RESEÑAS

Tarzibachi Eugenia (2017), Cosa de Mujeres. Menstruación, género y PODER, Bs. As., Sudamericana, 336 p.

 

Eugenia Tarzibachi, es psicóloga y doctora en Ciencias Sociales. Este trabajo representa la tesis doctoral dirigida por Mónica Szurmuk y Dora Barrancos, en la cual la autora intentara dar cuenta de como el cuerpo de las mujeres, las bio-mujeres, entendido como cuerpo menstrual se convierte en mercancía de la industria del Cuidado Personal (famecare).  

La motivación que guía esta investigación parte de una mirada retrospectiva de la propia experiencia de la autora en torno a su primera menstruación. Lo que le permite hilvanar el hilo conductor del texto reseñado. "(esta) aparente singularidad será resignificada a lo largo del libro por los sentidos sociales, históricos y trasnacionales relacionados con el modo ideal de menstruar que fue instaurándose durante el siglo XX y que comenzó a resquebrajarse ruidosamente en el siglo XXI". (pag12)

La autora recupera en el texto la experiencia de la primera menstruación y la connotación sociocultural que adquiere y se enuncia bajo la frase "hacerse señorita". Esta se manifiesta acompañada de una serie de prácticas a seguir en torno al cuidado del cuerpo y evidenciaba un doble sentido del cuerpo sexuado: celebración de esa distinción sexuada como valor (potencialidad reproductiva) y ocultación como desvalor (cuerpo menstrual, defectuoso, que debe ser disimulado, enmascarado mensualmente). "Hacerse mujer suponía desmentir el mismo cuerpo menstrual que definía a una mujer como tal" (pag24).

Se observará el cuerpo bajo la construcción ficcional de la "feminidad". "Una parte de esa ficción se desarrolla a partir de un trabajo, continuo y silencioso, de vigilancia y adecuación corporal que se espera de las mujeres a partir de los sentidos socioculturales que carga la menstruación". (pág. 12). Desde pequeñas el cuerpo de la mujer comienza a disciplinarse para responder al constructo social de lo femenino y ocultar los rasgos de la menstruación, como otra práctica de control sobre estos cuerpos. Para analizar el proceso de construcción de la feminidad normativa, la autora recupera el planteo teórico propuesto por Preciado (2008), y define como "bio-mujer". (pág. 27)

Finalmente, la autora procederá a analizar el proceso de construcción del cuerpo menstrual como mercancía dentro del mercado internacional productor de toallas y tampones descartables. Para esto, observara los casos de Estados Unidos y Argentina. Estados Unidos es seleccionado para el estudio, ya que es en este país donde nacen las principales compañías dedicadas a estos productos que hoy se consolidan como hegemónicas y su difusión se traslada "del centro a la periferia y de los sectores sociales medio-altos a medio-bajo." (pág. 32)

De este modo le permite evidenciar, por un lado, como la industria ejerce una práctica de control hacia los cuerpos que menstrúan desde inicios del siglo XX y, por otro lado, comprender el actual activismo menstrual que defienden la "equidad menstrual".

"A comienzos del siglo XX, el capitalismo incipiente en los Estados Unidos hizo de la sangre menstrual un desecho corporal y una ganancia productiva". (pág. 28). La autora reconstruye de este modo el origen de la industria del Famecare a partir de una necesidad de recuperar ganancias en un contexto de posguerra. Tal es así que "el cuerpo reproductivo de las mujeres fue colocado al servicio de la maximización de ganancias empresarias". (pág. 29) El crecimiento de esta industria se apoya en el desarrollo de campañas publicitarias que a lo largo del siglo XX y XXI fueron transformando el mensaje que acompañaba la difusión del uso de las tecnologías de control/ocultación de la menstruación.

La autora se pregunta: "¿Cuánto tuvo que ver la industria productora de toallas y tampones descartables en la ocultación de la condición vergonzante y abyecta que aun carga la menstruación como marca evidente, tangible de un cuerpo de mujer y de las replicas de esas voces? ¿Por qué el discurso sobre el cuerpo menstrual construido por la industria de Famecare es crucial para comprender la resistencia del activismo menstrual, así como la tensión de sentidos que proponen nuevas tecnologías de gestionar las menstruaciones como los productos reusables o los que suprimen el sangrado periódico?" (pág. 17)

Estas preguntas se develarán a lo largo del exhaustivo trabajo de indagación realizado por Tarzibachi, desde el recorrido teórico inicial expuesto ampliamente en el capitulo 1 "Menstruar, hacer el género", hasta las páginas finales del libro en las cuales se exponen las diferentes prácticas de los cuerpos menstruantes hoy. El activismo menstrual, que reseña el trabajo, va desde la resignificación de la menstruación como una practica libre hasta la utilización del sangrado como materia de creación artística, entre otras.

El cuerpo menstrual concebido como abyecto se fue enmascarando gracias a la industria del famecare logrando asemejarse al ideal, masculino, a-menstrual. Las tecnologías de control menstrual (toallas y tampones, en primer lugar) lograron ocultar a la vista de la sociedad esos cuerpos potencialmente reproductivos, desde un valor positivo desde la femineidad pero también negativo, desde la concepción de la menstruación como desecho, como vergüenza, como lo que debía ocultarse.

En el capítulo 2 "Hacerse señorita". La primera menstruación como marca de género. La autora analiza la construcción de la menstruación como entrada a la feminidad y como la industria del famecare se encargó de educar a las púberes a partir de la difusión de materiales escolares que alentaban el cuidado del cuerpo y las convertía en futuras consumidoras de productos de protección femenina. "La primera menstruación, entre otras cosas, fue representada por la industria del famecare como pasaje hacia el mundo de las "cosas femeninas". (pág. 84). La identidad femenina desde este lugar se construye asociada a la capacidad reproductiva de las mujeres, pero en los textos difundidos no se explicita información sobre como se produce la reproducción humana. Y, por otro lado, la ocultación del cuerpo menstruante como parte de control de ese cuerpo, considerado femenino. La autora revisara "como los materiales de la industria del famecare publicados en Estados Unidos y la Argentina entre 1920 y 1980 significaron a la menstruación como normal desde el saber bio-medico moderno" (pág. 89) y que la maternidad es el principal destino de toda mujer. A partir de una lectura crítica de estos textos y de las experiencias relatadas por las entrevistadas, es necesario producir "nuevas narrativas sobre la menstruación para las nuevas generaciones de mujeres y varones. (.) empoderantes (.)" (pág. 111)

El tercer capitulo del libro pone el acento en el análisis de las publicidades de toallas y tampones, tanto en Estados Unidos como en Argentina entre 1920-1980. La autora señala dos momentos: desde la década de 1920 hasta 1950 centrado en la higiene y protección femenina y un segundo momento a partir de 1960, bajo el discurso de la liberación femenina.  La mujer moderna comienza a gestionar su menstruación con una tecnología descartable (pág. 126) y le permitió ganar libertad, seguridad y ocultar un cuerpo defectuoso.

El análisis de la apropiación de las mujeres de esta tecnología de control menstrual nos permite observar las diferencias que se establecen entre Estados Unidos y Argentina. En este último, por ejemplo, en cuanto a la habilitación del uso del tampón en las más jóvenes, fue mucho más tardío dadas las creencias presentes en la sociedad.

En el capítulo 4 "En primera persona. De los "trapitos" a toallas y tampones", la autora recupera los testimonios de mujeres (jóvenes en los 70) de diferentes estratos sociales en cuanto a la incorporación de las tecnologías descartables del control menstrual. Para explicar este cambio, comienza reseñando las prácticas que tradicionalmente realizaban las mujeres: el uso de los "trapitos". Los cuidados que este elemento requería en cuanto al lavado y desinfección como el ocultamiento a los ojos de los varones.  La adopción de las toallas en primer lugar y luego los tampones, otorgaron libertad a sus usuarias de clase media. Ya no era necesario "lavar, tender, esconder productos al guardarlos, mancharse y de "oler a pescado"". (pág. 194).

Para algunas mujeres de sectores populares, las toallas descartables se presentaban como extravagantes. "Refirieron que las toallas "que se tiraban" eran más higiénicas, pero las usaban solo para salir de sus casas porque eran "plata tirada". (pág.171) Mayor resistencia genero el uso del tampón.

La autora concluye que, si bien el uso de tecnologías de "protección femenina" permitió que las mujeres se liberaran de un cuerpo menstrual, no pudieron emanciparse del significado social de los cuerpos menstruantes como abyectos.

Daniela Paola Dietrich

Universidad Nacional del Comahue