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MISCELÁNEAS
A 30 años de la creación del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género Facultad de Humanidades, Universidad Nacional del Comahue
Marcia Moscoso
Universidad Nacional del Comahue
Neuquén, Argentina
El Centro Interdisciplinario de Estudios de Género (CIEG) de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Comahue (FAHU, UNCo) cumplió 30 años. Podemos decir que la creación de este centro (desde 1995) marcó un hito muy importante en la región por su valioso compromiso con la investigación, la docencia y la extensión en los estudios de las mujeres y género a nivel local y nacional. Entonces, con motivo de su aniversario, haremos un breve recorrido histórico en torno a algunos de sus logros más relevantes, tales como la creación de la Revista La Aljaba, Segunda Época en 1996 que permitió la colaboración conjunta (coedición) entre distintas universidades, como la Universidad Nacional de Luján, la Universidad Nacional del Comahue y la Universidad Nacional de La Pampa. Así, se favoreció tanto la consolidación de redes de investigación académica entre diferentes instituciones como la difusión de investigaciones en torno a los estudios de las mujeres y de género a nivel nacional e internacional (la revista La Aljaba se ha publicado anualmente de manera continua durante 26 ediciones).
También, el CIEG ha colaborado en la conformación de redes con otras Universidades del país y del extranjero y en articulación con organismos como la FAO, Organización para las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación y la ONU. Además, en el período 1999/2000, el CIEG participó de un convenio y desarrollo de un posgrado Especialización “Agentes de Igualdad para las Mujeres”, en el marco del programa ALFA (en convenio con la Universidad de Zaragoza-España y el Área de la Mujer del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Luján).
Otro de los hechos significativos en los que ha participado el CIEG es en la implementación de la Especialización en Estudios de las Mujeres y de Género en la Facultad de Humanidades a partir de 2004. Este posgrado dio lugar años más tarde, al surgimiento de la Maestría en Estudios de las Mujeres y de Género en 2016 (ya ha tenido tres cohortes). Esto permitió el acceso a este tipo de formación a personas de Neuquén y otras regiones cercanas que antes no podían realizar fácilmente esta clase de estudios por los costos y por el tiempo que conlleva trasladarse grandes distancias, entre otras cuestiones. También, recientemente, el CIEG se ha destacado por su rol invaluable en la implementación de la Educación Sexual Integral colaborando en la formación de docentes de nivel secundario y terciario a través del dictado de actualizaciones académicas (ya que sólo puede garantizarse la implementación de la ESI si se propician instancias de formación para lxs docentes y el personal del Estado en general).
¿Por qué es importante revalorizar la existencia de estos centros de investigación y recordar sus aportes? Consideramos que es crucial que existan centros de investigación como el CIEG, dado que nos posibilitan difundir la problemática de género y desarrollar proyectos de investigación y extensión que adopten esa perspectiva crítica y propicien la formación y concientización de la comunidad en relación con estas temáticas imprescindibles para la conformación de una sociedad más justa para todas las personas. Justamente, la creación de los centros interdisciplinarios de estudios de género fue el resultado de una larga lucha en relación con la visibilización de las mujeres y las disidencias en el campo de producción del conocimiento, como sujetxs activxs en la configuración del mismo. Por ello es clave dejar un registro, una memoria feminista, para que se pueda seguir preservando este legado y a la vez, se pueda dar continuidad a este tipo de acciones que se asientan en la igualdad de derechos de todas las personas y en la lucha contra la discriminación.
Además, la institucionalización de los conocimientos de género como campos del saber legítimos también fue el producto de una larga disputa y esa lucha prosigue en la actualidad, sobre todo en este momento en el que hay un vaciamiento y desfinanciación de la educación pública y hay visiones conservadoras que buscan deslegitimar los estudios de género.
Durante mucho tiempo los conocimientos de género y feministas fueron considerados como epistemologías bastardas (Zalaquett, 2012) y fueron cuestionados por su carácter ideológico y político, esto es, por no ser neutrales. En realidad, ningún conocimiento es neutral ni puede ser separado “objetivamente” de quien lo construye y precisamente, desde los feminismos y sus epistemologías se ha puesto en tensión esa supuesta separación entre lo cognitivo y lo político social que caracteriza el “método” de la ciencia y sustenta su canon. Los feminismos nos recuerdan que la ciencia, como cualquier actividad humana, es una construcción social y, por lo tanto, puede tener sesgos de género (Zalaquett, 2012).
De este modo, la lucha por preservar la memoria feminista en permanente y por ello la preservación de centros como el CIEG se torna especialmente relevante para que la construcción de conocimientos feministas no quede librada a la voluntad o el interés individual o colectivo de algunas personas sino a fin de que perdure una estructura que trascienda las circunstancias contingentes y permita articular conocimientos generados desde distintas disciplinas (Buquet Corleto et al., 2020).
La producción de conocimiento de género y feministas es crucial porque posibilita visibilizar problemas (y desnaturalizar desigualdades) que suelen pasar inadvertidos en la academia y en la sociedad en general. Las “gafas violetas” de los feminismos nos permiten “irracionalizar” el orden establecido, en otras palabras, contribuyen a “hacer ver” otras maneras de conocer el mundo por fuera de la mirada androcéntrica. Celia Amorós y Ana De Miguel Álvarez explican que la “irracionalización” pone en tela de juicio el orden establecido, exhibe su carácter no natural, es decir, aquellos fenómenos que otros paradigmas científicos no perciben son para el feminismo “magnitudes homogéneas” plausibles de ser conceptualizadas, nombradas y, por lo tanto, visibilizadas (2007, p. 25). Por consiguiente, luchemos por seguir preservando esas “gafas violetas”, hacer memoria feminista para conservar nuestro legado, encontrémonos en las calles y cantemos juntxs el feliz cumpleaños de CIEG ya que nos queda un largo camino por andar.
Referencias bibliográficas[1]
AMOROS, Celia y Miguel de Alvarez, Ana (2007). Introducción. En Celia, Amoros y Ana, De Miguel Alvarez (Eds.), Teoría feminista: de la ilustración a la globalización. De la Ilustración al segundo sexo I (pp. 15-89). Minerva ediciones.
BUQUET CORLETO, Ana Gabriela (et al.) (2020) Relevancia de los estudios de género en las universidades. La creación del Centro de Investigaciones y Estudios de Género en la UNAM. Perfileseducativos, 42(167), 178-196. https://doi.org/10.22201/iisue.24486167e.2019.167.59037
UNIVERSIDAD NACIONAL DEL COMAHUE. (2014). Ordenanza n°0144: creación de la carrera de posgrado “Maestría en Estudios de las Mujeres y de Género”. Neuquén Capital. https://ranquel.uncoma.edu.ar/archivos//ord_0144_2014_47.pdf
ZALAQUETT, Cherie (2012). Ciencia y género: lo legítimo y lo bastardo en la epistemología científico-social. Revista Izquierdas, (12), 26-51.
Notas
[1] Aunque en las normas APA sexta edición solo se exponen las iniciales de los nombres, en este escrito se presentan los nombres completos de lxs autorxs con el fin de darles visibilidad genérica.