Histórica-mente. Claves para pensar (y contar) otras versiones del pasado. Reseña elaborada por Ivana C. Guardia. Educación, Lenguaje y Sociedad EISSN 2545-7667 Vol. XXV Nº 25 (Diciembre 2025) pp. 1-3.
DOI: http://dx.doi.org/10.19137/els-2025-252509

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional
RESEÑAS
Mario Carretero Histórica-mente. Claves para pensar (y contar) otras versiones del pasado. Siglo XXI Editores. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2024, Páginas 256.
ISBN-13: 978-987-801-315-2
Mario Carretero presenta Histórica-mente, un libro que tiene la particularidad de dirigirse no solo a los docentes de Historia, sino también a aquellos que transmiten este conocimiento en espacios informales, a través de diálogos que, como él señala, exploran los ecos que el pasado deja en nuestras mentes. La obra se organiza en seis capítulos que profundizan en los diversos aspectos de la enseñanza de la Historia.
En el primer capítulo, “El asombro y el conflicto llegan al pasado”, analiza los antagonismos que atraviesan la forma en que abordamos el pasado y sus consecuencias para los y las estudiantes, así como para las sociedades actuales. Distingue entre historia académica, escolar y popular, más advierte que la historia escolar -marcada por narrativas maestras y por la construcción de una idea de nación- tiende más al adoctrinamiento que a una educación crítica. Frente a esto, propone revisar esas narrativas dominantes y reflexiona sobre cómo el marco temporal condiciona nuestra lectura del pasado. Es llamativo cómo vivencias personales llevan a Carretero a pensar en cómo ciertos ecos del pasado se amplifican y cobran relevancia, mientras que otros son bloqueados o silenciados.
A partir de estas tensiones iniciales, en el segundo capítulo, “¿Para qué se enseña historia? Del amor a la patria a pensar históricamente”, hace hincapié en dos preguntas fundamentales: para qué se enseña historia y cuáles son sus objetivos. Plantea que la enseñanza escolar se ha convertido en una “guerra cultural” y subraya la importancia de incorporar múltiples voces al discurso histórico, así como de analizar los mecanismos mediante los cuales se construye y legitima ese conocimiento.
En el tercer capítulo, “La comprensión de las narrativas maestras en la escuela: del mito al logos”, el autor desarrolla el concepto de narrativa maestra y explica cómo ciertos relatos basados en mitos de origen estructuran nuestro pensamiento sobre la historia y la identidad. Propone que las escuelas trabajen con las dos formas de pensamiento planteadas por Jerome Bruner -el narrativo y el lógico- para tomar distancia crítica de las narrativas oficiales y construir una visión más amplia que incluya procesos comunes y similitudes entre distintos contextos históricos. Para ello, el autor sugiere una elaboración teórica más profunda y, como señala, “una buena dosis de abstracción” (p. 113).
En la misma línea de reflexión, el cuarto capítulo, “¿Colón descubrió América? Representaciones de la colonización”, aborda la necesidad de revisar críticamente las representaciones tradicionales sobre la colonización. Más que enfocarse en cómo ocurrió, Carretero propone interrogar qué significó realmente ese proceso. Sostiene que enseñar historia debe promover el diálogo como asimismo una mirada multiperspectiva y reflexiva, que estimule la actividad mental de los estudiantes.
En el quinto capítulo, “Mapas y territorios en la enseñanza de la historia”, sugiere trabajar la enseñanza de la historia a partir del uso de mapas y representaciones territoriales. Sostiene que los conceptos de nación y frontera permiten cuestionar las narrativas maestras presentes en el aula, y propone abordarlos desde una doble perspectiva: simbólica y física. Afirma que es fundamental considerar las transformaciones históricas de los territorios como una clave para el desarrollo del pensamiento histórico en los ciudadanos.
Finalmente, en el último capítulo, “Conclusiones (y algunas sugerencias para la educación)”, Carretero presenta una serie de indicaciones didácticas. Invita a ir más allá de los relatos episódicos y rutinarios, apostando por una enseñanza crítica, contextualizada, comprometida y capaz de despertar la curiosidad por los procesos históricos, sus conflictos y estructuras sociales.
En síntesis, el enfoque que propone Histórica-mente resulta claro y consistente. Es una obra provocadora y necesaria que invita a repensar la enseñanza de la historia desde una mirada crítica, reflexiva y plural. Asimismo, invita a generar espacios de reflexión sobre cómo los ecos del pasado se construyen en nuestras mentes y se trasmiten tanto en espacios formales como informales. Sin embargo, subyacen algunas variables que merecen ser consideradas si queremos pensar en otros destinatarios posibles para estas ideas. El autor pone el acento en los contenidos curriculares y en los discursos oficiales, deja en un segundo plano las prácticas pedagógicas cotidianas, es decir, cómo los y las docentes interpretan, adaptan o incluso resisten esos contenidos en su labor diaria. En este sentido, y por lo menos en el contexto argentino, sus propuestas enfrentan obstáculos concretos. Uno de ellos es la persistencia de manuales escolares centrados en figuras heroicas, que siguen siendo, en muchos casos, el único recurso disponible.
Considero que sería pertinente ampliar la reflexión sobre la enseñanza de las Ciencias Sociales y la Historia hacia los primeros niveles de la escolaridad. Concebir estas disciplinas como un campo interdisciplinario desde las primeras etapas educativas podría no solo enriquecer la propuesta de Carretero sino también favorecer el desarrollo de un pensamiento histórico crítico desde edades tempranas.
Ivana Celeste Guardia
Facultad de Ciencias Humanas
Universidad Nacional de La Pampa
Argentina