RESEÑAS

 

Estratos de una voz femenina estadounidense.
Susan Howe, (1993) Middletown, CT: Wesleyan University Press, 208 páginas

 

Los sonidos y los espíritus (fantasmas si se quiere) dejan rastros en una geografía... Por más cerca que piensas que estas cerca de capturar las particularidades de un escritor, más particularidades piensas que has encontrado, más lejos estás de donde pensabas que ibas a ir. Estoy finalmente aprendiendo a dejarme ir a la deriva. Pero hay diferentes ríos y corrientes por donde se puede meter. Cada balsa o escritor está hecha de materiales diferentes. La diferencia entre Melville y Dickinson sería (además del género) que Melville es de un lado del Río Connecticut y ella es del otro lado. Hay una diferencia enorme entre la historia del noroeste del estado de Nueva York y la historia de Massachusetts. Confia en el lugar para formar la voz.

Susan Howe, Birth-mark.
unsettling the wilderness in American literary history

 

Susan Howe. Nacida en Boston, Massachusetts, juventud en Cambridge. Epicentro del proyecto colonial. Epicentro del proyecto WASP. Blanco. Anglo- Sajón. Protestante. Más: Varón. Dominio de Reverendo Cotton Mather, pastor nacido en el nuevo mundo cuya Historia Christi Americana. Una historia eclesiástica de nueva Inglaterra (1702) llena siete volúmenes, ochocientas páginas. Un documento, refleja Howe, cuya “combinación idiosincrática de historia, ficción, sagradas escrituras, drama elizabetiana y barroca” refleja el estilo de otro tomo enorme, meditativo, famoso, que vendrá después: Moby Dick. La ballena blanca. Un epicentro de espada y de pluma, entonces, que es también una vorágine y un mar que se abre para tragar barcos.
Boston Massachusetts. Hogar de los Massachusett, los Algonquinos. El destinario -- “la Ciudad de la Colina” – revelado al reverendo John Winthrop, en un barco, en el medio de un mar, para la fundación divina de un mundo en base de la erradicación de otro.
El Pequod desaparece bajo el mar pero la balsa de Ishmael flota: el narrador llega a la orilla. Boston Massachusetts. Un lugar desde donde una ciudad no tan lejana en Amherst Massachusetts Emily Dickinson escribe algunos poemas que manda por carta a sus íntimas, a un posible editor, un conocido, un Maestro, en Boston, pero a los que la mayoría, cosidos a mano, guardados por ella misma con cariño en un cajón de escritorio en la casa paternal que no serán conocidas hasta después de su muerte.
Boston, Massachusetts. El epicentro de las cazas de brujas, luchadas también con espada y pluma. Donde la poderosa voz de Anne Hutchinson, mandada al exilio después de un largo juicio de antinomismo, sigue en los márgenes de documentos, ventriloquiada, pero perceptible. “El Capitán Johnson excoria a Anne Hutchinson en capítulo tras capítulo. Ella es la hidra de su Canto de América...” dice Howe. Y cita los ventriloquias del capitán”..Ella y los de su consorcio que luchan contra la educación, y intentaban convencer a todos que podían de no hacerle caso... seguramente si hubiera durado esta Secta, hubieran hecho una nueva Biblia”.
Harvard University, fundado en 1638, después de los ataques de indios, las predicaciones de Anne Hutchinson, la censura civil, las deportaciones, los masacres; y la muerte del Señor John Harvard, quien deja el dinero suficiente para pagar la construcción de la primera universidad en Nueva Inglaterra. “Del gran Terremoto en Nueva Inglaterra” escribe el Capitán Johnson, “y de la lamentable fin de algunas personas erróneas, la primera fundación de Harverd Colledge”.
Harvard University cuyo editorial publicará muchos años después los libros de Emily Dickinson, borrando los guiones que ella ponía entre sus palabras, borrando las marcas extráenas de la autora, poniendo números a los poemas, limpiando las páginas, instalando un orden. Hogar también de los primeros estudios americanos, de críticos como F.O. Matthiessen cuyo American Renaissance. Art and Expression in the Age of Emerson and Whitman, va a contar con los Thoreau. Con los Emerson. Con los Whitman. Pero no va a mencionarle a Emily Dickinson. Ni a Harriet Beecher Stowe. Ni a Margaret Fuller. Y mucho menos a Frederick Douglass. “Un renacimiento intelectual y poético” con sustracciones.

“Es ese tipo de contradicción que me llama...O sea, es importante ir a los substratos de la historia oficial de Harvard. ¿Qué representaría este otro lugar? No puedo con simplicidad decir que crecí en una comunidad falsa -- una comunidad que pretendía ser liberal. No quiero juzgarla tan fuertemente porque eran intelectuales honorables, cuidadosos, y eso era su profesión; lo sentían como una vocación. Pero hay que decir que sí era falso si eras una niña o una mujer que no estaba contenta con ser de segundo orden.”

Susan Howe. Nacida en 1937, años de la administración de Roosevelt, todavía en un país en recuperación de la Depresión, pero de generación de la post-guerra, de los tiempos después de la segunda guerra mundial y una posición geopolíticamente favorable que le asegurará esa Ciudad en la Colina ser un microcosmo de un país que ocupará el lugar en el centro del escenario mundial.
Su madre era Mary Manning, dramaturga irlandesa. Su padre, Mark Dewolfe Howe, era profesor en la Escuela de Derecho de Harvard University. F.O. Matthiessen y Perry Miller son amigos de la familia.
La tierra tiembla y en el epicentro, Susan Howe zambulle en las ruinas de la biblioteca de la universidad de Harvard. “Siento en mi trabajo la necesidad de ir atrás, no a los Hittites, sino a la invasión y el asentamiento....Quiero entender ¿por qué todo se fue tan mal cuando los europeos llegaron? Vinieron aquí por algo, algo les motivó. ¿Qué fue? ¿No es una ironía amarga que muchos de ellos escaparon de la devastación causado por las leyes de acercamiento en Inglaterra, y la primera cosa que hicieron aquí era construir cercos?”.
En un tiempo de post-guerra y contra la marcha lineal y progresista de la historia, Susan Howe va atrás, hacía las sincronicidades. Inhabita los márgenes, las zonas feminizadas.

La singularidad...es el punto cuando hay un cambio repentino a otra cosa. Es un punto caótico. Es el punto donde lo caótico entra el cosmos, la articulación instantánea. Y entonces hay un salto a otra cosa. Depredación y captura son términos que usa constantemente. Pensé en que eso era una metáfora por los europeos que llegaban a este continente, cuando una suerte catastrófica tuvo que acontecer -- un nuevo sentido de las cosas por los habitantes originales, los emigrantes y para la tierra también. Y parecía una manera de describir esos poemas míos. Son obras singulares en las páginas de un libro y, tomados como un conjunto, fracturan el lenguaje; están cargados.

El lenguaje de Susan Howe traza singularidades, como su propia voz es singular. De libros, historias, naciones, individuos, saltamos a un mar tempestuoso que traga los confines para convertir lo que era definido, contenido, en su anfípodo. “Los caminos ambiguos de las afinidades me llevan por sentidos opuestos a la vez.” Hay mujeres y hombres pero no hay un género literario y no hay un género. Hay una voz, la voz de la poeta, salada con fuego.
Howe escribe libros de poesía y de ensayo literario desde lo inmarcable, pero también desde una fascinación con los marcos. Desde un romper con el alambramiento de la palabra. Los títulos no encierran, sino abren: The Nonconformist’s Memorial (1993). Hinge Picture (1974). The Western Borders (1976). The Liberities (1980). Su escritura aparta.”Y la narrativa [de la captiva de Mary Rowlandson, la primera narrativa de una mujer blanca en estas tierras] está divida en capítulos llamados apartados. Cada apartado es una marcha esforzada lejos del racionalismo occidental, cada vez más profundo hacía lo sin límite, donde toda ilusión de la volición, toda la identidad individual puede ser transformada--asimilada”.
¿Por qué escavar la voz de Susan Howe? ¿Por qué Susan Howe escava la voz de Emily Dickinson? Otros mundos yacen en las grietas. Entender eso es entender la potencia de un terremoto y aprender a leer bien la balsa que queda de nuestro naufragio americano.

Jessica Eileen Jones, Ph.D.
Visiting Research Scholar, Duke University