DOI: http://dx.doi.org/10.19137/huellas-2020-2410

ARTÍCULOS

 

Sistema pastoril y división sexual del trabajo en el Este de Mendoza

Farm production system and labor sex division in Eastern Mendoza

Sistema pastoril e divisão sexual do trabalho no leste de Mendoza

 

Daniela Pessolano1

Universidad Nacional de Cuyo/
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
danipessolano@hotmail.com

 

Cita sugerida: Pessolano, D. (2020). Sistema pastoril y división sexual del trabajo en el Este de Mendoza. Revista Huellas, Volumen 24, Nº 1, Instituto de Geografía, EdUNLPam: Santa Rosa. Recuperado a partir de: http://cerac.unlpam.edu.ar/index.php/huellas

 

Resumen: Nos proponemos caracterizar la división sexual del trabajo en la producción pastoril de una zona rural del Este de Mendoza, poniendo el foco en el trabajo de las mujeres. Para llevar a cabo esta tarea, desarrollamos un estudio de caso como estrategia metodológica. El lugar de estudio constituye un área no irrigada que se ubica en la región noreste, compuesta por grupos domésticos dedicados históricamente a la cría extensiva de ganado. Este artículo está organizado en distintas partes. Primero planteamos consideraciones teóricas generales sobre género, trabajo y sistemas pastoriles, y algunos antecedentes. Luego nos trasladamos a la escala local, sintetizamos las características de la división sexual del trabajo en la zona de estudio, haciendo hincapié en la producción pecuaria y al finalizar mostramos el papel activo y protagónico que desempeñan las mujeres en la ganadería.

Palabras clave: Producción pastoril; División sexual del trabajo; Territorios no irrigados.

Abstract: The aim of this paper is to describe labor sex division in the field of farm production within the rural area in the east of the province of Mendoza, mainly focusing on women’s labor. To accomplish this task, we designed a case study methodology strategy. The place for the study constitutes a non-irrigated area in the north–east region, which is composed of domestic groups historically devoted to extensive cattle raising. This article has been organized as follows: First, we state some general theoretical considerations related to gender, work and farming systems, together with some historical background. Then, we move to the local scale, and make a synthesis of the characteristics of labor sex division within the area under study, making an emphasis on the livestock production. Finally, we show the active key role women play in the cattle raising industry.

Key words: Farm production; Labor sex division; Non–irrigated territories

Resumo: Neste trabalho propomos caracterizar a divisão sexual do trabalho na produção pastoril de uma zona rural no leste de Mendoza, focalizando no trabalho das mulheres. Para poder realizá-la desenvolvemos um estudo de caso como estratégia metodológica. O lugar de estudo constitui uma área não irrigada que se localiza na região nordeste, composta por grupos domésticos dedicados historicamente à cria extensiva de gados. Este artigo está organizado em diferentes partes. Primeiro apresentamos considerações teóricas gerais sobre gênero, trabalho e sistemas pastoris e alguns antecedentes. Depois, transferimo-nos à escala local, sintetizamos as características da divisão sexual do trabalho na zona de estudo acentuando na produção pecuária, e ao finalizar mostramos o papel ativo e principal que desempenham as mulheres na criação de gados.

Palavras-chave: Produção pastoril; Divisão sexual do trabalho; Territórios não irrigados

 

Introducción

la cabra me encanta, es una cosa que me gusta, son tan pillas, cuando se vuelven locas, por dios y la virgen que tiene que andarles atrás uno
(Mirta, puestera, 2015)

Las condiciones climáticas de Mendoza (áridas y semiáridas) a la par de los proyectos político-económicos que vertebraron la configuración del territorio provincial (Montaña Torres, Abraham, Torres y Pastor, 2005) han dado lugar en el ámbito agropecuario a la producción agrícola bajo riego (en especial de frutales) y a la producción pecuaria -en gran medida- extensiva y de secano, es decir desarrollada sobre pastizales naturales abastecidos solo por precipitaciones. Los sistemas pastoriles se extienden en la región noreste y sur de la provincia, configurándose como un medio de vida de una gran cantidad de grupos domésticos de perfil campesino2.
En el sur (Departamento de Malargüe principalmente) localizamos sistemas pastoriles trashumantes en los cuales los/as pastores/as se desplazan junto al ganado, cambiando de residencia en la búsqueda del aprovechamiento estacional de distintos pisos ecológicos (Bocco de Abeyá, 1988; Cepparo, 2014). Luego en el noreste, dichos sistemas son sedentarios, es decir, no involucran un traslado estacional ni cambio de residencia por parte de pastores/as (Abraham, Prieto y Triviño, 1979; Torres, 2008, 2008a). Ambas modalidades de pastoreo se sustentan en la ausencia de cierres perimetrales de los campos, lo que asegura la extensa movilidad de los animales para asegurar sus requerimientos alimentarios en contextos ambientales restrictivos.
El lugar de estudio se ubica en la región noreste (ver figura Nº 1). Constituye un área no irrigada3, de una longitud aproximada de 24 km. que bordea los márgenes del Río Tunuyán, en el distrito de la Dormida, Departamento de Santa Rosa (Mendoza). Allí residen de manera dispersa 19 grupos domésticos dedicados históricamente a la cría extensiva de ganado, principalmente caprino, que han participado además como mano de obra estacional en la producción de  frutas y hortalizas en distintas partes de la provincia. En la actualidad, al interior de las familias, la gente joven de entre 18 y 30 años de edad ha incorporado en mayor medida que la generación antecesora trabajos extraprediales y no agropecuarios. Si bien la economía local se sostiene tanto en la producción pastoril, como en la diversificación de actividades con base ocupacional y no ocupacional4; la cría de ganado configura una actividad especialmente relevante pues define la manera en que pobladores y pobladoras se apropian del espacio geográfico, material y simbólicamente, y estructuran sus relaciones sociales próximas.

Figura Nº 1. Ubicación de la zona de estudio

Fuente: Pessolano y Sales en base a SIG 250 IGN, 2016.

Este escrito se enmarca en una línea de investigación más amplia que pone el foco en las relaciones sexo-genéricas de los procesos de reproducción social de grupos campesinos. Luego de varios años de estudio logramos identificar una cantidad considerable de antecedentes enfocados en la reproducción social de grupos domésticos pastoriles de nuestro país. Sin embargo, la revisión crítica de dicha bibliografía nos permitió detectar, también, una limitación analítica bastante extendida asociada con la tendencia a encarar la unidad doméstica como una efectiva “unidad”, dejando en un segundo plano las relaciones de poder, desigualdad y diferencia que la estructuran en su interior, entre ellas las relaciones género-sexuales. Este enfoque a su vez, de forma directa o indirecta, ha contribuido con la invisibilización de los aportes específicos de las mujeres a la economía y a los procesos de reproducción más generales.
Puesto que una gran cantidad de aspectos permanecen aún como zonas escasamente exploradas, en este artículo de investigación nos proponemos caracterizar la división sexual del trabajo en la producción pastoril de una zona de puestos5 del Este de la provincia de Mendoza, poniendo el foco en el trabajo de las mujeres y rescatando algunos de sus relatos.
Recurrimos a un estudio de caso -como estrategia metodológica- que permitió, entre otras cosas, circunscribir un espacio geográfico y una población reducida para estudiar en profundidad (Yin, 2003). Se trató de un estudio de perfil cualitativo pues buscó reconocer y analizar prácticas y significados de los/as actores/as, a través de un extenso trabajo de campo, del desarrollo de entrevistas en profundidad y semi estructuradas, y de observaciones directas y participantes. Para trascender los límites de lo descriptivo fue preciso dialogar además con algunos antecedentes sobre la temática y la revisión de bibliografía. El análisis se llevó a cabo mediante un proceso de codificación de la información, una estrategia comparativa de dicha información, la escritura de memos y la elaboración de matrices de datos.
El artículo se estructura en distintas secciones. Luego de plantear consideraciones teóricas generales acerca de los sistemas pastoriles, de sexo-género y trabajo; nos trasladamos a la escala local con la intención, en un primer momento, de sintetizar las características de la división sexual del trabajo en la zona de estudio. En un segundo momento, nos introducimos en la producción pecuaria, en sus aspectos generales (tipo de ganado, productos, uso del espacio y recursos, lugar que ocupan los distintos vínculos sociales próximos) que sirvieron de marco para analizar a continuación la división sexual del trabajo en esta actividad específica. En esta sección nos pareció importante incorporar fragmentos de los relatos que ilustran la manera en que puesteras/os6 expresan y significan elementos de su vida. En las reflexiones finales resumimos aspectos importantes, en especial vinculados a las particularidades del trabajo de las puesteras.

Una mirada general. Pastoralismo y división sexual del trabajo

Los sistemas pastoriles son antiguos sistemas económicos que pueden definirse en sentido amplio como la producción pecuaria extensiva en espacios de pastoreo (Iniciativa Mundial para un Pastoralismo Sostenible, 2008). Se caracterizan por desarrollarse en tierras secas7 del planeta8, sujetas a estrés hídrico y por tanto de baja aptitud para la producción agrícola (Quiroga Mendiola, 2012; Iniciativa Mundial para un Pastoralismo Sostenible, 2008). En estos contextos los pueblos de pastores y pastoras se adaptan activamente a condiciones climáticas extremas, implementan un manejo eficaz de la escasa vegetación disponible y logran un ajuste complejo entre el suelo, la vegetación y los animales domésticos a partir de una acumulación de saberes transmitidos históricamente (Quiroga Mendiola, 2012; Iniciativa Mundial para un Pastoralismo Sostenible, 2008). Según Quiroga Mendiola el pastoralismo es heterogéneo, pues en su interior conviven modalidades distintas que se vinculan con aspectos como “(...) el peso relativo de los productos animales, las formas productivas y las prácticas económicas generales de las familias o comunidades pastoriles (...)” (2012, p. 1).
Aun cuando es manifiesta la diversidad de estos sistemas, la Iniciativa Mundial para un Pastoralismo Sostenible (2008) identifica rasgos comunes como la movilidad del ganado para acceder a los recursos estacionales, la gestión comunitaria de pastos y otros recursos, y modalidades de gobernanza para el manejo de los recursos comunitarios.
En regiones áridas y semiáridas la especie caprina resalta sobre el resto de las especies domésticas por su capacidad de adaptación a diversos sistemas de producción, situaciones agroecológicas y niveles de intensificación productiva; además resiste temperaturas extremas, camina largas distancias sin tomar agua y establece mecanismos de defensa ante sequías y subalimentación (Bedotti, 2008; Sinn, Ketzis y Chen, 1999; Lebbie, 2004). Todo ello habilita la subsistencia de esta especie en condiciones ambientales extremas y difíciles, constituyéndose en una destacada fuente de alimentos (proteínas cárnicas y lácteas) para las poblaciones locales (Silvetti, 2012).
El estudio de los sistemas pastoriles se vuelve pertinente en Argentina si consideramos que el 75% de la superficie nacional se extiende bajo condiciones áridas y semiáridas (Abraham, 2002) y alberga una gran cantidad de productores familiares de subsistencia que desarrollan la ganadería extensiva sobre vegetación nativa (LADA, 2004 en Silvetti, 2012).
Los sistemas pastoriles están atravesados por divisiones sexuales del trabajo, tema que nos interesa particularmente y que torna necesario referir a conceptos básicos y visitar algunos antecedentes.
Los conceptos “sexo” y “género” han suscitado diversas discusiones y pueden adquirir sentidos distintos de acuerdo a la perspectiva teórica que los cobije. Sin embargo, la acepción más difundida y general ha relacionado al sexo con la constitución anatómica de los sujetos -en especial de su sistema reproductivo-; y al género con una construcción social que delimita conductas y rasgos adecuados para los sujetos según su sexo biológico, en sintonía con los valores dominantes de una sociedad. En este sentido, Rubin sostiene que las sociedades estructuran de diversas maneras sus relaciones sexo-genéricas y elabora el concepto de sistema sexo-género definido como “(...) un conjunto de disposiciones por las cuales la materia prima biológica del sexo y la procreación humana es conformada por la intervención humana y social, y satisfecha en una forma convencional, por extrañas que sean algunas de sus convenciones” (1986, p. 102-103).
Si bien la diferenciación entre el sexo -como lo biológico- y el género -como la construcción cultural- se convirtió en una herramienta eficaz para combatir la tendencia a la  naturalización de las diferencias y desigualdades entre varones y mujeres (Ciriza, 2007), debemos aunque sea mencionar que la situación es mucho más compleja pues, como argumenta Lugones (2008), el sexo binarizado -macho o hembra- también es resultado de una interpretación9.
Estas construcciones que se apoyan en la diferencia sexual (entendida de manera binaria) -así como aquellas que sostienen la “inferioridad natural” por razones de raza, casta, religión o etnia-, han servido históricamente como criterios para estructurar la división del trabajo (Comas D’ Argemir, 1995). La división del trabajo implica una jerarquización de tareas y la asignación de agentes a cada una de ellas, según sus características (edad, género,  raza, grupo étnico, clase social) (Comas D’ Argemir, 1995). En este sentido, en las sociedades de clases, las mujeres han sido asignadas al espacio doméstico y los varones a habitar el afuera, el exterior del hogar; además se les ha otorgado roles diferenciados, vinculando a las mujeres con las funciones de reproducción cotidiana de la familia y a los varones con el rol de proveedores materiales (Comas D’ Argemir, 1995).
Los grupos campesinos pastoriles que nos interesan en este estudio, no escapan enteramente a esta configuración, no obstante la forma que adquiere la división sexual del trabajo en ellos contiene particularidades considerables, pues los límites entre producción y reproducción pueden tornarse altamente difusos cuanto menos por dos motivos: porque las relaciones de parentesco cumplen funciones productivas y porque en el espacio doméstico y peridoméstico10 transcurre la vida familiar pero también la producción de bienes para la venta y el consumo (Hocsman, 2003; Benería y Sen, 1982). De esta manera, si bien es usual la asociación de las campesinas con el ámbito doméstico y el cuidado familiar (Rebolledo, 1997); dada la forma que adquiere ese ámbito, su trabajo incluye la “transformación” de bienes para el consumo familiar sumado a la “producción” de dichos bienes y de otros que se dirigen al mercado. Todo transcurre en el espacio doméstico y peridoméstico, junto al trabajo de cuidados, de manera combinada y a veces en simultáneo (Benería y Sen, 1982).
Tal como expresamos en la introducción, los antecedentes nacionales específicos sobre el tema de este artículo son escasos, sin embargo existen estudios interesantes de otras latitudes. Siguiendo estimaciones de la FAO (2011) a escala global, dos tercios de los/as criadores/as pobres de ganado son mujeres (aproximadamente 400 millones de personas). Se ha documentado ampliamente que el papel de las mujeres suele ser destacado en la producción ganadera de pequeña escala, de especies menores como aves de corral, cerdos y pequeños rumiantes, así como en el procesamiento de leche, huevos y carne para el consumo doméstico; y que los varones suelen dedicarse a la cría y comercialización de animales grandes, como vacas, caballos y camellos (FAO, 2011).
En línea con lo anterior, autores/as de distintas partes del mundo11, interesados/as principalmente por las relaciones de género y la seguridad alimentaria, ratifican el protagonismo femenino en la producción de rumiantes menores (Lebbie, 2004; Hulela, 2010; Sinn et al, 1999; Davran, Ocak y Secer, 2009; de Lima Vidal, 2011; Vázquez García, 2015; Valdivia, Gilles y Turín, 2013; Dillon, Cossio y García et al., 2003); atribuyendo este predominio a distintos factores: desde los más prácticos como la referencia al tamaño de las cabras y ovejas que hace posible su manejo por parte de mujeres y niños/as o la vinculación de este tipo de ganado con el espacio peridoméstico predominantemente femenino (Hulela, 2010; Davran et al., 2009), hasta otros de carácter simbólico como el peso de la tradición y de la religión (Hulela, 2010; Valdivia el al, 2013) y que las cabras y las ovejas se consideran menos valiosas y generan menos prestigio que el ganado de gran tamaño, por lo que los varones interfieren poco en el control de las mujeres sobre ellas (Sinn et al., 1999). De todos modos, una de las razones más significativas del estrecho vínculo entre las mujeres y la cría de pequeños rumiantes, y que las autoras en general identifican, se asocia a que estos últimos brindan alimentos en condiciones ambientes hostiles y a que las mujeres en gran medida son las encargadas del reaseguro alimentario de las familias. Son ellas las que preparan diariamente la comida, teniendo que resolver esta tarea con escasísimos recursos.
También en Argentina el trabajo de las mujeres es vital en el sostenimiento de los sistemas pastoriles. Para el caso de la puna jujeña, Quiroga Mendiola (2013) informa que las mujeres son las encargadas de los rebaños gran parte del año ya que los varones desarrollan trabajo agrícola estacional fuera de la localidad. En otras zonas como el oeste de la provincia de La Pampa las crianceras se encargan mayoritariamente del trabajo de la producción caprina, siendo ayudadas por sus hijos cuando no están en la escuela y los varones se ocupan de las salidas por el campo y de las relaciones sociales en el ámbito público (Dillon et al., 2003, p. 7).
Tomando en cuenta la información que nos brindan estos estudios, a continuación nos introducimos en el caso investigado, ahora sí desde una perspectiva microsocial que habilite un conocimiento situado sobre la división sexual del trabajo en el sistema pastoril de la “costa del río”12.

La escala local. Puesteras, división sexual del trabajo y producción pecuaria

Para comenzar debemos afirmar que la división sexual del trabajo -así como la división generacional del trabajo- representa un elemento central y organizador de la economía de estos grupos domésticos, que contribuye a asegurar su persistencia en el territorio. Pues, gracias a las formas de organización del trabajo que establecen, es que pueden resolver sus necesidades fundamentales sin tener que cambiar de residencia en búsqueda de otros ingresos económicos.
Antes de introducirnos en la producción pecuaria, caracterizaremos en términos amplios la división sexual del trabajo según datos de primera mano, obtenidos luego de un extenso trabajo de campo. En la investigación realizada identificamos distintas actividades económicas, sus principales tareas, y la forma en que varones y mujeres participan en ellas. Registramos algunos patrones comunes, por ejemplo, que si bien las mujeres hacen su aporte a la mayoría de las actividades económicas, la división sexual del trabajo opera asignándolas con fuerza al campo del trabajo doméstico, a la organización colectiva y de gestión de recursos estatales, y a la cría de caprinos y derivados.
Las tareas domésticas, salvo excepciones, son efectuadas por las mujeres de la familia. Cocinar, lavar ropa, asear y ordenar la casa, mantener y cuidar la huerta, los animales de granja y domésticos, recolectar huevos, elaborar quesos, pan y tortitas, es cosa de mujeres. La recolección de leña para calefaccionar y a veces también para cocinar es una tarea doméstica, realizada en ocasiones por la pareja conyugal o conviviente, o con la ayuda de la familia extensa. Aun cuando es considerada pesada e implica el uso de la fuerza, no excluye que en algunos puestos sea una tarea exclusivamente femenina.
Quienes se organizan para la gestión de recursos provistos por el Estado, específicamente la elaboración de proyectos productivos, la asistencia a las reuniones y el vínculo con técnicos/as extensionistas y del municipio, también son en su mayoría mujeres. En términos relativos pocos varones se involucran en las gestiones comunitarias. Los procesos de organización no solo les permiten acceder a algunos recursos fundamentales para la reproducción familiar sino también encontrarse, festejar y fortalecer vínculos sobreponiéndose a los conflictos y diferencias familiares y vecinales.
La producción caprina en particular, está íntimamente ligada a la división espacial del trabajo, pues las mujeres se ocupan de manera preponderante de las tareas pecuarias que transcurren en el ámbito peridoméstico y los varones de aquellas que se desarrollan en el monte. Sin embargo, esta división laboral y espacial por criterios de género está sujeta a ciertas condiciones y arreglos particulares que trataremos más adelante.
Los varones, entonces, aparecen desempeñando un rol significativo en la actividad caprina; las tareas a campo abierto insumen un tiempo considerable y se realizan bajo condiciones climáticas duras (intensos fríos, calores y tormentas). Asimismo, y en íntima relación con éste último trabajo, de manera preeminente son ellos quienes se encargan del cuidado y del desarrollo de actividades asociadas a los equinos. Los puesteros de la zona amansan caballos, en oportunidades venden potrillos para la producción de carne, corren carreras de caballos y cuidan los caballos de familiares mujeres de la zona.
El trabajo asalariado agropecuario y no agropecuario también aparece como un área predominantemente masculina aun cuando en la actualidad debamos tener en cuenta cuestiones generacionales. Es decir, si bien hoy una parte de las mujeres jóvenes se inclinan por el trabajo asalariado, continúa siendo un área que ocupan mayormente los varones trabajando en fincas, cooperativas, escuelas, en el municipio, cargando guano, etc.
or último, quisiéramos observar que el corte de junquillo es una actividad que se organiza de diversas maneras: en familia, lo realiza/n algún/os miembro/s de la misma e incluso su corte es asignado a personas externas al núcleo familiar. Por tanto no logramos identificar que sean las diferencias sexo-genéricas las que determinen la organización de dicho trabajo. Sin embargo, al tratarse de artesanías realizadas con junquillo, allí sí son las mujeres las que desempeñan un rol preponderante.

Mujeres en los corrales, varones en el campo y lo que excede la regla

En la costa del río la especie más difundida es la caprina, con majadas de hasta 250 cabezas. Se producen chivatos para la venta y el autoconsumo, guano que es comercializado como fertilizante orgánico y se extrae leche de cabra. Algunos puestos tienen vacas, en menor medida ovejas, cuyas crías macho son carneadas casi exclusivamente para el autoconsumo.
La producción pecuaria se sostiene en el uso común de bienes naturales -pasturas y fuentes de agua-, en la utilización intensiva de mano de obra familiar y a partir de relaciones de cooperación vecinales y de la familia extensa.
Si bien puesteras y puesteros se reconocen como legítimos poseedores de los campos13 e identifican los límites entre una propiedad y otra, no existen linderos, lo que posibilita la circulación de los animales para cubrir su alimentación, es decir, el acceso a los principales recursos productivos.
Acá si no hay lluvia, no hay agua, no hay nada. Se termina el junquillo, se terminan los animales, se termina todo. ¿Y ahora vio cómo están los campos? no hay nada (Manuel, entrevista en época de sequía, 2014).

A diferencia del “campo abierto”, el puesto y su alrededor inmediato (donde se encuentran los corrales) es dominio privado del grupo co-residente.

Por otro lado, dado que la familia suministra la mano de obra necesaria, la composición y estructura del parentesco constituyen aspectos definitorios para la producción animal. En la zona de estudio los grupos domésticos son medianos y pequeños y se caracterizan por albergar una cantidad significativa de adultos/as mayores (60 años o más). La gente joven tiende a desarrollar trabajos asalariados extraprediales, mientras que las personas mayores mantienen, en gran medida, la producción pecuaria y logran ingresos a través de la seguridad social. La escasez de mano de obra disponible para la cría animal se relaciona directamente con el tamaño de las majadas, que en general son pequeñas.
La familia extensa (que reside en la zona) y los/as vecinos/as, también desempeñan funciones productivas, pues, entre todos y todas aseguran de manera solidaria el control de los espacios de pastoreo y del ganado a partir de distintas prácticas como rastrear,  recuperar y devolver animales perdidos, ahuyentar perros y zorros, prevenir robos, entre otras. Además, a nivel comunitario se establecen relaciones de ayuda mutua que se concretan en una multiplicidad de prácticas, tales como proveer de carne a unidades domésticas que al momento no tienen caprinos, colaborar con la provisión de trabajo y mercadería para un/a vecino/a desocupado/a, brindar animales “a medias” a otro/a para que inicie su puesto, vacunar animales ajenos, cuidar los animales de otro/a por razones de enfermedad, entre otros ejemplos.
Ahora bien, el análisis de los datos de campo posibilitó confirmar la participación activa y protagónica de las mujeres en la cría animal. Bajo las condiciones de la producción pastoril, varones y mujeres hacen su parte, cumplen un rol diferenciado y en cierta medida complementario, que demanda de unos y de otras conocimientos específicos.

...porque más antes era así: los varones al campo y las mujeres en los corrales. Usted iba a los corrales mirando, no se animaba a tocar nada. Entonces los varones llegaban de afuera con el caballo ensillado y todo, decían ¿faltan animales? ¿Qué animal? Siempre se conocen por sobrenombre, listo cuántas y partía al campo. Y por ahí decían “no, no falta nada está todo bien” y entonces listo. El caballo ya no lo andaba o iba a otra actividad a hacer algo que tenía pendiente hasta que le dieran lugar las cabras. Pero nunca se metían en los corrales, era la mujer nomás la que se metía en los corrales (Alberto, entrevista, 2016).

El contenido del relato de Alberto, goza de vigencia, orienta la diferenciación de espacios y de tareas entre varones y mujeres y regula las prácticas concretas de cría animal. Otros relatos de puesteros y puesteras confirman la extensión de esta premisa ideológica que se sintetiza en: ”mujeres en los corrales y varones en el campo”. Por ejemplo:

...¡yo de rastro no conozco nada! pero cuando una cabra tiene cría, todo eso sí, carnear, todo eso sí, pero el campo no. Las mujeres permanentes, el queso, quesillo todo pero lo demás, del campo (no) ... (Nélida, entrevista, 2016).

...si se van los animales va mi hermano. Porque yo ¿a dónde voy a ir? (...) va mi hermano y los busca. Sí, sí gracias al Fer (mi hermano) vuelvo a tener cabras yo, si se me fueron casi todas las cabras al sur ...  y no teníamos quien ir a buscarlas. Lo llamé y fue y los buscó. Dos días tardó para poder encontrar las cabras (Carla, entrevista, 2016).

Habitualmente son ellas las que sueltan y encierran las cabras diariamente, amamantan los chivatos “guachos” y quienes se los entregan a sus madres, quienes reconocen y nombran las cabras, quienes cuidan sus afecciones o heridas, es decir, son las encargadas del cuidado, no sólo humano sino también animal. Asimismo desarrollan una tarea central, que se sitúa en un espacio intermedio entre el puesto y el campo abierto e implica la vigilancia de los rumiantes en las cercanías del puesto, tarea que ellas pueden intercalar con las tareas del hogar, yendo y viniendo.

Se van a la costa y se quedan ahí todo el día, desde las 11 ... Sí, un rato (me quedo con las cabras) a la mañana y me vengo después a las 2 a comer y hace rato me fui a verlas otra vez y ya las saqué. Ahora me parece que me va a tocar irme para allá otra vez por el viento del norte y salieron medio cruzadas para allá así que, capaz que se vayan ... (Amanda, entrevista, 2016).

 Los varones en cambio son asociados al exterior, al control, a la rudeza del campo y del clima, son los que hacen las recorridas a caballo cuando los animales no regresan, protegen las tropillas del ataque de zorros, pumas, perros y de los llamados “cuatreros” ladrones de ganado.

...¡pucha! tuve que nacer justo yo, un varón, el más grande. ¿quién iba a hacer las cosas fuera de mi viejo? ¡Con siete años! ¡Me mandaban a repuntar esto!. Yo sé, pero no es tampoco porque oooh nací con eso, no, no, no. Mi padre me decía anda y traete el animal tanto. Me mandaba a traerlo. Y de conocer los rastros de todos, le conozco el rastro hasta el último cucaracho que hay en el campo. Las intenciones de un animal en el rastro. Yo no tengo problemas en el campo... (Alberto, entrevista, 2016).

Lo cierto, es que esta división sexual del trabajo en la producción pastoril no se cumple en todos los casos, pues las prácticas concretas presentan un desfasaje respecto los sentidos de género (Comas D’ Argemir, 1995), construyéndose con cierta flexibilidad y variabilidad de acuerdo a las circunstancias familiares, productivas e histórico-espaciales generales. Con el objeto de captar estas particularidades, clasificamos en la costa del río dos grandes grupos: por un lado un primer agrupamiento de unidades domésticas que se organizan a partir de una división del trabajo cercana a la fórmula “mujeres en los corrales y varones en el campo”. Estas familias cuentan con una figura masculina dedicada también a la cría de ganado, que cubre de manera preponderante el trabajo -cada vez más necesario14- de rastreo a campo abierto de los animales, mientras que las mujeres se ocupan de las tareas circunscriptas al ámbito doméstico y peridoméstico. Sin embargo, esta regla que diferencia según sexo-género espacios de trabajo, se quiebra en época de pariciones, instancia del proceso productivo que demanda mayor cantidad de mano de obra en el corral15, motivo por el cual trabaja la pareja conyugal, en ocasiones con la colaboración de los y las jóvenes. En relación a ello Raquel sostiene: “... si yo estoy en el corral y él (mi marido) no va a estar por otro lado siendo que yo necesito que me ayude en el corral...” (Entrevista, 2016).
Por otro lado, definimos un segundo agrupamiento integrado de unidades domésticas que en cierta medida transgreden estas ideas difundidas acerca de la división sexual del trabajo, por distintas razones que van desde la muerte del cónyuge, separaciones, problemas familiares hasta proyectos e inclinaciones personales. En estos puestos las mujeres son responsables de la producción pecuaria aun cuando hayan miembros varones en la familia, teniendo que resolver todas las tareas básicas que demanda la actividad.

En el invierno no paro ... porque ando andando atrás de las cabras atrás. Y después entregar chivato. Y después a lo mejor se hace la noche y tengo que pegar una vueltita más a esperar unos bichos que llegan y después venir a dar de mamar chivato... se me complica más que ... Enseguida ya me voy a ir a ver las (cabras) de acá ve, porque me faltan de antes de ayer unas (cabras), ahora ya más tarde tengo que ir a caballo y fijarme (Helena, entrevista, 2016).

Helena como otras puesteras se encargan del trabajo pecuario, afrontando un intenso trajín. En algunos puestos los varones trabajan solo en la actividad agrícola -o son jubilados de dicha actividad- y/o expresan que “no les gusta el trabajo de campo16”, por tanto la cría animal es responsabilidad de ellas. Con esto queremos señalar que las puesteras deben darse las estrategias para sacar adelante la producción, en ocasiones pidiendo ayuda a sus propios maridos e hijos y a otros familiares varones que viven en la zona, sobre todo para la tarea de búsqueda de los animales.
Es interesante destacar que los mismos puesteros reconocen la destreza de algunas mujeres en el trabajo de campo:

La Mirta no se si le gusta la cocina o no le gusta pero es bien pal’ campo ¡Y le conoce de rastro!, le conoce… va y se le hace de noche y sale, porque sabe. Porque ha andado y lloviendo y nevando. Sabe cómo se va a defender en el campo, a donde va a esconder leña seca, a donde va a llevar la montura un montón de pasto seco para cuando le toque hacer fuego o de la casa sale con una piedra poma. La piedra poma le echan gasoil se absorbe todo y cuando se va al campo cuando hay mucha humedad, y con le leña mojada como prendo el fuego, y si ataca el frío se va a morir, entonces amontona leña verde como sea y le arrima un fuego a la piedra poma esa cómo está el combustible le hace arder la leña que venga (Alberto, entrevista, 2016).

Además de asumir las cargas de trabajo, este último grupo de puesteras toma decisiones acerca de la comercialización y del uso de los ingresos derivados de la producción, ingresos que ellas aportan a la economía familiar. En este segundo grupo, los ingresos relacionados con la cría animal (intercambio de quesos y quesillos, leche, guano, cabritos) son manejados como ingresos personales, motivo por el cual ellas deciden, en gran medida, qué hacer con ellos17.

(...) fui al doctor y dice: “se tiene que hacer operar”, “estoy sonada” digo yo, sale $3500 la operación y empecé a juntar, vendía chivatos, vendía leche, vendía el guano y me junté la plata y agarré y me fui, me fui a Rivadavia, me hizo hacer un tratamiento y me operó, si no estaría ciega ya, porque de ese ojo no veía nada (...) (Perla, entrevista, 2014).

Con ánimos de síntesis, aun cuando es extendida la idea ordenadora “mujeres en los corrales - varones en el campo”, indicativa de la división sexual del trabajo, en una proporción significativa de los puestos de la costa del río son las mujeres quienes resuelven el grueso de la actividad pecuaria poniendo en juego distintos saberes, desarrollando diversas funciones y convirtiéndose en las sostenedoras de dicha actividad. Consideramos que la viabilidad de la cría animal está asegurada en gran parte, por la disposición de las puesteras para realizar trabajos de distinta naturaleza, en forma simultánea y/o combinada en el ámbito doméstico, peri-doméstico y en la cercanía al puesto. A continuación dos citas ilustrativas: “...y por más que tenga que limpiar, lo primero que voy es al corral, termino con el corral y ya recién vengo y limpio acá” (Raquel, entrevista, 2016); “...poníamos una carpa grande y abajo le poníamos una colcha y a los chicos los metíamos ahí mientras nosotros atendíamos el corral” (Camila, entrevista, 2014).
Esta modalidad de trabajo femenino, asimismo, garantiza bienes de consumo para los grupos domésticos, principalmente una base alimentaria y ésta es una de las razones más importantes que ligan a las mujeres con la cría de caprinos. Producir bienes de subsistencia es un medio elemental para “dar pelea”, resolver necesidades básicas y así lo manifiesta Carla: “...18 años que estoy viviendo acá, y bueno, la peleo con los animalitos, tengo unas cabritas, un par de gallinas” (Entrevista, 2016).
La cría de caprinos, entonces, se encuentra asociada no sólo a la cantidad de productos que proveen para el autoconsumo y la venta (carne, guano y leche, cuero, posibilita elaborar quesos, quesillos y artesanías en cuero), sino también a que implica la asunción de riesgos mínimos de producción y lo que es muy importante, no se excluye con el desarrollo de tareas domésticas y de cuidado.
Todo esto se vuelve posible ya que en el espacio doméstico producción y consumo conviven y las mujeres logran así acceder a medios de producción. En otras palabras, las mujeres en gran medida responden al mandato que las asigna a lo doméstico, pero según las características de constitución de lo doméstico en la zona de estudio, ocupar este espacio las habilita a generar medios de subsistencia para ellas y sus familias pues disponen de tierra, pastizales, fuentes de agua, corrales, asistencia técnica, etc.. Otro aspecto que consideramos resulta beneficioso para las puesteras, es el uso y acceso común a recursos estratégicos como las pasturas. Las costumbres aprueban el usufructo común de los recursos por parte de quienes viven en la costa del río, no importa si son niños/as, mujeres o ancianos/as, el requisito es acreditar la residencia. Es decir, el acceso a recursos productivos básicos por parte de las puesteras y la producción de medios de subsistencia derivada, no está mediatizada por la dependencia a los varones y a sus ingresos económicos o salarios, en caso de que los hubiese. En similar medida, la reducción de los espacios de uso común -las zonas de pastoreo- como resultado del avance de los alambrados desde el sur, puede erosionar particularmente la posición de las puesteras al interior del grupo doméstico, dado que disponen de menos posibilidades que los varones de obtener ingresos extra-prediales.

Reflexiones finales

En este artículo nos abocamos a caracterizar la división sexual del trabajo en la producción pastoril y conocer particularmente el trabajo de las mujeres en un caso estudiado, pues, según nuestras búsquedas, se trata de un área de vacancia académica al menos en el ámbito provincial y nacional. Una motivación central fue contribuir a la visibilización económica de las mujeres puesto que en los estudios rurales queda mucho camino por recorrer en esa dirección.
Para ello abordamos a lo largo de este escrito distintos aspectos. Primero que nada brindamos información básica sobre el caso de estudio y su ubicación en el escenario provincial. Luego revisamos algunos conceptos importantes como pastoralismo, sexo, género y división sexual del trabajo. Indagar sobre el sistema pastoril en el Este de Mendoza nos pareció relevante para objetivar las dificultades y limitaciones que los grupos domésticos deben atravesar para sostener los procesos productivos, pero también para destacar que se trata de una forma eficiente de obtener alimentos en contextos no aptos para la agricultura y menos riesgosa pues no incorpora inversiones de capital basándose principalmente en trabajo familiar.
A grandes rasgos identificamos que en la costa del río prevalece una división sexo-genérica del trabajo que liga a las puesteras a lo doméstico y otorga a los varones mayores posibilidades de movilidad espacial. Mientras ellas se abocan mayormente al trabajo doméstico, al trabajo en los corrales y al trabajo comunitario, ellos desenvuelven predominantemente tareas ganaderas a campo abierto, vinculadas al ganado de mayor tamaño, como los equinos y al trabajo extrapredial (agropecuario y no agropecuario).
Sin dudas, el desarrollo de sistemas pastoriles y la condición campesina constituyen  elementos nodales que enmarcan el trabajo de las mujeres en ciertas relaciones sociales y de producción según una racionalidad económica distintiva (Hocsman, 2003). En esta línea, la unidad entre producción y consumo facilita el acceso de las puesteras a medios de producción, y el desarrollo combinado de distintas tareas en el puesto y en sus cercanías, sin tener que descuidar el trabajo doméstico y de cuidado.
Respecto de la producción pecuaria las mujeres desarrollan un papel activo y fundamental. Según las construcciones sexo-genéricas que otorgan sentidos específicos al trabajo de cría de animales, las mujeres se ocupan del trabajo desenvuelto en el ámbito doméstico y peridoméstico que se complementa con el que llevan a cabo los varones a campo abierto. Ellas asumen las responsabilidades de asistencia de las necesidades básicas de los seres vivos (personas, rumiantes, animales de granja y vegetales). Sostuvimos también que aun cuando los estereotipos de género funcionan como ordenadores, las prácticas están sujetas a las configuraciones históricas, familiares y productivas, motivo por el cual presentan niveles de variabilidad. De esta manera pudimos diferenciar dos grandes grupos: unidades domésticas que se adecuan a la división “mujeres en los corrales y varones en el campo” y una cantidad -para nada despreciable- de unidades en las cuales, habiendo varones o no, las mujeres asumen la dirección de la producción pecuaria y se hacen cargo de gran parte de las tareas. Para todo esto nos pareció fundamental compartir fragmentos de relatos de los y las pobladoras, con el propósito de rescatar las formas en que se expresan y significan elementos de su vida.
Trabajo doméstico y trabajo de producción pecuaria se funden espacialmente, se combinan y superponen, aspecto que dificulta registrar que las mujeres -a diferencia de los varones- están desarrollando constantemente en los puestos, una doble jornada laboral opacada por no tratarse de un trabajo asalariado separado del espacio doméstico. No existe una diferenciación estricta entre trabajo y no trabajo, dado que se organizan diariamente con secuencias y horarios flexibles, con un manejo del tiempo variable durante el día y a la par de actividades de cuidado humano que comúnmente no son consideradas trabajo. El vínculo de las puesteras con el mercado, en comparación con muchas trabajadoras de sectores urbanos, es poco estrecho e indirecto, elemento que incrementa la invisibilización de su participación económica. Pese a ello, el trabajo de las puesteras viabiliza la actividad caprina y además y muy importante, habilita la movilidad de otros miembros de la unidad doméstica, en la búsqueda de ingresos extra-prediales.

Notas

1 Licenciada en Trabajo Social y Doctora en Ciencias Sociales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo. Becaria posdoctoral del Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales del Centro Científico Tecnológico (CCT) Mendoza, CONICET.

2 Hocsman (2003) define al campesinado como aquellos grupos domésticos en los que existe una continuidad espacial entre producción y consumo y cuyos procesos productivos se sostienen fundamentalmente con mano de obra familiar. Otras de sus características son: controlan medios de producción, sus ingresos provienen en gran medida de la producción agropecuaria y tienen dificultades para acumular capital (Hocsman, 2003).

3 Las áreas no irrigadas representan el 95.2% de la superficie provincial (APOT, 2013) y se caracterizan por la ausencia de caudales de agua superficiales, ya sean naturales o artificiales. Si a esto le sumamos que se trata de áreas con un bajo índice de precipitaciones, podemos afirmar que el desarrollo de la agricultura se ve prácticamente imposibilitado.

4 Es importante esta aclaración final puesto que en los últimos años esta población ha logrado acceder a prestaciones de seguridad social como pensiones, jubilaciones y asignaciones familiares que les brindan una suma de dinero mensual significativa en relación a sus ingresos globales, y que no es producto de una actividad laboral actual.

5 Asentamiento del grupo familiar cuya infraestructura básica se integra por una vivienda, los corrales y el/los pozo/s de agua (Torres, 2008a).

6 “Puestero” y “puestera” son categorías nativas que refieren a personas que forman parte de grupos domésticos que residen en zonas áridas y semiáridas de la provincia de Mendoza, dedicados a la producción ganadera de subsistencia y que suelen ocupar la tierra en condiciones jurídicas denominadas precarias. En otras provincias del país a estos mismos actores se los llama “crianceros/as” o “fiscaleros/as”.

7 Las tierras secas por su parte, refieren a zonas terrestres en las cuales “…la precipitación media anual (incluyendo nieve, niebla, granizo, etc.) es inferior a la cantidad total de agua evaporada a la atmósfera” (Iniciativa Mundial para un Pastoralismo Sostenible, 2008, p. 8).

8 Se identifican pastores, por ejemplo, en tierras secas calientes como es el caso de África y Asia occidental y en tierras secas frías como la estepa de Asia central y China occidental o los Andes de América del Sur (Iniciativa Mundial para un Pastoralismo Sostenible, 2008).

9 En la misma dirección, Fausto-Sterling (2006), autora que ha trabajado con profundidad esta temática, sostiene que la definición del sexo en un ser humano depende de distintos niveles de desarrollo sexual y es por este motivo que no es posible determinar el sexo de un sujeto mediante una prueba genética simple.

10 El espacio peridoméstico es aquel que circunda la vivienda o puesto y que funciona junto a este de manera integrada y complementaria (Dillon, Cossio y García, 2003).

11 Principalmente de Asia y África pero también de regiones áridas y semiáridas de Argentina, México, Brasil, Honduras y Perú.

12 La costa del río es una categoría nativa que recuperamos y que es utilizada por los/as informantes para referir al lugar en donde viven.

13 La tenencia de la tierra a escala local es un tema complejo puesto que en su mayoría se trata de casos definidos como “irregulares” o “problemáticos” por la legislación civil. En adición debemos remarcar que no constituye una situación exclusiva del área estudiada, sino común a otros grupos domésticos (agro)pastoriles de la provincia y del país (Liceaga, D´Amico y Martín, 2013; Zubrzycki, Maffia y Pastorino, 2003).

14 Esto remite a una serie de conflictos territoriales que suceden hace varios años, producto de procesos de cerramiento de los campos. El avance de los alambrados deriva en la reducción de los espacios de pastoreo para los/as puesteros/as y en la demanda de mayor control de los animales, pues cuando los rumiantes cruzan los alambrados no son devueltos a sus propietarios/as originales.

15 Cabe aclarar que esta afirmación es una generalización, dado que algunos puestos tienen un número reducido de animales que permite la atención de la parición por una sola persona. Asimismo una característica de la modalidad de producción, es ajustar la cantidad de animales a la disponibilidad de trabajo, práctica necesaria ante la migración y presencia de trabajos extraprediales en las generaciones jóvenes.

16 En esta zona de puestos los y las informantes suelen hablar de trabajo de campo para referir a la ganadería y a trabajo agrícola para referir a la finca.

17 Es cierto que los márgenes de elección no son muy amplios y esto determina un abanico de posibilidades en la toma de decisiones muy restringido.

 

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RECIBIDO: 07-02-2020
ACEPTADO: 28-03-2020