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RESEÑAS
Anabella Gorza (2022)
INSURGENTES, MISIONERAS Y POLITICAS: MUJERES Y GÉNERO EN LA RESISTENCIA PERONISTA (1955-1966)
Buenos Aires. Editorial Biblos. 269 páginas.
Verónica Testa Igea
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata. Argentina
En Insurgentes, misioneras y políticas, Anabella Gorza ofrece una intervención historiográfica de notable solidez al abordar un objeto doblemente relegado: la Resistencia peronista en su fase temprana y la participación femenina en dicho proceso. El libro, resultado de una investigación académica previa posteriormente reelaborada en formato libro, se inscribe en un campo de estudios que, en las últimas décadas, ha experimentado una significativa renovación. Frente a una producción abundante, en ocasiones reiterativa, sobre la militancia de los años setenta, la autora desplaza el foco hacia el período 1955-1966, restituyendo su especificidad histórica y evitando lecturas teleológicas que lo reduzcan a una antesala de la radicalización posterior.
El libro se inscribe en la renovación de la historia política desde una perspectiva de género, en la medida en que no se limita a incorporar a las mujeres como objeto de estudio, sino que interroga los supuestos que han estructurado su invisibilización. En este sentido, la propuesta retoma los planteos de Joan Scott (1993) al concebir el género como una categoría relacional que organiza jerarquías y significados, lo que le permite analizar cómo dichas jerarquías incidieron en la delimitación de los espacios legítimos de acción política. Asimismo, puede vincularse con la epistemología feminista desarrollada por Sandra Harding (1996), en la medida en que la reconstrucción de experiencias situadas opera como vía para cuestionar los sesgos androcéntricos de la producción historiográfica.
El trabajo se sustenta en un corpus documental amplio y heterogéneo que articula fuentes escritas y orales. En este punto, la autora recupera herramientas de la historia oral en la línea de Alessandro Portelli, no sólo para relevar testimonios sino también para analizarlos como construcciones de sentido atravesadas por memorias, silencios y resignificaciones. Este enfoque le permite no sólo reconstruir trayectorias, sino también problematizar los modos en que esas experiencias son narradas retrospectivamente. Se trata, en su mayoría, de mujeres jóvenes al momento del golpe de 1955, cuya participación en la Resistencia peronista incluyó, en varios casos, posiciones de responsabilidad.
Uno de los aportes más relevantes del libro reside en el análisis de la relación entre militancia y vida cotidiana. Lejos de concebir la intervención femenina como prolongación de los roles domésticos, Gorza muestra las tensiones que se generaron entre las exigencias de la acción política y las tareas de cuidado. Esta problemática puede leerse a la luz de la distinción propuesta por Simone de Beauvoir (1980) entre inmanencia y trascendencia, en tanto la participación política habilitó formas de proyección en el espacio público sin anular la persistencia de las responsabilidades domésticas. Como señala la autora, se trató de experiencias atravesadas por tensiones “entre lo público y lo privado, las interrelaciones entre vida política y vida cotidiana, y el carácter construido de las esferas en que se divide la totalidad social” (Gorza, 2022, p. 298), lo que permite dimensionar la densidad de estas trayectorias más allá de lecturas simplificadoras. El análisis pone en evidencia, además, una asimetría en las memorias: mientras que el desempeño de tareas de cuidado por parte de los varones aparece como excepcional y, por lo tanto, recordado, en el caso de las mujeres se presenta como naturalizado y, en consecuencia, invisibilizado. Estas observaciones permiten advertir fisuras en el modelo de domesticidad imperante, aunque sin atribuirles un carácter rupturista pleno.
Otro eje significativo del libro es la problematización de la asociación entre Resistencia y violencia. La autora muestra que esta identificación, frecuente en la historiografía y en las memorias posteriores, dificulta que muchas mujeres se reconozcan como partícipes del proceso. Desde la perspectiva de Joan Scott, esta cuestión puede pensarse como una disputa por los significados de la experiencia histórica, en la que las categorías disponibles condicionan las formas de autoidentificación de los sujetos. En los testimonios analizados, la violencia aparece de manera ambivalente: es negada, desplazada o asumida como excepcional. De este modo, el análisis contribuye a matizar las interpretaciones que han tendido a homogeneizar la Resistencia en clave exclusivamente confrontativa.
El recorrido por los distintos espacios de intervención, que incluye acciones clandestinas, reorganización partidaria, redes femeninas y prensa política, permite a la autora cuestionar la idea de que las mujeres se limitaron a cumplir roles auxiliares. Por el contrario, el libro evidencia la existencia de estrategias propias de construcción política. No obstante, este proceso estuvo atravesado por límites persistentes. Tal como sugiere la noción de “contrato sexual” de Carole Pateman (1995), el acceso de las mujeres al espacio público se produjo de manera diferenciada y subordinada. En esta línea, los aportes de Judith Butler (2007) permiten pensar cómo las normas de género no sólo restringieron la acción femenina, sino que también habilitaron determinadas estrategias, como el uso de la feminidad como recurso, que resultaron eficaces en contextos represivos.
Particular interés reviste el análisis de la prensa política, donde se examinan experiencias dirigidas por mujeres que intervinieron activamente en la producción de discursos de la Resistencia. Siguiendo los planteos de Sandra Harding, estas intervenciones pueden interpretarse como formas de conocimiento situado que disputaron sentidos en el espacio público. La autora subraya tanto la heterogeneidad de posicionamientos, que oscilaron entre la confrontación y la reorganización partidaria, como las tensiones en torno a los modelos de feminidad que estas publicaciones reprodujeron o pusieron en cuestión.
Uno de los logros del libro es evitar una lectura dicotómica de la participación femenina en términos de reproducción o transgresión de los roles de género. Por el contrario, Gorza propone una interpretación que atiende a las tensiones, ambivalencias y matices que caracterizaron estas experiencias. Si bien las mujeres no lograron romper con las estructuras que sostenían las desigualdades de género, su participación introdujo fisuras en los comportamientos socialmente esperables, ampliando, aunque de manera limitada, los márgenes de acción disponibles.
En este sentido, la obra permite sostener la existencia de una especificidad femenina en los procesos de resistencia, entendida no como esencia sino como resultado de la interacción entre discursos, prácticas y condiciones históricas. Sin embargo, esta especificidad no derivó en la consolidación de una identidad política autónoma. Por el contrario, la identidad peronista operó como principio articulador predominante, incluso en aquellos espacios donde existía una tradición organizativa femenina.
En suma, el libro de Gorza constituye un aporte relevante para la historiografía del peronismo y para los estudios de género en la historia reciente. Al restituir a las mujeres como sujetos históricos de la Resistencia peronista y al problematizar las categorías analíticas desde las cuales han sido interpretadas, la autora no sólo contribuye a llenar un vacío empírico, sino que propone una relectura crítica de un período clave de la historia política argentina.
En este marco, el énfasis en la heterogeneidad de las experiencias, uno de los principales aciertos del trabajo, podría abrir la posibilidad de profundizar en futuras investigaciones la delimitación de tipologías o jerarquías analíticas que permitan precisar con mayor detalle las diferencias entre las diversas formas de intervención política. Del mismo modo, si bien el libro aborda de manera consistente las tensiones entre género y militancia, la incorporación más sistemática de otras variables, como la dimensión de clase, podría enriquecer aún más el análisis de las trayectorias reconstruidas. Con todo, estas observaciones no afectan la solidez de una investigación que, sustentada en un riguroso trabajo empírico y en una cuidada articulación teórica, logra complejizar de manera significativa las interpretaciones existentes sobre la Resistencia peronista. En este sentido, más que cerrar un campo de estudio, el libro de Gorza contribuye a abrir nuevas preguntas sobre las formas en que género y política se entrelazan en la historia argentina reciente, invitando a revisar críticamente categorías, periodizaciones y jerarquías que durante largo tiempo estructuraron la mirada historiográfica.
Referencias bibliográficas
BEAUVOIR, Simone de (1980). El segundo sexo. Siglo XX Editores.
BUTLER, Judith (2007). El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad. Paidós.
GORZA, Anabella (2022). Insurgentes, misioneras y políticas: Mujeres y género en la Resistencia peronista (1955–1966). Biblos.
HARDING, Sandra (1996). Ciencia y feminismo. Morata.
PATEMAN, Carole (1995). El contrato sexual. Anthropos; Universidad Autónoma Metropolitana. https://jcguanche.files.wordpress.com/2014/01/131498859-carole-pateman-el-contrato-sexual-1995.pdf
SCOTT, Joan. W. (1993). El género: Una categoría útil para el análisis histórico. En M. C. Cangiano &
L. Dubois (Eds.), De mujer a género: Teoría, interpretación y práctica feminista en las ciencias sociales. Centro Editor de América Latina.