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DOI: 10.19137/anclajes-2019-2336


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ARTÍCULOS

 

Aprender y Reaprender la ‘normalidad’. Desde los zoológicos humanos a la viñeta comprometida

Learn and relearn “normality”. From human zoos to committted vignette

Aprenda e reaprenda a ‘normalidade’. De zoológicos humanos à vinheta engajada

 

Daniel Becerra Romero
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
España
daniel.becerra@ulpgc.es
ORCID: 0000-0001-5227-9697.

 

Resumen: Los seres humanos tenemos la costumbre de etiquetar todo y a todos, algo que con la aparición de las redes sociales ha llegado a su máxima expresión. Si no se cumplen los estándares establecidos llueven los ataques al que ha osado hacer o decir algo que no se adapte a ellos. En este trabajo abordamos lo queer en el ámbito de la historieta latinoamericana contemporánea como reflejo moderno de todo aquello que es diferente y, por ello, marginal, a nivel del cuerpo, del sexo y del género.

Palabras clave: Educación; Historieta; Diversidad; Queer

Abstract: Human beings have the habit of labeling everything and everyone. this is something that the recent emergence of social networks has taken to its fullest extent. If the established standards are not fulfilled, it will rain attacks on those who have dared to do or to say something that does not suit them. In this work we approach the queer into the field of contemporary Latin America comics, as a modern reflection of everything that is differentent and, therefore marginal, at a bodily, sexual and gender level.

Keywords: Education; Comic book; Diversity; Queer

Resumo: Os seres humanos temos o hábito de rotular tudo e todos, algo que com a aparição das redes sociais atingiu a sua máxima expressão. Se os padrões estabelecidos não se cumprem, chovem ataques àqueles que se atreveram a fazer ou dizer algo que não se adeque a eles. Neste trabalho, abordamos o queer no campo dos quadrinhos latino-americanos contemporâneos como uma reflexão moderna de tudo o que é diferente e, portanto, marginal, no nível do corpo, do sexo e do gênero.

Palavras-chave: Educação; Quadrinhos; Diversidade; Queer

 

Advertid, hermano Sancho, que esta aventura y las a ésta semejantes no son aventuras de ínsulas, sino de encrucijadas. (Cervantes 53)
¿Y entonces el pez qué es? El pez es el animal que nombramos con la palabra “pez” (Millás 24).

Normal, ¿qué supone ser normal? Desde los primeros momentos en que los homínidos salieron del continente africano y se expandieron por el planeta su encuentro con la realidad del “otro”, en sus más diversas formas, creencias y culturas, ha sido una constante. Ahora bien, unido a este hecho debió nacer, invariablemente, la necesidad de diferenciarse y/o reafirmarse frente a ese “otro”. Muestra de ello podrían ser los primeros adornos corporales, ya fueran a base de pinturas –como el rojo ocre– o en forma de colgantes –malacológicos, por ejemplo–, por citar alguno de los casos más conocidos.
Con ese objetivo –y a partir de la existencia de múltiples dinámicas de subjetividades compartidas de fronteras claramente difusas– se formarían, de manera relativa más que absoluta, los parámetros y criterios que vendrían a concretar el concepto de normalidad establecida como lo contrapuesto entre el uno mismo y “el otro” o “lo otro” (Peñalver Gómez), hasta alcanzar las características del habitus de Pierre Bourdieu, es decir, el cúmulo de esquemas a partir del cual un grupo humano genera sus percepciones sobre el mundo, individuales y/o colectivas, y su actuación en él. No obstante, es preciso conocer, siempre atendiendo a la sociedad en la que nos sumerjamos, cuáles son sus límites y cómo se clasifican, constituyen y ordenan los sujetos que participan de esta categoría. Una categoría, como sabemos, de reciente cuño que dictamina las miradas de médicos, educadores y criminólogos, principalmente desde el siglo XIX, que sirve para confirmar y reafirmar lo propio frente a lo diferente y, en función del momento y contexto cronológicos, controlar, censurar, condenar, expulsar, corregir o erradicar todo aquello que se salga de dichos límites (Vallejos). Lejos de acercarnos a consensos, su definición, como trampa semántica repleta de matices, pone de manifiesto el constante cambio de percepción sobre lo cotidiano, lo extraordinario o lo rechazable.
En este sentido es interesante observar como a comienzos del siglo XX Ambrose Bierce en su Diccionario del diablo, en la entrada referida al concepto anormalidad recoge: “No responde a la norma. En cuestiones de pensamiento y conducta ser independiente es ser anormal y ser anormal es ser detestado” (13). Aspecto que atiende a una lógica binaria de carácter occidental, que se resume –como indica el autor– en no destacar de la media y dejar de lado las características propias. Es decir, seguir el continuum establecido sin que se recuerde ni discuta los motivos que llevaron a su fundación. Ahora bien, ciertamente, desde que en los años treinta del siglo XX la mirada de Ruth Benedict pusiera el foco de atención sobre este hecho hasta las reflexiones contemporáneas acerca de este constructo, las acciones enmarcadas bajo el paraguas de la normalidad han aunado un cúmulo de cartografías, que abarcan toda suerte de fronteras, donde englobar a quienes vienen a representar al resto, es decir, esos “otros”, en todo caso diferentes, sin mayores apellidos1.
No cabe duda de que a lo largo de la Historia determinadas personas –bien sea por sus características físicas, bien por su propia cultura o cualquier otro imaginario que se quiera– fueron consideradas, precisamente, como “los nadies”, como nos recordaba el célebre escritor uruguayo Eduardo Galeano. Personas fuera de las normas establecidas, ya no sólo en términos materiales y estéticos, sino también por enfermedad, discapacidad, condición sexual u orientación de género. Ahora bien, esta diferenciación viene motivada por quienes se arrogan el derecho a ser los guardianes de las esencias, los ostentadores del buen gusto, de las tradiciones y, en particular, del deseo que nada cambie. No debemos olvidar que las fronteras y la retórica sobre “el otro” no son nuevas, como expusieron Julio Caro Baroja y Françoise Hartog, por ejemplo. Ese viejo pensamiento de Nosotros versus los Otros ya se encuentra presente en el mundo antiguo como reflejan las palabras de Heródoto: “si a todos los hombres se les diera a elegir entre todas las costumbres, invitándoles a escoger las más perfectas, cada cual, después de una detenida reflexión, escogería para sí las suyas; tan sumamente convencido está cada uno de que sus propias costumbres son las más perfectas” (III, 38).
Desde la Antropología visual, de acuerdo con Hans Belting, hemos querido aproximarnos a una parte de ese numeroso grupo cuya “normalidad” se debe a los siempre cambiantes procesos de construcción cultural asociados al poder, como bien reflejaron los estudios y las reflexiones de Michel Foucault. Estos procesos sirven para (re)producir señas permanentes de identidad –por coextensión “normalidad”– heredadas y metamorfoseadas en el tiempo, de acuerdo con Jean Dastugue, con agregados y connotaciones densamente codificadas. Nada hay más anormal que la propia normalidad. En esta ocasión nos hemos focalizado en un escenario muy concreto y delimitado como son las viñetas en Latinoamérica; con la excepción de un caso que abordaremos al final y que, pese a estar escrito y dibujado por latinos, se desarrolla en diversas realidades dimensionales.
Es bien conocido que este continente y sus habitantes han sido foco de atracción para múltiples interpretaciones desde que Colón lo presentara al mundo, siempre favorecidas por los estereotipos y formas de pensamiento transmitidos desde épocas anteriores (Ramírez Alvarado; Bueno Jiménez). Probablemente una de las más cercanas a nuestro tiempo radica en aquellas escenificaciones y espectáculos, dirigidos al público mayoritario, que se realizaban desde finales del siglo XIX, denominados Exposiciones coloniales, término que escondía lo que actualmente se conoce como zoológicos humanos; representaciones fruto del imaginario y el exotismo que –a modo de freak-show– despertaron en otros tiempos fascinación por las culturas de origen, de la que el Cono Sur no se libraría (Báez Allende y Mason). Sin olvidarnos de los circos, como sucedió a la popular y extraordinaria mexicana Julia Pastrana, una mujer sumamente inteligente pero cuyo físico –sometido a la hipertricosis y a un problema dental– le confirió la categoría de “personaje de feria”. Lo mismo que le ocurriría a Máximo y Bartola, presentados como los últimos aztecas, cuando en realidad eran dos salvadoreños con microcefalia y discapacidad mental severa2.
Como es bien sabido, esta actividad no era nueva dado que el deseo de rodearse de personas con problemas físicos o su exhibición cosificada en esos “otros” ha sido una práctica que podemos rastrear, fácilmente, a lo largo de nuestra Historia en diversos contextos. No en vano es la mirada en torno a esos cuerpos y a la construcción de los juicios de valor sobre ellos lo que observamos en la obra de Toribio de Benavente (“Motolinía”, s. XVI), cuando al hablar de Moctezuma, gobernante de la antigua ciudad de Tenochtitlán, recoge que “tenía… en su palacio enanos y corcovadillos, que de industria, siendo niños, los hacían jibosos y los quebraban y descoyuntaban, porque de éstos se servían los señores en esta tierra como ahora hace el Gran Turco de eunucos” (197)3. No deja de llamarnos la atención que estos cuerpos deformes aparezcan también, posteriormente ya, en otro ambiente y área geográfica como es la antigua Nueva Granada, la actual Colombia. Nos referimos a las figurillas de personajes anómalos presentes en el pesebre quiteño del Museo Colonial de Bogotá (s. XVIII). La presencia de estos sujetos no oficiales en los márgenes de la Historia tendría, sin lugar a dudas, un marcado significado social (Botello); de otra forma no podrían estar ni encontrarse en el espacio que una vez ocuparon.
En el caso de Europa los años cincuenta marcarían el nacimiento de una nueva forma de autodefinición como modo de enfrentarse a la diferencia: lo queer. Este término de carácter anglosajón acuñado justamente para apartarse de la idea de “normalidad”, en ocasiones traducido como “extraño” o “anormal”, pero también como “torcido” o “desviado”, es empleado en sentido denigrante para señalar a personas con una orientación sexual no heteronormativa, aunque su significado ha ido evolucionando en función de las ubicaciones espaciales y del momento cronológico. Lógicamente, Latinoamérica no habría de escapar a esta dinámica (Viteri Burbano, Serrano y Vidal-Ortiz; Leal Reyes) que, como tendremos ocasión de examinar, sigue en constante evolución.
Precisamente, la diferencia es el hilo conductor que nos ocupa. Concretamente, nuestro objetivo es centrarnos en las historietas; esas mismas que, como nos advertía el maestro mexicano Rius (Eduardo del Río), vienen a representar: “el método más barato para embrutecerse o cultivarse… según”. Nos referimos a la célebre portada del número sesenta y seis (1976) de su popular serie Los agachados, ejemplar dedicado precisamente a la historieta. No debemos de olvidar que tanto la percepción como la representación son actos de carácter social, igual que la creación de ese alfabeto de imágenes que conforma parte de nuestra memoria visual surgida a partir de los convencionalismos y de los iconos establecidos. El cosmos de las viñetas en general, como reflejo de la sociedad que la rodea, es un excelente medio donde observar y estudiar esta proyección, entendiendo la viñeta en un sentido muy amplio que abarca mucho más que su organización y composición pictográfica significativa. Este es el modelo que hemos escogido para abordar la diferencia.
Desde el punto de vista metodológico nos planteamos realizar una búsqueda sistemática y exhaustiva de las fuentes existentes en este campo para apoyarnos en ellas, además de en nuestra propia experiencia de vida –alguien que desde su infancia ha estado ligado a la lectura en viñetas–, y procedimos, posteriormente, a realizar un primer repertorio de títulos. Desde el inicio apreciamos que el número de obras de temática queer es limitado frente a otros géneros. Hecho que consideramos que responde a la lógica editorial. Tampoco descartamos la mentalidad de la sociedad de destino. Como tendremos ocasión de examinar, el contexto cronológico y el espacial acaban por marcar si una obra es viable o no, como se aprecia en la obra de Rubén Gauna, por ejemplo. Por otra parte, solo pudimos acceder a determinadas historietas en formato digital y tuvimos que descartar otras, ya que por su antigüedad no nos ha sido posible localizar ni siquiera una copia en estos tiempos de internet. A partir de la lectura en profundidad de la recopilación llevada a cabo, su deconstrucción y análisis, seleccionamos los principales aspectos que nos interesaban: personajes, aspecto gráfico, características –reales o ficticias–, lenguaje y contextos, siempre, como ya indicamos, ligados al ámbito latinoamericano.
El primer trabajo que abordamos se desarrolla justamente en el país azteca, plenamente cargada de corrupción, manipulación ideológica y denuncia social, muy en consonancia con el contexto actual. Nos referimos a Juan Solo (1995-1999)4, guionizada por el afamado escritor chileno Alejandro Jodorowsky, de cuya mente han salido clásicos como El Incal (1981-1988), con lápices de Moebius, o La Casta de los Metabarones (1992-2003), con Juan Giménez. En esta ocasión vuelve a reunirse con George Bess, con quien había realizado anteriormente El lama blanco (1989-1994). Si bien cambia por completo de escenario y de contexto, el lector se va a encontrar una vez más con una novela gráfica plenamente cargada de simbolismos y elementos arquetípicos e icónicos como marca personal de este autor.
La obra en cuestión, dividida en cuatro volúmenes, en realidad es un gran flashback. Un proceso de redención y sacrificio que se inicia con el desierto y la soledad de fondo. El personaje principal, Juan Solo –cuyo nombre ya aporta pistas sobre su origen y destino– es un paria; un niño abandonado en un basurero, que además presenta una extraña malformación, una cola vestigial que habrá de marcar a fuego su vida y desarrollo personal. Este chico será recogido por otro personaje con otro tipo de anomalía, la acondroplasia. “Medio litro” –así se llama– es a su vez un marginado social hasta para la propia Iglesia católica, que lo tacha en las primeras páginas del álbum de “monstruoso, homosexual y encima, travesti”. Una criatura miserable a los ojos de la sociedad que la rodea, pero que no dudará en utilizarla para sus “necesidades” particulares. Un ser que sentirá empatía y ternura por ese otro marginado con el que se identificará y al que habrá de criar como si fuese su propio hijo, en un entorno claramente deprimido y con elevadas dosis de violencia. Baste señalar que a falta de biberón su primer contacto para aliviar el hambre fue el cañón de una pistola. Un rasgo que habrá de marcar su trayectoria posterior.
De esta forma, Juan Solo, el hijo de la basura, amamantado por una perra, habrá de iniciar una carrera criminal en cuyo recorrido le habrá de acompañar todo un elenco de personajes claramente marginales, casi podría decirse que son verdaderos freaks, como en la película de Tod Browning (1932); otra etiqueta diseñada para subrayar la diferencia y la “anormalidad”. No obstante, ese mismo sentimiento de contranatura vendrá a reforzar su pertenencia grupal. Como indica uno de sus personajes principales –Tutti-Frutti en el primer álbum–, al numerar las características distintivas de cada uno de sus miembros:

¡Todos tenemos nuestros defectos!... Al tuerto le falta un ojo… ¿Tú, taburete, si midieses unos centímetros menos serías un enano!... tú, hiena, eres más feo que un babuino… tú, bocazas, podrías meterte un plátano entero en la boca horizontalmente… tú, rubio, aparte de la que te inyectas por la vena, no vas a casarte nunca con la heroína de tus sueños… tú pinocho, tienes más chicha en la nariz que dónde tú ya sabes… el moreno apesta a indio sucio… bebé… satanás te ha dado el cuerpo de un elefante y el cerebro de una pulga… en cuanto a ti Frankenstein, parece que te hayan reconstruido con trozos de cadáveres… !y, tú viejo, ya tendrías que estar jubilado!... y yo, como todo el mundo sabe, nado a contracorriente...

La historia finaliza como empezó, en Tlacahuepan. Un pueblo imaginario cuyo nombre náhuatl hace referencia al hombre madero, la viga humana, de marcado simbolismo e importancia para las comunidades indígenas, y en el que la espiral circular en torno al personaje de Juan se cierra.
Sin salir de México, nuestra siguiente parada se encuentra en Iguana Lady. La vida de Graciela Iturbide (2018), un volumen a caballo entre el relato fotográfico y el dibujado, de la mano de Isabel Quintero y Zeke Peña. En él nos encontramos, aunque brevemente, con las muxes, concepto que ahonda en el espectro de las cuestiones de género y de diversidad sexual. Personas de la región de Oaxaca enmarcadas en esa dualidad que les hace ser al mismo tiempo hombres y mujeres y que remite igualmente al berdache, es decir, al ser de las comunidades nativoamericanas del norte del continente que habita con dos “almas”, que tan bien retratara Tito Alba en el tomo Dos espíritus (2013). Construcciones de género diferentes, cuya traducción no se ajustaría a los parámetros establecidos en las culturas occidentales y, a cuyos ojos, se tratarían de personas identificadas con el estigma de la diferencia. Grupos de población que pertenecen a una comunidad cultural distinta de la occidental y que vendrían a representar la otredad.
Con un tratamiento completamente opuesto, en una mezcla de tradición, simbolismo, espíritu transgresor e incluso viaje surrealista tenemos Guadalupe (2012), título brasileño de un solo volumen realizado por la pluma de Angélica Freitas con dibujo de Odyr Bernadi. La historia, que se desarrolla en México, viene una vez más a cuestionar esa relación de género que en muchas ocasiones relega a un segundo plano –en palabras de Renata Lucena Damalso y Thayse Madella– a sus protagonistas. Y lo hace a través de tres personajes femeninos, la propia Guadalupe, su abuela lesbiana y su tía Muxe Maravilha, representante de la no normatividad, cuyo nombre remite al popular personaje de Wonder Woman, de la compañía estadounidense DC, que se vincula al cómic mainstream5.
Si el origen de esta última está basado en la mitología griega, el de Muxe Maravilha lógicamente viene a responder a los cánones de la cultura mexicana. Tanto es así que adquirirá sus poderes a partir del consumo de determinados hongos, en clara alusión a los antiguos cultos, creencias y saberes, como el redescubierto por Gordon Wasson a finales de los años cincuenta en la persona de la mazateca María Sabina (Estrada). Una forma de incidir en cómo se puede construir una figura de superhéroe al margen de los cánones establecidos que no dejan de ser, en definitiva, otro constructo cultural más. No podemos dejar de citar otras series e historias de origen brasileño como son: Super-Gay (1982) de Watson Portela. Rocky e Hudson e outras histórias (2004) de Adão Iturrusgarai. Mariana e Claudinha (2008-2012) de Fernando Duarte y Muriel (2009-2013) de Laerte Coutinho, que –como plantea Francine Natasha Alves de Oliveira– viene igualmente a diferenciarse y a distanciarse de los parámetros normativos establecidos alrededor del género y la sexualidad.
Curiosamente, como bien indica Mariela Acevedo (“Subcultura 2), los análisis acerca de la representación del cuerpo, la propia sexualidad y las manifestaciones de género en las historietas es un fenómeno relativamente reciente. Y ello a pesar de que, como bien sabemos, la propia historieta –forma de expresión gráfica y por tanto de discurso, diálogo y narrativa– es mucho más antigua que el cine, como se puede apreciar, por ejemplo, en las cerámicas pintadas del Mundo Antiguo (Becerra Romero y Hernández Reyes). No obstante, como denuncia Acevedo (“Subcultura” 2), en relación al tema que nos ocupa es verdaderamente notable la omisión de análisis, sobre todo cuando estos existen en el cine, la pintura, la literatura, incluso con un enfoque feminista desde hace más de un cuarto de siglo. A ello se suman los nuevos debates sobre identidades y masculinidades como, por ejemplo, la cultura bear que proyecta la obra del argentino Rubén Gauna. Un autor considerado entre el fandom como queer.
Gauna es el autor de Horror, desperté con un cazador!, que inicialmente se publicaría en formato digital a través de Facebook, para posteriormente pasar al papel (2010)6. Un título que juega con el lenguaje icónico de la cultura gay y que a través de sus viñetas aborda situaciones cotidianas y corrientes. Como defiende Acevedo (“Subcultura” 17) se englobaría dentro de lo que “Dennis Altman denomina como ‘internacionalización de las identidades gay’ que implica un proceso de normalización y modificaciones que van desde lo que podríamos entender como el ‘modelo gay’ al ‘modelo queer’”. Nos encontramos de nuevo con un cambio de percepción cuyo reflejo queda recogido en la forma en que Gauna aborda los contenidos. Tal y como manifiesta su autor en una entrevista concedida al diario argentino Página/12:

si lo hubiera hecho en los ‘80 habría habido sexo y drogas cada tres cuadritos. Ahora es más normal ver parejas de dos hombres o dos mujeres de la mano, por la calle. Y desde los medios ya es mostrado como algo más de la vida. Por eso, creo, preferí mostrar escenas en la oficina, en la feria de cómics, en un restaurant, en la calle, creo que tiene que ver con la época en que vivimos (Pérez).

El intento de crear un archivo de historietas queer por parte de Facundo Saxe es más que elocuente y muestra la dificultad de realizar un compendio con carácter general. Tanto más si se busca hacerlo en clave latinoamericana. Una vez más su autor se encuentra con la dificultad de conceptualizar el término y todavía más de establecer el valor de este tipo de cómic. Desde su punto de vista se englobarían las viñetas que representarían en sus múltiples posibilidades la sexualidad no normativa, es decir, la sexualidad disidente. En ese sentido señala que,

el criterio temático abre un cúmulo importante de representaciones de la sexualidad disidente en la historieta. Porque, por un lado, tendremos las representaciones de la sexualidad disidente en la historieta masiva o mainstream […]. Por otro, el cómic gay, que es parte de lo que denominamos como historieta queer7, en sus vínculos con el cómic underground de fines de los años sesenta y su desarrollo en las tres últimas décadas del siglo XX, se puede pensar específicamente como un cómic que busca la representación de las sexualidades disidentes, pero con una fortaleza creativa diferente de lo mainstream. (Saxe 1-2)

Entre las publicaciones más destacadas en el Cono Sur tenemos el proyecto Clítoris (2011-2012)8, una revista dirigida por Mariela Acevedo y cuyas compilaciones son coordinadas también por ella: Clítoris sex(t)ualidades (2014) y Clítoris. Relatos gráficos para femininjas (2017), ambas fácilmente accesibles desde el blog http://revistaclitoris.blogspot.com/. Las cubiertas de ambas recopilaciones son plenamente significativas del cambio social, en relación no solo a la diversidad sexual sino también a la normalización de la diversidad de género. En su interior se aborda, a través de varias historias cortas autoconclusivas –y alguna plancha en solitario9– temáticas que van desde la exclusión de las diversidades sexuales hasta las luchas actuales. Cabe señalar que en la segunda de sus portadas se observa un cartel solicitando la absolución para Higui, nos referimos a Eva Analía de Jesús, quien ha sido procesada –y está a la espera de un juicio oral en Argentina– por haberse defendido de un ataque de odio sufrido debido a su orientación sexual. Un hecho que revolucionó a buena parte de la sociedad del país10.
Por otra parte, la reciente publicación de Historietas LGTBI a finales de 2017, por parte de la Comunidad de Rosario, ha significado una nueva oportunidad de dar voz a aquellas personas que normalmente suelen estar calladas, cuando no marginadas o invisibilizadas, por no cumplir con los estándares establecidos en el marco social. Esta compilación, surgida de una iniciativa del Área de Diversidad Sexual de la municipalidad de Rosario, nuevamente viene a cuestionar la figura de los actores sociales hegemónicos y ofrece una alternativa basada precisamente en la diversidad como símbolo del cambio social en el contexto argentino. Diez historias cortas, autoconclusivas, en línea con el trabajo de Mariela Acevedo, cuyo hilo conductor centra su atención

en un andar, en una circulación, casi siempre con un cuadro que muestra un par de piernas recortadas del cuerpo, una imagen que casi llega a ser un leit motiv espontáneo que salta de un relato a otro.
Piernas con minifaldas, con tacos, con patines, con medias de red, con botines y medias de fútbol, con botas, con botitas y medias con encaje, con zapatillas, con pantuflas o descalzas; piernas peludas, lampiñas, enfundadas, exhibidas, enroscadas. Extremidades en desplazamiento, el yiro como la identidad en fuga. Nada puede ser más queer. (Trerotola)

Como efecto y fruto de todas estas iniciativas en torno a la viñeta surgiría en octubre de 2017 el colectivo Historietistas LGBTIQ+ de Argentina, originariamente como grupo cerrado de la red social Facebook. Entre sus objetivos se encontraba, en palabras de uno de los impulsores, Luciano Vecchio, “crear comunidad, cobrar conciencia de cuántos y quiénes somos. Y a partir de ahí, activar cosas y generar un espacio seguro que habitar, dentro del mundo de la historieta” (Gutiérrez). El resultado sería Secuencia disidente, la fanpage del colectivo en Facebook, que recoge sus trabajos como forma de alcanzar un mayor público y trabajar sin mayores complicaciones. Un cambio de percepción que sin duda ha favorecido otras actuaciones, como llevar adelante el festival de historietas, dibujos y fanzines Tinta Queer, celebrado en diciembre de 2017, centrado en la corporalidad.
Finalmente, a principios de ese mismo año hizo su debut una nueva serie de historietas protagonizada por América Chávez, la primera protagonista mujer, latina y queer del universo Marvel. Un personaje que, hasta entonces se encontraba en un plano secundario, va a alcanzar mayor relevancia gracias a los guiones de la novelista Gabby Rivera, reconocida por Juliet talkes a breath (2017). La serie, ilustrada por Joe Quinones, narra las aventuras de esta superheroína capaz de volar y de abrir portales dimensionales, pero también de ir a la Universidad. Trata de ser un reflejo de una comunidad real, puesto que, como plantea Francine Natasha Alves de Oliveira, el potencial acerca de este medio tiene tal grado de interiorización social que la naturalización de valores, modelos y paradigmas –que son reproducidos en la memoria colectiva como forma de representaciones– es absorbida como norma y verdad por la sociedad de destino. Entre otros aspectos, la obra de Gabby Rivera y Joe Quinones destaca por romper los estereotipos corporales asociados al mundo latino y al imaginario estadounidense (Jiménez 6)11, pero también como elemento generador de comprensión y empatía hacia quienes la uniformidad, siempre disconforme con todo lo que subvierta el orden establecido, tacharía de anormalidad.
Desafortunadamente, la carrera en solitario de América Chávez que, bajo el manto de Miss América, peleaba contra los villanos, no ha durado mucho tiempo. A pesar de su elevada repercusión en los medios, tras doce números la editorial Marvel Comics decidió clausurar esta aventura que, sin duda, ha permitido un mayor alcance y visibilidad de aquellas personas cuya orientación sexual choca contra las normas establecidas en la sociedad de origen. Un hecho que, como ya señalamos, no deja de ser una construcción cultural como cualquier otra, es decir, dinámica y cambiante. Como nos dijo su guionista en la carta de despedida: “Sigue pa’lante, siempre pa’lante”.

Notas

1 Acerca de la dificultad del término “anormalidad”, además de los autores citados, véase Simonson; Schurz; Skliar; Santos Souza; Palacio Villa y Strößner, entre otros, quienes abordan este vocablo en distintos contextos.

2 Sobre la construcción del mito del “salvaje” como elemento exótico véanse los trabajos recogidos en el catálogo dirigido por Pascal Blanchard, Gilles Boëtsch y Nanette Jacomin Snoep, correspondiente a la exposición titulada L’invention du sauvage. Exhibitions, que tuvo lugar desde finales de 2011 hasta mediados de 2012, en el Museo de Quai Branly de París. En la misma línea, la obra de Luigi Amara es igualmente significativa.

3 Otra versión de los mismos hechos la recoge Gonzálo Fernández de Oviedo en el libro XXXIII del segundo tomo, hacia finales del capítulo XI: “Tenía otra casa Monteçuma donde estaban muchos hombres é mugeres mónstruos, en que avia enanos, corcovados, contrahechos é otros con otras disformidades; é cada una manera de monstruos en su quarto por si: é también avia para estas personas, dedicadas para tener cargo dellos”.

4 Obra ganadora del premio Alpha-art en el Festival de Angouleme (Francia) en 1996 por su guion. Desde su publicación en castellano en 2002 no había estado accesible, en junio de 2018 Reservoir Books la ha reeditado en un solo volumen.

5 Este término hace alusión al cómic como medio de difusión masiva, en particular el dedicado al género de los superhéroes, tan característico de la cultura estadounidense del siglo XX y del XXI.

6 Recientemente se ha publicado una nueva edición integral bajo el título Horror total: edición gordas pesadas (2018).

7 Sobre este concepto, pero aplicado al contexto brasileño, véase el trabajo de Francine Natasha Alves de Oliveira.

8 La tesis de la antropóloga Gabriela De Sousa Borges es sumamente interesante como análisis de lo que supuso esta revista, ya que presentaba un discurso contra la hegemonía de la normatividad heredada, compactada y asentada sin mayor crítica.

9 En este sentido cabe destacar la viñeta única de la página 51 del segundo volumen (2017), de la mano de Cecilia “Gato” Fernández, en la que podemos leer: “¡Solo existe un género el de cada cual! No hace falta decir nada más”.

10 Los hechos tuvieron lugar el 16 de octubre de 2016, en una vivienda del barrio de Mariló, en la municipalidad de San Miguel en Buenos Aires, cuando Higui fue asaltada por un grupo de hombres con intenciones de violarla para “disciplinarla”. Previamente la habían estado increpando por ser lesbiana. Al defenderse hirió mortalmente a uno de ellos, motivo por el cual acabaría en prisión hasta que un juez ordenó su puesta en libertad el 13 de junio de 2017. El juicio oral está previsto que se celebre en abril de 2019. Este episodio de arrebato y saña conmocionó a una parte importante de la opinión pública del país que crearía una campaña de apoyo en favor de su absolución, tanto en redes sociales como a través de diversas acciones.

 

Referencias bibliográficas

1. Acevedo, Mariela. “Subcultura osuna en historieta: Un análisis de Horror! desperté con un cazador de Rubén Gauna”. Avatares de la comunicación y la cultura núm. 5, 2013, pp. 1-20.

2. Acevedo, Mariela, coord. Clítoris. Sex(t)ualidades. Buenos Aires, Hotel de las ideas, 2014.

3. Acevedo, Mariela, coord. Clítoris. Relatos gráficos para femininjas. Buenos Aires, Hotel de las ideas, 2017.

4. Alba, Tyto. Dos espíritus. Bilbao, Astiberri, 2013.

5. Alves de Oliveira, Francine Natasha. Queer en cuadrinos: Representações brasileiras comtemporâneas. Brasil, Universidade Federal de São João del-Rei, 2014. Edición en línea. https://bit.ly/2SaCErj. Consultado el 7 de octubre de 2018.

6. Amara, Luigi. Los disidentes del universo. Madrid, Sexto Piso, 2013.

7. Báez Allende, Christian y Peter Mason. Zoológicos Humanos. Fotografías de fueguinos y mapuche en el Jardín d’Acclimatation de París, siglo XIX. Santiago de Chile, Pehuén Editores Limitada, 2006.

8. Becerra Romero, Daniel y Adexe Hernández Reyes. “Una lectura de la cerámica figurativa del mundo antiguo desde la perspectiva del lenguaje visual del cómic”. Actas del I Congreso Internacional de estudios cerámicos: homenaje a la Dra. Mercedes Vegas. Coord. Lourdes Girón Anguiozar et al. Universidad de Cádiz, 2010, pp. 1041-1064.

9. Belting, Hans. Antropología de las imágenes. Madrid, Katz, 2007.

10. Benedict, Ruth. “Anthropology and the abnormal”. The Journal of General Psychology vol. 10, núm. 1, 1934, pp. 59-82.

11. Blanchard, Pascal, Gilles Boëtsch y Nanette Jacomin Snoep, dirs. L’invention du sauvage. Exhibitions. Paris, Musée du Quai Branly/Actes Sud, 2011.

12. Bierce, Ambrose. El diccionario del Diablo. Madrid, Valdemar, 2015.

13. Bourdieu, Pierre. El sentido práctico. Madrid, Siglo XXI, 2008.

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15. Bueno Jiménez, Alfredo. “La representación gráfica de los monstruos y seres fabulosos en el Nuevo Mundo (Siglos XVI-XVIII)”. Monstruos y monstruosidades. Del imaginario fantástico medieval a los X-men. Ed. M. Piñol Lorret. Barcelona, Sans Soleil, 2015, pp. 75-108.

16. Caro Baroja, Julio. La aurora del pensamiento antropológico. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1991.

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Fecha de recepción: 13/09/2018
Fecha de aceptación: 19/02/2019

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