiempo fueron dejados de lado por Estados Unidos, son una muestra de ello.
También ganó presencia en Latinoamérica, con la entrega en Venezuela de 4.000 tests de COVID-19 a mediados de marzo, poco después de que el FMI le negara un préstamo de U$S 5.000 millones que el gobierno de Nicolás Maduro había pedido al organismo, pese a sus duras críticas en el pasado contra el mismo. Bolivia, Ecuador, Argentina y Chile también fueron beneficiados (Gil, 2020); mientras que países como Holanda, España, Alemania, Bélgica y Turquía han comprado material sanitario, aunque muchos de ellos elevaron quejas por el estado defectuoso de los mismos.
Una nota publicada en Diario Ámbito (5 de abril de 2020) afirma que desde que se decretó la pandemia y sólo en un período corto de tiempo, desde el 1 de marzo al 5 de abril de 2020, China exportó 3.860 millones de barbijos, 37,5 millones de trajes de protección, 16.000 respiradores y 2,84 millones de kits de detección del COVID-19.
Como puede apreciarse, el hecho de tender la mano a quien atraviesa graves problemas no es sólo un acto de solidaridad china, sino un ejercicio geopolítico, es la voluntad de ejercer un rol hegemónico en ascenso y aprovechar el enorme vacío que han dejado los norteamericanos. La potencia asiática está decidida a cambiar todo lo se dice acerca de la pandemia y mejorar su posicionamiento global. Sin duda, todo un reto para el orden mundial, pues su modelo, si bien ha demostrado efectividad y una disciplina social que ha favorecido la gestión de esta crisis, continúa tensionando nuestra visión democrática de gobernanza.
Sin lugar a dudas, esta forma de hacer diplomacia constituye su nueva puerta de entrada al mundo, con una estrategia imperialista que también demuestra la ambición de Beijing por los recursos marítimos, hecho que quedó visible desde mediados de 2020, cuando el ejército chino (aprovechando la distracción que generó la pandemia en la mayoría de los gobiernos) comenzó a realizar esporádicas incursiones militares sobre el mar meridional, accionar que molestó a países como Indonesia, Filipinas, Brunei, Malasia, Vietnam y Taiwán, y generó una fuerte tensión, que en un futuro podría amenazar la estabilidad de esa región, puesto que allí también la presencia norteamericana está garantizada.

OMS: la burocracia de un organismo internacional que sumó descreimiento en el contexto de pandemia

La Organización Mundial de la Salud sufre el descrédito más importante de su historia, ya que ha sido foco de grandes críticas en lo que va de este 2020. Si miramos un poco atrás, en el año 2015 ya había estado en la mira pública por el control del brote de ébola, pero como el epicentro de esa enfermedad fue en África (sin mostrar una mayor distribución geográfica), el mundo no exigió demasiado.
La epidemia de COVID-19 fue declarada por este organismo como una emergencia de salud pública de preocupación internacional el 30 de enero de 2020 (OPS, 2020). Cuando el brote de coronavirus se descontroló, la OMS dejó al descubierto la burocracia de los organismos internacionales y dilató la toma de medidas de gran alcance. Tardó en dimensionar la gravedad del virus, tomándose mucho tiempo para evaluar la cantidad de contagios diarios que se propagaron rápidamente ante una inacción total desde un principio, demoró en calificar la crisis como una “pandemia” (recién decretada el día 11 de marzo por su director Tedros Ghebreyesus) cuando “ya había un total de 118.000 casos en 114 países, y 4.291 personas que han perdido la vida” (OPS, 2020). Quizá producto del desconocimiento sobre la enfermedad -de ellos y de todos-, dijo y se desdijo, conducta que acrecentó su descreimiento.
Desde un principio, la OMS omitió recomendar medidas sanitarias que más tarde fueron reconocidas como esenciales para combatir el virus, primero aseguró que el uso de barbijos no era necesario, después se desdijo; que los asintomáticos constituían un peligro y luego que no; que sin fiebre no había coronavirus, aunque también puede haber enfermos sin temperatura elevada; que los niños son inmunes, y luego dijeron que eran muy contagiadores; al principio recomendaron los tests solo para los que tenían síntomas, luego modificaron su opinión y propusieron su aplicación extensiva; finalmente desde el organismo también indicaron que la transmisión por aire implicaba un riesgo particular, aunque se advirtió que esa evidencia era preliminar y requería mayor evaluación. El último contrapunto se vio publicado en un artículo del periódico Página 12 titulado: Contrapunto en la OMS por la utilidad de las cuarentenas para hacerle frente al coronavirus (13 de octubre de 2020) en el que se afirma que “instaron a los gobiernos a no utilizar la cuarentena como principal estrategia para controlar la propagación del COVID-19, advirtiendo que las restricciones hacen a los pobres mucho más pobres”. En fin, no hay un solo país en el mundo que no haya criticado alguna de sus acciones o, al menos, que haya deslizado la posibilidad de que pueden estar equivocados.
Pero el dilema es mayor, porque por poco creíble que sea, hoy no hay otra opción. No existe una alternativa a la OMS. Habrá que cambiarla en un futuro próximo, refocalizarla o en el peor de los casos desmantelarla, pero en la actualidad no hay otra herramienta capaz de coordinar esfuerzos mundiales para enfrentar una pandemia.
Así y todo, la OMS no está en el ojo de la polémica sólo por su lenta reacción, sino que Estados Unidos la acusa directamente de connivencia con China. En su momento, Trump acusó al director de la organización, Tedros Adhanom Ghebreyesus, de alinearse con Xi Jinping, haciendo de esto una cuestión más política que sanitaria. Una vez más, a propósito o por negligencia, tomó como válida la información china sin siquiera contrastarla. A su vez, un informe internacional elaborado por Five Eyes, que reprodujo el periódico británico “The Daily Mail”, mostró la falta de transparencia de China sobre cómo se propagó la enfermedad, negando la transmisión mortal del COVID-19 entre humanos y la posibilidad de proporcionar muestras vivas a los laboratorios.
Se apunta entonces a que la OMS habría participado en un encubrimiento, o en el mejor de los casos, omitido comunicar a tiempo información clave sobre la propagación del virus, al no tomar decisiones tempranas tendientes a encapsular la epidemia en China. Del mismo modo:

Son numerosos los indicios que muestran una actitud recurrente de complacencia con el gigante asiático en este asunto. Por supuesto, los detalles de esta historia solo podrán ser confirmados por una profunda investigación internacional independiente. Sin embargo, la tradicional opacidad de la información que caracteriza al régimen político chino hace pensar que llegar a la verdad será una tarea casi imposible (Goretti, 2020, p.22).

Ante esta situación, la performance de la OMS hace que hoy, su principal contribuyente, Estados Unidos, la haya dejado sin financiamiento desde el mes de abril de 2020 y su reforma sea inexorable en algún momento.

Estados Unidos: el mal manejo de la pandemia, las consecuencias sanitarias y el inevitable desastre económico que perjudicaron los planes de Trump

El hasta hace poco, el ahora expresidente norteamericano Donald Trump iniciaba el 2020 con resultados económicos promisorios; y por más polémica que siempre generaron sus declaraciones o sus políticas en todos los frentes, no parecía tener ninguna piedra en el camino hacia su reelección. Pero estalló la pandemia causada por el coronavirus.
El primer caso registrado en Estados Unidos se trató de un hombre de unos 30 años, que llegó el 15 de enero a Seattle. El enfermo no visitó ninguno de los mercados de Wuhan, apuntados como el origen del coronavirus, pero sí viajó a esa región (National Geographic, 2020). Un mes más tarde, aparecían los primeros muertos en esa zona geográfica y los contagios comenzaron a aumentar. En el estado de Nueva York, el primer caso se confirmó el 1 de marzo, se trató de una mujer que había viajado desde Irán; el virus se propagó durante varios días sin que se tomaran las medidas adecuadas (Ansorena, 2020). Con el tiempo, la vulnerabilidad de clásicos símbolos de prosperidad fue asomando lentamente, transformando a este gran centro financiero y cultural en el epicentro de la pandemia dentro del país en un corto período. Cuerpos apilados en las morgues, Times Square desierto, los teatros de Broadway sin luces, actividad económica paralizada y la población en cuarentena. Sólo en la Gran Manzana se estima que murieron más de 30.000 personas.
En poco tiempo el virus se diseminó muy rápido por todo el país, al punto de que una parte de la prensa y de los políticos, historiadores y economistas, criticaron fuertemente la postura que Trump desempeñó en esta crisis, advirtiendo su “papel caótico" al frente de la misma; considerando que la forma en la que manejó la situación puso en peligroso a su país y también al mundo, sobre todo por tratarse de una crisis de carácter global.
Desde un principio, mantuvo diferencias con muchos de sus gobernadores sobre temas económicos y sanitarios, demostrando siempre un cambio de posición. Primero desestimó la gravedad del virus, pero a fuerza de números rojos se rodeó de expertos, y durante un tiempo dio personalmente información diaria sobre la situación, promocionó medicamentos e incluso prometió la vacuna.
Cuando parecía que las estadísticas de contagios empezaban a mejorar, se observó una nueva ola de incremento de casos, que ha tenido una relación directa con la relajación de las cuarentenas en la mayoría de los estados, sobre todo en California y Florida, donde se avanzó muy rápido con el desconfinamiento antes de que los indicadores de salud pública fueran los adecuados para dicho proceder. Miles de personas disfrutando de las playas de Miami Beach, la reapertura de Walt Disney World en Orlando, y marchas masivas de activistas anticuarentena son sólo algunos ejemplos. Las consecuencias aparecieron en pleno verano, en el que el rápido aumento de casos positivos de coronavirus puso contra las cuerdas a muchos hospitales, que de a poco comenzaron a saturarse, de este modo “con más de 15.000 contagios diarios, Florida ha batido el récord del estado de Nueva York, de 12.847 nuevos casos el 10 de abril, cuando la ciudad era el epicentro del brote en Estados Unidos” (Shumaker, 2020). En los meses sucesivos, la situación no ha encontrado una mejora, inclusive en noviembre impactó una nueva ola de contagios al punto de llegar a un récord diario de poco más de 200.000 infectados en 24 horas, según la Universidad Johns Hopkins.
EE.UU. es el país con más casos de coronavirus en el mundo y el más afectado por la pandemia, alcanzando al 24 de marzo de 2021 un total de 30.009.386 personas contagiadas y 545.237 fallecidos (Johns Hopkins University, 24/03/21).
Los efectos de todo este caos en la principal potencia mundial quedaron al descubierto, pues esta histórica crisis sanitaria se comió a la economía norteamericana y generó varios obstáculos para la reelección del primer mandatario. El primero de ellos ha sido la alta cifra de personas (unas 40 millones aproximadamente) que han pedido subsidios de desempleo desde el inicio de la pandemia, grandes empresas han quebrado y el Gobierno debió rescatar a miles de negocios y compañías, además de depositar ayudas generalizadas a la población. En abril de 2020 la tasa de desempleo alcanzó 14,7 % tras subir más de 10 puntos, aunque en el mes de mayo bajó hasta el 13,3 %, y luego confirmó dos meses de baja consecutiva, registrando un 11,1 % en junio y un 10,2 % en julio según el Departamento de Trabajo de Estados Unidos, lo que significó la recuperación de millones de puestos de trabajo y pareció transformarse en una luz esperanzadora. El segundo gran obstáculo para llegar ese objetivo han sido las recurrentes y masivas protestas contra el racismo y la violencia policial ocurridas durante varias semanas luego del asesinato del afroamericano George Floyd en manos de agentes de seguridad, hecho que desató una ola de disturbios y saqueos que obligaron a los estados a decretar toques de queda; con revueltas que incluso llegaron hasta las puertas de la Casa Blanca. Semanas posteriores, otro homicidio de un afroamericano, reanimó nuevamente las protestas por las calles, acontecimientos que junto con el mal manejo de la situación sanitaria y sus consecuencias económicas, generaron un alto impacto político y perjudicaron fuertemente a Trump. Esta situación fue bien aprovechada por su opositor en la carrera presidencial, el demócrata Joe Biden, que lo posicionó arriba en las encuestas previas y que luego se corroboró en las elecciones de noviembre pasado. Las mismas quedarán en la historia como uno de los procesos electorales más largos y complicados debido a la alta votación que recibieron ambos candidatos, en el que Donald Trump acusó fraude.
Quizá esa derrota fue el resultado de una serie de oportunidades perdidas por su gobierno, empezando por la incapacidad de prepararse adecuadamente para detectar y contener la emergencia sanitaria o abordar las consecuencias económicas…Lo cierto es que la pandemia del coronavirus costará a E.E.U.U. casi 8 billones de dólares y hasta una década de recuperación (Frydman y Wagner, 2020).

Unión Europea: las diferencias internas impidieron la posibilidad de ser una alternativa de liderazgo

Europa, ha sido durante los meses de marzo, abril y mayo de 2020 el principal foco de la pandemia. Tal es así que el viejo continente afrontó la crisis desde la fragilidad, sobre todo porque sus habituales divisiones juegan en su contra y cuenta con una población notablemente envejecida, que constituye el grupo de mayor riesgo.
Gran parte de sus Estados integrantes son potentes maquinarias de políticas públicas y han construido la Unión Europea (UE), el mayor entramado de acción supranacional que se haya conocido, que hoy ya no cuenta con uno de sus miembros fundadores: Reino Unido (el más golpeado del continente en el contexto actual, con 126.621 fallecidos por COVID-19 al 24/03/21 según Johns Hopkins University –JHU–). Este gran bloque que desde su creación representó los ideales de democracia y modernidad, podría haber aprovechado la falta de liderazgo mundial que quedó al descubierto con la pandemia y no pudo hacerlo debido a las fisuras y asimetrías al interior del bloque (que amenazan con reeditar viejas crisis), situación que dificultó la coordinación hacia dentro y la proyección hacia fuera.
En efecto, la llegada del coronavirus borró de facto uno de los pilares del bloque, la libre circulación en el espacio geográfico; pues con el regreso de las fronteras internas comenzaron a profundizarse las diferencias. Además, por si fuera poco, existe a escala continental, una nueva crisis con el euro, pues la llegada de la pandemia del COVID-19 ha hecho que el clima imperante entre algunos Jefes de Estado y de Gobierno se vuelva tenso, dando origen a discusiones por diferencias existentes que han evidenciado una falta de solidaridad entre sus integrantes, algo que podría constituirse en un riesgo mortal para la UE.
El sur del continente recibió la peor parte desde un principio; Italia, el primero de los europeos golpeados (suma 106.339 fallecidos por coronavirus al 24/03/21 según JHU) difundía imágenes de horror inimaginables para Europa y el mundo durante los primeros meses críticos, quedó sola (en un principio) y con una situación económica y sanitaria preocupante, con protocolos que incluso permitían dejar morir a los más viejos para atender a los jóvenes. España, (que al 24/03/21 ha sufrido 73.744 fallecidos según JHU), denunció lo mismo. Francia es el segundo país más golpeado del continente por el coronavirus, ya ha padecido la pérdida de 93.083 personas y transita actualmente un nuevo confinamiento. Alemania, el socio rico de la UE, se mostró reacia desde un principio a destinar más fondos a los países cercados por la crisis inicial, mostraba la existencia de un sistema de salud eficiente, con disponibilidad de tests y camas de terapia intensiva para todos, pero en pocos meses pasó de país ejemplar a la preocupación por ver cómo las muertes por coronavirus se dispararon a causa de la suavidad de muchas de las medidas adoptadas. Tal es así que actualmente el país ya alcanzó las 75.341 víctimas al 24/03/21 según JHU), lo cual genera una situación ciertamente peligrosa y tensa.
Desde el punto de vista económico, la realidad muestra que las consecuencias del virus han afectado (y lo seguirán haciendo) más al sur europeo, con su alta tasa de paro y débil crecimiento, que a la región norte, cuyos Estados (fundamentalmente Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia) podrían recuperar más rápidamente sus niveles de competitividad. En este contexto:

El primer ministro holandés, hostil a cualquier cambio hacia una organización federalista de la UE, votó en contra de la emisión de una deuda europea a fin de reducir la tasa de interés de los préstamos que tendrán que pedir Italia, Francia o España por motivo de la pandemia. Varios países del norte de Europa han solicitado que toda ayuda común vaya acompañada de una vigilancia de sus políticas económicas. De igual modo, los tratados impiden el uso de fondos públicos para salvar empresas… como se aprecia, los estereotipos entre pueblos son fisuras que pueden ser transformadas en grietas por políticos o gobiernos en busca de apoyo popular. A no ser que estas grietas en formación consoliden un movimiento democrático de defensa de la Unión Europea queriendo salvaguardar esta herramienta para crear un sistema de seguridad sanitaria colectiva, luchar contra el cambio climático y desarrollar una potencia científica a la altura de los desafíos contemporáneos y por venir (Loyer y Giblin, 2020, s/p.).

Efectivamente, lo que se está visualizando como una debilidad es la preocupación que existe entre los inversores y responsables de la zona euro acerca de qué modo el sur europeo tendrá que recuperarse de la recesión económica cargando con una enorme deuda, a diferencia del norte. Con lo cual, el principal riesgo es político.
Cuando parecía que lo peor había pasado para el viejo continente y las fronteras comenzaron a abrirse gradualmente desde fines de mayo, un nuevo brote de coronavirus en el mes de octubre encendió las alarmas, la situación epidemiológica volvió a tornarse preocupante por el alza en los contagios y hubo que retomar el confinamiento estricto ante una segunda ola. El periódico El Tiempo (17 de febrero de 2021) afirmó que Reino Unido fue el primer país de occidente en iniciar la vacunación masiva, aplicando las primeras dosis en la semana del 7 en diciembre de 2020; pero de la UE los que iniciaron el camino fueron Francia e Italia hacia finales de diciembre y continuaron Alemania y España, en enero de 2021.
El artículo Tercera ola de COVID-19 avanza en Europa y obliga a asumir más restricciones (14 de marzo de 2021) afirma que:

Durante la última semana de febrero de 2021, Italia, Alemania, Francia, Polonia y otros países han registrado un aumento significativo en el número de contagios, lo que evidencia una tercera ola de pandemia. Frente a ello, han optado por asumir medidas más estrictas en sus territorios. De acuerdo con The Guardian, la tasa de infección en la Unión Europea se encuentra ahora en su nivel más alto; los expertos consideran que es una consecuencia de la propagación de nuevas variantes del coronavirus.

Sin lugar a dudas, la Unión Europea tendrá que sanar heridas, ya que las diferencias a veces tienden a desembocar en una oportunidad para asumir un mayor protagonismo, y que en este caso podría desembocar nuevamente en una mejor integración. El artículo La Unión Europea acordó un histórico plan de reconstrucción poscoronavirus con un fondo de 750.000 millones de euros (21 de julio de 2020) quizá muestra una señal de ello, allí se afirmó que:

Los mandatarios de los 27 países miembros lograron un histórico acuerdo en Bruselas para superar los estragos del coronavirus con un inédito fondo de 750.000 millones de euros, basado en la mutualización de la deuda. Este pacto ayudará a los europeos a enfrentar la profunda recesión sufrida en 2020 a causa de la pandemia. La Comisión Europea tomará prestado ese dinero en los mercados financieros en nombre de la UE y luego se distribuirán en forma de subvenciones (390.000 millones) y préstamos (360.000 millones).

Brasil: Bolsonaro, administración sin liderazgo y grieta institucional

Brasil ha sido el país latinoamericano más castigados el inicio de la pandemia. Su presidente Jair Bolsonaro minimizó la situación desde un principio, catalogando al coronavirus como una simple gripe; razón por la que, durante casi todos los fines de semana de los meses de abril, mayo y junio ha participado de movilizaciones sin respetar protocolos de distanciamiento social, mostrándose con mascarilla al principio y quitándosela luego en medio de los eventos para abrazar a la gente. Utilizó sus redes sociales para cuestionar cualquier intento de confinamiento que ensayen los gobernadores e incluso criticar fuertemente a la gestión de gobierno de Argentina (su principal socio comercial) por implementar la cuarentena más larga del mundo.
Mientras el presidente brasileño recomendaba vida sana y buena alimentación como el mejor método para superar el COVID-19 y no se cuidaba en absoluto del mismo (dejando los resultados de la tragedia a la “voluntad de Dios”), Brasil se constituía en poco tiempo en el principal foco de la pandemia en América Latina, situación que se mantuvo durante todo el 2020. Actualmente este país cuenta con 12.220.011 casos confirmados de coronavirus y 300.685 personas fallecidas al 24 de marzo de 2021 (Johns Hopkins University, 24/03/21), lo que demuestra que la situación no ha mejorado, pues atraviesa una segunda ola de contagios mucho más letal y virulenta que la primera, causada por la circulación de nuevas cepas surgidas en Rio de Janeiro y Manaos, ésta última con una carga viral diez veces mayor que el resto y de gran circulación comunitaria, lo que convierte a Brasil en el nuevo epicentro mundial de la pandemia (Taglioni, 2021), pues ya registró el récord de 3.200 fallecidos en 24 horas, y genera preocupación en los estados más poblados de San Pablo y Río de Janeiro.
Desde fines de febrero de 2021, con un ritmo de contagios y muertes alarmante, una estrategia de inoculación que no avanza, hallazgos de nuevas mutaciones del virus, y un sistema sanitario al borde del colapso, el gigante sudamericano se convirtió en un verdadero riesgo para la región, y pone en alerta al resto del mundo (Filgueira, 2020). Expertos de la OMS advirtieron que la cepa brasileña de Manaos es de alta transmisibilidad y letalidad, incluso podría limitar la eficacia de las vacunas y los tratamientos, por lo que recomiendan un control estricto o cierre de sus fronteras con países vecinos. Ante una situación casi descontrolada, algunas ciudades como Río de Janeiro, San Pablo o Brasilia impusieron nuevamente medidas estrictas como toques de queda nocturnos, prohibición de eventos con aglomeraciones y cierres de comercio, para intentar frenar la propagación del coronavirus, todas fueron criticadas por el presidente, que sigue negando la gravedad de la pandemia.
Como se observa, la posición de Bolsonaro ha sido inédita en el mundo; la cobertura de la crisis sanitaria agravó la percepción de un Gobierno irresponsable y de una administración sin liderazgo, que ha erosionado su imagen internacional. La noticia de que el presidente brasileño dio positivo en un primer examen realizado el 6 de julio de 2020 dio la vuelta al mundo, pues fue el único líder del G20 que no respetó desde un principio las reglas de prevención. Esto le ha significado desde un punto de vista diplomático, una pérdida de representación en los foros internacionales. Durante los últimos meses también perdió popularidad y su conducta ha encaminado de a poco a la generación de tensiones entre el Ejecutivo y gobiernos locales y regionales, como así también con los otros dos poderes del Estado. De hecho, hasta su propio gabinete se rebeló, pues hasta la fecha ya han renunciado tres ministros de Salud en menos de un año; el ministro de Justicia Sergio Moro (considerado un actor fundamental dentro de su equipo), y su ministro de Educación, luego de haber utilizado públicamente una serie de términos inadecuados hacia los jueces del Supremo Tribunal Federal.
Asimismo, la pandemia del coronavirus dejó al descubierto y agravó la situación institucional a causa de las disputas existentes entre el gobierno y el Supremo Tribunal Federal (STF), la Corte brasileña y el Congreso, además de las diferencias existentes entre el principal mandatario (para quien la economía no puede parar) y muchos gobernadores.
Hay dos preguntas que sobrevuelan la realidad brasileña. Por un lado, qué tal fuerte puede ser el colapso sanitario y sus secuelas, y por otro, cuáles serán las consecuencias políticas, sobre todo, si se considera que opositores al presidente denuncian que se prepara un caos social y conflicto en el país a través de la liberación de la portación de armas para milicias y paramilitares -hay sectores que reclaman un golpe militar- y se apuesta a la fragilidad de las instituciones democráticas como hizo Trump (Taglioni, 2021).
Como se pudo ver hasta aquí, el surgimiento del nuevo coronavirus ha estimulado el debate sobre su impacto en el mapa de poder mundial que se viene configurando desde principios del siglo XXI, generando algunos puntos de tensión como los que se mencionaron con anterioridad. Esta reconfiguración de la geografía del poder tiene lugar en el marco de la crisis global que azotó al sistema desde el 2008, a la que se agrega desde enero de 2020, esta pandemia, la que algunos teóricos han pretendido presentar como causa de la crisis, cuando realmente ha sido un fatídico catalizador o acelerador de procesos en desarrollo (Clacso, 2020).
La crisis económica actual, resultado de la pandemia, ha hecho que los Estados recuperen un rol importante ya que muchos se vieron obligados a utilizar las herramientas que estén a su alcance para intentar impulsar la economía y reactivarla luego de la anemia sufrida por el largo parate. Indudablemente, ese nuevo rol que está teniendo y tendrá, afectará a la mundialización y también tendrá sus efectos en el funcionamiento del capitalismo. Lo que sí es cierto es que todos los Estados no pueden responder, al desafío que plantea una situación como la que se vive en la actualidad, con recursos exclusivamente nacionales; pues un Estado que se protege por sí mismo de una pandemia global se encontrará vulnerable a la propagación de la enfermedad desde fuera de sus fronteras. Sin coordinación, será menos efectivo (Bosoer y Turzi, 2020).
El momento actual solo muestra incertidumbre, pero nos deja una certeza: de aquí en adelante el mundo no será igual al que despedimos en diciembre de 2019.

Consideraciones finales

El 2020 será recordado como uno de los años más difíciles desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. El mundo vivenció una “lucha a nivel global” contra un ente invisible: el virus SARS-Cov 2 o COVID-19 que causó una pandemia y ha puesto en riesgo a la población mundial, ocasionando una crisis tan inesperada como disruptiva, con gigantescas consecuencias sociales, económicas y políticas. Los efectos económicos de una gran recesión ya comenzaron a mostrar resultados críticos, con muchas economías quebradas o al borde del colapso; situación que dinamizó una tendencia que ya estaba presente, aunque en menor medida: el refuerzo del Estado como actor fundamental y protagonista.
Ante este panorama, se generó a nivel mundial una amplia expectativa por el descubrimiento de una vacuna apropiada que permita combatir el virus. A tal efecto, la disputa científica por llegar a la meta ha sido -y será- acompañada por una puja geopolítica que influirá notoriamente en las relaciones de poder mundial. Laboratorios, compañías e institutos de investigación de distintos rincones del mundo ya la han elaborado, desde la Universidad de Oxford (Reino Unido) hasta China, pasando por los Estados Unidos, Alemania y Rusia, entre otros.
A la vista de todos se advierte que la actual pandemia de coronavirus más que cambiar la historia mundial, la está acelerando. La relación entre Estados Unidos y China, los dos países más poderosos e importantes del siglo XXI, ya venía deteriorándose con la guerra comercial entre ambos, iniciada en 2018; ahora es probable que se vuelvan a exacerbar las tensiones entre ambos por un largo tiempo. China parece estar surgiendo de la crisis con una posición internacional más reforzada y una estrategia geopolítica de cooperación, aunque no tiene pretensiones de convencer al resto del mundo de la universalidad de su modelo de desarrollo, durante años trabajó para diseñar un modelo propio (Clacso, 2020); Estados Unidos en cambio, durante la gestión de Trump, prefirió reafirmarse en su tendencia aislacionista, sembró dudas sobre su capacidad interna de gestión de la cuestión sanitaria, en detrimento de su prestigio internacional. Su nuevo mandatario, Joe Biden, tiene una visión diferente. Habrá que ver cuál es su política exterior y si logra una reconciliación con sus aliados y con el multilateralismo en general.
Por otra parte, los organismos internacionales no han estado a la altura de toda esta situación, entre ellos, la OMS quedó desacreditada por su “posible” complicidad con China sobre el origen del virus y toda una cuestión política que hay por detrás y que generó un punto de tensión con la potencia norteamericana.
La Unión Europea no atraviesa su mejor momento, el gran proyecto supranacional se vio debilitado con la salida de Gran Bretaña; y ahora la recesión económica provocada por la pandemia y el impacto humano sufrido por aquellos países que tuvieron las peores secuelas como Italia, Francia y España (a los que ahora se suma Alemania), permite aflorar ciertas grietas entre los países del norte y del sur con posibles consecuencias políticas.
En este desconcierto de crisis sanitaria mundial, las principales economías emergentes constituidas por el BRICS, ha fijado su postura -en plena pandemia- de querer participar activamente en la discusión global. Rusia fue el primer país en registrar en todo el mundo una vacuna contra el coronavirus (Sputnik V), logró un acuerdo comercial con Brasil para que la misma se produzca en ese país y plantea la llegada de un nuevo orden mundial post COVID-19. China (su gran aliado) pretende ampliar las perspectivas de cooperación y avanzar en la construcción de una comunidad con un futuro compartido para la humanidad. Los otros tres miembros, no atraviesan su mejor momento; en India, la crisis del coronavirus ha hecho florecer algunos de los grandes problemas estructurales a los que se enfrenta en su camino hacia el estatus de potencia mundial (pobreza extrema, alta densidad de población y condiciones insalubres de muchos sectores hicieron especialmente fácil la propagación exponencial del COVID-19, constituyéndose actualmente en el tercer país con mayor número de contagios), demostrando que todavía le queda un camino por recorrer. Sudáfrica es el país más golpeado por el coronavirus dentro del continente africano y Brasil, con una situación descontrolada, ya se ha constituido en el epicentro mundial de la pandemia en lo que va del 2021.
Como puede leerse, la pandemia transformó la geopolítica en un desorden multipolar a tal punto que hoy, a un año de iniciada la misma, nuestro planeta no cuenta con una clara presencia de una o varias potencias que lideren y coordinen el escenario geopolítico mundial; hay más bien una carencia de liderazgo, inclusive en el manejo y dominio de las relaciones internacionales, visualizándose unos pocos estados que discuten por ver quién es el culpable de esta situación sanitaria en vez de proponer formas de resolverla.
Para cerrar, queda una pregunta de fondo que sobrevuela toda la discusión: ¿todos juntos o cada uno por su lado? La respuesta –y viendo los cambios que se avecinan– puede llegar a modificar o marcar el fin de la era de la globalización neoliberal y el inicio de la gestación de un nuevo orden geopolítico mundial, que generará un cambio en el paradigma tecnológico y el surgimiento de un nuevo patrón de acumulación que podría ser China, país que tiene grandes aspiraciones de dominar el mundo. Habrá que ver si en solitario o conservando el multilateralismo junto a otras potencias.

 

Referencias bibliográficas

1. Ansorena, J. (14 de abril de 2020). Cómo se contagió Nueva York: el virus se propagó durante semanas sin que se tomaran medidas. ABC Internacional. https://www.abc.es/internacional/abci-como-contagio-nueva-york-virus-propago-durante-semanas-sin-tomaran-medidas-202004092314_noticia.html

2. Bosoer, F., y Turzi, M. (2020). “La pandemia del 2020 en el debate teórico de las Relaciones Internacionales”. Geopolítica(s). Revista de estudios sobre espacio y poder, 11 (Especial), 153-163. https://doi.org/10.5209/geop.69388

3. Bringel, B. (2020). “Geopolítica de la pandemia, escalas de la crisis y escenarios en disputa”. Geopolítica(s). Revista de estudios sobre espacio y poder, 11 (Especial), 173-187. https://doi.org/10.5209/geop.69310

4. Cairo, H., Bringel, B., y Ríos Sierra, J. (2019). “Geopolítica externa del regionalismo latinoamericano: nuevas configuraciones en el orden mundial contemporáneo”. Controversias y Concurrencias Latinoamericanas, 11(19), 77-99. Recuperado de http://ojs.sociologia-alas.org/index.php/CyC/article/view/115/111

5. Clacso (2020) “Covid-19: Catalizador de la crisis mundial y el nuevo papel de China”. Grupo de Trabajo “China y el mapa de poder mundial”. Clacso. Pensar la Pandemia. Observatorio Social del Coronavirus. Puesto en línea el 3 de mayo de 2020. https://www.clacso.org/covid-19-catalizador-de-la-crisis-mundial-y-el-nuevo-papel-de-china/

6. Contrapunto en la OMS por la utilidad de las cuarentenas para hacerle frente al coronavirus. (13 de octubre de 2020). Página 12. https://www.pagina12.com.ar/298677-contrapunto-en-la-oms-por-la-utilidad-de-las-cuarentenas-par

7. Coronavirus: China exportó 4.000 millones de barbijos. (5 de abril de 2020). Ámbito Diario. https://www.ambito.com/china/coronavirus-exporto-4000-millones-barbijos-n5093545

8. Filgueira, B. (15 de marzo de 2021). Científicos piden cerrar fronteras con Brasil: dejar circular la variante de Manaos puede ser como empezar la pandemia de cero. Infobae. https://www.infobae.com/america/ciencia-america/2021/03/16/cientificos-piden-cerrar-fronteras-con-brasil-dejar-circular-la-variante-de-manaos-puede-ser-como-empezar-la-pandemia-de-cero/

9. Frydman, R y Wagner, G. (17 de junio de 2020). Los errores de EE.UU. en la gestión del Covid. El Economista. https://www.eleconomista.es/opinion-blogs/noticias/10611491/06/20/Los-errores-de-EEUU-en-la-gestion-del-Covid.html

10. Gil, T. (14 de abril de 2020). Coronavirus: cómo China gana presencia en Latinoamérica en medio de la pandemia (y qué implica para la región y el mundo).  BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52238901

11. Goretti, M. (13 de mayo de 2020). Nuevas críticas a la OMS por la pandemia: los indicios que muestran la complacencia del organismo con China. Infobae. https://www.infobae.com/opinion/2020/05/14/nuevas-criticas-a-la-oms-por-la-pandemia-los-indicios-que-muestran-la-complacencia-del-organismo-con-china/

12. Johns Hopkins University & Medicine (2020). Coronavirus resource center. Disponible en: https://coronavirus.jhu.edu/map.html

13. La Unión Europea acordó un histórico plan de reconstrucción poscoronavirus con un fondo de 750.000 millones de euros. (21 de julio de 2020). Infobae. https://www.infobae.com/america/mundo/2020/07/21/la-union-europea-acordo-un-historico-plan-de-reconstruccion-postpandemia-tras-cinco-dias-de-cumbre/

14. Lissardy, G. (5 de mayo de 2020). Coronavirus: los 2 grandes escenarios mundiales que plantean algunos expertos para después de la pandemia. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52526090

15. Loyer, B., y Giblin, B. (2020). ¿Qué mundo geopolítico después de 2020? Geopolítica(s). Revista de estudios sobre espacio y poder, 11 (Especial), 115-126. https://doi.org/10.5209/geop.69250

16. Méndez, R. (2020). Sitiados por la pandemia. Del colapso a la reconstrucción: apuntes geográficos. Ed. Revives, Madrid. España. http://revives.es/wp-content/uploads/2020/09/SITIADOS-POR-LA-PANDEMIA.pdf

17. Detectan el primer caso de coronavirus en Estados Unidos. (22 de enero de 2020). National Geographic. https://www.ngenespanol.com/salud/detectan-el-primer-caso-de-coronavirus-en-estados-unidos/

18. Nin, M.; Acosta, M. y Leduc, S. (2020). Pandemia en el siglo XXI. Reflexiones de la(s) geografía(s) para su comprensión y enseñanza. Huellas Vol.24 (1), 219-239. http://dx.doi.org/10.19137/huellas-2020-2412

19. La OMS caracteriza a COVID-19 como una pandemia. (12 de marzo de 2020). Organización Panamericana de la Salud (OPS). https://www.paho.org/arg/index.php?option=com_content&view=article&id=10436:la-oms-caracteriza-a-covid-19-como-una-pandemia&Itemid=226

20. Ramírez, A. (20 de noviembre de 2020). Quienes son y qué defienden los antivacunas. La Vanguardia. https://www.lavanguardia.com/vida/junior-report/20201120/49551491409/quienes-son-y-que-defienden-los-antivacunas.html

21. Ramonet, I. (25 de abril de 2020). La pandemia y el sistema-mundo. La Jornada. https://www.casede.org/index.php/biblioteca-casede-2-0/salud-y-seguridad/539-la-pandemia-y-el-sistema-mundo/file

22. Shumaker, L. (12 de julio de 2020). Florida reporta un récord de más de 15.000 casos de coronavirus en un día. Infobae. https://www.infobae.com/america/agencias/2020/07/12/florida-reporta-un-record-de-mas-de-15000-casos-de-coronavirus-en-un-dia/

23. Statista. Plataforma mundial de datos empresariales (2020). https://es.statista.com/estadisticas/1107716/covid-19-casos-confirmados-muertes-y-recuperados-por-dia-china/

24. Taglioni, A. (5 de marzo de 2021). Brasil ya es el epicentro mundial de la pandemia y la imagen de Bolsonaro se derrumba. La Política Online. https://www.lapoliticaonline.com/nota/132473-brasil-ya-es-el-epicentro-mundial-de-la-pandemia-y-la-imagen-de-bolsonaro-se-derrumba/

25. Tercera ola de COVID-19 avanza en Europa y obliga a tomar más restricciones. (14 de marzo de 2021). La República. https://larepublica.pe/mundo/2021/03/14/tercera-ola-de-covid-19-arrasa-europa-y-obliga-a-asumir-mas-restricciones/?ref=lre

26. Velásquez G. (25 de agosto de 2016). Han privatizado la OMS, la financiación privada condiciona sus decisiones. Entrevistado por Javier Bañuelos. Cadena SER. https://cadenaser.com/ser/2016/06/16/sociedad/1466079742_072124.html

Notas

1 Profesor en Geografía (Universidad Nacional del Nordeste), Especialista en Políticas y Programas Socioducativos (Ministerio de la Educación de la Nación Argentina) y Magíster en Gobierno y Economía Política por la Universidad Nacional de San Martin. Actualmente se desempeña como auxiliar docente en la cátedra Geografía Económica y Política General y es investigador del Instituto de Geografía de la UNNE.