DOI: http://dx.doi.org/10.19137/circe-2020-240210

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RESEÑAS

 

Fornis, César; Hermosa, Antonio y Fernández Muñoz, Jesús (coords.) Tucídides y el poder de la Historia. Sevilla, Editorial Universidad de Sevilla, 2019, 218 pág. ISBN 978-84-472-2877-5

 

Por Diego Alexander Olivera
CONICET-UNL
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ORCID: 0000-0002-8167-2161

 

Tucídides y el poder de la historia es una obra colectiva que reúne las conferencias dictadas en el marco de las I Jornadas de Clásicos del Pensamiento llevadas a cabo en la Universidad de Sevilla en el año 2017. Los organizadores de dichas Jornadas son los responsables de coordinar el libro.

El prólogo introduce al lector en las problemáticas a tratar en él que tienen relación con los aspectos teóricos, filosóficos y metodológicos del quehacer historiográfico de Tucídides. En ese sentido, el libro aquí reseñado realiza un aporte significativo a la historia de la historiografía griega, en general, y a los estudios sobre Tucídides, en particular.

A Domingo Plácido le corresponde la autoría del primer capítulo, titulado “Tucídides: la Historia, entre Retórica, Tragedia y Filosofía”. Cualquiera que conozca con cierta profundidad su trabajo encontrará aquí afirmaciones y observaciones que remiten a producciones anteriores. El texto, no obstante, funciona muy bien como introducción porque contextualiza la obra de Tucídides, tanto en lo referente al contexto de producción, como a las influencias que recibe de otros géneros discursivos en boga durante gran parte del siglo V ateniense.

Estas influencias, en especial la tragedia y la épica, han contribuido a que la crítica se centrase, en la última parte del siglo XX, en los aspectos narratológicos de la obra de Tucídides, reduciendo de alguna manera la distancia entre narrativa de ficción y relato histórico. Sobre esto reflexiona Carlo Marcaccini en el segundo capítulo que lleva por título “Il metodo in Tucidide: epistemologia e scrittura storica”. El concepto de “intencionalidad histórica”, acuñado por Ricoeur para describir la reflexividad crítica con la que el historiador trata de acortar la distancia que lo separa de su objeto de investigación, le permite a Marcaccini esbozar la tesis de que son los hechos del futuro los que organizan, en la trama, el pasado. Es decir, para ordenar y comprender los hechos Tucídides apela a la prolepsis, esto es, la anticipación de eventos que serán tratados en un momento posterior. La prolepsis tiene una función composicional en la trama, pero también cognitiva, al superponer la expectativa de un futuro al pasado. Según Marcaccini la prolepsis expresa la reflexividad crítica a nivel narrativo, al generar una red de significados que la inferencia es incapaz de expresar.

En “Tucídides y su Historia Antigua: luces y sombras del escritor de antigüedades”, César Sierra retoma algunos de los ejes tratados con anterioridad en su libro Tucídides archaiologikós. Grecia antes de la Guerra del Peloponeso (2017), sobre todo la supuesta ruptura que la obra de Tucídides representó respecto de la historiografía jonia anterior, en especial, Heródoto. La comparación entre ambos autores, afirma Sierra, solo puede ser posible si se establecen espacios en común donde la misma sea factible. En esa tesitura, el análisis de la Arqueología constituye un espacio común factible de ser sometido a un ejercicio comparativo. Así pues, a pesar del rechazo que Tucídides realiza de lo mítico se observa en la arqueología un empleo de la información mítica que va en la misma dirección de Heródoto. Si bien en otros aspectos Tucídides innova, a grandes rasgos su reconstrucción de la historia antigua de Grecia se mantiene dentro de cierta continuidad con la historiografía jonia.

El cuarto capítulo, “Tucídides y la tiranía de los Pisístratidas”, firmado por Unai Iriarte aborda diversos aspectos de la obra de Tucídides como fuente para el estudio de la tiranía. El texto hace un recorrido en torno a las principales controversias presentes en el excurso sobre los Pisistrátidas; la primogenitura de Hipias, la cuestión lacedemonia y el culto a los tiranicidas, la valoración de la tiranía, los motivos de la inserción del excurso y el debate sobre la motivación sexual o política en el asesinato de Hiparco.

El capítulo titulado “Tucídides y la democracia” está a cargo de Laura Sancho Rocher. El mismo pretende ser una contribución al debate sobre la visión política de Tucídides. Frente a las tendencias modernas que ven en el historiador ático un pensador de la democracia, o bien un enemigo del régimen, Sancho Rocher opta por una postura conservadora. Concluye que las evidencias no son suficientes para afirmar lo uno o lo otro. Más bien, Tucídides se conforma con describir los hechos y captar la naturaleza humana en todas sus dimensiones evitando caer en reduccionismos.

No obstante, no puede omitirse la idealización del régimen democrático que Tucídides pone en boca de Pericles. Sobre ello escribe Antonio Hermosa en “La antropología de la democracia. El demócrata en la oración fúnebre de Pericles”. En efecto, a una democracia idealizada le corresponde un ciudadano igualmente idealizado. Se indaga pues en aquellos rasgos que según el orador hacen del ciudadano ateniense el modelo de hombre y a Atenas el de Grecia.

Por su parte, en “Tucídides sobre el kósmos espartano” César Fornis demuestra la diversidad de información sobre la pólis lacedemónica que puede encontrarse en el libro I de la Historia de la Guerra del Peloponeso, datos que van desde la constitución política y estructura social hasta los aspectos socio-culturales. Pero Fornis destaca también la importancia de los silencios u omisiones que realiza el historiador.

Otros pueblos de Grecia desfilan por la obra de Tucídides. Llama la atención que a algunos de ellos, epirotas, macedonios, etolios, se les asigna una identidad étnica que los acerca al bárbaro y los aleja de los griegos. Sobre ello escribe Adolfo Domínguez Monedero en “¿Griegos o bárbaros? Tucídides y la asignación de identidades bárbaras a pueblos de la Grecia del norte y del noroeste”. El enfoque teórico reniega de las posturas existencialistas sobre la identidad étnica en favor de un análisis que prioriza las percepciones internas y externas de las identidades. En efecto, los pueblos a los que Tucídides les asigna una identidad bárbara son pueblos de habla griega y considerados griegos por otros pueblos griegos. El énfasis para ubicarlos en la vereda de lo bárbaro está puesto en las “costumbres”, en lo que parece ser un criterio de helenidad novedoso vinculado al ascenso de Atenas en el siglo V.

El anteúltimo capítulo, firmado por Fernando Echeverría, se titula “Tucídides y la Guerra griega”. Allí el autor sostiene la tesis de que Tucídides es el responsable de la visión que hoy día tenemos de la guerra en Grecia como una práctica racional, ordenada y estacional. Sin embargo, el historiador ático sería más un “sistematizador” que un innovador. En él confluyen dos tradiciones que dan forma a la concepción griega de la guerra. Una que entiende la misma como principio destructivo, y que se remonta a Homero, otra que la concibe como principio generativo, presente ya en Hesíodo. Sobre esa base construye Tucídides su modelo narrativo de la guerra, que se diferencia de quienes lo precedieron, Homero y Heródoto.

El libro cierra con un capítulo dedicado a “Tucídides y el giro lingüístico en la historiografía contemporánea”, cuyo autor es el barcelonés Marc Domingo Gygax. El texto es en cierto sentido una crítica a Rethoric in Classical Historiography de Anthony Woodman (1988), libro que introdujo entre los especialistas en historia antigua el debate iniciado por Hayden White en su Metahistoria. Si bien se podría inferir cierta continuidad entre los rasgos literarios de la historiografía contemporánea con los de la historiografía grecorromana, Woodman, basado en Tucídides, afirmó en su momento que no, pues el criterio de verdad que maneja el historiador griego difiere del del historiador moderno, en gran medida por la influencia de la retórica. Domingo Gygax considera que las diferentes aproximaciones que existen a la obra de Tucídides dependen mucho del paradigma al que se adscriba el especialista moderno. En todo caso, el autor reconoce que hoy día, más de veinte años después de publicado el libro de Woodman, hay una mayor predisposición a prestar atención al lenguaje y las técnicas narrativas, así como a considerar que la historiografía antigua opera de forma diferente a la contemporánea.

El principal aporte del libro radica en que deja claro que todavía Tucídides tiene mucho para decir y aportar a los estudios clásicos. La crítica al positivismo, para quien Tucídides era la vedette de la historiografía antigua, por parte de los paradigmas moderno y posmoderno lo corrió un poco del centro de la escena en favor de Heródoto. Sin embargo, una vez aceptados los límites y alcances que tiene como fuente su estudio se ha revalorizado. En esa línea, esta obra logra desglosar a Tucídides y acercarlo al lector desde diferentes perspectivas disciplinares, como historiografía, antropología, filosofía, epistemología, literatura, etc. Es cierto que este procedimiento en sí no es una novedad, pero tiene el mérito de dejar en evidencia que, tratándose de Tucídides, existen múltiples campos para seguir indagando en su obra.