DOI https://doi.org/10.19137/cuadex-2023-07-0207


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DOSSIER

Cartografías colaborativas y patrimonio cultural: prácticas extensionistas y audioguía en el Centro Cultural Universitario “Paco Urondo” (FILO-UBA)

Collaborative cartographies and cultural heritage: extension practices and audio guide at the Cultural Center “Paco Urondo” (FILO-UBA)

Cartografias colaborativas e patrimônio cultural: práticas de extensão e audioguia no Centro Cultural “Paco Urondo” (FILO-UBA)

María Laura González

Departamento de Artes, Instituto de Historia del Arte Argentino y Latinoamericano (IHAAL), Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires

malalagonzalez22@gmail.com

ORCID: https://orcid.org/0009-0009-3342-7039

Nicolás Lisoni

Instituto de Historia del Arte Argentino y Latinoamericano (IHAAL), Instituto de Artes del Espectáculo (IAE), Centro Cultural Universitario “Paco Urondo”, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires

lisoni.nicolas@gmail.com

ORCID: https://orcid.org/0009-0001-6889-7382

Resumen: Convocadas y convocados a reflexionar en torno a posibles puentes entre prácticas extensionistas y modos de preservación del patrimonio cultural, en este trabajo nos proponemos recuperar y analizar una experiencia realizada dentro del Centro Cultural Universitario “Paco Urondo” –dependiente de la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad de Buenos Aires– a partir de un seminario de Prácticas Socioeducativas Territorializadas (PST) que dictamos durante el bimestre de verano de 2022. Como un ejemplo integral entre docencia, extensión e investigación, este seminario nos permitió desplegar cartografías colaborativas sobre el patrimonio cultural del espacio elegido, así como de su entorno urbano circundante. Ello posibilitó –como producto final de cursada– un material que consistió en una audioguía para viajar en subte y conectar dos sedes de la Facultad. Sostenemos que allí lo patrimonial se volvió herramienta-saber para el fortalecimiento de identidades compartidas al interior de la comunidad educativa, pero también una invitación próspera para mirar la ciudad y (re)conocerla desde otras perspectivas.

Palabras clave: arte-ciudad; patrimonio cultural urbano; extensión universitaria; audioguía; deriva.

 

Abstract: Summoned to reflect on possible bridges between extension practices and ways of preserving cultural heritage, in this work we propose to rescue and analyze an experience carried out within the Cultural Academic Centre "Paco Urondo" - dependent on the Faculty of Philosophy and Letters of the University of Buenos Aires - based on a seminar on Territorialized Socio-educational Practices (PST) that we carried out during the summer bimester 2022. As an integral example between teaching, extension and research, this seminar allowed us to implement collaborative cartographies on the heritage of the chosen space, based on its urban environment; Delivering as a final product of the course a material that consisted of an audio guide to travel by metro, linking two campuses of the faculty. We maintain that the patrimonial has become a knowledge-tool for the reinforcement of shared identities, not only from the educational community, but also, a prosperous invitation to look for the city and (re)know it from other perspectives.

Keywords: art- city; urban cultural heritage; university extension; audio guide; drift.

Resumo: Convocadas e convocados a refletir sobre possíveis pontes entre práticas de extensão e modos de preservação do patrimônio cultural, neste trabalho nos propomos resgatar e analisar uma experiência realizada dentro do Centro Cultural Universitário "Paco Urondo" - dependente da Faculdade de Filosofia e Letras da Universidade de Buenos Aires- com base em um seminário sobre Práticas Socioeducativas Territorializadas (PST) que realizamos durante o bimestre de verão de 2022. Como exemplo integral entre ensino, extensão e pesquisa, este seminário nos permitiu implantar cartografias colaborativas sobre o patrimônio do espaço escolhido, a partir de seu entorno urbano; entregando como produto final do curso um material que consistia em um guia de áudio para viajar de metrô, ligando dois campi da faculdade. Sustentamos que aí o patrimonial se tornou um saber-ferramenta para o reforço de identidades partilhadas no seio da comunidade educativa, mas também, um próspero convite a olhar para a cidade e (re)conhecê-la a partir de outras perspetivas.

Palavras-chave: arte-cidade; patrimônio cultural urbano; extensão universitária; guia de áudio; drift.

Fecha de recepción: 30- 05- 2023 / Fecha de aceptación: 27- 09 -2023

A modo de introducción

Convocadas y convocados a reflexionar en torno a posibles puentes entre prácticas extensionistas y modos de preservación del patrimonio cultural, en el siguiente trabajo nos proponemos recuperar y estudiar una experiencia realizada dentro del Centro Cultural Universitario de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Tal experiencia surgió a partir de un seminario de Prácticas Socioeducativas Territorializadas (PST) que dictamos durante el bimestre de verano 2022, y que denominamos “Arte y ciudad: Cartografías colaborativas para el Centro Cultural Paco Urondo y su entorno urbano”[1].

Entendemos que lo anterior nos permite reflexionar sobre un ejemplo concreto en el que lo patrimonial se volvió herramienta-saber para el fortalecimiento de identidades compartidas al interior de la comunidad educativa y resulta, con ello, un modo constituyente de habitar la ciudad cotidiana desde otras perspectivas. En ese (re)conocer al espacio cultural propio de la ciudad se pudieron generar otros conocimientos y miradas sobre lo urbano, otras perspectivas sobre los recorridos diarios, otras maneras de visibilizar disputas sociales y territorios en conflicto, pero también otros modos de acceder a la ciudad y sentirnos parte de ella. En este sentido, coincidimos con la nueva geografía cultural que propone atender al paisaje urbano desde lo simbólico –donde significado, identidad, territorio y agencia humana son sus aspectos centrales– que reconocen la importancia fundamental del pasado urbano para el entendimiento del presente, y que, al mismo tiempo, lo concibe como un proceso en continua reconstrucción (Contreras Delgado, 2006).

De esta manera, mediante la hipótesis de que (re)conociendo el patrimonio cultural artístico-urbano y generando pertenencia sobre él, es que se logra cuidarlo, rescatarlo y preservarlo; así retomaremos la experiencia para estudiarla desde diferentes aristas analíticas[2]. La primera atiende a la cuestión de la extensión universitaria, como contexto en el que tuvo lugar dicho seminario. Para ello, abordaremos algunas problemáticas puntuales provistas, incluso, por la institución vinculada: el propio Centro Cultural. La segunda se ubica en torno al acervo patrimonial situado, y posibilita el análisis de la metodología, actividades y prácticas propuestas que dieron origen y desarrollo al seminario. En este punto resaltaremos el objetivo central de visibilizar esa porción de Buenos Aires y de generar sobre ella cartografías colaborativas posibles que fueran capaces de poner en valor el patrimonio cultural, no solo del edificio histórico en donde funciona el Centro Cultural –25 de Mayo 221, a dos cuadras de la Plaza de Mayo– sino también del entorno urbano en el que se encuentra ubicado el Casco Histórico-Microcentro. Y, finalmente, una tercera arista se establece a partir del “producto final” surgido como resultante del seminario, en tanto realización concreta que supo aunar y reflejar de manera integral los contenidos, las experiencias y el aprendizaje colaborativo desarrollado durante toda la cursada. Es aquí donde aparece delineada una figura destinataria clave de las prácticas acaecidas por este seminario PST: la propia comunidad de Filosofía y Letras, que fue especialmente invitada a visitar este lugar bajo estudio, estableciendo un vínculo con la otra sede de la facultad, ubicada en Puan 480. Es decir, poder revalorizar este espacio significó, principalmente, afianzar el diálogo con la comunidad interna de la facultad mediante una audioguía que –como veremos más adelante– supone el acompañamiento durante el viaje/traslado de un sitio a otro.  

La extensión como práctica de saber

Desde hace casi una década, la Secretaría de Extensión Universitaria y Bienestar Estudiantil de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) ha trabajado profusamente en promover las Prácticas Socioeducativas Territorializadas (en adelante, PST) dentro de nuestra facultad. Hoy, al tomar forma de “Programa”, este objetivo perseguido se ha vuelto un deseo concretado y en expansión que da lugar y visibiliza la importancia que tienen estas prácticas dentro de la currícula universitaria, que defiende fervientemente la Extensión como dimensión formativa (Faierman y Petz, 2021). Así, en actualidad, estas PST se desarrollan a partir de la modalidad de seminarios de grado, incluso de Extensión. Coincidimos con que los aprendizajes y enseñanzas que se generan en dichos marcos implican una interrelación del estudiantado con una situación que les plantea problemas que deben ser resueltos, en lo que se otorga una central importancia a la relación establecida entre acción-reflexión por incorporar el carácter conflictivo de lo social –que recupera los procesos sociales e históricos– no solo de las personas comprometidas, sino también del propio contexto en el que tienen lugar estas prácticas (Sinisi, 2012, p. 5 en Faierman y Petz, 2021). En este sentido, y como se aclara en la página web de la facultad[3], este tipo de seminarios –obligatorio al menos una cursada dentro de todas las carreras– apuntan a constituir una modalidad institucional que sea capaz de curricularizar experiencias de formación y de producción de saber generado desde la “demanda social”. Es decir, se trata de espacios en los que se integran las funciones de la universidad en ámbitos de aprendizaje situado, y en los que la especificidad de las prácticas interpela no solo a quienes participan en su desarrollo, sino también a los modos hegemónicos de construcción de conocimiento.

Como docentes a cargo del seminario, teníamos el compromiso y la responsabilidad de promover un espacio de formación educativa que fuera capaz de fortalecer los lazos con nuestra comunidad educativa y con la sociedad en general, aspirando a una transformación social y colaborativa de la propia realidad circundante. Así, contextualizar las prácticas educacionales y conocer-reconocer nuestros entornos culturales para poder apropiarnos de ellos fue clave para pensar el seminario. La extensión forjada como un espacio de construcción de otros modos de concebir el saber de manera colectiva, como una práctica social, integral e integradora de las otras dos instancias, la docencia y la investigación (Menéndez, 2013; Závaro Pérez, 2021), entretejiendo temas que veníamos trabajando desde hace tiempo[4].

Ahora bien, al tratarse de una PST, el seminario evocado tomó como institución vinculante al Centro Cultural Universitario “Paco Urondo” (CCUPU), dependiente de la Facultad. Como mencionamos, la sede donde se encuentra está emplazada dentro del Microcentro porteño, en un edificio histórico en la esquina que interceptan las calles 25 de Mayo y Tte. Gral. J. D. Perón. Un edificio que se construyó en 1905 como el hotel más lujoso de Buenos Aires, el “Grand Palace Hotel”, y cuyas memorias nos retrotraen al Centenario Nacional[5]. Es decir, el Centro Cultural es vecino de la emblemática Plaza de Mayo y sus alrededores (Casa Rosada, Museo del Cabildo, Legislatura porteña, Catedral Metropolitana); la Manzana de las Luces; el Centro Cultural Kirchner; el Archivo General de la Nación; de varios bares notables; entre tantísimos otros espacios muy simbólicos del poder político-cultural. También está cercano a la peatonal Florida –donde funcionó el Instituto Di Tella en los 60 o donde tuvieron lugar las performances de La Organización Negra en los 80–; o cerca de lo que antiguamente fuera el Teatro Coliseo Provisional o el primer edificio del Teatro Colón durante el siglo XIX; como así también próximo al territorio del Siluetazo del 83, al esplendor de aquella peatonal Lavalle y sus cines durante varias décadas, por mencionar solo relatos latentes artísticos tangibles o inmateriales dentro de su entorno urbano, colmado de memorias posibles de y sobre esta ciudad.

A partir de ello y observando el funcionamiento, organización y gestión institucional del Centro Cultural apareció una demanda específica respecto de esta geolocalización, a la que considerábamos plausible de ser estudiada y articulada durante el seminario. Para ello nos propusimos trabajar con el Centro Cultural desde una perspectiva doble sobre lo patrimonial urbano –en diálogo con lo artístico y cultural–: por un lado, trabajamos su puesta en valor del propio territorio/edificio/acervo cultural/archivo (hacia adentro); y por otro, con la generación de un intercambio directo con su espacio público circundante (hacia afuera). Esto derivó en considerarlo cartográficamente como nuestro punto de partida, un “Kilómetro 0”, para desde allí articular y revitalizar su propio patrimonio y desprender posibles propuestas colaborativas de recorridos y “mapeos” (Risler, 2013) que recuperaran o activaran parte de la memoria inmaterial que subyacía (y subyace) latente en esa esquina y alrededores de la ciudad.

Asimismo, como el programa del seminario también se planificó en torno a la Gestión y Políticas Culturales, consideramos puntualmente atender posibles necesidades de gestión del patrimonio cultural en un cruce directo. En otras palabras, ¿qué políticas de gestión podían favorecer, colaborar, fortalecer la memoria urbana de ese espacio en y a partir del diálogo con su territorio urbano, material e inmaterial? Y, en ese sentido, ver si las prácticas de derivas, los mapeos, los recorridos por planificar, podían volverse instrumentos/herramientas/metodologías para colaborar en la valoración cultural de dicho recinto.

Así, en materia de Extensión observamos que el Centro Cultural Universitario viene construyendo y planificando una programación muy activa en permanente diálogo con la comunidad. Por un lado, observamos la propia comunidad nutrida de propuestas directamente ligadas a producciones de la Facultad; por otro lado, aquella vinculada al campo cultural/académico, en un sentido más amplio, en diálogo con otras instituciones públicas y privadas: universidades, ministerios, asociaciones etc. y con grupos de artistas fundamentalmente de la escena independiente. Estas propuestas suelen pivotear sobre 4 ejes: 1) académico (alberga jornadas, congresos, workshops entre otros, mayormente ligados a las disciplinas de la propia facultad), 2) artístico (posibilita exposiciones, performances, conciertos de música, espectáculos de danza, que en los últimos diez años han trabajado sobre un corte ligado a la identidad, a la construcción, a la consolidación y disputa sobre los derechos culturales e identitarios) 3) artístico- académico (genera producciones en articulación; por ejemplo, conferencias performáticas, exposiciones de proyectos de investigación sobre otros soportes etc., que si bien pueden ser tomadas como estrategias de divulgación científica, en realidad son otras formas de conocimiento sobre el objeto) y 4) formación (entabla fuertemente una relación entre la gestión cultural y la dramaturgia, a partir de diplomaturas, talleres, seminarios ofrecidos, en constante expansión, consolidación y reconocimiento dentro del campo cultural).

De esta manera, su lógica de producción de programación ya define dos grandes públicos con los cuales trabajar a partir de estrategias distintas: el primero es el propio mundo “universitario”, aquel público que habita el mundo académico (estudiantes, investigadores e investigadoras, docentes y participantes de jornadas, congresos etc.); y el segundo, que caracterizamos como “comunidad en general” que se acerca y visita el Centro Cultural fundamentalmente por su propio interés, el cual está ligado a las producciones artísticas y de formación ofrecidas. Esto hace que los tiempos de visita resulten diferentes entre sí, puesto que no es lo mismo visitar una muestra, programarla por algunos pocos meses, que ofrecer la currícula de una cursada de, por lo menos, tres cuatrimestres. En definitiva, el espacio dialoga con públicos distintos mediante estrategias y modos de acercamiento que dependen puntualmente de cada una de las actividades o eventos programados.  

Teniendo en cuenta este territorio, y partiendo de elementos analíticos interdisciplinares pertenecientes a la semiótica teatral, los estudios sobre performances e intervenciones urbanas, la sociología y antropología urbana, el arte público, los estudios culturales sobre memoria urbana y patrimonio, la historia de Buenos Aires y la gestión cultural, ideamos herramientas teórico-prácticas que nos permitieron mirar hacia el área en la que se geolocaliza el Centro Cultural –en torno a imágenes construidas y por construir– desde un gesto arqueológico dialéctico que pudiera descubrir y descubrirse mediante una interpelación sensible de lo urbano.

Por qué hablamos de patrimonio y entorno urbano

En la actualidad hablar de patrimonio nos coloca frente a un panorama asociado al hacer. Lejos de considerarse algo estático o embalsamado, hoy se lo piensa como algo dinámico y vivo que invita a indagar sobre su (re)definición. Al implicar reconocimiento y preservación de determinados bienes simbólicos, su ecuación es inherentemente temporal: el pasado se vuelve presente en ese “bien” y el futuro también, al pensarlo en términos de conservación y conocimiento para las próximas generaciones.

Al mismo tiempo, es un concepto que devela una disputa social por el consumo/apropiación sobre aquello considerado “patrimonial”, señalando el vínculo con la comunidad y una pregunta fundamental del “¿para quién?”. Porque si lo patrimonial integra identidad que nos define, valoración y protección –partiendo siempre de una comunidad que lo reconoce como tal– en ese cruce temporal que estable entre el pasado de ese bien y el presente de quienes lo cuidan, lo reconocen, lo valoran. Entonces, ¿cómo se lo selecciona, legitima y a quiénes representa como operación de poder (García Canclini, 1999)? En este sentido, vale mencionar que la cuestión se complejiza aún más al abordar lo patrimonial cuando su condición responde a lo inmaterial. Al respecto, la Convención de la UNESCO de 2003 establece en su artículo n° 2 –en torno a las definiciones– que el Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) compete a: “los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas –junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes– que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural” (AAVV, 2003). Es decir, los instrumentos, objetos, productos artesanales y espacios relacionados con las expresiones y usos culturales están incluidos en esta definición. Conocer la historia de los espacios, conocer el patrimonio cultural que en ellos habitó y habita de manera latente es parte de ese reconocimiento en torno al quehacer del lugar, de sus tradiciones, sus intereses, sus bienes simbólicos.

Como decíamos anteriormente, el Centro Cultural se ubica en un edificio histórico, declarado “edificio protegido” por la historia que acuña. Es decir, materialmente conservamos su arquitectura original, pero también y yuxtapuestos allí habitan inmaterialmente todos esos otros relatos que dan cuenta de su propia historia: ser Grand Palace Hotel del Centenario patrio de 1910 muy emblemático para la época; o como Banco Nacional; con salas (habitaciones), cinco pisos, una cúpula y subsuelos con enigmáticos pasadizos… hasta llegar a lo que vino después como institución educativa y cultural de la facultad –con sus institutos y bibliotecas especializadas, el laboratorio de idiomas, y el Centro Cultural propiamente dicho con exposiciones de arte visual, performances, conciertos musicales, entre otras prácticas más efímeras–. Es decir, sobre ese edificio descansan, reposan muchos usos y costumbres que dan cuenta diacrónicamente de la historia cultural de la ciudad. Pero ¿cómo despertar esas memorias? ¿Cómo interpelar la mirada a partir de relatos sobre acontecimientos pasados dentro de ese edificio y entorno urbano? Porque, justamente, esto era uno de los objetivos planificados por el seminario: “analizar aspectos de la ciudad y en particular aquellos propios del territorio del CCUPU como escenario de cruces/convergencias/yuxtaposiciones entre lo artístico y lo urbano, entre lo material y lo intangible, asumiendo una relación directa, un rol activo con dicho sector para llevar adelante las actividades colaborativas propuestas” (del Programa del seminario).

De acuerdo con Siegfried Kracauer (1964 en Vedda, 2008), para provocar y despertar una nueva mirada que sea capaz de volver desconocido lo conocido, y donde el paisaje urbano sea entendido como un jeroglífico a través del cual descifrar el pasado y el presente de una sociedad, hay que observar las fachadas: “textos cuya lectura permite que los propios edificios narren la historia en ellos sedimentada” (Vedda, 2008, p. 87). Partir de esa cara material estable de la urbe –provista también por letreros, carteles, insignias constructoras, placas, o bien, por los nombres de calles, de instituciones y de plazas, y hasta de monumentos– para atravesarla, en tanto mirilla semántica de memoria y sentidos sociales sedimentados, y dar lugar a otros tiempos, otros textos, otros sentidos que en ese cruce perceptual también puedan operar. Porque si es sobre lo material donde se sedimenta, pero también donde se (re)configura la ciudad contemporánea, se tratará de ver a partir de ahí (de lo que está) para ir hacia aquello inmaterial que lo rodea, lo cohabita y también lo reconfigura.

Asimismo, la concepción de una mirada dialéctica benjaminiana sobre lo urbano resulta muy útil, por ser aquella que oscila entre el presente de nuestros circuitos diarios, y se establece y se reinventa en prácticas artísticas que la problematizan al irrumpir, reformular o transformar relatos latentes en el espacio público. Entonces, fue así como nos propusimos reflexionar sobre los nuevos usos y prácticas de memoria urbana que permitieran plantear otros modos de acceder, conocer y, por tanto, de percibir la ciudad. Acercarnos a los modos en cómo miramos y cómo construimos y alimentamos identidades dentro del espacio público actual, poniendo el foco del análisis en prácticas o acontecimientos artísticos efímeros que –habiéndose posado en una relación conflictiva con esos modos institucionalizados de memoria y de pertenencia que en el territorio bajo estudio– propusieran fracturas o grietas en los sentidos lexicalizados, para volver a mirar la ciudad.

Para ello, planificamos dos recorridos específicos: uno, por salas teatrales que ya no estuvieran y, otro, por acciones performáticas que hubieran intervenido artísticamente el entorno urbano del Centro Cultural en diferentes épocas. Tal como “derivas”, estos paseos tuvieron el desafío manifiesto de ir al encuentro de aquello que queda o que pudo haber sido, de sus huellas posibles. Poder capturar parte de lo acontecido a partir de relatos, textos, imágenes o documentos, que lograran repensarlo en diálogo con ese paisaje patrimonial y cultural actual y así indagar acerca de otras cartografías posibles, mediante otros mapeos sobre lo urbano intangible. Poder recorrer la ciudad fue parte de una práctica de memoria urbana capaz de interpelar(nos) nuestro habitar desde una dimensión estética, poniéndole el cuerpo como urbanitas, pero también como personas espectadoras o hasta flâneurs. Invitamos así a abordar el paisaje urbano desde una historia cultural de la ciudad expandida, focalizando en otras producciones sociales de lo urbano con marcadas implicancias estético-políticas y que plantearan otras formas de resolver contemporáneamente la tríada memoria-pasado-recuerdo.

En este sentido, entendemos por “deriva” el desplazarnos a través de distintos ambientes de un espacio (una ciudad, un barrio) para dejarnos guiar por sus afectos, como diría Andrea Giunta (2014). Repensar la vinculación de la ciudad como escenario –desde una práctica de memoria actual– propone caminarla apelando a una participación más activa como transeúntes. Se trata de propuestas que se acercan a la experiencia y contemplación individual de lo urbano, subrayando lo subjetivo/perceptivo en primera persona. Deambular por la ciudad cual flâneurs (Buchenhorst, 2008), cuyo rumbo –no tan preciso– pueda alternarse con algunas paradas en lugares específicos con los cuales entrar en diálogo. Un mirar con otros ojos –menos abatidos, menos acostumbrados– para dejarnos sorprender por los secretos que guardan las paredes, dejándonos llevar a la deriva, como condición. Así, el comportamiento se vuelve vehiculizador para lograr encontrarnos con aquello que está(ba) allí y que, sin saberlo, íbamos a su encuentro. De esta manera, las “derivas” (en términos de Guy Debord), en tanto prácticas del hacer urbano, también son parte del errar en la ciudad para descubrirla como una red narrativa de experiencias y de vida.

Entonces, al articular esta posibilidad de indagar en torno de la historia cultural de la ciudad en ese territorio, que incluye la historia del Centro Cultural a partir de relatos latentes, nos preguntamos acerca de qué aspectos hallados dentro del entorno urbano podían resultar sugerentes para poner en valor. Pero también, ¿cómo podemos relacionarlos entre sí y con la actividad del Centro Cultural? Así realizamos dos derivas iniciales –coordinadas por la docente titular– que consistieron en:

•Deriva 1: Patrimonio teatral y cinematográfico (espacios de ayer). Recorriendo Teatro La Ranchería-Teatro de La Victoria- Teatro Del Buen Orden-De la Federación-Colón Antiguo- Coliseo Provisional-Casino- Colliseum-Electric Palace- Ambassador-Gran Rex-Ópera-Luna Park.

•Deriva 2: Arte público efímero entre los festejos y la resistencia (performances y acciones artísticas teatrales en las calles y plazas de la zona). Acciones del Di Tella- Intervención de Plaza Roberto Arlt por el CAYC- performances de La Organización Negra- El Siluetazo en Plaza de Mayo- Mayo. Los sonidos de la plaza por la Buenos Aires Sonora, en Plaza de Mayo- Mapping sobre el Cabildo para los festejos del Bicentenario Nacional-Festival Espacios revelados por diferentes edificios del Microcentro-Desfile artístico histórico de Fuerza Bruta para la clausura de los festejos del Bicentenario Nacional- aniversario de la Reforma universitaria, performances realizada por la Compañía de Funciones Patrióticas-Invasión y Antimonumento a Julio A. Roca, dos intervenciones urbanas del Grupo de Arte Callejero (GAC).

Cada uno de estos detenimientos dentro de los dos recorridos propuestos ponían en valor diversos aspectos, edificios, sucesos, prácticas que habían ocurrido muy cerca del Centro Cultural (tomando fragmentos de textos de Liut, 2009; Fragasso, 2011; González, 2021, 2019, 2016; Vázquez, 2020; Roca, 2021; Llanes, 1968; Longoni-Bruzzone, 2008).

Finalmente, durante la cursada llegó un tercer recorrido que consistió en encontrarnos en el edificio de la Facultad, ubicado en Puan 480, para salir en grupo y trasladarnos en subte hasta el Centro Cultural. De esta observación resultante surgió el producto final de cursada, y sobre el que trabajamos colaborativamente durante el último tramo del seminario.

El material final del seminario: una audioguía, un puente para llegar al “Urondo”

El programa del seminario ya preanunciaba como posibilidad la sugerencia de realizar una audioguía como “producto final” de cursada. En la planificación, se anticipaba que en la etapa 3 se realizaría una “Puesta en práctica: Cartografiar y mapear el territorio aledaño al CCU Paco Urondo elaborando y proponiendo el diseño de nuevos y diversos materiales –recorridos/derivas/audioguías para realizarse a pie, en bicicleta– que parte de la institución vinculada (como Kilómetro 0) o recorriéndola al interior de sí misma”.

Esta etapa planteaba atender a una figura destinataria clave de la acción: “los y las estudiantes de FILO” al llevar adelante la idea de “generar un recorrido ‘subterráneo’ entre Puan y Pza. De Mayo” (extraído del programa del seminario). Así, focalizando sobre ello, fue en un tercio de cursada que trabajamos sobre la “audioguía”, la cual consistió en producir un audio para acompañar a la gente desde Puan hasta el edificio del Centro Cultural, durante todo el viaje en subterráneo. Considerábamos que el traslado “en subte” era más conveniente, rápido y directo para ir de un lugar a otro, y nuestro objetivo era lograr justamente eso, que lo visibilizaran como destino posible después de alguna clase, que lo visitaran, que lo conocieran –quienes aún no lo conocían– o que volvieran –quienes sí– porque recalcábamos su cercanía y el interés en lograr que fueran. Es decir, quisimos fomentar en la comunidad de la Facultad, “de Filo”, ese intercambio intrainstitucional. Concientizar que ese espacio nos pertenece y que está colmado de actividades culturales, junto con un gran acervo de bibliotecas e institutos, con una agenda muy activa y, además, rodeado y vecino de muchos lugares de interés. Porque, luego de haber observado y estudiado su entorno urbano, quisimos poner en valor todo aquello, incluso su propia historia. Entonces, paradójicamente, el “Kilómetro 0” –del cual partimos durante la cursada: el Centro Cultural– se convirtió en nuestro “punto de llegada” para el audio en cuestión[6].  

Nos encontramos en la puerta de Puan para viajar conjuntamente en subte por la Línea A (sentido a Plaza de Mayo). Al bajar en cada una de las diferentes estaciones relevamos y fotografiamos todo lo que allí había o nos llamara la atención: desde intervenciones urbanas de arte público (murales, fotografías, muestras temporales, entre otros), hasta los propios nombres de cada estación, o bien relevando los barrios y lugares por donde el subte pasaba o tenía “arriba” en cada parte del recorrido. Lo cronometramos desde el punto de partida (Puan) al punto de llegada (Urondo). Luego, entre docente y estudiantes recopilamos la información, involucrándonos en esta acción colaborativamente; mapeamos preguntándonos qué queríamos resaltar de aquello, qué seleccionar de la ciudad, garantizando que el relato construido fuera fruto de lo grupal. Es decir, que en ese relato colectivo pudieran aparecer reflejadas las diversas miradas sobre el patrimonio urbano que el seminario nos había despertado. Al poner en valor lo estudiado y experimentado durante las derivas, estábamos generando una accesibilidad sobre el patrimonio relevado. Todas las voces de quienes participaron del seminario lograron aparecer en el audio y se reunieron junto a un trabajo de edición sonora impecable, a cargo de dos estudiantes.

Al reunir múltiples rasgos urbanos, sociales, memoriales, sensoriales, culturales –porque allí se salvaguardan aspectos arquitectónicos, nombres, memorias de la ciudad, se activan relatos de la historia cultural de la ciudad, se generan imágenes dialécticas, benjaminianas–  se yuxtaponen varias temporalidades: la del propio viaje (el presente de ese viaje) y la de los tiempos de los relatos continuados (propios del cuento, mercado, plazas, arquitecturas, sociabilidad, hitos, símbolos barriales, de otros momentos). En definitiva, se activa la memoria, porque se pone en práctica como ejercicio que es, a la vez, constituyente y constituido a partir de esa acción. Una memoria en acción. Una memoria que acompaña, que devela nuevos sentidos sobre lo urbano, que focaliza sobre determinados aspectos para sacarlos del polvo del olvido o bien para (re)descubrir la ciudad. Y a modo de coda o bonus track, al final del audio incluimos un fragmento de una “mesa redonda” compartida por el grupo en la que discutimos, reflexionamos y planteamos qué nos motivó a hacer este material y qué ideas, esperábamos, despertar al escucharnos. De esta manera, quedó concretada la audioguía “Deriva Urondo”, un audio que, además del sonido para escuchar, incluía su texto para leerlo.

Así, el último día de cursada, con parlantes mediante, pusimos play a este producto final, para que todas las personas que trabajan en el Centro Cultural pudieran escucharlo con eco en el propio espacio.

Para el director del Centro Cultural[7], este material “Deriva-Urondo” tiene varios puntos a destacar: el primero, por lo virtuoso de una producción concreta por parte de estudiantes de la facultad de manera situada y en articulación con un proyecto académico y de extensión. El segundo, la posibilidad de focalizar en la distancia que separa al Centro Cultural de la sede Puan, donde se cursan las carreras. En relación con esto, dentro de la lógica de habitar la facultad (en la que el estudiantado cursa y las y los docentes dictan, y luego se van) siempre es un tema a trabajar porque muchas de las propuestas del Centro Cultural implican tener un tiempo extra, especial, muchas veces vinculado al ocio o a algo que no está en el terreno de lo “obligatorio para acreditar”. Entonces, las estrategias de vinculación entre ambas sedes, y sobre todo lograr trabajar sobre ese espacio “entre” –multiplicando las propuestas/experiencias– es muy necesario. Y, tercero, resaltar lo formidable que resulta cuando las y los estudiantes curricularizan la experiencia de aprendizaje desde otras lógicas que no son las del clásico Trabajo Práctico Final y, más aún, cuando el trabajo colaborativo y colectivo tiene una finalidad ligada a potenciar y fortalecer de cómo habitar el espacio universitario.         

Durante el año 2022 el audio fue subido a la página del Centro Cultural Universitario Paco Urondo[8], y se divulgó por todos los newsletters de la facultad como noticia académica. Esta estrategia de difusión otorgó gran divulgación al trabajo realizado, expandiéndose hacia todas las carreras de la facultad, quienes solo tuvieron palabras de apoyo y agradecimiento para con el proyecto realizado. Entonces, se volvió materia concreta aquella hipótesis de partida que planteaba que el cartografiar un lugar desde aspectos patrimoniales, puede rescatar memorias inmateriales y materiales y fortalecerlos dando a conocer otras miradas sobre la ciudad. A su vez, con la audioguía todo el estudiantado pudo acceder desde una sede a otra generando una pertenencia, cuidando lo que se conoce, llegando porque saben que allí “el Urondo” está. Ese despertar la concientización sobre el propio territorio universitario de la comunidad, otorgó cabal importancia hacia este tipo de trabajos, imaginando y habilitando así a pensar en otras posibles y futuras “audioguías” dentro de la institución, para articularse con otras de sus sedes.

De esta manera, el audio como “viaje mapeado colectivo” se volvió un legado de la cursada realizada que, en clave extensionista, se expandió hacia la propia facultad para ser escuchado por su comunidad o por quien quisiera. Pero también, al poner en valor memorias urbanas, relatos latentes y miradas sobre el arte dentro de la ciudad, supo ampliarse hacia su historia cultural, en clave patrimonial.

 

Conclusiones

Al inicio de este trabajo nos convocaba la reflexión del vínculo entre la extensión y lo patrimonial. Quisimos abordar una experiencia concreta de docencia realizada en el Centro Cultural de la Facultad en el marco de un seminario que puso su énfasis en trabajar sobre otras miradas hacia lo artístico-urbano. El material final de cursada que aquí recuperamos, justamente, pudo articularse a partir del vínculo entre esas dos grandes áreas vertebrales.

Al mismo tiempo, la metodología y actividades adoptadas durante el seminario, junto con la audioguía resultante, nos permitieron dar cuenta de cómo el trabajo de curricularización de la extensión resulta fundamental para seguir tendiendo puentes entre la facultad y la comunidad, no solo hacia fuera de ella, sino también hacia el interior de sí misma.

Además, y en consonancia con la nueva geografía cultural, creemos que el caso estudiado nos permitió observar que la puesta en práctica de aspectos patrimoniales, mediante cartografías posibles en entornos urbanos situados, puede colaborar en la generación de otros ejercicios de memoria urbana. Es decir, al abordar y desplegar otras miradas más sensibles, otras prácticas de saber que nos conecten y nos pongan en diálogo con ciudadanas y ciudadanos, y con el pasado compartido, así forjamos pertenencia e identidad colectivas para habitar la ciudad y la facultad cotidianas desde otras perspectivas. Y esto, tal como lo hemos analizado, se trata de una tarea continua y necesaria de sostener a largo plazo, para seguir trabajando en el reconocimiento del espacio cultural como propio de la comunidad universitaria, y como parte de esa zona de ciudad “histórica”.

Finalmente, nos resta decir satisfactoriamente que “Deriva Urondo” (la audioguía) ha sido fruto de un trabajo integral entre investigación, docencia y extensión –en clave patrimonial– en donde el hacer se volvió un saber construido entre todos y todas.

Referencias

AAVV (2003). Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial- UNESCO. https://ich.unesco.org/es/convenci%C3%B3n

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Material referenciado

Audioguía “Deriva Urondo”. Detalle completo en: http://novedades.filo.uba.ar/novedades/audiogu%C3%ADa-deriva-urondo

Notas

[1] Seminario que fuera dictado por María Laura González como docente titular a cargo /Profesora Adjunta designada REDEC-2021-2386-E-UBA-DCT#FFYL y por Nicolás Lisoni como docente del equipo colaborador. Seminario PST/ Gestión de Políticas culturales (64hs) para la Carrera de Artes- Departamento de Artes, Facultad de Filosofía y Letras, UBA-Período: Bimestre de verano 2022.

[2] Quienes escribimos este artículo retomamos dicha experiencia a la luz del Proyecto de investigación que compartimos: Filocyt (FC22-065) “Cartografías de lo inmaterial: destilar la inmutabilidad urbana desde lo efímero, performático y teatral”, radicado en el Instituto de Historia del Arte Argentino y Latinoamericano Luis Ordaz (IHAAL-FFyL-UBA), dirigido por María Laura González y co-dirigido por Malena La Rocca.  

[3] Nos referimos a: http://seube.filo.uba.ar/pr%C3%A1cticas-socioeducativas-territorializadas-0, donde se puede consultar acerca de la modalidad de enseñanza, los diferentes seminarios dictados desde el Programa, los productos finales y la normativa correspondiente.

[4] Nos referimos a temas concernientes a: arte y la ciudad, intervenciones urbanas, miradas sobre lo patrimonial y lo site-specific memoria urbana y patrimonio inmaterial, en tanto tópicos de investigación que dieron lugar al dictado de varios seminarios de grado; como también a investigaciones precedentes (una doctoral y otra posdoctoral, véase bibliografía: González, 2023, 2019, 2018, 2015, entre otros); y al proyecto de investigación Filocyt –en curso– mencionado en la Nota 2.

[5] Véase la página del Urondo sobre los estudios de Luis Beraza al respecto: http://novedades.filo.uba.ar/novedades/grand-palace-hotel-1905-2020-fragmentos-de-historias

[6] “Audio destinado a acompañarte durante el viaje en subte, desde Puan hasta el Centro Cultural de la facultad, de 35 minutos de duración cronometrados para llegar de puerta a puerta. Un recorte posible para entrarle a la ciudad y sus espacios transitados, un relato colectivo para despertar nuestras miradas sobre lo urbano cotidiano (y no tanto). Queremos que vengas al Urondo, ¡te estamos esperando!” (Extraído del detalle del material disponible en: http://novedades.filo.uba.ar/novedades/audiogu%C3%ADa-deriva-urondo).

[7] Nos referimos a Nicolás Lisoni, una de las dos personas que escriben este artículo.

[8] Véase la publicación en la “Agenda de Filo” del 16 de junio de 2022 en: http://novedades.filo.uba.ar/novedades/audiogu%C3%ADa-deriva-urondo