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DOI: 10.19137/anclajes-2019-2322

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ARTÍCULOS

 

Las crónicas de viaje a la URSS de Elías Castelnuovo: el humor como estrategia crítica

Elías Castelnuovo’s travel chronicles to the URSS: humour as a critical strategy

As crônicas de viagem à URSS de Elias Castelnuovo: o humor como estratégia critica

 

Esteban Virgilio Da Ré
Universidad de Buenos Aires
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, CONICET
Argentina
estebanvdr@yahoo.com.ar
ORCID: 0000-0001-7809-2847.

 

Resumen: Elías Castelnuovo visita la URSS en 1931 y, al año siguiente, escribe una serie de crónicas sobre sus experiencias de viaje en medios periodísticos vinculados con el Partido Comunista de la Argentina. Durante 1932, compila y modifica esas crónicas, suma otras nuevas y publica Yo vi…! ...en Rusia. Como consecuencia de este libro, se desarrolla una polémica en las páginas de la revista Actualidad –donde habían circulado, en primera instancia, algunas de esas crónicas– respecto de la perspectiva ideológica del autor, su formación teórica, la figura de Josef Stalin y la “moral sexual”. Castelnuovo interviene en el debate en 1933, con la publicación de Rusia Soviética, segundo tomo de sus crónicas de viaje. El análisis de estas crónicas y de la polémica que suscitaron permite advertir tanto las inflexiones de la poética de Elías Castelnuovo –en la que la ironía y el humor cobran un papel fundamental– como las tensiones, en la izquierda de la época, sobre aspectos literarios, culturales y políticos.

Palabras clave: Elías Castelnuovo; Humor; Literatura argentina; Crónicas de viajes; Partido Comunista

Abstract: In 1931, Elías Castelnuovo visits the URSS and, the following year, he writes a series of Chronicles on his travel experiences in journalistic media linked to the Argentine Communist Party. During 1932, he compiles and modifies these chronicles; he writes new ones and publishes Yo vi…! ...en Rusia. Consequently, a debate arises in the pages of the magazine Actualidad, in which some of those chronicles had circulated in the first place, regarding the ideological perspective of their author, his theoretical education, the figure of Stalin and the “sexual morality”. Castelnuovo actually participates in the debate in 1933 with the publishing of Rusia Soviética, a second volume to his travel chronicles. The analysis of these chronicles and the controversy that they raised allows for noticing the inflections of Elías Castelnuovo’s poetics –in which irony and humor take on a fundamental role– as well as the tensions in the left of the time, on literary, cultural and political aspects.

Key words: Elías Castelnuovo; Humour; Argentine literature; Travel chronicles; Communist Party

Resumo: Elias Castelnuovo visita a URSS em 1931 e, no ano seguinte, escreve uma série de crônicas sobre suas experiências de viagem em meios jornalisticos ligados ao Partido Comunista da Argentina. Durante 1932, compila e modifica estas crônicas, adiciona novas e publica Yo vi ...! ... na Rússia. Como resultado deste livro, uma polêmica se desenrola nas páginas da revista  Actualidad – na qual tinham circulado, em primeira instância, algumas dessas crónicas – em relação à perspectiva ideológica do autor, sua formação teórica, a figura de Josef Stalin e "Moralidade sexual". Castelnuovo intervém no debate em 1933, com a publicação da Rússia Soviética, segundo volume de suas crônicas de viagem. A análise destas crônicas e das polêmicas que suscitaram permitem advertir tanto sobre as inflexões da poética Elias Castelnuovo –onde ironia e humor assumem um papel um papel fundametnal– como sobre as tensões, na esquerda da época, sobre aspectos literários culturais e políticos.

Palavras-chave: Elías Castelnuovo; Humor; Literatura argentina; Crônicas de viagens; Partido Comunista

 

Elías Castelnuovo y la prensa de izquierda: un viaje desde los medios anarquistas a los comunistas1

La visita de Elías Castelnuovo a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1931 y el comienzo de la publicación de sus crónicas de viaje, al año siguiente, en el diario Bandera Roja y en la revista Actualidad, ambos medios vinculados con el Partido Comunista de la Argentina (PCA), se inscriben en una serie de viajes de delegados y de dirigentes políticos que, desde Argentina, habían visitado con anterioridad las tierras soviéticas y dejaron testimonio escrito de sus experiencias2. Entre estos viajes, el de Castelnuovo tiene la peculiaridad de que no se realiza en el marco de una comitiva oficial, sino como acompañante de Lelio Zeno, según cuenta Castelnuovo en sus Memorias (148), amigo que participó junto con él de distintos medios periodísticos anarquistas durante las décadas anteriores y quien, a raíz de sus intereses políticos y de su condición de médico, había sido invitado a visitar el Instituto Sklifosovsky, el establecimiento de cirugía de urgencia más grande de Moscú.
Si bien Castelnuovo no viaja a la URSS en el marco de una organización política, formó parte, desde sus primeras publicaciones, de los órganos de difusión periodística y cultural de la tendencia anarquista “anarco-bolchevique”, que se diferenciaba de otras corrientes dentro del anarquismo por apoyar a la revolución soviética, en lugar de ser refractaria, pero que, al mismo tiempo, intentaba hacerlo “sin subordinarse a la hegemonía de su política” (Doeswijk, 286). En agosto y septiembre, publica en la revista Prometeo sus primeras ficciones, “Petrificando cerebros” y “Catecismo”, dos breves diálogos humorísticos, a través de los cuales se burla de las Fuerzas Armadas y de la Iglesia Católica, respectivamente. En octubre, se incluye en La protesta el poema “Los bárbaros están a la puerta de Petrogrado”; allí exalta la gesta soviética, en el contexto en que se veía amenazada por el Ejército Blanco. Luego, las participaciones en medios “anarco-bolcheviques” continúan. En 1921, aparecen textos de su autoría en la revista Cuasimodo; entre 1921 y 1922, en el diario El Trabajo; en 1923, es nombrado secretario de prensa de la Alianza Libertaria Argentina y escribe en su periódico El libertario; entre 1925 y 1926, participa del periódico La Rebelión. Asimismo, a partir de 1924, integra el llamado grupo de Boedo, conjunto de escritores e intelectuales que se proponen contribuir, aun en su diversidad ideológica, a la conformación de una cultura revolucionaria y participa, hasta 1930, en las revistas culturales Extrema Izquierda, Los pensadores y Claridad, vinculadas con este grupo3. En esos años, también participa de otras revistas de izquierda no asociadas necesariamente con el anarquismo ni con Boedo, como Revista del Pueblo, Izquierda y Nervio.
Pese a su trayectoria dentro del anarquismo, Castelnuovo elige, como modo de circulación para sus crónicas de viaje a la URSS, dos publicaciones vinculadas al PCA: el diario Bandera Roja y la revista Actualidad4. Castelnuovo publica en Bandera Roja quince artículos sobre su viaje durante poco más de tres meses, entre el 1 de abril y el 4 de julio de 1932 y, en paralelo, aparecen dos notas en Actualidad, en junio y julio de ese año. Mientras se publicaban estas crónicas, Actualidad anuncia en sus páginas la salida del libro Yo vi…! ...en Rusia, compilación de estos artículos —con ligeras pero significativas modificaciones— junto con otros nuevos, bajo el sello editorial de la propia revista. La opción por medios cercanos al comunismo, en detrimento de los anarquistas, puede encontrar sus causas en el hecho de que durante los últimos años de la década del veinte el anarquismo había visto disminuida su injerencia en las/os trabajadoras/es organizadas/os, al tiempo en que el PCA experimentaba un crecimiento dentro de ellas/os5. A su vez, Castelnuovo había participado de publicaciones anarquistas que se caracterizaban por expresar su apoyo a la revolución rusa. En este sentido, esta opción de Castelnuovo parece una derivación esperablede su perspectiva ideológica y de las particularidades del contexto político de la izquierda argentina.
Respecto de las características de estas publicaciones, Roberto Pittaluga define a Bandera Roja como uno de los “intentos de los comunistas argentinos [junto a Mundo Obrero y Frente Único] por establecer una prensa diaria de carácter legal durante 1932” (19), luego de la recuperación del PCA de la legalidad entre febrero y marzo de ese año, que había perdido después del golpe de estado de 1930. Al mismo tiempo, Tarcus señala que este diario lleva las marcas del período "ultraizquierdista", que entonces atravesaba el comunismo internacional, y de su estrategia política de clase contra clase que se extendió hasta mediados de la década del treinta. Respecto de Actualidad, Tarcus señala que se encuentra integrada por “colectivos intelectuales comunistas y algunos ´compañeros de ruta´”6. Sylvia Saítta, por su parte, califica a esta revista como un “vocero oficioso del Partido Comunista” y afirma que los primeros ocho números, publicados entre abril y octubre de 1932, estuvieron bajo la dirección de Castelnuovo, aunque no figuraba como director de la revista (Entre el espanto 9). Los artículos publicados en Actualidad se ocupan predominantemente de temas políticos, como el análisis de la coyuntura nacional e internacional desde una perspectiva anticapitalista, con foco en la situación y en los progresos de la URSS, mientras que se dedica un espacio significativamente menor para temas culturales y artísticos. En efecto, Alejandro Eujanián y Alberto Giordano sostienen que, en comparación con lo que ocurría con las revistas de izquierda en los años veinte, en los treinta “las ubicaciones y definiciones políticas comienzan a influir más claramente en los debates intelectuales de la izquierda argentina” como consecuencia “en gran medida, de la perduración de las expectativas abiertas por la revolución rusa de 1917” (397-8).
En sus Memorias, Castelnuovo señala que, por iniciativa de Horacio Quiroga, consigue ser corresponsal del diario La Nación, lo cual le podría servir de “salvoconducto”, según le aconseja el mismo Quiroga, frente a cualquier “atropello” que pudiera sufrir en Rusia (151). Sin embargo, a su retorno, explica que, como consecuencia del clima político que se vivía bajo la dictadura de José Félix Uriburu:

se dio finalmente esta paradoja: que habiendo partido como corresponsal de un diario grande, fundado por un general de alcurnia, salí publicando mis artículos a mi regreso en un diario chico, fundado por un proletariado exento de toda prosapia, cuya redacción por añadidura, funcionaba en la pieza de un inquilinato.
Huelga decir las cosas que pasaron después.
Por poco no fui a parar al Presidio de Ushuaia. (173)

Castelnuovo relata en Yo vi…! ...en Rusia que sufrió el allanamiento de su casa y el secuestro de sus notas de viaje, motivo por el cual debió escribir apelando solo a su memoria (14).
Esta contextualización que ofrece Castelnuovo, en sus Memorias, de su participación en las publicaciones vinculadas con el PCA, se encuentra en línea con el hecho de que no estaba afiliado al partido –al igual que Roberto Arlt, otro de los colaboradores–, lo cual permite entrever una estrategia de acercamiento del PCA hacia intelectuales afines con la presunta intención de incorporarlos a sus filas, así como se puede inferir que estos intelectuales se veían beneficiados por la posibilidad de canalizar, de alguna manera, sus intereses políticos, de disponer de un medio de difusión en un contexto adverso y de un público potencial, sin la necesidad de dar el paso de afiliarse a un partido y de adscribir por completo a su programa. De esta manera, la publicación de sus crónicas de viaje a la URSS en las páginas de los medios vinculados al PCA, así como las polémicas que suscitaron, permiten no sólo advertir las continuidades y diferencias respecto de las prácticas políticas y culturales anteriores de Castelnuovo, sino también los límites de la convergencia entre el PCA y un sector de los intelectuales de izquierda.

¿Cómo narrar una revolución?

Para relatar su experiencia en la URSS, Castelnuovo apela al género de la crónica, “ornitorrinco” de la prosa porque conjuga características de “novela, reportaje, cuento, entrevista, teatro —moderno y clásico—, ensayo, autobiografía” (Villoro s/n). La opción por este género le otorga a Castelnuovo una gran versatilidad formal para relatar su experiencia de viaje en medios periodísticos, sin renunciar a las posibilidades expresivas de la literatura. En efecto, Castelnuovo adopta como procedimiento para dar testimonio de la revolución soviética narrar otra revolución: la personal. Pero esta revolución personal se produce como consecuencia de la experiencia directa de la revolución soviética. Es decir, en sus crónicas de viaje, Castelnuovo no relata una revolución, sino dos:

Yo he actuado algún tiempo en las filas del anarquismo. Di allí lo que pude y trabajé sin sujeción y sin método, a veces, mucho; a veces, poco, y, últimamente, nada. Confieso que desde que me hice literato me aparté bastante del movimiento obrero. Hace ya varios años que no visito un sindicato y que no colaboro en ninguno de aquellos periódicos donde inicié mi carrera. Me aparté de un sector de la lucha, es cierto, mas, no de la lucha en sí, porque seguí luchando. El viaje que hice a Rusia me ha sido sumamente saludable. Tuvo la virtud de volverme otra vez, en cierto modo, a mi punto de partida. Personalmente, creo que me quitó como veinte años de encima. Hay que ver lo que es eso. (“Sus impresiones sobre la URSS” 2)

Esta revolución personal, que lo hace volver a la militancia -Castelnuovo junto con Arlt impulsan la Unión de Escritores Proletarios a partir de mayo de 1932-, se encuentra motivada por el hecho de que la revolución soviética, para él, no ocurrió principalmente como consecuencia objetiva del desarrollo de las fuerzas productivas ni de la voluntad de individuos extraordinarios, sino que su impulso fundamental fue el accionar de las masas trabajadoras:

Modifiqué, en consecuencia, los términos de mi concepción revolucionaria. Dejé de ser un pensador aristócrata y señorial y me puse, intelectualmente, otra vez mi blusa obrera. Adquirí un sentido de conjunto que antes no poseía y llegué a percibir la revolución social, no como un hecho catastrófico, ni como una conjuración de genios o de generales, sino como un fenómeno histórico que realizará el proletariado cuando llegue a su madurez, la preparación revolucionaria de las masas. Comprendí perfectamente aquello que dijo Carlos Marx, que la liberación de los trabajadores será obra de los mismos trabajadores. Sin la participación del proletariado no hay revolución social que valga. También comprendí el significado de la disciplina y de la organización. El cambio que experimenté se lo debo exclusivamente a Rusia. (“Sus impresiones sobre la URSS” 2)

No obstante, esta imagen de “pensador aristócrata y señorial” que da de sí mismo Castelnuovo en las crónicas parece no corresponderse con el hecho de que, desde sus primeras publicaciones en 1919 y sin interrupciones, participa de revistas que apoyaron explícitamente la revolución rusa y en las que, incluso, se polemizó con otras tendencias de izquierda, principalmente anarquistas, que criticaban el proceso soviético. En este sentido, es posible afirmar que Castelnuovo, con esa autofiguración que ofrece en sus crónicas, intenta investirse de humildad política para generar una captatio benevolentiae en sus lectores potenciales, en el momento en que está comenzando a publicar en medios comunistas pese a su trayectoria anarquista. Por otro lado, en la publicación posterior de estas crónicas en formato libro, ya no se presenta como alguien que poseía intereses políticos antes del viaje, dado que omite los datos sobre su militancia anterior en el anarquismo y sostiene que realizó el viaje como alguien que no es “amigo ni enemigo de la revolución” (Yo vi 11) y que, transformado por la experiencia, finalmente escribe para defender y elogiar el comunismo soviético7. Sin embargo, Castelnuovo, antes de su viaje, elogia a la revolución soviética en el artículo “La vagancia”, publicado en el número 2 de la revista Nervio, mismo número en el que la redacción saluda a Castelnuovo por su próxima partida hacia la URSS (55). Allí, con su ironía característica, afirma que si se aboliera la “verdadera” vagancia, la de aquellos que “simulan trabajar”, y no la de quienes viven en la calle, como se estaba intentado hacer, “significaría trastornar fundamentalmente el orden que nos rige. Se desembocaría fatalmente en la constitución rusa, en aquel artículo que dice: ‘El que no trabaja no come’. Y esto no puede ser” (4).  En efecto, esta omisión de su simpatía por la URSS que realiza Castelnuovo en el libro puede deberse a la ampliación del público potencial que imagina pueden tener sus crónicas publicadas en su nuevo formato. En este caso, confía en que las/os lectoras/es del libro, no necesariamente cercanos al PCA, se puedan identificar con su figura de narrador-protagonista neutral y que, una vez recorrida la experiencia del viaje de la lectura, se opere en ellas/os una revolución análoga a la experimentada por el narrador durante su viaje real. 

Entre los prejuicios y la realidad (ficcional): el humor como estrategia para la crítica

Castelnuovo estructura la narración de su viaje a partir de la presentación de una serie de situaciones vividas, que se destacan por su singularidad, y que, al mismo tiempo, intentan condensar los rasgos generales de la revolución soviética, al establecer una sinécdoque. Así, en anécdotas cotidianas, se entraman problemas complejos que son atravesados por dimensiones subjetivas, políticas, económicas, ideológicas, artísticas, culturales.
El relato del primer contacto de Elías Castelnuovo con la URSS, en su libro, sintetiza la transformación general que experimentará el narrador como consecuencia del viaje, en función de la puesta en tensión entre ciertos preconceptos sociales sobre Rusia y su experiencia de la realidad soviética. Durante el recorrido en tren desde Alemania, distintos pasajeros lo habían prevenido respecto de que “el interrogatorio que se le hace al entrar [a Rusia] es muy delicado” y que convenía “preparar un día antes el discurso que se debe pronunciar en la frontera.” (Yo vi 17) En efecto, Castelnuovo relata que:

al penetrar en territorio soviético, se pone uno a temblar como una rata. Se prepara materialmente como para entrar a la morgue.
De pronto, se siente un golpe en la puerta del camarote del tren, y se abre. Aparece un guardia rojo, completamente desarmado. Está mal vestido. Tiene el capote desabrochado, la cabeza despeinada y las botas llenas de barro. Una garúa fina cae sobre los campos de Ostrov, que es el límite con la frontera letona.
Me pide el pasaporte. Se lo entrego medio asustado. Me vienen ganas de tomarlo de un brazo y suplicarle:
—Vea, no me vayan a fusilar, porque tengo una mujer y un hijo... ¿Sabe usted? Yo no hice nada malo todavía… Figúrese que no he tenido tiempo… Recién llego… No soy agente de Norte América… Lea bien y no confunda: vea que yo pertenezco a la América del Sur. (Yo vi 18-19)

Castelnuovo ridiculiza su propia imagen —se muestra temeroso y totalmente convencido de los prejuicios que había escuchado— con el fin de ridiculizar los imaginarios negativos que circulaban en la época sobre la URSS. La adopción de un tono humorístico respecto de las críticas a la URSS es la estrategia fundamental que adopta para tomar distancia de ellas, poner en evidencia su carácter absurdo y quitarles toda validez. El énfasis con que el autor subraya que estuvo en contacto directo con la revolución, perceptible ya desde el título que elige para su libro, fundamenta la veracidad de sus apreciaciones8. El efecto humorístico y crítico se refuerza con el contraste entre esos prejuicios criticados y la realidad representada:

El muchacho se escupe un dedo y comienza a ojear mi pasaporte.
Bajamos juntos del coche y nos dirigimos a la revisación. El guardia rojo conversa conmigo como si me conociese desde la infancia. Esa confianza que se toma inmediatamente, se la toma después todo el mundo. Es una costumbre rusa. (Yo vi 19)

Concluida la revisación, el viaje continúa y el tren se va poblando de pasajeros rusos que comienzan a realizar en los vagones una “fiesta improvisada”: una mujer empieza a cantar, un hombre se acerca y la acompaña con una guitarra, otro con un acordeón, al punto de que “el guardia que se venía durmiendo por Riga es animador del bochinche” (Yo vi 27). Esta situación le permite concluir a Castelnuovo:

Nada de lo que ocurre me parece normal. Estamos tan habituados a la vida artificiosa y convencional, al recato burgués, al disimulo y a la inhibición de la espontaneidad, que cuando tropezamos con gente así pensamos lo contrario de lo que debíamos pensar: que los bichos raros no son ellos, sino nosotros. (Yo vi 28)

La mirada enrarecida se invierte, la subjetividad se revoluciona: lo extraño y negativo no es la cultura de los otros, sino la propia.

Revolución sexual en la revolución social

Una constante de Castelnuovo, a lo largo del relato de sus escenas de viaje, consiste en subrayar las diferencias en la relación entre mujeres y hombres en el mundo comunista y en el capitalista. Esta crítica al patriarcado que presenta Castelnuovo, lejos de ser un rasgo llamativo, expresa la vitalidad de la lucha por la igualdad de las mujeres durante las primeras décadas del siglo XX dentro de los grupos anarquistas en los que se había formado políticamente9. En efecto, la última sección de Yo vi...! ...en Rusia lleva por título “La mujer” y tiene como protagonista a una pintora que Castelnuovo conoció en donde se hospedaba, la Casa de los obreros de la Inteligencia, quien, “por su edad y por su cultura, representaba bien, a mi parecer, al tipo nuevo de la mujer rusa.” (Yo vi 141)10. Castelnuovo y la pintora entran en relación dado que ella tenía “la idea de componer un cuadro internacional con los personajes que desfilaban por el establecimiento, procedentes de todas las latitudes” (Yo vi 141), motivo por el cual le pide a Castelnuovo que pose para ella. Durante estas sesiones, ambos discurren sobre diversos temas vinculados con la realidad de las mujeres en la Rusia soviética.
Castelnuovo le pregunta cuáles son las conquistas más salientes de la mujer luego de la revolución y la pintora le responde que “son idénticas a las del varón” dado que “desempeña ya con el mismo éxito las funciones más delicadas, como es la diplomacia, y las tareas más rudas, como el manejo de un tractor o la descarga de un buque” (Yo vi 146); al mismo tiempo, le explica las causas de este cambio:

– La esclavitud de la mujer provenía, en parte, de su sujeción económica. Se hallaba atada al marido y al régimen. El varón la alimentaba y el varón la gobernaba y la oprimía. Mientras existía semejante dependencia, ella no podía ser libre, porque era un apéndice de la propiedad privada. […] ¡Se acabó el reinado de los pantalones! (Yo vi 147, itálicas en el original)

Los sucesos que se relatan en el capítulo siguiente, titulado “La moral”, muestran, en la práctica, aquello que la pintora había presentado en la teoría, pero desde un ángulo inesperado. Con el fin de celebrar la finalización del retrato, la mujer invita a Castelnuovo a su casa para, junto a su marido, también pintor, agradecerle con una cena el gesto de haber posado para el cuadro. Castelnuovo también lo había conocido en la Casa, del cual, con ironía, había dicho que “a pesar de que él era más revolucionario que ella hablando; pintando, resultaba más revolucionaria ella que él” (Yo vi 118). Después de cenar, el matrimonio, animado, canta algunas canciones. Luego, Castelnuovo advierte al lector de que “finalmente, se produjo una escena que yo no fui capaz de interpretar con exactitud” (155):

Concluido el canto y los arenques, el vino y la fruta seca, ella tomó asiento en medio de ambos, sobre el mismo canapé donde nos hallábamos los dos. De repente, el varón, me dijo, a boca de jarro:
–¿Te gusta mi mujer? (En verdad, me dijo así: ¿Te piache la mia dona?)
Fue tan intempestiva la pregunta que me quedé cortado. (155)

Sin continuar el relato de cómo se resolvió la escena, Castelnuovo explica que le consultó esa noche a un amigo ruso sobre el sentido de lo ocurrido, quien le respondió que “para una rusa verdaderamente soviética, un japonés, un chino o un sudamericano, es un plato internacional” (156, itálicas en el orginal). Ante la sorpresa de Castelnuovo, el amigo ruso lo interpela:

–Pero, ¿adónde te criaste vos? ¿Arriba de una palmera? ¿Cómo no te das cuenta que esto también ha cambiado por completo? ¿O es que querés aplicar el socialismo a la producción y al amor… una sopapa? (Yo vi 156)

Esta escena con el matrimonio adquiere una posición destacada en el conjunto del libro dado que da fin a Yo vi…! en Rusia, primer tomo de las crónicas de viaje. Una vez más, Castelnuovo ridiculiza intencionalmente su propia imagen para criticar el imaginario burgués respecto de la sexualidad que él porta en su construcción ficcional, en contraste con la “moral sexual” de la pareja de pintores. El relato de esta situación no había sido publicado previamente en las crónicas de Castelnuovo en Bandera Roja o Actualidad, sino que se da a conocer, por primera vez, con la publicación del libro. Y las controversias no se hacen esperar.

 Polémica y ruptura: límites de la convergencia entre Castelnuovo y el PCA

La polémica respecto de la perspectiva sobre la URSS que Castelnuovo despliega en Yo vi...! ...en Rusia se desarrolla en la misma revista Actualidad, cuya editorial había publicado la primera edición del libro. Las tensiones se manifiestan a partir del N.º 7, publicado en septiembre de 1932, en el que aparece una reseña crítica del libro, firmada por Carlos Delheye. Luego de esta recepción negativa que realiza Actualidad, Castelnuovo deja de participar como colaborador de la revista a partir del número 9, y el segundo libro que compila sus crónicas, Rusia Soviética, así como la reedición de Yo vi...! ...en Rusia, ya no son publicados por la editorial de la revista, sino por Ediciones Rañó.
Delheye, antes de realizar en su reseña un análisis pormenorizado, ofrece una valoración general del libro:

no acertaríamos, a nuestro juicio, a considerarlo siquiera como un relato mediocre de situación de aquel país. […] Y conste que estas líneas no pueden asumir otro carácter que el de un comentario, pues el libro se resiste a todo estudio serio. Este folleto se destaca por la puerilidad, por la simpleza de la observación y la nimiedad que campea en todas sus páginas. (45)

La causa y la importancia de estos problemas, sostiene Delheye, se encuentran en que “el autor pisa un terreno donde es necesaria una cierta capacitación ideológica” (45) que, según él, Castelnuovo no tiene.
La valoración de la figura de Stalin es otro tema de debate. Castelnuovo, en su libro, sostiene que en la URSS “se habla con más calor de las represas de Dnieprostroy que de los discursos de Stalin y es más impresionante ver funcionar los altos hornos de Magnitogorsk que verle la cara a Gorky o a Zinovief” (Yo vi 5). Sobre este punto, Delheye afirma:

Nos damos cuenta de lo que se quiere decir, pero está mal expresado: la cara de Gorky o de Zinovief no juegan el mismo papel que los discursos de Stalin. Asombra la ligereza de la comparación, cuando precisamente a la obra de Stalin y a sus discursos que la reflejan, se debe, en gran parte, la propulsión del socialismo en Rusia. ¿Se puede subestimar así, irresponsablemente, el rol que juega la vigorosa personalidad de Stalin? (45)

 A lo largo de las crónicas, Castelnuovo se interesa por destacar que los trabajadores rusos valoran los logros colectivos por sobre la importancia de figuras individuales, en consonancia con su ideología “anarco-bolchevique”. Esta tendencia política reivindicaba la revolución rusa por ser, desde su perspectiva, consecuencia del impulso político de las masas y se mostraba contraria a los personalismos. En este sentido, es posible afirmar que la diferencia con Delheye no reside en una “falta de formación ideológica” de Castelnuovo, como señala en su reseña, sino en la puesta en evidencia de una formación ideológica diferente a la que pretende el reseñista.
Asimismo, Delheye discrepa respecto de la veracidad de la escena con el matrimonio de pintores, en función de que sostiene que “bajo el sistema comunista nadie va a encargarse de prestar [sic] así, tan burdamente, a su compañera, sino que eso es precisamente la característica de los maridos burgueses que, –como dice Marx– se encargan de encornudarse mutuamente” (46).
Por último, Delheye finaliza la reseña con una valoración negativa de la calidad específicamente literaria de la obra:

Debemos llamar la atención sobre el empeño –puramente artificial por otra parte– que ponen algunos escritores, entre los que se destacan especialmente Castelnuovo y Arlt, por intercalar términos bajados a buscar al caló, a los bajos fondos o simplemente obscenos. Y queremos resaltar el hecho no con afán de académicos puristas del idioma, sino porque consideramos un error su empleo. Nos apercibimos que estos escritores quieren dar fuerza y energía a sus relatos, pero ello es puramente artificioso. Los obreros, cuyo lenguaje es crudo, a veces brutal, no emplean estos términos: el insulto, la grosería, la procacidad, es patrimonio de la burguesía y al escribir estas líneas lo que deseamos es destruir la leyenda creada por los escritores pequeño-burgueses. ¿Por qué insistimos en este punto? Precisamente porque queremos gritar a todos los vientos, que el buen gusto, el arte y la belleza, encuentran en las masas proletarias sus mejores intérpretes, y toda la literatura de albañal y de burdel, toda la retórica que necesita del nombre de excrementos y de preservativos para tomar fuerza y vigor, debemos dejarla como bagaje de despedida de un mundo corrompido que se va... (46).

Delheye califica a Castelnuovo y a Arlt de “pequeño-burgueses” al tiempo que da recomendaciones respecto de cómo debe ser, y cómo no debe ser, la literatura proletaria, que se muestran cercanas a la estética del realismo socialista, que se encontraba en gestación durante esos años, y en la cual se aboga por una representación idealizada del proletariado11. Por otro lado, no parece casual la mención de Arlt. En paralelo con la publicación de esta crítica hacia Castelnuovo en las páginas de Actualidad, Rodolfo Ghioldi, uno de los principales dirigentes del PCA, entabla una polémica con Arlt en Bandera Roja, en torno de la importancia de la formación y de la función de los intelectuales dentro del partido, que da como resultado el hecho de que Arlt deje de participar en ese diario12.
Junto con esta reseña, la revista Actualidad publica, en un recuadro, un llamado a los lectores a dar su opinión sobre la obra en cuestión de Castelnuovo “dado el interés que ha despertado este libro” (46). En el número 9, publicado en noviembre de 1932, Castelnuovo ya no figura entre los “colaboradores” y se publican tres breves respuestas a esta encuesta con opiniones negativas sobre el libro. En el número 10, de diciembre del mismo año, un lector consulta sobre la salida de Castelnuovo de la revista y la respuesta es contundente: “Nosotros no hemos sacado a Castelnuovo de la lista de colaboradores. Él nos hizo llegar su deseo de no figurar más en ella. Y no nos costó nada complacerlo. No está aquí. Según últimos informes se encuentra en Montevideo” (38).
La relación entre Castelnuovo y Actualidad parece haber llegado a su límite, pese a que las repercusiones de su libro ocupan aún algunas páginas del siguiente número. Castelnuovo no da su versión sobre los motivos de su salida, pero esa decisión —ya sea voluntaria o forzada— puede dejar en evidencia que su perspectiva era minoritaria y que la relativa apertura que tuvo, en primera instancia, el medio vinculado con el PCA en la conformación de su plantel cerraba filas en torno de cierta ortodoxia ideológica.
En el número 11, de enero de 1933, aparecen otras tres respuestas de lectores, entre las que se destaca una por su extensión, firmada por Maritano, en la que se realiza una defensa de Castelnuovo. Esta carta, a diferencia de las otras, aparece con una introducción de “La redacción” en la que se polemiza con Maritano y en la que se aclara que dan por terminada la publicación de repercusiones. En ella, se reafirman las apreciaciones de Delheye al decir que “[Castelnuovo] podrá ser muy artista, pero no dejará de ser un artista pequeño-burgués, cuya obra perjudica al proletariado” dado que “quien no conoce ´la línea marxista´, no está en condiciones de interpretar la nueva realidad soviética” (45). No obstante, dejan sin respuesta un pasaje de Maritano en el cual cuestiona la reseña de Delheye y a la redacción de Actualidad:

no es bueno embardarse en una crítica envenenada, donde ya no prima ni el concepto marxista ni un conocimiento de causa. […] Eso no es disciplina en la lucha de clases ni es combatir prejuicios: eso es incomprensión o fanatismo. Y nos preguntamos: ¿qué interés puede haber en alejar de los grupos revolucionarios, deliberadamente, a hombres que con su vida y su acción prueban estar con las masas y querer aprender de ellas? ¿Por qué se hiere sin causa, desconociendo todos los valores? (46)

Las críticas hacia Castelnuovo y su alejamiento de los medios periodísticos del PCA, en paralelo a lo que ocurre con Arlt en Bandera Roja, parecen responder a un giro en la política del partido respecto de los intelectuales y escritores cercanos, “compañeros de ruta” pero no afiliados, que no se subordinan por completo a la línea partidaria, como deja traslucir Maritano. Este giro podría manifestar los límites político-ideológicos de la estrategia de acercamiento del PCA hacia los intelectuales afines, al tiempo que evidencia aspectos de la disciplina partidaria que algunos intelectuales no aceptaron en aras de participar en las publicaciones de ese partido. De esta manera, las diferentes perspectivas de Castelnuovo y el PCA sobre una misma revolución funcionaron como un síntoma de los límites de su estrategia política hacia los intelectuales de izquierda en esa particular coyuntura.
Castelnuovo no responde a la polémica en las páginas de Actualidad, sino, al año siguiente, en el comienzo del libro Rusia soviética, su segundo tomo de crónicas de viaje, el cual ya no aparece publicado por la editorial de Actualidad, sino por Ediciones Rañó:

El volumen anterior finalizó, como se recordará, con un capítulo en el que describí sumariamente las características de la nueva mujer rusa. En la parte que se refiere a la moral, incluí dos anécdotas que fueron, a mi juicio, interpretadas erróneamente, o que no fueron, en último caso, insertadas allí con la intención que algunos me atribuyeron.
Declaro, ahora, que yo no tuve el propósito de ofender con ello a los casados. Tampoco tuve el propósito de estimular la gula sexual de los solteros. Y declaro esto, porque los que se han sentido más vivamente lesionados en su dignidad por el relato, no fueron los solteros, sino los casados.
Más de un cornudo puso, naturalmente, el grito en el cielo. (Rusia 5)

Como era de esperar, el humor y el sarcasmo aparecen en su respuesta. No obstante, Castelnuovo, lejos de conceder a las críticas, redobla la apuesta: “Suponer que Rusia, toda Rusia, practica una moral tan alta y generosa, es suponerle, además, un grado de civilización que aún no posee” (Rusia 6). Castelnuovo solo responde respecto de este tema y, en lo que parece ser un silencio calculado, nada dice sobre su formación política, su carácter “pequeñoburgués”, la figura de Stalin o su estilo literario. Este silencio indicaría que sobre estos temas ya dijo su última palabra y no hay aclaraciones o concesiones por hacer.

Conclusiones

El análisis de las tensiones que Castelnuovo establece con otros discursos en sus crónicas de viaje y en la polémica que suscitan –que no había sido analizada por la crítica literaria hasta el momento– permite delimitar, con mayor precisión, su perspectiva política y las implicancias ideológicas de sus producciones discursivas. Como afirma Valentin Voloshinov en El marxismo y la filosofía del lenguaje, todo enunciado responde a enunciados anteriores y participa de las luchas ideológicas a través de las valoraciones que realiza de aquello que toma por objeto de su discurso. En este sentido, el tono humorístico de las crónicas de Castelnuovo se muestra como una estrategia fundamental para desacreditar los discursos críticos respecto de la revolución soviética, en un primer momento, y para intervenir luego respecto de la recepción negativa de Yo vi…! ...en Rusia.
A su vez, advertir las diferencias entre las perspectivas ideológicas de Castelnuovo y el PCA sobre determinados aspectos de la revolución rusa permite complejizar la opinión acerca de que las crónicas de Castelnuovo ofrecen “un buen modelo de las formas de la adhesión al proceso revolucionario soviético, voluntarista y renuente a los matices” (Sarlo 124), dado que, justamente, la astucia de Castelnuovo consiste en mostrar sus “matices” respecto de la ortodoxia soviética, por ejemplo, a través de sutiles, pero contundentes diferenciaciones de su valoración de la figura de Stalin, de la “moral sexual” posrevolucionaria y del realismo socialista. Estos matices que expresa Castelnuovo llevan la tensión con el PCA al punto de que abandona la redacción de la revista Actualidad.
Asimismo, Castelnuovo, cuando ficcionaliza en sus crónicas la revolución personal que le produjo el contacto con la revolución rusa, exagera su alejamiento de la militancia previo al viaje mientras que, en su libro, omite referencias a su trayectoria en el anarquismo y a su simpatía por la URSS; en ambos casos, con fines retóricos y políticos. Reparar en el carácter ficcional de estas representaciones y las tensiones que la perspectiva ideológica de Castelnuovo establece con la línea política del PCA implica, en efecto, relativizar la “nueva ubicación”, el “momento de viraje de su producción literaria” y la “autocrítica” (Saítta, Entre el espanto 12) que Castelnuovo realizaría a partir de su experiencia soviética. Si bien Castelnuovo vuelve a la revista Actualidad en 1934 y publica obras de teatro, en ese año, en las cuales incluye entre sus protagonistas a trabajadores organizados y a militantes de la “juventud comunista” (Vidas 91), a diferencia de lo que ocurría en sus obras anteriores, no deja de establecer en estas ficciones, al mismo tiempo, sus diferencias políticas e ideológicas con el PCA, al representar, en ellas, a los militantes de la Juventud Comunista portando discursos que no tienen pregnancia en el resto de los trabajadores e, incluso, intentando dirigir de manera forzada y externalista a los desocupados13.
Estas divergencias políticas e ideológicas de Castelnuovo respecto del PCA, que se pueden advertir ya en sus crónicas de viaje, permiten, a su vez, iluminar una zona no explorada al momento de intentar explicar los obstáculos que tuvo el PCA para incorporar intelectuales a sus filas, en las décadas del veinte y del treinta, pese a las simpatías que estos intelectuales pudieran tener con la revolución rusa. Hernán Camarero señala que las causas de estas dificultades pudieron encontrarse en el “acérrimo obrerismo” del PCA, en su dirección “todavía débil, cambiante e inexperta, que se mostraba hostil a la independencia de criterio” y al “fuerte sectarismo que definió el tercer período en todo el comunismo internacional” (265, itálicas en el original). No obstante, estas razones se pueden enriquecer si se considera que los intelectuales a los que se pretendía incorporar al partido portaban trayectorias políticas y perspectivas ideológicas que pudieron hacer que las/os propias/os intelectuales limitaran el grado de acercamiento al PCA y tuvieran reticencias a la afiliación, independientemente de las políticas que se diera el partido hacia ellas/os.
Por último, el marcado tono humorístico de las crónicas abre la posibilidad de cuestionar la recepción predominante que tuvo la obra de Castelnuovo. Por ejemplo, Beatriz Sarlo encuentra que en la escena con el matrimonio de artistas, “el artista ruso le ofrece su mujer al escritor rioplatense en un final casi farsesco, malgré Castelnuovo” (125). Por el contrario, puede considerarse que el carácter farsesco de la escena es intencional, como se intentó demostrar con anterioridad, y busca criticar los preconceptos del mundo burgués respecto de cómo vivir la sexualidad14. En este sentido, el carácter “involuntariamente caricaturesco” (Astutti 427) que la crítica literaria predominante encuentra en las ficciones de Castelnuovo de los años veinte respecto de modelos literarios previos –en particular, del naturalismo literario– pueden reconsiderarse si se leen bajo el marco del tono humorístico que atraviesa la obra de Castelnuovo. Por ejemplo, publica en 1923, el mismo año de su colección de cuentos Tinieblas, la ficción Notas de un literato naturalista, que consiste en el diario personal de un joven que pretende escribir una novela adscripta al naturalismo y del cual, desde las primeras líneas, construye una imagen paródica y burlesca: “Yo soy literato: nací literato y pienso morir literato; en mi familia, todos fueron consecuentes con sus ideas hasta la muerte. Tuve un tío que nació tuerto, vivió tuerto y murió tuerto” (Notas 1). En efecto, esta parodia permite revisar la idea de que Castelnuovo cultiva un naturalismo anacrónico y exagerado, para advertir, por el contrario, que puede estar formulando su crítica burlesca15. La percepción del tono humorístico de Castelnuovo, no advertido por la crítica predominante hasta el momento, trae como consecuencia la necesidad de revisar la obra ficcional de Castelnuovo y poner en cuestión los principales preconceptos que recaen sobre su poética.

Notas:

1 Agradezco a Pablo Pozzi la atenta lectura de los borradores de este trabajo y sus valiosos comentarios, a las/los evaluadoras/es por sus devoluciones y a Víctor Augusto Piemonte por las sugerencias bibliográficas.

2 Nos referimos a: Mijail A. Komin-Anexandorvsky, delegado de la Federación de Organizaciones Obreras Rusas de Sudamérica, quien viaja a Rusia en 1920; Rodolfo Ghioldi, dirigente del PCA, en 1921; Tom Barker, delegado de la FORA anarquista, también en 1921; José F. Penelón, dirigente del PCA, en dos oportunidades, en 1922 y 1924, la primera de las veces con Miguel Contreras, quien también dejó testimonio de su viaje, al igual que Penelón, en 1924; Augusto Pellegrini, delegado de la Federación de Agrupaciones Sindicalistas, en 1922, el cual publicó su informe en 1923; Abraham Resnik, delegado de la Unión Sindical Argentina, en 1927 y publicó su informe al año siguiente; y José Vidal Mata, quien viajó en 1929 como delegado de la Alianza Libertaria Argentina y publicó su libro en 1930. Para un análisis de estos viajes y escritos y una selección de cada uno de ellos, ver el libro de Horacio Tarcus, Primeros viajeros al país de los soviets. Crónicas porteñas 1920-1934.

3 Sobre este grupo, ver Boedo. Orígenes de una literatura militante de Leonardo Candiano y Lucas Peralta.

4 Su título completo es Actualidad económica - política - social. Publicación ilustrada.

5 “Reducidos [en la década del treinta] ya los anarquistas a una secta aislada y sin mayor incidencia, esos enfrentamientos [dentro de los sindicatos] se desarrollarían ahora entre sindicalistas, socialistas y comunistas, caracterizándose por la paulatina declinación de los primeros y el crecimiento de la influencia de los dos últimos” (Del Campo 295).

6 En la “Presentación” al microfilm de Actualidad, realizado por el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI).

7 Saítta (Entre el espanto 7-8) realiza otra lectura sobre estas diferentes imágenes que Castelnuovo da de sí mismo en las crónicas periodísticas y en el libro, pero procede, en su análisis, como si las crónicas hubieran sido publicadas con posterioridad al libro, cuando la cronología fue al revés, dado que el libro compila y modifica las crónicas que circularon en primera instancia en los medios periodísticos.

8 Asimismo, como señala Saítta, este énfasis en “ver y tocar el socialismo” sintetiza el deseo de Castelnuovo de “experimentar la realización de un modelo de justicia social en sus aspectos más tangibles y materiales” (Hacia 14).

9 Por ejemplo, Julio Barcos, otro destacado intelectual “anarco-bolchevique” —quien prologa la primera edición de Tinieblas (1923), de Elías Castelnuovo— publica, en 1915, el libro La libertad Sexual de las Mujeres, en el que se manifiesta a favor de la igualdad en la práctica de una sexualidad libre tanto para varones como para mujeres. Respecto del anarquismo argentino en general y su lucha contra la opresión de las mujeres, Dora Barrancos señala: “Sus adherentes proclamaron el ´amor libre´ y fueron pioneros en materia de discursividad sexual, retando a las pacatas convicciones de nuestra sociedad. Entre los oprimidos a liberar se encontraban las mujeres, y se debe al anarquismo el empeño para hacerlas conscientes de su condición [de oprimidas]”. (122).

10 Castelnuovo, significativamente, no da el nombre de la pintora ni de su marido, como tampoco el de ninguna de las otras personas a las que refiere en sus crónicas, quizá como forma de preservarlas de cualquier consecuencia que pueda tener el relato de sus experiencias compartidas.

11 Como señala Adolfo Sánchez Vázquez, el discurso de Zhdánov en el Primer Congreso de Escritores Soviéticos (1934) puede considerarse “el acta de fundación de la teoría y la práctica del realismo socialista que habrían de dominar –de un modo absoluto– durante dos décadas” (195). En él, Zhdánov afirma que el escritor debe ser un “ingeniero de almas” y la literatura “expresión de los éxitos y los logros de nuestro sistema socialista”.

12 Para distintos análisis de esta polémica, ver José Aricó, Silvia Saítta (Entre la cultura) y Víctor Piemonte.orma de preservarlas de cualquier consecuencia que pueda tener el relato de sus experiencias compartidas.

13 Por ejemplo, en la obra de teatro “Vidas proletarias”, luego de las extensas intervenciones de un joven comunista dirigidas a obreros en huelga, un trabajador le responde, al tiempo en que preanuncia que sus prédicas no tendrán efecto entre ellos en el resto de la obra: “Vea, compañero, usted habla muy bien, pero sería mejor que se cortara. ¡Aquí pertenecemos todos a la FORA!” (Castelnuovo, Vidas 32). Asimismo, en “La marcha del hambre”, se presenta este diálogo entre jóvenes militantes comunistas:

 Muchacho 2º.-..El trabajo nuestro es agitar bien este sector. Las consignas deben ser concretas. Hay que enseñarles a gritar siempre lo mismo: ¡Pan! ¡Pan! ¡Trabajo! ¡Trabajo! ¡Queremos trabajo!
Muchacho 3º.- ¡Y aullar! ¡Aullar como lobos! (Vidas 93)

Luego, un desocupado ironiza sobre estos personajes al afirmar que ellos no tienen problemas en el querer que crezca la intensidad del conflicto dado que “¡Después los palos no los reciben ellos!” (Vidas 96).

14 A su vez, la utilización de un término francés por parte de Sarlo para señalar una deficiencia de Castelnuovo, en lugar de su equivalente en castellano, contribuye a la construcción de un determinado tipo de ethos crítico que subraya su distancia con él, de quien ya había sostenido con anterioridad en su texto que su “formación filosófica y política [era] más bien pobre” (123).

15 Sobre Castelnuovo y el naturalismo, ver Portantiero (115-120); Prieto (23); Sarlo (201 y 205); Eujanián y Giordano (406-7); Saítta (Entre el espanto 2).

 

Referencias bibliográficas

1. AA. VV., “Nota de la redacción”, Revista Actualidad, nº. 11, enero de 1933, pp. 45.

2. Aricó, José. “La polémica Arlt-Ghioldi. Arlt y los comunistas”, en La Ciudad Futura, n.° 3, diciembre de 1986, pp. 22-26.

3. Astutti, Adriana. “Elías Castelnuovo o las intenciones didácticas de la narrativa de Boedo”. El imperio realista, dirigido por María Teresa Gramuglio, vol. 6. Historia Crítica de la Literatura Argentina, dirigida por Noé Jitrik. Buenos Aires, Emecé, 2002, pp. 417-446.

4. Candiano, Leonardo y Lucas Peralta. Boedo. Orígenes de una literatura militante. Buenos Aires, CCC, 2007.

5. Camarero, Hernán. A la conquista de la clase obrera. Los comunistas y el mundo del trabajo en Argentina, 1920-1935. Buenos Aires, Siglo XXI, 2007.

6. Castelnuovo, Elías. “La vagancia”. Nervio, n.° 2, 1931, pp. 1-4.

7. Castelnuovo, Elías. Memorias. Buenos Aires, Ediciones Culturales Argentinas, 1974.

8. Castelnuovo, Elías. Rusia soviética. Impresiones de un viaje a través de la tierra de los trabajadores. Buenos Aires, Rañó, 1933.

9. Castelnuovo, Elías .“Sus impresiones sobre la URSS”. Bandera Roja, año 1, n.° 1, 1º de abril de 1932, pp. 2-3.

10. Castelnuovo, Elías. Vidas Proletarias (escenas de la lucha obrera). Buenos Aires, Victoria, 1934.

11. Castelnuovo, Elías . Yo vi…! ...en Rusia. Apuntes de un viajero. Buenos Aires, Actualidad, 1932.

12. Del Campo, Hugo. “Sindicatos, partidos ‘obreros’ y Estado en la Argentina preperonista”. Anuario IEHS: Instituto de Estudios histórico sociales, n.° 3, 1988, pp. 287-312.

13. Delheye, Carlos. Sin título (reseña del libro Yo ví...! ...en Rusia, de Elías Castelnuovo), Revista Actualidad,  nº 7, septiembre de 1932, p. 45.

14. Doeswijk, Andreas. Los anarco-bolcheviques rioplatenses (1917-1930). Buenos Aires, CeDInCI, 2013.

15. Eujanián, Alejandro y Alberto Giordano. “Las revistas de izquierda y la función de la literatura: enseñanza y propaganda”. El imperio realista, dirigido por María Teresa Gramuglio, vol. 6, Historia Crítica de la Literatura Argentina, dirigida por Noé Jitrik. Buenos Aires, Emecé, 2002, pp. 395-415.

16. Maritano, Alberto. Sin título (carta de lectores), Revista Actualidad, nº. 11, enero de 1933, pp. 45-46.

17. Piemonte, Víctor Augusto. “La política cultural del Partido Comunista de la Argentina durante el Tercer Período y el problema de su autonomía respecto del Partido Comunista de la Unión Soviética”. Revista Izquierdas, n.° 15, 2013, pp. 1-33. https://www.redalyc.org/pdf/3601/360133457001.pdf.

18. Pittaluga, Roberto. “Publicaciones comunistas del año 1932. Bandera Roja, Mundo Obrero y Frente Único”. En Publicaciones políticas y culturales argentinas (c. 1900-1986). Catálogo de microfilms. Buenos Aires, CeDInCI, 2007, pp. 19-20. http://www.cedinci.org/PDF/Publicaciones/Catalogos/microfilms.pdf.

19. Portantiero, Juan Carlos. Realismo y realidad en la narrativa argentina. Buenos Aires, Procyón, 1961.

20. Prieto, Adolfo. Antología de Boedo y Florida. Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba, 1964.

21. Saítta, Sylvia. “Elías Castelnuovo, entre el espanto y la ternura”. Literatura, política y sociedad: construcciones de sentido en la Hispanoamérica contemporánea. Homenaje a Andrés Avellaneda, editado por Álvaro Félix Bolaños, Geraldine Cleary Nichols y Saúl Sosnowski. Pittsburgh, Internacional de Literatura Iberoamericana, Universidad de Pittsburgh, 2008, pp. 99-113.

22. Saítta, Sylvia. “Entre la cultura y la política: los escritores de izquierda”. Crisis económica, avance del Estado e incertidumbre política (1930-1943), dirigido por Alejandro Cattaruzza, Nueva Historia Argentina, tomo VII. Buenos Aires, Sudamericana, 2001, pp. 383-428.

23. Saítta, Sylvia. Hacia la revolución. Viajeros argentinos de izquierda (selección y prólogo). Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2007.

24. Sánchez Vázquez, Adolfo (Comp.). Estética y marxismo, tomo II. México, Era, 1970.

25. Sarlo, Beatriz. Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920-1930. Buenos Aires, Nueva Visión, 1988.

26. Tarcus, Horacio. “Presentación” a Microfilm de Actualidad. Buenos Aires, Cedinci, 2007.

27. Tarcus, Horacio (ed.) Primeros viajeros al país de los soviets. Crónicas porteñas 1920-1934. Buenos Aires, Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2017.

28. Villoro, Juan. “La crónica, ornitorrinco de la prosa”. La Nación, 22 de enero de 2006, https://www.lanacion.com.ar/773985-la-cronica-ornitorrinco-de-la-prosa.

29. Voloshinov, Valentin N. El marxismo y la filosofía del lenguaje. Buenos Aires, Godot, 2009.

Fecha de recepción: 25/04/2018
Fecha de aceptación: 07/03/2019

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