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DOI: http://dx.doi.org/10.19137/praxiseducativa-2017-210209

RESEÑAS

 

María Zysman. Ciberbullying. Cuando el maltrato viaja en las redes. Buenos Aires: Editorial Paidós. 2017: 172 páginas.

En el primer capítulo, “Mundos paralelos”, la autora señala que en la actualidad el desarrollo de la tecnología ha permitido que los modos de comunicación entre las personas cambien a pasos agigantados. Todos aquellos que nacieron luego de 1995 son llamados “nativos digitales”. Ellos/as crecieron rodeados de pantallas, con padres y madres comunicándose a través de celulares y con cámaras de fotos permanentemente al alcance de la mano.
A partir del año 2000, con la expansión masiva de Internet, las personas comenzaron a intercambiar chats en un espacio virtual. Como consecuencia, los usuarios tenían la posibilidad de esconder fácilmente su identidad e imagen, simulando ser otra persona. Con el correr de los años, los/as adolescentes fueron utilizando Internet para diferentes tareas. En un principio, los/as ayudaba a realizar su tarea, buscar información, escuchar música. En cambio, en la actualidad, se reduce a “chatear”, “estar con los/as amigos/ as”, ya que, como lo afirma Zysman “Los adolescentes buscan, con sus amigos, encontrarse a sí mismos. Necesitan identificarse con sus pares para poder encontrar su propia identidad, y la tecnología los ayuda en este proceso”. (2017, p. 34)
Estos nuevos espacios virtuales permiten que los/as jóvenes puedan manejarse con total libertad en un ambiente en el que, principalmente, pueden sentirse acompañados/as y, además, les resulta cómodo y conocido. No debemos olvidar que también los juegos virtuales captan toda la atención de los/as adolescentes. A través de Internet, hoy los chicos/as se comunican, miran videos y los generan, escuchan música, la intercambian, juegan, buscan información, la comparan y comparten. Pero, en esa catarata rebosante de información, también se apabullan. Es tanto lo que se puede saber y conocer en la Web que más que nunca los chicos necesitan adultos que los ayuden a procesar, elegir, conceptualizar, integrar y “digerir” contenidos.
Facebook, Twitter, Whatsapp, Snapchat, Youtube son algunas de las redes actuales preferidas de todos/as, pero sabemos que en cuanto las aprendamos a usar ya habrá otras nuevas. En palabras de Zyrman: “Las redes sociales mutan permanentemente por razones de marketing e incorporan elementos que son exitosos en otras, con el propósito de conservar sus usuarios y seducir a nuevos”. (2017, p. 41)
En el segundo capítulo, “Nuevas formas de comunicación”, se hace referencia al concepto de “Tecnorecuerdo”. En la actualidad, no hay tiempo para esperar, las personas tienen dificultad para profundizar, concentrarse, tolerar. Según Zysman, esto tiene que ver con el uso de las redes sociales. En este sentido, los/las adolescentes tienen dificultades para profundizar, concentrarse por más de cinco minutos y tolerar la frustración. Les cuesta encontrar en sí mismos las ganas de hacer algo, la motivación interna; esperan que desde afuera les propongamos o los invitemos a hacer algo más divertido que aquello que encuentran en la Web.
La atención se pierde cuando estamos conectados en las redes, tanto en los/as adultos/ as como en los/as adolescentes, esto trae problemas a la hora de enseñar y aprender. Las redes sociales resultan más atractivas porque allí podemos ser lo que deseamos. De este modo, podemos recortar nuestra realidad y mostrar solo lo que nos gusta y conviene. Cuando nos conectamos podemos manejar el tiempo, no nos aburrimos.
El relato de algunos/as niños/as, en este capítulo, constata el gran acceso que tienen, desde muy pequeños/as, a sitios donde se muestra pornografía, situaciones de violencia, muerte, entre otras experiencias muy desagradables y poco apropiadas para ellos/as. Como adultos/ as, debemos proporcionarle a los/as niños/as un contacto más fuerte con la vida real, que se embarren, que jueguen en los parques, que coman solos y hagan lío con los fideos, etc. Esta estimulación permite que los/as niños/as desarrollen su inteligencia.
Algunas experiencias respecto a la falta seguridad de ciertos sitios en Internet se ven plasmadas en este capítulo. Citamos un breve ejemplo: “Con un simple clik, Melu (14 años) le dio amistad a Maxi, que le dijo tener 15 y, derretida por sus encantos, fue cediendo a todos sus pedidos. Cuando descubrió que tenía 45, él ya tenía en su poder fotos y videos de contenido sexual para utilizarlo como más quisiera; incluso para extorsionarla” (Zysman, 2017, p. 57). Para prevenir este tipo de situaciones, los/as adultos/as debemos generar espacios de diálogo, reflexión e intercambio de información.
“Riesgos en el ciberespacio” da forma al tercer capítulo. Allí se plantea que los/as adultos/ as nos encontramos desorientados/as frente al uso, abuso, riesgos y excesos de la tecnología. Por consiguiente, sentimos preocupación en cuanto a cómo podemos controlar lo que los/as adolescentes hacen con la tecnología, cuando utilizan una red social o entran a un juego digital, qué videos miran por youtube, etc. Lo que necesitamos saber es que no tenemos que controlar, sino que debemos ponernos en el lugar de interesados/as en las redes sociales, juegos, y desde ese lugar llegar a los/as adolescentes.
La autora plantea que algunas de las características principales del ciberbullying son: el anonimato, la accesibilidad y la desinhibición. Este tipo de acoso puede darse a través de mensajes de texto crueles, la divulgación de falsos rumores o mentiras por e-mails o, en las redes sociales, la publicación de videos ofensivos, la creación de perfiles falsos o de sitios Web en los que se ataca a alguien. “La característica principal del ciberbullying es que la agresión hacia una persona se propaga por la web a gran velocidad y, a su vez, es visualizada de manera masiva. La reproducción rápida de comentarios, mensajes e imágenes puede resultar una pesadilla si se utiliza para agredir o humillar a alguien” (2017, p. 68).
La autora cuenta una serie de experiencias en las que las víctimas, en este caso adolescentes, resultan aisladas por la complicidad que generan los victimarios en los demás usuarios. En la mayoría de los casos, los/as adolescentes no piden ayuda porque a veces la situación empeora, ya que los/as adultos/as no sabemos cómo manejarnos correctamente.
Entre las problemáticas que rodean al ciberbullying se encuentran, por un lado, el sexting, que consiste en el envío de imágenes de contenido sexual por mensaje de texto, y, por otro lado, el grooming. Este es definido por Zysman de la siguiente manera: “es la acción deliberada, consciente y premeditada de un adulto de acosar sexualmente a un niño, niña o adolescente mediante el uso de internet”. (2017, p. 77).
En el capítulo siguiente, “Transgresiones en la red”, Zysman denomina pantallas a todos los dispositivos tecnológicos, y sostienen que muchos/as adultos/as los utilizan con sus hijos/as para atravesar diferentes situaciones. Por mencionar algunos ejemplos: viajes, salas de esperas, sobremesa, etc.
Durante la adolescencia se transita un camino de búsqueda de identidad en el que se puede probar y ensayar muchas formas de ser y estar en el mundo. En la actualidad, uno de los medios más utilizados para transitar esa búsqueda son las selfies. Al respecto, la mayoría de los adultos manifiesta cierta incomprensión en cuanto a la importancia que tienen, entre los/las adolescentes, estos nuevos modos de relacionarse.
Además, los/as adolescentes se encuentran en una etapa de pleno descubrimiento de su sexualidad en la que, de manera inevitable, están presentes las redes sociales. Zysman asegura: “El cuerpo ahora puede ser también conocido y explorado a través de fotos y miradas; las sensaciones puedes despertarse más allá de tener al otro adelante” (2017, p. 88). En esta búsqueda, los/as adolescentes necesitan espacios de intimidad que, en la actualidad, encuentran en internet. Ante la falta de comprensión, los adultos no respetamos esos espacios.
En este contexto virtual, la cantidad de likes y de amistades define la popularidad entre los/ as adolescentes. A ellos/as no les importa la calidad de las “amistades”, sino la cantidad.
En “Culto de la imagen”, Zysman analiza los ideales de belleza que se han construido a lo largo de la historia y están presentes en la sociedad actual. Estos se imponen de manera tal que exigen a los/las adolescentes cumplir con una serie de condiciones físicas para poder sentirse aceptados por su círculo social.“Ser rubia y flaca”, “ser joven”, “ser musculoso” son algunos de los estereotipos más comunes. En las redes sociales, mientras los/las adolescentes se acerquen más a determinado ideal de belleza, más likes obtendrán y, por lo tanto, su autoestima será mayor.
En muchas ocasiones, las personas buscan exponer en las redes sociales todo lo que ocurre en su vida diaria y la mayoría de las veces involucran, indirectamente, a su entorno familiar o más cercano. Al respecto, la autora plantea la siguiente pregunta: ¿Cómo enseñarles a los/as adolescentes y niños/as a cuidarse de las redes sociales? Como adultos/as, tenemos la responsabilidad de acompañar y aconsejar a nuestros/as adolescentes y niños/as sobre cómo debemos manejar las redes sociales, de qué debemos cuidarnos, cuánto debemos exponernos, entre otras situaciones. Esto solo será posible si somos ejemplo de ello.
En “Padres enredados”, se hace referencia a cómo los padres y las madres exponen sus vidas y la de su familia todo el tiempo. Por ejemplo, sacan fotos de sus boletines y las publican en Facebook, filman videos que suben a Twitter, etc. La presencia de las redes sociales en la vida diaria no solo impide preservar la intimidad, sino que también se interponen en los momentos familiares. Hoy en día se puede ver a una madre hamacando a su hijo con el celular en mano, o a un padre enloquecido con su tablet en la sala de espera con su hija.
Sin embargo, se puede reconocer que las redes sociales han agilizado y ampliado la comunicación entre las familias y la escuela. Hasta hace poco tiempo, usábamos nuestra libreta de comunicación y ahora, en muchas escuelas, fue reemplazada por WhatsApp como un medio que permite resolver todo más rápido. Si bien esto es positivo, por otro lado, puede que la información que se quiera transmitir no se interprete correctamente, debido a la informalidad que admiten estos medios.
En el último capítulo, “Cómo controlar y supervisar”, la autora ofrece argumentos para pensar que los “migrantes digitales” deben acompañar, cuidar, proteger y prevenir a los“nativos digitales”. En este sentido, deben ser el ejemplo a seguir, sin invadir su espacio. Para ello, podemos ofrecer los dispositivos tecnológicos pero restringir sus alcances; instalar sistemas de control parental para monitorear la navegación, filtros y programas sofisticados.
Algunos de los indicadores de que nuestros/ as hijos/as sufren cyberbullying son: cambios de conducta, cambios de humor, aislamiento, tristeza, nerviosismo, falta de apetito, entre otras. Ante esta situación, lo que debemos saber es que se pueden bloquear los contactos y realizar las denuncias correspondientes.
En la actualidad, es imposible no estar relacionados/ as con dispositivos tecnológicos que permiten el acceso a la web como el teléfono, la tablet, la netbook y que están presentes en todos los ámbitos. Al respecto, Zysman argumenta, en su libro, sobre los pro y los contra del uso de las redes sociales.
Ciberbullying nos invita a reflexionar sobre nuestros roles como adultos en las redes sociales, las precauciones que debemos tomar, cómo acompañar a nuestros/as hijos/as y enseñar la importancia de la intimidad, la privacidad, y la comunicación, entre otras cuestiones.
Para finalizar compartiré un fragmento que representa en gran parte lo que, a mi entender, Zysman quiso plasmar: “Los chicos necesitan adultos confiables, disponibles y capaces de revisar sus propias actitudes; padres conscientes de los riesgos y al mismo tiempo seguros de su rol, que valoran y reconocen a los docentes de sus hijos. Que pueden acercarse a trabajar junto con ellos y no contra ellos” (2017, p. 150).

Valeria Alfageme Balza
Profesora de Biología.
Investigadora, Extensionista
vale.alfageme@gmail.com

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