DOI: http://dx.doi.org/10.19137/circe-2023-270208


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RESEÑAS

Runia, D. T. Philo of Alexandria. Collected Studies 1997-2021.

Por Marta Alesso

ORCID: 0000-0002-0785-0978

[ IDEAE, UNLPam - alessomarta@gmail.com ]

Collected Studies 1997-2021 reúne veintiséis trabajos –artículos y capítulos– firmados por David Runia sobre la obra y el pensamiento de Filón de Alejandría, escritos a lo largo de un cuarto de siglo. Es una continuación de una colección anterior de estudios, Exegesis and Philosophy: Studies on Philo of Alexandria, publicado en 1990, que abarcó el período 1981-1989 y estaba relacionada con investigaciones atinentes a su tesis doctoral, defendida en Amsterdam, Philo of Alexandria and the Timaeus of Plato, que vio la luz en 1986. A partir de allí, el derrotero de sus investigaciones se orientó hacia la relación de Filón con la literatura cristiana primitiva, interés que eclosionó en Philo in Early Christian Literature. A Survey, de 1993. Artículos conexos a este tema dieron origen dos años más tarde a una segunda colección de estudios, Philo and the Church Fathers: a Collection of Papers, que comprende trabajos escritos entre 1989 y 1993. Lo cierto es que David Runia es hoy la figura más importante en el área de las interacciones entre la filosofía griega y pensamiento judeo-cristiano, con especial énfasis y objetivo permanente en la obra de Filón de Alejandría.

La ímproba empresa académica de dirigir –junto con Gregory E. Sterling The Studia Philonica Annual es uno de los aspectos más encomiables de su carrera. No se puede investigar sobre Filón sin frecuentar esta publicación periódica que llegó en 2023 a su número XXXV. Los Annual, además de artículos firmados por los eruditos más conspicuos sobre la materia, registra con periodicidad anual todo lo que se publica sobre Filón en el mundo occidental y periódicamente divulga los resúmenes de esos trabajos. La grata tarea de recopilar y comentar las publicaciones en lengua española y portuguesa me ha sido asignada hace tiempo por el mismo David Runia y la cumplo cada año con beneplácito.

En este libro con sus Collected Studies, el material no está organizado cronológicamente, sino dividido en cinco grandes apartados, precedidos por una Introducción del autor a modo de presentación general.

La primera parte consta de dos “Introductory Essays” (pp. 17-46) e ilumina un área muy amplia de asignaturas a las que contribuye el legado filónico, que Runia ilustra –de manera muy original– (p. 21) con el símbolo de una estrella de siete puntas: estudios clásicos, filosofía, discursos novotestamentarios, gnosticismo, patrística, judaísmo, historia antigua así como subdisciplinas más especializadas como codicología y armenología. Tal variedad de materias exige una amplitud de conocimientos y experiencia que rara vez se encuentra en un único erudito. Por otro lado, la propuesta pone en evidencia la necesidad y el valor de la investigación interdisciplinaria.

El segundo gran grupo de trabajos se organiza bajo el título “Philo and Ancient Philosophy” (pp. 47-203); una vez más, Runia plantea los problemas de manera muy inteligente. En primer lugar, afirma que Filón nunca ha pertenecido a lo que podríamos denominar el canon de los filósofos antiguos. Si el sabio judío en algún momento se pensó a sí mismo como un philósophos, no fue en el mismo sentido que un Antíoco de Ascalón

o un Eudoro o, como sería más tarde, un Plotino. Se lo puede comparar más adecuadamente con un Cicerón o un Plutarco, pero aun así con una condición distintiva de judío fiel a la tradición hebraica. Desde esta perspectiva, Runia se hace dos preguntas clave: a) ¿qué información proporcionan los escritos de Filón sobre el desarrollo de la filosofía antigua anterior y contemporánea?; y b) ¿cómo colabora la filosofía antigua en el proceso de comprensión de la obra filónica? En este marco, Runia establece las premisas necesarias para entender las posiciones teológicas de Filón. Una es la hipótesis de que el sabio alejandrino es el fundador de la teología negativa en la medida en que rompe con la visión convencional de la teología helenística anterior. Respecto de la naturaleza divina, Filón instaura el razonamiento de que mediante la reducción negativa de afirmaciones generalizadas puede pasarse a un principio gnoseológico metafísico asertivo; esto es, desde la negación crítica de la idolatría y del antropomorfismo divino puede arribarse a la afirmación religiosa excluyente de la existencia de un único Dios.

Otra preocupación de Runia en esta sección del libro es examinar en qué medida Filón utilizó la noción griega de háiresis en su exégesis del pensamiento mosaico. En primer lugar, examina el término en su amplia gama de significados en la época clásica, y luego explica el modelo de háiresis que prevaleció en el mundo intelectual griego entre los siglos II. a.C. y IV, concluyendo en que no se trata de una escuela filosófica en el sentido de una institución (como el estoicismo, por ejemplo), sino un modo de pensamiento. Filón usa este modelo especulativo para presentar la “escuela de Moisés” y, si bien rara vez usa el término αἵρησις, el esquema que utiliza reproduce las características del modelo griego clásico, aunque aplicado al contexto judeo alejandrino. Por esta razón, vale la pena leer las conclusiones de Runia sobre cómo se relaciona la visión filónica del judaísmo con el modelo griego de háiresis que prevalecía en el medio intelectual alejandrino y, sobre todo, qué aspectos aborda de ese modelo que puedan ser compatibles con la esencia del judaísmo, que como sabemos enfatiza la unidad en contraste con la disensión, característica del modo de lucubrar griego.

Especialmente interesantes en esta sección son las reflexiones que despierta la controvertida tesis de Yli-Karjanmaa (2015) sobre la reencarnación en Filón y que oportunamente fuera reseñada por nuestra colega Laura Pérez (2016) en Circe. El investigador finlandés dedica gran parte de su estudio al examen de las causas por las que el alma se encarna. Adjudica a Filón la idea de que la primera encarnación, el primer ingreso del alma en un cuerpo mortal, es parte del plan de Dios. Otras reencarnaciones, que se suceden como castigo o prisión, estarían motivadas por el amor al cuerpo y sus deseos y pasiones. Runia entiende que no hay suficientes pruebas de que Filón adscribiera a la posibilidad de la reencarnación del alma, en razón de que esta doctrina es esencialmente ajena a la tradición judía y porque hay en la obra filónica muchas oportunidades de hacerla más explícita –y no sucede– en caso de haberla considerado necesaria para su exegesis.

Nos honra que Runia al final de esta sección incluya un artículo con su firma que apareció por primera vez en Circe 20/2 (2016) sobre la recepción de Filón del Fedón de Platón, en español, y así lo mencione, aclarando que ahora por primera vez se publica en inglés en este libro (pp. 182-199).

Siguiendo el orden de los grandes apartados, en tercer lugar, nos sumergimos en los contenidos de “Biblical Interpretation in an Alexandrian Context” (pp. 201-328). David Runia no olvida en ninguna de sus intervenciones que existen dos polos en el pensamiento de Filón, su judaísmo y su helenismo, y que es imposible privilegiar uno a expensas del otro. Si bien la mayoría de los tratados de Filón tienen como enfoque principal la interpretación bíblica –no solo en los tres principales Comentarios, sino también en los tratados filosóficos y en las obras histórico-apologéticas– Runia entiende que la realización de este compromiso inquebrantable con las Escrituras mosaicas, debe leerse en el particular contexto del judaísmo helenístico de Alejandría. La concepción filónica de la ciudad como un espacio social y cultural adquiere contornos especiales en su obra. Como habitante de Alejandría, Filón estuvo completamente inmerso en una forma de vida altamente urbanizada, sin embargo revela una ambivalencia significativa hacia la ciudad. No olvidemos el famoso pasaje en el que se lamenta de que ha tenido que cambiar la vida contemplativa por la inmersión en la vorágine de la vida política alejandrina (Spec. 3. 1-6). O el paradigmático tratado sobre los Terapeutas, a quienes representa llevando una vida ideal fuera de la ciudad, en una comunidad que combina la soledad con un mínimo de vida social centrada en el estudio. Como Filón en ningún lugar de sus escritos examina la naturaleza de la ciudad de manera sostenida, es necesario seleccionar diversas citas en distintos lugares para abordar sus opiniones sobre la vida en Alejandría y sobre la idealizada Jerusalén. De esa tarea justamente se ocupa Runia, con una metodología rigurosa: analizar el material disperso en comentarios episódicos para ensamblarlos y ofrecer una imagen plausible e informativa sobre la concepción de la urbe en Filón.

Cuando Runia reproduce sus argumentos sobre dógma y dóxa en las lecturas alegóricas de Filón, afirma que el uso de estos términos se proyecta en la prolongada historia posterior de las ideas. Recuerda cómo nuestro maestro, José Pablo Martín (p. 278), demostró de manera convincente que el germen de las concepciones de Agustín sobre las dos ciudades –la ciudad de los hombres y la ciudad de Dios– se asienta en el uso sistemático que hace Filón de pares conceptuales en su alegorización de la narración del Génesis. Cuando Agustín escribe que las dos ciudades fueron creadas por dos tipos de amor: la ciudad terrenal, por el amor propio que desprecia a Dios, la ciudad celestial por el amor de Dios que desprecia al propio, establece que la antítesis entre el φίλαυτον δόγμα de Caín y el φιλόθεον δόγμα de Abel significa justamente que Caín fundó una ciudad mientras que Abel encuentra su domicilio con la santidad del cielo (La ciudad de Dios 15.1). Esta concepción es perfectamente congruente con las ideas centrales de las alegorías filónicas. Como vemos, en cada alocución, es permanente la preocupación de Runia por señalar cuáles brotes del pensamiento filónico germinaron en la Patrología y cuáles no. Le preocupa la afirmación, muchas veces emitida con contundencia, de que Filón es el padre de ciertos dogmas cristianos. Llega a la conclusión de que las semillas estaban ahí, pero no es correcto considerar a Filón como un dogmático a la manera de los Padres de la Iglesia, como Orígenes, Atanasio o Basilio. No es acertado interpretar que existe dogmatismo en el uso que hace Filón de los términos dógma y dóxa, porque todavía no tienen el significado de doctrina firme o basada en la fe. De hecho, los términos ὀρθοδοξία u ὀρθὴ δόξα (creencia correcta) aún no se encuentran en su obra. No obstante, el peso normativo que otorga a los tipos de juicio correctos e incorrectos –representados por personajes bíblicos en su exégesis alegórica– ciertamente contribuyó al desarrollo de patrones de pensamiento religiosos e ideológicos que todavía se aplican en la actualidad.

El cuarto apartado refiere a “Further Theological Themes” (pp. 329-379). Runia especula aquí sobre un tema poco frecuentado por otros filonistas: la esperanza. Afirma que es un tema constante en los escritos de Filón, tanto cuando explica las Escrituras como cuando reflexiona sobre la condición humana. Si bien, su posición en la jerarquía de las virtudes es incipiente y subordinada, su presencia es frecuente. Nos encontramos una vez más ante la situación de que, aunque, Filón utiliza y explota los temas de la filosofía griega, virtudes como la esperanza y la piedad tienen un enfoque espiritual y teocéntrico al modo judío, y están enteramente relacionadas con la acción salvífica de Dios. La esperanza que Filón manifiesta en la providencia de Dios lo lleva a ser elegido líder de su comunidad. Uno de los pasajes más notables es Mos. 2. 43-44, lugar en que después de describir el festival celebrado en la isla de Faros para recordar la traducción griega de la Torá  reconoce el alto valor de las Leyes para todos, ya sean gobernantes o particulares, hasta el punto de que las demás naciones deberían abandonar sus costumbres ancestrales y honrar únicamente la legislación de Moisés. Esta es sin duda una expresión de la esperanza más profunda de Filón que, podría decirse, se cumplió ampliamente. La tradición religiosa abrahámica, de la que fue tan elocuente portavoz, llegó a ser dominante en gran parte del mundo y sigue siéndolo hoy, de manera mucho más extensa de la que en su momento imaginara.

El quinto y último grupo de papers figura bajo el título de “Studies on Philonic Texts” (pp. 381-496) y consta de siete ensayos de índole diversa, si bien todos implican la lectura atenta e idónea de los textos filónicos. Algunos estudios tratan sobre la estructura o el género de ciertos tratados, otros se concentran en un pasaje individual en relación con la redacción o la sintaxis, por ejemplo cuando el texto griego original debe discernirse a través del velo de una traducción al armenio. Runia reconoce que uno de los desafíos más importantes cuando se lee a Filón, es que hay que utilizar ediciones que tienen más de un siglo (Cohn & Wenland) y, en el caso de los textos armenios, dos siglos (Aucher). Una de las aportaciones más interesantes de esta sección es un capítulo que fue redactado para el libro-homenaje en honor de David Hay, publicado en 2001, que estudia las citas y alusiones que Filón hace del libro de los Salmos, enumerándolas primero y analizando luego cada una de ellas antes de sacar conclusiones sobre su uso e interpretación. Aparte del Pentateuco, Salmos es el libro de Septuaginta que Filón cita más, la mayoría de las veces en el Comentario alegórico. Sin excepción, estas citas son lemas bíblicos secundarios que ofrecen prueba o ilustran la exégesis alegórica que Filón está aplicando al lema bíblico principal del tratado.

En 2003, Runia escribió un estudio sobre QG 2. 62, dedicado al distinguido armenólogo Jos Weitenberg. El fragmento se conserva tanto en armenio como en griego, preservado gracias a Eusebio de Cesarea y también reproducido en latín por Ambrosio de Milán. Trata el controvertido tema del δεύτερος θεός (segundo dios) y el asunto de cómo debe concebirse la relación de Dios con el Logos –y sus potencias– a la luz de las cualidades de trascendente y único. El último artículo de la colección tiene como objeto un tratado completo, De Providentia I, que tiene el dudoso honor de ser la obra menos estudiada y citada de todo el corpus filónico. Runia analiza el modo en que Filón expone diversos razonamientos en defensa de la divina providencia, con una terminología estoica, pero con argumentos teológicos que provienen del platonismo.

Collected Sudies constituye una publicación de suma relevancia por varias razones. En primer lugar, porque abarca veinticinco años de la producción académica del filonista más importante en nuestros días e iniciador indiscutido de la difusión a nivel universal de la obra completa de Filón de Alejandría. En segundo lugar, porque si bien su trayectoria es altamente conocida, su realización es tan profusa que algunas publicaciones no son fácilmente asequibles y aquí están. Finalmente, porque es un acceso más a la brillante inteligencia y experticia de David Runia, a quien debemos agradecer que, a pesar de su capacidad y conocimientos, siempre muestra disposición a un diálogo fértil con quienes no somos tan competentes.