RESEÑAS

Pas, Hernán. Sarmiento, redactor y publicista. Con textos recobrados de El Progreso (1842-1845) y La Crónica (1849-1850). Santa Fe: Ediciones UNL, 2013, 290 páginas.

¿Hasta qué punto la exhaustividad del trabajo de archivo, signado siempre por la falta, el extravío, la inmanencia muda del documento, resulta productiva para los estudios literarios? ¿Cómo construir sentido a partir y a pesar de su vastedad y dispersión? ¿Hay que conformarse con lo fragmentario, lo accidental, lo contingente? ¿Cómo salvar el intervalo entre la construcción crítica y lo anecdótico, lo cotidiano, lo particular?
Señala Hernán Pas desde las primeras líneas de Sarmiento, redactor y publicista que la obra de Sarmiento es “vasta, dispersa, inclasificable” (5). Esa figura balzaciana de escritor es la que todavía ofrece a la crítica aristas productivas de estudio y reflexión. Esa figura balzaciana, del literato vehemente, lector y traductor voraz apasionado por los males de su tiempo es fruto de una imagen de escritor romántico que el mismo Sarmiento construye en sus textos autobiográficos y que todavía hoy suscita homenajes. “No es otro libro sólo sobre Sarmiento” (5), desde las primeras líneas del libro, su autor y compilador Hernán Pas rehúsa la imagen del individuo original para pensar la labor del escritor como resultado de sus condiciones históricas. En consonancia con los aportes que los estudios culturales y la historia del libro y de la lectura hicieron en los últimos años, la pregunta por la prensa, que atiende a las condiciones materiales de producción y circulación no sólo de la obra de Sarmiento, sino de casi la totalidad de la literatura del siglo xix, es el eje articulador de todo el libro. De tales contribuciones, y a partir de un atento y extenso trabajo de archivo, Pas se propone analizar las condiciones de la escritura pública en los albores de la modernidad y la consecuente constitución de una nueva figura de escritor, la del publicista, a la vez que ofrece una compilación de artículos de apreciable valor para el investigador no publicados hasta el presente. En un momento en que se reconoce la necesidad de incluir una reflexión sobre la materialidad del texto en los estudios de literatura argentina, Sarmiento es un caso, un modelo de los modos en que, a lo largo del siglo xix, se construyeron interrelacionadamente la prensa y la literatura.
El libro de Pas se divide en dos partes seguidas de un Colofón y de la Antología de artículos inéditos posiblemente publicados por el sanjuanino en El Progreso, La Crónica y El Siglo. En la primera sección, titulada “La irrupción de la prensa”, Pas se dedica a indagar el contexto cultural y material en el que se desarrolló la escritura periodística de Sarmiento con el fin de entender sus prácticas discursivas y publicitarias. La emergencia de un nuevo público lector de la mano de ciertos avances técnicos en materia de impresión delinea, a mediados de siglo, la constitución de un espacio público que condiciona y altera las labores del escritor. En este contexto, ganar lectores será el gran desafío de los periódicos de la época, lo que generará una tensión –que Pas analiza con agudeza– entre el aspecto publicitario de las publicaciones y la exigencia de elevación moral y estética propia de la literatura decimonónica en proceso de autonomización. Así, Pas lleva la reflexión sobre fenómenos como el del folletín y la publicidad a mediados de siglo y se instala de manera contundente en el debate sobre la modernización que libros, como el de Víctor Goldgel (Cuando lo nuevo conquistó América), han puesto al día.
A continuación, en “Las artes pragmáticas del publicista”, Pas analiza las tretas de las que se vale Sarmiento para conformar un público en ambas publicaciones. En El Progreso, periódico que ambicionaba cubrir las expectativas de un lectorado heterogéneo, el sanjuanino despliega todos sus recursos: inclusión de folletines, biografías e imágenes, cuidado de la tipografía y de los aspectos materiales del impreso, publicación de avisos comerciales, traducción de textos extranjeros, usos de la polémica. En la diversidad de asuntos y secciones, Pas lee la astucia del publicista que empieza a escribir para un público al que debe seducir, pero también constituir. Años después en La Crónica se plantea un viraje. Sarmiento, de regreso de su viaje a Francia, es ahora un escritor consagrado y reconocible que rechaza los cebos agradables y seductores para dedicarse a una escritura programática en la que la lucha contra Rosas ocupa un lugar central. La existencia previa de un público determinado modifica las estrategias del periódico: por un lado, la publicación semanal habilita una escritura meditada; por otro, la creación del taller Belin permite profundizar el manejo de los dispositivos comerciales de la prensa y obturar la precedente inquietud por la suscripción. Los avisos publicitarios promocionaban todo lo relativo a la imprenta, incluida la publicación en formato libro de textos sarmientinos como los Viajes o Educación popular. Se conforma así el diario-empresa editorial, una modalidad propiamente moderna que se afianzará a fines de siglo. Aquí se delinea una nueva función de “las artes pragmáticas del escritor público”, la de la legitimación autoral. El “Colofón” retoma esta problemática. En una América en la que la posibilidad de un mercado editorial no tenía más espesor que el de un proyecto, Sarmiento fue altamente consciente de que convertirse en autor era un mérito exclusivamente simbólico, que implicaba el reconocimiento del público y sus pares y que sólo era posible por medio de la publicación, del acceso a la impresión. La originalidad de Sarmiento, sostiene Pas, radica en comprender el rol clave de la prensa en la dinámica literatura-modernidad. Del tanteo anónimo de sus primeros artículos en El Zonda a una firma y un estilo reconocibles por lectores y letrados, aquí Sarmiento se transforma en “Sarmiento”. Sarmiento, redactor y publicista se cierra del mismo modo en que se abre, con una reflexión sobre la “escritura compelida” (122).
El imperativo de la fama, la necesidad del nombre es el motor de la obra extensa, heterogénea, descentralizada de Sarmiento, que impone simultáneamente la necesidad de repensar nociones teóricas como las de obra y autor, pero que también erige el desafío del trabajo con el archivo, también “vasto, disperso e inclasificable”. Hernán Pas sortea con agudeza crítica y solidez argumentativa ambos abismos, el de la escritura y el del archivo, y sabe construir sobre el detalle una reflexión penetrante, como cuando deduce de la suspensión del folletín Rienzi, el último de los tribunos y su reemplazo por el Facundo, un análisis sobre las funciones del editor y del redactor en el precario mercado editorial de fines de 1840. A su vez, Pas renuncia a las explicaciones totalizadoras por la indicación sutil de áreas de investigación vacantes, como la de la traducción de folletines europeos, que resultan sumamente iluminadoras para investigadores en formación.
El trabajo de Pas se inscribe, junto con los de Jorge Myers, Claudia Román y Sandra Szir, en el interés desarrollado en los últimos años por revalorar la prensa como un espacio crucial para entender la cultura y la literatura decimonónicas. Su trabajo particular se destaca además por traspasar el elemento nacional y hacer de la esfera pública chilena un elemento de reflexión que ilumina a su vez las redes que los letrados conformaron en toda Latinoamérica durante el siglo xix. Sarmiento, redactor y publicista ofrece una compilación de artículos y una lectura crítica. Y definitivamente es esta última la mayor contribución ofrecida por Pas a un campo de investigación, el de los estudios del impreso y la lectura, en el que los papeles dispersos aun interrogan incisivamente a los tomos voluminosos de las obras completas.

Ana Eugenia Vázquez
UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
INSTITUTO DE LENGUAS VIVAS “JUAN RAMÓN FERNÁNDEZ”